‘El gran showman’: El arte de emocionar y entretener con cada plano


Es muy difícil que una película, un libro, una canción emocionen y apasionen durante toda su duración. Por eso cuando se encuentra se disfruta como nunca. Y eso es precisamente lo que ocurre con el debut en la dirección de Michael Gracey, un musical sobre el nacimiento del circo, el entretenimiento y la figura de P.T. Barnum que se aleja de controversias y sombras para apostar por la luminosidad de unos espectaculares y espléndidos números musicales acompañados de unas canciones que deberían de recibir algún que otro premio.

A decir verdad, El gran showman se puede considerar un musical clásico, una obra con un espíritu que evoca las grandes obras del género y que apuesta en todo momento por hacer avanzar a los personajes a golpe de nota musical y coreografía. Y la apuesta es todo un éxito. Las posibilidades que ofrecen tanto la historia como el escenario en el que se desarrolla son exprimidas al máximo por Gracey, quien se aleja de montajes atropellados y opta por grandes planos que permitan apreciar el movimiento de los personajes en pantalla, llenando a su vez de color y diversión una historia que, por otro lado, tiene un arco argumental algo sencillo pero incuestionablemente bien elaborado. En la retina quedan números como el protagonizado por Hugh Jackman (Australia) y Zac Efron (Malditos vecinos 2) en un bar (atentos al camarero, pieza fundamental del show), el de la pareja de jóvenes enamorados o el de los ‘freaks’ en plena fiesta de la alta sociedad.

Desde luego, el film es uno de los mejores del año, o al menos de los últimos meses. Sus nominaciones a los Globos de Oro, y sus más que probables nominaciones a los Oscar, así lo atestiguan. Pero eso no implica que la película no pueda dar más de sí. En ese intento por hacer un film brillante, alegre y luminoso la trama se aleja de los momentos más polémicos en la vida de este personaje al que da vida Jackman de forma magistral. A lo largo de la historia se mencionan aspectos como la manipulación de Barnum, su obsesión por entrar en las clases altas para demostrar su valía o, incluso, la utilización de esos ‘freaks’, como se les conocía entonces, para medrar. Son aspectos planteados en la trama, y aunque algunos de ellos dan pie a un cierto dramatismo, tienden a superarse de un modo más bien aséptico, sin generar excesivos conflictos y que sirvan únicamente para un nuevo y espléndido número musical.

Y aún teniendo en cuenta esto, El gran showman es capaz de sobreponerse a sus debilidades y revelarse como un film espléndido, un entretenimiento en estado puro cargado de color, diversión, romance, ciertas dosis de drama y, sobre todo, música, mucha música. Los amantes del género tienen una cita imprescindible, pero cualquier espectador que busque pasar unos ajustados 105 minutos inolvidables no debería pasar por alto esta alternativa. Con un reparto en estado de gracia en líneas generales, Gracey compone todo un espectáculo al más puro estilo P.T. Barnum. Habrá quienes consideren que no es arte, que no está al nivel cultural que se debería exigir. Tampoco lo pretende, pero incluso sin pretenderlo la belleza y el sentimiento de felicidad que desprende en cada plano es abrumador.

Nota: 8/10

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‘Money Monster’: el espectáculo del dinero


Jack O'Connell secuestra en directo a George Clooney en 'Money Monster'.Las películas dirigidas por Jodie Foster (El castor), al menos las dos últimas, pertenecen a ese extraño grupo de obras que obliga al espectador a pensar, a reflexionar sobre lo que acaba de ver, así consecuencias sociales y morales de los actos y decisiones de los personajes. Su nueva cinta, que desgrana el funcionamiento del mundo bursátil y económico de una forma bastante precisa, no es menos, aunque habría que señalar que Foster, como directora, tiene una asignatura pendiente con el ritmo narrativo de sus películas.

Desde el punto de vista del contenido, Money Monster es un film impecable. Aunque su premisa inicial pueda parecer algo débil, el desarrollo posterior de los acontecimientos es brillante, no solo porque sitúa todas las piezas con un sentido lógico aplastante, sino porque cada acción, cada decisión, lleva a los personajes a enfrentarse con una realidad inesperada. Para ejemplo un botón: el protagonista interpretado por George Clooney (El americano) pide que suban unas acciones para poder salvar la vida, pero en lugar de eso terminan bajando es una buena prueba del mundo “comprometido” en el que vive buena parte de la sociedad. Y como eso, una sucesión de hechos que, al mismo tiempo que destruyen la fe en el ser humano, apasionan al espectador por la lógica y el realismo que imprime a lo que se ve en pantalla.

El problema, y no es menor, es el ritmo, aunque siendo tan sinceros como la película, es algo que suele ocurrir en todas las historias. La película, una vez superado el impacto inicial y la revolución que supone que un joven secuestre en directo a un presentador de televisión, pierde ritmo al dar vueltas durante demasiados minutos sobre los mismos principios, sin avanzar demasiado en la explicación de fondo que justifica la acción ni en la relación de los personajes. Pero como digo, es algo que ocurre en la inmensa mayoría de los films durante su segundo acto. Por suerte, la película recupera ritmo… bueno, en realidad hace mucho más.

Porque el final posiblemente sea lo mejor de todo. Es cierto que Money Monster no es una obra impredecible, pero hay una serie de imágenes finales, sobre todo una que tiene que ver con un futbolín, que es simplemente reveladora e impactante por todo lo que implica. Y si a esto unimos una serie de ideas tan ciertas como lapidarias, lo que obtenemos es una obra que obliga a revisar no solo los valores de cada uno, sino las normas y el contexto social en el que todos vivimos. Puede que el ritmo sea algo irregular. Y desde luego Clooney no termina de convencer (en contraposición al resto de actores), pero aunque solo sea por descubrir qué se esconde detrás del espectáculo del dinero, merece la pena.

Nota: 6,5/10

‘Guardianes de la galaxia’: una panda de pringaos muy ochentera


Los 'Guardianes de la galaxia' tratarán de defender una de las gemas del infinito.Puede que no busque originalidad, pero desde luego Marvel ha encontrado la fórmula para el éxito. Sus películas serán más o menos profundas, mejores o peores, pero todas ellas son un despliegue de entretenimiento puro y duro que no solo distrae, sino que vistas en conjunto conforman un cosmos que tiene repercusiones en cada detalle. Y su última propuesta no se queda atrás. Alejada de los superhéroes tradicionales, esta aventura espacial que bebe en ocasiones de la saga galáctica por antonomasia es un espectáculo sin tregua, una pequeña joya de la ciencia ficción que hará las delicias de los fans y que logra en gran parte el equilibrio necesario entre acción y humor que caracteriza a la casa de cómics.

Buena parte de la responsabilidad recae, por supuesto, en James Gunn (Super), quien da el salto de esta forma al cine espectáculo en su segundo film. Y si bien es cierto que Guardianes de la galaxia peca en algunos momentos de pardilla en sus secuencias de acción, es innegable la espectacularidad con la que el director aborda dichos momentos, aprovechando al máximo la capacidad visual y digital que le otorga la compañía, así como el colorido entorno de la historia. El contraste con la banda sonora, nutrida de éxitos clásicos de la música, no hace sino acentuar el estilo kitsch de los combates espaciales y del diseño de los personajes, la mayoría actores con una pintura especial. Esto otorga al conjunto un aire natural, físico y real que no poseen otras historias similares, además de generar una cierta proximidad con el espectador.

El otro gran aliciente del relato son sus personajes, sobre todo los protagonistas. El carácter algo patético del quinteto, motivado hasta bien avanzado el metraje por sus propios intereses, no solo no es algo que se suela ver en una cinta de superhéroes, sino que provoca algunos de los momentos más divertidos e interesantes. Es cierto que el guión adolece en determinados momentos de una comicidad infantil y algo innecesaria, pero en líneas generales el choque de caracteres provoca situaciones de lo más curiosas. Posiblemente el mejor personaje de todos sea Rocket, el mapache al que da voz Bradley Cooper (El lado bueno de las cosas), aunque es difícil no sonreír con la ternura de Groot, cuyas pocas frases las dice Vin Diesel (Fast & Furious 5). Son ellos los que más vida dan a los protagonistas, aunque sería injusto no encontrar igualmente atractivos los trasfondos emocionales de los cinco personajes.

Así, Guardianes de la galaxia se convierte en una de las mejores propuestas veraniegas de este 2014. Una película divertida, entretenida y con un toque retro que la hace mucho más auténtica de lo que podría esperarse. Es cierto que su guión tiene ciertas concesiones innecesarias, pero en líneas generales su desarrollo es impecable. Apenas da descanso, y cuando lo hace es solo para ahondar en el pasado de unos personajes canallas y motivados por sus propios intereses. Su espectacularidad, a pesar de la falta de destreza de Gunn en algunos momentos, está fuera de toda duda. Y su conexión con el resto del mundo cinematográfico de Marvel es indispensable gracias a la presencia de una gema del infinito y a diversos personajes llamados a influir en otras sagas cinematográficas. La aventura está servida.

Nota: 7,5/10

‘El gran Gatsby’: la luz verde al final del túnel


Leonardo DiCaprio, Carey Mulligan, Tobey Maguire y Joel Edgerton en 'El gran Gatsby', de Baz Luhrman.Puede que muchos se rasguen las vestiduras con esta nueva versión de la obra de F. Scott Fitzgerald realizada por Baz Luhrman (Australia). Se hablará de su innegable despliegue visual. Se hablará también de la moderna música elegida para acompañar una historia de los dorados años 20 en Nueva York. Incluso se dirá que no es fiel al espíritu de la novela. Bueno, tal vez lo que cabría preguntarse es: ¿realmente es Baz Luhrman un director al uso? ¿Acaso su Romeo y Julieta de William Shakespeare (1996) se mantenía fiel al texto teatral? Es con esa idea en mente con la que hay que acudir a ver este El gran Gatsby.

Y precisamente con esa idea es con la que se puede separar el grano de la paja en esta historia de pasados ocultos, de excesos sociales y, en el fondo, de amor maldito. No cabe duda de que la forma, la carcasa que envuelve la trama es apabullante. El ambiente de derroche, lujo y fiestas que define el mundo del misterioso Gatsby (un maravilloso Leonardo DiCaprio que definitivamente ha alcanzado ese punto en el que da igual lo que haga, siempre estará soberbio) queda definido desde el primer momento a través de los ojos del narrador/protagonista. Curiosamente, la elección musical de Luhrman, lejos de resultar incompatible, termina por aportar el necesario punto de modernidad a una sociedad en auge y a las impresiones que recibe un joven de provincias que llega a la gran ciudad. Una apuesta arriesgada pero acertada.

Ahora bien, el director peca de nuevo en su talón de Aquiles más importante: el manejo de los tiempos. La historia centra tantos esfuerzos en introducir al espectador en el brillante espectáculo visual que tarda demasiado en ponerse seria y desarrollarse como es debido. De hecho, las pinceladas que va dando durante su primera mitad son tan evidentes que uno termina por sospechar que algo extraño ocurre con excesiva antelación, de ahí que cuando todo empieza a tomar forma la película se vuelve algo previsible. Eso no evita, sin embargo, que el desarrollo dramático en sí no tenga las suficientes dosis de tragedia, romance y tristeza, lo que termina dando a este luminoso túnel un punto de esperanza, un poco en similitud a esa característica esperanza de Gatsby al mirar cada noche la parpadeante luz verde.

Decir que El gran Gatsby, versión Luhrman, es una buena película tal vez sea excesivo. Es un entretenimiento muy bien realizado y con un reparto excepcional en el que ninguno de los actores desentona, con especial mención a Tobey Maguire (Pleasantville) y Joel Edgerton (El rey Arturo). Sin embargo, no trasciende más allá. Su duración de dos horas y media juega en su contra en gran medida por la falta de equilibrio narrativo entre la opulencia visual del conjunto y el intimismo dramático de la relación de amor imposible. Curiosamente, ambos elementos son vasos comunicantes, pues cuando uno se hace fuerte el otro se debilita. En el fondo, todos los elementos están ahí, pero se echa en falta un buen nexo de unión entre ellos.

Nota: 6,5/10

El subgénero zombi da un salto cualitativo: Trailer de ‘World War Z’


La evolución que han sufrido los grandes monstruos del cine y la literatura daría (y de hecho ya ha producido) para más de un denso libro. Pero mientras los vampiros, los hombres lobo e incluso las momias se han encaminado en general hacia un concepto más aventurero o, si se prefiere, menos terrorífico, el mundo de los zombis se ha mantenido fiel a un concepto mucho más sangriento y visceral. Siempre hay excepciones, como es el próximo estreno de Warm Bodies, en la que un muerto viviente se enamora de una humana y empieza a volverse humano. Con todo, el subgénero zombi ha dado un paso adelante, un salto cualitativo en su concepto de acción, terror y violencia, y este llega con la adaptación de una novela, World War Z, que cuenta nada más y nada menos que con Brad Pitt (Troya) como protagonista, y de la cual podéis ver el trailer al final del artículo.

Hace unos días comentábamos en Toma Dos que Amanecer de los muertos (2004), de Zack Snyder, ofrecía algo más que la simple amenaza de un grupo de muertos vivientes cuyo único objetivo es comer carne humana. Para ello, el director contó con una serie de actores poco dados a este tipo de films considerados tradicionalmente de serie B. Pues bien, la superproducción de Pitt (además de protagonista es productor a través de su compañía, Plan B) utiliza el mismo concepto para dotar de una mayor carga dramática a su historia, centrada en un empleado de las Naciones Unidas que debe recorrer el mundo en busca de una solución a una pandemia mundial de muertos vivientes ante la que los ejércitos y gobiernos nada pueden hacer, y mientras debe proteger a su mujer y sus dos hijas de los constantes ataques del ejército de zombis. En este sentido, cabe señalar que el resto del reparto está integrado por actores como Mireille Enos (la protagonista de The Killing), Eric West (The marriage counselor), Matthew Fox (En el punto de mira) o David Morse (Contact).

Con todo, la cinta apuesta por un estilo absolutamente espectacular en el que la acción prima por encima del resto de elementos (al menos a raíz de lo visto en estas primeras imágenes en movimiento). Grandes planos generales de ciudades en ruinas, inmensos ejércitos de zombis que parecen moverse como si de una plaga se tratara, y huidas desenfrenadas de situaciones peligrosas parecen ser los ingredientes de esta versión de la historia de Max Brooks que adapta Damon Lindelof (uno de los creadores de Perdidos) y dirige Mac Foster (007: Quantum of Solace), algo que ya se deja ver en el sorprendente trailer.

Y es que este director alemán, que hasta hace bien poco no destacaba precisamente por sus cintas de acción, hizo un muy buen trabajo con su particular visión de James Bond, ofreciendo un espectáculo visual y un dinamismo narrativo como pocos en la saga del agente secreto. Dichos elementos ya se dejan intuir en estos primeros minutos gracias, sobre todo, al buen diseño del ejército zombi comportándose de forma impulsiva y creando esa sobrecogedora imagen de la pirámide humana que crece sin control para intentar superar un alto muro. Un entretenimiento en estado puro que llegará a las pantallas el 21 de julio del 2013 en Estados Unidos y el 2 de agosto del mismo año en España.

A continuación tenéis el trailer de World War Z y justo debajo el de Warm Bodies.

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