‘Rey Arturo: La leyenda de Excalibur’: las locas aventuras de un mito


A la pregunta sobre si es posible hacer una película sobre una leyenda sin tener en cuenta dicha leyenda la respuesta es un único nombre: Guy Ritchie. El director de Snatch: Cerdos y diamantes (2000) no solo ha logrado la cuadratura del círculo, sino que lo hace con ese estilo personal tan característico de montaje histriónico, música a juego y recursos visuales casi únicos. Pero su visión particular para narrar cualquier historia no significa que sea la más correcta, como es el caso de esta nueva versión del mito artúrico.

Desde luego, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur es un film entretenido, dinámico y espectacular desde un punto de vista visual. El particular sello de Ritchie se deja sentir desde el primer minuto, gracias sobre todo a ese montaje capaz de narrar en imágenes situaciones pasadas, presentes y futuras como si de un videoclip se tratara, recurriendo asimismo a la narrativa en imágenes de los relatos dentro de la propia película. El resultado son unos primeros minutos, todo el primer acto y la presentación del segundo, realmente entretenidos, divertidos y, por momentos, interesantes.

Todo ello, sin embargo, se desinfla desde el momento en que entra en juego el mito de Arturo, la espada y todo lo que rodea a esta historia, de la que el director y sus guionistas dejan muy poco, por no decir nada. A partir de aquí las referencias a otras historias, que más o menos habían estado presentes durante los minutos previos, se vuelven mucho más constantes, logrando un extraño híbrido entre Robin Hood, Hamlet, los espartanos de 300 o la saga de ‘El señor de los anillos’ entre otros, que divierte por la locura que engendra pero que realmente cuenta poco o nada de una historia que podría haber dado para mucho más y que se limita, en último término, a la acción sin mucho sentido y a los efectos especiales por doquier.

De hecho, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur tiene poco de leyenda y poco de Arturo. Apenas tres momentos de la historia del rey y un puñado de elementos de la historia original se mantienen en esta versión que tiende a perderse en un intento de reinterpretar todos y cada uno de sus elementos. Lo peor de todo es que en ese proceso termina por aportar muy poco a lo ya conocido, tan solo para crear una fantasía medieval que lleva los nombres de Arturo y Excalibur por poner una referencia. Y todo ello con un reparto solvente que parece pasárselo en grande con esta entretenida y alocada aventura.

Nota: 6/10

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‘Wayward Pines’ cambia cromos pero mantiene problemas en su 2ª T.


Jason Patrick es uno de los nuevos rostros de la segunda temporada de 'Wayward Pines'.Algo se ha tenido que hacer realmente mal cuando una serie cambia la mayoría de sus elementos de una serie a otra. Tono diferente para la trama, nuevos actores, etc. Y lo cierto es que la primera temporada de Wayward Pines tuvo mucho de eso (de errores, me refiero), hasta el punto de que los nuevos 10 episodios han tratado de hacer borrón y cuenta nueva al cambiar el thriller por una suerte de drama con dosis de acción, y al reclutar nuevos actores eliminando poco a poco a los supervivientes de la anterior. El problema es que este cambio de cromos no ha supuesto una mejora dramática.

Y no lo ha hecho por dos motivos básicos. Para empezar, el desarrollo de la trama carece de consistencia. Con una historia tan rica en matices y con posibilidades infinitas para convertirse en una lectura apocalíptica de la sociedad, la serie creada por Chad Hodge (The Playboy club) con la supervisión de M. Night Shyamalan (El sexto sentido) se limita a ser un producto superviviente, más o menos como los personajes que pueblan el futuro en el que se enmarca el argumento. Con un desarrollo sumamente lineal y unos personajes unidimensionales, la ficción deambula por conflictos no solo previsibles, sino tópicos y con conclusiones limitadas que, para colmo, no tienen continuidad en forma de consecuencias para los protagonistas.

Dicho de otro modo, Wayward Pines propone, narra y resuelve sin que ello haga mella en los roles más importantes de su trama esta segunda temporada. La presencia de un nuevo héroe interpretado por Jason Patrick (Cavemen)  resulta cuestionable. Para empezar, su confusión inicial se elimina de forma directa sin que exista un desarrollo dramático de su nueva situación; además, no se profundiza en los conflictos con la que fuera su esposa, amén de que la presunta lucha por el poder es cuanto menos cuestionable.

El otro gran problema es el reparto elegido. Eliminar a los actores iniciales debe servir, al menos en teoría, para presentar un elenco que mejore la labor realizada en la primera temporada. Al menos que sea equiparable. Pero ni una cosa ni la otra. Los nuevos personajes unidimensionales cuentan con unos actores limitados, ya sea por el poco recorrido de los roles que interpretan o por sus propias deficiencias como actores. A esto se suma una realización correcta en los momentos dramáticos pero excesivamente caótica en las secuencias de acción.

¿Futuro prometedor?

Todo ello, desde luego, no convierte a la segunda temporada de esta serie basada en las novelas de Blake Crouch en algo memorable. Y si tenemos en cuenta el final elegido para la historia (habrá que ver si es definitivo o temporal), da la sensación de que la solución adoptada es la de borrón y cuenta nueva… literalmente, abriendo la posibilidad de que Wayward Pines tenga un mejor reinicio en todos los sentidos.

Pero no todo ha sido negativo, o al menos han existido elementos y episodios lo suficientemente interesantes como para mantener a los espectadores un poco más semana tras semana. Para empezar, algunas secuencias que narran el modo en que se produjo la creación del pueblo y cómo ese grupo de personas supo que estaban preparados para volver. En el que sin duda es uno de los episodios más interesantes, el personaje interpretado por Djimon Hounsou (La leyenda de Tarzán) es el encargado de asistir durante décadas a la destrucción del planeta y la evolución del ser humano, afrontando asimismo su soledad y la dura realidad de que sus seres queridos han muerto.

A esto se suma un villano que resulta mucho más interesante que el resto de conflictos dramáticos juntos. De hecho, se convierte de lejos en el personaje más interesante de la ficción, y eso que apenas abre la boca (salvo para gritar) y aparece a mitad de temporada. Se trata del rol interpretado por Rochelle Okoye, que ha fraguado su carrera como doble de acción en infinidad de series y películas. Es curioso cómo este personaje tiene una definición mucho más compleja, más atractiva y enriquecedora que el resto de personajes. De hecho, y aunque se puede decir que también es un poco arquetípica, la líder de las criaturas a las que se enfrentan los habitantes de este pueblo, la falta de información sobre ella y cómo se descubre la convierte en un ser enigmático y tremendamente interesante, al menos para los parámetros establecidos por la propia ficción.

Pero ninguno de estos aspectos es capaz de evitar la sensación de que Wayward Pines no es capaz de librarse de las debilidades que arrastra de su primera temporada. Y eso es porque son innatas. Los personajes poco definidos, las tramas arquetípicas y lineales, y los conflictos previsibles se han convertido en seña de identidad de una serie que pretende ser algo que no es. Y ni siquiera saca provecho de aquello que realmente resulta interesante. La solución estaría en hacer borrón y cuenta nueva. Como he mencionado, el borrón ya ha tenido lugar. Ahora hay que ver si se considera necesaria una cuenta nueva.

‘La leyenda de Tarzán’: el regreso del rey de la selva


Margot Robbie y Alexander Skarsgård protagonizan 'La leyenda de Tarzán'.La carrera de David Yates como director ha estado estrechamente ligada a la saga Harry Potter. Por eso, tanto para lo bueno como para lo malo, su nueva incursión en un cine, digamos, más adulto y con un claro componente clásico, generaba cierta intriga. Y aunque en líneas generales sale bien parado de la propuesta, eso no significa que esta nueva aventura de Tarzán sea necesariamente una cinta inolvidable.

Más bien, La leyenda de Tarzán es lo que cabría esperar de las aventuras del rey de los monos, esto es, dinamismo, una trama con cierta elaboración y un componente social, moral y ecológico muy marcado. En este sentido, la película no solo cumple, sino que se revela como un entretenimiento más que digno, cuyo ajustado metraje impide además que el espectador pierda el interés en ningún momento, incluso en aquellos minutos en los que el ritmo decae en beneficio de un desarrollo dramático de la trama y los objetivos de los personajes. Por cierto, y hablando de personajes, todos los actores, sin excepción, brillan en sus respectivos roles. Que se quiera comparar con las anteriores encarnaciones de este mítico personaje de Edgar Rice Burroughs es otro cantar.

Con todo, la película es víctima de su propia naturaleza. La necesidad de introducir un personaje como Samuel L. Jackson (Caza mayor) resta agilidad a la trama principal y elimina la posibilidad de más secuencias de acción que ayuden a mostrar las capacidades de Tarzán. Por supuesto, la presencia de este acompañante aporta muchos otros alicientes que hacen de este film algo diferente, pero el problema es que al mismo tiempo que suma en un sentido resta en el otro, lo que al final no permite crecer a la trama en todos sus aspectos. Asimismo, tanto los villanos como los protagonistas son excesivamente similares a lo visto en anteriores aventuras, lo que resta fuerza a una historia, por otro lado, que presenta matices interesantes, como su original arranque.

En definitiva, La leyenda de Tarzán es una aventura en estado puro, una película dinámica, fresca y apasionante en algunos momentos que, sin embargo, no logra traspasar la línea que separa a un film corriente de otro espléndido. Lo cierto es que nadie debería pedir más a este tipo de aventuras, pero en un mundo como el actual todo parece poco. Evidentemente, no es una película perfecta, tiene sus fallos (más de detalles que de estructura dramática), pero en cualquier caso permite disfrutar de casi dos horas de diversión. Y eso nunca debería considerarse algo malo.

Nota: 7/10

‘Guardianes de la galaxia’: una panda de pringaos muy ochentera


Los 'Guardianes de la galaxia' tratarán de defender una de las gemas del infinito.Puede que no busque originalidad, pero desde luego Marvel ha encontrado la fórmula para el éxito. Sus películas serán más o menos profundas, mejores o peores, pero todas ellas son un despliegue de entretenimiento puro y duro que no solo distrae, sino que vistas en conjunto conforman un cosmos que tiene repercusiones en cada detalle. Y su última propuesta no se queda atrás. Alejada de los superhéroes tradicionales, esta aventura espacial que bebe en ocasiones de la saga galáctica por antonomasia es un espectáculo sin tregua, una pequeña joya de la ciencia ficción que hará las delicias de los fans y que logra en gran parte el equilibrio necesario entre acción y humor que caracteriza a la casa de cómics.

Buena parte de la responsabilidad recae, por supuesto, en James Gunn (Super), quien da el salto de esta forma al cine espectáculo en su segundo film. Y si bien es cierto que Guardianes de la galaxia peca en algunos momentos de pardilla en sus secuencias de acción, es innegable la espectacularidad con la que el director aborda dichos momentos, aprovechando al máximo la capacidad visual y digital que le otorga la compañía, así como el colorido entorno de la historia. El contraste con la banda sonora, nutrida de éxitos clásicos de la música, no hace sino acentuar el estilo kitsch de los combates espaciales y del diseño de los personajes, la mayoría actores con una pintura especial. Esto otorga al conjunto un aire natural, físico y real que no poseen otras historias similares, además de generar una cierta proximidad con el espectador.

El otro gran aliciente del relato son sus personajes, sobre todo los protagonistas. El carácter algo patético del quinteto, motivado hasta bien avanzado el metraje por sus propios intereses, no solo no es algo que se suela ver en una cinta de superhéroes, sino que provoca algunos de los momentos más divertidos e interesantes. Es cierto que el guión adolece en determinados momentos de una comicidad infantil y algo innecesaria, pero en líneas generales el choque de caracteres provoca situaciones de lo más curiosas. Posiblemente el mejor personaje de todos sea Rocket, el mapache al que da voz Bradley Cooper (El lado bueno de las cosas), aunque es difícil no sonreír con la ternura de Groot, cuyas pocas frases las dice Vin Diesel (Fast & Furious 5). Son ellos los que más vida dan a los protagonistas, aunque sería injusto no encontrar igualmente atractivos los trasfondos emocionales de los cinco personajes.

Así, Guardianes de la galaxia se convierte en una de las mejores propuestas veraniegas de este 2014. Una película divertida, entretenida y con un toque retro que la hace mucho más auténtica de lo que podría esperarse. Es cierto que su guión tiene ciertas concesiones innecesarias, pero en líneas generales su desarrollo es impecable. Apenas da descanso, y cuando lo hace es solo para ahondar en el pasado de unos personajes canallas y motivados por sus propios intereses. Su espectacularidad, a pesar de la falta de destreza de Gunn en algunos momentos, está fuera de toda duda. Y su conexión con el resto del mundo cinematográfico de Marvel es indispensable gracias a la presencia de una gema del infinito y a diversos personajes llamados a influir en otras sagas cinematográficas. La aventura está servida.

Nota: 7,5/10

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