‘Star Wars: El ascenso de Skywalker’: un final dominado por el miedo


Algo ha cambiado en la saga ‘Star Wars’. En 42 años es normal que la forma de hacer cine, los efectos especiales y las historias evolucionen. Pero no se trata de eso. No sé si será, como muchos defienden, por la influencia de Disney y sus parámetros morales y éticos. En cualquier caso, esta tercera y última entrega de la, a su vez, última trilogía del arco argumental de Skywalker, tiene todo lo bueno y todo lo malo de una historia que ya forma parte de la cultura popular.

Y puede que esto sea lo más perjudicial para Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker. La cinta bebe constantemente de las referencias y el universo cinematográfico que ha dejado durante estas décadas George Lucas. Prácticamente cada plano, cada secuencia, cada diálogo, hace referencia a diferentes momentos de la saga, por no hablar de la presencia de personajes inolvidables. En cierto modo, la cinta dirigida por J.J. Abrams (Super 8), con su habitual habilidad narrativa pero sin la emoción que sí tuvo en el Episodio VII, es un viaje a la nostalgia, un recorrido por todo aquello que hace de Star Wars algo único. El viaje de la protagonista en busca de sus orígenes al tiempo que aprende los secretos de los jedi posiblemente sea lo mejor de la cinta, amén de unas batallas tan espectaculares como bellamente ejecutadas.

El problema de la película llega en su tercio final, y es ahí donde más se nota la mano Disney. Si el desarrollo de la historia, con ciertos altibajos, en líneas generales contiene los suficientes elementos para resultar atractivo (la lucha de la protagonista contra su lado oscuro, los orígenes secretos, el enfrentamiento con su antagonista en los restos de la Estrella de la Muerte, …), la resolución del arco dramático es sencillamente nefasta. Dejando a un lado la justificación que trae de vuelta al Emperador Palpatine, el tercer acto del film tiene más puntos de giro que el la resolución de Romeo y Julieta, con el problema añadido de introducir en este mundo de fantasía un exceso de milagros y poderes. Tanto giro argumental, tanto final en falso, provoca una sensación de conclusión forzada, obligando a los personajes a unas decisiones y actuaciones que simplemente no son creíbles. Eso por no hablar de los cambios en algunos personajes secundarios de toda la saga y de un beso final que… pues eso, mejor no hablar de ello.

Y es una pena, porque la película, en líneas generales, contiene los suficientes elementos como para haber sido, al menos, una notable entrega de la saga. Pero al igual que a los personajes, a sus responsables parece dominarles el miedo. La mano de Abrams se nota en prácticamente cada aspecto. Sus constantes referencias a momentos del pasado, cierto toque de humor, un lenguaje audiovisual dinámico que hace avanzar la acción sin descanso. Todo ello se aprecia y se disfruta. Pero la película no sabe como terminar, y lo que es peor, lo hace con unas concesiones que poco o nada tienen que ver con la tradicional saga galáctica, haciendo un flaco favor a lo que se había construido hasta ahora. De haber sido más directa y más sincera, de haber tenido menos miedo, posiblemente estaríamos ante una película a la altura de las anteriores.

Sin embargo, lo que nos encontramos es una amalgama de décadas de cine. En Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker hay oscuridad, hay lucha de la heroína contra su dolor y su ira, hay grandes batallas espaciales, hay aventura, incluso se demuestra que del lado oscuro de la fuerza también se puede salir. Todos ellos, además de detalles como el control mental o las voces de personajes pasados, están muy presentes en la cinta de Abrams. Pero a medida que se acerca a su final se pierde en su propio homenaje, incapaz de encontrar una salida digna que, con todo, se maquilla con ese final que explica definitivamente el título de la película. Se puede decir que pierde parte de la esencia de este universo cinematográfico y parte de la magia con la que han crecido generaciones. Puede mejorarse, desde luego, pero eso no quiere decir que no se pueda disfrutar.

Nota: 6,5/10

‘Star Wars’ finaliza trilogía enfrentándose al ‘Escuadrón de la muerte’


Y llegó el día. Este jueves 19 de diciembre llega a los cines españoles la última entrega de la última trilogía (hasta que llegue la siguiente, claro) de la saga cinematográfica más famosa del planeta, de la galaxia… y de todas las galaxias. No lo hace sola, aunque sin duda ninguno de los otros estrenos pretende competir con el que es el estreno más esperado del año, al menos para los fans más acérrimos de la saga.

En efecto, Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker cierra toda una etapa en el universo galáctico creado por George Lucas. Esta novena entrega los protagonistas deberán liderar a los supervivientes de la Resistencia contra la Primera Orden al tiempo que la joven jedi se enfrenta a una nueva amenaza mientras desarrolla sus poderes. J.J. Abrams vuelve a ponerse tras las cámaras después de dirigir Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza, contando en el reparto con nuevos y veteranos protagonistas de la saga como Daisy Ridley (Asesinato en el Orient Express), Adam Driver (Infiltrado en el KKKlan), John Boyega (Pacific Rim: Insurrección), Oscar Isaac (Como la vida misma), Lupita Nyong’o (Black Panther), Domhnall Gleeson (Peter Rabbit), Kelly Marie Tran (serie Sorry for your lost), Billie Lourd (Súper empollonas), Mark Hamill (Con Man), Ian McDiarmid (Z, la ciudad perdida), Keri Russell (serie The Americans) y Billy Dee Williams (The man in 3B), además de utilizar material grabado por Carrie Fisher antes de su fallecimiento en 2016.

Estados Unidos también produce, junto a España en este caso, el thriller dramático Escuadrón de la muerte, cuya historia se basa en el documental homónimo de 2014. El protagonista es un soldado del ejército estadounidense que es testigo de crímenes de guerra a manos de su escuadrón en Afganistán. El joven decidirá exponer los asesinatos y los actos corruptos con la ayuda de su padre, pero esa decisión le pondrá en una situación en la que empezará a temer por su vida. Dan Krauss, director del documental en el que se basa, escribe y dirige el que es su primer largometraje de ficción, contando entre los principales actores con Alexander Skarsgård (La leyenda de Tarzán), Nat Wolff (De vuelta a casa), Adam Long (Dunkerque), Jonathan Whitesell (Malos tiempos en El Royale), Brian Marc (White girl) y Osy Ikhile (La casa de Jack).

Entre los estrenos puramente europeos destaca Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho… ahora?, secuela de la comedia francesa estrenada en 2014. La trama vuelve a tener como protagonista al matrimonio cuyas hijas se han casado con un musulmán, un judío, un chino y un africano. En esta ocasión se enfrentan a una nueva crisis cuando sus cuatro yernos están decididos a abandonar Francia con sus esposas e hijos para probar fortuna en el extranjero, por lo que harán todo lo posible para retenerlos. Dirigida, al igual que el original, por Philippe de Chauveron (Con los brazos abiertos), la película está protagonizada por Christian Clavier (Un verano en Ibiza), Chantal Lauby (La wedding planner), Ary Abittan (Je vais mieux), Medi Sadoun (Baby phone), Frédéric Chau (Dealer), Noom Diawara (Le baltringue), Frédérique Bel (Sales gosses) y Julia Piaton (Los gustos y los colores).

La única producción española en solitario es Sin techo, drama que narra la vida de un hombre que malvive en la calle vendiendo dibujos a turistas. Un día decide abandonar su rutina de alcohol y violencia en ls calles de Barcelona y emprender un viaje sobrehumanos hacia un destino que solo él parece conocer. Escrita y dirigida a cuatro manos por Xesc Cabot y Pep Garrido, con la que ambos debutan en el largometraje de ficción, la película tiene como protagonistas a Enric Molina, José María Blanco (Sígueme), Laia Manzanares (El reino), Christian Márquez y Teresa Vallicrosa (Jóvenes).

Terminamos con la producción rusa Una gran mujer, drama bélico dirigido por Kantemir Balagov (Demasiado cerca), quien también participa en el guión de esta historia ambientada en Leningrado en 1945. Las protagonistas son dos mujeres que lucharán por reconstruir sus vidas en una ciudad en ruinas tras la II Guerra Mundial. Viktoria Miroshnichenko, Vasilisa Perelygina, Konstantin Balakirev (Territoriya) y Andrey Bykov encabezan el reparto.

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