‘Marte’: Robinson Crusoe espacial


Matt Damon debe sobrevivir en 'Marte' solo con su ingenio.Cualquier proyecto de Ridley Scott (Black rain) relacionado con la ciencia ficción siempre genera expectación por motivos más que evidentes. Tal vez sea por eso que lo que se espera siempre de sus films es poco menos que la genialidad. Su última incursión en el género, aunque no alcance ese grado, sin duda es uno de los mejores ejercicios de entretenimiento, drama y fascinación por el planeta rojo de los últimos años. Y lo más interesante es que no recurre a grandes artificios ni a complejas historias, todo lo contrario.

Si algo hace atractiva a Marte es, precisamente, su sencillez. Sencillez en el desarrollo dramático, sencillez en su lenguaje narrativo y sencillez en sus personajes. El guión, aunque previsible, tiene la fuerza suficiente para estremecer, conmover y hacer reír a partes iguales. Nada en la historia hace pensar en un desenlace diferente al que todo el mundo tiene en mente, pero eso no impide que la tensión sea más que palpable en muchos momentos, sobre todo en el clímax. La narrativa utilizada por Scott acentúa este carácter natural, casi habitual, como si los paseos por Marte fueran algo de andar por casa.

Pero el reparto es, sin lugar a dudas, el principal responsable. Con la cantidad de nombres importantes que figuran lo normal sería que la historia tendiera hacia una suerte de cinta heroica en la alguien terminara sacrificándose. Nada de eso está presente, ni remotamente. Las decisiones, frías, calculadas y sopesadas de cara a la opinión pública, se toman en un marco muy diferente al de la típica cinta de aventuras. Y los actores, sin excepción, no solo conocen el alcance de sus roles, sino que los dotan de una vida sobria, sin estridencias patrióticas o enaltecedoras. Son, simple y llanamente, hombres en una situación extraordinaria.

Todo ello convierte a Marte en una obra diferente, curiosa en su forma y en su contenido, no tanto porque ofrezca algo novedoso, sino porque dentro de la comodidad de lo previsible es capaz de lograr el entretenimiento serio e inteligente que respeta al espectador. Ridley Scott recupera un buen tono narrativo, respetando los límites de su relato y aprovechando al máximo lo que le ofrecen sus actores. Un notable drama de un náufrago en un mar de polvo y tierra en el que nada crece y nada vive. Bueno, casi nada.

Nota: 7/10

La humildad de las ‘Tortugas ninja’, una historia sencilla y divertida


En 1990 las 'Tortugas Ninja' llegaron al cine de la mano de Steve Barron.Uno podría pensar que adaptar al cine una serie de animación, una saga de videojuegos o unos juguetes exitosos es una apuesta segura. Sin embargo, hay personajes que, por el motivo que sea, no funcionan del mismo modo en pantalla grande. El inminente estreno de Ninja Turtles vuelve a poner el foco sobre las cuatro tortugas ninja que en la década de los 80 del pasado siglo hicieron las delicias de jóvenes en medio mundo. Unos personajes cuyas aventuras cubrieron un amplio espectro de formatos, desde la televisión hasta los cómics, pasando por el merchandising y una línea de muñecos que ha evolucionado con el paso de los años. Su éxito fue tal que en 1990 se llevaron sus aventuras a la pantalla grande, dotando a los personajes animados de una presencia real. El resultado fue Tortugas Ninja, una producción sencilla, honesta y divertida cuya máxima aspiración era, y es, ser fiel a los conceptos más básicos de la serie, algo que funcionó en esta entrega, no así en las siguientes.

Conceptos que pasan por narrar los orígenes de estos héroes creados por Kevin Eastman y Peter Laird, que han dedicado su vida a expandir y nutrir este particular universo. Dirigida por Steve Barron (Los caraconos), la cinta aborda las primeras aventuras de las tortugas contra su archienemigo, Schredder, así como los problemas a los que deben enfrentarse, tanto externos como internos. Con todo, limitar el contenido dramático de la cinta a una mera sucesión de secuencias de acción y de humor sería un tanto superficial. Es cierto que vista en perspectiva la trama posee muchos puntos débiles y un aire muy particular que define a muchas obras independientes realizadas en esos años, pero es justo destacar algunos aspectos, sobre todo en sus tramas secundarias, que ofrecen un interesante reflejo de la sociedad que siempre ha estado presente en sus aventuras.

El más destacable es, sin duda, su enfoque de una juventud que no encuentra su sitio en la sociedad, que se siente perdida y abandonada por un mundo adulto que no parece comprenderla. Los momentos que transcurren en la guarida del villano, con esos adolescentes y niños entregándose a vicios tanto de adultos como de jóvenes, remiten, en cierto modo, a la historia de Pinocho y la corrupción de la inocencia, siendo además un cuadro malsano de una generación que no parecía tener una planificación a largo plazo. Las diferentes tribus urbanas que se dan cita remiten a otros films que abordan esa temática, aunque lo hace de una forma algo menos trágica.

Otro pilar importante que define a estas Tortugas Ninja es el concepto de familia y de individualismo. La primera mitad del film aborda la problemática personalidad de Raphael, al que pone voz Josh Pais (serie Ray Donovan), la tortuga con peor genio. Su tendencia a la soledad y a no aceptar sus errores o su lugar dentro del grupo es lo que define dramáticamente al film, que por otro lado presenta unas personalidades excesivamente simplificadas y autoparódicas. El tratamiento de este rol, así como la idea de familia del clan liderado por Schredder (James Saito, visto en la serie Eli Stone), ahondan en la idea de que la familia se encuentra allí donde realmente hay alguien que se preocupa, aunque ello suponga muchas veces alcanzar situaciones incómodas. Una moraleja un tanto simple, es cierto, pero que funciona bien en el contexto de la película gracias al tono general y al público al que va dirigido, que por cierto es tratado en todo momento con respeto.

Humor y efectos de última generación

Antes hablaba de la perspectiva de los años. Desde luego, la película de Barron puede ser vista hoy como una de esas pequeñas joyas en las que todo, absolutamente todo, era físico y real. En una época en la que los efectos digitales logran todo lo que se pueda imaginar, las técnicas utilizadas en aquel 1990, las más modernas del momento tal y como se anunció, aportan un grado de veracidad entrañable que beneficia a la historia de forma notable. Eso no impide, claro está, que muchas de sus secuencias pierdan algo de fuerza al ver a unas criaturas moverse sin demasiada agilidad y hacerlas pasar por silenciosos ninjas. Pero con todo, el trabajo de los efectos mecánicos y de las coreografías permite al film absorber todo el espíritu de los personajes originales, tanto humanos como mutantes.

En este sentido no hay que olvidar el sentido del humor que derrocha Tortugas Ninja, lo que la convierte en una obra destinada claramente al público juvenil y a una cierta inocencia que, por suerte o por desgracia, no tienen los adolescentes de ahora. El lado positivo es que la película se muestra en todo momento como un entretenimiento, sabiendo cuál es su objetivo y sin intentar ser algo que no es. Lo malo es que desde un punto de vista narrativo posee algunas flaquezas que, aunque son neutralizadas en parte por el dinámico desarrollo de la trama, no llegan a ocultarse del todo. La más evidente es la similitud de las tortugas, que pierden de este modo las diferentes naturalezas que las definían en la serie de televisión (el líder, el científico, el serio y el juerguista). Por otro lado, los personajes humanos principales, interpretados por Judith Hoag (serie Nashville) y Elias Koteas (Shutter Island) carecen de profundidad, limitándose a ser un fiel reflejo de lo que puede encontrarse en la animación.

Por supuesto, todo ello solo tiene relevancia si uno se acerca a un film de estas características con la idea del análisis concienzudo. Pero incluso en este aspecto sale ganando, pues a pesar de sus fallos la cinta funciona incluso años después de su estreno. Su frescura y la sencillez de su desarrollo la convierten en una obra sin pretensiones, es cierto, pero también aportan un dinamismo que la hace avanzar sin demasiado tiempo para parar a pensar en el trasfondo social y humano de los personajes. Es cierto que buena parte de la ironía y la comicidad pueden resultar un tanto repetitivos, pero en líneas generales la humildad con la que está realizada obliga a una cierta tolerancia a los errores, algo que no tuvieron las sucesivas secuelas y que, es de suponer, no tiene la nueva versión, más digital, espectacular y con un mayor presupuesto.

Para muchos Tortugas Ninja es un pequeño clásico del cine de aventuras juvenil. En cierto modo, así es. No pasará a los anales del cine, y desde luego no es un film indispensable que todo adolescente deba ver alguna vez en su vida. Pero su fórmula funciona. Es fresca, divertida y entretenida. Es lo que busca y es lo que consigue. Y lo más importante: logró adaptar de forma correcta a unos personajes que, a medida que han pasado los años, cada vez han tenido menos suerte en su salto a la gran pantalla. Puede que esa humildad sea la clave. Puede que su falta de pretensiones haga que el espectador termine encantado al no tener expectativa alguna. O puede simplemente que sea el trabajo serio y decidido de unos profesionales que sabían lo que tenían que hacer. Sea como fuere, esta primera aventura de los cuatro hermanos mutantes tenía todo lo que podía esperarse de ella. Ni más ni menos.

3ª T de ‘Episodes’, la encrucijada profesional para volver al inicio


Tamsin Greig, Stephen Mangan y Matt LeBlanc vuelven en la tercera temporada de 'Episodes'.Tras una temporada de presentación y otra de conflicto, la serie Episodes ha confirmado en su tercera entrega que es una de las comedias más frescas y originales de la televisión. Alejada de dramas románticos o de diferencias culturales, la nueva etapa de 9 episodios ha recuperado buena parte del espíritu inicial para centrarse sobre todo en el pasado y futuro profesional de un mundo, el cinematográfico y audiovisual, que en muchas ocasiones sitúa a sus profesionales en un cruce de intereses del que es difícil salir airoso. Sus responsables, David Crane y Jeffrey Klarik, creadores de la serie The class, ofrecen así la visión de un otro aspecto de la dinámica laboral en una serie de televisión. Pero como ocurre en este tipo de comedias, hay más. Mucho más.

Aunque todo pasa, en definitiva, por sus personajes. Alabar la labor de Matt LeBlanc, el inolvidable Joey de la serie Friends, es decir poco de la producción, y desde luego sería realmente injusto con el propio actor. Siendo consciente de lo que su personaje ha sido para innumerables generaciones, en esta temporada apura más si cabe la herencia de la mítica comedia para aprovechar gestos, guiños e incluso frases propias de aquel actor italoamericano de dudoso talento e inteligencia. Es evidente que esta serie aprovecha al máximo su legado, pero desde luego no alcanzaría la calidad que derrocha si no fuera por el resto del reparto, sobre todo por la pareja de guionistas protagonista, a la que dan vida Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Zombis party), quienes adquieren en esta nueva temporada un papel algo más cómico con respecto a lo que venían haciendo, evidenciando el carácter tan radicalmente distinto de los británicos con respecto a los angelinos. Sobre todo si nos centramos en el rol de Greig.

La dinámica de estos tres personajes es lo que da vida a la tercera entrega de Episodes. No es que durante las etapas anteriores no fueran clave, pero debido al tema que se desarrolla en estos episodios dicha relación adquiere un mayor significado. El hecho de que los guionistas deseen volver a su tierra natal y que el actor ansíe dejar la patética serie en la que trabaja para buscar nuevos e interesantes proyectos es el marco idóneo para desarrollar sus personalidades en un sentido algo distinto. Mientras que en los capítulos anteriores todos estos personajes buscan un beneficio inmediato y personal, en esta ocasión su visión de futuro es la que produce algunos de los mejores gags, sobre todo durante el último episodio y esa lucha por un guión maravilloso que todas las productoras luchan por producir pero que los guionistas no quieren desarrollar. El conflicto de intereses, con un final abierto que sitúa al trío protagonista ante un más que posible regreso a la casilla de salida, es tan sencillo como efectivo.

Y como suele ocurrir con este tipo de sitcoms (le ocurre igual a The Big Bang Theory), cuanto más extravagante mejor. Si durante las temporadas anteriores el personaje de John Pankow (Morning Glory) marcaba la pauta de los comportamientos surrealistas, la presencia de Chris Diamantopoulos (Empire State) riza el rizo de la locura, hasta el punto de ser un personaje literalmente esquizofrénico capaz de mantener una discusión con una docena de huevos o de sufrir efectos secundarios de lo más embarazoso. El rol, aunque temporal a todas luces, es un interesante punto de inflexión para algunas de las tramas secundarias, como es la que aborda la dinámica de las altas esferas de una productora. Su presencia, además, supone un soplo de aire fresco al grupo de secundarios que, aunque divertidos, poseen poco recorrido y presencia.

Algunas cosas nunca cambian

Al comienzo decía que Episodes ha sabido recuperar el espíritu inicial. En realidad nunca lo perdió, pero es cierto que durante estos 9 episodios la serie ha vuelto a ahondar en algunos conflictos propios de los inicios de la ficción. Sin ir más lejos, la pareja formada por Mangan y Greig recupera la dinámica que perdió durante su particular drama. Del mismo modo, LeBlanc demuestra que su personaje, confundido para la ocasión con él mismo, nunca podrá cambiar por mucho que lo intente, como evidencia su intento infructuoso de mantener una relación estable. Todo ello permite al espectador encontrar un equilibrio entre lo nuevo y lo viejo, entre el pasado y el futuro. O lo que es lo mismo, asiste a la encrucijada que viven todos los personajes en un momento de transición como el que aborda la temporada.

Eso sí, si algo puede achacarse a esta nueva temporada es la ausencia casi total del componente dramático en su trama. Tal vez sea porque el experimento no funcionó en la etapa anterior (personalmente no lo creo) o tal vez porque la poca duración de cada etapa obliga a centrarse en un único aspecto, algo que se solucionaría si, de una vez por todas, la serie adoptase un formato algo más tradicional para este tipo de producciones. Sea como sea, esa ausencia de drama hace que incluso los momentos más tristes de la evolución de los personajes se vean como algo anecdótico, centrando la atención en las caras más cómicas de los mismos. Es, por ejemplo, lo que ocurre con la ruptura de LeBlanc o la reconciliación de los guionistas, ambos momentos abordados más como un freno en el ritmo que como un altibajo emocional.

Otro de los aspectos que destacan de esta nueva temporada, y que también estaba presente en las anteriores, es la facilidad de los guionistas para combinar perfectamente las diferentes tramas que se desarrollan en la serie, componiendo un mosaico interesante de conflictos, acciones y reacciones que dotan al conjunto de una unidad espléndida. Que una conversación relacionada con la trama principal genere una serie de acontecimientos que afecten al resto de tramas es algo relativamente normal. Pero que dichos efectos permitan a la ficción evolucionar en conjunto indica que el arco dramático fluye de forma natural y armoniosa, lo que a su vez remite a la frescura y originalidad a la que hacía referencia al inicio.

Tal vez no sea una serie muy conocida. De hecho, da la sensación de que temporada tras temporada tiene problemas para continuar, como de hecho le ocurre a ‘Discos’, la serie que protagoniza Episodes. Pero desde luego es una de las propuestas más divertidas de la televisión, a disfrutar por aquellos que la siguen y a descubrir por aquellos que todavía no han tenido la oportunidad. Esta tercera temporada demuestra que no se trata de una sitcom al uso, en la que un capítulo apenas tiene que ver con el siguiente. Todo está conectado, tanto personajes como tramas, y esa es una seña de identidad de lo más interesante. Algunos tal vez argumenten que se echa en falta algo de peso dramático, pero en realidad importa poco. Sus personajes, sean o no dramáticos, sean o no cómicos, poseen una definición que no todas las comedias poseen. Y aunque solo fuera por eso merecería la pena asomarse a este rodaje de pesadilla. Por fortuna, hay más. Mucho más.

‘3 bodas de más’: la prevista búsqueda del novio perfecto


Inma Cuesta y Martiño Rivas asistirán a '3 bodas de más'.La nueva película de Javier Ruiz Caldera (Spanish Movie) es uno de esos films en los que depende mucho el ánimo y la idea preconcebida que se tenga cuando se entra en la sala. Nada en ella desentona, es cierto, pero su humor y las situaciones irreverentes e increíbles que se desarrollan ante el espectador pueden ser tanto motivo de risa como de tedio, principalmente porque aporta más bien poco a esta especie de subgénero de la comedia que es el cine de bodas.

Desde luego, si algo brilla con luz propia en 3 bodas de más son sus intérpretes, comenzando por una Inma Cuesta (La voz dormida) que incrementa exponencialmente el ridículo y el caos de un personaje que bebe mucho de la comedia norteamericana, hasta un Quim Gutiérrez (Primos) que parece encontrarse cómodo en la incomodidad de un hombre cohibido por sus sentimientos y por sus propias inseguridades. Son los actores, sin duda, los que crean más interés en la trama, y los que convierten situaciones divertidas en sonoras carcajadas, logrando hacer olvidar algunos de los fallos del film.

Fallos que, por cierto, no son menores, lo cual da una idea de la labor del reparto. El principal escollo es que su argumento, a pesar del humor, está plagado de situaciones comunes, de diálogos previsibles que aportan más bien poco. Dilemas sobre el hombre ideal, sobre la necesidad de demostrar algo a los demás, sobre las inseguridades y los miedos. En definitiva, un desarrollo con poco o nada nuevo bajo el sol, en el que uno sabe de antemano quién es quién en el esquema global y, por tanto, es capaz de prever los supuestos puntos de giro inesperados.

Así, 3 bodas de más se convierte en una comedia amable que entretiene, divierte y arranca carcajadas en varios momentos realmente conseguidos. Pero no hay novedades. Si se han visto numerosas comedias románticas, sobre todo americanas (con las que guarda muchos rasgos comunes), esta propuesta de Caldera no supondrá un punto de inflexión. Empero, podría haber dado algo más de sí.

Nota: 6/10

‘R3sacón’: la manada afronta la realidad de sus borracheras


John Goodman será el enemigo de los cuatro amigos en 'R3sacón'.Todo vuelve a la normalidad cuando se pasan los efectos del alcohol. Tras dos entregas repitiendo estructura y éxito, la tercera parte de este compendio de malas decisiones y peores soluciones ha decidido caminar por derroteros más coherentes, más normales. Abandonando los principales conceptos que le han dado fama, R3sacón opta por la comedia más tradicional con ciertos toques de intriga y acción para revelarse como un producto diferente, algo menos interesante que sus predecesoras pero igualmente eficaz, gracias sobre todo a sus personajes principales y, de nuevo, a un Zach Galifianakis (Salidos de cuentas) que vuelve a demostrar lo fácil que se le da interpretar a personajes tan extravagantes como Alan.

Es gracias a él y a las surrealistas escenas que provoca que el film mantiene la comicidad de épocas pasadas. A pesar de perder ese factor sorpresa que aporta el elemento de búsqueda de sentido después de una borrachera, la película funciona en su elemento cómico. Sin embargo, no alcanza el nivel de las anteriores aventuras, y eso se debe precisamente a la previsibilidad de su argumento y a la falta de originalidad que sí tuvo, por ejemplo, la primera parte. En todo momento, el argumento ofrece pistas de hacia donde camina y cuál va a ser el desenlace. Aquí no hay ya sorpresas en forma de tigre o de tatuaje (al que, por cierto, se hace referencia en un momento de la trama), sino un devenir tan sencillo como eficaz.

Tan solo la presencia de John Goodman (Red state) y de Ken Jeong (Loca obsesión) aportan el toque alocado que sí poseían el resto de aventuras. El primero disfruta como nunca con su villano de manual, mientras que el segundo da rienda suelta a los excesos de un personaje que parece ser el único vestigio de un grupo que hace todo lo posible por madurar en esta tercera parte. De hecho, el intento por desmarcarse de la conocida estructura de las anteriores películas es tan firme que no incluye las ya inolvidables fotografías finales… aunque se sustituyen por una escena que perfectamente podría ser el inicio de una cuarta parte que prometería mucho más de lo que han ofrecido estas tres.

En cualquier caso, R3sacón es un digno broche de oro a una trilogía que ha marcado época. Puede que no sea lo que los fans esperen; puede que no exista esa sensación de estar ante la resaca de la mayor fiesta del año. Pero es la resaca de todo lo que ha hecho esta “manada” durante las dos películas anteriores. Lo cierto es que era necesario cambiar algo de formato para no encasillar demasiado la saga. Es previsible, sí, pero entretiene igualmente. Una hora y cuarenta minutos divertidísimos que logran distraer, y eso es mucho más de lo que podría decirse de varias comedias actuales.

Nota: 6/10

‘El alucinante mundo de Norman’: divertida regresión a los años 80


Los zombies son los perseguidos en 'El alucinante mundo de Norman'.Hay cintas de animación destinadas exclusivamente a los más pequeños. Es por eso que cuando se tiene la suerte de asistir a films capaces de entretener también a los mayores que les acompañan da la sensación de haber topado con una pequeña joya, en este caso de animación por la técnica de stop-motion. A los jóvenes tal vez no les suenen películas como La noche de los muertos vivientes (1968), Los Goonies (1985) o Agárrame esos fantasmas (1996), pero aquellos que tengan alrededor de los 30 años encontrarán en El alucinante mundo de Norman un compendio de referencias y homenajes encajados como un guante en una trama tan sencilla como eficaz y muy bien narrada.

Sí, es cierto, esta historia dirigida por el debutante Chris Butler y por Sam Fell (El valiente Despereaux) no tiene un enrevesado guión. De hecho, su corta duración obliga a un desarrollo directo que se olvida en todo momento de adornos e historias secundarias sin trascendencia. Y aunque esto pueda parecer una debilidad, el dinamismo de los acontecimientos, que no cesan en ningún momento, supone un claro contrapunto que enriquece notablemente una historia con una importante lección, sobre todo hoy en día: el respeto hacia aquellos que, según nuestro punto de vista, son extraños, marginales o diferentes.

Con todo, lo más enriquecedor del conjunto es su cuidada animación y los constantes homenajes al cine de terror y de aventuras de los años 80. La factura técnica, sobre todo en lo concerniente al diseño de los muertos vivientes, es espectacular, sobre todo los movimientos de pequeños detalles como los jirones de ropa, la piel colgante o la forma de arrastrar los pies. Pero lo más curioso de todo, y al mismo tiempo lo más interesante, es la combinación de épocas que realizan los directores para conseguir que el film desprenda ese aroma clásico y retrospectivo en todo momento.

Los más cinéfilos encontrarán en El alucinante mundo de Norman constantes homenajes a todo tipo de films, aunque algunos modificados sustancialmente en su esencia para generar un humor algo negro pero igualmente efectivo. Por ejemplo, son los zombies los que se deben esconder en un edificio ante la masa de seres humanos, justo al contrario de lo que ocurre en los films de George A. Romero. El resultado es un entretenimiento perfecto, tal vez demasiado sencillo para alguien que busque algo más en una “peli de zombies” pero muy, muy dinámico y, sobre todo, capaz de generar una regresión a la infancia y la adolescencia de los adultos.

Nota: 7,5/10

‘Intocable’: la vida puede ser maravillosa


'Intocable'Raro es el año en que no llega a las carteleras españolas una película francesa que suele venderse como “la película europea del año” o, por lo menos, “la película francesa del año”. El país vecino suele exportar unas producciones, digámoslo políticamente correcto, particulares, con un sentido de la narrativa y del humor que a veces no encaja con el de nuestro país. El año pasado llegó Pequeñas mentiras sin importancia, un drama que en algunos momentos lograba sacar una sonrisa, por mucho que en determinados ámbitos se vendiera como comedia. La cinta que este año llega a nuestras pantallas, Intocable, se aleja del drama para ofrecer, sin pretensiones pero de forma eficaz y agradable, una comedia con todos los elementos para atraer a todo tipo de público.

Y es que esta historia de un rico aristócrata tetrapléjico que contrata a un inmigrante para que le ayude en el día a día es no sólo una oda a la amistad, sino un relato sobre lo que supone encontrar a alguien capaz de comprender las necesidades del otro pero que, al mismo tiempo, evite la compasión que muchas veces genera una silla de ruedas. Pero esta es solo una de las lecturas. El racismo, la intolerancia, las rancias relaciones familiares viciadas por el dinero o el drama de los barrios más pobres de París completan con sus pinceladas una historia basada en un hecho verídico que, antes de plasmarse en imágenes, fue escrito sobre papel.

Sin embargo, nada de esto sería posible sin, primero, sus directores y guionistas, Olivier Nakache y Eric Toledano, en la que es su cuarta película juntos. Gracias a un inteligente guión donde se combina de forma magistralmente elegante la actitud de la calle con el refinado entorno de la aristocracia y a una planificación sencilla pero eficaz, estos dos directores crean un conjunto que desprende una sensación agradable, divertida y entrañable casi desde su primer plano.

Con todo, tal vez la pieza fundamental sean los actores y, sobre todo, Omar Sy, actor prácticamente desconocido en España pero con una larga y prolífica carrera en su país natal. Si bien François Cluzet (también protagonista de Pequeñas mentiras sin importancia) transmite al detalle lo que su personaje vive en todo momento, es el intérprete del inmigrante el que realmente da vida al conjunto. Vida, por cierto, que los responsables se han encargado de trasladar a la propia historia, que parece oscurecerse en todos los sentidos cuando los personajes principales se separan.

El principal problema que sobrevuela toda la película es, precisamente, ese agradable sentimiento que se apodera del espectador, esa sensación de que una amistad como la que surge en pantalla no se romperá bajo ningún concepto. En este sentido, los pequeños conflictos, los dramas personales, quedan relegados a un segundo plano, impidiendo sorpresa alguna o introduciendo la incertidumbre. La base de todo guión es el conflicto, y aunque en Intocable dicho conflicto aparece en forma de clases sociales, es tan leve que parece inexistente.

Nota: 7/10

‘Promoción Fantasma’: enamorados de la moda juvenil


Si algo tienen en común Spanish Movie y la título objeto de este texto es, además de su director, un regusto norteamericano. Se puede decir que, tanto para bien como para mal, Promoción Fantasma bebe de las comedias adolescentes de Hollywood, todo pasado por un filtro patrio que saca la sonrisa en todo momento y la risa en muchos de ellos gracias a un guión bien estructurado y, sobre todo, a unos personajes arquetipo muy bien interpretados.

Javier Ruiz Caldera logra hacer olvidar ese regusto amargo que dejó su anterior película como director y que, de forma absurda, trataba de imitar las ya de por sí absurdas parodias de Scary Movie. A raíz de una tragedia y de un mal que persigue al protagonista desde su infancia, Caldera construye un relato que pivota, y de qué manera, en su personaje protagonista, interpretado de forma brillante por Raúl Arévalo. Si bien el recorrido emocional del profesor capaz de ver a los muertos es mucho menor sobre el papel de lo que se podría esperar, el actor de Primos logra insuflarle vida propia gracias a ese impasible rostro cansado de un don que no comprende.

Sin duda, el mejor hallazgo del relato lo encontramos en los cinco jóvenes que deben superar sus asignaturas pendientes para seguir adelante. Unas asignaturas, sin embargo, que poco o nada tienen que ver con la geografía, la literatura o la gimnasia, y más con su pasado y decisiones que, más de 20 años después, todavía no se atreven a hacer públicas. El problema, con todo, vuelve a ser la escasa evolución, previsible en muchos momentos.

A pesar de todo, el bien estructurado guión logra mantener la atención a lo largo de sus escasos 90 minutos de duración, combinando momentos cómicos con otros algo más dramáticos sin llegar nunca a conmover. Otro de los aciertos son los personajes secundarios, en especial los de Carlos Areces y Joaquín Reyes, éste como un psicólogo que proyecta sus propias fobias y traumas en sus pacientes. Muchos de los momentos más surrealistas provienen de ellos.

El conjunto, ideal para pasar un rato distraído sin perder el tiempo, se completa con una banda sonora que, para la gente de las generaciones que se proyectan en pantalla, traerá a la memoria noches de fiesta, primeros amores y momentos inolvidables. La película termina por ser lo que busca ser: divertida y no ofensiva a la inteligencia del respetable. Y eso es más de lo que se puede decir de muchas otras producciones, españolas o no.

Nota: 6,5/10

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: