‘El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos’, un film para unirlos a todos


Martin Freeman encarna a Bilbo Bolsón por última vez en 'El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos'.Han sido necesarias seis películas, pero parece que finalmente Peter Jackson, autor cinematográfico de las aventuras en la Tierra Media, ha dado carpetazo a su particular visión de los clásicos de aventura fantástica escritos por J.R.R. Tolkien. Seis películas que hace menos de 15 días encontraron su último representante en El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, que viene a ser un broche no solo a una trilogía innecesaria, sino a todo un fenómeno que se inició allá por 2001 con El señor de los anillos: La comunidad del anillo. El resultado, con sus luces y sus sombras, es más correcto que el de sus dos predecesoras, fundamentalmente porque no necesita ocupar metraje con elementos secundarios.

Más adelante analizaré la película en sí, pero antes es conveniente enmarcarla en el contexto en el que debe ser entendida. Y es que no solo no es independiente de las dos anteriores entregas, sino que su valor se enriquece desde el momento en que se considera un nexo de unión entre esta trilogía y la de ‘El señor de los anillos’. En efecto, no solo algunos de sus personajes comparten ambas trilogías (algunos de ellos forzados por las circunstancias, como es el caso de Legolas), sino que el desenlace de las principales historias invita a revisar la trilogía protagonizada por Elijah Wood (Grand Piano) y Viggo Mortensen (La carretera). Independientemente de la fidelidad a la obra original, prácticamente ninguna si tenemos en cuenta que son más de seis horas de metraje para un libro de poco más de 200 páginas, resulta meritorio comprobar cómo las tramas se cierran en un círculo, creando un puente entre las películas que convierte ambas sagas en una única aventura de seis películas.

Pero hay más trasfondo en esta tercera y última entrega. Mucho más. El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos es, en cierto modo, un reflejo a menor escala de El señor de los anillos: El retorno del rey (2003), casi tanto como las dos primeras partes lo fueron unas de otras. En este sentido, ambas sagas discurren de forma paralela con una estructura similar, unas set pieces muy parecidas y un desenlace bélico con varios puntos de unión, sobre todo en lo que a épica y emotividad se refiere. Claro que esto, aunque como idea general es muy loable, no logra la consistencia necesaria si tenemos en cuenta que una (‘El hobbit’) necesita alargarse sin sentido con tramas y personajes secundarios que encajan a duras penas, y la otra (‘El señor de los anillos’) tuvo que ser acortada para poder acomodarla a las tres entregas.

Esto es lo que convierte a una en un clásico y a otra en un paquete de aventuras inocentes a la sombra de su hermana mayor. En cualquier caso, y como proyecto cinematográfico, no es posible reconocer el mérito de unir tantas historias bajo un único techo, con una línea argumental que comienza en El hobbit: Un viaje inesperado (2012) y termina en la ya mencionada ‘El retorno del rey’. Con el anillo como epicentro de todo, ambas trilogías se mueven por terrenos similares, por aventuras con protagonistas y escenarios que son ecos unos de otros, y con enemigos que, en definitiva y a pesar de sus diferentes diseños, son siempre los mismos. Se convierte casi en un reto, por tanto, abordar las seis películas para poder encontrar todos los nexos de unión entre ellas, y comprobar si la intención de Peter Jackson realmente queda patente en los fotogramas.

Una conclusión notable

Prueba de ese reflejo que es la trilogía de ‘El hobbit’ respecto a la de ‘El señor de los anillos’ es que esta tercera entrega es la mejor de todas, más o menos como le venía a ocurrir a ‘El retorno del rey’, aunque sobre esto siempre habrá todas las discusiones posibles. Lo que sí parece evidente es que El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos hace honor a su título. Más de dos horas de combates entre humanos, orcos, elfos, enanos y bestias que apenas dan respiro para un desarrollo dramático notable… claro que tampoco es necesario. Los personajes, presentados en las dos anteriores entregas, muestran ahora su faceta más dinámica, luchando sin descanso entre montañas, las calles de una ciudad o el lecho de un río helado. Todo para evidenciar una técnica digital casi impecable que deja ver su truco en algún que otro momento.

Esto no impide, o al menos no debería, que el espectador disfrute con cada momento, deseando casi que las pocas secuencias de diálogo y pausa se terminen para pasar de nuevo a la acción. Bajo este prisma, esta tercera película se convierte en un derroche de imaginación a la hora de realizar movimientos de combates y muertes épicas, si bien es cierto que carece casi por completo de sorpresa o giros argumentales importantes. Curiosamente, uno de los mejores momentos del film reside en la labor de Richard Armitage (En el ojo de la tormenta) como líder de los enanos, quien sufre una transformación interesante y bien plasmada que dota al conjunto y a su evolución de un trasfondo dramático algo más intenso de lo que se había visto con anterioridad.

Aunque como decía al comienzo, uno de los aspectos más interesantes de esta película es su forma de completar un proyecto que va mucho más allá de su propia dimensión, e incluso de su condición de final de una trilogía. Así, no solo cierra las historias secundarias desarrolladas a lo largo de las dos anteriores películas, sino que sitúa a cada personaje en la senda hacia las aventuras de ‘El señor de los anillos’, reservando un último plano que enlaza con aquella primera película de comienzos de siglo. Todo ello, unido a un desarrollo dramático similar en fondo y forma al de la última de las entregas originales, da como resultado una película más entretenida y en líneas generales mejor que sus predecesoras.

Pero esto no significa que El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos sea un gran film. Ni siquiera que esté a la altura de lo que logró la trilogía de ‘El señor de los anillos’. Al fin y al cabo, estas tres películas no dejan de ser un reflejo de aquellas. Esta última entrega posiblemente adquiera mayor relevancia porque adopta un tono más adulto y alejado de cabriolas y humor sin demasiado sentido, centrándose más en el lado oscuro que amenazaba en todo momento pero que nunca terminaba de representar una seria amenaza. Termina así un viaje, y lo hace de una forma más que correcta que sirve, además, de nexo de unión para un proyecto cinematográfico mucho mayor, más épico y, aunque solo sea por el esfuerzo invertido, memorable.

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Tráiler de ‘El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos’: el final del fin


Ian McKellen vuelve a ser Gandalf en 'El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos', con la que Peter Jackson cierra la trilogía.El mes de julio está teniendo un final de lo más movido en cuanto a novedades y avances se refiere, muchos de ellos enmarcados en la Comic-Con de San Diego que se celebra estos días. Si hace unos días veía la luz la nueva entrega de Mad Max, ayer era el turno de la última parte de la trilogía con la que Peter Jackson dice adiós, al menos de momento, a la Tierra Media. El propio director de la trilogía de El señor de los anillos anunciaba a través de su cuenta de Facebook que el primer avance de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, era una realidad. Y si bien es cierto que a partir de ahora se irán desvelando poco a poco algunos aspectos de la trama, el tráiler, que tenéis al final, ya permite anticipar una serie de conclusiones.

Una de ellas, quizá la más evidente, es que la película repite, más o menos, los patrones de la trilogía que la precede en el cine, fundamentalmente en lo que a espectacularidad y épica se refiere. Los grandes movimientos de masas y el combate entre las diferentes facciones alientan a pensar en una conclusión muy del gusto de Jackson, es decir, por todo lo alto (el hecho de que el título haga referencia a una batalla ya nos da una idea). El tráiler está planteado, además, como un homenaje en clave sombría de todo lo vivido anteriormente y, en cierto modo, a las aventuras narradas en las películas de El señor de los anillos, que cronológicamente transcurren después. Todo combinado con los elementos de aventura que han caracterizado a esta saga.

Y esto me lleva a la otra idea que subyace en este avance. Dado que visual y narrativamente hablando poco más hay que decir que no se haya dicho ya (salvo que la frescura de Jackson parece haberse acabado), da la sensación de que estas primeras imágenes en movimiento son una especie de legado final del director y de las aventuras en la Tierra Media. Un final no solo para la trilogía, sino más bien una despedida de esta fantasía épica que ha sido estirada de forma un tanto innecesaria en dos trilogías, cuando lo cierto es que El Hobbit perfectamente habría “entrado” en una sola película. Esto no quiere decir que esta tercera parte vaya a perder dinamismo respecto a sus predecesoras; al menos nada apunta a eso.

La película, como es lógico, vuelve a contar con los actores de las primeras entregas, entre los que debemos destacar a Martin Freeman (serie Sherlock), Ian McKellen (X-Men: Días del futuro pasado), Benedict Cumberbatch (Agosto), Orlando Bloom (Troya), Richard Armitage (Capitán América: El primer vengador), Luke Evans (Immortals), Cate Blanchett (Monuments men), Hugo Weaving (Matrix), Christopher Lee (Sombras tenebrosas), Evangeline Lilly (serie Perdidos), Lee Pace (Lincoln) y Manu Bennett (serie Arrow). Su estreno está previsto para diciembre de este mismo año, y siguiendo la tradición de las anteriores películas, lo más probable es que sea el viernes 19. Por ahora, y a falta de más vídeos, aquí tenéis el tráiler cortesía de Warner Bros.

‘El señor de los anillos. La comunidad del anillo’, el arquetipo de la espectacularidad


Miembros de la comunidad del anillo protagonista de 'El señor de los anillos'.Un libro formado por tres tomos. Una película compuesta de tres partes. Así debe ser entendida la historia de El señor de los anillos, y así lo interpretó Peter Jackson (Agárrame esos fantasmas) a la hora de afrontar el proyecto. Es de sobras conocido que el rodaje de esta trilogía se realizó de forma paralela, llegando a tener varios platós de rodaje a un mismo tiempo en funcionamiento en diferentes partes de Nueva Zelanda, la Tierra Media en el mundo real. El resultado, visto de forma conjunta o por separado, es una obra mastodóntica, un hito en el arte cinematográfico a nivel creativo y técnico alcanzó el nivel de clásico casi al mismo tiempo de su estreno debido, precisamente, al aura de inadaptabilidad que tenía la obra escrita de J. R. R. Tolkien, de quien se acaba de estrenar la primera de otra trilogía que centra su atención en El hobbit, una especie de precuela de aquella. Por eso, iniciamos en Toma Dos una serie de análisis sobre la trilogía “original”, comenzando como no podía ser de otro modo por La comunidad del anillo, estrenada en 2001.

He de confesar que, aunque la factura de esta primera aproximación a la obra de Tolkien es sencillamente perfecta en todos sus aspectos, su historia no tuvo el mismo efecto que, por ejemplo, sus dos continuaciones, sobre todo la última. Bien por no tener en mente el original literario, bien por lo asombroso de sus decorados o de las técnicas que permitían unos juegos casi imposibles de perspectiva, lo cierto es que el desarrollo dramático se me antojó algo previsible, regodeándose por momentos (al igual que le ocurre a la novela) demasiado en conceptos como la amistad, la lealtad, la valentía o la ambición. Y si bien es cierto que el estudio que realiza la obra sobre estos valores es lo que le aporta el grado icónico, en esta primera entrega existe un exceso a la hora de resolver determinadas situaciones, sobre todo en la secuencia inicial en la Comarca.

Debido al carácter mítico de la historia y a la multitud de personajes, parecía claro que el plantel de actores sería todo un mosaico de grandes intérpretes de diferentes generaciones. Y así fue, más o menos. Algunos utilizaron el éxito de la saga como trampolín, mientras que otros confirmaron su desarrollo artístico. La elección del reparto ofrece, además, la posibilidad de que los personajes sobrepasen la barrera de las letras para adoptar una entidad única, una sutileza que solo se da con una mirada, con un gesto o con una entonación. Ahí está, por ejemplo, la relación entre un elfo y un enano, dos razas opuestas condenadas a entenderse. O los diferentes caracteres entre los miembros humanos de esa Comunidad del Anillo.

Sin embargo, lo que más daño hace a esta primera parte es, precisamente, su protagonista. Elijah Wood (El buen hijo) se hace cargo de un papel que le queda algo grande. La inexpresividad del joven Frodo Bolsón ante todos los acontecimientos que le suceden en muy poco tiempo, incluyendo una herida de la que nunca se recuperará, se aproxima peligrosamente a la de Keanu Reeves en Matrix (1999), todo un arte en eso de decir mucho sin mover un músculo de la cara. Por poner un ejemplo, la historia coge a un personaje apacible, sencillo y campesino para situarlo en un viaje por tierras desconocidas, perseguido por unas criaturas y portando un anillo por el que todo el mundo mataría. El semblante, empero, apenas deja un atisbo de miedo o de preocupación.

En realidad, este es el principal escollo del desarrollo de esta primera historia, por lo demás dinámica y fascinante en su presentación de todas y cada una de las criaturas de esa Tierra Media. De hecho, la apuesta decidida por suprimir cada vez más el papel de Wood en favor del de Viggo Mortensen (Todos tenemos un plan), quien se erige en auténtico protagonista de este viaje por destruir un anillo, no hace sino acrecentar el interés por la historia, que adquiere progresivamente más y más dramatismo en su magnificencia visual. Un protagonismo que queda patente no solo en la resolución de la última película, sino en la pregunta más básica que se puede hacer sobre una película: ¿quién es el personaje protagonista más recordado?

Un antes y un después

El señor de los anillos: La comunidad del anillo supone, como he mencionado más arriba, un punto de inflexión en la profesión audiovisual. Peter Jackson, que gracias a este proyecto adquirió el status de director clave en la historia del cine (un título que, creo, le viene algo grande todavía), realiza algo casi imposible: tres películas en progresión dramática al mismo tiempo. Es muy complejo, y esto me imagino que lo comprendan mejor los profesionales del medio, estar atento a todos los detalles que se deben seguir a lo largo de un rodaje no lineal de una historia. De ahí los pequeños gazapos de cintas como Gladiator (2000). Extrapolar eso a tres películas al mismo tiempo marea a cualquiera.

Pero más allá del rodaje en sí, o de las técnicas visuales para convertir a cada actor en su personaje, lo que la película deja tras de sí es un mundo único de difícil creación que, a pesar de los intentos anteriores, nunca había sido llevado a imágenes de forma tan contundente. No solo hablamos de los paisajes, que se han convertido en parte del mito y que son, gracias a estas películas (y las que vendrán) en un reclamo turístico. Me refiero a la fotografía, todo un abanico de sutilezas cromáticas en las que el espectador es capaz de comprender el espacio en el que se encuentra solo con mirar una esquina de la pantalla.

Gracias a la asignación de un color y de una luminosidad concreta a cada raza y a cada zona geográfica de este mundo irreal, la historia queda identificada casi al instante en todas sus vertientes, desde el riesgo de una huida hacia adelante hasta la calma de un refugio paradisíaco, desde las entrañas de una montaña hasta las aireadas ruinas de un castillo. Aunque la labor de Andrew Lesnie (Soy leyenda) es solo una parte del conjunto, en el que también habría que destacar la soberbia banda sonora, que merecería un estudio más en profundidad.

En general, esta primera entrega de las aventuras de estos personajes que buscan destruir un anillo capaz de dominar el mundo pone las bases para lo que luego serán las dos siguientes entregas, Las dos torresEl retorno del rey, aunque peca en exceso en su labor como introducción a una aventura épica mucho mayor. Los personajes, sobre todo al comienzo y, más concretamente, el protagonista principal, aparecen casi como arquetipos de lo bueno y lo malo, de la virtud y la deshonra, del valor y de la debilidad. Y eso, más que reforzar las posturas de cada uno, lo que hace es terminar por ensombrecer una historia brillantemente iluminada por la magia de su espectacularidad.

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