‘Person of interest’, final lógico y a la altura para una gran serie


La quinta temporada de 'Person of interest' presenta la lucha definitiva entre inteligencias artificiales.La profusión de series y el nuevo fenómeno que han generado han puesto de manifiesto algo que muchas veces puede pasar desapercibido: es muy difícil lograr que una producción aguante en un mismo nivel dramático, artístico y narrativo durante toda su existencia. Muchas veces es culpa de los productores, que quieren alargar más de lo debido una historia; otras veces es simplemente que la idea, aunque sea buena, tiene difícil recorrido. Por eso ficciones como Person of interest deberían ser analizadas y apreciadas como algo no solo fresco y diferente en un mundo televisivo dominado por policías, médicos y abogados, sino como algo diferente por la coherencia y la capacidad de evolución que tienen. Su quinta y última temporada es testimonio de ello.

Los últimos 13 episodios de la serie, con una temporada notablemente más corta que las anteriores, tienen el inconfundible sello de Jonathan Nolan (Memento), y quienes sigan la filmografía de su hermano Christopher (Interstellar) saben a qué me refiero. A pesar de la evidente sensación de final de ciclo que tienen estos capítulos, el desarrollo dramático de la historia sigue siendo la prioridad, tal vez más acelerado de lo debido pero en cualquier caso contundente y descarnado, presentando ante el espectador una guerra entre el bien y el mal en un sentido casi literal. Y como en toda guerra, hay víctimas. Quizá sea esto lo más destacable de esta última etapa, pues la serie no permite sentimentalismos de ningún tipo, haciendo honor a lo acontecido en temporadas anteriores.

No solo eso. La quinta temporada de Person of interest es todo un ejemplo de cómo debe finalizarse una trama, o mejor dicho de cómo hay que afrontar dicho final. Los guionistas, y en general los autores de cualquier historia, tienden a modificar el curso natural de los acontecimientos para evitar que sus personajes, a los que inevitablemente se coge cariño, afronten grandes e insalvables males. De ahí que la estructura de conflictos crecientes hasta llegar al clímax siempre termine con el héroe victorioso. Sin embargo, Nolan opta aquí por una estrategia diferente, o al menos por una resolución diferente. En efecto, estos últimos capítulos posiblemente sean los más angustiosos de toda la serie, situando a los protagonistas en una espiral de violencia incontrolada en la que siempre están un paso por detrás.

Sin embargo, el final no es feliz, o al menos no todo lo que cabría esperar. No hay lugar para heroicidades sin consecuencias, por lo que el tratamiento apenas deja espacio para la reflexión o para los buenos sentimientos. Tal vez este sea el motivo por el que el personaje interpretado por Jim Caviezel (Plan de escape) da un giro más que notable en su personalidad en esta etapa, algo que no queda del todo explicado y que chirría un poco en algunos momentos. Pero volviendo al tratamiento narrativo, la conclusión de la serie es todo lo que un tercer acto debería ser. Una vez explicada la historia y con un desarrollo previo consolidado, solo queda la resolución, y esta no puede por menos que ser tan espectacular como descarnada.

Una serie para el recuerdo

Los héroes afrontan su último desafío en la quinta temporada de 'Person of interest'.Y vaya si lo es. Si bien es cierto que algunos de los mejores episodios de Person of interest pertenecen a la tercera temporada, esta última etapa deja en el recuerdo algunos de los momentos más importantes de la ficción. Me refiero, por ejemplo, al protagonizado casi en exclusiva por el rol de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza), viviendo un bucle infinito que recuerda poderosamente a otras historias contadas por Nolan. Y por supuesto el final, capaz de aunar en pocos segundos sensaciones tan dispares como angustia, tristeza, orgullo o satisfacción. A riesgo de repetirme, eso solo es posible gracias al desarrollo de todas las temporadas y a una conclusión que, aunque esperada y lógica, es fiel a lo que el espectador ha visto a lo largo de estos 103 episodios.

Precisamente el desarrollo de la serie es lo que más se recuerda durante los episodios y momentos finales de esta quinta etapa. Atrás quedan las sensaciones de estar ante un producto tópico y típico que dejaron los primeros compases de la serie. Sus dubitativos comienzos con una estructura repetitiva y algo similar a otros productos de corte policíaco terminaron convirtiéndose en pasos firmes por una senda más compleja y complicada pero indudablemente más interesante. De los números que emitía la máquina (y que de hecho se han mantenido durante toda la serie como un referente), con poca o ninguna relación entre ellos, se ha pasado a situar la acción en auténticos arcos argumentales en los que la idea inicial se integra en guerras de bandas, policías corruptos y, finalmente, una lucha entre inteligencias artificiales.

El final de la serie, además, contempla una interesante y hasta ahora inexplorada idea que, dada la conclusión de la secuencia con la que se cierra esta magnífica producción, podría llevarse a cabo, aunque habría que ver si con la misma eficacia que hasta ahora. En efecto, limitar el dominio de una máquina al acotado mundo de la ciudad de Nueva York ha permitido a la ficción no desviarse de su objetivo final, pero es evidente que resulta poco creíble en una trama de estas características. De ahí que, aunque sea de forma testimonial, se haya planteado la posibilidad de historias paralelas en otras ciudades. Si a esto sumamos que el testigo es recogido por uno de los protagonistas, el futuro de posibilidades es tan grande que solo la inteligencia artificial protagonista sería capaz de contemplarlas todas.

Pero es adelantarse mucho al presente. Por lo pronto, Person of interest termina con una quinta temporada simplemente notable, tal vez no a la altura de la calidad conseguida en sus momentos más álgidos pero en cualquier caso sí en el mismo nivel que el conjunto de todas las etapas por las que ha pasado el producto. Y eso, en definitiva, convierte a la serie en algo excepcional, en una ficción que, aunque no pertenezca a ese reducido grupo de grandes títulos, sí tiene todo lo necesario para ser una obra de culto. Desde su trama hasta sus personajes, pasando por el tratamiento dramático o por la crudeza y seriedad de muchas de sus propuestas, la obra de Jonathan Nolan confirma no solo que estamos ante algo más que notable, sino que su autor es uno de los creadores más en forma del panorama actual.

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‘Person of interest’ lleva a sus personajes al límite en la 4ª T


Los protagonistas de 'Person of interest' serán puestos a prueba en la cuarta temporada.Es muy interesante lo que está logrando Jonathan Nolan, guionista de Interstellar (2014), con Person of interest. Lo que comenzó siendo un thriller con dosis de ciencia ficción en clave policíaca ha terminado siendo, en su cuarta temporada, una especie de intriga sobre una guerra entre dos inteligencias artificiales en la que los humanos, a medio camino entre meros peones y recursos valiosos, son los soldados. Pero lo interesante no es tanto su evolución, algo que se intuía ya a lo largo de la tercera temporada, como la capacidad de los guionistas para desarrollar en 22 episodios lo que muchos otros solventan, como mucho en media temporada.

Y es que esta última entrega de la serie protagonizada por Jim Caviezel (Plan de escape) y Michael Emerson (serie Perdidos) ha sido capaz de narrar el conflicto entre héroes y villanos sin que exista un resultado satisfactorio. La verdad es que pocos creadores tienen la valentía de situar a sus personajes en situaciones cada vez más complejas y más difíciles emocionalmente hablando. Con una integración de cada trama episódica en la guerra general que se desarrolla en la historia, esta cuarta temporada es un claro reflejo de que no importa quien gana los combates, sino quien gana la guerra. Y es ahí donde los personajes protagonistas se ven desbordados por un contexto más grande y más omnipotente que ellos. En este sentido, el desarrollo dramático de la serie es un constante giro argumental que cierra el círculo sobre un conflicto cuya resolución, lejos de resolver ciertas dudas, plantea nuevos y enigmáticos retos.

Con todo, y a pesar del constante caminar hacia delante de Person of interest, esta cuarta temporada no logra colmar las expectativas creadas por la tercera. No quiere eso decir que sea una mala temporada, más bien confirma que la anterior etapa fue, con diferencia, la mejor que ha ofrecido esta ficción. Tal vez sea por el delicado equilibrio entre la estructura clásica (los números que salen, el crimen que hay que investigar, la víctima a la que proteger) y la nueva (centrada en el conflicto y con un diseño basado en temporadas, no en episodios aislados). Tal vez sea que los giros argumentales no resultan tan relevantes. Personalmente me inclino por lo primero, entre otras cosas porque la temporada, y esto es algo que queda patente en sus últimos episodios, pide a gritos una trama centrada en el conflicto entre las máquinas que tenga un desarrollo más largo.

Pero sea como fuere, lo que está claro es que ha sabido reinventarse a sí misma y, lo más importante, ha abierto toda una interesante línea dramática para la próxima tanda de episodios. Y es que cada vez es más complicado encontrar producciones que sean capaces de cambiar de aires y no mueran en el intento (o no lo hagan mediante el sistema deus ex machina). El cambio de sede de los protagonistas, la incorporación de nuevos personajes, la desaparición de muchos otros y, sobre todo, los efectos que el pasado tiene sobre los personajes son algunas muestras de que Nolan maneja los tiempos dramáticos como pocos guionistas, lo que le ha permitido construir todo un mundo orgánico que evoluciona y en el que las historias pueden finalizar coherentemente. Baste señalar, sin ir más lejos, el modo en que se ha concluido la trama secundaria protagonizada por Enrico Colantoni (Contagio), el capo de la mafia enfrentado a una nueva y amenazadora banda. Su historia, poco integrada en el resto, se estaba convirtiendo en un lastre para el desarrollo a pesar de ser un buen complemento. Su ausencia en los próximos episodios ofrece nuevas posibilidades.

Nuevos enemigo, nuevos formatos

La consolidación de Samaritano como el enemigo a derrotar ha dotado a Person of interest de nuevos aires. Ya se intuía al final de la anterior temporada, y desde luego estos 22 capítulos han demostrado que los protagonistas pueden ser puestos a prueba hasta la extenuación sin llegar a resultar ridículo o repetitivo. En buena medida eso es gracias a que la presencia de un único enemigo y el abandono, hasta cierto punto, del tradicional formato de los números que canta la máquina ha permitido a la serie explorar nuevas formas narrativas, nuevos formatos que enriquezcan el conjunto y generen renovadas expectativas.

Más allá de la inclusión en muchos episodios de pinceladas que permiten hacer avanzar a la trama por el arco dramático general de la historia, lo interesante cabe encontrarlo en la exploración que se hace del pasado de los protagonistas, sobre todo del estoico rol de Caviezel (quien por cierto ha sabido dar a su papel un toque de humor negro hasta ahora desconocido). En este sentido, el capítulo 20 es revelador, tanto por la arquitectura dramática de su guión como por las revelaciones que conlleva, y que revelan casi por primera vez el lado más humano de un personaje que, como se menciona en la serie, parece Superman. Es sin duda uno de los mejores episodios, pero es también una muestra de lo que es capaz de ofrecer la serie más allá de la resolución de los casos policiales o de los crímenes que todavía no se han cometido.

Claro que lo más interesante sigue siendo la evolución de la guerra entre Samaritano y la máquina. El punto de inflexión que supone la desaparición del personaje de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza) podría equipararse a lo que ocurrió en la tercera entrega con el rol de Taraji P. Henson (En qué piensan los hombres), aunque sin el impacto dramático que esta tuvo. Sin embargo, y dado que se enmarca en el conflicto, sus consecuencias son igualmente determinantes, sobre todo con la resolución propuesta por los creadores. Habrá que esperar a la siguiente temporada para comprobar si a todo este desarrollo le sigue una conclusión adecuada. Pero sobre todo, esta guerra ha permitido también resolver algunas de la líneas abiertas en la segunda temporada y que habían logrado mantenerse hasta ahora, como la relación entre la máquina y su creador, o los conflictos entre algunos protagonistas.

Todo esto convierte a la cuarta temporada de Person of interest en una especie de transición hacia un futuro mejor para sus protagonistas. Esto no debe entenderse como una irregularidad en el tono general de la serie, sino más bien como una necesidad ante el gigante dramático que se había creado. Existían demasiadas tramas secundarias, demasiados personajes cuyos arcos dramáticos no habían sido concluidos. Estos episodios han servido para atar varios cabos sueltos, pero también para desarrollar la trama principal y llevarla a un nuevo terreno en el que el combate es decididamente abierto. El dramático final, con los héroes salvando a la máquina entre una lluvia de balas, es el resumen perfecto para una temporada que ha arrinconado a sus propios personajes. Por el bien de la serie, esperemos que su lucha siga en la próxima temporada.

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