Regresa ‘Misión: Imposible’ para salvar las ‘Ciudades de papel’


Estrenos 7agosto2015Comenzamos un mes repleto de títulos atractivos para los amantes de los blockbusters, la acción y el humor. Y lo hacemos con dos títulos que están llamados, cada uno en su estilo, a llenar las salas. Por supuesto, llegan acompañados de propuestas que tal vez no alcancen todos los rincones de la geografía española, pero que sin duda ofrecen una mayor variedad para aquellos que prefieran historias más intimistas. Aunque hoy viernes, 7 de agosto, todo pasa por Ethan Hunt y su equipo de espías.

En efecto, Misión: Imposible – Nación Secreta, quinta entrega de la saga iniciada en 1996 que en esta ocasión dirige Christopher McQuarrie (Jack Reacher) y que cuenta con el grueso del reparto protagonista de Misión: Imposible – Protocolo fantasma (2011). La trama arranca cuando el equipo protagonista descubra la existencia de una organización secreta internacional conocida como el Sindicato cuyo objetivo es destruir la FMI. El reto se plantea cuando comprendan que los agentes de esta organización no solo están altamente cualificados, sino que rivalizan en capacidades y aptitudes con los miembros del grupo de Hunt. Tom Cruise (Al filo del mañana), Simon Pegg (Bienvenidos al fin del mundo), Jeremy Renner (Matar al mensajero), Ving Rhames (Percentage), Alec Baldwin (Blue Jasmine), Rebecca Ferguson (Hércules), Sean Harris (Serena) y Tom Hollander (Una cuestión de tiempo) encabezan el reparto.

Los adolescentes tienen su principal reclamo en Ciudades de papel, drama romántico basado en la novela de John Green que narra la relación de un joven y su enigmática vecina, de la que está secretamente enamorado. Una noche ella le pide que le acompañe en una aventura por la ciudad, desapareciendo a la mañana siguiente. Será entonces cuando el chico inicie un viaje junto a sus amigos para encontrar el paradero de la chica de sus sueños, quien ha dejado pistas ocultas para poder localizarla. Dirigida por Jake Schreier (Un amigo para Frank), la película está protagonizada por Cara Delevingne (Anna Karenina), Nat Wolff (Bajo la misma estrella), Halston Sage (Malditos vecinos), Cara Buono (serie Person of interest), Austin Abrams (Gangster Squad), Caitlin Carver (serie Familia de acogida) y Justice Smith (Trigger finger).

Otro de los títulos interesantes, sobre todo por los nombres que lo apoyan, es Bernie, comedia negra producida en 2011 y basada en un artículo escrito por Skip Hollandsworth que aborda la relación de un empresario de pompas fúnebres muy querido en su comunidad con una adinerada viuda. Sin embargo, con el paso del tiempo ella empieza a ser extremadamente controladora, lo que obligará al hombre a buscar una forma de alejarse de ella. Richard Linklater (Boyhood) dirige la propuesta, mientras que Jack Black (Año uno), Shirley MacLaine (En sus zapatos), Matthew McConaughey (serie True detective), Brady Coleman (Pineapple) y Richard Robichaux (Foreign exchange) encabezan el reparto.

Antes de entrar en los estrenos europeos hablamos de la cinta más internacional de la semana. Mi casa en París, que cuenta con capital norteamericano, francés e inglés, es una producción de 2014 que adapta la obra de Israel Horowitz (3 weeks after paradise), quien por cierto también se encarga de escribir este guión y dirigir la película. A medio camino entre la comedia romántica y el drama, la trama arranca cuando un neoyorquino sin mujer, hijos ni dinero recibe la noticia de que ha heredado de su padre, con el que no se hablaba, una enorme casa en París. Dispuesto a venderla, viaja a la ciudad para ver el estado de la propiedad, pero todo cambia cuando descubre que allí vive una anciana con su hija. Para colmo, la ley francesa impide que el hombre tenga acceso a la propiedad hasta que la mujer mayor fallezca. El reparto principal está integrado por Kevin Kline (La última aventura de Robin Hood), Maggie Smith (El exótico hotel Marigold), Kristin Scott Thomas (En la casa), Dominique Pinon (Amelie) y Stéphane Freiss (Un regalo para ella).

Otra de las novedades es el drama biográfico El bailarín del desierto, film inglés de 2014 basado en la vida de Afshin Ghaffarian, un iraní apasionado del baile y la música que, en el turbulento clima político del país en 2009, decide juntarse con otros jóvenes que comparten su afición para crear un grupo clandestino que les ayude a cumplir sus sueños de bailar ante un público. El proceso no solo le permitirá centrarse en su afición, sino que le abrirá las puertas al amor. Dirigida por Richard Raymond, quien de este modo debuta en el largometraje, la película está protagonizada por Freida Pinto (El origen del planeta de los simios), Tom Cullen (Los últimos días en Marte), Nazanin Boniadi (serie Homeland) y Reece Ritchie (Hércules), entre otros.

Desde Francia llega la comedia romántica Les combattants, ópera prima de Thomas Cailley que gira en torno a un joven cuyo verano se prevé tranquilo, repartiendo el tiempo entre sus amigos y la empresa familiar. Pero todo cambia cuando entra en su rutina una joven que pone patas arriba su mundo con una forma de entender la vida muy diferente. Aunque ella no le pide nada, él deberá decidir si seguir con sus planes o dejarlo todo para estar junto a ella. Adèle Haenel (Casa de tolerancia), Kévin Azaïs (La marche), Antoine Laurent (Notre tour viendra) y Brigitte Roüan (Voy a ser mamá) son los actores principales.

También francesa es El apóstol, película escrita y dirigida por Cheyenne Carron (Extase) que adapta la historia real de un joven musulmán que debe luchar contra su destino de convertirse en Imán. Una lucha que se desencadena por el secreto que oculta a su familia y amigos: se ha convertido al Cristianismo. Cuando se revele su conversión el mundo que conocía se volverá hostil, pero descubrirá otros jóvenes que viven su misma situación, generando una corriente de lucha a través del perdón y la redención. Narrado en clave dramático, el film está protagonizado por Brahim Tekfa, Salah Sassi (Héroes del cielo), Fayçal Safi (De guerre lasse) y Norah Krief (Faire avec).

Por último, Al otro lado del muro es un drama de 2013 dirigido por Christian Schwochow (Novemberkind) que adapta la novela de Julia Franck en la que una mujer de la Alemania Oriental de los años 70 pretende cruzar el Muro de Berlín para huir de una vida de penurias, terror y dolor. Acompañada de su hijo y con la promesa de un matrimonio con un alemán occidental, la mujer pronto comprenderá que la vida en la parte occidental no es tan luminosa como creía, iniciando una etapa de tránsito en la que el espionaje, el sufrimiento y el control rivalizan con la realidad que pretendía dejar atrás. La película está protagonizada por Jördis Triebel (La mujer papa), Tristan Göbel (Goethe!), Alexander Scheer (Cuando Santa cayó del cielo) y Jacky Ido (MS1: Máxima seguridad).

‘El origen del planeta de los simios’, distanciarse del original para mantener la esencia


César dirige la revolución de los monos en 'El origen del Planeta de los Simios', dirigida por Rupert Wyatt.Uno de los pilares fundamentales de la ciencia ficción cinematográfica está representado por la saga ‘El planeta de los simios’, fundamentalmente gracias al original de 1968 protagonizado por Charlton Heston (El último hombre…vivo) que adaptaba la novela de Pierre Boulle. El amplio número de referencias culturales que aquel film aportó a la sociedad, así como el complejo y elaborado mensaje que transmitía, lo convierten en un clásico imprescindible y en objeto de numerosas secuelas y remakes que no siempre han tenido la calidad esperada. El inminente estreno de El amanecer del planeta de los simios devuelve a la actualidad no solo al film original, sino también a la película que se atrevió a contar los inicios de la dominación de los monos sobre los humanos: El origen del planeta de los simios (2011).

Dirigida por Rupert Wyatt (The escapist), la trama desarrolla la relación de un científico que busca una cura para el alzheimer con un simio al que adopta y que, por una serie de experimentos, ha adquirido un coeficiente intelectual similar al de un humano. Una relación que termina derivando en una revolución de un amplio grupo de simios cuyo único propósito es buscar la libertad de la que los humanos les privan al encerrarlos en zoos y laboratorios. A grandes rasgos esta podría ser la sinopsis, pero incluso en esta breve reseña puede encontrarse ya una de las características más importantes del film: su independencia. No la de los simios, que también, sino la de la propia historia respecto al original y al resto de versiones y secuelas que se han realizado. Tal vez sea porque no necesita tener demasiado en cuenta lo narrado en otros films, pero lo cierto es que dicha libertad permite a la película de Wyatt desarrollarse de forma autónoma, encontrando su propia historia y sus propios recursos narrativos.

Y es que a diferencia de la saga, en la que la lucha entre hombres y simios por la supervivencia es más patente, El origen del planeta de los simios se antoja más como un estudio acerca de la violenta condición humana, de la ausencia total de compasión de una sociedad alentada por los resultados y por su mal entendida superioridad intelectual. La forma en que la trama desarrolla el arco dramático del simio protagonista, que vuelve a contar con la magistral interpretación de Andy Serkis, quien ya estaba familiarizado con los monos gracias a King Kong (2005), hace hincapié en todo momento en la indefensión de una criatura que no encuentra su sitio ni entre los humanos ni entre sus semejantes. Esta evolución deja algunos de los mejores momentos del film, como es ese primer momento en que César, nombre clave en la historia original, descubre que puede utilizar su intelecto para derrotar a gorilas mucho más grandes y fuertes que él. En cierto modo, y salvando las distancias, es un homenaje a ese primer fragmento de 2001: Una odisea en el espacio (1968).

La película no es, por tanto, un producto más que trate de exprimir el poco jugo que le queda a la historia original, sino que parte de lo ya conocido para preguntarse qué ocurrió para que se llegara a dicha situación. En este sentido, además, no se deja llevar por la acción desmedida o por la relativamente sencilla idea de que los monos conquistan el mundo. La complejidad que adquieren los simios les convierte en personajes incluso más interesantes que algunos de los roles humanos, pues les dota de unos objetivos mucho más elaborados. No tratan de vengarse o de responder con violencia lo que a todas luces es una tortura, sino que buscan un lugar al que llamar hogar. Esa inteligencia al servicio de una naturaleza tan “inocente” como la animal es otro de los aspectos a destacar del film, que por cierto contiene algunas secuencias de acción espléndidamente realizadas.

Dueños de nuestro destino

Narrativamente hablando, El origen del planeta de los simios comparte con sus predecesoras algunos aspectos que la vinculan de forma ineludible con la historia que todo el mundo conoce. El primero y más relevante es la idea de que el ser humano se convierte en su propio verdugo. Aunque es cierto que se aleja notablemente de ese giro dramático del film original que deja atónito a todo aquel que se acerca sin saber nada de la historia, la película mantiene el mismo espíritu. En esta ocasión, a través de la relación que el simio establece con el personaje de James Franco (Juerga hasta el fin), prácticamente el único que comprende los riesgos a futuro que conlleva tratar a los animales de esa forma. Las interacciones entre ambos personajes, simio y humano, crean un núcleo dramático y emotivo que impulsa en muchos momentos la trama, sobre todo cuando esta tiende a estancarse. Una relación, por cierto, que adquiere su máxima expresión cuando César logra articular una palabra. Un momento tan sencillo como como cargado de significado.

No por casualidad, esa idea de que el ser humano es dueño de su fatídico destino, presa a su vez de sus ansias de conocimiento y de su desprecio por los animales, se desarrolla de forma casi paralela al hecho de que los simios adquieren conciencia de su propia naturaleza, y por lo tanto también toman las riendas de su futuro. Ambos procesos, representados en cierto modo por los roles de Franco y Serkis, se convierten en las dos caras de una misma moneda. El ascenso del planeta de los simios supone la caída del planeta de los humanos. La genialidad del film, o al menos lo más loable, es que logra dejar patente dicha dualidad sin mostrar enfrentamientos directos entre ambas razas, centrándose en el trasfondo emocional de los personajes y en la evolución de los animales. El hecho de dotar al simio César de una personalidad con la que cualquier individuo puede identificarse no hace sino acrecentar la sensación de abuso y maltrato, encontrando en ello una justificación más que razonable a sus ansias de libertad.

En definitva, y esto es algo que también mantiene con el original, la película aborda a los primates como si de seres humanos se tratara. No busca simplemente mostrarlos como animales que inician una guerra ante unas criaturas de similar intelecto pero mucha menos fuerza física, sino como criaturas cuya naturaleza siempre les guía a vivir en libertad y en paz. Y esta idea, si bien es cierto que acerca a esta precuela al resto de films, también la distancia notablemente de todas. Mientras que en el original (y en el resto) los simios son mostrados como una sociedad que, en líneas generales, se comporta como la humana, aquí no adquieren todavía ese grado de organización, permitiendo al director abordar muchos más matices en todos los ámbitos, desde la ya mencionada moralidad humana hasta las motivaciones de César y del resto de simios.

El origen del planeta de los simios, por tanto, se puede entender como una historia notable en la que todos los elementos, desde los efectos hasta la acción, están al servicio de una trama sólida que sabe encontrar su equilibrio entre el homenaje al original (al fin y al cabo, se nutre de ella) y la personalidad propia, creando un híbrido que, al igual que el simio protagonista, posee lo mejor de los dos mundos. La ausencia de miedo en Rupert Wyatt y el resto de responsables a la hora de afrontar el reto de enfrentarse a la sombra de un gran clásico como el film de 1968 es lo mejor que le podría ocurrir a una trama que no tiene reparos en huir de concesiones para revelarse como una reflexión sobre las relaciones, sobre la naturaleza humana y sobre el futuro de la sociedad.

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