La poesía narrativa de ‘El curioso caso de Benjamin Button’


Brad Pitt y Cate Blanchett protagonizan 'El curioso caso de Benjamin Button', de David Fincher.El estreno de Perdida ha reafirmado el talento narrativo de David Fincher, si es que tal consolidación era necesaria. Ya desde su primera película, Alien 3 (1992), el realizador demostró una capacidad innata no solo para narrar en imágenes (algo que se presupone a todo el que se pone tras las cámaras), sino para crear un mundo particular a través de la fotografía, el color y la narrativa. Decía el propio director en una entrevista que a la hora de rodar hay que escoger los planos que cuenten la escena de la mejor manera posible. Siguiendo esta idea, se podría decir que El curioso caso de Benjamin Button (2008) es la máxima expresión. Es difícil decidir cuál es la mejor película de un director que cuenta sus trabajos por éxitos, pero sin duda este relato basado en la obra corta de F. Scott Fitzgerald es uno de los más completos en todos los sentidos.

Su trama, para aquellos que todavía no hayan podido verla, sigue la vida de un hombre que nace como un anciano y, a medida que va creciendo, su cuerpo rejuvenece hasta convertirse en un bebé. Hijo de un empresario que tiene una fábrica de botones, su nacimiento coincide con la puesta en marcha de un gran reloj que va marcha atrás construido por un relojero que intentaba, de este modo, recuperar el tiempo pasado. Abandonado en un asilo de ancianos, el protagonista conoce a una niña con la que congenia a nivel psicológico, pero no físico. No será hasta años después, cuando ambos vuelven a encontrarse, que iniciarán una relación intermitente que les unirá a través de los años y en la que ella irá envejeciendo y él rejuveneciendo. Una fábula, en definitiva, acerca del carácter inexorable del tiempo, de la necesidad del ser humano de evolucionar y madurar, y del carácter cíclico de la vida.

Y precisamente este tono de cuento que posee El curioso caso de Benjamin Button es lo que la convierte en un film tan atípico dentro de la trayectoria de Fincher, más acostumbrado al thriller. La decidida apuesta del director por una planificación sin grandes alardes que rompan con el carácter general de la trama potencian esa sensación de cuento de hadas, de hecho mágico en un mundo marcado por la tragedia y el horror como es la Europa posterior a la I Guerra Mundial, momento en el que arranca la historia de Benjamin Button. El característico uso de la iluminación y el color del director de The game (1997) aporta el contexto emocional necesario para abordar este drama, partiendo en un primer momento de tonos verdosos y anaranjados para luego evolucionar hacia colores más neutrales en la madurez/juventud del protagonista.

Hay que señalar, en este sentido, que prácticamente todas las secuencias tienen un componente simbólico muy marcado, desde ese comienzo en el que se funden alegría y miedo a lo desconocido en el nacimiento de Button, hasta el final, en el que el reloj cuyas agujas se mueven en sentido contrario es anegado por el agua del Katrina. En mayor o menor medida, cada uno de los grandes momentos del film pueden (y deben) ser vistos como una metáfora de algo más que una vida poco convencional. La primera vez que el personaje de Brad Pitt (Guerra Mundial Z) camina, su periplo en el barco o su regreso, ya como un niño, junto a la mujer a la que amó, son fragmentos, de hecho, de la propia evolución de la sociedad. Y con esta idea es con la que David Fincher parece sentirse más cómodo, elaborando una narrativa que busca en todo momento el preciosismo formal, la belleza por encima de todo.

Del tiempo y su uso

Los seguidores del director sabrán que una de sus armas narrativas es el manejo del ‘tempo’ audiovisual, algo que beneficia notablemente a los thrillers que ha dirigido. El curioso caso de Benjamin Button es, a este respecto, una obra a analizar. Ya he comentado la facilidad de Fincher para narrar no solo con los planos, sino también con la fotografía, algo que aporta a sus obras parte de este tono sobrio e inquietante que tan buenos resultados logra. Pero en este drama con tintes fantásticos hay que añadir el elemento sonoro a la ecuación, y más concretamente el narrador que cuenta la historia. Su uso, poco recomendable por cuestiones de comprensión y saturación de cara al espectador, adquiere aquí un papel fundamental en muchos sentidos, aportando una mayor carga emocional.

El mejor ejemplo es, sin duda, el accidente que sufre el personaje de Cate Blanchett (Blue Jasmine), el verdadero y único amor del protagonista. Me imagino que aquellos que han visto el film saben de qué hablo. Fincher aprovecha este mínimo resquicio de suspense para engrandecer una secuencia que, a priori, posee poco más que una fuerte carga dramática. La forma en que juega con las emociones del espectador, dirigiendo su atención en un sentido para, sin necesidad de brusquedades pero de forma contundente, cambiar el significado de la secuencia en un giro de 180 grados, es simplemente brillante. Y todo ello, como digo, con una suavidad narrativa que puede no ajustarse al contenido de la secuencia, pero que termina convirtiéndose no solo en la mejor forma de narrar los acontecimientos, sino en la más elegante y bella. Sin necesidad de mostrar el accidente, Fincher genera un gran carga emocional a través del plano secuencia y del narrador omnisciente, aprovechando la creciente sensación de que algo va a ocurrir en su propio beneficio.

Aunque las palabras que hay que destacar son “elegante” y “bella”. En efecto, la trayectoria del director de El club de la lucha (1999) confirma una evolución hacia un formalismo visual elegante, pulcro y sincero independientemente de la historia que narre. Si, como ocurre con este film, dicha historia es un espléndido drama cuyo desarrollo está plagado de significado, esa visión se transforma en una suerte de poesía visual capaz de expresar mucho con muy poco. En cierto modo, y salvando las distancias de género y estructura, es lo que le ocurre a Perdida. Ambos films son capaces de exprimir al máximo unas historias que perfectamente podrían haber caído en los tópicos o en el exceso. En manos de Fincher, empero, se convierten en obras sobrias y sólidas que buscan en todo momento la inteligencia del espectador, tanto la mental como la emocional.

El curioso caso de Benjamin Button es una de esas películas que, posiblemente, terminen engrosando las listas de clásicos, si no a nivel general al menos sí en su género. De lo que no cabe duda es de que Fincher alcanzó un grado de perfección extremadamente alto, hasta el punto de que ha sido su oportunidad más clara para llevarse un más que merecido Oscar. Su capacidad para narrar en imágenes, su uso de la fotografía y unos efectos digitales simplemente perfectos son las grandes cartas de presentación de este drama, pero con su director siempre hay algo más. La elegancia de su puesta en escena y su fantástica intuición para saber lo que necesita una escena le permiten jugar con los tiempos de la película y con las emociones que esta desprende. Y si a eso sumamos un guión brillante, lo que surge es una obra atemporal.

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‘El gran Gatsby’: la luz verde al final del túnel


Leonardo DiCaprio, Carey Mulligan, Tobey Maguire y Joel Edgerton en 'El gran Gatsby', de Baz Luhrman.Puede que muchos se rasguen las vestiduras con esta nueva versión de la obra de F. Scott Fitzgerald realizada por Baz Luhrman (Australia). Se hablará de su innegable despliegue visual. Se hablará también de la moderna música elegida para acompañar una historia de los dorados años 20 en Nueva York. Incluso se dirá que no es fiel al espíritu de la novela. Bueno, tal vez lo que cabría preguntarse es: ¿realmente es Baz Luhrman un director al uso? ¿Acaso su Romeo y Julieta de William Shakespeare (1996) se mantenía fiel al texto teatral? Es con esa idea en mente con la que hay que acudir a ver este El gran Gatsby.

Y precisamente con esa idea es con la que se puede separar el grano de la paja en esta historia de pasados ocultos, de excesos sociales y, en el fondo, de amor maldito. No cabe duda de que la forma, la carcasa que envuelve la trama es apabullante. El ambiente de derroche, lujo y fiestas que define el mundo del misterioso Gatsby (un maravilloso Leonardo DiCaprio que definitivamente ha alcanzado ese punto en el que da igual lo que haga, siempre estará soberbio) queda definido desde el primer momento a través de los ojos del narrador/protagonista. Curiosamente, la elección musical de Luhrman, lejos de resultar incompatible, termina por aportar el necesario punto de modernidad a una sociedad en auge y a las impresiones que recibe un joven de provincias que llega a la gran ciudad. Una apuesta arriesgada pero acertada.

Ahora bien, el director peca de nuevo en su talón de Aquiles más importante: el manejo de los tiempos. La historia centra tantos esfuerzos en introducir al espectador en el brillante espectáculo visual que tarda demasiado en ponerse seria y desarrollarse como es debido. De hecho, las pinceladas que va dando durante su primera mitad son tan evidentes que uno termina por sospechar que algo extraño ocurre con excesiva antelación, de ahí que cuando todo empieza a tomar forma la película se vuelve algo previsible. Eso no evita, sin embargo, que el desarrollo dramático en sí no tenga las suficientes dosis de tragedia, romance y tristeza, lo que termina dando a este luminoso túnel un punto de esperanza, un poco en similitud a esa característica esperanza de Gatsby al mirar cada noche la parpadeante luz verde.

Decir que El gran Gatsby, versión Luhrman, es una buena película tal vez sea excesivo. Es un entretenimiento muy bien realizado y con un reparto excepcional en el que ninguno de los actores desentona, con especial mención a Tobey Maguire (Pleasantville) y Joel Edgerton (El rey Arturo). Sin embargo, no trasciende más allá. Su duración de dos horas y media juega en su contra en gran medida por la falta de equilibrio narrativo entre la opulencia visual del conjunto y el intimismo dramático de la relación de amor imposible. Curiosamente, ambos elementos son vasos comunicantes, pues cuando uno se hace fuerte el otro se debilita. En el fondo, todos los elementos están ahí, pero se echa en falta un buen nexo de unión entre ellos.

Nota: 6,5/10

El lujo de ‘El gran Gatsby’ de Luhrman eclipsa el resto de estrenos


Estrenos 17mayo2013Han sido varias semanas de espera, de anuncios en cine, televisión y marquesinas de autobús, pero por fin llega a nuestras pantallas la nueva adaptación de la novela de F. Scott Fitzgerald El gran Gatsby, y lo hace tras haber inaugurado la última edición del Festival de Cannes, que se celebra estos días. Un estreno esperado que tratará de aportar no solo calidad cinematográfica a la cartelera, sino levantar un poco los ánimos de una taquilla en sus horas más bajas. No es el único estreno de este viernes 17 de mayo, es cierto, pero desde luego es el más interesante y, al menos en líneas generales, es el único que llama poderosamente la atención.

La historia ya es conocida: un aspirante a escritor se traslada al Nueva York de los años 20 del siglo pasado para triunfar. Sin embargo, lo que descubrirá allí será un mundo totalmente distinto, el de la alta sociedad, en el que el despilfarro y el exceso están a la orden del día. En esta espiral conocerá a un joven y misterioso multimillonario, Gatsby. El mayor atractivo de la historia, empero, reside en el director. Incluso por encima de su impresionante reparto. Baz Luhrman (Moulin Rouge), con su particular estilo visual, aporta a la trama la opulencia y el carácter dramático que necesita, potenciados ambos por la proyección en 3D. Colorido, lujo e intriga es lo que rodea, por tanto, al reparto del film, integrado por Leonardo DiCaprio (Django desencadenado), Tobey Maguire (Spider-Man 3), Carey Mulligan (Shame), Joel Edgerton (Warrior), Isla Fisher (Despedida de soltera) y Jason Clarke (La noche más oscura).

Y como anunciábamos al principio, no es el único estreno. El otro film de Estados Unidos es Marea letal, nuevo thriller de acción para Halle Berry (Cosas que perdimos en el fuego) en el que la actriz encarna a una estudiosa de los tiburones blancos que, ante la necesidad de obtener dinero, acepta la oferta de un sexagenario multimillonario y de su hijo para que les guíe por este peligroso entorno, a pesar de que las condiciones climáticas no son las más favorables. Producto relativamente sencillo que dirige John Stockwell, realizador especializado en este tipo de producciones, como lo demuestran Inmersión letal (2005) y En el filo de las olas (2002). Junto a Berry podemos encontrar a Olivier Martinez (Infiel), Ralph Brown (Radio encubierta) y Mark Elderkin (Adiós Bafana).

La otra noticia relevante, sobre todo para los amantes del cine de terror más visceral, es el regreso al largometraje del cantante reconvertido a director Rob Zombie (La casa de los 1.000 cadáveres). Su nueva historia, The Lords of Salem, comienza cuando una joven DJ de una radio recibe un misterioso disco de vinilo que, al ser reproducido, emite unos extraños sonidos. Los fenómenos que se suceden a partir de entonces indican que los antiguos señores de Salem han iniciado su regreso al Salem actual. Como viene siendo habitual en sus films, la protagonista es su mujer, Sheri Moon Zombie (Los renegados del diablo), a la que se unen en el reparto actores conocidos del universo Zombie como son Sid Haig (Halloween. El origen) o Jeff Daniel Phillips (Halloween II). Otros nombres como Bruce Davison (X-Men), Judy Geeson (Rebelión en las aulas), Meg Foster (Masters del Universo) o Patricia Quinn (El sentido de la vida) completan el reparto.

La propuesta española lleva por título La última isla. Dirigida por Dácil Pérez de Guzmán, que debuta de este modo en el largometraje de ficción, esta obra de fantasía narra la estancia de verano de una niña de 10 años en una isla donde la televisión, los móviles y las nuevas tecnologías están completamente ausentes. En este entorno al principio aburrido la joven descubrirá el poder de la imaginación, entablando amistad con los otros dos únicos niños de la isla y hallando secretos mágicos en los rincones más remotos de esa esquina del mundo. El reparto está encabezado por Xavier Boada (serie La Riera), Antonio Dechent (Juan de los Muertos), Lucía Paredes (4000 euros), Pablo Paredes (La banda en la isla de la magia) y Maite Sandoval (7 vírgenes).

Por último, y coincidiendo con el segundo aniversario del nacimiento del movimiento Indignados, nos llega precisamente Indignados, documental de producción francesa dirigido por Tony Gatlif (Vengo) que ahonda en los problemas políticos y sociales que se están derivando de la crisis financiera en la que Europa está sumida desde hace años. Todo desde diversas miradas, entre ellas la del movimiento 15M y la de una joven africana ilegal.

Leonardo DiCaprio confirma el nuevo rumbo de su carrera con ‘El gran Gatsby’


Puede que lo más difícil para un actor sea demostrar que, detrás de una cara bonita capaz de enloquecer a las adolescentes, se encuentra un artista, una persona capaz de empatizar con los problemas de un personaje y convertirse en él durante un par de horas, haciendo olvidar su propia condición de megaestrella. Es un proceso complejo, arduo y que se dilata en el tiempo años y años. Brad Pitt puede dar fe de ello. Pero un actor que de un tiempo a esta parte sorprende a propios y extraños es Leonardo DiCaprio, ese joven que tocó el techo con Titanic y, desde entonces, está labrándose una carrera realmente admirable, con títulos a cada cual más sorprendente y alejados, precisamente, de su rol en la película de James Cameron. El último en engrosar la lista es El gran Gatsby, nueva versión de la novela de F. Scott Fitzgerald sobre un joven que empieza a frecuentar la vida de lujo y diversión de su vecino, Gatsby, un rico y poderoso personaje cuyos orígenes y pasado nunca han sido claros. Al final, como siempre, incluimos el trailer que hace poco se hizo público, pero antes repasamos la reciente trayectoria del protagonista de La playa (2000).

Sin duda, Titanic supuso su techo en lo que a fama se refiere. Fue, por así decirlo, el título por el que cualquier adolescente se enamorará de él. Sin embargo, no será por la que más se le recuerde. De hecho, le llevó varios años quitarse el sambenito de cara bonita. Cinco años, nada menos. Títulos como El hombre de la máscara de hierro (1998), Celebrity (1998) e incluso la propia La playa potenciaban su aspecto físico por encima de sus cualidades como intérprete, si bien esta última ya dejaba entrever algo más.

Así, tuvo que ser Martin Scorsese el que le redescubriera como actor. Sí, redescubriera, pues antes de la película de James Cameron el actor de Rápida y mortal (1995) ya había demostrado en alguna que otra ocasión su valía como intérprete, afrontando personajes complejos emocionalmente, con vidas atormentadas y pasados oscuros que apenas dejaban entrever su atractivo. Cintas como Vida de este chico (1993), ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993) o Diario de un rebelde (1995) evidencian un talento innato para los personajes marginales, que se encuentran en unos registros interpretativos poco habituales en el cine.

Pero como decimos, Scorsese fue el artífice de su renacer como actor. De hecho, su relación laboral ha sido tan fructífera que a ambos les ha reportado un prestigio aún mayor si cabe, incluyendo un Oscar al director por Infiltrados (2006). Y todo comenzó con Gangs of New York en 2002. La cinta sobre la mafia y la corrupción en 1863, si bien no tuvo una acogida tan cálida como se esperaba, ya revela a un actor sin miedo a los retos que se le presenten, capaz de meterse en la piel de un personaje vengativo, brutal y astuto cuyo único objetivo es matar al asesino de su padre, sea cual sea el precio.

Entre ricos y policías

Y si este título supuso un nuevo rumbo en su carrera, los films en los que ha participado desde entonces no han hecho sino consolidar la idea de que es un gran actor por encima de otros factores. Casualidad o no, todos ellos comparten en mayor o menor medida dos tipologías de personaje similares: por un lado, los policías, el mundo del crimen y la intriga; por otro, las biografías de personajes importantes, ricos o, simplemente, el drama de la clase media. Igualmente, todos han sido verdaderos éxitos de taquilla por narrar unas historias cargadas de emotividad, tensión y drama que no han hecho sino acentuar la labor de DiCaprio.

De entre todas estas películas, merece la pena destacar dos de ellas por lo que tienen de “extremo”, interpretativamente hablando. En primer lugar, la propia Infiltrados, en la que tanto su personaje como el interpretado por Matt Damon (El caso Bourne) llevan una doble vida entre la policía y la mafia. En el caso del protagonista de J. Edgar (película en la que, por cierto, compone una brillante biografía), lleva hasta límites insospechados el carácter tenso y psicótico del policía infiltrado, que teme por su vida casi a cada instante.

En segundo lugar, y también de Scorsese, se encuentra Shutter Island (2010), una auténtica joya del thriller en la que, más allá de un guión perfectamente estructurado, se descubre a un DiCaprio sencillamente hipnótico, fusionado con su personaje y la locura de la situación en la que se encuentra. Un personaje que, desde el primer momento, se presenta abatido, con un pasado oscuro y trágico, y que se ve inmerso en una espiral de conspiraciones, traiciones y pesadillas que derivan en un final inesperado, sorprendente y brillante. Y en todo momento, DiCaprio aborda el viaje dramático de su personaje con firmeza, solvente en los momentos más dramáticos y psicóticos, y maravilloso en esa frase final que golpea al espectador como si de una losa se tratara.

Ahora, con El gran Gatsby, el actor de Origen (2010) vuelve a meterse en la piel de un hombre con un pasado oscuro, marcado por la venganza y la tragedia, cuya riqueza le permite, como si de un Bruce Wayne se tratara, llevar una doble vida de riqueza y búsqueda personal. Todo con un diseño de producción que recuerda, y mucho, al de Moulin Rouge (2001); no en vano, Baz Luhrmann es el director de amos títulos. El reparto, además, está plagado de nombres que aseguran, al menos a priori, el interés por ver qué se ha hecho con esta nueva versión. Carey Mulligan (An education), Isla Fisher (Confesiones de una compradora compulsiva), Tobey Maguire (Spider-man) y Joel Edgerton (El rey Arturo) son algunos de ellos.

Mientras llega su estreno, previsto para diciembre de este año, podemos disfrutar de su primer trailer a continuación.

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