La eficacia narrativa de ‘Mission: Impossible’, única en su saga


Tom Cruise, en uno de los momentos más conocidos de 'Mission: Impossible'.Han tenido que pasar más de 15 años para que Tom Cruise se embarque en lo que podría ser una nueva franquicia. Nos referimos, por supuesto, a Jack Reacher, personaje que gracias a los libros de Lee Child podría disfrutar de una longeva vida siempre y cuando la taquilla y los productores así lo aprueben. Casualidad o no, esta cinta de intriga y acción comparte varios elementos con aquel film que adaptaba a la pantalla grande una vieja serie de televisión y que fue la primera piedra para una saga que, cada vez más, trata de ser una especie de James Bond norteamericano. Sobre todo los conceptuales y la apuesta decidida por el misterio y una trama elaborada. Dirigida por Brian De Palma (Los intocables de Eliot Ness), Mission: Impossible (1996) se ha convertido con los años en un clásico moderno influyente, pero ante todo en un reflejo del cine de su época.

Y es que si algo caracteriza a esta primera misión imposible es la riqueza, sencillez y sobriedad de su propuesta. Nada de pirotecnia gratuita; nada de movimientos de cámara vertiginosos e imposibles generados por ordenador. No, en las expertas manos de un por entonces muy solicitado De Palma la película adopta un cariz tan simple como eficaz, basado principalmente en un guión armado con solidez en el que, como cualquier buen film de espías, nadie es quien dice ser. De hecho, el desarrollo del argumento es tan convincente que se ha aplicado en mayor o menor medida al resto de entregas de la saga, si bien estas han optado por la espectacularidad visual antes que por la eficacia de los personajes.

Este es, posiblemente, el elemento mas importante de todo el conjunto. Más allá de la buena labor de Cruise como Ethan Hunt, lo que destaca principalmente es el resto del reparto, comenzando por un Jon Voight (Anaconda) muy secundario y siguiendo por unos imprescindibles Jean Reno (El chef, la receta de la felicidad), Emmanuelle Béart (Un corazón en invierno) o Ving Rhames (Pulp Fiction), único personaje que acompaña al protagonista en el resto de la saga. Incluso personajes tan secundarios como los miembros del primer equipo de Hunt o el jefe de su unidad son interpretados por actores de la talla de Kristin Scott Thomas (En la casa), Henry Czerny (serie Revenge) o Vanessa Redgrave (El atardecer), lo que da una idea del camino que sigue la trama.

Lo cierto es que Mission: Impossible es cine negro en estado puro pero adaptado a unos tiempos y una historia nuevos. Tan nuevos que la originalidad de algunas de sus secuencias, en particular la intrusión en una sala controlada por sensores de movimiento, peso y temperatura, forman ya parte de la historia del cine. Pero eso no son más que adornos para una historia que busca, ante todo, plantear al espectador el eterno juego del “guess who” (adivina quién), esta vez en el entorno de la traición, el espionaje y la búsqueda desesperada por demostrarse inocente de los delitos imputados.

Saga sin continuidad

Esta primera entrega es, en líneas generales, un alarde de maestría narrativa en todos los aspectos. La planificación de Brian De Palma guía en todo momento la mirada sobre los hechos y acontecimientos que le interesan al director, pero siempre dejando la puerta abierta a diferentes interpretaciones que generan otros tantos sospechosos y que enriquecen una trama ya de por sí apasionante. No es, por tanto, una cinta de acción cuyo único fin sea el de consumir palomitas y refrescos sin control. No. Como la mayoría de las obras del director, es un film estudiado y planificado al milímetro desde sus primeros compases narrativos en esa inolvidable primera secuencia. Todos los elementos, desde el espléndido uso de la fotografía hasta los efectos especiales, se integran para ofrecer una experiencia realista.

Un realismo que, por desgracia, se pierde en las siguientes entregas. En este sentido, la saga sería un buen ejemplo de lo que podría perderse si se empieza a apostar por el exceso en esa hipotética nueva serie de películas iniciada por Jack Reacher. Sí, todas las películas mantienen los elementos básicos de la historia, como son el equipo de espionaje, los gadgets y la famosa misión imposible que debe solventar el protagonista. Pero poco más. Esa apuesta por la intriga y esa efectividad surgida de la pausa que necesitan todo este tipo de historias se relega a un segundo plano en pos de la acción, la sorpresa y la espectacularidad.

Y aunque eso no sea necesariamente malo, desde luego si va en detrimento de la calidad del film. De hecho, tras el exceso que supuso la segunda parte, un genio como J. J. Abrams (creador de la serie Fringe) tomó las riendas de la saga, primero como director y luego solo como productor, en un claro intento por devolver algo del espíritu original de la primera película y de la serie a esta serie cinematográfica que, posiblemente en un par de años, vea su quinta entrega.

Sin embargo, solo Mission: Impossible, el original de 1996, ha sido capaz de sobrevivir al tiempo en la memoria de la historia cinematográfica. Y como suele ser habitual, lo ha hecho con los elementos más simples que puede haber: papel, tinta y un buen narrador visual. El resto de conceptos, léanse explosiones o persecuciones, son meros adornos, necesarios por otro lado, para una historia que es entendida en cualquier época y traspasa las fronteras culturales de la mayoría de países.

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