‘Da Vinci’s Demons’ se entrega al exceso sin sentido en su última 3ª T.


He de confesar que no tenía intención de finalizar Da Vinci’s Demons. Más allá del carácter fantástico de su propuesta, el desarrollo irregular de sus personajes, la tosca definición de las intrigas palaciegas y la poca coherencia de algunas de sus premisas habían hecho que me replanteara continuar con su historia. Pero la necesidad de completar una serie, sea más o menos acertada, me ha llevado a retomar, varios años después, su tercera y última temporada, emitida en 2015. Y lo cierto es que estos 10 episodios confirman esa idea de estar ante un producto original en su idea pero excesivo en su definición final.

En efecto, la serie creada por David S. Goyer (serie Constantine) se entrega por completo a sus excesos, aprovechando de nuevo los hitos históricos como base para una trama con tintes fantásticos que, sin embargo, no conjuga del todo bien con la realidad de los personajes. Y en esta ocasión el motivo no es otro que la necesidad de poner punto final a todas las tramas secundarias abiertas. Para ello, Goyer recurre a una estructura aglutinadora en la que personajes secundarios que han tenido más o menos peso en la trama se dan cita en un final en el que el bien y el mal se enfrentan, y en el que los integrantes de cada bando, curiosamente, también se encuentran divididos en ambas categorías, aunque unidos por las necesidades. Y si bien la teoría señala que esta es una apuesta acertada, el resultado no termina de ser satisfactorio, y eso es básicamente porque los personajes y sus arcos dramáticos no resultan convincentes.

En otras palabras, el hecho de que Da Vinci utilice su ingenio para ayudar a derrotar a los invasores de Italia sería algo sumamente interesante, amén de las intrigas y las decisiones políticas que nutren Da Vinci’s Demons. Pero que todo eso tenga lugar mientras una orden secreta quiere dominar el mundo, mientras un libro que muestra a cada uno algo diferente es la clave de la victoria, y mientras Drácula hace acto de presencia para ayudar en la lucha, resulta cuanto menos irreal, incluso para una serie de estas características. Si a esto añadimos el extraño periplo que viven algunos secundarios, cuyo devenir resulta ciertamente irregular, lo que surge es un final de serie que, en efecto, cierra por completo la trama, pero que lo hace de forma apresurada, sin abordar en profundidad algunos de los conflictos que se plantean. Más o menos como han sido todas las temporadas.

Con todo, si se aíslan algunas tramas secundarias estas resultan muy interesantes. El desarrollo, por ejemplo, del personaje interpretado por Blake Ritson (Serena) se convierte en un viaje a los infiernos de un rol ya de por sí siniestro. La ambigüedad de sus acciones, las múltiples caras que presenta este antagonista a lo largo de todas las temporadas y las evidentes luces y sombras de sus acciones encuentran en esta última etapa una conclusión ciertamente atractiva (con sus altibajos dramáticos, todo sea dicho). Y eso es gracias a que se ha ido construyendo de forma progresiva, sin incidir demasiado en sus contrastes pero sí lo suficiente como para dotar al personaje, y por extensión a una parte importante de la trama, de una sugerente oscuridad. De nuevo, la importancia de trabajar este arco secundario a lo largo de todas las temporadas es la clave de la calidad dramática.

Secundarios de última hora

A los problemas de concepto y narrativos que Da Vinci’s Demons ha arrastrado desde su primera temporada se suma en esta ocasión una práctica muy extendida en un determinado y muy concreto tipo de series: la incorporación de secundarios de última hora. Su presencia suele tener dos motivos: o bien sirven como catalizador para determinados momentos de la ficción, a modo de Deus ex machina, o bien son el modo de los guionistas de rellenar los huecos dramáticos que no son capaces de resolver de un modo algo más elaborado. En este caso hay un poco de ambos, pero sobre todo del segundo.

Y es que la presencia de Sabrina Bartlett (serie The passing bells) responde un poco a ambas respuestas. Sacarse de la manga un personaje como este ha permitido a esta tercera temporada ahondar en algunos conflictos dramáticos tanto del protagonista como de algunos secundarios, haciéndoles avanzar. Pero al mismo tiempo ha jugado una parte fundamental en la trama al ser una parte de la resolución de la serie. La fusión de ambos conceptos, sin embargo, no hace que su participación en la historia tenga más sentido. En realidad, aunque bien integrado tanto con el resto de personajes como con el argumento en sí, lo cierto es que en todo momento da la sensación de que se ha introducido de un modo forzado. No tanto el personaje en sí, que bien podría haber sido un secundario más de los muchos que se han incorporado en esta tercera temporada (puede que incluso más interesante), sino la relación familiar que la une con el protagonista, algo innecesario a estas alturas de la historia y, sobre todo, cuando no se han tenido en cuenta los hermanos y hermanas que el personaje histórico sí tuvo.

Querer establecer estos vínculos solo evidencia la necesidad de sus creadores de hacer más compleja la trama, y al mismo tiempo tratar de reforzar esa idea de la familia que rodea a Da Vinci, formada por personajes de lo más variopintos. Sea como fuere, lo cierto es que es un arco dramático a todas luces innecesario, que perfectamente podría haber desaparecido y habría tenido el mismo efecto. Y esta es una de las premisas fundamentales a la hora de desarrollar una historia: si no es fundamental para el avance de la acción, ¿para qué incluirlo? Lo cierto es que la pregunta se podría haber hecho en muchos momentos de toda la serie, pero en esta última temporada, ante la necesidad de cerrar todos los arcos narrativos abiertos, adquiere una especial relevancia.

El caso de este personaje no es el único, pero sin duda es el más llamativo. La tercera temporada de Da Vinci’s Demons no solo no endereza el irregular desarrollo previo, sino que parece entregarse por completo a un exceso conceptual sin control aparente. Y esto, aunque en determinados momentos puede entretener, termina por saturar al espectador. Y es una lástima, porque la premisa inicial de la serie era más que prometedora. El problema ha sido, y esto es algo puramente personal, que sus impulsores no han encontrado un buen equilibrio entre los hechos históricos y la fantasía, entre la parte más realista y aquella más fantástica. A cada capítulo que pasaba se entregaba más a la segunda que a la primera, y esta falta de estabilidad es la que ha terminado por convertir en parodia un producto que bien podría haber sido algo diferente.

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‘Musa’: la inspiración fallida del thriller


La opinión generalizada es que el cine actual carece de originalidad, motivo por el cual recurre en parte a las adaptaciones de libros, cómics, series y demás productos culturales. Y aunque puedo compartir hasta cierto punto esta idea, la realidad es que en el resto de la cultura tampoco es que exista mucha originalidad entre la que escoger. Y la nueva película de Jaume Balagueró (Frágiles) viene a ser la prueba de que el cine y la literatura tienden a repetir patrones.

Porque aunque el punto de partida y la trama de Musa pueden ser originales, el tratamiento al final resulta algo manido, excesivamente lineal y con poco espacio para la sorpresa. Su comienzo, sumamente interesante, da paso a un desarrollo dramático algo previsible, con puntos de giro poco sorprendentes y sin querer entrar demasiado en motivaciones de personajes y limitándose a ser una aventura de suspense sencilla y efectiva.

Todo esto no implica que sea una mala película. Es sencillamente una película más, enfocada a ofrecer al espectador un thriller al uso con unas interpretaciones correctas y un mundo, el de la literatura y las musas, con más interés en su significado que en lo que finalmente se relata en el film. Entre todo esto, la mano experta de Balagueró imprime algo de vida a momentos del guión sin demasiado brillo, aprovechando el tratamiento gris de la imagen para ofrecer una perversión, una transgresión del mundo bello y hermoso de la poesía y las musas. En este sentido, el aspecto formal supera con mucho el fondo de la historia.

Dicho esto, Musa es una historia que entretiene, que construye un thriller correcto sobre uno de los mitos más antiguos de la literatura y la poesía. Y lo hace sobre la base literaria de la novela de José Carlos Somoza para terminar superando la historia desde un punto de vista visual. A pesar del ritmo imprimido por Balagueró, el guión adolece de cierto tratamiento de personajes y de giros argumentales diferenciadores, lo que termina convirtiendo a esta cinta en un thriller más. En este caso, la inspiración no parece haber sido la correcta.

Nota: 6/10

Balagueró presenta su ‘Musa’ deseando un ‘Feliz día de tu muerte’


10Se dice que la calma siempre precede a la tormenta. Y eso, llevado a los estrenos que cada viernes llegan a la cartelera española, vendría a ser lo que ocurre hoy, 10 de noviembre, con las novedades. Sin que ninguna de ellas sea un gran estreno, algo que se reserva para la próxima semana, sí son muchos y muy variados los géneros que se dan cita en las salas, destacando el terror, el drama y la comedia humana y social como grandes elementos.

De hecho, terror es lo que propone la única película de Hollywood esta semana, titulada Feliz día de tu muerte. El argumento, tan sencillo como efectivo, gira en torno a una joven que es asesinada por un enmascarado en el día de su cumpleaños. Sin embargo, algo ocurre y la joven despierta de nuevo en ese mismo día, reviviendo una y otra vez su asesinato a manos del misterioso asesino, que oculta su rostro en todo momento con una siniestra máscara. Esto permitirá a la chica tener el tiempo suficiente para averiguar la identidad y los motivos de su verdugo. Dirigida por Christopher Landon (Zombie camp), la cinta está protagonizada por Jessica Rothe (La ciudad de las estrellas – La La Land), Israel Broussard (Ingenua inocencia), Ruby Modine (Memoria), Rachel Matthews y Charles Aitken (The girl on the train).

También pertenece al terror Musa, lo nuevo de Jaume Balagueró (Mientras duermes) que cuenta con capital español, irlandés, francés y belga. La trama, adaptación de la novela de José Carlos Somoza, comienza cuando un profesor de universidad que no ha pisado las aulas desde la trágica muerte de su novia empieza a tener una recurrente pesadilla en la que una joven es asesinada en un extraño ritual. Cuando esa misma mujer aparece muerta en las mismas circunstancias se cuela en la escena del crimen para investigar lo sucedido y buscar respuestas a sus sueños, pero lo que encuentra es a otra mujer que ha tenido las mismas pesadillas. Juntos inician un viaje a un oscuro mundo en busca de la verdad. Elliot Cowan (Da Vinci’s demons), Franka Potente (Valerie), Ana Ularu (serie Emerald City), Manuela Vellés (Lobos sucios), Leonor Watling (Amor en su punto), Joanne Whalley (La medida de la venganza) y Christopher Lloyd (Un golpe con estilo) encabezan el reparto.

España también está presente en La librería, nueva película de Isabel Coixet (Nadie quiere la noche) que cuenta además con capital inglés y alemán. Basada en la novela homónima de Penelope Fitzgerald, la historia se centra en una viuda en un pueblecito costero de Inglaterra que, en los años 50, decide abrir una librería, lo que desencadenará un gran revuelo entre los vecinos. Este drama está protagonizado por Emily Mortimer (Spectral), Patricia Clarkson (serie House of cards), Bill Nighy (Su mejor historia), James Lance (Estranged), Michael Fitzgerald (El reino de los cielos) y Jorge Suquet (Requisitos para ser una persona normal).

Puramente española es Oro, aventura dramática de corte histórico que adapta la obra corta inédita de Arturo Pérez-Reverte inspirada, a su vez, en la expedición de los conquistadores españoles del siglo XVI, Lope de Aguirre y Núñez de Balboa, en busca de ciudades indígenas rebosantes de oro. Agustín Díaz Yanes (Solo quiero caminar) escribe y dirige esta película protagonizada por Raúl Arévalo (Cien años de perdón), José Coronado (El hombre de las mil caras), Bárbara Lennie (Contratiempo), Óscar Jaenada (Infierno azul), Luis Callejo (Tarde para la ira), Juan José Ballesta (Indeleble), Juan Diego (Anochece en la India), Anna Castillo (La Llamada) y Juan Echanove (serie Cuéntame cómo pasó), entre muchos otros.

La comedia tiene su principal representante en Algo muy gordo, cinta española que arranca cuando un guionista de televisión recibe la noticia de que, por un error jurídico, no tiene aprobado Bachillerato, teniendo que repetir octavo de EGB. Su regreso a las aulas y a un mundo que ya había olvidado provocará situaciones de lo más inexplicables. Dirigido por Carlo Padial (Mi loco Erasmus), el film cuenta en su reparto con Berto Romero (El pregón), Carlos Areces (La reina de España), Carolina Bang (El futuro ya no es lo que era) y Javier Botet (La Momia).

También española es Una función para olvidar, drama dirigido por Martín Garrido Ramis (Héroes de cartón) que comienza cuando una excéntrica y madura actriz con una modesta compañía teatral decide ensayar con todo su grupo en un pequeño hotel de la costa. La convivencia de todos los miembros será lugar a una creciente y problemática situación. María Castillo, Fernando Esteso (Re-emigrantes), Xisco Ródenas (Turbulencia zombi), Carmen Hoyos, Beatriz Barón (El hijo bastardo de Dios) y Esteban Balbi (Vino para robar) son los principales actores.

Entre el resto de estrenos europeos destaca The Square, película con capital sueco, alemán, francés y danés que, en clave de comedia dramática, centra su trama en un artista que expone en un museo una obra revolucionaria: una plaza en la que la gente participa e impone sus reglas. Lo que debería ser un acto de civismo que sacara lo mejor del ser humano termina convirtiéndose en el escenario de la hipocresía de la gente. Ruben Östlund (Fuerza mayor) escribe y dirige esta cinta protagonizada por Elisabeth Moss (serie Mad Men), Dominic West (Money Monster), Terry Notary (La guerra del planeta de los simios) y Claes Bang (La niña de la selva).

Reino Unido y Hungría colaboran en La mejor receta, comedia dramática de 2015 cuya trama comienza cuando un veterano panadero judío con un humilde negocio en Londres decide contratar a un joven aprendiz musulmán que le ayude a mantener a flote el negocio. Un día al joven se le cae por accidente marihuana en la masa del pan, lo que provocará un aumento de las ventas. John Goldschmidt (Just one kid) dirige esta cinta entre cuyos intérpretes destacan Jonathan Pryce (Hysteria), Phil Davis (Mr. Holmes), Ian Hart (serie Luck), Pauline Collins (Albert Nobbs) y Malachi Kirby (Gone too far).

El thriller es el género principal de Pasaje de vida, producción hispano argentina de 2015 dirigida por Diego Corsini (Solos en la ciudad) que narra tres momentos en la vida del protagonista de forma paralela. Por un lado, su juventud como militante en compañía de su amada; por otro, su huída a España para salvar su vida; y finalmente, el conflicto con su hijo que desea irse a vivir a otro país. Drama y romance también se dan cita en este film protagonizado por Chino Darín (Muerte en Buenos Aires), Miguel Ángel Solá (El corredor nocturno), Carla Quevedo (20.000 besos), Javier Godino (Los días no vividos), Marco Antonio Caponi (Olvídame) y Silvia Abascal (El amor se mueve).

En lo que a animación se refiere, Japón y Estados Unidos colaboran en Yo-Kai Watch, la película, aventura de 2014 que combina acción y humor y que arranca cuando el protagonista descubre un reloj en el bosque que le lleva a conocer a un fantasma, y que le permitirá ver desde ese momento todo tipo de criaturas sobrenaturales con las que vivirá una gran aventura. La cinta está dirigida a cuatro manos por Shigeharu Takahashi y Shinji Ushiro, habituales directores de la serie de televisión en la que se basa este film que, para ambos, es su debut en el largometraje.

En cuanto al documental, dos son las propuestas. La Chana narra la historia de la bailaora autodidacta Antonia Santiago Amador, figura imprescindible del flamenco en los años sesenta y setenta, cuando sorprendió al mundo con un estilo innovador y veloz. La diva, sin embargo, abandonó los escenarios repentinamente en el cénit de su carrera, y actualmente vive en Cataluña con el recuerdo de lo que un día fue. Lucija Stojevic debuta en el largometraje con esta propuesta.

Finalmente, cine y deporte se unen en Bernabéu, una mirada a la figura del expresidente del Real Madrid, que ocupó el cargo 35 años y que dio nombre al estadio de fútbol, a través de entrevistas a veteranos del club, imágenes y audios. El productor Ignacio Salazar-Simpson debuta como director con este film.

Leonardo hace las Américas en la 2ª T de ‘Da Vinci’s demons’


La segunda temporada de 'Da Vinci's demos' lleva a Leonardo hasta América antes de que Colón la descubriera.Puede parecer sencillo, pero contar una historia es uno de los procesos más arduos creativamente hablando. No se trata únicamente de tener una buena historia (no nos engañemos, están todas contadas); ni siquiera tiene que ver con lo carismáticos o bien desarrollados que estén los personajes. Es, más bien, la forma en que elige contarse dicha aventura, los matices que se le quieren aportar y, sobre todo, el contexto en el que va a ubicarse. La prueba más evidente de que no es un proceso fácil es que los guionistas suelen tener muchos reparos en modificar sus historias por miedo a perderlas. Todo esto tiene que ver con lo acontecido en la segunda temporada de Da Vinci’s demons, serie escrita por David S. Goyer (El hombre de acero) que ahonda más en los dos mundos separados en los que se mueve la trama y, por tanto, en algunos problemas surgidos en los episodios de la primera entrega.

Aunque hay que reconocer una cosa: la historia ha virado notablemente hacia el realismo, lo cual es de agradecer. Los elementos fantásticos que abundaron en la temporada anterior quedan ahora limitados a la presencia de esos misteriosos hijos de Mitra y al ya famoso Libro de las Hojas, matiz que se pierde con la traducción (son hojas de árbol, no de un libro). Pero incluso este aspecto prácticamente desaparece ante un desarrollo de este arco dramático más consciente de sí mismo, menos tendente a la imaginación y con un objetivo algo más claro del que existía en los primeros episodios. El problema es que dicho “realismo” lleva al protagonista, interpretado por un Tom Riley (Happy ever afters) cada vez más cómodo en su personaje, a ese continente desconocido por entonces llamado América. Sus aventuras en esa tierra a la que un personaje conocido como Américo Vespucio (Lee Boardman) dará su nombre años más tarde (aunque en la serie acompaña a Da Vinci en su viaje) resultan interesantes por la evolución que sufren prácticamente todos los roles, desde el propio protagonista hasta el villano interpretado por Blake Ritson (Titus), de nuevo de lo mejor de la ficción.

Claro que todo ello requiere del espectador un salto de fe de dimensiones tan épicas como el viaje que realiza Leonardo a América. Pasando por alto las incongruencias históricas, la serie crece en intensidad dramática en todos los sentidos. A pesar de que los puntos de giro parecen telegrafiarse con minutos de antelación, la trama principal protagonizada por el famoso pintor gana enteros al abandonar, como decimos, ese cariz fantástico que, por ejemplo, le llevó a enfrentarse al mismísimo Drácula en la primera temporada. De este modo, la segunda temporada de Da Vinci’s demons permite al espectador asistir a un espectáculo de aventuras algo más creíble, capaz de crear situaciones de un mayor dramatismo y con algo más de sentido. Sí, es cierto que el hecho de ver a Da Vinci idear máquinas en un templo maya es de lo menos creíble. Pero se antoja más probable que el hecho de que se enfrente a un ser sobrehumano.

En este sentido, esta trama principal, desvinculada por completo de la recreación histórica de los acontecimientos que acaecieron en Italia en esos años (y de la que hablaremos a continuación), se antoja más como un episodio de transición necesario para enfocar el destino de los personajes hacia un lugar totalmente desconocido. Lo cierto es que su desarrollo avanza más bien poco, centrando la atención en crear los vínculos necesarios entre los personajes para que estos evolucionen y den el siguiente paso. La mejor prueba de ello se halla en la amistad entre protagonista y antagonista, en esos minutos finales con los miembros de El Laberinto (la secta enemiga de los Hijos de Mitra) y en la revelación de la identidad de uno de los secundarios más débiles de la primera temporada: Nico, interpretado por Eros Vlahos (La niñera mágica y el big bang), deja de ser un niño para convertirse en un hombre incapaz de tolerar las injusticias sociales o los abusos públicos, iniciando el camino para convertirse en el futuro Nicolás Maquiavelo. Y que nadie trate de encontrarle más sentido que el de introducir otro personaje histórico en la trama.

Una Historia de intrigas

Hay que reconocer que Da Vinci’s demons ha sabido evolucionar esta trama con tintes fantásticos hacia unos derroteros algo más coherentes. Que el protagonista pertenezca a una sociedad secreta que intenta preservar el conocimiento de los hombres de la codicia es algo casi tan viejo como el propio Leonardo, por lo que a priori, y mientras siga teniendo una evolución lógica, sus excesos pueden perdonarse. Al fin y al cabo, si eso no se acepta de poco sirve ver este tipo de ficciones. Pero a pesar de todo, lo que personalmente sigo considerando el verdadero corazón de la serie es el tratamiento histórico de la Italia del Renacimiento. La capacidad de Goyer para combinar la belleza y la cultura con la violencia y el despotismo es espectacular, alcanzando en estos nuevos 10 episodios una calidad notable. Además, la introducción de las conspiraciones fraternales dentro de la propia Iglesia católica no hacen sino acentuar el carácter oscuro de esta otra trama principal que se desarrolla de forma paralela a la de Leonardo y su descubrimiento de América.

Dos tramas que contrastan, y mucho, en todos los sentidos, incluyendo el visual. Formalmente hablando, esta segunda línea de desarrollo dramático es mucho más comedida, con planos más cerrados y un lenguaje algo más tradicional. El uso de las luces y las sombras permite igualmente exponer algunos matices que, por otro lado, se pierden en una definición de personajes algo arquetípica (los villanos son muy, pero que muy villanos). Esto no impide, sin embargo, que su arco tenga algunos momentos interesantes sustentados en un tratamiento bastante más cercano que el que tienen las peripecias del artista, y que se basan fundamentalmente en las intrigas palaciegas, las luchas de poder y la ambición de los gobernantes de las ciudades por controlar a sus vecinos. Lo que se deriva de todo esto (tríos amorosos, torturas, traiciones, …) termina por encajar más en el formato de la serie que el propio Leonardo, exiliado a miles de kilómetros en un intento de separar claramente ambas tramas, mucho más unidas en la temporada anterior.

Así las cosas, esta segunda temporada ha permitido apreciar mucho mejor las virtudes y los defectos de cada una de las tramas y, por tanto, de la serie en general. Es cierto que David S. Goyer ha sabido mejorar algunos de los aspectos, pero en ningún momento la serie abandona un cierto aire absurdo (lo de que Leonardo vea, al borde de la muerte, el cuadro de la Gioconda que pintará años después es incalificable), posiblemente por ese empeño en convertir a Leonardo en un viajero planetario capaz de recorrerse todos los rincones del mundo en pos de una búsqueda que, eso sí, apunta buenas maneras. La división de estos episodios en dos tramas bien diferenciadas ha dotado al conjunto de una dinámica diferente, por momentos novedosa y por momentos tediosa, capaz de atrapar al espectador con las intrigas entre Florencia y Roma y de resultar algo más aburrida en su narración del encuentro de Leonardo con esa suerte de mayas.

En cualquier caso, la unión de las dos vías narrativas en un único episodio bélico al final de la temporada deja a Da Vinci’s demons en una posición privilegiada para integrar, de una vez por todas y con unos pilares mucho más consistentes, todos los elementos de la ficción. Si la serie quiere evolucionar necesita que esas sociedades secretas participen cada vez más de los conflictos entre las ciudades estado, sobre todo ahora que héroe y villano se han posicionado en cada uno de los bandos. La revelación de algunos de los secretos de la primera temporada (el hermano gemelo del Papa, la madre de Leonardo, etc.) no ha hecho sino abrir la puerta a un mundo de posibilidades narrativas que debería llevar a la serie a cotas mucho más altas. Eso sí, que Da Vinci no pierda su genialidad a la hora de crear artefactos.

Diccineario

Cine y palabras

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