‘El renacido’: sobreviviendo a una experiencia fílmica excepcional


Leonardo DiCaprio es 'El renacido' de Alejandro G. Iñárritu.Se ha anunciado como la película del año, como el título que arrasará en la gala de los Oscar. No sé si finalmente eso llegará a ocurrir, pero desde luego lo nuevo de Alejandro G. Iñárritu después de Birman o (La inesperada virtud de la ignorancia) es uno de los proyectos más complejos, arriesgados, bellos e intensos que puede vivirse en una sala de cine. Y el principal motivo es que, aunque se ha vendido como una cinta de supervivencia, en realidad es mucho más, ofreciendo una complejidad emocional tan sutil que puede pasar desapercibida en un primer momento.

Desde la fotografía hasta la banda sonora, pasando por la interpretación o la puesta en escena, todo en El renacido (The revenant) está al servicio de un único fin: narrar la angustiosa búsqueda de venganza de un padre asediado por el dolor, los enemigos y un paraje inhóspito. Bajo esta premisa, por ejemplo, Iñárritu vuelve a recurrir a los planos secuencia en los momentos dramáticos más intensos, introduciendo al espectador no solo en la acción, sino en el miedo y la adrenalina de los personajes. Que el ataque inicial es una de las mejores secuencias del año es indudable, del mismo modo que el ataque del oso es imborrable una vez se ha tenido la suerte de verlo.

Pero de nuevo, la película es mucho más. Si Leonardo DiCaprio (La playa) se merece todos los premios habidos y por haber (y no por las exigencias físicas precisamente), lo de Tom Hardy (Warrior) empieza a resultar clamoroso. Su encarnación de un hombre asqueado con los nativos americanos y motivado únicamente por el dinero es excepcional, generando algunos de los instantes más interesantes desde un punto de vista puramente dramático. Y son solo los dos ejemplos más evidentes de un reparto sin parangón. Si a esto añadimos una fotografía con luz natural que aprovecha al máximo las posibilidades del paisaje, una banda sonora que incide en la angustia del protagonista, y algunos momentos realmente indigestos, lo que se obtiene es un film excepcional.

Habrá quien diga, como de hecho ya puede oírse, que El renacido (The revenant) es muy lineal, que su trama no afronta grandes giros argumentales ni posee un desarrollo de personajes excesivamente profundo. Y hasta cierto punto, podría ser cierto. Pero una reflexión algo más pausada de lo visto en esta historia de dos horas y media desmonta todo argumento posible. Su intensidad dramática, la venganza como hilo conductor tanto de héroes como de enemigos, y el perfecto y preciosista acabado formal hacen de esta obra una narración intensa, emocional y por momentos angustiosa. Y el cine al final es eso: hacer que el espectador viva una película.

Nota: 9/10

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James Cameron se vuelve a adentrar en las profundidades de la Tierra


Son muy pocos los directores de cine que actualmente pueden considerarse visionarios o revolucionarios en el campo tecnológico. James Cameron (Terminator), mal que les pese a algunos, es uno de los elegidos. Este canadiense nacido en 1954 ha sido hoy noticia por llegar al punto más profundo de la Tierra y tomar unas imágenes de lo que allí ha visto. Según publicaba esta mañana en su cuenta de Twitter, @JimCameron, “Just arrived at the ocean’s deepest pt. Hitting bottom never felt so good. Can’t wait to share what I’m seeing w/ you” (Acabo de llegar al punto más profundo del océano. Tocar fondo nunca sentó tan bien. No puedo esperar a compartir lo que estoy viendo con vosotros). Y aunque este puede que sea su logro más importante o llamativo, no es la primera vez que el cineasta se adentra en las profundidades marinas. Y puede que no vaya a ser la última.

La relación de Cameron con el mar ha sido constante en mayor o menor medida durante toda su carrera. Ya su primer título lo dejaba entrever: Piraña 2: los vampiros del mar (1981), si bien su repercusión y calidad artística y técnica fue tan deplorable que ni siquiera él suele hablar de este film, asegurando en numerosas ocasiones que abandonó la producción antes del montaje final, es decir, que lo que se ve en pantalla no es responsabilidad suya (o, al menos, no del todo). Alabado por muchos y odiado por otros tantos, lo cierto es que el carácter investigador y curioso del director de Mentiras arriesgadas le ha llevado a avanzar en las técnicas cinematográficas y tecnológicas en general.

Sin ir más lejos, su entrega de la saga Alien se ha convertido en todo un clásico con entidad propia, que se aleja en cierto modo de lo establecido en la primera parte dirigida por Ridley Scott para aportar un carácter más tecnológico y espectacular al conjunto. Su obsesión por los avances tecnológicos y por los secretos de las profundidades marinas le ha llevado, por ejemplo, a rodar Abyss (1989), donde expediciones submarinas, submarinos nucleares y alienígenas acuáticos se dan cita gracias a unos efectos digitales que luego serían perfeccionados en Terminator 2: el juicio final (1991) y su villano, compuesto por un metal maleable que se movía de forma similar a las criaturas de su anterior película.

Expediciones, documentales y Oscars

La carrera de Cameron siempre se ha movido entre el cine más comercial, los documentales y el desarrollo de nuevos aparatos cinematográficos. En este sentido, se podría decir que tiene varios puntos en común con pioneros del cine como Georges Méliès (con el que comparte pasión por el género fantástico) o los hermanos Lumière. Salvando las distancias, que son muchas, sin duda el título que le abrió todas las puertas para sus proyectos fue Titanic (1997). Aunque esta película, convertida en clásico casi al instante, merecería un artículo propio, lo que sí es importante decir es que lo que el creador de la serie Dark Angel descubrió con las imágenes del barco real que tomó para su montaje, unido al éxito de premios y taquilla que obtuvo (11 Oscars y la más taquillera hasta Avatar, también suya) le permitió empezar a experimentar.

Y lo primero que hizo fue, precisamente, un cortometraje documental titulado Misterios del Titanic (2003). Al menos, lo primero relacionado con el medio marino que tanto parece obsesionarle (antes había dirigido otro documental, Expedition: Bismark (2002)). Pero no se queda ahí la cosa. Desde que dirigiera a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en su primera aparición juntos, Cameron empezó a desarrollar diferentes sistemas de grabación que ofrecieran una calidad fuera de lo común, con unos aparatos capaces de registrar imágenes en condiciones extremas tanto de iluminación como de entorno.

Sus investigaciones dieron sus frutos, y en 2005 probó suerte con el documental Aliens of the deep, también centrado en el mundo marino. La intrusión en el panorama cinematográfico de las tres dimensiones le llevó a desarrollar su propio sistema, el cual ensayó con Avatar (2009), que no sólo batió todos los récords de taquilla, sino que fue un empujón al nuevo formato que el propio Cameron definía como una herramienta más para narrar. Una herramienta que, según todos los rumores, volverá a utilizar en Avatar 2 y 3, combinándola con su fascinación por el mar, medio en el que podría transcurrir la segunda parte de la saga.

No cabe duda de que la figura de Cameron ha sido controvertida casi desde sus inicios en el cine. Podrá ser considerado egocéntrico o engreído, pero lo cierto es que la mayoría de sus obras han pasado a engrosar las listas de las películas más famosas, rentables e influyentes del cine en cada uno de sus géneros. No todos pueden decir eso. Ahora, con el hito de alcanzar el lugar más profundo de la Tierra, marca un nuevo referente. La pregunta que cabe hacerse es si las imágenes que ha recogido serán incluidas de alguna forma en el mundo de Pandora o se dejarán para algún documental.

Diccineario

Cine y palabras

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