Terror y drama se enfrentan a la comedia de Santiago Segura


Último viernes de julio, y último día del mes. Y como viene siendo habitual en las últimas semanas, un buen puñado de estrenos llegan no solo a la cartelera española, sino a las plataformas televisivas que, en estos momentos, son el espacio donde muchos títulos pueden encontrar espectadores. Este 31 de julio el terror, el drama y la comedia vuelven a ser protagonistas, con algunos títulos adelantados desde el pasado miércoles.

Comenzamos el repaso con Resistencia, drama bélico basado en hechos reales que escribe y dirige Jonathan Jakubowicz (Secuestro express), y que llegará a las plataformas el 1 de agosto. La cinta, con capital estadounidense, británico, francés y alemán, cuenta la historia de Marcel Marceau, el mimo más conocido y admirado, y su papel durante la II Guerra Mundial al lograr salvar la vida de muchos niños judíos. El reparto está encabezado por Jesse Eisenberg (Zombieland: Mata y remata), Ed Harris (serie Westworld), Edgar Ramírez (El permiso), Clémence Poésy (El centro del horizonte), Matthias Schweighöfer (100 cosas) y Bella Ramsey (Judy).

Hollywood en solitario presenta esta semana La caza, thriller con dosis de acción y terror cuya premisa recuerda mucho a otros films: doce extraños se despiertan en el claro de un bosque. No saben dónde están ni cómo han llegado allí. A partir de ese momento se desatará la pesadilla, pues uno a uno serán cazados por un grupo de la élite mundial. Lo que nadie espera es que una de las presas conoce el juego mejor que los propios cazadores, por lo que buscará darle vuelta a la situación y descubrir quién está detrás de esta macabra idea. Dirigida por Craig Zobel (Z for Zachariah), la cinta cuenta con numerosos rostros conocidos como los de Betty Gilpin (serie GLOW), Ike Barinholtz (Lealtad), Amy Madigan (La excepción a la regla), Glenn Howerton (serie Colgados en Filadelfia), Macon Blair (Thunder road), Justin Hartley (serie This is us), Emma Roberts (serie American Horror Story: 1984) y Hillary Swank (Lo que fuimos), entre otros.

También estadounidense es Te veo, thriller de terror de 2019 que arranca cuando un niño de 12 años desaparece en una ciudad aparentemente perfecta. El investigador encargado del caso deberá mantener un delicado equilibrio entre las presiones que recibe mientras busca el modo de perdonar una infidelidad de su esposa. Todo cambia cuando una presencia maligna se manifieste y ponga en peligro al hijo pequeño del matrimonio. Dirigida por Adam Randall (Level Up), la película llega a los cines el jueves 30 de julio y está protagonizada por Helen Hunt (Las sesiones), Jon Tenney (La gaviota), Judah Lewis (Verano del ’84) y Owen Teague (It), Libe Barer (serie Parenthood).

La última de las novedades norteamericanas es Mientras estés conmigo, película basada en hechos reales que llega a las plataformas y que narra la vida de Jeremy Camp, cantante y compositor nominado al Grammy cuyo viaje de amor y pérdida es la prueba de que la esperanza siempre está en medio de la tragedia. Los hermanos Andrew y Jon Erwin (Woodlawn) escriben y dirigen esta cinta que adapta el libro del propio Camp, al que da vida K.J. Apa (serie Riverdale). El reparto se completa con nombres como los de Melissa Roxburgh (Star Trek: Más allá), Britt Robertson (Un espacio entre nosotros), Gary Sinise (Beyond Glory), Nathan Parsons (Animal de compañía), Abigail Cowen (serie Inteligencia colectiva) y la cantante Shania Twain (Trading paint).

Noruega, Reino Unido y Estados Unidos colaboran en Mortal, aventura familiar con dosis de acción cuya premisa es sencilla: un hombre descubre que tiene los poderes propios de un dios de la mitología nórdica. A partir de ese momento se embarcará en un viaje que le llevará a descubrir quién es realmente. Dirigida por André Øvredal (Historias de miedo para contar en la oscuridad), la película cuenta en su reparto con Nat Wolff (Escuadrón de la muerte), Iben Akerlie (Rett Vest), Priyanka Bose (Lion), Arthur Hakalahti (La decisión del rey) y Ania Nova.

El estreno más adelantado de la semana es Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra, secuela de la comedia de 2019 que fue la cinta española más vista del año, y que adelantó su estreno al pasado miércoles 29 de julio. Dirigida y protagonizada de nuevo por Santiago Segura (saga Torrente), la película se sitúa tiempo después del final de la primera parte, con el protagonista convertido en el líder de un chat de madres gracias a su asistente virtual. Todo marcha sobre ruedas hasta que una noticia inesperada vuelve a poner todo patas arriba… y encima, llega su suegra para pasar un tiempo en su casa. A Segura le acompañan delante de la pantalla Toni Acosta (Yucatán), Martina Valeria de Antioquía, Calma Segura, Luna Fulgencio (Durante la tormenta), Carlos González Morollón, Sirena Segura, Leo Harlem (Perdiendo el este), Silvia Abril (Cuerpo de élite) y Loles León (La reina de España).

La otra novedad española, aunque en colaboración con Argentina, es 4×4, thriller con dosis de ciencia ficción cuyo argumento arranca cuando un joven entra en un lujoso todoterreno aparcado en un barrio cualquier de Buenos Aires para robar lo que pueda encontrar. Sin embargo, una vez dentro no puede salir. Y para colmo, alguien desde fuera tiene el control del vehículo y un plan para el chico. Mario Cohn (El hombre de al lado) dirige este film de 2019 protagonizado por Peter Lanzani (El ángel), Dady Brieva (El ciudadano ilustre), Noelia Castaño (Entonces nosotros) y Luis Brandoni (Mi obra maestra).

Entre el resto de estrenos europeos tenemos Mi semana extraordinaria con Tess, adaptación de la novela de Anna Woltz en la que un niño de 11 años, de vacaciones de verano con su familia, conoce a una niña aventurera y misteriosa que le hará reflexionar sobre su mundo, el valor de la amistad y la familia. Steven Wouterlood debuta en el largometraje con esta comedia dramática familiar de 2019 que cuenta con capital alemán y de Países Bajos, y entre cuyos actores principales destacan Sonny Coops Van Utteren, Josephine Arendsen, Jennifer Hoffman (Mannen van Mars), Tjebbo Gerritsma (El banquero de la resistencia), Hans Dagelet (Helium) y Guido Pollemans (La holandesa).

Con algo más de retraso llega la comedia dramática The bra, coproducción entre Alemania y Azerbaiyán de 2018 que dirige Veit Helmer (Absurdistan) y cuyo protagonista es un veterano maquinista de un tren de mercancías que cada día atraviesa un suburbio densamente poblado en una ciudad de Azerbaiyán. Tal es así que en su camino se encuentra a gente tomando el té, niños jugando y mujeres colgando la colada. El día antes de su jubilación un sujetador se enreda en la locomotora. Impulsado por la curiosidad, decide buscar a la dueña para devolvérselo. Predrag ‘Miki’ Manojlovic (Cherchez la femme), Denis Lavant (Eva no duerme), Paz Vega (Todos los caminos conducen a Roma), Chulpan Khamatova (Obce cialo) y Maia Morgenstern (Far from here) encabezan el reparto.

El último de los estrenos en imagen real es Blanco en blanco, drama de 2019 que cuenta con capital chileno, español, francés y alemán. Dirigido por Théo Court (Ocaso), el film está ambientado en la Tierra del Fuego poco antes del siglo XX. Allí llega un fotógrafo para capturar el matrimonio de un poderoso latifundista con la que será su futura esposa,  una niña que se convertirá en su obsesión. El hombre llegará a traicionar el poder que domina el territorio y terminará siendo partícipe de una sociedad que convive con el genocidio de nativos. Los principales protagonistas de la cinta son Alfredo Castro (Una historia necesaria), Lars Rudolph (Vielmachglas), Lola Rubio (Derechos del hombre), David Pantaleón (Quemando suerte) e Ignacio Ceruti.

Dos son las novedades de animación que llegan esta semana. Mina y el mundo de los sueños es una producción danesa cuyo argumento tiene como protagonista a una niña cuya vida cambia por completo cuando la nueva novia de su padre y la hija de esta se mudan a su casa. Una noche la joven descubre el mundo de los sueños y a los constructores que se encargan de crearlos. Comienza entonces a manipular los sueños de la chica, con la que no se lleva bien, con consecuencias terribles. La protagonista deberá adentrarse en el mundo de los sueños y enfrentarse a lo que ella misma ha creado para tratar de salvar a su nueva familia. Dirigida a cuatro manos por Kim Hagen Jensen, que debuta en el largometraje, y Tonni Zinck (Barry, el rey de la disco), la cinta cuenta con las voces de Emilie Kroyer Koppel (Happy ending), Rasmus Botoft (Team Albert), Mia Lerdam (Bakerman), Martin Buch (Alle for to) y Caroline Vedel (serie Mercur).

Por último, Gatos es el título de una producción china de 2018 que dirige Gary Wang (Tea pets) y cuya trama sigue el viaje lleno de peligros y aventuras que realizan un gato y su hijo para encontrar Gatopía, un legendario paraíso para gatos. Dermot Mulroney (I still see you), Brittany Curran (Doble embarazo), Nick Guerra, Jason Kesser (Unforgotten) y Nicole Tompkins (Opening night) ponen la voces principales.

3ª T. de ‘Westworld’, o cómo los humanos se parecen a los robots


Confieso que sentía curiosidad por el modo en que Westworld iba a desarrollarse después de abandonar el parque, es decir, la esencia de su historia, para adentrarse en el avanzado mundo tecnológico que se intuía en las primeras temporadas. Estando detrás del proyecto Lisa Joy (serie Último aviso) y, sobre todo, un genio como Jonathan Nolan (creador de Person of interest y de muchos de los films dirigidos por su hermano, Christopher Nolan), el resultado no ha decepcionado, aunque desde luego se aleja mucho del sentido original para dar una vuelta de tuerca al concepto de humanidad, alma, libre albedrío y sociedad, plasmando en pantalla un complejo laberinto de intereses que, todo hay que decirlo, toma algunos elementos ya utilizados en la serie que protagonizó Jim Caviezel (La pasión de Cristo).

Lo cierto es que estos 8 episodios (una temporada un poco más corta que las anteriores) plantean una estética, un diseño de producción y un concepto narrativo completamente diferente. Si las anteriores etapas eran laberinto en el que presente y pasado se mezclaban como si de la mente de uno de los robots se tratara, en esta tercera parte el lenguaje es mucho más directo, más lineal si se prefiere, aunque cargado de giros argumentales que dirigen la trama en un sentido muy concreto y mucho más profundo de lo que podría parecer en un primer momento. Así, lo que en el inicio de la historia se plantea como una venganza del personaje de Evan Rachel Wood (En el bosque) se termina revelando como toda una revolución contra un mundo controlado, tecnificado y en el que la libertad de elección ha desaparecido sin ni siquiera habernos dado cuenta. Este último aspecto termina por conectar y ser hilo conductor del ideario básico de esta ficción, toda vez que robots y humanos se parecen más de lo que nos gustaría aceptar (algo parecido se planteó en la segunda temporada, aunque desde el punto de vista de la paranoia por no poder distinguir huéspedes de anfitriones).

Eso no quiere decir que esa venganza no exista, o que sea simplemente una justificación para arrancar la trama. El personaje de Wood, ahora mucho más complejo de lo que se planteó en el inicio de Westworld, busca en todo momento sus motivaciones personales, saciar una sed de sangre por años y años en los que fue violada, torturada y asesinada. La acumulación de recuerdos es la motivación principal del personaje, pero en ese camino hay más, mucho más. Su vendetta personal termina motivando toda una revolución humana en un mundo irreconocible, controlado por una mega inteligencia artificial (al más puro estilo Person of interest, por cierto) y en el que nuestras vidas están determinadas desde que nacemos hasta que morimos, con fecha, hora y causa de la muerte incluidas. Bajo este prisma, Joy y Nolan construyen un thriller de acción incomparable, complejo, denso en algunos momentos y más ligero en otros, en el que los giros argumentales, perfectamente dosificados, elevan el sentido de la historia con algunos momentos sencillamente magistrales.

Si en la primera temporada la magia radicaba en los paralelismos temporales, en esta dicha magia se transforma para plantear la historia de un modo y terminar resolviéndola de otro mucho mayor y con consecuencias más complejas para todos los personajes. Y si en la segunda temporada el vehículo narrativo era la revolución de las máquinas frente al ser humano, en este la guerra se difumina mucho más para convertirse en una lucha personalista, en un conflicto entre individuos y no tanto entre razas. Es más, lo que hace más atractivo al personaje que interpreta Wood es el hecho de que, en la consecución de su objetivo, no duda en acabar con todo aquel que se ponga en medio, ya sea humano o máquina. La genialidad de los creadores de la serie radica en que esta dualidad la hace más humana de lo que nunca ha sido, pero también la aleja de una concepción arquetípica de héroes y villanos, siendo simplemente un personaje con un objetivo que no atiende a estirpes, amistades o cualquier otro concepto dramático.

La chispa de la revolución

Lo cierto es que la tercera temporada de Westworld es una revolución en todos los sentidos. Es una revolución respecto a lo visto en las anteriores tandas de capítulos. Es una revolución conceptual, visual y narrativa. Y ante todo, lo que cuenta, en último término, es cómo se prende la chispa de una revolución. Ahora bien, lo que hay que preguntarse es si esta revolución tiene o no tiene sentido, y aquí es donde puede haber más diferencias de opiniones. Partiendo de la base de que lo atractivo de la serie, en un primer momento, era ese ambiente temático del Lejano Oeste (con su particular incursión en Oriente en un momento dado), dejar atrás ese mundo es un paso arriesgado que a muchos les puede hacer perder el interés, sobre todo a los más nostálgicos de la novela y el film de Michael Crichton. Este paso al nuevo mundo, además, ha tenido daños colaterales no solo en la narrativa, sino en la propia importancia de algunos personajes carismáticos y fundamentales para el éxito de la trama.

Poniendo su mirada como la pone en la evolución de Dolores y en su relación con un nuevo personaje interpretado por Aaron Paul (serie Breaking Bad), la trama deja un poco de lado ciertos aspectos dramáticos personificados en roles como el de Ed Harris (Geostorm), fundamental para comprender el universo en el que se desarrolla la acción pero que aquí queda algo más desdibujado. No es necesariamente un error; ni siquiera es un problema de la trama. El hecho de que su historia se limite a volver a meterle en este juego de humanos y robots hace presuponer que contará con mayor peso narrativo en la cuarta temporada ya anunciada. Pero no deja de resultar un poco llamativo que su papel en la historia sea algo casi anecdótico (un leit motiv para una trama secundaria) cuando venía de ser el epicentro de todo un universo argumental.

Del mismo modo, muchos personajes interesantes de las anteriores temporadas han desaparecido, y su ausencia no se ha cubierto con nada. Ya se anunció que tras la segunda temporada los cambios en el reparto iban a ser notables, y desde luego no se exageraba. Tan solo tres mujeres y tres hombres han sobrevivido a esta criba artística, que se ha producido no solo en el arranque de esta tercera etapa, sino a lo largo de la misma. Esto tiene dos problemas que se han solventado más o menos bien. Por un lado, la riqueza del universo temático desaparece. No me refiero a la estética, sino a la riqueza argumental de los personajes, sus creadores, los trabajadores del parque, etc. Todo eso trata de suplirse con este nuevo mundo de vehículos automatizados, y en parte se consigue. Por otro, la complejidad narrativa se reduce, se hace más lineal y menos compleja en el relato, aunque se equilibra de algún modo con el trasfondo moral y ético de la libertad y la ilusión de la misma. Personalmente creo que cada mundo tiene sus pros y sus contras, pero el movimiento ha sido arriesgado, y muchos, como ha ocurrido con los personajes, sin duda se habrán quedado en el camino.

Pero a pesar de este salto de fe, la tercera temporada de Westworld mantiene a la serie como una de las producciones más atractivas, diferentes, dinámicas y complejas de la televisión. Abandonando el Oeste y adentrándose en una futurista ciudad, la trama da un paso más en su reflexión sobre el hombre y la máquina, sobre la relación que les une, sobre la vida y lo que nosotros creemos que es la libertad. Pero ante todo pone la mirada en las pocas diferencias que pueden existir entre humano y robot desde un punto de vista ético y moral. Los primeros juegan a ser Dios con los segundos, pero… ¿hay algo superior que juegue con el ser humano? Y sobre todo, ¿qué reacción tendría el hombre? Las respuestas a esas dos preguntas se resuelven en unos últimos episodios extraordinarios, en un evidente paralelismo con el final de la segunda temporada que desdibuja más, si es que es posible, la línea que separa la carne del metal.

2ª T. de ‘Westworld’, magistral cambio de sentido dentro del laberinto


Los grandes directores y guionistas, presentes y pasados, suelen ser recordados no solo por sus películas, sino por especializarse en un tipo de relatos, en unos valores narrativos, conceptuales y artísticos muy concretos. La historia del séptimo arte está repleta de estos casos. Y aunque habrá quien diga que todavía es pronto para decirlo, en esa categoría de inmortales del cine se encuentran por derecho propio los hermanos Jonathan y Christopher Nolan, guionista y director de Interstellar (2014) respectivamente. En esta ocasión toca hablar del primero, tal vez menos conocido que el segundo pero verdadero cerebro autor de un estilo inconfundible definido por su uso y la combinación de las líneas temporales de la trama. Y la segunda temporada de Westworld es el último gran ejemplo.

Porque si la primera parte fue un ejercicio magistral del manejo de los tempos narrativos, alternando pasado y presente para construir un relato apasionante de redención, búsqueda y liberación, estos nuevos 10 episodios no solo mantienen ese espíritu, sino que dan una vuelta más de tuerca a una historia ya de por sí compleja, cambiando por completo el sentido de lo visto hasta ese momento y convirtiendo lo que parecía una rebelión de las máquinas contra sus creadores en algo más, en una búsqueda del sentido de la vida, en un intento por sobrevivir a su propia materia física. Y no estoy hablando únicamente de los robots. Lo cierto es que esta continuación debería interpretarse más bien como una reinterpretación de lo visto hasta ahora, en todos y cada uno de los aspectos.

En medio de esta revolución, Nolan, creador de la serie junto a Lisa Joy (serie Criando malvas), hace gala de su ingenio para estructurar cada episodio no ya en dos líneas temporales totalmente independientes, sino en tres, añadiendo complejidad y retando al espectador a permanecer atento a la historia y los detalles. Lo cierto es que el reto es fácil de aceptar, pues los personajes adquieren una mayor profundidad dramática. Lo que al principio parecía una mera diversión en un parque temático poco usual se convierte en una búsqueda de la inmortalidad. Aquellos personajes que parecían máquinas rebeldes se convierten en realidad en una suerte de seres mortales que solo desean justicia para años y años de tortura que ahora pueden recordar con total claridad. Lo cierto es que la riqueza de las líneas argumentales de los protagonistas es tal que cada uno daría para varios análisis.

Por lo pronto, lo que queda patente en esta segunda temporada de Westworld es que la idea original de Michael Crichton, autor de la película homónima de 1973, ha quedado empequeñecida. Ya no estamos ante una mera revolución de las máquinas. La idea de que el ser humano que se expone a tecnología para la que no está preparado puede terminar consumido por ella ha dado paso a algo mayor, a la idea de utilizar esa tecnología para alcanzar la inmortalidad, para que el alma permanezca siempre y pueda pasar de un cuerpo artificial a otro. Adquiere ahora más sentido que nunca el título en español de la película original: Almas de metal.

El subtexto, siempre el subtexto

También adquieren sentido muchas de las cosas aparentemente incongruentes de la primera temporada. La búsqueda del laberinto que protagoniza el rol de Ed Harris (Madre!), por ejemplo. También da un nuevo y mucho más interesante sentido a otras secuencias, como la puesta a punto del personaje de Evan Rachel Wood (Allure) por parte de otro protagonista, un magistral Jeffrey Wright (The public) que en esta segunda temporada logra altas cotas interpretativas. Para muchos espectadores posiblemente esto pueda parecer un intento de los creadores de dar continuación a una trama que parecía tener fin en una única temporada, en un intento de alargar la gallina de los huevos de oro. Sin embargo, la mera complejidad de la historia ya rebate cualquier posible argumento en este sentido.

En cinematografía se suele hablar mucho del subtexto, aunque su uso no es tan habitual. Cualquier escena, cualquier diálogo, debe contar algo que no se ve en pantalla, debe mostrar las intenciones ocultas de los personajes. Los grandes hitos del séptimo arte suelen construirse sobre esto. Y Westworld es subtexto puro y duro. Dicho de otro modo, las dos primeras temporadas se pueden entender como texto y subtexto: la primera contaría lo que el espectador ve y la segunda lo que en realidad se esconde tras el parque temático y las motivaciones de los personajes. Y es aquí donde radica la belleza y la magistral labor de Nolan. Estos 10 capítulos se convierten así en una auténtica montaña rusa dramática, calculada milimétricamente para construirse sobre puntos de giro que no solo dan nuevo sentido a las lagunas que, inevitablemente, se forman durante la historia (todas ellas explicadas al final de la temporada), sino que aportan una nueva comprensión al conjunto de la serie, obligando a revisionar no solo los episodios, también los conceptos que hasta ahora se manejaban.

El problema de esta segunda temporada está, sin embargo, en cómo continuar en el futuro. Estando Jonathan Nolan detrás del proyecto es fácil suponer que todo está atado y bien atado, pero el final de esta etapa abre muchas incógnitas, por no hablar de los numerosos personajes que dicen adiós después del fantástico episodio 10. La pregunta más importante es si el espíritu de la serie podrá mantenerse, si las ideas planteadas a lo largo de esta temporada podrán germinar en la siguiente, o si se volverá a dar un giro. Parece evidente que la idea de que los robots se muevan en el mundo real confundiéndose entre los humanos será la base de la historia, pero a partir de aquí las posibilidades son casi infinitas.

Pero hasta que eso llegue, que según parece no será hasta 2020, se puede disfrutar una y otra vez de estas dos temporadas de Westworld. Y digo de las dos porque deben verse casi como una única historia en la que todo tiene un doble sentido, en la que nada es lo que parece. Esta idea subyace en cada uno de los aspectos, desde el primer y clásico primer episodio hasta el último. Si en la primera temporada eso se narraba en las relaciones entre humanos y robots, en esta segunda se produce entre lo visto en aquellos episodios y las verdaderas intenciones mostradas en estos nuevos capítulos. Todo ello en un ejercicio soberbio y magistral que debería estudiarse en las escuelas de guión, con un manejo de los tiempos narrativos sencillamente perfecto, unas interpretaciones impecables y una puesta en escena fascinante. Poco más se puede pedir, salvo que pase rápido el tiempo hasta el siguiente episodio.

‘Geostorm’: los fallos de una tormenta planetaria


El productor Dean Devlin sabe de catástrofes cinematográficas. Tanto en sentido figurado como en el contenido de sus films. De ahí que su primera incursión en la silla del director en una película para la gran pantalla potencie los aspectos positivos y reduzca al máximo los negativos para ofrecer un entretenimiento puro y duro que, todo sea dicho, no puede (y tampoco quiere) evitar sus limitaciones.

Y ahí está la clave de Geostorm, en sus propias limitaciones. Acercarse a un film de estas características, incluyendo el título, ya debería de ser aviso suficiente como para saber lo que se espera de ella, algo con lo que director y actores saben jugar, ofreciendo un producto capaz de reírse de sí mismo, con frases lapidarias en momentos de máxima tensión y un ritmo que no decae en ningún momento, desarrollando la trama en un metraje ajustado, algo de agradecer en tiempos en los que la máxima parece ser apabullar al espectador con innecesarios minutos de efectos digitales. Así, la historia deambula por terrenos conocidos y previsibles, pero suple esta carencia de efectividad dramática con unos personajes que funcionan bien como arquetipos y con una espectacularidad en algunas secuencias sencillamente fascinante.

Pero el problema es ese, que todo ese envoltorio se utiliza para tratar de disimular las carencias. ‘Tratar’ es la palabra clave en este caso, pues lo cierto es que el film es lo que es. Dramáticamente hablando, su previsibilidad lleva a conocer el villano de turno varios minutos antes de que se desvele su identidad. Y aunque la trama está bien tratada desde el punto de vista de la coherencia, tiene demasiadas concesiones dramáticas que permiten hacer avanzar la acción. Eso, en este tipo de films, se convierte en importantes agujeros en el desarrollo de la historia. Quizá lo más interesante de todo sea la moraleja del conjunto, con el cambio climático como principal aliciente y con la unión de pueblos como mensaje final, si bien es cierto que se diluye entre tanta tormenta de rayos, entre tanta granizada y entre tantas olas gigantes.

El mejor resumen de Geostorm es que es lo que es desde el principio. No engaña, pero tampoco apasiona. No tiene ínfulas de algo más grande, pero tampoco logra desprenderse de sus numerosos fallos. Una tormenta imperfectamente perfecta que se apoya, y de un modo nada disimulado, en su reparto (todos ellos pasándoselo en grande) y en sus efectos especiales. La mano de Devlin, a falta de ofrecer un punto de vista propio, logra disimular las imperfecciones. Pero como si de los fallos que afectan a los satélites del film se tratara, por mucho que el director trate de corregir, al final las catástrofes se producen.

Nota: 6/10

La ‘Geostorm’ amenaza con dejar ‘La piel fría’ en la cartelera


Si el pasado fin de semana estuvo marcado por el thriller y el terror, este viernes 20 de octubre es la ciencia ficción la que pretende tomar el control de la cartelera española. Claro que este género no llega solo, destacando la producción española de corte más terrorífico y fantástico. Y todo ello acompañado de nombres de renombre tanto de la escena cinematográfica nacional como internacional en un día en el que llegan muchos títulos nuevos.

La principal novedad es Geostorm, mega producción hollywoodiense de ciencia ficción que, como su propio título indica, tiene como protagonista una tormenta mundial. En concreto, la historia toma como punto de partida una red de satélites creados por las naciones de la Tierra para acabar con las catástrofes naturales. Sin embargo, cuando dichos satélites comienzan a sufrir errores sin que nadie pueda detenerlos esos fenómenos que se querían evitar regresan magnificados, amenazando con crear una tormenta planetaria. Solo un diseñador de sistemas y su hermano parecen ser capaces de frenar un desastre que podría acabar con la Humanidad. Dirigida por Dean Devlin, productor de cintas como Independence Day (1996) o Godzilla (1998) que debuta de este modo en el largometraje, esta cinta de apabullantes efectos especiales está protagonizada por Gerard Butler (Dioses de Egipto), Abbie Cornish (6 days), Ed Harris (Madre!), Jim Sturgees (La mejor oferta) y Andy García (Passengers), entre otros.

De Estados Unidos también procede Creative Control, drama de ciencia ficción dirigido y protagonizado por Benjamin Dickinson (First winter) en 2015, quien también participa en el guión de esta historia que transcurre en Nueva York a cinco minutos de alcanzar el futuro, cuando los avances tecnológicos han facilitado la vida a la sociedad pero al mismo tiempo han generado una notable ansiedad. El protagonista, un ejecutivo de publicidad de tecnología que envidia la vida de su mejor amigo, decide utilizar la imagen de la novia de éste para un nuevo proyecto de realidad aumentada, lo que eliminará la línea entre realidad y fantasía y pondrá a prueba la vida de todos los implicados. Junto a Dickinson encontramos en el reparto a Nora Zehetner (Spooner), Dan Gill (El gurú de las bodas), Alexia Rasmussen (Gabriel) y Reggie Watts (Fort Tilden).

En cuanto al cine europeo, la ciencia ficción y el terror también son protagonistas en La piel fría, cinta franco española que adapta a la gran pantalla la novela de Albert Sánchez Piñol en la que un antiguo terrorista del IRA acepta una oferta de trabajo como meteorólogo en una isla en la que solo habita un farero, y en la que ha desaparecido el oficial al que iba a sustituir. Pronto descubre que en esa isla habita algo más que no es capaz de explicar. Dirigida por Xavier Gens (Hitman), el film está protagonizado por David Oakes (Truth or Dare), Aura Garrido (Vulcania), Ray Stevenson (Transporter Legacy), John Benfield (Speed Racer) e Iván González (El borde del tiempo).

Desde Francia llega Atraco en familia, comedia cuya trama comienza cuando dos mujeres, una científica informática y otra carterista en grandes hoteles, descubren que son hermanas al acudir al testamento de su padre. Sus vidas cambiarán todavía más cuando descubran que, en realidad, su progenitor no ha muerto, y que es un ladrón de guante blanco que quiere pasar con ellas el tiempo que le queda organizando el robo de un Stradivarius valorado en 15 millones. Pascal Bourdiaux (Fiston) se pone tras las cámaras para poner en imágenes la historia y dirigir, entre otros, a Jean Reno (Escuadrón de élite), Reem Kherici (Asalto al convoy), Camille Chamoux (Maman a tort), Pascal Demolon (Discount), Alexis Michalik (Kamikaze) y Natalia Verbeke (Las chicas de la sexta planta).

Puramente española es Red de libertad, drama histórico que pone en imágenes la historia real de Helena Studler, una religiosa que a comienzos de la II Guerra Mundial urdió un plan junto a un grupo de hombres y mujeres para salvar a miles de judíos de un campo de concentración cercano a la ciudad en la que vive. Escrita y dirigida por Pablo Moreno (Poveda), la cinta está protagonizada por Assumpta Serna (Trash), Giulia Charm (serie El secreto de Puente Viejo), Fran Calvo (Fantasma), Ainhoa Aldanondo (Un Dios prohibido) y Javier Bódalo (La noche del virgen).

También española es Handia, drama de corte histórico dirigido a cuatro manos por Aitor Arregi (Cristóbal Molón) y Jon Garaño (Loreak) que narra la historia real del Gigante de Altzo, el hombre más alto para su época en el siglo XIX. La trama recoge el viaje que durante más de 20 años realizó por toda Europa junto a su hermano Martín. Ramón Agirre (Plan de fuga), Eneko Sagardoy (Amaren eskuak), Joseba Usabiaga (Pikadero) y Aia Kruse (Zorion perfektua) encabezan el reparto.

Con algo de retraso se estrena también Amor a la siciliana, comedia dramática italiana de 2016 ambientada en 1943, cuando las fuerzas aliadas desembarcaron en Sicilia. La historia se centra en un joven enamorado de la hija del dueño de un restaurante de Nueva York y prometida a Lucky Luciano. Para poder pedir su mano necesita viajar a Sicilia, donde vive el padre de la joven y que se encuentra bajo el yugo de las tropas nazis. Es por eso que decide alistarse en las fuerzas aliadas, lo que le llevará a superar infinidad de situaciones para poder lograr su objetivo. Escrita (al menos en parte), dirigida y protagonizada por Pif (Pazze di me), la cinta cuenta también con los actores Miriam Leone (Felices sueños), Andrea Di Stefano (La vida de Pi), Stella Egitto (Ti stimo fratello) y Vincent Riotta (Tender eyes).

También a cuatro manos está dirigida Spoor, producción que cuenta con capital polaco, alemán, checo, sueco y eslovaco y cuyo argumento arranca cuando en un bosque comienzan a aparecer los cuerpos de una serie de cazadores furtivos. Una joven del pueblo asegura que todo es obra de los animales salvajes, pero la policía comienza a sospechar de ella. Agnieszka Holland (In darkness) y Kasia Adamik (Amok) dirigen este thriller dramático basado en la novela de Olga Tokarczuk y protagonizado por Jakub Gierszal (The fold), Katarzyna Herman (Demon), Andrzej Grabowski (The high frontier), Tomasz Kot (Disco Polo), Borys Szyc (Dzej Dzej) y Miroslav Krobot (Revival).

Fuera del Viejo Continente nos encontramos con Las hijas de Abril, drama mexicano escrito y dirigido por Michel Franco (A los ojos) que gira en torno a una joven de 17 años embarazada que vive con una medio hermana y que no sabe nada de su madre desde hace años. Dispuesta a que eso siga así, mantiene el embarazo en secreto, pero las necesidades económicas que implica un bebé llevan a su hermana a llamar a la madre, que llega dispuesta a ayudar. Sin embargo, pronto resulta evidente el motivo por el que la joven no quería acercarse a su madre. Emma Suárez (Julieta), Ana Valeria Becerril, Hernán Mendoza (Purasangre), Iván Cortés (El vigilante), Joanna Larequi (La caridad) y Enrique Arrizon son los principales actores.

Con origen indio se estrena también Golmaal again, comedia de acción de corte fantástico que representa la cuarta entrega de la saga ‘Golmaal’ y  que se centra en la disputa que dos bandas rivales mantienen desde la infancia, centrando la trama en un posible espíritu que habría poseído la casa de uno de los miembros de las bandas. Rohit Shetty (Dilwale) se pone tras las cámaras de esta entrega, al igual que hizo con las tres anteriores, para dirigir, entre otros, a Ajay Devgn (Shivaay), Tabu (La vida de Pi), Prakash Raj (Manithan), Parineeti Chopra (Kill Dil) y Arshad Warsi (Ishqiya).

En el género de animación varias son las novedades. Por un lado, la japonesa Ancien y el mundo mágico, cuyo argumento se centra en una joven que reparte su tiempo entre ayudar a su padre viudo en las tareas del hogar y tratar de mantenerse despierta en clase. A pocos días de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la chica emprenderá una aventura cuando unos misteriosos hombres secuestren a su padre. Una aventura que le llevará a descubrir el verdadero pasado de su familia y la relación con una princesa en la que se convierte cada vez que sueña. Kenji Kamiyama (Cyborg 009: Call of Justice I) escribe y dirige esta propuesta que cuenta con las voces, en su versión original, de Brina Palencia (All the wrong friends), Mitsuki Takahata (Ikari), Arata Furuta (Too young to die) y Shinnosuke Mitsushima (Star sand).

Por otro, Alemania, Reino Unido, Dinamarca y los Países Bajos colaboran en una nueva versión de El pequeño vampiro, en esta ocasión realizada en animación por ordenador y en 3D. Adaptando la famosa saga de libros juveniles escritos por Angela Sommer-Bodenburg, la trama gira en torno a la amistad que surge entre un vampiro de 13 años que tiene que huir de un prestigioso cazavampiros y un humano de la misma edad fascinado por estas criaturas que le ayudará en su lucha contra sus enemigos. Richard Claus (El príncipe de los ladrones) y Karsten Kiilerich (El patito feo y yo) dirigen a cuatro manos esta aventura de acción y comedia a la que ponen voz Jim Carter (serie Downton Abbey), Rasmus Hardiker (Huge), Alice Krige (Will), Tim Pigott-Smith (Whisky Galore) y Miriam Margolyes (Un desmadre de viaje).

Finalmente, desde Rusia nos llega Kikoriki. Equipo invencible, aventura dirigida por Denis Chernov, quien debuta de este modo en el largometraje. El argumento se centra en los habitantes de una tranquila y paradisíaca isla cuya rutina se ve alterada cuando la televisión entra en sus vidas. Aterrados ante las desgracias que ven en un programa, un grupo de amigos decide ir a la gran ciudad a salvar a la población, sin saber que no siempre es cierto todo lo que se ve en televisión. Vadim Bochanov, Mikhail Chernyak, Garik Kharlamov y Dmitriy Nagiev ponen las principales voces.

En el ámbito documental encontramos Lumière! Comienza la aventura, film escrito, dirigido y licitado por Thierry Frémaux en el que es su debut como realizador. Producida en Francia en 2016, la cinta recoge 108 de las 15.000 películas que filmaron los hermanos que revolucionaron la sociedad con el invento del cinematógrafo, y cuenta con la colaboración del director Martin Scorsese (Casino).

‘Madre!’: la destrucción del amor


Vaya por delante que Madre! es una película escrita y dirigida por Darren Aronofsky (Réquiem por un sueño). Y eso, en esencia, es decirlo casi todo de un obra de este director. Su último trabajo, una suerte de redención de aquella extraña y fallida apuesta que fue Noé (2014), es una historia compleja, interpretable en muchos niveles y con una profundidad moral, dramática y reflexiva que obliga al espectador a repasar las escenas mentalmente una y otra vez.

Bajo el paraguas de una casa, dos personajes y una serie de secundarios que entran y salen sin tener en principio demasiado sentido dentro de la trama, Aronofsky crea de la nada, como si de un Dios se tratara, una interpretación de la existencia del ser humano a través de la religión. Lo que el cristianismo es para los creyentes, la poesía es para todos los personajes que rodean a unos extraordinarios Javier Bardem (El consejero) y Jennifer Lawrence (El lado bueno de las cosas). Y dicho esto, la interpretación de esta extraña y por momentos surrealista historia debería de ser relativamente sencilla de comprender. Ahora bien, lo que representa la pareja protagonista lo dejaré a elección del espectador.

En efecto, la casa construida por Aronofsky para albergar esta historia viene a ser un mundo en el que la locura, la violencia, el amor, el egoísmo, la vida y la muerte se dan cita. El problema de la película, si es que tiene alguno, es el propio Aronofsky. No es un director sencillo, más bien al contrario, y eso posiblemente llevará a muchos a considerar esta obra una amalgama de propuestas con poco sentido, propia de un director que se considera por encima de todo y de todos. Nada más lejos de la realidad. La visión del autor de Pi, fe en el caos (1998) es una muestra más de la genialidad de un director capaz de comparar religión y poesía, de narrar cómo el hombre destruye lo que le es dado y separa a Dios del amor. Y todo ello con un relato caótico, hermoso, intrigante y apocalíptico que deja algunos momentos sumamente perturbadores.

Desde luego, Madre! no es una película para todos los públicos. Los amantes de Darren Aronofsky volverán a encontrarse con ese director que logra con cada plano narrar más allá de lo que ven los ojos, más allá de lo que interpretan los actores. Un regreso por todo lo alto que, sin embargo, posiblemente no guste a aquellos que solo quieran ver un drama con toques de intriga. Hay muchos más niveles dentro de esa casa, del mismo modo que hay muchos más niveles interpretativos dentro de esta película. Entregarse por completo a la reflexión que plantea es un desafío que merece mucho la pena.

Nota: 8/10

La ‘Madre!’ de Aronofsky oye ‘La Llamada’ de Dios en ‘La cordillera’


Septiembre llega a su fin con algunas de las películas más interesantes de los últimos meses. La acción y la aventura de viernes anteriores dejan paso este día 29 al drama, la comedia y el thriller político. Todo ello acompañado de un buen puñado de estrenos dirigidos a todo tipo de público.

Este viernes supone el regreso del director Darren Aronofsky (Noé), que con Madre! regresa al thriller psicológico y de misterio que tan buenos resultados le ha dado en otras ocasiones. Escrita y dirigida por él mismo, la historia se centra en un poeta con un bloqueo creativo y su joven esposa, que viven en una casa en medio de la naturaleza que aprovechan para rehabilitar. Sus vidas cambian cuando una pareja de desconocidos se presentan de improviso en su puerta, desencadenando una serie de extraños sucesos que pondrán a prueba la fortaleza del matrimonio. Jennifer Lawrence (Passengers), Javier Bardem (Piratas del Caribe: La venganza de Salazar), Ed Harris (La excepción a la regla), Michelle Pfeiffer (Malavita) y Domhnall Gleeson (Barry Seal: El traficante) son los principales actores.

También norteamericana es Phantasma: Desolación, quinta entrega de esta saga de terror que sitúa al hombre alto de nuevo en un viaje pueblo por pueblo para convertir a los muertos en su propio ejército. Tan solo un joven que está desarrollando poderes psíquicos y su hermano tratarán de detenerlo. David Hartman debuta en el largometraje de ficción con esta propuesta de 2016 protagonizada por A. Michael Baldwin (Brutal), Dawn Cody (Sam & Joe), Gloria Lynne Henry (Pactar con el diablo), Reggie Bannister (Abolition) y Stephen Jutras.

Fuera de Estados Unidos destaca La cordillera, thriller político producido entre Argentina, Francia y España y cuya trama se centra en el presidente argentino, que durante una cumbre con líderes de Sudamérica en Chile deberá afrontar dos decisiones importantes: por un lado, la relación con su hija, y por otro solucionar una situación política que puede terminar con su carrera de forma fulminante. Dirigida por Santiago Mitre (Paulina), la cinta está protagonizada por Ricardo Darín (Capitán Kóblic), Dolores Fonzi (Truman), Erica Rivas (Relatos salvajes), Gerardo Romano (Hipersomnia), Paulina García (Aquí no ha pasado nada), Christian Slater (serie Mr. Robot) y Elena Anaya (Wonder Woman).

La propuesta española más importante es La Llamada, comedia musical que adapta la obra de teatro homónima cuya trama gira en torno a dos adolescentes apasionadas por el reggaetón y la música electrónica que pasan un verano en un campamento de monjas en plena naturaleza y aisladas de todo. Durante las noches, una de ellas tendrá apariciones de Dios, que le canta canciones de Whitney Houston. Sus visiones místicas no solo cambiarán su vida, sino la de todos aquellos que están en el campamento. Dirigida por los creadores de la obra, Javier Ambrossi y Javier Calvo (serie Paquita Salas), la cinta está protagonizada por los actores que interpretaron la historia sobre los escenarios: Macarena García (Villaviciosa de al lado), Anna Castillo (El olivo), Belén Cuesta (El pregón), Gracia Olayo (Musarañas) y Richard Collins-Moore (Nacidas para sufrir), a los que se suman nombres como el de Secan de la Rosa (El bar).

También pertenece a la comedia Operación Concha, cinta dirigida por Antonio Cuadri (Thomas vive) y ambientada en el mundo del cine. Su argumento arranca cuando el propietario de una productora de cine en bancarrota decide aprovechar el Festival de Cine de San Sebastián para engañar a una inversora millonaria que admira a un prestigioso actor norteamericano de origen cubano. Para llevar a cabo el engaño contrata a un doble del actor. Jordi Mollà (En el corazón del mar), Karra Elejalde (1898. Los últimos de Filipinas), Unax Ugalde (Lasa y Zabala), Ramón Agirre (Plan de fuga) y Bárbara Goenaga (La punta del iceberg) encabezan el reparto.

La animación tiene a uno de sus representantes en Gatos. Un viaje de vuelta a casa, cinta japonesa de 2016 que adapta un libro de Hiroshi Saitô y Hanmo Sugiura en el que un gato negro se separa inesperadamente de su maestro y termina en un camión que lo lleva a Tokio. Allí conoce a un gato temido por todos con el que comienza una vida como extraviado. Sin embargo, poco a poco su compañero desvelará que no es lo que aparenta ser. Dirigida a cuatro manos por Motonori Sakakibara, quien debuta en la dirección, y Kunihiko Yuyama (Héroes Pokémon), la cinta cuenta con las voces, en su versión original, de Sandayû Dokumamushi (Ultraman Zearth 2), Arata Furuta (Too young to die), Mao Inoue (Renacimiento) y Nana Mizuki (Buda: el gran viaje).

También animada es la francesa Amarillito, comedia de aventuras de 2014 dirigida por Christian De Vita, quien debuta de este modo en el largometraje. La trama se centra en un pájaro que no ha conocido a su familia ni el mundo, y tampoco parece muy dispuesto a salir de su nido. Sin embargo, cuando un día se aleja unos metros se encuentra con el líder malherido de una bandada que le revela una ruta a África. Deslumbrado por la belleza de la hija de este líder, el joven héroe iniciará la aventura más apasionante de su vida. Entre las voces que pueden escucharse en la versión original destacan las de Seth Green (Holidays), Arthur Dupont (La cocinera del presidente), Dakota Fanning (Very good girls), Christine Baranski (Exposados), Sara Forestier (Suzanne), Elliott Gould (serie Ray Donovan), Danny Glover (Tokarev) y Richard Kind (Argo).

En lo que a documental se refiere, varias son las propuestas. Por un lado, Converso es el título de una producción española escrita y dirigida por David Arratibel (Oírse) que se adentra en el proceso de conversión al catolicismo de su propia familia.

También española es The king of Rock and Roll, cinta dirigida por Iván Muñiz (Rocanrol) que sigue al músico Paul Zinnard, compositor de la canción ‘The King of Rock and Roll’, y todo el proceso hasta la grabación del disco.

‘La excepción a la regla’: no es oro todo lo que reluce


Hay nombres de Hollywood que simplemente elucubrando sobre una posible película logran que medio firmamento cinematográfico se comprometa a participar. Esto, claro está, tiene el riesgo de que luego la historia no sea lo esperado, pero la posibilidad de compartir cartel con algunos de los mitos del séptimo arte siempre es más atractiva que el hecho de que sea un film mediocre. Y aunque eso puede comprenderse en jóvenes actores con incipientes carreras, también se aplica a los más veteranos. Pues bien, todo eso y más es la nueva película de Warren Beatty (Enredos de sociedad), que no dirigía una película desde hace 15 años y en la que, ya sea porque nadie quería su proyecto o por mantener el absoluto control creativo, ejerce de productor, guionista, director y actor.

El resultado de esta La excepción a la regla puede analizarse, si se quiere, desde dos puntos de vista. Por un lado, el reparto y la puesta en escena. Los actores conforman un microcosmos en el que los sueños, las esperanzas, las frustraciones y los traumas del pasado tienen un peso fundamental para entender buena parte del desarrollo dramático del film. La pareja protagonista, aunque con poco carisma, logra aportar cierta presencia a unos roles, por otro lado, bastante arquetípicos. Todo ello narrado por un Beatty sobrio que juega, y mucho, con las luces y sombras, físicas y metafóricas.

Pero el problema que arrastra la historia es, valga la redundancia, la propia historia. El relato construido por el director y guionista peca casi siempre de imperfecciones que se acumulan hasta hacerse insoportables, llevando a los personajes a situaciones inconexas, muchas de ellas carentes de un trasfondo dramático coherente que justifique sus decisiones. La personalidad de Howard Hughes, además, imprime al relato un absurdo caos del que no se libra, por desgracia, ningún aspecto de la cinta, en la que entran y salen personajes secundarios sin demasiado objetivo, dejando en el espectador muchas veces la sensación de que se han dejado muchas cosas en la sala de montaje. De hecho, hay secuencias que directamente parecen cortadas antes de tiempo.

Así las cosas, La excepción a la regla se convierte más en una reunión de grandes y conocidos nombres de Hollywood que en un drama sólido y sobrio sobre el amor prohibido, el dolor del pasado o la búsqueda de lo que realmente queremos. Su desarrollo, marcado por cierto caos y la intermitencia de muchas líneas argumentales, termina por imprimir al conjunto un cierto tedio, impidiendo al espectador seguir la narración y el arco dramático de algunos roles. Da la sensación de que Warren Beatty ansiaba poner en marcha este proyecto fuera como fuera, y el resultado, a pesar de todas las estrellas que integran el reparto, no es ni mucho menos brillante.

Nota: 5/10

1ª T. de ‘Westworld’, magistral laberinto de la inteligencia artificial


El Lejano Oeste es el protagonista en la serie 'Westworld'.Con todo lo que se ha hablado de la primera temporada de Westworld, decir que esta serie es una de las nuevas joyas de la televisión es no decir nada, y además quedarse muy corto. Lo más llamativo, desde luego, es su factura técnica y el mundo creado alrededor de este parque temático ambientado en el Lejano Oeste con robots tan idénticos a los humanos que es imposible reconocerlos. Pero la primera temporada es mucho más, y ello se debe al desarrollo narrativo planteado por Lisa Joy (serie Criando malvas) y Jonathan Nolan (serie Person of interest), autores de esta especie de adaptación/continuación de la película escrita y dirigida por Michael Crichton (autor a su vez de novelas como Parque Jurásico o La amenaza de Andrómeda) en 1973.

Y es que estos primeros 10 episodios son el ejemplo perfecto de cómo estructurar una narrativa para, como si de una cebolla se tratara, desvelar los secretos capa a capa hasta encajar todas las piezas de un puzzle apasionante y complejo. Lo que comienza siendo una especie de bucle episodio tras episodio en el que se van introduciendo pequeños y distintos elementos termina por convertirse en un relato de venganza, de obsesión y, en cierto modo, de proteger un legado. En dicha evolución los personajes, secundarios o protagonistas, se integran de forma armónica para componer una historia coral que, más allá de la violencia, lo que aborda es la humanidad y los riesgos de la tecnología, algo muy presente en la obra de Crichton. Y todo ello manteniendo un misterio que se resuelve con cuentagotas en los últimos episodios.

Aunque posiblemente lo más interesante de esta primera temporada de Westworld sea la capacidad de Nolan y Joy para relacionar líneas argumentales que no solo se narran de forma paralela, sino que discurren en tiempos diferentes. El hecho de que este mundo del Oeste no envejezca, no cambie, permite a sus creadores jugar con el presente, el pasado y el futuro. Bajo el paraguas de ese “juego” que quiere resolver el personaje de Ed Harris (Retales de una vida), la historia aborda desde diferentes prismas el concepto de la evolución psicológica de los personajes, concepto presente en todas y cada una de las líneas argumentales que nutren estos primeros capítulos. Puede parecer que muchas de las historias son, sencillamente, elementos complementarios a la principal, pero la resolución de la temporada permite una visión tan amplia de la trama que todas las piezas terminan encajando en ese laberinto que el rol de Harris se afana por resolver.

Un laberinto, por cierto, en el que también se introduce al espectador, con el que se establece un juego de inteligencia y perspicacia basado no solo en los detalles visuales, sino en los conceptos sobre los que reflexionan los personajes. Ideas como que los robots solo ven lo que sus creadores quieren que vean, o su incapacidad para hacer daño, terminan siendo ideas fundamentales que no solo sostienen la coherencia de este universo, sino que provocan puntos de giro tan inesperados como impactantes, elevando la historia hasta niveles insospechados en un primer momento. La serie, que cuenta con el apoyo de J.J. Abrams (Star Wars. Episodio VII: El despertar de la fuerza) como productor, se revela así como una producción compleja, impecable en su factura técnica y con un trasfondo moral, humano y social sumamente sólido.

Actores y actrices

En efecto, esta primera temporada de Westworld es capaz de sobreponerse a sus fallos (si es que los tiene son menores) gracias a una constante reflexión en torno a la idea de lo que nos convierte en humanos, de esa capacidad para tomar decisiones. En este caso, a diferencia de la película original, no hay fallos mecánicos o de energía, sino una presencia en forma de código informático que abre la puerta al libre albedrío de las máquinas. A través de pequeños y aparentes fallos en su comportamiento, la trama cambia el prisma poco a poco para mostrar la verdadera realidad de una situación mucho más compleja, plagada de intereses y en la que pocos personajes terminan siendo lo que inicialmente fueron; es decir, la serie evoluciona, que al fin y al cabo es lo que se pide a toda historia.

Y en esta evolución tienen buena parte de responsabilidad los actores. Sostener una trama tan compleja, con tantas aristas y tantas lecturas, sería complicado si el reparto no está a la altura. Y lo cierto es que no solo asumen sus respectivos roles, sino que aportan algo más, ya sea físicamente o psicológicamente. Desde Anthony Hopkins (Noé), que comienza siendo una suerte de padre bondadoso para revelar su verdadera naturaleza, hasta Ed Harris (Una noche para sobrevivir), cuyo final no revelaremos por ser clave en la comprensión final de la trama, todos los actores acometen la difícil tarea de dotar de profundidad a los personajes, incluso aquellos definidos de una forma algo más burda y arquetípica.

En este sentido, destacan Thandie Newton (Huge), Jeffrey Wright (serie Boardwalk Empire) y Evan Rachel Wood (Los idus de marzo). La primera porque se convierte en el vehículo transformador de toda la historia, en la cara visible de un cambio que se produce a muchos niveles. A través de su personaje no solo se narra la revolución de las máquinas, sino que se descubre el dolor y la tortura a la que se somete a estos personajes. Tortura, por cierto, que se amplifica con el rol de Wright, cuyos giros argumentales en el tramo final son sencillamente abrumadores. En cuanto a Wood, su personaje es el epicentro de la trama, y a pesar de no desempeñar un papel fundamental en el desarrollo de la historia, es evidente que será clave en el futuro de la trama. Es, por así decirlo, el objetivo de todo lo narrado en estos episodios.

La primera temporada de Westworld se convierte, por tanto, en una de las producciones imprescindibles de la temporada. La espectacularidad y precisión de su factura técnica, posiblemente lo más llamativo del conjunto, es simplemente el envoltorio adecuado para una historia compleja que aprovecha los puntos de giro dramáticos para derribar las pretensiones del espectador de comprender algo de lo que ocurre. Y lo más fascinante de todo es que en apenas dos episodios todas las piezas de este parque temático encajan a la perfección para descubrir el fantasma dentro de la máquina, el mensaje que se nos transmite desde el principio y que no hemos podido, o no hemos sabido, ver. La guinda del pastel es que el final de estos 10 episodios deja la puerta abierta a un futuro mucho más apasionante.

‘Una noche para sobrevivir’: un guión para superar con tiroteos


Ed Harris y Liam Neeson, dos amigos enfrentados en 'Una noche para sobrevivir'.Hay algo en el nuevo cine de Liam Neeson (Venganza) que atrae al espectador incluso sabiendo que lo que se está a punto de ver no es, ni mucho menos, lo mejor que puede dejar un actor de su categoría. Pero tal vez por eso, porque es un magnífico actor, es capaz de repetir frases, posturas y miradas en personajes casi fotocopiados de una película a otra sin que ello repercuta en el espectáculo… al menos no demasiado.

Y es que Una noche para sobrevivir tiene poco que añadir a lo mencionado en otros films de Neeson como “tipo duro” capaz no solo de disparar en las situaciones más inverosímiles, sino acertar al blanco con la máxima precisión. Da igual que sea un criminal, un policía o un agente secreto. El caso es resultar lo más frío posible a través de la sencillez y la simplicidad de una narrativa lineal, sin sorpresas y con mucha, mucha acción. Tramas, en definitiva, que pueden recordar vagamente a lo que en su día hizo Charles Bronson (El justiciero de la noche).

El conjunto lo ameniza Jaume Collet-Serra (La huérfana), especializado en dirigir a Neeson en todos los contextos imaginables. Su puesta en escena, aunque flaquea en algunas secuencias de acción, aprovecha foliaturas audiovisuales para hacer el producto más atractivo, una tarea en la que también tienen algo que decir los actores, sobre todo Ed Harris (Camino a la libertad), el único que parece querer aportar algo más a un personaje arquetípico.

El problema de Una noche para sobrevivir, al igual que el de el resto de películas similares, es que no hay nada en ella remarcable. Todo es correcto, es cierto, pero nada queda en la retina. Ni un giro argumental sólido, ni una secuencia brillante, ni un diálogo atractivo. La cinta pasa sin mayores problemas de una secuencia a otra entre persecuciones, tiroteos y miradas que matan más rápidamente que las balas. En definitiva, un producto para desconectar un par de horas de lo que hay fuera de la sala, pero nada más.

Nota: 5/10

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