‘X-Men: Fénix Oscura’: pocas cenizas de las que resucitar


Después de escribir los guiones de las últimas aventuras mutantes, Simon Kinberg ha decidido debutar en la dirección de largometrajes con esta historia que adapta una de las sagas más famosas de los X-Men. Y más allá de que la aproximación a las páginas de Marvel haya sido más o menos fiel, como película presenta dos debilidades demasiado contundentes como para obviarlas y no permitir que influyan en el resultado final.

Para empezar, el tratamiento de la historia es excesivamente lineal y simplista. X-Men: Fénix Oscura carece de giros argumentales que generen cierto interés en el espectador, convirtiendo a estos personajes cargados de habilidades sobrehumanas y traumas del pasado en meros vehículos para hacer que la historia avance a golpe de efecto especial. A diferencia de películas pasadas, los personajes apenas dejan aflorar algo del conflicto interno y externo que mantienen, y tan solo sale a relucir cuando conviene. En este sentido es importante matizar además que lo poco que el director (y también autor del guión) rasca de la superficie de los protagonistas se queda en eso, en una mera muestra de intenciones que no se desarrolla posteriormente, sirviendo únicamente como trampolín para una secuencia final espectacular, eso sí, en un tren en marcha.

El otro gran problema de la cinta es la falta de unos enemigos sólidos. La trama juega en todo momento con la delgada y difusa línea que separa el bien del mal. Algo que siempre ha estado presente en estos personajes y que es de agradecer que se mantenga. Pero una vez revelado el verdadero villano de la cinta (y ¡oh, sorpresa!, no es el personaje del título), la película pierde algo de interés tanto porque el villano carece de un trasfondo dramático atractivo como porque el personaje de Sophie Turner (serie Juego de Tronos) parece no desarrollar todo el poder que, en teoría, podría mostrar. A pesar de sus limitaciones, la película plantea la constante lucha entre el bien y el mal dibujada no solo en este personaje, sino en las decisiones de todos los mutantes que aparecen en el film, independientemente de su categoría como héroes o villanos, lo que aporta cierta complejidad (tampoco mucho) a una historia carente, por otro lado, de una gran espectacularidad, a excepción de su tercio final, donde se invierte todo el dinero que se había ahorrado previamente.

Desde luego, X-Men: Fénix Oscura es la cinta más débil de la nueva saga mutante. Curiosamente, igual que X-Men: La decisión final, que también abordaba la historia del mismo personaje. No sé si será casualidad o es que este arco narrativo tiene dificultades para dar su salto a la gran pantalla, pero en cualquier caso estamos ante un film con excesivas irregularidades, espectacular en su tratamiento visual pero carente de giros narrativos y con un desarrollo de personajes más bien plano en el que la dualidad entre el bien y el mal que siempre ha estado presente en estas historias, aunque sobrevuela prácticamente toda la cinta, solo se explora a fondo en los momentos en los que la trama lo necesita como recurso argumental. Es entretenida, es cierto, pero muestra síntomas de agotamiento mutante.

Nota: 6/10

‘American Horror Story: Apocalypse’, el culmen de las series de antología


La máxima de una serie de antología es que cada capítulo o temporada cuente una historia diferente con personajes diferentes. Esto se traduce habitualmente en que cada historia es totalmente independiente de la anterior. La serie American Horror Story es uno de los más recientes y notables ejemplos de este formato dramático, pero también es la que ha logrado experimentar con él hasta llegar a una octava temporada que ha logrado al cuadratura del círculo: no solo es continuación de aquella extraordinaria primera temporada, sino que vincula algunas de las historias narradas en otras etapas de esta ficción creada por Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Pose). Eso y que los mismos actores interpretan varios personajes en la misma trama.

En efecto, los 10 episodios de este Apocalypse recuperan lo narrado en la primera y tercera temporada para abordar, con el inconfundible estilo que le caracteriza, el fin del mundo y la llegada del hijo de Satán. Pero a diferencia de otras temporadas, donde se juega con las líneas temporales para narrar un trasfondo dramático, en esta etapa se recurre más bien a un manejo de los diferentes momentos de la propia línea temporal, planteando así al espectador un interesante desafío para descubrir quién es quién en la historia. De este modo, la trama evoluciona de forma original, pasando de plantear una situación de supervivencia de un puñado de personajes a desarrollar un orquestado plan de lucha contra el mal mucho más complejo. Lo más interesante posiblemente sea comprobar que dicho cambio se presenta de un modo orgánico, aprovechando las oportunidades que da el formato episódico (es decir, con ganchos al final de los capítulos) y utilizando una línea argumental muy elaborada y bien planificada desde el principio, a la que se le da una presentación diferente.

Esto provoca dos fenómenos sumamente interesantes, al menos desde un punto de vista puramente profesional. Para empezar, al fusión de historias y tramas que en teoría estaban finalizadas en American Horror Story. La continuación de ambos universos completamente diferentes a través de un argumento único, original y diferente evidencia las posibilidades dramáticas y narrativas que ofrece el séptimo arte si se saben manejar herramientas como el tiempo o la distribución de conflictos dramáticos. Visto así, incluso la serie en su conjunto cambia en algunos matices, pues hasta ahora daba la sensación de que cada temporada había transcurrido en una realidad diferente, algunas desde luego en épocas diferentes. Ahora lo que nos encontramos, sin embargo, es que muchas de estas historias de terror que dan una vuelta de tuerca a leyendas clásicas no solo transcurren en un mismo universo dramático, sino que tienen vínculos y conexiones entre ellas.

Pero lo más llamativo sin duda es el hecho de que muchos actores dan vida a varios personajes a la vez, rompiendo con la idea de que cada personaje diferente tiene que estar interpretado por un actor para una comprensión correcta del argumento. El regreso a la casa de la primera temporada, además de dar pie a otras novedades que explicaré a continuación, recupera algunos roles que lleva a actores que han pasado por las ocho temporadas a interpretar hasta a tres personajes diferentes. Es evidente que, para un espectador que se acerque a Apocalypse sin conocer la historia previa, este guiño dramático puede no entenderse e, incluso, provocar desconcierto al desconocer la trayectoria de todos los protagonistas. Pero en líneas generales la impresión generada es diferente, más bien de estar ante un ejercicio dramático que demuestra que con un grupo de actores limitado se puede lograr una complejidad dramática de un número mucho más amplio de personajes. Y eso es algo que daría para varios análisis.

Viejos conocidos

Pero la continuación de las diferentes historias que han poblado las pesadillas de American Horror Story durante estos años también deja el regreso de viejos personajes y de actores que, en mayor o menor medida, han ido abandonando la serie. No cabe duda de que lo más significativo es la presencia de Connie Britton (serie Nashville) y Dylan McDermott (La lectora) en los personajes que hicieron famosa esta serie en la primera temporada. No solo por la calidad dramática de los mismos, sino porque con su historia, y con la del resto de protagonistas de esa primera historia, se cierra un ciclo y todos aquellos posibles cables sueltos que quedaron en esa casa encantada.

En cierto modo, este Apocalypse es el colofón a un concepto dramático que se ha apreciado en muchas de las temporadas, y que responde a la idea de defensa de la familia ante un mal imparable. Curiosamente, este trasfondo argumental se encuentra en las etapas más complejas y atractivas de esta serie de antología. Concretamente en lo que respecta a estos 10 capítulos, el desarrollo dramático ahonda en las consecuencias de esta idea a todos los niveles, incluyendo el viaje a los infiernos, literalmente, del protagonista, cuya motivación inicial, al menos una de ellas, es encontrar alguien que le quiera como es. La idea se refuerza, precisamente, con ese viaje a través de varios grupos de personas que, lejos de acogerle, tratan de utilizarle para sus propios beneficios.

Este recorrido dramático se convierte, al menos durante buena parte de la temporada (aquella que transcurre de una forma más o menos lineal al narrar el pasado), en un motor de desarrollo muy intenso en el que el espectador se adentra en los sentimientos de un rol que finalmente termina convirtiéndose en el villano. La ventaja de esta arquitectura dramática radica en que el resto de personajes, al menos los principales, ya han sido presentados y desarrollados en otras temporadas, por lo que solo es necesario retomar sus historias donde quedaron y, en todo caso, aportar ciertas pinceladas argumentales. Esto permite que los guionistas se centren por completo en el villano, en su humanidad y su maldad, en su poder y sus debilidades. Y eso, en definitiva, le convierte en un gran villano y, por extensión, hace de la temporada un gran relato dramático.

No cabe duda de que American Horror Story: Apolypse es una de las mejores temporadas de toda la serie. Y lo es porque esta octava historia no solo narra un acontecimiento como el fin del mundo y la llegada del Anticristo, sino que lo hace con inteligencia, sobriedad y una complejidad dramática que, desde luego, no existía en otras temporadas. Pero también lo es porque lleva el concepto de serie de antología un paso más allá, cerrando varias historias abordadas en temporadas anteriores y tomando conceptos y escenarios de muchas otras. Ello ofrece un nuevo punto de vista a toda la serie, y abre las puertas a poder desarrollar nuevas y complejas historias. La guinda del pastel es que este Apocalipsis no es el final, todavía queda terror para algunos años más.

‘American Horror Story’ es grande de nuevo con ‘Cult’


Es difícil poder comparar las temporadas de American Horror Story. Bueno, en realidad es difícil hacerlo con cualquier serie antológica. El hecho de que cada temporada tenga su historia propia e independiente (a pesar de los detalles que tratan de relacionar de algún modo los universos de cada etapa) hace más compleja la tarea de analizar en un contexto general el tratamiento y el desarrollo de las tramas. Pero teniendo esto en cuenta, la séptima temporada, titulada Cult, posiblemente sea la más compleja de todas, con una historia cuyo tratamiento puede resultar algo inconexo en algunos momentos pero que, no cabe duda, posee un amplio abanico de matices y connotaciones que van más allá de la propia trama.

Partiendo de la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, los creadores Brad Falchuk y Ryan Murphy, autores de Glee, crean todo un universo en el que los remordimientos, la culpa, el odio, los intereses personales y el rencor se adueñan del relato de forma progresiva para exponer el proceso de creación de una secta personalista. En estos 11 episodios la trama muestra, de este modo, los motivos por los que los diferentes protagonistas deciden sumarse a la causa del rol interpretado espléndidamente por Evan Peters (El efecto Lázaro), así como el modo en que se desarrolla este culto a un personaje capaz de embaucar a los que están a su alrededor. Posiblemente esto sea lo más terrorífico de unos capítulos que huyen del terror de temporadas anteriores y apuesta más por el thriller, pues las connotaciones y el paralelismo con lo ocurrido durante las elecciones norteamericanas es más que notable. No en vano, el último episodio lleva por título ‘Great Again’ (grande de nuevo), el mensaje de campaña de Trump.

En cierto modo, American Horror Story: Cult es un reflejo de la sociedad norteamericana actual y, sobre todo, de la radicalización de una sociedad que parece haberse dividido entre los defensores de Trump y sus detractores. Y no hay término medio, como también ocurre en la serie. Desde el primer episodio, y a través de la transformación de los personajes que se narra con saltos temporales, la trama aborda ese proceso de radicalización partiendo de la base, precisamente, del miedo o del apoyo a lo que Trump representa, evidentemente llevado hasta el extremo. Este aspecto conecta la historia con el mundo real de un modo como nunca antes se había logrado, pero también logra mucho más.

Y es que este punto de partida es también la excusa para abordar algunas de las sectas y los cultos más violentos de Estados Unidos, incluyendo el de Charles Manson. A lo largo de varios episodios la serie aprovecha no solo para narrar cómo evoluciona el plan del personaje de Peters para llegar a la Casa Blanca desde un humilde ayuntamiento, sino el paralelismo y las diferencias entre todos estos cultos a la persona liderados siempre por una persona carismática capaz de ver las debilidades de sus seguidores para poder aprovecharse de lo que puedan aportar a su plan. Resulta sumamente interesante, en este sentido, poder comprobar cómo mezcla violencia y política, sobre todo porque invita a imaginar y fantasear con las motivaciones ocultas de algunas de las decisiones que toman los dirigentes reales.

Demasiados personajes para la narrativa

Con todo, y aunque el argumento traspasa muchas veces la frontera entre realidad y ficción, la narrativa de esta American Horror Story: Cult tiende a ser inconexa, muchas veces algo caótica. Y el problema radica en la enorme cantidad de personajes que habitan este mundo de política, violencia y manipulación. Muchos personajes que, además, tienen un peso específico en la trama más que notable. El hecho de que los principales protagonistas tengan una relación bastante estrecha obliga a los creadores, al menos, a explicar parte de su pasado, y por extensión de sus motivaciones. Y a su vez, esto impone la necesidad de dedicar minutos de historia a ellos.

El resultado de todo ello es que estos 11 capítulos no solo deben dar constantes saltos en el tiempo narrativo, algo habitual en esta serie, sino que en numerosas ocasiones narra acontecimientos sin un claro nexo de unión con lo expuesto anteriormente. Es evidente la confusión que puede generar esto (algo que tampoco sienta mal al resultado final, por cierto), y aunque en último término todo tenga un sentido y una explicación, la falta de una relación clara tanto temporal como espacial de algunas secuencias puede hacer que el espectador pierda el hilo de la narrativa, e incluso el interés. Con todo, este es un problema que se resuelve solo a medida que la trama avanza. Superados los primeros episodios de la temporada, la trama se revela como un complejo puzzle de objetivos y motivaciones personales en el que se hace grande Sarah Paulson (Los archivos del Pentágono), que hace suyo un personaje que pasa de la debilidad a la fortaleza más absoluta y al que dota de una entidad extraordinaria, potenciando tanto la fragilidad inicial como la maquiavélica venganza final, acentuada incluso más por una conclusión sumamente interesante.

No es, por supuesto, el único ‘pero’ que se le puede poner a esta séptima historia de la serie antológica. Algunos roles no terminan de resultar sólidos en sus motivaciones para unirse a la secta, del mismo modo que muchos secundarios resultan un tanto redundantes, posiblemente en un afán de potenciar el carisma del protagonista. Pero al fin y al cabo, son problemáticas de la trama que pueden considerarse menores, incluso anecdóticas. En realidad, la fuerza del relato termina por superar las dificultades para imponerse gracias no solo al modo en que evoluciona esta secta, sino también, y sobre todo, a sus actores. De la frustración o la euforia iniciales por la victoria de Trump a los ataques y los asesinatos para terminar por relacionar política y crimen, poder y control emocional. La evolución de los personajes, acorde a la de la trama, abre una ventana a un mundo de emociones que, como decía al comienzo, reflejan lo que debe sentir la sociedad norteamericana a tenor de las imágenes que llegan desde Estados Unidos.

Decir que esta es la mejor temporada de American Horror Story es, como decía al inicio, muy aventurado. Habrá quien prefiera un relato más sangriento, otro más tétrico u otro más fantástico. Pero de lo que no cabe duda es de que esta séptima etapa es la que tiene más relación con la situación real de la sociedad. En este sentido, los episodios que conforman Cult se revelan como unos de los más complejos de la serie, tanto por los matices que introduce su relación con la actualidad política como los paralelismos que parecen establecerse de forma subconsciente en el espectador. A esto se suma una trama sutil y brutal dependiendo del momento, con una conclusión muy sugerente que, al igual que el resto de la historia, da pie a todo tipo de interpretaciones. Y todo ello coronado con un reparto de lujo en el que destacan los intérpretes tradicionales de la serie, capaces de dotar de versatilidad y profundidad a unos personajes ya de por sí complejos. Sin duda una de las temporadas más recomendables de esta ficción.

‘American Horror Story: Roanoke’, nuevo formato para una historia conocida


Los actores de 'American Horror Story: Roanoke' viven un infierno en la mansión.Es difícil que una serie como American Horror Story logre mantenerse durante tantas temporadas como uno de los productos más originales de la televisión. Primero porque la idea de que cada temporada sea una historia diferente tiene el riesgo inherente de perder la conexión con los espectadores. Y segundo porque es complicado encontrar historias que sean capaces de llenar tantos episodios. La prueba está, de hecho, en el irregular desarrollo de las temporadas. Por eso resulta un soplo de aire fresco esta sexta etapa, que bajo el título de Roanoke toma como referencia a la conocida como “Colonia perdida” para adentrarse en un subgénero de terror que hasta ahora no habían abordado Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Glee).

Desde luego, lo más original de esta temporada de 10 episodios es su formato. Narrado como una serie basada en hechos reales que utiliza los testimonios de las personas que vivieron la pesadilla, la ficción juega en diversos niveles dramáticos para introducir al espectador en una historia con visos de realidad. Este juego de la televisión dentro de la televisión tiene, evidentemente, su lado positivo y su lado negativo. Lo positivo es que a través de la dramatización de los hechos y la reacción de los presuntos personajes reales la historia tiene acceso a una serie de conflictos dramáticos vistos desde diferentes puntos de vista casi a tiempo real, como si de un reality show se tratara.

En el lado opuesto, es lógico pensar que, dado que los héroes de la historia relatan su propia odisea, sobreviven al final de la misma, lo que siempre resta dramatismo a lo que se muestra en pantalla. De ahí que, aunque el carácter dramático se intensifica, la tensión narrativa se diluye lentamente, dejando todo el espacio al terror y el gore propios de esta serie. Sin embargo, y a diferencia de otras temporadas, American Horror Story: Roanoke soluciona este problema de una forma aún más original si cabe. La propia temporada se divide en dos partes claras, siendo la segunda una suerte de continuación en la que personajes reales y los actores que les interpretan conviven en el mismo infierno que relataban en la primera parte.

Evidentemente, todo sale mal, y la muerte es la constante en cada personaje, pero independientemente de todo eso lo interesante radica en el modo en que Falchuk y Murphy aprovechan las debilidades dramáticas de su historia para darle una vuelta y convertirlas en motor de un argumento nuevo aunque similar. Por supuesto, esta segunda parte también tiene ciertas debilidades, entre ellas las motivaciones de algunos personajes, pero a pesar de todo esto permite ahondar en tramas personales mucho más profundas y que remiten a las relaciones entre madres e hijos, entre maridos y mujeres y, por qué no, entre el mundo del espectáculo y la vida real.

Carniceros, cerdos y locura

El cambio que sufre American Horror Story: Roanoke en su forma de narrar los acontecimientos es, sin duda, lo más llamativo de esta serie que ha tenido que recurrir a esta apuesta formal para evitar repetirse en sus conceptos más básicos. Y es que salvo esta idea, bien diseñada y elaborada, el resto de la temporada recupera pilares de temporadas anteriores, ya sea la locura, el canibalismo o los fantasmas. En realidad, en algunos momentos llega a repetir algo más que a los actores, recurriendo a situaciones que recuerdan poderosamente a las vividas en algunas de las mejores etapas de esta ficción. La pregunta que cabe hacerse es si esto es algo negativo en sí mismo.

Para gustos los colores, está claro, pero personalmente considero que la forma en que se integran estas ideas con la trama abordada en la serie y con el modo en que se cuenta hacen que sea algo novedoso, diferente y dinámico. La apuesta en la segunda parte de la serie por la cámara en mano al más puro estilo El proyecto de la bruja de Blair (1999) -por aquello de que transcurre en un bosque- es un acierto más que notable, tanto por el carácter realista que aporta al conjunto como por el dramatismo de ver las consecuencias de los asesinatos (sangre saltando por todas partes, rostros desencajados, etc.) antes incluso que el propio acto en sí. De este modo, la serie logra imprimir una fuerza visual muy poderosa a una historia que puede parecer menor, en algunos momentos incluso algo ilógica.

Con todo, es de justicia reconocer que el argumento es algo más que terror, y desde luego algo más que gore. Si la primera parte de la temporada puede resultar un tanto simplista, por aquello de que se sabe de antemano cómo va a terminar, la segunda adquiere un dramatismo mucho mayor, tanto por los conflictos que se generan entre personajes como por las reacciones ante unos acontecimientos que ya no son ficción a pesar de que, al principio, lo consideran parte del show. Estos componentes dramáticos dentro del contexto del horror, la violencia y la locura que definen a la serie es lo que la dotan de una mayor entidad, de una seriedad que se intuye en todo momento, pero que puede perderse de vista en los primeros episodios si se atiende únicamente al concepto de realidad ficcionada.

Por varios motivos, American Horror Story: Roanoke es una de las temporadas más originales de la serie. Personalmente creo que una de las mejores, pues a pesar de sus debilidades ofrece algo diferente, algo fresco, explorando esa vía de nuevo terror que nació con el nuevo siglo y que, hasta ahora, había estado vetada en esta producción. El hecho de que, además, se introduzcan conflictos personales en la historia, derivados muchos de ellos de las propias decisiones de los personajes, lleva la trama a un nivel diferente, más complejo o, por lo menos, más rico en matices. Desde luego, no es una temporada perfecta, pero junto a American Horror Story: Hotel es una de las que más recuerdan a aquella joya que fue la primera temporada.

‘Elvis & Nixon’ se encuentran en el ‘Café Society’ dirigido por Allen


Estrenos 26agosto2016Agosto ha sido un mes cinematográfico intenso. Puede que no del mismo modo que en años anteriores, y es posible que la calidad de muchos de sus films no hayan colmado las expectativas puestas en ellos, pero en cualquier caso ha contado con varios títulos de peso. Tal vez por eso este viernes, día 26, las novedades que aterrizan en la cartelera española son algo menos llamativas, al menos en lo que a espectacularidad se refiere, aunque no por eso menos interesantes. El drama se adueña de los títulos, entre los que encontramos nombres de auténtico lujo y citas anuales ineludibles.

En este contexto, uno de los films más interesantes es Elvis & Nixon, relato que aborda el encuentro que tuvieron el rey del rock y el hombre más poderoso del mundo en 1970. Encuentro inmortalizado en una foto pero del que poco se conoce. Dirigido por Liza Johnson (Return), lo más interesante de este drama, sin embargo, se encuentra en los actores que dan vida a los principales personajes: Michael Shannon (El hombre de acero), Kevin Spacey (serie House of cards), Evan Peters (X-Men: Días del futuro pasado), Ashley Benson (Pixels), Alex Pettyfer (El mayordomo), Colin Hanks (serie Fargo) y Tate Donovan (3 generaciones).

Otro de los estrenos importantes procedentes de Estados Unidos es Café Society, lo nuevo de Woody Allen (Irrational man) que, como es habitual, combina humor y drama para narrar cómo un joven perteneciente a una familia mafiosa de los años 30 decide abandonar el futuro que parece predestinado e irse a Hollywood a probar fortuna. Allí es contratado como chico de los recados por su tío, un poderoso agente. El amor surgirá cuando conozca a una joven que tiene novio. Sin embargo, su vida da un vuelco el día que ella le confiesa que ha roto con su pareja. Y como también es habitual en el director y guionista, el reparto está plagado de nombres propios como los de Steve Carell (La gran apuesta), Jesse Eisenberg (Batman v Superman: El amanecer de la Justicia), Kristen Stewart (Equals), Blake Lively (El secreto de Adaline), Parker Posey (Ni un pelo de listo) y Corey Stoll (Ant-Man).

También llega a la cartelera Experimenter, drama biográfico acerca de los experimentos que llevó a cabo en 1951 el psicólogo Stanley Milgram sobre la obediencia. Unos estudios cuyas conclusiones desvelaron aspectos del comportamiento humano desconocidos hasta entonces, y cuyas repercusiones levantaron una gran polémica. Escrita y dirigida por Michael Almereyda (Guerra total), la película está protagonizada por Winona Ryder (serie Show me a hero), Peter Sarsgaard (El caso Fischer), Kellan Lutz (Los mercenarios 3), Taryn Manning (serie Orange is the new black), Anton Yelchin (Star Trek: Más allá), John Leguizamo (#Chef) y Dennis Haysbert (Querida gente blanca).

La animación está representada por Kubo y las dos cuerdas mágicas, aventura familiar con toques fantásticos y que supone el debut en la dirección de Travis Knight. La trama comienza cuando un chico convoca a un espíritu del pasado por error, lo que le obligará a enfrentarse a dioses y monstruos. Para poder sobrevivir deberá encontrar una armadura mágica que una vez fue propiedad de su padre, un legendario samurai. Entre las voces de la versión original encontramos a Art Parkinson (San Andrés), Charlize Theron (Mad Max: Furia en la carretera), Ralph Fiennes (Spectre), Rooney Mara (Carol) y Matthew McConaughey (Interstellar).

Dejamos Hollywood para fijarnos en los estrenos europeos y, más concretamente, en el representante español. Cuerpo de élite es el título del debut en el largometraje de Joaquín Mazón, una comedia centrada en un cuerpo de seguridad ultrasecreto del que nadie conoce su existencia: el cuerpo de élite autonómico. Cuando sus miembros mueren en una emboscada durante una misión, la necesidad de un nuevo equipo que sea capaz de salvar España lleva a sus responsables a reclutar a lo mejor de lo mejor de varios cuerpos de seguridad nacionales y autonómicos. O al menos eso creen. María León (Los miércoles no existen), Miki Esparbé (Rumbos), Jordi Sánchez (Ahora o nunca), Andoni Agirregomezkorta (El síndrome de Svensson), Juan Carlos Aduviri (También la lluvia), Silvia Abril (Vulcania), Carlos Areces (Anacleto: Agente secreto) y Joaquín Reyes (Tres bodas de más) son los principales intérpretes.

Alemania y Suiza colaboran para llevar a la gran pantalla una nueva versión de Heidi, novela de Johanna Spyri que se centra en una niña que vive feliz con su abuelo en las montañas de los Alpes, y cuya vida da un vuelco cuando su tía se la lleva a Frankfurt, donde se convertirá en la inseparable amiga de una adinerada niña paralítica que está aprendiendo a leer y escribir con una estricta institutriz. Dirigida por Alain Gsponer (Rose), la cinta está protagonizada por Anuk Steffen, Bruno Ganz (Uno tras otro), Isabelle Ottmann, Katharina Schüttler (serie Hijos del Tercer Reich) y Quirin Agrippi.

Desde Yemen llega 10 años y divorciada, drama producido en 2014 cuya historia pone el foco en la vida que se ven obligadas a llevar muchas niñas. La trama arranca cuando una joven de 10 años entra en un juzgado para pedir el divorcio de un matrimonio impuesto por su familia y la de su cónyuge, de 30 años. Khadija Al-Salami (Amina) escribe y dirige este film que cuenta con un limitado y anónimo reparto encabezado por Adnan Alkhader y Reham Mohammed.

‘X-Men: Apocalipsis’: ¿la tercera parte siempre es la peor?


Los mutantes se enfrentan a su mayor enemigo en 'X-Men: Apocalipsis'.Si algo hay que reconocerle a Bryan Singer (Verano de corrupción) es que ha sabido trasladar a la perfección el mundo mutante de Marvel a la gran pantalla. Por supuesto, eso no quiere decir que no haya altibajos y momentos de crisis creativa, pero en líneas generales ha sabido mantener un cierto nivel narrativo y conceptual. Esta tercera parte de la segunda trilogía sobre los personajes confirma lo ya sabido y, aunque aporta pocas novedades, sí es capaz de hacer avanzar la historia hacia un futuro ciertamente interesante.

Quizá lo mejor de esta X-Men: Apocalipsis sea el tratamiento de los nuevos personajes, sobre los que descansa buena parte de la historia y que suponen un soplo de aire fresco a los roles ya conocidos. Y tal vez porque están llamados a ser los protagonistas, la labor de Sophie Turner, la famosa Sansa Stark de Juego de Tronos, y Tye Sheridan (Detour) es de lo mejor de la cinta, amén de la solvencia y peso que aportan los principales héroes de anteriores entregas.

Y aunque los personajes están bien tratados (curiosamente, el que peor parado sale es el villano de turno, interpretado por Oscar Isaac –Mojave-) y la trama posee buenas secuencias de acción mezcladas con cierta ironía, la película peca en exceso de conformismo y previsibilidad. A pesar de su espectacular y prometedor comienzo, el desarrollo dramático se desinfla poco a poco hasta convertirse en una línea temporal a la que se le ven los conflictos y puntos de giro con horas de antelación. Y el tratamiento de un personaje tan importante como Magneto (de nuevo un magnífico Michael Fassbender –Frank-) no es que se menosprecie, es que simplemente se repite de lo visto en películas previas, lo que termina por convertirle en una especie de recurso dramático que siempre sufre, se enfurece y finalmente recapacita para luego seguir su camino.

Es precisamente esta falta de frescura el problema que más se le puede achacar a un film que, por otro lado, es un espectáculo a la altura de sus predecesores. Desde luego, que lo peor de X-Men: Apocalipsis sea el modo en que se ha tratado el argumento no es algo demasiado alentador, pero esa debilidad logra suplirse con el desarrollo de varios personajes nuevos y con una espectacularidad sin parangón, amén de convertir el film en un nexo de unión entre todas las películas hechas sobre estos personajes (atentos al diálogo final entre Xavier y Magneto). En un momento dado se llega a decir en el film que “las terceras partes siempre son las peores”. En esta ocasión, y comparada con las anteriores, desde luego que no es mejor, pero no tiene que ser necesariamente peor, sobre todo si no se espera demasiado de ella.

Nota: 7/10

‘American Horror Story: Hotel’ recupera el espíritu de la serie


Evan Peters y Wes Bentley protagonizan 'American Horror Story: Hotel'.Tras varios altibajos en la serie, American Horror Story ha logrado, en su quinta historia, algo que muy pocas producciones consigue: devolver al formato las ideas iniciales en lo que a suspense, ambientación, personajes y trama se refiere. Sin el impacto ni la novedad que supuso aquella primera temporada, Hotel es sin duda una de las mejores temporadas de esta ficción creada por Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Glee).

Y si bien es cierto que Coven ya supuso una recuperación de ese espíritu, estos 12 capítulos representan lo que podría denominarse como una continuación directa de la historia de la casa encantada. No por los personajes, sino por el concepto general de la trama. Un hotel plagado de fantasmas, vampiros y asesinos es lo que da pie a una historia que, sin embargo, se centra más en el concepto del amor. Tal vez eso sea lo que le ha faltado a la serie en otras etapas; tal vez no. Lo cierto es que el delicado equilibrio entre ese sentimiento y la violencia característica de la producción crean un espectáculo incomparable.

Un padre atormentado por la pérdida de un hijo, una madre condenada a vivir en un hotel lleno de fantasmas para estar junto a un hijo que la odia y una vampiresa que una vez experimentó el amor verdadero son solo algunos de los ejemplos. Desde un punto de vista conceptual, American Horror Story: Hotel se revela más bien como una historia de búsqueda, de añoranza por lo perdido y por un pasado que, aunque dentro de esos muros parece no cambiar, en realidad se dejó atrás hace mucho tiempo.

Por supuesto, a todo esto se suma el incomparable espacio elegido, un edificio decadente, ajeno al tiempo o a las modas y en el que cada sala, cada rincón, es una trampa mortal para los visitantes. Desde su dueño, un espléndido Evan Peters (X-Men: Días del futuro pasado), al que es más necesario que nunca ver en versión original, hasta el ya famoso papel de la cantante Lady Gaga, Globo de Oro incluido, todos los habitantes de ese edificio parecen condenados, lo quieran o no, a matar a los visitantes, litros y litros de sangre mediante, claro está.

Lady Gaga logró un Globo de Oro por su rol en 'American Horror Story: Hotel'

Regreso a la narrativa de personajes

Y a pesar del espectáculo visual que supone esta quinta temporada, American Horror Story: Coven es sobre todo una historia de personajes. Al igual que ya ocurrió en algunas temporadas anteriores, que no en todas, el origen de los protagonistas, sus obsesiones, sus fobias y sus motivaciones, quedan patentes en sendos episodios a través de una narrativa de sus respectivos pasados para terminar confluyendo, de un modo u otro, en finales comunes. En esta ocasión, además, con la dificultad añadida de tener dos grandes protagonistas (la ya mencionada Gaga y el policía al que da vida Wes Bentley –American beauty-) como principales pilares, lo que obliga a dividir en dos el tiempo de la historia. ¿Cómo se logra mantener unido el desarrollo dramático sin que parezca, como ocurrió en Asylum, que cada cosa ocurre por su cuenta? La respuesta es Evan Peters.

Su personaje, tan sádico como enigmático, se termina por convertir en una suerte de nexo de unión de todas las historias, tal vez porque es el corazón de ese hotel, o tal vez porque, simplemente, es un personaje muy humano dentro de su violencia. Su caso, posiblemente, sea el mejor ejemplo del entramado dramático que logra crearse entre todos los personajes, ya sean secundarios, principales e, incluso, episódicos. De ahí que sea tan importante el pasado de los mismos, y de ahí que cobren especial relevancia aquellos momentos en los que se abordan las claves de su llegada a ese hotel maldito.

Pero si el contenido dramático es importante, la forma que se le da a todas esas historias es simplemente hipnótica. Elegante, fascinante, visceral, sangrienta, atemporal. Cualquier calificativo puede servir para definir un entorno único, una apuesta escénica en la que la sangre emana a borbotones para dar paso a una nueva vida en la que, no por casualidad, los implicados deben encontrar un motivo para enderezar sus fantasmagóricas vidas, que habitualmente, por no decir siempre, tiene que ver con el asesinato. La presencia, además, de personajes aparecidos en temporadas anteriores otorga al conjunto un halo de continuidad interesante que, en cierto modo, cierra un círculo iniciado con la primera y maravillosa temporada.

Así las cosas, American Horror Story: Hotel es, posiblemente, la etapa de esta serie que más se aproxima a lo vivido en aquella casa encantada hace ya varios años. Por su ambientación, el trauma de sus personajes e incluso la definición de muchos de ellos, esta historia es digna heredera de aquella. Pero es mucho más. Falchuk y Murphy parecen haber aprendido de algunos errores cometidos en el pasado y han sido capaces de crear muchos historias independientes bajo un mismo techo que, aparentemente, no tienen nada en común, pero cuyo desarrollo termina irremediablemente unido a las habitaciones de este macabro hotel. O a su dueño, que para el caso viene a ser lo mismo. Sin duda, una de las mejores temporadas de la serie.

‘American Horror Story: Freak Show’ se pierde en tramas secundarias


Evan Peters protagoniza el circo de las rarezas de 'American Horror Story: Freak Show'.Es complicado darle forma a una serie con tantos personajes como American Horror Story. Al menos una forma que pueda encajar todas sus piezas. La prueba fehaciente es que la serie, en su cómputo general, ha sufrido altibajos notables. Lo bueno es que como cada temporada es independiente se pueden considerar casi como series autónomas; lo malo es que el concepto de la producción queda irremediablemente afectado. La cuarta temporada, American Horror Story: Freak Show, tiene más puntos en común con la caótica segunda parte que con la primera o la tercera. Y eso que su comienzo prometía más de lo que finalmente ha sabido aportar.

Como su título indica, estos nuevos 13 episodios se centran en la vida de un grupo de feriantes ambulantes en un circo de rarezas humanas en el que se dan cita la mujer barbuda, un chico langosta, el hombre foca o la mujer más pequeña del mundo. Pero lo que comienza como un reflejo de una época en la que el miedo a lo desconocido se combina con asesinos en serie vestidos de payaso, ricachones consentidos con tendencias maníacas o embaucadores que hacen lo que sea por conseguir dinero, termina convirtiéndose en un drama sin dirección única, abriendo y cerrando tramas secundarias casi sin tiempo a desarrollar los personajes que en ellas encontramos.

De este modo, los creadores de American Horror Story, Brad Fralchuk y Ryan Murphy (serie Glee) logran enriquecer el mundo que crean, pero pierden la frescura y el dinamismo a medida que se suceden los capítulos. Quizá el ejemplo más evidente lo representa el personaje de Neil Patrick Harris (Mil maneras de morder el polvo), cuya presencia aporta únicamente unas dosis de violencia y vísceras que poco o nada tienen que ver con el sentido general de la serie. En realidad, más allá de narrar los prejuicios y los miedos a los que estas personas tuvieron que enfrentarse a comienzos del siglo XX no existe un desarrollo dramático coherente, lo que deriva en esa incorporación obsesiva de personajes a cada cual más psicópata. No quiere esto decir que no sean relevantes, al contrario. La definición de dichos roles es interesante. El problema es que no se mantienen en la trama lo suficiente como para lograr impactar en la historia general que se cuenta.

La conexión con aquella American Horror Story: Asylum no se limita únicamente a este aspecto. Algunos de los personajes son los mismos que aparecieron en la historia del manicomio, e incluso esta última temporada se permite el guiño de introducir una pequeña secuencia en ese escenario, dejando patente de este modo la relación entre ambas historias. Y dejando patente, también, ese desarrollo sin un objetivo claro que se limita a introducir argumentos secundarios resueltos en poco más de dos episodios y cuya influencia en el arco dramático principal es mínima, en algunos casos incluso nula. Los personajes principales parecen meros espectadores ante muchos de los acontecimientos que se suceden, limitando así el dramatismo que podría haber adquirido esta cuarta temporada.

Unos llegan y otros se van

Aunque en todo este desarrollo que se lleva por delante personajes, tramas y consecuencias destacan sobremanera algunas de las nuevas incorporaciones a la ya extensa familia de American Horror Story. Y curiosamente todos ellos hacen de unos “engendros” que poco o nada tienen que ver con las malformaciones físicas. Entre ellos es imprescindible apuntar a Finn Wittrock (Invencible) como el principal atractivo de esta feria. Su rol de joven malcriado, psicópata y con ínfulas divinas es simplemente brillante sobre el papel y en la pantalla. Wittrock dota a su rol de una suficiencia y elegancia que terminan por ser más aterradores e inquietantes que cualquier efecto circense. Del mismo modo, convertir al hombre forzudo en homosexual no deja de ser una de las más irónicas paradojas que ha dado la serie. Y Michael Chiklis (serie The Shield) está a un altísimo nivel en este papel.

Por desgracia, y siguiendo con esa idea de las tramas secundarias antes mencionada, sus roles y los de otras interesantes novedades no logran tener un desarrollo pleno. Solo el rol de Chiklis puede convertirse en la excepción, pues su descenso a los infiernos de la redención es de lo mejor de toda la serie. Pero es la excepción. La presencia de Wittrock, que adquiere más o menos relevancia en función de las necesidades de la historia (cuando en teoría juega un papel fundamental en la vida del circo), termina por dejar al personaje en un mero villano al que recurrir para darle algo de interés a la trama cuando esta parece desviarse demasiado.

Y junto con las llegadas, los abandonos. Desde luego el más impactante es el de Jessica Lange (El jugador), cuyo protagonismo en todas las temporadas ha sido uno de los principales atractivos de la serie. De hecho, su personaje en este Freak Show representa a la perfección la dualidad entre los “engendros” del circo y los “engendros” que rodean el show. Su papel aparentemente normal evoluciona hasta convertirse en un ser mezquino con el único objetivo de convertirse en una estrella. Y representa a la perfección, también, el desarrollo que tiene toda la serie. Su final y el caos que vive en los episodios inmediatamente anteriores son fiel reflejo de esa irregularidad en el desarrollo del argumento y del final feliz que la serie ha querido dar a sus principales protagonistas.

A pesar de todo, American Horror Story: Freak Show deja en el recuerdo algunos momentos realmente logrados, sobre todo en sus primeros capítulos. La presencia del payaso asesino, del joven interpretado por Wittrock o de los embaucadores dotan al conjunto de tres pilares dramáticos interesantes que nutren la serie. Pero una vez su papel se torna menor la historia pierde cierto sentido, introduciendo personajes que poco o nada son capaces de aportar a la historia, salvo tal vez para crear ese final feliz que los personajes se merecen. El problema es que por el camino esos mismos personajes se pierden en una red de tramas secundarias que no llevan a ningún lado, obligando al espectador a olvidar lo vivido y, lo que es peor, a recordar lo abandonado previamente. Con todo y con eso, AMS sigue siendo una de las propuestas más frescas y originales de la televisión.

‘X-Men: Días del futuro pasado’: los mutantes hallan sus orígenes


Hugh Jackman vuelve al pasado en 'X-Men: Días del futuro pasado' para alertar a Fassbender y a McAvoy.Hollywood se enroca cada vez más en sí mismo. La moderna industria del cine estadounidense tiende cada vez más a explotar sus iconos en un desmedido afán de obtener los mayores beneficios con el mínimo coste económico y artístico. Pero de vez en cuando se dan cita los suficientes elementos como para producir un film notable, completo artística y dramáticamente, y capaz de devolver a la saga a la que pertenece parte de todo aquello que suele perder por el camino. Pues bien, esta nueva entrega de los mutantes más famosos del cine (y de los cómics) es esto y mucho más. En cierto modo, su título no podría ser más apropiado, y no solo por el argumento.

En efecto, X-Men: Días del futuro pasado devuelve a la serie de películas a su estado original. Ya desde sus primeros momentos, y con unos títulos de crédito que recuerdan poderosamente a las primeras entregas, la película expone claramente sus intenciones. Si bien es cierto que su trama y el desarrollo dramático de los personajes es más lineal y menos complejo que en ocasiones anteriores, no lo es menos el hecho de estar ante la que posiblemente es, hasta ahora, la historia más oscura, trágica y violenta de todas. La primera secuencia en ese futuro apocalíptico donde los mutantes luchan sin esperanza es brutal y salvaje, con unas muertes pocas veces vistas en este tipo de productos. Algo que se repite hacia el final del film en una especie de bucle que, lejos de terminar donde empezó, ofrece un recorrido de lo más interesante por el pasado de los personajes.

Si algo bueno tiene la película es que parece haber aprendido de sus errores. Uno de los elementos que más lastraban las películas era el alto número de personajes que nunca llegaban a desarrollarse. Ahora, y salvo las excepciones de ese futuro distópico, la trama centra su atención en unos pocos roles, pudiendo además profundizar algo más en la definición de cada uno de ellos, en sus motivaciones y las consecuencias de sus decisiones. En esta ocasión la voz cantante la tiene el rol interpretado por James McAvoy (Wanted), verdadero motor dramático de todo el arco temporal. La contrapartida, por desgracia, es un olvido generalizado del resto de participantes en la trama, que a pesar de tener una presencia notable y ayudar a que la acción avance, se muestran algo más planos en su evolución dramática.

A esto habría que sumar la labor de Bryan Singer, director y artífice del éxito de los mutantes en el cine. Sin ser tan visionaria como la de Matthew Vaughn (Kick-Ass), su renovada mirada al mundo de la patrulla X aporta frescura a unos personajes que todavía empiezan a conocerse. Recursos como el formato televisivo de los años 80, la secuencia protagonizada por Quicksilver (al que da vida Evan Peters) o las batallas inicial y final son pruebas de que el director todavía tiene algo que decir. Eso por no hablar del hecho de que se haya optado por la trama en lugar de la acción, lo que nutre notablemente el film y aporta, además, la sensación de que no estamos ante un blockbuster de consumo rápido y olvidable, sino ante una nueva pieza del mundo que todavía se está construyendo.

Desde luego, X-Men: Días del futuro pasado se halla entre lo mejor de esta longeva saga. Más violenta que sus predecesoras, recupera buena parte de todo aquello que define este tipo de historias (el racismo, la lucha por la supervivencia, la evolución genética, …), y aprovecha la ocasión de reunir a los dos repartos para hacer numerosos guiños a los aficionados. Puede que los arcos dramáticos de sus personajes no sean tan completos, y puede que la trama tenga un desarrollo más directo y sencillo, pero lo cierto es que eso termina por resultar adecuado ante los constantes viajes hacia el pasado y el futuro. Futuro, por cierto, muy prometedor si se sigue esta senda y si, como se ve en la secuencia tras los títulos, los protagonistas siguen haciendo frente al apocalipsis.

Nota: 7,5/10

‘Tráiler de X-Men: Días del futuro pasado’: las sagas mutantes se unen


Cartel promocional de 'X-Men: Días del futuro pasado'.Apenas quedan dos meses para su estreno, pero 20th Century Fox ha sacado el que posiblemente sea el más completo e interesante tráiler de la nueva aventura mutante, X-Men: Días del futuro pasado. Tras varias semanas revelándose imágenes, artes conceptuales y vídeos promocionales, no ha sido hasta este momento que los fans pueden apreciar algunos de los secretos mejor guardados del film, como son los centinelas. Aunque no es lo único interesante que deja este avance. Si bien la trama ya era más o menos conocida, este segundo tráiler ofrece diferentes matices y, sobre todo, permite ver a algunos de los mutantes en acción.

La trama, como decimos, es conocida. Ambientada en un futuro en el que los mutantes están inmersos en una guerra por su supervivencia y viven en un mundo totalmente destruido, los líderes Charles Xavier y Magneto deciden enviar al pasado a Lobezno para que convenza a las versiones más jóvenes de ambos a que tomen caminos distintos, no solo en su particular enemistad, sino en sus decisiones frente a los humanos. La película, por tanto, supone aunar en una única trama a prácticamente todos los personajes que aparecieron en la trilogía original y en la película X-Men: Primera generación, amén de incluir otros nuevos, muchos de los cuales ya aparecen en este avance (o han aparecido en otros anteriores).

Eso sí, lo que desvela el vídeo no es únicamente el diseño de los enormes robots destinados a destruir a los mutantes, sino el propio tono del film, que parece aprovechar la actual tendencia de incidir en el aspecto trágico de todos estos personajes de las viñetas. En cierto modo, la película combina sus partes más oscuras (definidas en ese futuro apocalíptico) con algunas más ligeras propias de la acción en el pasado, aunque en ambos se desprende un cierto aire dramático que invita a pensar en un enfoque algo más adulto de la temática mutante. Del mismo modo, el diseño de la futurista ciudad ofrece la posibilidad de desarrollar al máximo las cualidades de los personajes, como esa imagen del hombre de hielo realizando sus famosos caminos por el aire.

La película supone el regreso tras las cámaras de Bryan Singer, creador de la trilogía, y reúne bajo un mismo techo a Hugh Jackman (Prisioneros), Patrick Stewart (Star Trek: Nemesis), Ian McKellen (El hobbit: La desolación de Smaug), James McAvoy (Trance), Michael Fassbender (El consejero), Jennifer Lawrence (La gran estafa americana), Halle Berry (Marea letal), Peter Dinklage (serie Juego de tronos), Ellen Page (The east), Nicholas Hoult (Jack el caza gigantes), Anna Paquin (serie True Blood), Evan Peters (serie American Horror Story: Coven), Shawn Ashmore (serie The following) y Omar Sy (Intocable), muchos de ellos recuperando los personajes originales de las tres primeras películas. Por cierto que el tráiler de la cinta, que encontraréis a continuación, se publicó con un cartel promocional interesante que muestra, a grandes rasgos, a los principales personajes. A continuación el vídeo.

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