Los ‘Hombres de Negro’ regresan para proteger el mundo de ‘Tolkien’


La fantasía sigue siendo el denominador común de los principales estrenos. Este viernes, 14 de junio, llegan a la cartelera secuelas (o reinicios) y los orígenes de historias (o más bien de sus creadores) muy conocidas por el gran público durante los últimos años (o décadas). Pero no solo de blockbusters vive la cartelera española. Un buen puñado de títulos europeos y de otros rincones del mundo se dan cita para ofrecer una amplia variedad temática al espectador.

Pero comenzamos el repaso por Men in Black: International, nueva entrega de la saga iniciada en 1997 que, en cierto modo, es un reinicio de la historia. En esta ocasión es una mujer la que entra a formar parte de esta organización encargada de proteger la Tierra de la escoria del universo, y lo hace a las órdenes de otro agente algo más experimentado. Juntos deberán detener a una amenaza como nunca antes habían visto: una criatura capaz de adoptar cualquier forma, incluyendo la de los propios Hombres de Negro. F. Gary Gray (Fast & Furious 8) se pone tras las cámaras de esta aventura de acción, comedia y ciencia ficción con capital estadounidense y británico que está protagonizada por Tessa Thompson y Chris Hemsworth (que ya coincidieron en Vengadores: Endgame), a los que acompañan Rebecca Ferguson (El gran showman), Liam Neeson (Viudas), Emma Thompson (La Bella y la Bestia), Rafe Spall (Cuando yo no esté) y Kumail Nanjiani (serie Silicon Valley).

Muy diferente es el drama biográfico Tolkien, cinta puramente hollywoodiense que aborda la figura de J.R.R. Tolkien, autor de ‘El Señor de los Anillos’, ‘El Hobbit’ y numerosos libros en torno al universo de la Tierra Media. En concreto, la trama se centra en sus años de formación, cuando un joven huérfano busca amistad, amor e inspiración artística en el grupo de estudiantes del que forma parte. El grupo de amigos se verá inmerso en la I Guerra Mundial, donde el escritor encontrará la inspiración para sus famosas obras y personajes. Dirigida por Dome Karukoski (El gruñón), la película tiene un reparto encabezado por Nicholas Hoult (X-Men: Fénix Oscura), Lily Collins (La excepción a la regla), Colm Meaney (Halal Daddy), Patrick Gibson (Property of the State), Tom Glynn-Carney (Dunkerque), Craig Roberts (Los principios del cuidado), Laura Donnelly (Heart of lightness) y Derek Jacobi (Asesinato en el Orient Express).

También procede de Hollywood Kin, cinta de ciencia ficción, acción y drama que supone el debut en el largometraje de Jonathan y Josh Baker, con una historia basada, precisamente, en su cortometraje Bag Man. El argumento tiene como protagonista a un niño africano de 14 años que vive en Detroit con su padre adoptivo. El joven, que empieza a tener contacto con la delincuencia, hace un importante descubrimiento mientras explora un edificio abandonado: los restos de algo de otro mundo, y en concreto una extraña caja metálica que contiene lo que podría ser un arma de gran poder. Entre los principales actores encontramos a Myles Truitt (serie Queen sugar), Dennis Quaid (Tu mejor amigo), Jack Reynor (Detroit), Zoë Kravitz (Animales fantásticos y dónde encontrarlos), James Franco (The disaster artist) y Carrie Con (Los archivos del Pentágono).

Otro de los estrenos es Pequeño gran problema, comedia romántica con tintes de fantasía que arranca cuando una poderosa y temperamental ejecutiva de fuerte carácter se despierta volviendo a ser una adolescente de 13 años. Todo ello justo antes de la presentación más importante de su carrera profesional. Para no perder la oportunidad de negocio necesitará a su ayudante, la única que sabe lo ocurrido. Tina Gordon Chism (Peeples) dirige esta historia, en cuyo guión participa, mientras que Regina Hall (Plan de chicas), Issa Rae (A bitter lime), Marsai Martin (Juerga de mamis), Justin Hartley (serie This is us), Tone Bell (Implanted) y JD McCrary (serie The Paynes) son los principales actores.

La última de las novedades estadounidenses es El sol también es una estrella, drama romántico de corte adolescente que adapta la novela de Nicola Yoon. Dirigida Ry Russo-Young (Si no despierto), la trama tiene como protagonistas a un romántico universitario y a una joven pragmática que se enamoran en medio de la agitación que produce Nueva York. Los sentimientos surgen inmediatamente, pero también los conflictos y las dudas, sobre todo en ella, que lucha con todas sus fuerzas para que no deporten a su familia mientras él intenta convencerla de que están destinados a estar juntos. El reparto está encabezado por Yara Shahidi (En la mente del asesino), Charles Melton (serie Riverdale), Gbenga Akinnagbe (Independence Day: Contraataque), Jake Choi (La última apuesta), Cathy Shim (El gran colapso) y Anais Lee (Lazos de sangre).

Entre los estrenos europeos destaca La biblioteca de los libros rechazados, adaptación de la novela de David Foenkinos que cuenta cómo en un pueblo de Bretaña existe una peculiar biblioteca compuesta únicamente por libros rechazados por las editoriales. Una joven editora visita el lugar y descubre una novela que no solo le gusta, sino que está dispuesta a publicarla. Su autor, un cocinero de una pequeña pizzería, ya ha fallecido. El misterio en torno al autor aumenta cuando, al hablar con su viuda, descubre que jamás leyó un libro, y mucho menos escribió nada. Entonces, ¿quién es en realidad el misterioso escritor? Rémi Bezançon (Zarafa) se pone tras las cámaras de esta comedia dramática protagonizada por Fabrice Luchini (La alta sociedad), Camille Cottin (Una familia embarazosa), Alice Isaaz (Elle), Bastien Bouillon (Promesas al amanecer), Astrid Whettnall (Madame Marguerite) y Josiane Stoléru (Wild side), entre otros.

Ambos países colaboran también en Enemigos íntimos, coproducción de 2018 entre Francia y Bélgica que dirige David Oelhoffen (Lejos de los hombres) y cuyo argumento gira en torno a dos hombres que han crecido en el mismo y conflictivo barrio. Sus vidas, sin embargo, han sido muy diferentes: uno es policía y el otro criminal. Ambos se reencuentran tras uno de los mayores golpes del segundo que termina en un fiasco, recuperando una profunda e indisoluble relación. Entre los principales actores de este thriller dramático destacan Matthias Schoenaerts (Gorrión Rojo), Reda Kateb (Los últimos parisinos), Adel Bencherif (Objetivo: Londres), Sofiane Zermani (Mauvaises herbes), Sabrina Ouazani (Escuadrón de élite) y Gwendolyn Gourvenec (Open tables).

Puramente francesa es Sauvage, drama de 2018 que sigue la vida de un joven de 22 años que pasa sus días vendiendo su cuerpo por poco dinero. A través de este trabajo sexual el joven busca el afecto en cualquiera del que pueda obtenerlo, pero deberá plantearse si prefiere esa libertad y los peligros que plantea, o una vida estable y sus comodidades. Escrita y dirigida por Camille Vidal-Naquet, quien debuta así en el largometraje, la cinta está protagonizada por Félix Maritaud (120 pulsaciones por minuto), Eric Bernard (11.6), Nicolas Dibla y Philippe Ohrel (Aux yeux de tous).

La producción española tiene como representante La jaula, nueva cinta escrita y dirigida por Marcos Cabotá (Noctem) que, en clave de thriller, arranca cuando estalla una bomba en un coche de la Guardia Civil en 2009 cerca del puerto de Mallorca. Dos agentes mueren, y la policía activa la Operación Jaula, que impide a todo transporte entrar o salir de la isla. El reparto está encabezado por Xavier Nuñez (El cura y el veneno), Carolina Meijer (Truman), Antonia Payeras (Sesión 1.16), Javivi (Fuera de foco) y Miguel Ángel Jiménez.

Desde Rumanía nos llega A decent man (Un hombre como Dios manda), ópera prima escrita y dirigida por Hadrian Marcu que, en clave dramática, narra la situación que vive un ingeniero de perforación en la comunidad de trabajadores en la que vive. Está a punto de casarse con su novia, que está embarazada, pero mantiene una relación con la mujer de un compañero. El caos se apoderará de la historia cuando la novia se entere de la infidelidad. Los personajes principales están interpretados por Bogdan Dumitrache (Sieranevada), Madalina Constantin (Marussia), Ada Gales (In blue) y Valeriu Andriuta (Más allá de las colinas).

Suspense y drama se dan cita en Largo viaje hacia la noche, cinta de 2018 escrita y dirigida por Bi Gan (Kaili blues) que cuenta con capital francés y chino y cuyo argumento arranca cuando un hombre regresa a su ciudad natal, de la que huyó varios años atrás. Regresa para buscar a la mujer que amaba y a la que nunca ha podido olvidar. El reparto está encabezado por Wei Tang (Blackhat: Amenaza en la red), Jue Huang (Ash), Sylvia Chang (Más allá de las montañas), Hong-Chi Lee (Sui sheng meng si) y Yongzhong Chen.

Entre el resto de estrenos encontramos Memorias de un asesino, producción surcoreana de 2017 que traslada a la gran pantalla la novela de Young-ha Kim, que sigue la historia de un antiguo asesino en serie que es diagnosticado con Alzheimer. A pesar de que lleva 17 años sin cometer asesinatos, empiezan a producirse una serie de crímenes cerca de su ciudad de los que se considera responsable. Sin embargo, al encontrarse con el novio de su hija comprende instintivamente que él es el asesino en serie, pero necesitará evidencias concretas para salvar a su hija del psicópata. Dirigida por Shin-yeon Won (Gabal), la cinta está protagonizada por Kyung-gu Sol (Silmido), Nam-gil Kim (Dorihwaga), Seal-Hyun Kim (Gangman 1970) y Del-su Oh (Asesinos).

Sin duda la producción más internacional es The breadwinner (El pan de la guerra), cinta de animación de 2017 nominada al Oscar que adapta a la gran pantalla el libro de Deborah Ellis que, inspirado en hechos reales, narra la vida de una joven afgana que se ve obligada a disfrazarse de chico para mantener a su familia después de que su padre sea detenido durante la invasión estadounidense de su país. La película cuenta con capital procedente de Estados Unidos, Irlanda, Canadá y Luxemburgo, y está dirigida por Nora Twomey (El secreto del libro de Kells). Entre las principales voces del reparto encontramos las de Saara Chaudry (Isabelle dances into the spotlight), Soma Chhaya (Poltergeist), Noorin Gulamgaus (RoboCop), Laara Sadiq (Happily ever after) y Ali Badshah (Moon point).

Terminamos con el documental El Estado contra Mandela y los otros, obra dirigida a cuatro manos por Nicolas Champeaux, que debuta en la dirección, y Gilles Porte (Tantale). La cinta aborda el juicio histórico en el que Nelson Mandela y otras ocho personas se enfrentaron a la pena de muerte entre 1963 y 1964. Los acusados decidieron convertir el juicio en un altavoz contra el apartheid.

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3ª T. de ‘The following’, final adecuado para un desarrollo forzado


La tercera temporada de 'The Following' es un final digno para la serieA Kevin Williamson siempre habrá que reconocerle el mérito de resucitar el cine de terror con Scream (1996) y Sé lo que hicisteis el último verano (1997). Incluso marcó a toda una generación con ese drama adolescente sobrecargado de filosofía que fue la serie Dawson Crece. Pero todas esas obras pecan de algo que también ha sufrido su última creación, The following, cuya tercera y última temporada ha sido, por decirlo de algún modo, un correcto broche a un desarrollo que adquiría por momentos tintes casi irreales. Estos últimos 15 episodios son el perfecto resumen de lo mejor y lo peor que ha ofrecido esta serie.

La tendencia de Williamson a situar a sus personajes en situaciones límite es, posiblemente, el mayor pecado de sus creaciones. No es que sea algo necesariamente malo, pues muchas de sus tramas se han beneficiado de ello. Pero por lo general, y si no está acompañado de un desarrollo coherente, suele crear situaciones cuanto menos cuestionables. El caso de la serie protagonizada por Kevin Bacon (X-Men: Primera generación) pertenece a esa categoría general. En efecto, la tercera temporada, que planteaba un escenario relativamente nuevo, recae en la obsesión del guionista de colocar a su protagonista en una evolución narrativa cuyos giros argumentales no dan tregua al espectador, en una escalada dramática que alcanza cotas poco lógicas.

En este sentido, The following llega a coquetear con la posibilidad de que el héroe encuentre a su alter ego en la que siempre había sido su némesis. Vamos, que el policía se convierta en asesino. Y si bien es cierto que los episodios que protagonizan este conato evolutivo son de los mejores, también es cierto que resulta una situación un tanto extraña. Además, la necesidad de dar un final a personajes como el de James Purefoy (Templario) y Gregg Henry (Any day now) obliga a la historia a desviarse un poco de lo verdaderamente relevante, lo que termina por convertir a esta tercera temporada en una suerte de cajón de sastre que pueda dar respuesta a todas, o casi todas, las preguntas.

El principal problema de esto es que no está estructurado como un proceso orgánico. A pesar de que la persecución de un nuevo villano (muy bien interpretado por Michael Ealy, visto en la serie Almost human) permite a la trama focalizar la atención sobre un nuevo interés dramático, la necesidad de cerrar historias secundarias abiertas obliga a desviar dicha atención en favor de algo más urgente, que es precisamente dar un final a los asesinos en serie que han sobrevivido a lo largo de las anteriores temporadas. El resultado, en líneas generales, es una temporada final irregular, con buenos momentos generados por los nuevos personajes y la evolución del protagonista, y con momentos más forzados dramáticamente hablando motivados por los viejos conocidos. ¡Ah!, y tratando de recuperar la inspiración de Edgar Allan Poe que dio pie a la primera temporada.

El amor al trabajo

'The Following' presenta a un variado grupo de villanos en su 3ª T.Pero como decía, The following presenta un episodio final correcto. Más que correcto. El destino del personaje de Bacon no solo es lógico, esperado y satisfactorio, sino que convierte al héroe en un antihéroe, en un personaje que debe luchar contra el mundo desde las sombras, todo con el fin de proteger a los que considera su familia. En este sentido, Ryan Hardy termina la serie como la empieza, es decir, como un hombre solitario, que ha dejado todo y a todos de lado por su obsesión con los criminales, con cazar a los culpables de una vida que, aunque aparentemente no desea, en realidad no es capaz de evitarla.

El significado de ese final en el hospital es, quizá, lo mejor de toda la serie, ofreciendo un sentido a la ficción y permitiendo al espectador encontrar un sentido al viaje iniciado hace tres años, aunque para ello haya tenido que soportar algunos momentos verdaderamente pasados de vueltas. De hecho, uno de los más surrealistas es el que se produce justo antes de ese final, en un puente que vive una resurrección al más puro estilo zombie única y exclusivamente para servir de excusa a las necesidades narrativas que componen la conclusión de la serie. Es tan absurdo como hilarante, pero puede perdonarse si lo único que interesa es el final de la serie.

Con todo y con eso, uno de los aspectos más interesantes de esta última entrega episódica es la evolución de sus personajes. Mejor dicho, de sus héroes. Porque junto a los cambios que sufre el personaje de Bacon es importante señalar los que sufre el rol de Shawn Ashmore (X-Men 2) y Jessica Stroud (Ted), esta última en una medida mucho menor. Todos ellos, ya sea por pérdidas o por ataques contra su pasado más íntimo, presentan unos cambios que les llevan a modificar sus patrones de conducta hacia un carácter más reservado e individualista. Vamos, más parecidos al héroe. El problema es que sus respectivas definiciones a lo largo de los episodios han sido tan débiles (sobre todo la de ella) que dichos cambios no tienen una justificación clara, lo que a la larga impide una identificación con dichas decisiones.

Dicho esto, y sin que esta tercera y última temporada pueda considerarse notable, The following pone un broche más que digno a su corta existencia. Dejando a un lado las concesiones dramáticas, algunas más absurdas que otras, la serie termina como debe, con un héroe marcado para siempre y condenado a vivir en el anonimato en busca de una organización criminal que, a todas luces, es demasiado grande como para derrocarla. Como ya he dicho, que el recorrido para llegar hasta allí haya sido más o menos irregular queda mitigado por esa conclusión, pero no por ello debe ser olvidado. Kevin Williamson vuelve a demostrar que maneja bien los elementos del thriller, pero también que le cuesta mucho controlar el desarrollo de sus tramas.

‘Graceland’ se entrega a la fórmula más simple en su 1ª temporada


Imagen promocional de los protagonistas de 'Graceland'.Por norma general los experimentos audiovisuales han de ser, al menos, tenidos en cuenta. Es la mejor forma de descubrir nuevas historias y nuevos puntos de vista. Pero hay ocasiones en que dichos intentos ofrecen un resultado muy distinto, incapaces de concretar su propio sentido y generando sensación de impotencia. No se trata, pues, de que sean productos de mayor o menor calidad, sino que se ajusten a la propuesta que hacen. La nueva serie de Jeff Eastin (Ladrón de guante blanco) toma como punto de partida un hecho verídico de lo más interesante para convertirlo en un thriller de acción en el que la trama presenta muchas más aristas de lo que el formato permite, lo que termina por eliminar los matices. En este sentido, la primera temporada de Graceland, estrenada en 2013 en Estados Unidos, es un frustrado intento de combinar acción y profundidad dramática que se queda en tierra de nadie, aunque más cerca de la acción que de otra cosa.

Su argumento, en realidad, es bastante simple. Un joven agente del FBI recién salido de la academia es destinado a una casa de la costa en la que deberá convivir con agentes de otros cuerpos de seguridad (DEA y Aduanas, además del propio FBI) y ganarse su ascenso. Sin embargo, su trabajo pronto se ve envuelto en una investigación federal al que es su supervisor en la casa, un mítico agente del que se sospecha que puede traficar con los alijos de droga incautados, convirtiéndose en un agente infiltrado entre sus propios compañeros, con los que desarrolla poco a poco un vínculo de amistad. A priori, la ficción de Eastin posee todos los ingredientes para desarrollarse como un oscuro thriller en el que los secretos, las mentiras y los recelos marquen el ritmo de los acontecimientos. Sin embargo, ya desde el primer episodio algo no termina de encajar.

Y lo cierto es que, aunque no lo parezca, es algo de agradecer. Me refiero al hecho de que Graceland no engaña a nadie con su episodio piloto, uno de los más flojos narrativamente hablando que pueden encontrarse últimamente. Con una duración equivalente a dos episodios (de ahí que la temporada varíe entre 12 y 13 episodios en según qué países), este primer contacto con la serie es, cuanto menos, discutible. Por decirlo de forma concisa, la primera parte del piloto cuenta casi con tantas imágenes de recurso, muchas de ellas repetidas hasta en cinco ocasiones, como secuencias dramáticas. O lo que es lo mismo, por cada diálogo y secuencia con los principales protagonistas hay un impasse de gente jugando en la playa o paseando, surferos y oleaje. Un formato que rompe por completo la narrativa, alarga en exceso el metraje y resta gravedad a lo que los personajes dicen o hacen.

Por supuesto, es algo que se repite de forma habitual a lo largo de la primera temporada, lo cual da una idea del cariz que toma la serie a lo largo de su evolución, que por otro lado es muy distinta dramáticamente hablando. A este respecto cabe aclarar que esta primera entrega (la segunda ya se ha emitido en USA) comienza algo deslavazada para, poco a poco, conformar una estructura en torno a los secretos del personaje de Daniel Sunjata (El diablo viste de Prada), el único algo menos arquetípico y auténtico interés dramático de la serie. Secretos que poco a poco se van desvelando y que terminan por erigir un pasado, un presente y un futuro muy interesantes, sobre todo el pasado. Es gracias a este rol que la serie logra avanzar a pasos agigantados hacia un desenlace mucho más logrado de lo que cabría esperar, aunque siempre en el marco común del entretenimiento y la distracción que definen a la serie.

Arquetipos y olvidos

Hace un momento decía que el personaje de Sunjata es el menos tópico de todos. En efecto, si algo caracteriza a Graceland y perjudica el potencial de la historia son sus protagonistas, una suerte de cuadrilla de amigos en la que cada uno tiene un papel del que no debe, o no puede, salirse. El boy scout rubio y guapo; el mexicano gracioso y juerguista; el atormentado y problemático afroamericano; y las guapas, cuya definición es si cabe menos rica que la de sus compañeros de reparto. Todo ello hace que el desarrollo sea bastante previsible, sobre todo porque sus reacciones dan al traste con las consecuencias menos obvias de algunos acontecimientos. Acontecimientos que, por cierto, encuentran un final interesante aunque un tanto incompleto.

Sin desvelar demasiado a aquellos interesados en adentrarse en Graceland, hay que decir que el arco argumental de la primera temporada resuelve el principal conflicto de forma más o menos satisfactoria, situando a todos los personajes justo donde ellos desean para el comienzo de la siguiente temporada. El problema es que algunas de las tramas secundarias iniciadas a lo largo de los episodios quedan en el aire. Es cierto que es práctica habitual y que posiblemente sea el argumento principal en la siguiente etapa, pero dada la estrecha relación que tienen con la historia principal (la investigación por corrupción del agente del FBI) resulta llamativo que dichas líneas de trabajo se olviden por completo para luego retomarlas, como si la gravedad de la situación no pidiera a gritos una mayor integración y peso específico en la ficción.

Un olvido que supone, además, el colofón a la gran herramienta narrativa de Eastin: el gancho episódico. Por regla general las series utilizan dos sistemas para enganchar al espectador: el impacto de los propios acontecimientos o un hecho que da un giro por completo al sentido de la historia, sea real o falso. No es difícil encontrar ejemplos de ambos, al igual que no es difícil hacerse una idea del tipo de serie que utilizan uno u otro. En el caso que nos ocupa, los ganchos de cada uno de los episodios plantean una vuelta de tuerca más hacia un tono más oscuro, más serio, pero su desarrollo en el siguiente capítulo echa por tierra todo lo que podría ganarse con el giro. De este modo, renqueante y sin demasiadas expectativas, la trama avanza mediante artificios que, eso sí, cumplen su función a la perfección, al menos hasta que el espectador se cansa de ellos.

Se puede decir, por tanto, que Graceland es una serie de acción sin más pretensiones que la de sumarse al carro de productos policíacos o federales con un trasfondo que lucha por ir más allá sin conseguirlo. En cierto modo, Eastin se enfrenta a los acontecimientos sin tener en cuenta sus innumerables repercusiones que puedan tener, desarrollando su plan aunque eso vaya en contra, en muchas ocasiones, de lo que la lógica podría invitar a pensar. Una serie que entretiene si no se reflexiona mucho sobre ella o si se atiende al villano principal, único elemento transgresor en una historia, por otro lado, típica, tópica y previsible. Que en una casa vivan agentes del FBI, la DEA y Aduanas es algo interesante; que dichos agentes respondan a estereotipos de los que poco puede esperarse no lo es tanto. Y que este tipo de apuestas terminen por rendirse al formato menos elaborado es una lástima.

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