La 6ª T. de ‘Homeland’ se apoya en los secundarios para adaptarse


Además de su intensidad dramática, la calidad de sus actores o la solidez de sus tramas, si algo caracteriza a Homeland es su capacidad para reflejar a través de la ficción los matices que dan color a la realidad sociopolítica de Estados Unidos a través de la lucha contra el terrorismo emprendida desde hace años. La quinta temporada fue, en este sentido, simplemente impecable, y la sexta que ahora nos ocupa no se queda atrás. Para entender algunos de los giros argumentales es importante tener presente el contexto electoral que ha vivido el país norteamericano, la elección de Donald Trump y los atentados que se suceden en las capitales europeas. Todo ello aporta un prisma diferente a lo relatado en estos 12 episodios de esta serie creada por Alex Gansa (serie Maximum Bob) y Howard Gordon (serie Tyrant), ya de por sí interesante por la cantidad de tramas secundarias conectadas entre sí.

Porque independientemente de la carga política o de la manipulación mediática que contiene esta temporada, de las que hablaremos más adelante, esta ficción encuentra uno de sus pilares más sólidos en el tratamiento de los personajes y, sobre todo, en las relaciones que se establecen entre ellos. Sin miedo a la evolución que puedan sufrir a raíz de lo vivido en las anteriores temporadas, los protagonistas afrontan sus errores, sus miedos y sus frustraciones tratando de arreglar algo que tiene difícil solución. Las tensiones dramáticas que esto genera, las sensaciones de culpabilidad y de autodestrucción, otorgan al conjunto una profundidad dramática pocas veces vista incluso en esta serie, fruto sin duda de la evolución y de aprovechar el bagaje de esta longeva serie. No queda ahí la cosa. Sus creadores, al igual que ya ocurrió en la tercera temporada, afrontan sin miedo el presente y el futuro de los protagonistas. Si uno tiene que quedar impedido física y mentalmente, adelante. Y si su final tiene que ser la muerte, pues adelante también.

Esta posiblemente sea la clave del éxito de Homeland. Es cierto que el análisis político y social de la actualidad norteamericana y mundial otorga un peso específico sin igual, sobre todo por el modo en que se aborda, pero es el tratamiento dramático el que eleva esta serie hasta niveles que, en mi opinión, no se habían alcanzado en temporadas anteriores. Da la sensación de que la producción es capaz de evolucionar sin límite, pudiendo llevar a los personajes por caminos cada vez más difíciles de afrontar. Evidentemente, el contexto en el que se desarrollen las tramas siempre es cambiante, sobre todo en la realidad en que vivimos, pero más difícil resulta hacer creíble y coherente las peripecias dramáticas del personaje interpretado por Claire Danes (El caso Wells) y compañía, y no digamos ya encajarlas en la trama política de turno.

Ese punto de conexión es lo que define el carácter de la serie, y la sexta temporada lo ha sabido explotar al máximo. Por primera vez, sus responsables no solo han aprovechado el camino recorrido, sino que han introducido la variable de la hija de la protagonista para generar una tensión dramática sin igual. Es cierto que el personaje había sido utilizado de algún modo para acentuar el carácter del rol de Danes, pero ha sido en estos episodios en los que su presencia se ha tornado fundamental para comprender algunas decisiones y la evolución de la trama principal. De este modo, además del pasado adquiere especial protagonismo el futuro de esta ficción, cuyo final en esta etapa deja la puerta abierta a un interesante tratamiento político que, a buen seguro, aprovechará todo lo que pueda ofrecer el polémico presidente Trump.

Cambio de previsiones

Como decimos, el éxito de Homeland no radica únicamente en el peso dramático de sus tramas o en una soberbia definición de personajes, sino también en su capacidad de aproximarse a los acontecimientos reales que tienen lugar, algo en lo que, por cierto, se ha especializado a partir del giro experimentado tras la primera temporada. En esta ocasión las elecciones presidenciales de Estados Unidos han copado el interés político y social del argumento, aunque con unos matices tan enriquecedores como admirables. Con un comienzo que remite claramente a la posibilidad de que Hillary Clinton fuese elegida Presidenta, el final de esta sexta temporada da un giro al personaje interpretado por Elizabeth Marvel (El año más violento) para asemejarlo más al actual inquilino de la Casa Blanca.

Lo más destacable, sin embargo, no es este cambio en sí, sino el modo en que se construye la trama y se aprovechan todas las historias secundarias para producir ese cambio de forma orgánica, progresiva y coherente. Desde la manipulación mediática, hijo muerto mediante, hasta la implicación de los servicios de espionaje en una conspiración interna dentro del poder, la serie construye un relato en el que cualquier mirada puede representar un punto de inflexión y tener un significado crucial para comprender lo que está por llegar en ese momento. Si bien es cierto que estos 12 episodios precipitan la acción en su tercio final de un modo un tanto tosco, no lo es menos que esa sensación de que se quieren introducir con calzador cambios poco naturales queda suavizada por el trabajo previo, amén de una estructura dramática perfectamente construida sobre un entramado de arcos argumentales que se nutren entre ellos.

Esto permite, por ejemplo, que secundarios aparentemente intrascendentes adquieran protagonismo fundamental en los momentos clave. Posiblemente sean ellos los que permitan a sus creadores llevar el sentido de la historia hacia una u otra dirección, sin que el conjunto se vea excesivamente mermado. Me refiero, por ejemplo, al personaje de Shaun Toub (Juego de armas), cuya mentira ante la Presidenta electa da un giro completo al sentido dramático de la serie, poniendo a los personajes ante un abismo y a los espectadores en una situación de superioridad (informativamente hablando). Su caso es el más evidente, pero muchos otros confirman esa idea de que la serie se consolida sobre las historias secundarias, sobre los datos aparentemente complementarios que terminan definiendo el verdadero destino de los personajes.

Y poco a poco, Homeland sigue consolidándose como una de las mejores producciones del momento. Superado ya el “bache” de la tercera temporada, y habiendo demostrado con creces que la historia tiene fuerza para vivir sin la premisa original, esta sexta temporada da un nuevo paso y no solo confirma su peso dramático, sino que traslada la acción a Estados Unidos para unir bajo el mismo techo el terrorismo islámico, las conspiraciones internas contra el Gobierno, las manipulaciones de espías y medios de comunicación, y el poder de convicción que puede llegar a tener un cóctel de semejante calibre. El final del último episodio deja abierta una puerta peligrosa tanto para los protagonistas como para el futuro de la trama en sí. No tanto porque genere problemas a la hora de desarrollarse, sino porque amplía el abanico de posibilidades de forma casi exponencial, lo que obligará a elegir bien el siguiente paso. Sea como fuera, casi con toda seguridad que la actualidad volverá a definir el trasfondo.

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‘Homeland’ continúa evolucionando dramáticamente en la 5ª T


Claire Danes viaja a Alemania en la quinta temporada de 'Homeland'.Desconozco si Alex Gansa y Howard Gordon (serie 24), autores de Homeland, tienen algún tipo de conocimiento sobre los movimientos geoestratégicos en Oriente Medio, pero lo cierto es que han logrado que la serie protagonizada por Claire Danes (Stardust) sea una interpretación al menos actual de lo que ocurre en el panorama internacional. Con la quinta temporada, que finalizó el pasado 20 de diciembre en Estados Unidos, han confirmado no solo que la ficción todavía está tomando forma dramática, sino que es una de las producciones más apasionantes de la parrilla actual.

Y lo es precisamente por el componente de realismo que se imprime a la trama. Con esto no quiero decir que no se tomen ciertas licencias dramáticas (el personaje interpretado por Rupert Friend –Hitman: Agente 47– es un claro ejemplo), sino que sus acontecimientos están rodeados de un halo de veracidad tan complejo y sutil que convierte a la serie en una suerte de punto de vista de lo que ocurre realmente con el terrorismo en Oriente Medio. A esto se suman los terribles atentados de París, acaecidos en plena emisión y que se antojan un spin off real y cruel de lo narrado en estos 12 episodios.

Pero más allá de coincidencias o de reflexiones que aportan más bien poco, la quinta temporada de Homeland ha dejado claro que el “reinicio” de la serie en la cuarta temporada todavía está creciendo desde un punto de vista dramático, y todo apunta a que lo hace para lograr una mayor complejidad sin perder un ápice de intriga, acción y drama. Así, a los arcos dramáticos de la lucha contra el terrorismo y la situación personal de la protagonista se suma ahora la traición dentro de la CIA y el contraespionaje. Tres pilares que, aunque ayudan a sustentar más sólidamente la historia, también generan alguna complicación narrativa.

En realidad, la aparición de esta tercera trama no deja de ser una transformación de lo que siempre ha abordado esta ficción: la presencia en las organizaciones norteamericanas de activos enemigos. La novedad, y tal vez lo mejor que tiene esta nueva tanda de episodios, es que en este caso ese espionaje dentro de la agencia de espías más famosa del mundo no tiene nada que ver con el yihadismo, sino con el otro gran enemigo de Estados Unidos: Rusia. La conformación de dos frentes abiertos es, desde un punto de vista dramático, más enriquecedora para la trama, que combina esas dos grandes líneas argumentales de forma armónica para introducir más personajes (lo que nutre a los protagonistas de nuevos conflictos) y nuevos giros dramáticos.

Personajes sin cariño

Y si algo ha confirmado la quinta temporada de Homeland es que los personajes, salvo tal vez los dos principales, no son demasiado queridos. Al menos no lo suficiente como para modificar los acontecimientos para su comodidad. Y me explico. La tercera temporada de la serie fue, en pocas palabras, un terremoto. Que el principal protagonista, aquel con el que no solo había arrancado la serie sino que era el pilar fundamental de su argumento, muriera de forma violenta fue un giro tan impensable y arriesgado que muchos asumieron el final de esta ficción. Sin embargo, supo rehacerse con nuevos protagonistas, nuevas tramas y un cambio de foco bastante evidente.

Estos nuevos episodios vienen a ser algo parecido, a menor escala pero igualmente violento, desagradable y determinante. La presunta desaparición de algunos personajes clave en el desarrollo de los acontecimientos pone de manifiesto que nada ni nadie parece intocable en esta producción, algo que sin duda es positivo siempre y cuando la trama, como ha ocurrido hasta ahora, esté dominada por la coherencia dramática. La falta de miedo a explorar los territorios a los que llevan las decisiones de los personajes es uno de los aspectos más apasionantes de este thriller, y desde luego aporta un cariz más serio que el que se pueda encontrar en otros productos con la CIA o el FBI de por medio.

Mencionaba antes la falta de cariño a los personajes. Bueno, eso depende del cristal con el que se mire. Personalmente considero que la mayor muestra de amor que se puede hacer en un guión a sus protagonistas es anteponer la trama a sus propios intereses, ofreciéndoles siempre una salida acorde a su naturaleza. Eso es lo que logra esta quinta temporada, aunque para ello tenga que sacrificar parte de su desarrollo narrativo y no logre aunar en un único final las dos líneas argumentales que nutren esta última etapa. Es un problema menor, en realidad, pero sí provoca la sensación de presenciar un epílogo en el último episodio más que estar ante un final de temporada como tal.

Pero repito, es un mal menor. Mucho menor. La quinta temporada de Homeland ha demostrado que la serie está en plena forma, que es capaz de afrontar todo tipo de retos narrativos con una solidez asombrosa, y sobre todo que no tiene miedo a lo que pueda llegar. La duda que empieza a generar, y ahí está parte de su genialidad, es si se nutre de la realidad o si la realidad ha tomado prestadas algunas ideas de la ficción. Ironías aparte, el desarrollo dramático, la presencia de sus actores y la coherencia con la que aborda las tramas son incuestionables, y devuelven la posible salud perdida en temporadas anteriores. Y la sexta es en Nueva York… ¡agárrense a sus asientos!

‘Homeland’ recupera su esencia en una 4ª T con nuevos enemigos


Mandy Patinkin y Claire Danes vuelven en la cuarta temporada de 'Homeland'.Las emociones respecto a la nueva temporada de Homeland han sido, a lo largo de este último año, relativamente dispares. Por un lado, existía el temor de no saber remontar la trama de la serie a raíz de los acontecimientos sucedidos en la tercera temporada y, sobre todo, del ritmo aparentemente irregular de su desarrollo. Por otro, la expectación era máxima si tenemos en cuenta que estamos hablando de una de las producciones más interesantes de los últimos años. En ambos casos la expectación era muy alta. Y en líneas generales, los 12 episodios de esta cuarta temporada no han defraudado, siendo capaces de retomar lo mejor de la ficción y reconvertirlo en una nueva historia.

Es evidente que la anterior temporada supuso la conclusión de un arco dramático que duró hasta tres entregas. Sin embargo, y como señalé en el análisis de dichos episodios, no hay que entender la serie como un thriller sobre un marine reconvertido en terrorista árabe, sino sobre el trabajo de la CIA y, más concretamente, del personaje interpretado por Claire Danes (Stardust). Esta nueva etapa creada por Alex Gansa y Howard Gordon (serie 24) confirma tal hipótesis al presentar no solo una historia totalmente distinta, sino al hacerlo con los principales personajes involucrados en una nueva misión y en una nueva conspiración de espionaje que amenaza la vida y el equilibrio dentro de la agencia.

Se puede decir que, en líneas generales, esta nueva temporada de Homeland recupera el nivel dramático y de suspense que ya tuviera la primera y, sobre todo, la segunda temporada. La historia, trasladada a Pakistán, desarrolla de forma inteligente y con relativa coherencia el conflicto entre agencias de inteligencia alimentado por las diferentes visiones que ambos grupos tienen de un líder terrorista. Al igual que ocurriera en los inicios de la serie, en esta ocasión un acontecimiento tan aparentemente “inocente” desemboca en todo un conflicto armado con asalto a la embajada estadounidense que deja varias decenas de muertos por los pasillos y las calles del recinto. Sin duda ese es uno de los momentos más impactantes del desarrollo dramático, pero ni por asomo es el que más tensión genera.

De hecho, este último aspecto es de lo más admirable de esta ficción. Su trama está tan bien construida, sus personajes son tan ricos dramáticamente hablando y los secretos son tan relevantes que cada episodio, cada secuencia, añade un grado de tensión física y dramática al conjunto, generando una escalada que desemboca en ese violento capítulo del que la foto que acompaña este texto es solo un leve reflejo. Esta aparente sencillez para construir el thriller es lo que permite a la serie reconciliarse con todos aquellos fans que encontraron en la tercera temporada un vacío narrativo y dramático. Es un regreso por todo lo alto, no cabe duda, y devuelve a la serie al lugar que le corresponde, si es que en algún momento lo abandonó.

Futuro incierto

Cabe señalar, además, que esta cuarta temporada de Homeland ha sabido aprovecharse de todo aquello que arrastra de las temporadas anteriores. La niña que la protagonista ha tenido fruto de su relación con el personaje de Damian Lewis (serie Hermanos de sangre); la tensa relación con el personaje de Rupert Friend (Aprendiz de caballero); el regreso de Mandy Patinkin (La princesa prometida) a la primera fila de la dirección de la CIA. Y así sucesivamente. La integración de todos estos elementos en el desarrollo de la trama principal hace que la serie se nutra de elementos aparentemente intrascendentes, pero que dotan a los personajes y al conjunto en general de una profundidad que no lograba en etapas anteriores. Hay que decir, empero, que el desarrollo de la trama principal se ha visto salpicado de diversos giros argumentales algo forzados dentro de la definición no solo de la historia, sino de los propios personajes, obligándoles a actuar de forma algo incoherente para poder desarrollar la trama.

El final de la temporada puede parecer dócil, incluso derrotista. Mientras que durante 10 episodios la tensión y el drama van en aumento, los últimos capítulos se centran en cerrar las líneas secundarias relacionadas con la vida personal de la protagonista. Lo cierto es que conceptualmente hablando contrastan mucho ambos mundos, pero no por ello es un mal final, más bien al contrario. La serie aprovecha esos elementos para situar a todos y cada uno de los personajes ante una nueva perspectiva, impidiendo al espectador tener acceso al conocimiento de qué es lo que va a ocurrir. Más o menos como ocurrió al final de la tercera temporada, con la diferencia de que ahora mismo no se ha cerrado una etapa como tal, sino tan solo un capítulo de algo que se atisba mucho mayor.

Buena parte de estas sensaciones se debe a que la trama desarrollada en Pakistán no ha concluido del todo. Las relaciones entre los personajes, su forma de afrontar la derrota sufrida en suelo pakistaní y el hecho de que la CIA parezca apoyar de algún modo a un líder terrorista dejan abiertos sendos interrogantes que permiten pensar en una quinta temporada de lo más variada. Y digo pensar, porque si algo ha demostrado la serie es que no tiene miedo alguno a sorprender al espectador con un desarrollo impacientemente coherente, lo cual siempre es de agradecer y admirar.

Desde luego, Homeland ha logrado en esta cuarta temporada desprenderse de todo aquello que la eclipso durante sus primeras temporadas para revelarse como una serie de espionaje, una serie capaz de tener una vida más allá de un marine reconvertido, de la enfermedad mental de su protagonista (que en estos episodios tiene cierta relevancia, pero en ningún caso es fundamental) o de la amenaza terrorista en suelo norteamericano. Lo cierto es que, quitándose una serie de sambenitos que se le habían asignado no sin cierto fundamento, se ha definido como uno de los mejores thrillers de la televisión, al menos dentro del mundo del espionaje. Y lo ha hecho con las armas que siempre le han funcionado: una buena historia y unos personajes profundamente complejos. Solo cabe esperar que la quinta temporada siga la senda iniciada en estos episodios.

‘El gran hotel Budapest’: la fábula de la Europa de entreguerras


Tony Revolori y Ralph Fiennes protagonizan 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.Si por algo se eleva Wes Anderson (Viaje a Darjeeling) por encima de otros directores es por su visión única capaz de crear universos cromáticos poblados de personajes sencillamente inimitables. Pero eso no le convertiría en el gran director que es; solo en un transgresor realizador con mucha imaginación. Su genio, y tras ver su última película no debería haber mucho reparo en utilizar ese término, reside en las historias que narra y en las innumerables lecturas hipertextuales que ofrecen sus planos y sus diálogos, hilarantes y ácidos como pocos.

Lo que convierte a El gran hotel Budapest en la magnífica obra que es no reside, por tanto, en su cromatismo (perfectamente utilizado para narrar los diferentes espacios temporales que se hallan en el film), sino en el contexto en el que se enmarca esta fábula de amistad, de amor y de suspense. Narrada a modo de capítulos de un libro, cada uno con su carátula correspondiente, la película es una visión irónica y muy interesante del período de entreguerras europeo del siglo XX. Una época en la que la sociedad trataba de evadirse de sus propios problemas (lo que en el fondo representa el hotel) a pesar de que la realidad siempre regresaba para golpear con fuerza (algo representado en la cárcel, los espacios nevados, las extrañas SS, …). Este trasfondo, ocultado bajo capas de color, surrealistas personajes y situaciones irónicas y un tanto absurdas, otorga al conjunto una entereza que va más allá del mero thriller en clave cómica o de la historia de amor de doloroso recuerdo.

Claro que nada de esto sería lo mismo sin, precisamente, esas capas antes mencionadas. Solo hay que echar un vistazo al reparto para comprender que los roles, incluso los más secundarios, poseen una calidad pocas veces en la actualidad. Todos los actores, hasta los que únicamente cuentan con minutos en pantalla, están sublimes. Por supuesto, destaca un Ralph Fiennes (El lector) como maestro de ceremonias que representa con acierto al perfecto caballero cuyas salidas de tono de vez en cuando le hacen más humano que cualquier otro detalle. Pero hay más, mucho más. Adrien Brody (King Kong) se antoja insustituible como el villano de la función; Jeff Goldblum (La mosca) dispone de algunas de las mejores secuencias del film, como es la persecución en el museo, compartida por un inquietante Willem Dafoe (El circo de los extraños); o el desconocido Tony Revolori (El juego perfecto), que hace las veces de contrapartida del personaje de Fiennes, y al que el actor otorga una ligera picardía.

Desde luego, El gran hotel Budapest es un film espléndido. Se le podría achacar algunas irregularidades en su ritmo narrativo, y desde luego su humor no está pensado para todos los gustos. Pero todo en ella, desde la increíble banda sonora hasta algunos hallazgos visuales verdaderamente inolvidables, la convierten en una de las experiencias más enriquecedoras del año. La forma de narrar la llegada del nazismo, la historia de amor que alterna protagonismo con el suspense, o el propio recursos de ser planteado como un cuento le dan al film un aspecto único y distinto (lo que a mucha gente no le gustará, sin duda). Pero bajo todo eso hay mucho que ver, mucho que sentir y mucho que aprender. Y no se consigue todo con un solo visionado.

Nota: 8,5/10

Wes Anderson reúne a medio Hollywood en ‘El gran hotel Budapest’


Estrenos 21marzo2014Como es habitual por estas fechas, el verano cinematográfico está a punto de llegar, y lo va a hacer con una de esas superproducciones que pretenden dejar al resto de propuestas empequeñecidas. Tal vez motivado por eso la cartelera española se llena hoy viernes, 21 de marzo, de numerosas propuestas para todos los gustos, desde comedia hasta terror, pasando por el thriller o el drama. Quizá el mejor aliciente para acudir a las salas sea el hecho de que, más allá de estilos muy personales, muchas de las propuestas están protagonizadas por nombres propios de gran relevancia.

Uno de ellos es, sin lugar a dudas, El gran hotel Budapest, lo nuevo de Wes Anderson tras Moonrise Kingdom en 2012. Y como es habitual en él, esta comedia derrocha imaginación, colorido y un ácido sentido del humor para narrar las aventuras de un legendario conserje y su fiel botones en un importante hotel europeo en el periodo de entreguerras. Aventuras que les llevarán a robar una importante obra de arte, a protagonizar conflictos familiares por una herencia o a vivir una hermosa historia de amor. Todo con una Europa que vivía una época compleja y llena de contrastes. Por si todo esto no fuera suficiente, el director se rodea, como también es habitual en él, de un interminable y sorprendente grupo de actores, entre los que destacan Ralph Fiennes (La lista de Schindler), Tony Revolori (El juego perfecto), F. Murray Abraham (serie Homeland), Mathieu Amalric (La venus de las pieles), Adrien Brody (El profesor), Willem Dafoe (Spider-Man), Jeff Goldblum (Parque Jurásico), Harvey Keitel (Reservoir dogs), Jude Law (Efectos secundarios), Bill Murray (Monuments Men), Edward Norton (El legado de Bourne), Saoirse Ronan (Camino a la libertad), Jason Schwartzman (Al encuentro de Mr. Banks), Léa Seydoux (La bella y la bestia), Tilda Swinton (Tenemos que hablar de Kevin), Tom Wilkinson (El llanero solitario) y Owen Wilson (Midnight in Paris).

Otro film que cuenta no varios actores conocidos es Non-Stop, thriller que recupera los aviones como escenario y que está dirigido por el español Jaume Collet-Serra (Sin identidad). Protagonizada por Liam Neeson (Battleship), la cinta se centra en un viaje sin escalas en el que un oficial de seguridad recibe una serie de mensajes exigiendo el pago de varios millones de dólares a la compañía bajo la amenaza de matar a un pasajero cada 20 minutos. Cuando empiezan a morir el agente deberá iniciar una investigación contrarreloj para detener al asesino y demostrar que las acusaciones de que él es el responsable son falsas. Junto a Neeson encontramos a Julianne Moore (Carrie), Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), Anson Mount (Sólo una noche), Scoot McNairy (Argo), Michelle Dockery (serie Downton Abbey), Shea Whigham (serie Boardwalk Empire), Bar Paly (Dolor y dinero) y Nate Parker (El fraude), entre otros.

Pasamos ahora al cine europeo, y lo hacemos con un film realmente interesante, al menos a priori. Se trata de Byzantium, cinta de corte fantástico con dosis de terror e intriga producida en 2012 y dirigida por Neil Jordan (Entrevista con el vampiro). La trama sigue a dos mujeres que, en mitad de la noche, huyen del escenario de un crimen. Su viaje las lleva a un resort costero hundido en el que una, la más práctica, vende su cuerpo para conseguir dinero. Durante su estancia conocerán a un hombre tímido y retraído que las llevará al destartalado hotel Byzantium, y se revelará tanto la extraña naturaleza de las mujeres como la relación que las une. Con Gemma Arterton (Runner Runner) y Saoirse Ronan como protagonistas, la película cuenta además con Caleb Landry Jones (Contraband), Sam Riley (Control), Jonny Lee Miller (serie Elementary) y Tom Hollander (Una cuestión de tiempo) como principales secundarios.

En el mismo género se enmarca La hermandad, cinta española escrita y dirigida por Julio Martí Zahonero que supone su debut en el largometraje y el regreso a la gran pantalla de Lydia Bosch (serie Médico de familia). A medio camino entre el thriller y el terror, la historia comienza cuando una escritora es salvada por un grupo de monjes conocidos como “La Hermandad”, una rama de los monjes benedictinos que siguen a rajatabla una serie de normas de pobreza y obediencia. Obligada a guardar cama en el monasterio, pronto empieza a notar cosas que no encajan, como llantos de niños, extraños libros sobre los monjes o una cripta escondida. Decidida a revelar el secreto que esconde el lugar, lo que se encontrará superará todas sus expectativas. Junto a la actriz encontramos a Manuel Tallafé (Las brujas de Zugarramurdi), Borja Elgea (El chocolate del loro), Felipe Vélez (serie Sin tetas no hay paraíso), Alejandro Jornet (El Capitán Trueno y el Santo Grial) y José Luis de Madariaga (Amania).

Muy distinta es La partida, drama español ambientado en La Habana que narra los esfuerzos de dos jóvenes para sobrevivir, uno de ellos con una mujer adolescente y un bebé, y el otro dependiente del padre de su novia. El título del film hace referencia no solo a la forma de denominar un partido de fútbol, sino a lo que ambos deben hacer en el Malecón, legendario muro donde los turistas encuentran carne fresca. Antonio Hens (Pequeña historia de amor en tres actos) dirige la propuesta, mientras que Milton García (Habanastation), Reinier Díaz, Luis Alberto García (Juan de los muertos), Mirta Ibarra (El cuerno de la abundancia) y Toni Cantó (Todo sobre mi madre) son algunos de los actores.

Otro de los estrenos españoles es El rayo, aunque en esta ocasión cuenta con la colaboración de Portugal. Escrita y dirigida por Fran Araujo y Ernesto de Nova, supone el debut en el largometraje de ficción para ambos. La cinta, a medio camino entre el drama y la autobiografía, narra el largo viaje de un inmigrante marroquí que, tras trece años en España, decide volver a su país conduciendo la única posesión que le queda: un tractor. Su protagonista, Hassan Benoudra, es la primera vez que se pone delante de una cámara.

Desde Francia nos llega Jimmy P., drama basado en la historia real de un antropólogo y psicoanalista francés que, al final de la II Guerra Mundial, tuvo a su cargo a un indígena americano que había participado en la guerra y que sufría de numerosas dolencias achacadas en un principio a la esquizofrenia. Pero lo que comienza siendo un simple trabajo deriva poco a poco en una amistad y en la búsqueda de los recuerdos del americano con una complicidad cada vez mayor. Dirigida por Arnaud Desplechin (Reyes y reinas), la película está protagonizada por Benicio Del Toro (Salvajes) y Mathieu Amalric, que estrena por partida doble junto a El gran hotel Budapest. Además, también podremos ver a Gina McKee (Notting Hill), Larry Pine (serie Rehenes) y Joseph Cross (Lincoln).

También francesa es Los canallas, dirigida por Claire Denis (Una mujer en África) y cuya historia comienza cuando un capitán de petrolero decide abandonar su barco y regresar a París junto a su hermana. Si bien el principal motivo es que su cuñado acaba de suicidarse, pronto descubre que la fábrica familiar está al borde de la quiebra y que su sobrina está ingresada en un psiquiátrico, al parecer todo motivado por las decisiones de un hombre. Decidido a hacerle pagar por ello, el capitán de barco se muda al edificio de la amante del hombre, donde su plan se verá alterado al descubrir secretos que su hermana no le había revelado. Este intenso drama está protagonizado por Vincent Lindon (Cruzando el límite), Chiara Mastroianni (Pollo con ciruelas), Julie Bataille (Chimère), Michel Subor (Salvaje inocencia) y Lola Créton (Después de mayo).

Producida entre Francia, Polonia y Reino Unido, La mujer del quinto es un drama del 2011 con toques de suspense protagonizado por Ethan Hawke (Daybreakers) y Kristin Scott Thomas (La pesca del salmón en Yemen) cuyo argumento gira en torno a un escritor norteamericano que viaja a París con la intención de recuperar el amor de su mujer y su hija. Sus planes no salen como cabría esperar y termina hospedándose en una pensión de los suburbios. Allí conoce a una mujer con la que inicia un apasionado romance que le lleva a enderezar su vida pero que provocará una serie de inexplicables acontecimientos a su alrededor. Dirigida por Pawel Pawlikowski (Last resort), quien también escribe el guión basado en la novela de Douglas Kennedy, el reparto se completa con Joanna Kulig (Ellas), Samir Guesmi (No se lo digas a nadie), Delphine Chuillot (Pandórum) y Julie Papillon.

Desde Hungría nos llega The exam, producida en 2011 y dirigida por Peter Bergendy (Állítsátok meg Terézanyut!). Su argumento, que tiene lugar en Budapest durante 1957, se centra en las pesquisas que debe realizar un oficial de la Unión Soviética para demostrar la lealtad de uno de sus subordinados encargado de recopilar información y transmitirla a sus superiores y que resulta ser su mejor amigo. Y aunque todo comienza como un proceso rutinario su vigilancia revelará inquietantes secretos en la vida del espía que podrían destruir las carreras de ambos hombres. Zsolt Nagy (Team building), János Kulka (Camaleón), Péter Scherer (Made in Hungaria), András Balogh (Utolsó idök) y Gabriella Hámori (Budapest) son sus principales protagonistas.

El último de los largometrajes de ficción del fin de semana es En tierra de nadie, comedia alemana del 2010 escrita y dirigida por Tomasz Thomson (Tormenta silenciosa) en la que un asesino a sueldo que ha cometido un error en el último encargo acepta a regañadientes el encargo de vigilar una apartada casa de un jefe del crimen algo excéntrico. El trabajo parece sencillo y la vida perfecta, pero un ridículo accidente convertirá el pacífico trabajo en una horripilante y satírica lucha por la supervivencia. Protagonizada por Jürgen Rißmann (Vivere), la cinta cuenta también con Thomas Wodianka (Geisterstunde), Reiner Schöne (Wasted in Babylon), Eva-Katrin Hermann, Waléra Kanischtscheff (Herzentöter) y Luc Feit (House of boys).

En cuanto al documental, el único representante es la española Yo creo, escrito y dirigido por Vincenç Villa, y en el que diversos testimonios de todo tipo de personas y grupos sociales ofrecen una visión particular y diferente acerca del mundo que nos rodea, de la fe y de las circunstancias que nos rodean. Testimonios que, lejos de buscar una respuesta a las grandes preguntas del ser humano, lo que muestra es un abanico tan amplio de puntos de vista que el espectador se verá reflejado en ellos de un modo u otro.

La música de los Coen y Mark Wahlberg inauguran el cine del 2014


Estrenos 1enero2014¡FELIZ AÑO 2014! Dado que este es un rincón de cine, solo espero que todos vuestros proyectos se hagan realidad y, al menos, podáis disfrutar de un buen año de cine. Como ya comentamos la semana pasada, hoy miércoles, 1 de enero, la cartelera española recibe los primeros estrenos del nuevo año. Pocos, es cierto, pero desde luego interesantes y para todos los gustos. Esperemos que, en su inmensa mayoría, las novedades de estos 12 meses que están por llegar tengan por lo menos eso en común. Drama, terror, comedia, cine bélico, musical. Todo repartido en un cinco películas que comparten una peculiaridad, o mejor dicho dos: proceden de Estados Unidos y de Francia (con una pequeña participación Española).

Y dado que hay que empezar por algún sitio, nada mejor que hacerlo con la nueva película escrita y dirigida por los hermanos Coen (Fargo), que tiene como protagonista la música. A propósito de Llewyn Davis narra el periplo de un joven músico durante una semana del invierno de 1961 en Nueva York. Sin apenas recursos y con muchos obstáculos que superar, algunos de ellos autoimpuestos, el joven sobrevive de la ayuda prestada por amigos y desconocidos mientras deambula de local en local esperando realizar una audición para algún magnate de la música. Drama, música se funden para hacer disfrutar a los seguidores de la obra de estos hermanos que, según las primeras impresiones, vuelven a repetir éxito. Oscar Isaac (Drive) es el protagonista, al que acompañan Carey Mulligan (El gran Gatsby), Justin Timberlake (Runner Runner), Jeanine Serralles (Across the Universe), F. Murray Abraham (serie Homeland), Garrett Hedlund (TRON: Legacy) y John Goodman (Argo).

Como ya anunciamos en el titular, Mark Wahlberg (Dolor y dinero) es el otro nombre importante de estos estrenos adelantados. Él y muchos de los protagonistas de El único superviviente, biopic de corte bélico que narra la historia de Marcus Luttrell, Navy SEAL que, en 2005, tenía como misión acabar con la vida de un líder terrorista en Afganistán. Sin embargo, su unidad murió en una emboscada, siendo él el único en salir con vida gracias a la ayuda de una tribu de la región. Dirigida por Peter Berg (Battleship), la cinta combina drama, acción y hechos reales, y cuenta en su reparto con actores como Taylor Kitsch (Salvajes), Emile Hirsch (La hora más oscura), Ben Foster (Contraband), Eric Bana (Las hermanas Bolena) y Alexander Ludwig (Los juegos del hambre).

El último de los títulos procedentes de Estados Unidos es Paranormal activity: Los señalados, última entrega de la saga de terror que en realidad está planteada como un spin-off de dicha serie cinematográfica. La trama comienza cuando uno de los personajes, Jesse, es señalado por misteriosas fuerzas que le llevan a introducirse en un mundo dominado por todo tipo de espíritus, mientras que sus amigos y familiares tratan por todos los medios de salvarle. Escrita y dirigida por Christopher Landon (Burning Palms), guionista de la serie desde la segunda entrega, la película mantiene el formato y la estructura de sus predecesoras, pensada principalmente para los amantes de este tipo de cine de terror. Molly Ephraim (Paranormal Activity 2), Crystal Santos (Bare knuckles), Richard Cabral (El mensajero), Andrew Jacobs, Jorge Diaz (Love, Concord) y Eddie J. Fernandez (Indomable) son sus principales protagonistas.

Pasemos ahora a las propuestas europeas y, más concretamente, francesas. En solitario es una de ellas. Con participación española, es la ópera prima de Christophe Offenstein, y sigue las andanzas de un hombre que, por un golpe del destino, consigue participar en la Vendée Globe, una vuelta al mundo a vela en solitario y sin escalas. Todo parece ir bien hasta que descubre un polizón a bordo que podría acabar con la carrera y su sueño de ganar la competición, por lo que decide esconder al joven. Será entonces cuando empiece una aventura aún mayor. François Cluzet (Intocable) es el absoluto protagonista, aunque eso no impide que se den cita actores como Samy Seghir (Big city), Guillaume Canet (La guerra de los botones), Virginie Efira (La oportunidad de mi vida), José Coronado (Los últimos días) y Arly Jover (El imperio de los lobos).

Por último, una comedia. En la flor de la vida, producida en 2012, narra la tensa relación entre padre e hijo cuando este último, veterano productor y presentador de televisión, pierde su empleo y se ve obligado a acoger en su casa al primero. A pesar de las numerosas asistentes que pone a su padre, ninguna dura demasiado por el difícil carácter de este. Hasta que entra en sus vidas una mujer que les mostrará un camino para acercar posturas y poder disfrutar de los momentos que los dos pasan juntos. El film supone el debut en el largometraje de ficción de Nick Quinn, y cuenta con Pierre Arditi (Bambou), Jean-Pierre Marielle (Un gran equipo), Julie Ferrier (Los seductores), Audrey Fleurot (La delicadeza) y Artus de Penguern (La gente honrada) delante de las cámaras.

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