Temporada 8 de ‘Juego de Tronos’, un gran final para los Siete Reinos


Ya está. Lo que hace ocho años comenzó como la adaptación de una serie de novelas de corte fantástico medieval ha llegado a su fin como el fenómeno televisivo de las últimas décadas. Un fenómeno que ha trascendido su propia dimensión de puro entretenimiento seriéfilo para convertirse en un estudio de estrategias políticas y una confrontación de pasiones encontradas. Y si bien es cierto que esto da buena muestra del grado de relevancia que ha adquirido Juego de tronos, también ha jugado en contra de la octava y última temporada creada por David Benioff (Troya) y D.B. Weiss, ya conocidos como D&D. Personalmente, creo que con sus errores y sus prisas por terminar, que los tiene, estos seis episodios finales son la conclusión sobresaliente a una historia desarrollada en casi una década.

Y sí, digo sobresaliente porque en realidad estos capítulos vienen a ser lo que el tercer acto es a una película, es decir, la conclusión a todas las tramas abiertas a lo largo de los años. Sobre todo las principales. Esto ha provocado que el desarrollo dramático se haya centrado fundamentalmente en los conflictos bélicos largamente esperados, ambos con consecuencias catastróficas tanto visual como sociológicamente. En este aspecto, sus creadores aprovechan las oportunidades que ofrecen las propias características de la serie para componer una huída hacia adelante, un constante recorrido a marchas forzadas para solventar algunos de los conflictos planteados, madurados e incluso enquistados a lo largo de estas temporadas. Habrá quien piense que todo ha sido muy rápido, que solo ha interesado lo visual por encima de la intriga política. No falta razón, pero es que si hubiera sido de otra manera no estaríamos ante el final, sino ante una transición a otra historia diferente.

Las dos principales batallas de esta temporada, desarrolladas no por casualidad en las dos grandes ciudades de Juego de tronos, son un ejemplo de pulso narrativo. La primera, en Invernalia, juega de forma magistral con la iluminación, con el terror de la noche y las características de los muertos. Los movimientos de cámara permiten en todo momento conocer la ubicación de todos los personajes allí citados aunque la historia solo se centra en los principales. Y me explico. El episodio está estructurado de tal manera que la trama solo necesita seguir a los protagonistas para poder narrar cada detalle de la batalla. Y esto, teniendo en cuenta la complejidad de la narrativa, es algo que todo realizador debería estudiar si tiene que enfrentarse a algo similar. La segunda, en Desembarco del Rey, es más bien un derroche de tensión dramática, con ese tañer de campanas que debería marcar un final y, sin embargo, marca un inicio. Y aunque este episodio tiene algunos de los momentos más irregulares de la serie, no deja de evidenciar la fuerza narrativa de una serie construida a fuego lento… nunca mejor dicho.

No cabe duda de que estos seis episodios (algunos de ellos de una duración similar a una película) se han planteado única y exclusivamente para cerrar tramas. Algunas de ellas quedan ligeramente abiertas en el último episodio. Otras se cierran de forma coherente y otras, sencillamente, se antojan algo apresuradas en su resolución. Todas ellas, con sus altibajos, forman sin embargo un mosaico narrativo y visual espléndido, con una serie de discursos y argumentaciones finales que demuestran, por un lado, el peso dramático del rol de Peter Dinklage (Vengadores: Infinity War), diluido un poco entre tanta guerra, y por otro, que la serie ha sido y siempre será un estudio político de los intereses y luchas de poder entre facciones, se llamen familias o con cualquier otro nombre que se les quiera dar. Es cierto que esta última temporada peca en exceso de una cierta aceleración de acontecimientos, sobre todo tras la batalla de Invernalia, y eso es posiblemente lo más censurable del conjunto, pero en todo caso la evolución de los personajes encuentra su encaje en su desarrollo de temporadas pasadas.

Dictadores y demócratas

De hecho, la serie recupera de nuevo esa idea de tiranos dictadores y nobles demócratas que tan bien ha funcionado en el pasado. Para muchos el problema radicará en las figuras que representan cada uno de los bandos. Estoy hablando del rol de Emilia Clarke (Terminator: Génesis), que ha pasado de ser libertadora a convertirse poco menos que en una versión femenina de Hitler. Sus discursos e ideas en el episodio final de esta temporada de Juego de tronos confirman un viraje moral que podría considerarse inconsistente, pero que analizado fríamente tiene una más que clara justificación. Para empezar, durante toda la serie se ha hablado en varias ocasiones del legado familiar de locura y megalomanía; y aunque siempre ha atacado a tiranos y esclavistas, lo cierto es que todo aquel que se ha opuesto a sus designios ha tenido un final poco benévolo. Es cierto que en estos seis episodios su evolución parece precipitarse con demasiada urgencia, pero eso no es óbice para que la base sobre la que se sustenta exista realmente y se haya fraguado durante las siete temporadas previas.

Hay que señalar, en este sentido, la estética dictatorial de esos planos del último episodio, con grandes banderas ondeando sobre ruinas, ejércitos uniformados y discursos más propios de la época más oscura de Europa. Las palabras del personaje de Dinklage despejan las posibles dudas que pudiera haber. Como decía antes, este episodio ocho viene a confirmar que la serie nunca ha abandonado ese cariz puramente político y estratégico, por mucho que haya tenido descansos dramáticos favoreciendo la acción pura y dura. Las tensiones entre los personajes de Clarke y Sophie Turner (X-Men: Apocalipsis) son el mejor ejemplo de ello. Con todo, la serie deja decisiones dramáticas cuestionables. Dado que es necesario acentuar el carácter conquistador de la Madre de Dragones, Benioff y Weiss convierten el rol de Lena Headey (300) en una mujer vulnerable, alejada por completo de la tirana y déspota reina que fue antaño. Algo con poca justificación, ya que la masacre de hombres, mujeres y niños indefensos ya es de por sí suficiente argumento para convertir a una salvadora en una tirana. Su muerte es, posiblemente, el momento más innecesariamente melodramático de toda la serie, amén de no corresponder con la evolución del personaje durante toda la serie.

Ahora bien, la resolución de todas las tramas y del futuro de cada uno de los personajes supervivientes es sencillamente brillante. La argumentación con la que se corona al nuevo rey viene a confirmar un cambio mínimo para que todo siga igual. Dejando a un lado la cuestionable presencia de algunos personajes en esa especie de concilio final en torno al rey (¿de verdad era necesario recuperar personajes que no aparecían desde hacía varias temporadas?), cada uno de los protagonistas termina donde tiene que terminar, el lugar al que pertenece en cuerpo y, sobre todo, alma. Una nueva generación de personajes, cada uno retomando papeles interpretados por veteranos en las anteriores temporadas, que viene a introducir sangre nueva en una historia que perfectamente podría continuar con intrigas políticas, recelos, ambiciones y luchas de poder. Un final continuista para una trama marcada por la destrucción de una guerra que ha dejado muchos, muchísimos cadáveres por el camino. Un final que comienza con la reconstrucción de un mundo arrasado por el hielo y el fuego.

Juego de tronos termina como debería terminar. Al menos la serie de televisión. Habrá que ver si tiene algo en común con las novelas que deba publicar George R. R. Martin. Pero como producto audiovisual esta octava temporada ha demostrado que la pequeña pantalla es capaz de ofrecer tensión dramática, un lenguaje visual complejo y bello, una evolución compleja de sus personajes y un final que, casi con toda probabilidad, no dejará indiferente a nadie. Como dice el personaje de Dinklage (en uno de sus muchos y brillantes momentos del último episodio), nada une más que una buena historia. Una historia no puede ser derrotada, y si crece lo suficiente puede llegar a ser incontrolable. Algo de todo eso tiene esta última tanda de episodios. Y dado su éxito, es evidente que no gustará a todo el mundo, que cada uno de los espectadores tendrá su versión de lo ocurrido. Eso es lo más atractivo de la serie. Personalmente, y con las irregularidades evidentes que tiene esta etapa, creo que estamos ante una conclusión más que digna de una trama tan compleja como esta. Pero ante todo hemos llegado al final de una era. Nada volverá a ser lo mismo después de esta guerra de Poniente. La televisión ha cambiado, abriendo la puerta a nuevas y complejas producciones. Solo el tiempo dirá si ha sido para bien o para mal. Y de nuevo, como dice Tyrion Lannister, preguntadme dentro de diez años.

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Wahlberg vive un ‘Día de patriotas’ conducido por ‘Baby driver’


El mes de julio está comenzando, al menos en lo que a grandes estrenos se refiere, con menos atractivo de lo que han sido los meses anteriores. Esto está próximo a cambiar, pero hasta que eso ocurra las novedades que llegan a la cartelera española, aunque interesantes, no parecen llamadas a llenar las salas. Este viernes, día 7, el thriller y el terror acaparan la temática de los principales estrenos, entre los que destaca también la comedia y el género fantástico.

Y sin grandes títulos que destaquen, esta semana comenzamos el repaso con Día de patriotas, thriller de corte muy actual que sigue a un comisario de la policía de Boston durante los atentados en la maratón celebrada en la ciudad estadounidense en 2013. La investigación de este crimen, que dejó varios muertos por la explosión de diversas bombas, llevará al policía a recorrer toda la ciudad para dar con el responsable. Dirigida por Peter Berg (El único superviviente), la cinta cuenta con Mark Wahlberg (Marea negra) como protagonista, al que acompañan John Goodman (Calle Cloverfield 10), Kevin Bacon (serie The following), J.K. Simmons (La ciudad de las estrellas), Michelle Monaghan (Pixels) y Melissa Benoist (serie Supergirl).

Entre las novedades destaca también Baby driver, cinta de acción, suspense y música que gira en torno a un joven que se ve obligado a trabajar para una banda de criminales como el conductor que les ha de ayudar a escapar tras los golpes que dan. Todo se tuerce cuando el chico debe formar parte de una huída que parece condenada a fracasar. Escrita y dirigida por Edgar Wright (Bienvenidos al fin del mundo), la cinta está protagonizada por Ansel Elgort (Divergente), Lily James (serie Downton Abbey), Jamie Foxx (Annie), Jon Hamm (serie Mad Men), Kevin Spacey (serie House of cards), John Bernthal (El contable) y Eiza González (Casi treinta).

Muy diferente es Llega de noche, producción de terror e intriga escrita y dirigida por Trek Edward Shults (Krisha) que sigue los intentos de un padre por mantener a su familia dentro de una casa a salvo de una presencia misteriosa que parece amenazar sus vidas. La situación se pondrá a prueba cuando a su puerta llegue otra joven familia pidiendo refugio. Entre los principales actores encontramos a Joel Edgerton (Loving), Riley Keough (American Honey), Christopher Abbott (Reporteras en guerra), Carmen Ejogo (Alien: Covenant) y Kelvin Harrison Jr. (Mudbound).

El terror está presente igualmente en The Love Witch, cinta con toques de comedia que escribe y dirige Anna Biller (Viva) y que, homenajeando a los films de los años 70, sigue el largo proceso de una joven bruja en la era moderna que busca al amor de su vida, para lo que hechiza a los hombres para conquistarlos. Sin embargo, todos terminan muriendo. Su fortuna parece cambiar cuando conoce al hombre de sus sueños, pero esto llevará a la joven a una espiral aun mayor de muerte. Samantha Robinson (Conducta inmoral), Laura Waddell (Folklore), Gian Keys (Dark Woods), Jeffrey Vincent Parise (La mirada del amor), Jennifer Ingrum (Bloodshed) y Lily Holleman (Tenure) encabezan el reparto.

Una de las cintas más internacionales de la semana es El hombre del corazón de hierro, thriller bélica ambientado en 1942 que aborda la historia real de la resistencia checa, que elabora un plan para acabar con el más despiadado de los altos cargos del III Reich: Reinhard Heidrych. Los encargados de llevar a cabo tan arriesgada misión son dos jóvenes soldados. Esta adaptación de la novela de Laurent Binet cuenta con capital estadounidense, francés, inglés y belga. Dirigida por Cédric Jimenez (Conexión Marsella), la película tiene un reparto igualmente internacional en el que destacan los nombres de Jack Reynor (Macbeth), Jack O’Connell (Money Monster), Kosha Engler (Los sexoadictos), Barry Atsma (Zurich), Jason Clarke (Everest), Rosamund Pike (Un reino unido), Mia Wasikowska (La cumbre escarlata), Geoff Bell (Sufragistas), Volker Bruch (serie Hijos del Tercer Reich) y Stephen Graham (serie Boardwalk Empire).

Puramente europea es La wedding planner, comedia francesa que arranca cuando el chico de una pareja le es infiel a su novia con una organizadora de bodas. Cuando ella descubre una tarjeta de visita de la mujer en un bolsillo de él se ilusiona tanto con la posibilidad de que le vaya a pedir en matrimonio que empieza a organizarlo todo, mientras el novio intenta frenar por todos los medios el enlace. Dirigida y protagonizada por Reem Kherici (París a toda costa), la cinta también tiene como intérpretes a Nicolas Duvauchelle (Como hermanos), Julia Piaton (House of time), Sylvie Testud (Tamara) y François-Xavier Demaison (La oportunidad de mi vida).

El terror y la fantasía también están presentes en la británica Prevenge, comedia escrita, dirigida y protagonizada por Alice Lowe (Burn Burn Burn) en el que es su debut tras las cámaras en el largometraje. La historia gira en torno a una mujer embarazada que está convencida de que el niño que lleva dentro le guía para que mate a gente, por lo que intentará ocultar su instinto asesino de cara al público. En el reparto también encontramos a Kate Dickie (serie Juego de tronos), Jo Hartley (Eddie el Águila), Gemma Whelan (Los viajes de Gulliver), Kayvan Novak (Paddington) y Tom Davis (Legacy).

En lo que a estrenos españoles se refiere, dos son los títulos que llegan este viernes. El pastor narra en clave dramática la lucha de un hombre cuya vida transcurre apacible en compañía de su ganado y su perro contra los intereses económicos para construir un centro comercial en sus tierras. Las negativas del pastor a vender su parcela chocará con la intención de sus vecinos de conseguir el dinero que les ofrecen por construir allí este nuevo espacio. Jonathan Cenzual Burley (El alma de las moscas) escribe y dirige esta cinta protagonizada por Miguel Martín (Celda 211), Alfonso Mendiguchía (El proyecto Manhattan), Juan Luis Sara y Maribel Iglesias (Concursante).

El drama también es el género protagonista en Brava, film dirigido por Roser Aguilar (Lo mejor de mí) que arranca cuando una joven cuya vida parece ir sobre ruedas es asaltada en el metro. A partir de aquí todo se desmorona, por lo que se refugiará en el pueblo en el que vive su padre, ocultando a todo el mundo sus heridas internas. El problema es que, lejos de tranquilizarse y olvidar, su retiro parece sacar su lado más oscuro. Laia Marull (Como estrellas fugaces), Bruno Todeschini (La delicadeza), Emilio Gutiérrez Caba (El hombre de las mil caras) y Sergio Caballero (Juegos de familia) encabezan el reparto.

Polonia y Suecia producen Estados Unidos del amor, drama ambientado en los años 90 y que gira en torno a cuatro mujeres aparentemente felices que deciden dar un giro a sus vidas acabando con la represión sexual y sus amores insatisfechos. Escrita y dirigida por Tomasz Wasilewski (Plynace wiezowce), la cinta cuenta entre sus actores con Julia Kijowska (Matka), Magdalena Cielecka (Katyn), Dorota Kolak (Vinci) y Marta Nieradkiewicz (Mur).

Terminamos este repaso con Tom de Finlandia, drama biográfico que cuenta con capital norteamericano, finlandés, sueco, danés y alemán para narrar la vida de Touko Laaksonen, héroe de la II Guerra Mundial cuyo recibimiento en Helsinki no fue el que esperaba. Perseguido por su homofobia y obligado a casarse con una mujer, este oficial condecorado encontró refugio en el arte, concretamente en unos dibujos homoeróticos que le hicieron mundialmente famoso y le convirtieron en un símbolo de la revolución gay. Dirigida por Dome Karukoski (El gruñón), la película está protagonizada por Pekka Strang (3 Simoa), Jakob Oftebro (serie 1864), Jessica Grabowsky (8-pallo), Seumas F. Sargent (The philosopher king) y Lauri Tilkanen (Härmä).

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