‘Los Medici: Señores de Florencia’, ficción histórica de impecable factura


Richard Madden, Stuart Martin y Dustin Hoffman protagonizan 'Los Medici: Señores de Florencia'.Si ya resulta complicado encontrar un equilibrio en cualquier historia para lograr su éxito, hacerlo en una de corte histórico tiende a ser casi misión imposible. Si se opta por ser fiel a la realidad, se puede perder el pulso dramático y caer en el tedio. Si se elige la opción de una fantasía, el resultado puede ser una invención entretenida que no solo no se ajuste a la realidad, sino que desvirtúe el carácter de los personajes tal y como se conoce. De ahí que lo logrado por Nicholas Meyer (Elegy) y Frank Spotnitz (serie Hunted) con Los Medici: Señores de Florencia tenga tanto mérito. Porque, en efecto, la serie tiene un marcado carácter histórico en todos sus aspectos, pero en su trama principal subyace un thriller que nada tiene que ver con la realidad.

Y esto es lo más interesante de esta ficción. Toda la trama de asesinatos, sospechas, engaños y manipulaciones queda perfectamente integrada con los acontecimientos históricos que sí vivió Cosme de Medici, interpretado con sobriedad por Richard Madden (Robb Stark en Juego de tronos). Se produce, por tanto, un desarrollo dramático casi paralelo entre ambos aspectos de la trama, pero nutriéndose uno de otro hasta desembocar en un final tan inesperado como satisfactorio. Ahora bien, dicho desarrollo no es del todo perfecto. A lo largo de los 8 episodios que componen esta primera temporada, la historia cuenta en muchas ocasiones, tal vez demasiadas, con oscilaciones hacia una u otra línea argumental, si bien esto no supone un gran problema narrativo en sí mismo.

Es digno de mención igualmente el recurso de los flashbacks a lo largo de la trama, sobre todo en los primeros episodios. Ya sea por la presencia de un brillante Dustin Hoffman (El coro) o por la posibilidad de comprender la evolución de algunos protagonistas, la introducción de estas secuencias no solo ayuda a sostener la definición de personajes, sino que es un soplo de aire fresco a una trama que en ocasiones puede ser pesada dramáticamente hablando, nutrida de numerosos conflictos de diversa índole que enriquecen el conjunto pero pueden llegar a saturar al espectador. De ahí que, cuando el desarrollo se centra más en el carácter histórico de los personajes, los recuerdos de juventud sean una herramienta más que útil para aliviar la carga y dibujar más claramente a los protagonistas.

A todo ello se suma una cuidada puesta en escena, alejada de efectismos pero que tampoco cae en la sobriedad más absoluta, recurriendo en muchas ocasiones a movimientos que cámara capaces de acaparar toda la belleza de los decorados y, sobre todo, la fuerza de las secuencias más determinantes. Aunque posiblemente puede considerarse que la serie carece de un ritmo idóneo en las secuencias de acción (algunas narradas de forma un poco tosca), es indudable que este lenguaje visual embellece el conjunto y es capaz de ofrecer varios matices que, de otro modo, podrían escaparse a la atención del espectador, ya sea en las intrigas palaciegas o en las secuencias en exterior.

De actores y hombres

Con todo, si algo destaca de Los Medici: señores de Florencia es la definición de sus personajes y los actores elegidos para interpretarlos. Curiosamente, el que menos destaca es el protagonista, no tanto por el modo en que se le presenta como por Madden, que aunque sobrio, en demasiados momentos parece más bien una de las muchas esculturas de las que se rodea Cosme de Medici. Si bien es cierto que la gravedad del rol que interpreta invita a una mínima expresividad, no lo es menos que hay varias situaciones que exigen una mayor muestra de emociones, aunque solo sea por el contexto en el que se desarrollan. Con todo, esta apuesta interpretativa permite apreciar con mayor evidencia el cambio en el carácter del protagonista con respecto a sus años de juventud.

Aunque si hay un personaje que destaca sobremanera es el de Contessina, mujer de Cosme y auténtico espíritu de la familia. Mujer fuerte e inteligente, es presentada como un rol capaz de dominar toda una estirpe a pesar de ocupar un lugar que, para la época, podía considerarse secundario. Su entereza para afrontar los desaires del marido, las humillaciones e incluso los desprecios en algunas miradas es admirable. Y a todo ello contribuye, y de qué modo, Annabel Scholey (Walking on sunshine), actriz que no solo da vida a esta mujer, sino que la engrandece hasta convertirla en un referente para todos y cada uno de los personajes. Desde luego, los momentos que protagoniza se cuentan entre los mejores de estos 8 capítulos, y aquellos que comparte con Madden son magistrales.

En realidad, estos son solo dos ejemplos de que esta historia, con sus intrigas y su recreación histórica, es una historia de personajes, de hombres y mujeres y de los actores y actrices que les interpretan. El modo en que se desarrollan muchos de los diálogos da buena cuenta de que estamos ante una ficción en la que nada es lo que parece, o al menos no lo que el espectador espera. La revelación final sobre la identidad del asesino es el colofón a un desarrollo dramático que desafía la inteligencia en diferentes niveles y que, a lo largo de sus episodios, desgrana los entresijos no solo de la familia más poderosa de Florencia, sino del sistema social, político y económico de la época, incluyendo esa especie de Parlamento de la ciudad o los cambiantes apoyos del Papa en base a sospechas, informaciones o, simplemente, dinero.

Habrá quienes consideren que Los Medici: señores de Florencia no es una serie histórica, sino una ficción que utiliza un trasfondo histórico como excusa. Bueno, es cierto. Pero eso no impide que no se pueda disfrutar a partes iguales de su fidelidad a los acontecimientos que vivió Cosme de Médici y de su elaborada intriga que planea durante toda la serie. Dos elementos que, además, se integran perfectamente en determinados momentos, lo que aporta una especial gravedad a algunos de los hechos históricos que se narran en la trama. Una producción rica en detalles, de una factura técnica muy alta y con un desarrollo dramático muy bien medido, con algunos altibajos pero en cualquier caso muy recomendable, sobre todo para los amantes de este tipo de ficciones.

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‘El coro’: sentirse bien con la voz de los ángeles


Photography By Myles AronowitzSalir con malas sensaciones de una película como la que dirige François Girard (Seda) es muy complicado, casi imposible. Historias como estas están diseñadas para gustar, para que el espectador se sienta a gusto consigo mismo y con los que le rodean. Es, en pocas palabras, una feel-good movie. Ahora bien, todo lo que tiene de positivo también juega en su contra. El secreto está en lograr el equilibrio.

¿Y qué equilibrio es ese? Bueno, el que convierte a una obra tolerable en una tortura sin justificación. En películas como El coro suele sustentarse en el grado de autocompasión que desprenden los personajes, en su definición y en la dulzura que desprenden. Demasiada cantidad puede terminar por matar la trama. Pero lo que nos encontramos en esta cinta protagonizada por Dustin Hoffman (Tootsie) no tiene demasiado de nada. De hecho, mide muy bien sus tiempos, sabiendo encontrar el espacio en cada nota, en cada canto, para que los personajes puedan desarrollarse mínimamente.

A esto se suma, cómo no, la voz de sus protagonistas, sobre todo la de Garrett Wareing, primera película que hace y en la que demuestra un don incomparable. Su aportación al film, aunque bastante limitada por el tono musical, es capaz de plantar cara a la de otros actores con unos cuantos años de experiencia más. En su contra juega una historia demasiado plana, previsible y tópica, con roles que no se salen del pentagrama y con situaciones que recuerdan poderosamente a otras películas.

Pero hay que ser realistas. El coro no está planteada para sorprender ni para marcar un nuevo hito en este tipo de dramas. Es, simple y llanamente, una película que llena el alma, que permite disfrutar de un rato distraído, y que desde luego nos hace sentir bien. Pedirle más no sería justo, porque tampoco lo exige. Tan solo pide que nos deleitemos con las angelicales voces de estos niños cantores. Y eso siempre reconforta.

Nota: 5,5/10

Un ‘Golpe de Estado’ en Nunca Jamás liderado por ‘Pan’


Estrenos 9octubre2015Octubre está teniendo un comienzo prometedor, al menos en lo tocante a número de estrenos. Dejando a un lado la gran cantidad de títulos que llegan cada semana, lo interesante radica en que viernes tras viernes se presentan películas con bastante atractivo, ya sea por género, por reparto o por directores. Y hoy, día 9, no es menos.

No cabe duda de que el principal estreno es Pan (Viaje a Nunca Jamás), nueva reinterpretación de un cuento infantil, en este caso narrando los orígenes del clásico escrito por J. M. Barrie. Así, la trama sitúa a un niño rebelde que vive en un sombrío orfanato de Londres. Su vida transcurre entre juegos y travesuras hasta que una noche es transportado en un barco volador hasta una tierra de fantasía conocida como Nunca Jamás. Allí deberá unir fuerzas con James Garfio y una conocida guerrera para derrotar a Barbanegra, un pirata que aterroriza a todos los habitantes, convirtiéndose así en el héroe que recoge el cuento. Aventura, humor y acción llegan de la mano de Joe Wright (Anna Karenina) en una película interpretada por Levi Miller, Hugh Jackman (Chappie), Garrett Hedlund (Invencible), Rooney Mara (Trash), Amanda Seyfried (Ted 2) y Cara Delevingne (Ciudades de papel).

Otra de las novedades más interesantes es Golpe de Estado, thriller de acción con un reparto cuanto menos curioso que gira en torno a un hombre de negocios y su familia que se trasladan a una ciudad del sudeste asiático por motivos de trabajo. Pero como el propio título del film indica, su tranquilidad se ve alterada por un golpe de estado que desata la violencia en las calles. La familia se verá obligada a luchar por sobrevivir, para lo que contarán con la ayuda de un aliado inesperado. Dirigida por John Erick Dowdle (La trampa del mal), el reparto está encabezado por Owen Wilson (Puro vicio), Pierce Brosnan (El marido de mi hermana), Lake Bell (El chico del millón de dólares) y Sterling Jerins (Guerra Mundial Z).

Desde Estados Unidos también nos llega Yo, él y Raquel, adaptación de la novela de Jesse Andrews que él mismo escribe y que tiene como protagonista a un joven que, aunque intenta agradar a todo el mundo en el instituto, no tiene una gran capacidad para intimar. A pesar de ello, se verá obligado a traspasar esa barrera cuando su madre le pida que se haga amigo de una chica a la que le han diagnosticado cáncer. Alfonso Gomez-Rejon (Espera hasta que se haga de noche) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Thomas Mann (Project X) Olivia Cooke (serie Bates Motel), Nick Offerman (Believe me), Connie Britton (serie Nashville), RJ Cyler y Jon Bernthal (El lobo de Wall Street).

Y el último estreno estadounidense es El coro, drama del 2014 dirigido por François Girard (Seda) que se centra en un niño rebelde que es enviado a un internado musical por un mecenas anónimo. Aunque nadie cree que vaya a llegar muy lejos, una serie de personajes, entre ellos su profesor, le harán comprender el enorme potencial que tiene. Dustin Hoffman (Nunca es tarde para enamorarse) es el principal atractivo de un reparto que cuenta, además, con Kevin McHale (serie Glee), Josh Lucas (Contrarreloj), Kathy Bates (Midnight in Paris) y Debra Winger (Lola versus).

Ya en España, destaca La playa de los ahogados, thriller basado en la novela de Domingo Villar que narra la investigación policial que lleva a cabo un inspector después de que un cuerpo aparezca en una orilla atado de pies y manos. Para poder esclarecer el caso el hombre deberá adentrarse en el mundo de mentiras y secretos del pueblo costero del que era vecino el cadáver, lo que le llevará a una conclusión inesperada. Dirigida por Gerardo Herrero (Silencio en la nieve), la película cuenta con un reparto encabezado por Carmelo Gómez (Tiempo sin aire), Antonio Garrido (Fin), Luis Zahera (Faraday) y Celia Freijeiro (Todo es silencio).

El capital español también está detrás de Segundo origen, cinta de aventuras que combina la ciencia ficción y el horror en la que una joven de 20 años y un niño de 10 son los únicos supervivientes de la Humanidad. Protegiéndose el uno al otro, para poder sobrevivir deberán reconstruir sus vidas al tiempo que afrontan el hecho de repoblar el planeta. Dirigida por Carles Porta, quien debuta de este modo en el largometraje de ficción, la película está basada en la novela de Manuel de Pedrolo, y en su gestación ha trabajado un nutrido grupo de directores y guionistas, entre los que se encuentra Bigas Luna (Yo soy la Juani). Entre los actores destacan Rachel Hurd-Wood (Solomon Kane), Andrés Batista, Ibrahim Mané y Sergi López (Un día perfecto).

Los estrenos europeos se completan con Life feels good, drama polaco de 2013 escrito y dirigido por Maciej Pieprzyca (Drzazgi) que, inspirado en una historia real, aborda los intentos de un joven con parálisis cerebral por hacerse entender. Durante toda su vida ha escuchado cómo médicos y especialistas han negado la posibilidad de que sea capaz de escuchar o comprender su entorno, por lo que la lucha diaria del chico es lograr comunicarse con alguien. Dawid Ogrodnik (Ida), Kamil Tkacz (Lauf Junge lauf), Dorota Kolak (Milosc) y Arkadiusz Jakubik (Drogówka) son los actores principales.

Desde Chile nos llega El Club, drama de corte religioso que arranca cuando un cura llega a una casa en los confines del país sudamericano en la que conviven varios curas y una monja. Su única actividad parece ser el entrenamiento de un galgo para que compita en las carreras locales. Pero el suicidio de este nuevo miembro un poco antes de que un perturbado le acuse de abusos sexuales hará tambalearse el equilibrio de los inquilinos de la casa. Pablo Larraín (No) dirige esta cinta protagonizada por Roberto Farías (El cordero), Alfredo Castro (Las niñas Quispe), Antonia Zegers (Post mortem) y Alejandro Goic (La comodidad en la distancia).

Si algo destaca esta semana son los documentales. Hasta cuatro títulos se estrenan hoy viernes, y uno de ellos es Muros, nuevo film de Pablo Iraburu y Migueltxo Molina (Pura vida – The Ridge), que a través de varios personajes recorren los muros que separan a miles de personas en todo el mundo. Muros que nos aislan de los demás a pesar de que, en lo esencial, todos somos iguales.

Los amantes del fútbol tienen una cita con Sueños del Barça, cinta dirigida por Jordi Llompart (Viaje mágico a África) que realiza el repaso más completo y exhaustivo de la historia de este club, contando con protagonistas del pasado, del presente y del futuro que han ayudado a convertirlo en lo que es hoy en día.

El tercero de los documentales es Taxi Teherán, nuevo film de Jafar Panahi (Esto no es una película) en el que el director y guionista se pone al volante de un taxi con el que recoge a una sucesión de pasajeros que compondrán un mosaico de historias mínimas que dan vida a la riqueza de una ciudad como Teherán.

El nuevo ‘Poltergeist’ llega para dar ‘Caza al asesino’


estrenos 22mayo2015Siguiendo con la fórmula que parece haberse impuesto durante este mes de mayo en la cartelera, los estrenos de hoy viernes, 22 de mayo, ofrecen al espectador una notable variedad de géneros, pero ninguno de ellos está llamado a convertirse en un blockbuster, al menos a primera vista. Eso no quita, ni mucho menos, que existan suficientes atractivos para decantarse por alguna de las numerosas opciones, sobre todo entre las que proceden de Estados Unidos, que esta semana son mayoría. Terror, comedia, thriller, musical, drama, … En la variedad está el gusto.

Pero dado que hay que comenzar por algún sitio, esta semana lo haremos por Poltergeist, remake del clásico de terror de 1982 dirigido por Tobe Hooper (La matanza de Texas). La historia, para aquellos que todavía no la conozcan, narra la vida de una familia que se muda a una nueva casa en la que empiezan a suceder fenómenos extraños. Cuando la actividad paranormal se intensifica descubren que el lugar está habitado por una serie de fantasmas. Los acontecimientos se precipitarán cuando la hija pequeña sea secuestrada, lo que obligará a la familia a recurrir a todo tipo de expertos. Gil Kenan (Monster House) es el encargado de ponerse tras las cámaras, mientras que el reparto de esta nueva versión está encabezado por Sam Rockwell (Siete psicópatas), Rosemarie DeWitt (Matar al mensajero), Jared Harris (Pompeya), Kennedi Clements (serie Rogue) y Kyle Catlett (serie The following).

Muy distinta es Caza al asesino, thriller de acción dirigido por Pierre Morel (Venganza) que adapta una novela de Jean-Patrick Manchette en la que un asesino de élite que es traicionado por su equipo decide vengarse a toda costa, lo que le llevará de una punta a otra del planeta. Si bien la trama puede resultar familiar, lo más atractivo del film reside en su reparto, en el que destacan Sean Penn (Gangster Squad), Javier Bardem (Skyfall), Idris Elba (Thor: El mundo oscuro) y Ray Winstone (Noé).

La comedia tiene uno de sus principales representantes en Dando la nota: Aún más alto, secuela de la cinta musical de 2012 que vuelve a contar con sus principales actrices y que, en esta ocasión, está dirigida por la actriz Elizabeth Banks (Los Juegos del Hambre: Sinsajo 1), quien de este modo debuta tras las cámaras en un largometraje completo. La trama se sitúa a las protagonistas tres años después de los acontecimientos de la primera parte tratando de lograr el título mundial de grupos. Sin embargo, un embarazoso accidente pone en riesgo no solo la competición, sino su permanencia en la Universidad. Para poder superarlo todo deberán afrontar el mayor reto de sus cortas carreras. Anna Kendrick (Into the woods), Rebel Wilson (Dolor y dinero), Brittany Snow (Syrup), Alexis Knapp (Project X), Hailee Steinfeld (Begin Again), Adam DeVine (serie Workaholics) y la propia Banks repiten en sus respectivos papeles, a los que se suman Katey Sagal (serie Hijos de la Anarquía) y Birgitte Hjort Sørensen (serie Borgen).

Y también cómica, aunque muy distinta, es Con la magia en los zapatos, nuevo vehículo para explotar los recursos de Adam Sandler (Niños grandes 2) que dirige para la ocasión Thomas McCarthy (Win win). Enmarcada en la ciencia ficción, la trama se centra en un reparador de zapatos cuya vida transcurre sin sobresaltos, pero al que el negocio familiar le resulta monótono. Su situación cambia cuando descubre un antiguo artefacto que le permite vivir la vida a través de los ojos de sus clientes, lo que le dará una nueva perspectiva de lo que tiene y del mundo que le rodea. El reparto sea completa con Dan Stevens (El quinto poder), Dustin Hofman (#Chef), Steve Buscemi (serie Boardwalk Empire), Ellen Barkin (Another happy day) y el rapero Method Man (El canguro).

Uno de los representantes del drama de esta semana es Lo mejor para ella, producción del 2014 escrita y dirigida por Mike Binder (Más allá del odio) que gira en torno a un hombre cuya mujer acaba de fallecer y que debe hacerse cargo de la educación y el cuidado de su nieta. Su situación se agrava cuando la abuela materna decide pedir la custodia de la pequeña, lo que generará un conflicto legal que sacará a la luz viejos problemas familiares. Kevin Costner (3 días para matar), Octavia Spencer (Snowpiercer), Jillian Estell (So this is Christmas), Bill Burr (Castores zombies), Anthony Mackie (Runner Runner) y André Holland (serie The Knick) son los principales protagonistas.

Estados Unidos y Francia están detrás de Lazos de sangre, drama del 2013 con dosis de thriller ambientado en el mundo del crimen y basado en la novela de Bruno y Michel Papet. Dirigida por Guillaume Canet (Pequeñas mentiras sin importancia), la trama se centra en la relación de dos hermanos cuyas vidas han discurrido por caminos muy distintos. Uno acaba de salir de la cárcel tras varios años encerrado por un asesinato; el otro es policía. A pesar de los intentos de este último por reconducir la vida de su hermano, aquel pronto vuelve a verse envuelto en el mundo del crimen, lo que arrastrará a ambos hermanos a una espiral de la que no podrán escapar. Uno de los mayores atractivos del film es su reparto, en el que encontramos nombres como los de Clive Owen (Intruders), Billy Crudup (Come Reza Ama), James Caan (Misery), Mila Kunis (Ted), Zoe Saldana (El ladrón de palabras), Marion Cotillard (El sueño de Ellis), Lili Taylor (Expediente Warren: The Conjuring), Noah Emmerich (serie The americans) y Matthias Schoenaerts (De óxido y hueso).

Y sin duda la producción más internacional es Corn Island, que cuenta con capital francés, alemán, checo, húngaro, georgiano y kazako. La historia comienza cuando un anciano granjero se asienta en una de las islas que cada año crea el río Enguri en la frontera entre Georgia y la República de Abjasia, dos países cuyas tensiones no han disminuido desde la guerra de principios de los años 90. Acompañado de su nieta adolescente, el hombre empezará a cultivar maíz al tiempo que ve cómo la pequeña florece. George Ovashvili (Gagma napiri) dirige la propuesta, mientras que Tamer Levent (Sueño de invierno), Irakli Samushia, Mariam Buturishvili e Ilyas Salman (Lal Gece) dan vida a los roles principales.

Desde Australia nos llega 52 martes, drama familiar del 2013 que supone el debut en el largometraje de ficción de Sophie Hyde, directora del documental Life in movement (2013). Su argumento gira en torno al cambio de sexo que afronta una mujer, madre de una adolescente de 16 años. Mientras dura el proceso, la mujer le pide a la joven que solo se vean los martes. La cinta, rodada a lo largo de un año, se convierte así en un relato sobre la identidad, el deseo o la sexualidad. El reparto está encabezado por Tilda Cobham-Hervey (One eyed girl), Del Herbert-Jane, Mario Späte, Beau Travis Williams e Imogen Archer.

Terminamos el repaso con la cinta de animación europea ¡Ups! ¿Dónde está Noé?, coproducida entre Alemania, Bélgica, Luxemburgo e Irlanda. Como su propio título indica, la historia se ambienta en el arca de Noé en pleno Diluvio Universal. En concreto, la trama se centra en dos niños que acaban cayéndose de la nave y que se verán obligados a sobrevivir y a buscar el camino hacia el monte mientras sus padres tratan de desviar el curso del arca para rescatarles. Toby Genkel (Das doppelte Lottchen) y Sean McCormack dirigen la propuesta.

‘#Chef’: un buen menú para el paladar digital


Jon Favreau escribe, dirige y protagoniza '#Chef', en la que podemos ver a John Leguizamo.Jon Favreau, mundialmente aclamado gracias al éxito de Iron Man (2008) y Iron Man 2 (2010), es uno de esos directores que se han desarrollado en proyectos pequeños, sin pretensiones y con una clara vocación de puro entretenimiento. Por eso, cuando regresan al mundo que les vio nacer siempre se produce una cierta expectación por ver si son capaces de adaptarse a las exigencias de un guión y de un rodaje de dimensiones mucho más modestas. En el caso que nos ocupa el resultado de esta fábula sobre la madurez, la búsqueda personal y las relaciones que se crean y se destruyen entre fogones es óptimo, debido fundamentalmente a que los actores desprenden un carisma y una comodidad que traspasa historia, personajes y pantalla.

El director, autor también del texto, construye, o mejor dicho deconstruye, la vida acomodada de este #Chef para reflexionar sobre la necesidad de disfrutar con lo que nos rodea, desde el trabajo hasta los amigos o la familia. El camión, que no es otra cosa que un símbolo de su pasión por la comida, se convierte de este modo en nexo de unión para todas las piezas que componen la rota vida del protagonista, quien toca fondo a raíz de una mala crítica en un blog. Este último aspecto, por cierto, es el otro gran pilar de la obra. El punto de inflexión que supone el texto publicado en ‘El paladar digital’ introduce en la historia la importancia de la tecnología y las redes sociales en nuestras vidas, representadas en este caso por el joven Emjay Anthony (No es tan fácil) y cuya influencia en el devenir de la historia se revela clave además de tremendamente creativo a nivel visual.

Hay que reconocer, sin embargo, que el guión presenta una serie de problemas que no terminan de ser resueltos. Más allá de las concesiones que le pide al espectador, y que tienen que ver fundamentalmente con el trasfondo de algunas relaciones, lo relevante está en que sufre un bache narrativo durante el comienzo del segundo acto, cuando el personaje se encuentra sin rumbo. Es en este momento cuando la trama pierde cierta relevancia, además de interés, lo que termina por perjudicar el conjunto. Pero incluso esta irregularidad queda paliada por la espectacular labor de un reparto que disfruta con lo que hace, ya sean un minuto o una hora. Por supuesto, la relación de los personajes de Favreau, Anthony y John Leguizamo (Moulin Rouge) en el camión es imprescindible, pero quizá el mejor ejemplo se encuentre en la secuencia que protagoniza Robert Downey Jr. (Salidos de cuentas), uno de los momentos más hilarantes y surrealistas de todo el metraje.

Una película como #Chef no debe ser vista con demasiadas expectativas. Para bien o para mal, no promete más de lo que puede abarcar, ni pretende ser otra cosa más que una comedia entrañable que, eso sí, despierta un apetito voraz. Gracias a un reparto impecable y a una originalidad visual interesante, sobre todo en su último tramo, la película supera sus problemas narrativos para mostrar que la verdadera felicidad no se halla en una buena crítica o en la cocina de un exitoso restaurante, sino en aquello que realmente nos hace disfrutar cuando lo llevamos a cabo con los nuestros. Puede que sea necesario superar determinadas irregularidades en el guión, pero al igual que con un buen plato, la espera merece la pena.

Nota: 6,5/10

Los Transformers, ante su extinción, y Favreau ante la cocina rápida


Estrenos 8agosto2014Puede que sea coincidencia, pero tras varios fines de semana con numerosos estrenos hoy viernes, 8 de agosto, tan solo cuatro títulos engrosan la lista de novedades en la cartelera española. ¿Y qué diferencia hay con días anteriores? Bueno, pues que los robots alienígenas capaces de transformarse en coches, aviones, tanques y hasta dinosaurios están de vuelta, y eso es motivo más que suficiente para tratar de no competir directamente con ellos. Sobre todo si ya han superado los 1.000 millones de dólares recaudados a nivel mundial. Empero, todavía hay esperanza para aquellos que prefieran algo más tranquilo y con un mayor contenido dramático y emocional gracias al resto de novedades.

Como la actualidad manda, es imprescindible que comencemos el repaso con Transformers: La era de la extinción, cuarta entrega de la saga iniciada por Michael Bay, director de las cuatro, hace ya siete años. Una entrega que cambia a sus actores y que tiene un cierto aire de renovación tras el cansancio creativo que parecía haberse apoderado de las dos secuelas anteriores. Su trama arranca con una espectacular batalla que destruye una ciudad entera pero que logra salvar a la Humanidad. Sin embargo, tras este ataque un misterioso grupo aparece con el objetivo de hacerse con el control de los Autobots, liderados por un Optimus Prime que todavía se recupera de sus heridas. Todo cambiará cuando una amenaza como jamás se había visto llegue a la Tierra con el objetivo de acabar con todo signo de vida, lo que incluye a Transformers y humanos, que unirán sus fuerzas para salvar el planeta al que llaman hogar. Acción, espectacularidad y aventuras sin pretensiones es lo que a todas luces van a encontrar los fans de estos personajes de Hasbro, que en esta ocasión verán en pantalla a Mark Wahlberg (Dolor y dinero), Nicola Peltz (serie Bates motel), Jack Reynor (Cold), Stanley Tucci (Los Juegos del Hambre: En llamas), Kelsey Grammer (serie Boss), Sophia Myles (Outlander), Titus Welliver (Argo) y T.J. Miller (serie Silicon Valley), entre muchos otros.

Aunque como digo, no es el único estreno. De hecho, el que más oportunidades podría tener de competir con la épica de Michael Bay es #Chef, primera película cuyo título es un hashtag de Twitter, lo que ya es de por sí una de las mejores publicidades de los últimos tiempos. Escrita, dirigida y protagonizada por Jon Favreau, responsable del éxito de Iron Man (2008), la película narra el viaje físico y espiritual de un chef que deja su trabajo en un importante restaurante al enfrentarse a un controlador dueño que limita su creatividad. Por circunstancias de la vida termina montando un negocio de comida rápida en una caravana junto a su ex mujer, su hijo y su mejor amigo, lo que le devolverá a sus raíces. Una comedia que ha generado muy buenas sensaciones allá por donde ha pasado y que cuenta con un reparto realmente espectacular en el que se dan cita nombres como los de John Leguizamo (Kick-Ass 2. Con un par), Bobby Cannavale (Blue Jasmine), Scarlett Johansson (Capitán América: El soldado de invierno), Dustin Hoffman (serie Luck), Sofía Vergara (serie Modern Family), Oliver Platt (Amor y otras drogas), Robert Downey Jr. (Iron Man 2), Emjay Anthony (No es tan fácil) y Amy Sedaris (Tanner Hall).

Los otros dos estrenos proceden de Europa. Mil veces buenas noches es un proyecto financiado a tres bandas por Noruega, Irlanda y Suecia y dirigido por Erik Poppe (Hawaii, Oslo) en 2013. Su trama gira en torno a una reportera gráfica especializada en conflictos bélicos que deberá decidir entre su familia y su trabajo cuando su propia vida se vea en peligro durante la realización de su labor. Será en ese momento cuando deba resolver las dudas sobre la importancia de su trabajo en un entorno en el que la muerte es algo habitual. Este drama está protagonizado por Nikolaj Coster-Waldau (serie Juego de tronos), Juliette Binoche (Copia certificada), Maria Doyle Kennedy (serie Los Tudor), Chloë Annett (Pasty faces), Lauryn Canny, Larry Mullen Jr. (Man on the train) y Eve Macklin (serie Love/Hate).

Finalmente, Shirley: Visions of reality es una producción austríaca de 2013 que, a través de los cuadros de Edward Hopper, narra la lucha de una mujer por romper los límites que la sociedad de los años 30 del siglo pasado le impone en todos los aspectos de su vida. Una lucha que afianzará sus convicciones sociopolíticas, culturales y profesionales. Escrita y dirigida por Gustav Deutsch (60 seconds of solitude in year zero), la película cuenta entre sus actores con Stephanie Cumming, Christoph Bach (Blindflug), Florentín Groll (El violín rojo), Elfriede Irrall (Eden) y Tom Hanslmaier (Planet USA).

El western crepuscular se traslada a Inglaterra en ‘Perros de paja’


Hay veces en que uno se pregunta qué ha ocurrido para que, después de varios años, haya podido ver aquella película, aquella serie que tantas ganas tenía de poder disfrutar. Cosas del destino, de la falta de tiempo o de la prioridad de otros títulos, lo cierto es que hasta ayer no pude ver y disfrutar con tranquilidad esa obra maestra llamada Perros de paja (1971) dirigida por Sam Peckinpah y protagonizada por un irreconocible Dustin Hoffman. La trama, de la que se hizo un remake hace relativamente poco, narra la espiral de violencia a la que se ve sometido un matemático norteamericano que se muda con su mujer a un pueblecito inglés. Lo que comienza como una tensa relación con algunos vecinos del lugar se torna en una auténtica lucha por la supervivencia y por los principios morales.

Peckinpah es considerado como el director de la violencia, y es un calificativo que no pasa de moda. A pesar de los realities, el nuevo cine de terror o la brutalidad de algunos thrillers actuales, las obras de este director mantienen intacto un carácter frío, calculadamente tenso y un gusto por los momentos violentos que no existe ahora mismo. No hay que confundir, empero, con la cantidad de sangre por plano que se puede ver en sus relatos. Más bien al contrario, la sangre es la justa y necesaria. Es la sensación de predestinación, de saber que al final todo va a tener que resolverse por la fuerza, lo que aporta la carga dramática y una violencia intelectual implícita a todos sus films.

La mayor parte de los cinéfilos conoce a este director por dar forma al western crepuscular, un subgénero en el que los pistoleros viven sus últimos años de vida en medio de la revolución que supuso el ferrocarril. En este sentido, Perros de paja puede considerarse un título más dentro de esta categoría, trasladado a la Inglaterra de los años 70 del siglo XX y sin unas figuras en el ocaso de su vida como protagonistas. Momentos como los silencios en el bar del pueblo, los desafíos al más puro estilo western, o la secuencia final de asedio a la casa recuerdan poderosamente al desarrollo de un relato de vaqueros y forajidos.

Pero lo que más llama la atención es el cambio que experimenta el personaje principal. Si en títulos como Grupo salvaje (1969) o Pat Garrett y Billy el niño (1973) la violencia es un rasgo esencial en los personajes, el interpretado por Dustin Hoffman (quien ha confesado más de una vez aceptar el papel exclusivamente por dinero) es un hombre pacífico, un intelectual que trata de resolver todo por la vía diplomática. En efecto, dado lo poco que Hoffman se prodiga en la violencia (incluso su participación en la serie Luck la evita a toda costa) sorprende el cambio que se produce en él, casi hasta volverle irreconocible.

Renunciar a los principios

 Ese es, precisamente, una de las cuestiones más interesantes de todas las que plantea el film. El protagonista sufre humillaciones y amenazas que soporta estoicamente en un intento por acercar posturas con sus nuevos vecinos. En todo momento, su objetivo es mantenerse fiel a sus principios, a la idea de que en el mundo civilizado no tiene cabida la violencia. Pero… ¿qué hacer cuando dicho camino no tiene salida? ¿Cómo defender la vida de aquello que queremos sólo con palabras? Peckinpah arroja la idea de que, para salvaguardar la integridad física y moral de cada uno es necesario renunciar a dicha moralidad y entrar en el juego de la violencia, la fuerza y la agresividad. Claro que, en este caso, lo hace con la inteligencia propia de un matemático, otorgando ventaja frente a la inferioridad física y numérica.

Esta quinta película de Sam Peckinpah supone una vuelta de tuerca al concepto de acoso social. Con unas interpretaciones sobresalientes, el film estructura los momentos de tensión y drama con una capacidad de atracción que no logran muchos thrillers actuales. Algunas secuencias, como el momento en el que todo el pueblo se reúne en una fiesta de la iglesia (y donde uno de los personajes revive una traumática situación producida un momento antes), se marcan a fuego en la retina del espectador, evidenciando la brutalidad sin parangón que encubre la actual sociedad, donde algunos siguen tomando aquello que quieren mientras el resto… se queda cazando.

La filmografía del director de Quiero la cabeza de Alfredo García (1974), vista en su conjunto, es toda una reflexión sobre la violencia, los valores que genera y la forma en que cambia a los hombres. En este sentido, es significativo el aspecto tanto visual como emocional de Hoffman en la última secuencia del film, una vez cumplido su propósito. El personaje es otro totalmente distinto, más decidido, seguro de lo que quiere y cómo pretende conseguirlo, al que poco o nada le importa lo que le ocurra a la gente que deja atrás o que le ha traicionado.

Sam Peckinpah es conocido por haber redefinido el género western, y en este sentido Perros de paja no es una excepción. Si La guerra de las galaxias es considerada un western intergaláctico, la película protagonizada por el actor de El graduado es un western social, por decirlo así. Y aunque sus personajes se encuentren en la flor de la vida, en cierto modo también están al final de un ciclo vital, pues después de lo visto a lo largo de las casi dos horas que dura el film, el antiguo yo de los protagonistas ha desaparecido de forma irremediable.

‘Luck’, una venganza elegante y pausada entre apuestas, caballos y carreras


El trasvase de conocidos rostros del cine norteamericano a las series de televisión evidencia la buena salud que presentan estas producciones episódicas. Actores como Glenn Close en Damages (Daños y perjuicios en español) o Steve Buscemi en Boardwalk Empire son algunos de los ejemplos. Y, normalmente, dichas propuestas cuentan con una alta calidad en todos sus aspectos. El caso de Dustin Hoffman y su Luck, ambientada en el mundo de las carreras de caballos, no es la excepción que confirma la regla, más bien al contrario.

Con una narrativa que obliga a visionar los 9 capítulos de la primera temporada de la forma más consecutiva posible, la serie creada por David Milch (Deadwood) hace gala en todo momento de una elegancia formal acorde con el respeto casi divino que los fanáticos de las apuestas sienten al entrar en un hipódromo. No hay que engañarse, sin embargo, en su trama. El turf (nombre con el que se denomina todo aquello relacionado con los caballos y las carreras) no es más que una excusa para narrar la venganza de Chester Bernstein, excepcionalmente interpretado por un Hoffman que sabe sacar su ira en los momentos precisos.

Una trama que, en la línea con las intenciones secretas del protagonista, se mueve por las sombras generadas tanto por las tramas secundarias (que en muchos casos se pueden confundir con principales) y el crisol de personajes tan variopinto como interesante que aparece por los hipódromos. Una historia de venganza, en fin, que busca la reparación de un delito que no cometió un personaje, por lo demás, con marcado tinte mafioso, y que no podrá tener su desarrollo y conclusión más allá de estos 9 episodios al ser suspendida por la muerte de tres caballos durante el rodaje de las primeras entregas de la segunda temporada.

La pareja formada por Hoffman y su ayudante/chófer Gus Demitriou (interpretado con una inquietante parsimonia por Dennis Farina) componen uno de los dúos interpretativos más llamativos y atractivos de las últimas producciones televisivas, capaces de entenderse con una sola mirada o una simple palabra, lo que muchas veces puede jugar en contra del espectador, al que se le exige una atención casi completa. Y aunque son los protagonistas, sus personajes son solo algunos de los muchos que se dejan ver por los establos y las gradas. Destacan, por la forma en que están definidos, el entrenador interpretado por John Ortiz (Atrapado por su pasado), un hombre que vive por y para la hípica, y que hasta el final es incapaz de revelar sus emociones a sus seres queridos (o lo hace de formas harto particulares); el entrenador al que da vida Nick Nolte (El cabo del miedo), un hombre hecho a sí mismo; y el mafioso al que interpreta Michael Gambon (El discurso del rey), enemigo del protagonista y cuya sangre fría tanto a la hora de hacer negocios como a la hora de asesinar o amenazar son, sencillamente, irrepetibles.

La complejidad de la hípica

Con todo, la serie peca de un problema que, sin duda, hará que muchos fieles de la pequeña pantalla la eviten a toda costa; y ese no es otro que, precisamente, el mundo de la hípica. Dado que la mayoría de personajes están íntimamente relacionados con el mundo de las carreras, los hipódromos y las apuestas, la historia se convierte en una apuesta compleja en la que es difícil, muy difícil, encontrar el sentido desde el momento en que los diálogos se abandonan a los términos más técnicos. Para cualquier pagano en la materia, la terminología manejada entre jockeys y entrenadores, o entre los propios apostadores, se convierte en toda una clase didáctica que requiere de un diccionario a mano.

Lo más probable es que se opte por abandonar la trama en los primeros episodios, pero es de recibo instar a desechar la idea en pos de una trama que se torna interesante por momentos, encontrando su elemento más relevante en los dos últimos episodios. Por otro lado, el hecho de que buena parte de esta primera temporada gire en torno a cuatro amigos, perdedores a más no poder, que ganan su dinero a través de las apuestas, permite al espectador poco o nada iniciado hacerse con algunos de los términos, si no de forma experta, al menos sí lo suficiente para comprender hacia donde camina la trama.

Luck sierra sus primeros episodios con una carrera que emocionará al más ignorante en la materia. Un acontecimiento vital dentro del turf y dentro de la vida de los personajes, pues todos se darán cita en el hipódromo y dejarán ver sus cartas, sobre todo Hoffman y Gambon. La elegancia, fuerza y emotividad con que está filmada esa última carrera resumen con detalle el carácter formal de la trama, y suponen el broche de oro a una trayectoria narrativa tan interesante como compleja, tan atractiva como esquiva.

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