‘Ted 2’: aburrimiento por insistencia


Amanda Seyfried y Mark Wahlberg protagonizan 'Ted 2'.No cabe duda de que es uno de los reyes de la comedia norteamericana actual. De un subgénero muy concreto, pero rey al fin y al cabo. Y como todos los reyes, tiene defensores acérrimos y detractores aún más radicales. Lo que ha logrado Seth MacFarlane, creador de series como Padre de familia, es digno de reconocimiento independientemente del gusto por su forma de entender el humor. Ahora bien, su particular estilo mantiene la convicción de que para divertir es necesario reincidir en ideas, bromas o personajes que asienten una estructura sólida en el formato. Y a medida que se suceden sus productos la teoría cae por su propio peso.

El nuevo intento, titulado Ted 2, no deja de ser una extensión del humor que ha poblado sus historias desde sus comienzos. Sexo, drogas, excesos y situaciones absurdas en contextos cotidianos siguen componiendo el desarrollo dramático de sus películas. Y hasta cierto punto, la diversión está asegurada. Desde luego, la nueva aventura del osito de peluche más gamberro del cine tiene algunas situaciones hilarantes, algunas reflexiones interesantes (sobre todo en lo relacionado con los derechos civiles) y algunos chistes realmente divertidos. La palabra clave aquí es “algunos/as”, pues para una película de casi dos horas de metraje se antoja muy poco.

Ya ocurrió con la primera entrega, pero en esta continuación el problema se agrava. La cinta tiende siempre, incluso desde sus títulos de crédito al más puro estilo Padre de familia, a caer en la repetición, en la saturación de chistes e ideas supuestamente hilarantes que no hacen sino poner impedimentos al buen desarrollo de la historia. Gags como el de la búsqueda de cualquier término por internet, los abusos de dos personajes a los asistentes a la Comic-Con de Nueva York o las continuas referencias sexuales no solo alargan innecesariamente la trama, sino que llevan al espectador a desconectar del desarrollo, convirtiendo al film en un producto que debe ser tolerado durante demasiado tiempo.

Lo cierto es que Ted 2 confirma dos ideas ampliamente aceptadas. Una, que el humor de Seth MacFarlane es extremadamente particular, por lo que si el espectador no disfruta con Padre de familiaPadre Made in USA difícilmente encontrará diversión en esta secuela. Más bien al contrario, lo que percibirá será una sucesión de situaciones, algunas demasiado conocidas, que le interesarán en mayor o menor medida, pero que en pocas ocasiones le resultarán divertidas. Dos, que cualquier película que cuente con Morgan Freeman (Plan en Las Vegas) en su reparto gana enteros de forma automática. Su presencia en los últimos compases de la historia ofrece bastante más atractivo que la mayoría del resto del metraje. Pero ni siquiera él es capaz de compensar del todo una película de estas características.

Nota: 4/10

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‘Juerga hasta el fin’: la amistad puede con el Apocalipsis


James Franco, Jonah Hill, Seth Rogen y Jay Bruchel son algunos de los protagonistas de 'Juerga hasta el fin'.No son pocas las ocasiones en las que un grupo de amigos actores deciden rodar una película para su propio disfrute, entreteniendo de igual modo a los espectadores siempre y cuando se haga bien. Esta primera película escrita y dirigida a cuatro manos por Evan Goldberg y Seth Rogen, también protagonista. Lo que ya no estoy seguro de que sea tan común es el hecho de convencer a dichos amigos para que mueran uno por uno y queden plasmados en pantalla como un modelo de egocentrismo, machismo e hipocresía.

Más allá de su humor, bastante inteligente si se compara con lo que hay hoy en día, y de sus efectos, solventes para el tipo de film que es, esta historia apocalíptica ofrece algunos mensajes bastante interesantes que pueden pasar desapercibidos entre tanto gag y tanta diversión. Por ejemplo, que en Hollywood todo es fachada y pocas cosas son realmente honestas salvo, tal vez, la amistad. Y que, por mucha imagen afable y bonachona que ofrezcan, los actores no serán los primeros en ser salvados del Apocalipsis.

Empero, lo que es necesario saber para acudir a la sala es si realmente cumple con lo que promete. La respuesta es un rotundo sí. Sí a todos los niveles y para todos los públicos, tanto para aquellos familiarizados con sus disparatadas aventuras (como Superfumaos, SupersalidosCaballeros, princesas y otras bestias, …) como para aquellos que descubran a esta nueva hornada de cómicos norteamericanos. La película entretiene gracias a sus constantes referencias cinematográficas, a la burla permanente de los estereotipos que representan los propios protagonistas (encarnándose, en principio, a ellos mismos) y a una banda sonora brillantemente escogida, sobre todo en su tramo final.

Poco importa que su historia sea una mera excusa o que tenga momentos un tanto soeces dedicados a un público muy concreto. Juerga hasta el fin es una comedia sincera, hecha por un grupo de amigos que se divierten dentro y fuera de la pantalla, y que posee humor para todo tipo de públicos. No exige demasiado a los espectadores, es cierto, pero a cambio ofrece una hora y 45 minutos de entretenimiento. Poco más se le puede pedir a la comedia moderna.

Nota: 6,5/10

‘RED 2’: loca aventura de espías retirados


Bruce Willis y John Malkovich repiten en 'RED 2', de Dean Parisot.Hay películas que desprenden desde el primer fotograma un aire de diversión que traspasa la mera intención del guión. Una diversión y entretenimiento que se haya más en la sintonía de los actores que en el desarrollo dramático. Ocurrió en RED (2010) y vuelve a ocurrir en su secuela, que como toda buena segunda parte que se precie en estos tiempos es más de todo. Más acción, más actores veteranos y más supuestos gags. En efecto, tiene más de todo… menos de interés. Salvo por algún momento realmente divertido, el resto del guión provoca de todo menos atención en el espectador.

Puede que sea porque la fórmula de ubicar a veteranos actores muy distintos entre sí en una historia de espías ya no sorprende. También tendrá algo que ver el hecho de que la introducción de los conflictos románticos del personaje de Bruce Willis (El último Boy Scout), quien repite como ex agente de la CIA, no fluyen de la forma que deberían entre los disparos y las conspiraciones paranoicas en las que se basa la historia principal. En realidad, estos son solo algunos de los motivos. La pura verdad es que el film de Dean Parisot (Dick y Jane, ladrones de risa), quien por cierto parece estar sobrepasado por la situación en algún que otro momento, es una parodia al cine de espionaje con todos los clichés posibles introducidos en un guión con unos conflictos poco trabajados.

Aunque desde luego, esto no debería ser un impedimento siempre y cuando el espectador se entregue por completo a disfrutar de los actores, verdadero salvavidas de la película. Poco hay que decir de Willis, Helen Mirren (The Queen), John Malkovich (El intercambio), Mary-Louise Parker (Howl) o Catherine Zeta-Jones (Crueldad intolerable), brillantes en sus alocados papeles. Lo que de verdad sorprende es la labor de Anthony Hopkins (El hombre lobo) en un rol poco conocido en él. Su presencia es lo que eleva la trama, tanto por lo desconcertante de su personaje como por su interpretación, pasando por diferentes estados de ánimo en pocos minutos. Puede costar hacerse a la idea de ver al actor en un film de acción como este, pero encaja como un guante en medio de tanto disparo, pelea y explosión. Y tal vez eso sea lo más divertido de todo.

RED 2 es, en una palabra, intranscendente. En el momento de verla no hace daño, más bien al contrario: distrae, entretiene y hasta hace reír en algún momento. Pero según termina se olvida casi por completo, lo que a la postre dificulta cualquier análisis. Si lo que se busca es un divertimento inocente que no obligue a analizar ni mantener un alto grado de atención, esta será sin duda la película del verano. Empero, incluso en estas situaciones la base narrativa debe tener algo más que ofrecer que un conjunto de actores bien avenidos. Por desgracia, no posee la intriga suficiente para sostener la comicidad.

Nota: 5,5/10

‘Tipos legales’: el inexorable paso del tiempo no afecta a los clichés


Alan Arkin, Al Pacino y Christopher Walken son el trío protagonistas de 'Tipos legales'.El tiempo no pasa en balde para nadie. No lo hace para el ciudadano de a pié, pero tampoco para las estrellas de Hollywood… ni para sus personajes. Una conclusión tan simple como demoledora es lo que se obtiene de la nueva película de Al Pacino (Heat), Christopher Walken (Atrápame si puedes) y Alan Arkin (Pequeña Miss Sunshine), una comedia tan sencilla y previsible como distraída en la que los veteranos actores demuestran, una vez más, que son capaces de salvar casi cualquier cosa. Y es que sin ellos esta producción se convertiría en un compendio de clichés y situaciones al más puro estilo de la comedia norteamericana moderna.

Y es que esta historia sobre la última noche de un antiguo criminal justo el día que sale de prisión es una sucesión de lugares, conversaciones y gags vistos en más de una ocasión, con la originalidad, o mejor dicho la curiosidad, de que ahora son personajes con los problemas típicos de la vejez. Tal situación origina algunos de los momentos más divertidos, como ver a Pacino en la camilla de un hospital delirando por la mezcla de pastillas que se ha tomado para poder aguantar la noche. Sin embargo, poco más. La trama, que bien podría haber contenido algún que otro giro dramático de cierto empaque, se desarrolla de forma lineal sin sorprender al espectador más que con algún que otro punto divertido.

El principal escollo al que se enfrenta el film de Fisher Stevens (Beso en Manhattan), que por otro lado realiza una labor más que correcta en la planificación y la creación de ambientes, es que desvela los pocos interrogantes casi desde el principio. De poco sirve tratar de presentar al personaje de Pacino como un hombre astuto que conoce de antemano su final si ya se muestra quién va a ser el encargado de llevarlo a cabo. Por no hablar del hecho de que su final se ve venir casi desde el primer plano de la película. Todo ello termina por restar interés a una historia que, repetimos, tiene sus tres patas fundamentales en los tres integrantes principales de su reparto.

Al final, Tipos legales se antoja distraída, por momentos entretenida y por momentos algo tediosa. Una oportunidad única para ver a tres grandes actores realmente envejecidos, algo cansados y, en cualquier caso, muy afectados por el paso del tiempo. El film es un canto a las segundas oportunidades, a cumplir las últimas voluntades en vida y a defender aquello que más nos importa, aunque sea con decenas de años a nuestras espaldas. El problema es cómo lo hace. La mejor forma de comprobar la trascendencia o intrascendencia de la película es haciéndose la siguiente pregunta tras encenderse las luces. ¿Qué habría pasado si los personajes fuesen algo más jóvenes y estuvieran interpretados por actores de segunda categoría de Hollywood? Probablemente, que estaríamos ante un producto con poco contenido.

Nota: 5,5/10

‘Desmadre de padre’: el mal gusto cuesta poco


Existe una moda en el Hollywood de los últimos años de identificar la comedia con un abuso de bromas y gags relacionados con el sexo, con lo escatológico o con los aspectos más denigrantes del humor. Ya sea por una demanda de los adolescentes y pre adolescentes que encuentran en este tipo de cosas una forma de reírse de un mundo que empiezan a conocer (y que les avergüenza en cierto modo), ya sea por un interés de los estudios, las películas que se enmarcan en esta especie de subgénero han proliferado, y con ellas actores como Adam Sandler. Pero como con todo, el abuso tiende a desnaturalizar el propio elemento, y lo último del actor de El aguador (1998) es un carrusel sin gracia ni sentido de momentos a cada cual más surrealista.

Como suele ser habitual, el argumento es una mera excusa para poder utilizar el mundo del sexo como centro de todo. Ya desde la primera escena queda claro que todos los tópicos van a ir pasando ante los ojos del espectador uno tras otro, y algunas veces de forma solapada. El problema, sin embargo, no reside tanto en los chistes como en el momento de su uso. El lenguaje soez y los discursos escatológicos parecen en la mayoría de las ocasiones incluidos por una fuerza superior a la narrativa, como si no pertenecieran al texto original y se hubieran preparado a posteriori en el rodaje.

No sería extraño si se tiene en cuenta a los actores protagonistas, uno que parece obsesionado con incluir la mayor cantidad de pechos desnudos de mujeres por plano fijo y otro que proviene de una factoría de cómicos y de improvisación como es el programa Saturday Night Live. Lo cierto es que Adam Sandler nunca ha sido considerado un gran actor, pero sus inicios como cómico tenían mucha más entereza y coherencia de lo que tienen sus últimos trabajos, en los que parece autovanagloriarse de su propio legado. Por su parte, Andy Samberg podría haber destacado algo más si no fuera por el devenir tan previsible y tedioso de la trama.

Es posible que el público juvenil al que va dirigido ría algunas de las gracias, pero la mayor parte del tiempo la sala se mantiene en silencio con alguna que otra sonrisa asomando por la comisura de los labios. Lo cierto es que el machaque constante sobre la idea de liberarse de las ataduras morales de la sociedad moderna para volver al carácter más liberal de los años 80 (que en líneas generales es lo que propone el film) logra convertir las cerca de dos horas de metraje algo interminable. Y eso en el cine es una sentencia de muerte, no hablemos ya de una comedia.

Nota: 3/10

Diccineario

Cine y palabras

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