‘American Horror Story: Roanoke’, nuevo formato para una historia conocida


Los actores de 'American Horror Story: Roanoke' viven un infierno en la mansión.Es difícil que una serie como American Horror Story logre mantenerse durante tantas temporadas como uno de los productos más originales de la televisión. Primero porque la idea de que cada temporada sea una historia diferente tiene el riesgo inherente de perder la conexión con los espectadores. Y segundo porque es complicado encontrar historias que sean capaces de llenar tantos episodios. La prueba está, de hecho, en el irregular desarrollo de las temporadas. Por eso resulta un soplo de aire fresco esta sexta etapa, que bajo el título de Roanoke toma como referencia a la conocida como “Colonia perdida” para adentrarse en un subgénero de terror que hasta ahora no habían abordado Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Glee).

Desde luego, lo más original de esta temporada de 10 episodios es su formato. Narrado como una serie basada en hechos reales que utiliza los testimonios de las personas que vivieron la pesadilla, la ficción juega en diversos niveles dramáticos para introducir al espectador en una historia con visos de realidad. Este juego de la televisión dentro de la televisión tiene, evidentemente, su lado positivo y su lado negativo. Lo positivo es que a través de la dramatización de los hechos y la reacción de los presuntos personajes reales la historia tiene acceso a una serie de conflictos dramáticos vistos desde diferentes puntos de vista casi a tiempo real, como si de un reality show se tratara.

En el lado opuesto, es lógico pensar que, dado que los héroes de la historia relatan su propia odisea, sobreviven al final de la misma, lo que siempre resta dramatismo a lo que se muestra en pantalla. De ahí que, aunque el carácter dramático se intensifica, la tensión narrativa se diluye lentamente, dejando todo el espacio al terror y el gore propios de esta serie. Sin embargo, y a diferencia de otras temporadas, American Horror Story: Roanoke soluciona este problema de una forma aún más original si cabe. La propia temporada se divide en dos partes claras, siendo la segunda una suerte de continuación en la que personajes reales y los actores que les interpretan conviven en el mismo infierno que relataban en la primera parte.

Evidentemente, todo sale mal, y la muerte es la constante en cada personaje, pero independientemente de todo eso lo interesante radica en el modo en que Falchuk y Murphy aprovechan las debilidades dramáticas de su historia para darle una vuelta y convertirlas en motor de un argumento nuevo aunque similar. Por supuesto, esta segunda parte también tiene ciertas debilidades, entre ellas las motivaciones de algunos personajes, pero a pesar de todo esto permite ahondar en tramas personales mucho más profundas y que remiten a las relaciones entre madres e hijos, entre maridos y mujeres y, por qué no, entre el mundo del espectáculo y la vida real.

Carniceros, cerdos y locura

El cambio que sufre American Horror Story: Roanoke en su forma de narrar los acontecimientos es, sin duda, lo más llamativo de esta serie que ha tenido que recurrir a esta apuesta formal para evitar repetirse en sus conceptos más básicos. Y es que salvo esta idea, bien diseñada y elaborada, el resto de la temporada recupera pilares de temporadas anteriores, ya sea la locura, el canibalismo o los fantasmas. En realidad, en algunos momentos llega a repetir algo más que a los actores, recurriendo a situaciones que recuerdan poderosamente a las vividas en algunas de las mejores etapas de esta ficción. La pregunta que cabe hacerse es si esto es algo negativo en sí mismo.

Para gustos los colores, está claro, pero personalmente considero que la forma en que se integran estas ideas con la trama abordada en la serie y con el modo en que se cuenta hacen que sea algo novedoso, diferente y dinámico. La apuesta en la segunda parte de la serie por la cámara en mano al más puro estilo El proyecto de la bruja de Blair (1999) -por aquello de que transcurre en un bosque- es un acierto más que notable, tanto por el carácter realista que aporta al conjunto como por el dramatismo de ver las consecuencias de los asesinatos (sangre saltando por todas partes, rostros desencajados, etc.) antes incluso que el propio acto en sí. De este modo, la serie logra imprimir una fuerza visual muy poderosa a una historia que puede parecer menor, en algunos momentos incluso algo ilógica.

Con todo, es de justicia reconocer que el argumento es algo más que terror, y desde luego algo más que gore. Si la primera parte de la temporada puede resultar un tanto simplista, por aquello de que se sabe de antemano cómo va a terminar, la segunda adquiere un dramatismo mucho mayor, tanto por los conflictos que se generan entre personajes como por las reacciones ante unos acontecimientos que ya no son ficción a pesar de que, al principio, lo consideran parte del show. Estos componentes dramáticos dentro del contexto del horror, la violencia y la locura que definen a la serie es lo que la dotan de una mayor entidad, de una seriedad que se intuye en todo momento, pero que puede perderse de vista en los primeros episodios si se atiende únicamente al concepto de realidad ficcionada.

Por varios motivos, American Horror Story: Roanoke es una de las temporadas más originales de la serie. Personalmente creo que una de las mejores, pues a pesar de sus debilidades ofrece algo diferente, algo fresco, explorando esa vía de nuevo terror que nació con el nuevo siglo y que, hasta ahora, había estado vetada en esta producción. El hecho de que, además, se introduzcan conflictos personales en la historia, derivados muchos de ellos de las propias decisiones de los personajes, lleva la trama a un nivel diferente, más complejo o, por lo menos, más rico en matices. Desde luego, no es una temporada perfecta, pero junto a American Horror Story: Hotel es una de las que más recuerdan a aquella joya que fue la primera temporada.

‘American Horror Story: Hotel’ recupera el espíritu de la serie


Evan Peters y Wes Bentley protagonizan 'American Horror Story: Hotel'.Tras varios altibajos en la serie, American Horror Story ha logrado, en su quinta historia, algo que muy pocas producciones consigue: devolver al formato las ideas iniciales en lo que a suspense, ambientación, personajes y trama se refiere. Sin el impacto ni la novedad que supuso aquella primera temporada, Hotel es sin duda una de las mejores temporadas de esta ficción creada por Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Glee).

Y si bien es cierto que Coven ya supuso una recuperación de ese espíritu, estos 12 capítulos representan lo que podría denominarse como una continuación directa de la historia de la casa encantada. No por los personajes, sino por el concepto general de la trama. Un hotel plagado de fantasmas, vampiros y asesinos es lo que da pie a una historia que, sin embargo, se centra más en el concepto del amor. Tal vez eso sea lo que le ha faltado a la serie en otras etapas; tal vez no. Lo cierto es que el delicado equilibrio entre ese sentimiento y la violencia característica de la producción crean un espectáculo incomparable.

Un padre atormentado por la pérdida de un hijo, una madre condenada a vivir en un hotel lleno de fantasmas para estar junto a un hijo que la odia y una vampiresa que una vez experimentó el amor verdadero son solo algunos de los ejemplos. Desde un punto de vista conceptual, American Horror Story: Hotel se revela más bien como una historia de búsqueda, de añoranza por lo perdido y por un pasado que, aunque dentro de esos muros parece no cambiar, en realidad se dejó atrás hace mucho tiempo.

Por supuesto, a todo esto se suma el incomparable espacio elegido, un edificio decadente, ajeno al tiempo o a las modas y en el que cada sala, cada rincón, es una trampa mortal para los visitantes. Desde su dueño, un espléndido Evan Peters (X-Men: Días del futuro pasado), al que es más necesario que nunca ver en versión original, hasta el ya famoso papel de la cantante Lady Gaga, Globo de Oro incluido, todos los habitantes de ese edificio parecen condenados, lo quieran o no, a matar a los visitantes, litros y litros de sangre mediante, claro está.

Lady Gaga logró un Globo de Oro por su rol en 'American Horror Story: Hotel'

Regreso a la narrativa de personajes

Y a pesar del espectáculo visual que supone esta quinta temporada, American Horror Story: Coven es sobre todo una historia de personajes. Al igual que ya ocurrió en algunas temporadas anteriores, que no en todas, el origen de los protagonistas, sus obsesiones, sus fobias y sus motivaciones, quedan patentes en sendos episodios a través de una narrativa de sus respectivos pasados para terminar confluyendo, de un modo u otro, en finales comunes. En esta ocasión, además, con la dificultad añadida de tener dos grandes protagonistas (la ya mencionada Gaga y el policía al que da vida Wes Bentley –American beauty-) como principales pilares, lo que obliga a dividir en dos el tiempo de la historia. ¿Cómo se logra mantener unido el desarrollo dramático sin que parezca, como ocurrió en Asylum, que cada cosa ocurre por su cuenta? La respuesta es Evan Peters.

Su personaje, tan sádico como enigmático, se termina por convertir en una suerte de nexo de unión de todas las historias, tal vez porque es el corazón de ese hotel, o tal vez porque, simplemente, es un personaje muy humano dentro de su violencia. Su caso, posiblemente, sea el mejor ejemplo del entramado dramático que logra crearse entre todos los personajes, ya sean secundarios, principales e, incluso, episódicos. De ahí que sea tan importante el pasado de los mismos, y de ahí que cobren especial relevancia aquellos momentos en los que se abordan las claves de su llegada a ese hotel maldito.

Pero si el contenido dramático es importante, la forma que se le da a todas esas historias es simplemente hipnótica. Elegante, fascinante, visceral, sangrienta, atemporal. Cualquier calificativo puede servir para definir un entorno único, una apuesta escénica en la que la sangre emana a borbotones para dar paso a una nueva vida en la que, no por casualidad, los implicados deben encontrar un motivo para enderezar sus fantasmagóricas vidas, que habitualmente, por no decir siempre, tiene que ver con el asesinato. La presencia, además, de personajes aparecidos en temporadas anteriores otorga al conjunto un halo de continuidad interesante que, en cierto modo, cierra un círculo iniciado con la primera y maravillosa temporada.

Así las cosas, American Horror Story: Hotel es, posiblemente, la etapa de esta serie que más se aproxima a lo vivido en aquella casa encantada hace ya varios años. Por su ambientación, el trauma de sus personajes e incluso la definición de muchos de ellos, esta historia es digna heredera de aquella. Pero es mucho más. Falchuk y Murphy parecen haber aprendido de algunos errores cometidos en el pasado y han sido capaces de crear muchos historias independientes bajo un mismo techo que, aparentemente, no tienen nada en común, pero cuyo desarrollo termina irremediablemente unido a las habitaciones de este macabro hotel. O a su dueño, que para el caso viene a ser lo mismo. Sin duda, una de las mejores temporadas de la serie.

Russell Crowe debuta en la cartelera española como director


estrenos 24abril2015Siguiendo la estela de los últimos fines de semana, hoy viernes, 24 de abril, llegan a la cartelera un nutrido y muy variado grupo de estrenos, algunos de ellos con un interés añadido al que habitualmente podemos encontrar en la cartelera. Desde el regreso a la gran pantalla de veteranos actores, hasta comedias de todo tipo, los espectadores podrán encontrar en los cines atractivos proyectos, uno de los cuales sin duda destaca sobre el resto.

Dicho estreno es el de El maestro del agua, debut en la dirección de ficción de Russell Crowe (Gladiator), quien además protagoniza el film. Producida entre Estados Unidos, Australia y Turquía, la acción se centra en la búsqueda de un australiano que, cuatro años después de la I Guerra Mundial, realiza en Turquía para encontrar a sus dos hijos desaparecidos en combate, en un intento de cumplir una última promesa a su fallecida esposa. Un intenso drama salpicado de cierta intriga y con dosis de acción que cuenta en su reparto con Olga Kurylenko (Oblivion), Jai Courtney (Divergente), Isabel Lucas (Amanecer Rojo), Ryan Corr (Before the rain) y Damon Herriman (Son of a gun).

Muy diferente es la comedia gamberra Superpoli en Las Vegas, secuela de Superpoli de centro comercial (2009). Dirigida por Andy Fickman (La montaña embrujada), la trama se sitúa seis años después del primer film, y sitúa al protagonista en una convención de seguridad organizada en Las Vegas. A pesar de ser un encuentro informal y una excusa para tener unas merecidas vacaciones, cuando un complot para atacar el hotel en el que se hospeda sea descubierto el protagonista no tendrá más remedio que volver a hacer lo que mejor sabe hacer. Mucho humor y mucha acción de la mano de Kevin James (Peso pesado), quien repite como héroe de la función. A él se suman Raini Rodriguez (Fin de curso), Eduardo Verástegui (Bella), Daniella Alonso (serie Revolution) y Neal McDonough (serie Mob city).

Aunque sin duda la cinta con los mejores nombres en sus títulos de crédito es La sombra del actor, adaptación de la novela de Philip Roth que, a medio camino entre la comedia y el drama, aborda la desesperación de un famoso actor teatral que, casi de la noche a la mañana, pierde su talento para la interpretación. Deprimido y desesperado, se embarcará en una aventura con una lesbiana en un intento de recuperar la magia perdida. La película, producida entre Estados Unidos e Italia, está dirigida por Barry Levinson (Esfera) y protagonizada por Al Pacino (El Padrino II), Greta Gerwig (Frances Ha), Nina Arianda (Midnight in Paris), Dylan Baker (serie Political Animals), Charles Grodin (Beethoven), Dianne Weist (El gran año) y Kyra Sedgwick (serie The Closer).

Los amantes del terror tienen una cita con La pirámide, producción norteamericana dirigida por el debutante Grégory Levasseur, guionista de Alta tensión (2003) o Maniac (2012). La película, como se desprende de su título, narra la pesadilla que viven un grupo de arqueólogos al entrar en una pirámide recién descubierta y enfrentarse con algo que nunca hubieran imaginado. Ashley Hinshaw (serie True Blood), Christa Nicola (serie Home and Away), Denis O’Hare (serie American Horror Story) y James Buckley (Supercutres) conforman el reparto principal.

Pasamos ahora a los estrenos españoles, y entre ellos destaca Sexo fácil, películas tristes, co producida por Argentina en 2014 y cuya trama es, cuanto menos, diferente. La historia se centra en tres personajes: un guionista y los protagonistas de su nueva película, una comedia romántica que debe escribir mientras supera su mayor crisis sentimental. Escrita y dirigida por Alejo Flah (Taxi), la cinta cuenta con un interesante reparto encabezado por Ernesto Alterio (La montaña rusa), Quim Gutiérrez (La gran familia española), Marta Etura (Mientras duermes), Julieta Cardinali (Tres deseos) y Carlos Areces (Balada triste de trompeta).

Otra comedia, aunque esta vez gamberra, es el género al que pertenece Cómo sobrevivir a una despedida, cuyo argumento puede deducirse del propio titular. Un grupo de amigas cuyas vidas no han sido como imaginaban en su infancia deciden tomar las riendas de su futuro, y para ello comienzan por organizar una despedida de soltera a la primera del grupo que va a casarse. Manuela Moreno, quien también participa en el guión, debuta en el largometraje con esta propuesta protagonizada por Natalia de Molina (Vivir es fácil con los ojos cerrados), Celia de Molina (Temporal), Úrsula Corberó (Perdiendo el norte), María Hervás (serie La pecera de Eva) y Brays Efe.

Las novedades españolas se completan con dos propuestas muy diferentes. Por un lado, Murieron por encima de sus posibilidades es una ácida crítica en forma de comedia a la actual situación que viven millones de españoles. La trama arranca cuando cinco personajes muy golpeados por la crisis aunque sin aparentemente nada en común deciden llevar a cabo un intrincado plan: secuestrar al presidente del Banco Central y exigirle que todo vuelva a ser como antes. La propuesta está dirigida por Isaki Lacuesta (Los condenados), y cuenta con un reparto coral de excepción: Raúl Arévalo (La isla mínima), Imanol Arias (Pájaros de papel), Bruno Bergonzini (Todas las canciones hablan de mí), Àlex Brendemühl (Eltern) Eduard Fernández (El niño), Ariadna Gil (El baile de la Victoria), José Coronado (Los últimos días), Sergi López (Ismael), Carmen Machi (Ocho apellidos vascos) y Ángela Molina (Miel de naranjas).

Los estrenos europeos se completan con dos propuestas francesas. La familia Bélier es una comedia dramática dirigida por Eric Lartigau (Un ticket pour l’espace) que aborda la forma en que los seres humanos nos enfrentamos a los cambios importantes. La trama gira en torno a una chica de 16 años cuya vida se reparte entre el instituto y ayudar a sus padres sordos haciendo de intérprete con el resto del mundo. Su vida cambiará cuando un profesor descubra un talento para la canción, ofreciéndole la posibilidad de desarrollarlo en París. Karin Viard (El amor es un crimen perfecto), François Damiens (Tango libre), Louane Emera y Eric Elmosnino (Ouf) conforman el reparto principal.

Por su parte, Girlhood es un drama que aborda los problemas de integración que sufren los jóvenes en determinadas zonas de Francia. Escrita y dirigida por Céline Sciamma (Tomboy), la cinta sigue los intentos de una joven de huir del entorno opresivo en el que vive. Con nulas perspectivas en la escuela, su encuentro con tres chicas rebeldes abrirá un nuevo camino hacia la libertad que tanto anhela, lo que llevará a la joven a abandonar la escuela e incluso a cambiarse el nombre. El reparto está encabezado las debutantes por Karidja Touré, Assa Sylla, Lindsay Karamoh y Mariétou Touré.

La única propuesta animada del fin de semana llega desde Canadá. La leyenda de Sarila, ópera prima de Nancy Florence Savard, narra los problemas de una tribu de esquimales para encontrar alimentos. A pesar de los intentos de los cazadores, su área parece haber quedado desierta. Los intentos del chamán son infructuosos, por lo que decide enviar a un joven que está empezando a desarrollar ciertas habilidades mágicas (y al que envidia y teme) a encontrar Sarila, una tierra sagrada en la que hay alimentos en abundancia. La película cuenta con las voces originales de Christopher Plummer (La última estación), Rochelle Lefevre (American summer), Dustin Milligan (El rescate) y Tim Rozon (Long gone day).

Terminamos con el documental Cobain: Montage of Heck, relato autorizado de la vida y obra del cantante de Nirvana que, 20 años después de su muerte, sigue siendo un icono de la música. A través de vídeos caseros, grabaciones, fotografías y diarios el realizador y guionista Brett Morgen (El chico que conquistó Hollywood) realiza un recorrido visceral por el lado menos conocido del fallecido artista.

‘American Horror Story: Freak Show’ se pierde en tramas secundarias


Evan Peters protagoniza el circo de las rarezas de 'American Horror Story: Freak Show'.Es complicado darle forma a una serie con tantos personajes como American Horror Story. Al menos una forma que pueda encajar todas sus piezas. La prueba fehaciente es que la serie, en su cómputo general, ha sufrido altibajos notables. Lo bueno es que como cada temporada es independiente se pueden considerar casi como series autónomas; lo malo es que el concepto de la producción queda irremediablemente afectado. La cuarta temporada, American Horror Story: Freak Show, tiene más puntos en común con la caótica segunda parte que con la primera o la tercera. Y eso que su comienzo prometía más de lo que finalmente ha sabido aportar.

Como su título indica, estos nuevos 13 episodios se centran en la vida de un grupo de feriantes ambulantes en un circo de rarezas humanas en el que se dan cita la mujer barbuda, un chico langosta, el hombre foca o la mujer más pequeña del mundo. Pero lo que comienza como un reflejo de una época en la que el miedo a lo desconocido se combina con asesinos en serie vestidos de payaso, ricachones consentidos con tendencias maníacas o embaucadores que hacen lo que sea por conseguir dinero, termina convirtiéndose en un drama sin dirección única, abriendo y cerrando tramas secundarias casi sin tiempo a desarrollar los personajes que en ellas encontramos.

De este modo, los creadores de American Horror Story, Brad Fralchuk y Ryan Murphy (serie Glee) logran enriquecer el mundo que crean, pero pierden la frescura y el dinamismo a medida que se suceden los capítulos. Quizá el ejemplo más evidente lo representa el personaje de Neil Patrick Harris (Mil maneras de morder el polvo), cuya presencia aporta únicamente unas dosis de violencia y vísceras que poco o nada tienen que ver con el sentido general de la serie. En realidad, más allá de narrar los prejuicios y los miedos a los que estas personas tuvieron que enfrentarse a comienzos del siglo XX no existe un desarrollo dramático coherente, lo que deriva en esa incorporación obsesiva de personajes a cada cual más psicópata. No quiere esto decir que no sean relevantes, al contrario. La definición de dichos roles es interesante. El problema es que no se mantienen en la trama lo suficiente como para lograr impactar en la historia general que se cuenta.

La conexión con aquella American Horror Story: Asylum no se limita únicamente a este aspecto. Algunos de los personajes son los mismos que aparecieron en la historia del manicomio, e incluso esta última temporada se permite el guiño de introducir una pequeña secuencia en ese escenario, dejando patente de este modo la relación entre ambas historias. Y dejando patente, también, ese desarrollo sin un objetivo claro que se limita a introducir argumentos secundarios resueltos en poco más de dos episodios y cuya influencia en el arco dramático principal es mínima, en algunos casos incluso nula. Los personajes principales parecen meros espectadores ante muchos de los acontecimientos que se suceden, limitando así el dramatismo que podría haber adquirido esta cuarta temporada.

Unos llegan y otros se van

Aunque en todo este desarrollo que se lleva por delante personajes, tramas y consecuencias destacan sobremanera algunas de las nuevas incorporaciones a la ya extensa familia de American Horror Story. Y curiosamente todos ellos hacen de unos “engendros” que poco o nada tienen que ver con las malformaciones físicas. Entre ellos es imprescindible apuntar a Finn Wittrock (Invencible) como el principal atractivo de esta feria. Su rol de joven malcriado, psicópata y con ínfulas divinas es simplemente brillante sobre el papel y en la pantalla. Wittrock dota a su rol de una suficiencia y elegancia que terminan por ser más aterradores e inquietantes que cualquier efecto circense. Del mismo modo, convertir al hombre forzudo en homosexual no deja de ser una de las más irónicas paradojas que ha dado la serie. Y Michael Chiklis (serie The Shield) está a un altísimo nivel en este papel.

Por desgracia, y siguiendo con esa idea de las tramas secundarias antes mencionada, sus roles y los de otras interesantes novedades no logran tener un desarrollo pleno. Solo el rol de Chiklis puede convertirse en la excepción, pues su descenso a los infiernos de la redención es de lo mejor de toda la serie. Pero es la excepción. La presencia de Wittrock, que adquiere más o menos relevancia en función de las necesidades de la historia (cuando en teoría juega un papel fundamental en la vida del circo), termina por dejar al personaje en un mero villano al que recurrir para darle algo de interés a la trama cuando esta parece desviarse demasiado.

Y junto con las llegadas, los abandonos. Desde luego el más impactante es el de Jessica Lange (El jugador), cuyo protagonismo en todas las temporadas ha sido uno de los principales atractivos de la serie. De hecho, su personaje en este Freak Show representa a la perfección la dualidad entre los “engendros” del circo y los “engendros” que rodean el show. Su papel aparentemente normal evoluciona hasta convertirse en un ser mezquino con el único objetivo de convertirse en una estrella. Y representa a la perfección, también, el desarrollo que tiene toda la serie. Su final y el caos que vive en los episodios inmediatamente anteriores son fiel reflejo de esa irregularidad en el desarrollo del argumento y del final feliz que la serie ha querido dar a sus principales protagonistas.

A pesar de todo, American Horror Story: Freak Show deja en el recuerdo algunos momentos realmente logrados, sobre todo en sus primeros capítulos. La presencia del payaso asesino, del joven interpretado por Wittrock o de los embaucadores dotan al conjunto de tres pilares dramáticos interesantes que nutren la serie. Pero una vez su papel se torna menor la historia pierde cierto sentido, introduciendo personajes que poco o nada son capaces de aportar a la historia, salvo tal vez para crear ese final feliz que los personajes se merecen. El problema es que por el camino esos mismos personajes se pierden en una red de tramas secundarias que no llevan a ningún lado, obligando al espectador a olvidar lo vivido y, lo que es peor, a recordar lo abandonado previamente. Con todo y con eso, AMS sigue siendo una de las propuestas más frescas y originales de la televisión.

McConaughey lucha contra el sida, el romance y los cuentos de hadas


Estrenos 14marzo2014Tras un fin de semana marcado por el entretenimiento puro y duro le toca el turno, de nuevo, a los Oscar. Hoy viernes, 14 de marzo, llega a la cartelera española el último de los triunfadores en la pasada gala que quedaba por estrenarse. Un intenso drama sobre el sida que no llega solo, a diferencia de semanas anteriores. Muchas son las propuestas interesantes y ganadoras de diversos premios que, por fortuna, cubren prácticamente todos los grupos de espectadores, desde aquellos que abogan por la comedia hasta el drama romántico, pasando por el terror o el documental histórico.

Aunque es evidente que el más interesante es Dallas Buyers Club, cinta que se ha llevado 3 Oscars, entre ellos los de sus actores masculinos. Un drama que, como decíamos, se ambienta en el mundo del sida. En concreto, la cinta recoge la historia real de un cowboy al que se le diagnostica que tiene la enfermedad, se le da un fármaco altamente tóxico y una esperanza de vida de un mes. Negándose a aceptar ese destino decide acudir a México para someterse a un tratamiento no aprobado legalmente. Cosas del destino, el tratamiento logra alargarle la vida y le convierte, además, en el mayor promotor y defensor de este procedimiento, iniciando una lucha contra la Administración y una campaña de concienciación sobre la desinformación del Gobierno. El mayor atractivo de esta cinta dirigida por Jean-Marc Vallée (La reina Victoria) es ver tanto a Matthew McConaughey (Mud) como a Jared Leto (El señor de la guerra) en unos roles que les han reportado todo tipo de premios. Junto a ellos encontramos a Jennifer Garner (Juno), Denis O’Hare (serie American Horror Story: Coven), Steve Zahn (Sahara) y Michael O’Neill (J. Edgar).

También dentro del drama, aunque con temática muy distinta, se enmarca Una vida en tres días, cinta protagonizada por Kate Winslet (Revolutionary Road) y Josh Brolin (Men In Black III) cuyo argumento se centra en un adolescente que trata de cuidar de su solitaria madre. Las vidas de ambos se ven alteradas, durante el fin de semana del Día del Trabajo, acojan a un hombre necesitado que resulta ser un convicto fugado. Lo que comienza siendo un secuestro se convierte poco a poco en una relación que les cambiará para siempre. El film, que supone el regreso de Jason Reitman (Up in the air) a la dirección, es una adaptación de la novela de Joyce Maynard, y su reparto se completa con Gattlin Griffith (El río de los sueños), Tobey Maguire (El gran Gatsby), Tom Lipinski (serie The following), Clark Gregg (Los Vengadores), James Van Der Beek (serie Apartamento 23), J.K. Simmons (Spider-Man) y Maika Monroe (A cualquier precio).

El último de los estrenos estadounidenses es The woman, cinta de terror del 2011 dirigida por Lucky McKee (May) que gira en torno a un abogado que descubre a una mujer salvaje en los bosques cercanos a su casa de campo. Lejos de amedrentarse o avisar a las autoridades, decide intentar civilizarla y la introduce en su casa. Lo que no sabe es que la misteriosa mujer es el último miembro de un violento clan, lo que pondrá en peligro al abogado y al resto de su familia. El reparto está integrado por Pollyanna McIntosh (El mundo de los perdidos), Chris Krzykowski, Lauren Ashley Carter (Rising stars), Brandon Gerald Fuller y Sean Bridges (Jake’s closet).

Otro de los estrenos interesantes de la semana es La bella y la bestia, nueva aproximación al famoso cuento de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve. Dirigida por Christophe Gans (El pacto de los lobos), la historia sigue a una joven que vive con su padre y que, por una serie de circunstancias, termina siendo apresada por una bestia que vive en un enorme castillo. Sin embargo, a medida que pasen los días y las semanas la joven descubrirá que la bestia es en realidad un hombre condenado por un antiguo hechizo. Más adulta y mágica, esta versión cuenta con Vincent Cassel (Trance) como Bestia, y con Léa Seydoux (La vida de Adèle) como Bella, a los que se suman Eduardo Noriega (El mal ajeno), André Dussollier (Micmacs) y Audrey Lamy (La croisière).

En cuanto a la producción española, en lo que a ficción se refiere la representante es Ocho apellidos vascos, comedia romántica que centra su atención en los conflictos sociales entre el norte y el sur del país a través de la historia de un joven sevillano que ve cómo sus encantos no funcionan con una chica del País Vasco. Dispuesto a conquistarla, viaja hasta un pueblo en Euskadi haciéndose pasar por vasco, donde deberá superar todo tipo de pruebas no solo de los amigos de la chica, sino de un padre muy tradicional. Emilio Martínez Lázaro (El otro lado de la cama) es el encargado de poner en imágenes la trama, mientras que frente a las cámaras encontramos a Clara Lago (Primos), Dani Rovira (serie B&B, de boca en boca), Karra Elejalde (También la lluvia), Carmen Machi (serie Aída) y Alberto López (El mundo es nuestro).

Alemania y Venezuela son los países que respaldan Pelo malo, ganadora de la Concha de Oro a la Mejor Película en el pasado Festival de San Sebastián. Escrito y dirigido por Mariana Rondón (Postales de Leningrado), este drama gira en torno a un muchacho cuyo pelo rizado, el “pelo malo” del título, se convierte en epicentro de un conflicto entre él y su madre, viuda y desempleada. Él quiere alisárselo para la foto de su colegio y parecerse así a un cantante de moda, pero a medida que insiste la madre se vuelve cada vez más intolerante, actitud provocada también por la difícil situación que vive. Todo ello llevará al joven a tomar una drástica decisión. La cinta cuenta con un reparto en el que el único intérprete conocido es Berto Benites (Colombiana), junto al que encontramos a Samuel Lange Zambrano, Nelly Ramos, Samantha Castillo y María Emilia Sulbarán.

Por último, aunque no por eso menos importante, se estrena Las maestras de la República, documental ganador del Goya en la pasada edición escrito y dirigido por Pilar Pérez Solano (La fama y su séquito) que, mediante una reconstrucción dramatizada e imágenes de archivo, recupera de la memoria la labor de las mujeres que contribuyeron no solo a la modernización de la educación en España, sino que fueron piedra angular en la conquista de los derechos de la mujer. Marta Barriuso es la voz que narra los acontecimientos, mientras que Laura De Pedro (La perla de Jorge) da vida a una maestra de la época.

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