‘Crepúsculo’, el inicio del amor adolescente y el final del vampiro


Kristen Stewart y Robert Pattinson en 'Crepúsculo'.El personaje del vampiro es y ha sido siempre un icono del romanticismo, desde que Bram Stoker escribiera Drácula. Por supuesto, a lo largo de las décadas ha evolucionado, eliminando algunos estereotipos y perdiendo, en determinadas ocasiones, ese carácter romántico y maldito. Pero de todas las aproximaciones a este icono de la cultura puede que la más extraña sea la de Stephenie Meyer, autora de la saga Crepúsculo en cuyo primer volumen se basa, precisamente, Crepúsculo (2008). Si por algo será recordada la película es por iniciar una moda de cine juvenil que ofrece no solo unos estereotipos algo anticuados sobre las relaciones amorosas y sexuales, sino por destruir por completo la imagen de las criaturas fantásticas que han poblado la imaginación del ser humano desde joven.

En el caso de esta película, los vampiros dejan de ser esas criaturas temibles y a la vez fascinantes para convertirse en una especie de familia que evita por todos los medios destacar sobre el resto. Hasta que la protagonista se fija y se obsesiona con uno de ellos. Es entonces cuando el espectador/lector descubre que, si bien es cierto que se alimentan de sangre, no poseen colmillos, y tienen una fuerza y una velocidad sobrehumanas, amén de una piel que brilla como el diamante cuando se expone al sol (de ahí que lo eviten, si es que tiene eso algún sentido). El film, en sí mismo, no deja de ser una historia de amor imposible en la que las diferencias quedan apartadas por un sentimiento que finalmente rompe todas las barreras posibles.

Similar en el fondo a lo que ocurre en Hermosas criaturas, esta primera entrega dirigida con excesiva parsimonia por Catherine Hardwicke (Los amos de Dogtown) peca de numerosos errores en guión, dirección y, sobre todo, reparto. Si bien la historia en general es aceptable, pues toma no pocos elementos de otras tramas anteriores, el hecho de que el concepto que prime por encima de todo sea el amor incondicional termina por desmembrar cualquier atisbo de coherencia. A lo largo del relato no existen verdaderos conflictos más allá de las amenazas externas que parecen perseguir a la protagonista. En ningún momento existen dudas personales o verdaderos cambios de orientación en la línea argumental, creando un relato plano, por momentos aburrido en su reiteración de los problemas amorosos de dos jóvenes.

Pero a esto se suma, por desgracia, la débil visión de la directora, cuya puesta en imágenes, con un montaje excesivamente encorsetado y una estética visual tan gris como su planificación, pone el foco en los fallos y oculta los pocos aciertos que tiene el film. Claro que el principal problema es que esos fallos residen en la elección del elenco principal, Kristen Stewart (Jumper) y Robert Pattinson (Little ashes). La primera todavía tiene que demostrar al gran público, y no solo a los fans, que es actriz, pues su inexpresividad alcanza cotas pocas veces vistas en una pantalla de cine; el segundo, simplemente, resulta sobreactuado en su papel de galán atormentado, algo sin duda provocado por la falta de trabajo por parte de Hardwicke.

Un mensaje ultraconservador

Aunque lo más llamativo del film es el subtexto que emana de todos y cada uno de los diálogos. No es ningún misterio que Meyer, autora de todo este mundo, es mormona, lo que se traduce en un conservadurismo y puritanismo extremo. Trasladado al mundo vampírico de Crepúsculo obtenemos a unos seres irracionales cuya sed de sangre ante un ser humano que les atrae pocas o ninguna vez puede ser controlada… salvo si hay amor de por medio. Son, por así decirlo, unos seres atractivos por su belleza pero que esconden una bestia en su interior capaz de acabar con la vida. Y qué curioso que sea el protagonista masculino el que cargue sobre sus espaldas con este rol.

Por contra, la joven protagonista se muestra sumisa y, lo más preocupante, deseosa de adentrarse en ese mundo tan intrigante como peligroso. Es él el que lleva la batuta en la relación, marcando los tiempos de todos los aspectos, incluso de la relación sexual, reservada hasta después del matrimonio por miedo a no poder controlar su propia fuerza. Unos conceptos, en fin, que sitúan a la mujer varios años por detrás del hombre y desdibujan a una criatura como el vampiro que queda relegada, en esta ocasión, a mero espejo de lo que se considera al hombre y el peligro que representa para la mujer.

Crepúsculo posee demasiados elementos en su contra como para ser considerada una buena película. Esto no implica, por supuesto, que no atraiga a una legión de seguidores. Sin embargo, el trabajo técnico y artístico es flojo, principalmente por una falta de liderazgo lo suficientemente sólido como para saber que una novela no puede ser llevada de forma literal a una pantalla de cine. Al menos, la mayor parte de las veces. El texto audiovisual es muy diferente al literario, y mientras que en una novela se hacen determinadas concesiones, una película no puede dar vueltas siempre sobre un mismo concepto sin avanzar a través de la resolución de verdaderos conflictos.

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Los Goya 2013 se empachan de ‘Blancanieves’ en medio de la crítica política


J. A. Bayona entrega su premio a María Belón en la gala de los Goya 2013.La edición de los Goya de este 2013 será recordada por su marcada crítica política y social hacia las decisiones que el Gobierno de España está tomando, no solo en el ámbito cultural sino en el sanitario y en el educativo, amén de los escándalos económicos y financieros que diariamente salpican las portadas de los periódicos nacionales y regionales. Pero este es el aspecto menos cinematográfico de la gala, y no es este lugar para analizarlo. Tampoco lo es, aprovechando la ocasión, comentar la sonada metedura de pata en la entrega del premio a la Mejor Canción Original, aunque será inevitable que se cuele en el análisis de los ganadores… o mejor dicho, de la ganadora. Porque como todo el mundo se imaginaba, la adaptación del cuento de Blancanieves realizado por Pablo Berger (Torremolinos 73) fue la gran triunfadora con 10 estatuillas, dejando a sus competidoras, dicho vulgarmente, en la cuneta. Aun así, hubo hueco para la justicia cinematográfica.

Como en todo, habrá quien defienda todos y cada uno de los premios entregados, pero desde Toma Dos no se comparte dicha opinión. Ya comentamos aquí que entre los finalistas a esta 27 edición de los Goya había muchos y muy importantes ausentes, y ya entonces todo apuntaba a que la película en blanco y negro y muda (en el sentido de haberle quitado sonido, no en el sentido clásico que todo el mundo tiene en la cabeza) iba literalmente a arrasar. En dicha entrada de este blog comentamos que daba la sensación de querer ser mejores que nadie con dichos premios, y lo cierto es que tanto la entrega de estatuillas como el devenir de la gala vinieron a confirmar, al menos en parte, dicha teoría. No va a ser aquí donde se diga que Blancanieves es una mala película, ni mucho menos. El esfuerzo creativo y narrativo del film es encomiable, y tal vez por eso el de Mejor Película sea uno de los galardones más justos, aunque personalmente creo que Lo imposible debería haber sido la que hubiera arrasado.

¿Realmente se merecía 10 premios Goya? Para responder a la pregunta sería conveniente hacer memoria respecto a la gala del año pasado, cuando la calidad de los films era comparativamente similar entre los nominados (puede que sea mejor cosecha la del 2011) a la competencia de esta 27 edición. Y si nos fijamos, los premios estuvieron mucho más repartidos que en la noche del pasado 17 de febrero. La propuesta en blanco y negro, con el riesgo que supone y la valentía que demuestra a lo largo de su metraje, no es mejor que la película de J. A. Bayona (El orfanato) en la mayoría de los aspectos. No posee mejor fotografía, mejor música o mejor maquillaje. Y si nos fijamos en las categorías con más peso, desde luego que no posee un mejor guión original. Uno está mejor estructurado (Blancanieves), pero el otro sabe sacar el máximo partido de las emociones que maneja (Lo imposible).

Antes mencionaba justicia cinematográfica y la intención de querer ser más que los demás. Me explico. Normalmente las categorías de Mejor Película y Mejor Dirección vienen a representar dos caras de una misma moneda. Lo lógico suele ser que ambos premios pertenezcan a una sola película, pero cuando se da la casualidad de pertenecer a diferentes films suele ser para equilibrar un poco la balanza. En el caso de los Goya ha sido todo un alarde de reconocimiento cinematográfico. Sin restar mérito a Berger, lo que ha logrado Bayona al recrear el tsunami y, sobre todo, lo que representa la película, es insuperable, y así se vivió en uno de los momentos más emotivos de la gala. Que el galardón hubiese recaído en otras manos no sería sino una confirmación de que en este país no se vota por calidad, sino por simpatía.

Un error injustificable

Pero este, junto con algún otro premio, fue un pequeño oasis en un desierto en blanco y negro que trataba por todos los medios de demostrar que en España también se valoran las propuestas diferentes e “innovadoras”. Incluso más que en otros países. Por supuesto, estamos hablando de Estados Unidos y The artist. Sinceramente, creo que el mundo audiovisual y del espectáculo español es capaz de realizar proyectos interesantes y diferentes sin necesidad de mirarse en el hermano mayor que parece ser Hollywood. Tratar de seguir su estela haciendo que actores que apenas tienen una dicción clara se pongan a cantar y bailar roza el ridículo, por mucho que las intenciones sean buenas. Por no hablar de los pequeños vídeos humorísticos que amenizaban la gala y que, por desgracia, hacían poca referencia al cine y demasiada a la política.

Volviendo a los premiados, es de justicia reconocer algunos de los premios más técnicos como el de Dirección de Producción para Lo imposible o el Diseño de Vestuario para Blancanieves. Con todo, y aunque Grupo 7 se llevó un par de premios, se echa en falta algo más de reconocimiento a los otros candidatos. Ya lo decíamos más arriba: la gala del cine español de este 2013 se ha llenado demasiado de orgullo, y como suele ocurrirle ha premiado hasta la saciedad a una película que, si nos fijamos en los Oscar como parece que se hace cada vez más en la organización, ni siquiera ha pasado la primera criba como Mejor Película de Habla no Inglesa. Por cierto, que hablando de películas extranjeras no hay que olvidar el premio para Intocable, el gran estreno europeo del 2012.

El otro gran triunfador de la noche fue Tadeo Jones. La cinta de animación de Enrique Gato, creador del personaje, se hizo con las estatuillas más importantes a las que optaba, evidenciando una apuesta por este formato que, esperemos, no se limite simplemente a este tipo de propuestas, sino que apoyen la animación hecha por ordenador en toda su extensión. Y un pequeño apunte sobre uno de los premios más extraños de la ceremonia. Candela Peña, que como ella misma afirmó en su duro discurso hacía tres años que no trabajaba, se llevó el premio a la Mejor Actriz Secundaria por Una pistola en cada mano. Como en el resto de premiados, su trabajo es digno de reconocimiento, pero no lo es menos el de sus compañeras (y compañeros, todos ellos olvidados) de reparto y, por supuesto, el de las otras finalistas, pues si había una que se lo mereciera esa era Ángela Molina por Blancanieves. La labor de la veterana actriz es de lo mejor del film en el terreno de la actuación junto con la labor de Maribel Verdú (Los girasoles ciegos), premiada con un merecidísimo Goya a la Mejor Actriz.

No podemos terminar este comentario sobre los ganadores sin hacer referencia al error de los ya famosos sobres (y no, no son los que afectan al Partido Popular). Y lo hacemos en cuanto afecta también a Blancanieves. Algo como lo ocurrido con Adriana Ugarte (Lo mejor de Eva) es injustificable e incalificable. No tanto por el error cometido en sí, que también, sino por la falta de reflejos para solucionarlo rápidamente. Puede que fuera por los nervios del momento, pero una actriz que ensaya la gala con anterioridad no puede permitirse algo semejante. Ni ella, ni la organización. Lo que todo el mundo pensaba que iba a ser un premio para Los niños salvajes terminó en las manos de, como no, la gran triunfadora de la noche. Un error que, sin que tenga nada que ver, vino a confirmar una sensación que se adueñaba de la velada a medida que pasaban los minutos: que todo parecía pactado para que la película de Pablo Berger se saliera de las previsiones.

Si bien la gala fue dinámica y sin demasiados contratiempos, salvo el ya mencionado, el resultado final no fue tan bueno, al menos en las primeras impresiones, como el de hace un año. Pero además, se volvió a esa idea de entregar todos los premios a una sola película, algo demasiado común en nuestro cine, denostando a las competidoras y, sobre todo, generando una importante injusticia por cuanto había otras películas que, en muchos sentidos, eran bastante mejores. Que Lo imposible solo haya sido reconocida por su apartado técnico es algo que todavía no atisbo a comprender. Sea como sea, ahora toca esperar a los estrenos de este 2013 y comprobar si, como espero que ocurra, se recupere la senda de repartir los premios si realmente se merece, y no volver a épocas anteriores donde un film acaparaba todos los focos. A continuación encontraréis todos los ganadores de los Goya 2013.

Mejor Película: Blancanieves.

Mejor Dirección: Juan Antonio Bayona, por Lo imposible.

Mejor Dirección Novel: Enrique Gato, por Las aventuras de Tadeo Jones.

Mejor Guión Original: Pablo Berger, por Blancanieves.

Mejor Guion Adaptado: Gorka Magallón, Ignacio del Moral, Javier Barreira, Jordi Gasull y Neil Landau, por Las aventuras de Tadeo Jones.

Mejor Música Original: Alfonso de Vilallonga, por Blancanieves.

Mejor Canción Original: “No te puedo encontrar”, por Blancanieves de Juan Gómez “Chicuelo” y Pablo Berger.

Mejor Interpretación Masculina Protagonista: José Sacristán, por El muerto y ser feliz.

Mejor Interpretación Femenina Protagonista: Maribel Verdú, por Blancanieves.

Mejor Interpretación Masculina de Reparto: Julián Villagrán, por Grupo 7.

Mejor Interpretación Femenina de Reparto: Candela Peña, por Una pistola en cada mano.

Mejor Actor Revelación: Joaquín Núñez, por Grupo 7.

Mejor Actriz Revelación: Macarena García, por Blancanieves.

Mejor Dirección de Producción: Sandra Hermida Muñiz, por Lo imposible.

Mejor Dirección de Fotografía: Kiko de la Rica, por Blancanieves.

Mejor Montaje: Bernat Vilaplana y Elena Ruiz, por Lo imposible.

Mejor Dirección Artística: Alain Bainée, por Blancanieves.

Mejor Diseño de Vestuario: Paco Delgado, por Blancanieves.

Mejor Maquillaje y/o Peluquería: Sylvie Imbert y Fermín Galán, por Blancanieves.

Mejor Sonido: Peter Glossop, Marc Orts y Oriol Tarragó, por Lo imposible.

Mejores Efectos Especiales: Pau Costa y Félix Bergés, por Lo imposible.

Mejor Película de Animación: Las aventuras de Tadeo Jones.

Mejor Película Documental: Hijos de las nubes, la última colonia, de Javier Bardem, Álvaro Longoria y Lilly Hartley.

Mejor Película Iberoamericana: Juan de los muertos, de Alejandro Brugués (Cuba, España).

Mejor Película Europea: Intocable, de Eric Toledano y Olivier Nakache (Francia).

Mejor Cortometraje Documental: A story for the Modlins (Una historia para los Modlin), de Sergio Oksman.

Mejor Cortometraje de Ficción: Aquel no era yo, de Esteban Crespo García.

Mejor Cortometraje de Animación: El vendedor de humo, de Jaime Maestro.

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