‘Alien: Covenant’: el infierno original en un paraíso moderno


No hay nada como volver al principio para recuperar la esencia de algo. Al menos en parte. Por supuesto, eso no es garantía de nada, pero siempre es un buen comienzo para enderezar un barco que zozobra. La saga ‘Alien’ ha ido, indefectiblemente, de más a menos, y aunque soy partidario de defender lo que representa Prometheus (2012) en este universo, es indudable que no está a la altura de lo que el propio Ridley Scott logró en 1979. La nueva entrega, a medio camino entre el clásico y la modernidad, tiene las virtudes del primero y los vicios de la segunda, y es en esta combinación de ADNs donde el director logra crear un híbrido más que interesante.

Porque a pesar de los defectos de Alien: Covenant, sus aspectos positivos convierten a este film en una obra inquietante, eficaz en su relato y con un pulso narrativo firme y directo. Bueno, tal vez directo no sea el mejor apelativo a tenor de todo el trasfondo que posee, pero desde luego Scott vuelve a demostrar que es capaz de generar tensión dramática prácticamente con una pared. En este sentido, el film aprovecha un desarrollo dramático prácticamente calcado al original para explorar nuevas formas de terror, nuevas vías de crear estos monstruos que continúan evolucionando, esta vez de forma más coherente que en entregas anteriores y con una explicación tan eficaz como perturbadora.

De hecho, el film posee varias lecturas, algunas más interesantes que otras. Desde la mera y simple acción espacial hasta el trasfondo sociológico, filosófico e incluso religioso, la cinta explora en mayor o menor medida los diferentes aspectos que componen la complejidad del espíritu humano. Y esto es, a su vez, lo que juega en su contra. La cinta tarda en arrancar en lo que a trama se refiere, sus reflexiones rompen en muchos momentos el ritmo narrativo de la historia y, es cierto, aprovecha en demasía la estética y la estructura del primer film, hasta el punto de introducir personajes similares, entornos conocidos y, lo peor de todo, una previsibilidad en las decisiones de sus personajes y en las apuestas dramáticas que restan fuerza al film.

En realidad, Alien: Covenant es un puente casi perfecto entre lo que representó Prometheus y lo que ha sido la saga original. Aterradora, inquietante, dramática por momentos y espléndidamente rodada, la nueva película de Scott demuestra que la serie de terror espacial puede ofrecer todavía muchos y enriquecedores matices a este universo. Sí, es cierto que los aliens ahora se crean por otros medios, que se cambia una reunión en torno a una mesa por una camilla y que su desarrollo se desinfla un poco al final ante lo previsible del argumento. Sin embargo, todo eso no impide que sea una obra notable capaz de perturbar con el uso que el director hace de las sombras y de las posibilidades del guión. Y ojo a la labor de Michael Fassbender (La luz entre los océanos), auténtico héroe, villano y todo lo que se quiera decir de él. El resto del reparto, por suerte o por desgracia, no están a su altura. Más o menos como ocurre con su personaje y el resto de la tripulación.

Nota: 7,5/10

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R. Scott aterroriza a los tripulantes del Covenant con un nuevo ‘Alien’


Después de un fin de semana de muchos y muy variados estrenos, toca descansar. O al menos, no llenar la cartelera con decenas de títulos nuevos. Pero el hecho de que este viernes, 12 de mayo, no se estrenen tantas películas no quiere decir, ni mucho menos, que no exista una variada oferta. Desde el terror espacial más icónico hasta un drama con la novia de Hollywood, pasando por varias novedades europeas.

Pero comencemos por el que, sin duda, es el estreno de la semana. Alien: Covenant, regreso de Ridley Scott (Marte) al universo que él mismo ayudó a convertir en todo un icono de la ciencia ficción y el terror espacial, monstruos incluidos. Secuela de Prometheus (2012), la cinta se centra en una expedición colonial formada por varias parejas cuyo objetivo es encontrar un paraíso inexplorado donde iniciar una nueva sociedad, algo que parecen encontrar en un planeta que pronto se convierte en una pesadilla, y en el que habita un sintético que parece tener una estrecha relación con la criatura que amenaza con acabar con sus vidas. En el reparto encontramos a Michael Fassbender (Assassin’s Creed), Katherine Waterston (Steve Jobs), Danny McBride (Juerga hasta el fin), Demián Bichir (Los odiosos ocho), Noomi Rapace (El niño 44), Billy Crudup (Spotlight), Carmen Ejogo (Selma), Amy Seimetz (Lovesong), Callie Hernandez (Blair Witch), Jussie Smollett (serie Empire), Guy Pierce (El editor de libros) y James Franco (¿Tenía que ser él?).

Estados Unidos y España colaboran en Money, thriller que arranca cuando la velada de la que disfrutan dos parejas con una vida acomodada dará un giro de 180 grados con la presencia de dos maletines llenos de dinero y la aparición de un extraño que sacará a la luz los aspectos más oscuros de cada uno de ellos. Debut en el largometraje de José Martín Rosete, su internacional reparto está encabezado por Kellan Lutz (Hércules: El origen de la leyenda), Jess Weixler (La mirada del amor), Lucía Guerrero (Perdona si te llamo amor) y Jesse Williams (El mayordomo).

Antes de abordar los estrenos puramente europeos, una propuesta que cuenta con capital estadounidense, sudafricano y alemán. Guardián y verdugo es el título de la adaptación de la novela escrita por Chris Marnewick y dirigida por Oliver Schmitz (Le secret de Chanda) cuya trama, basada en hechos reales, gira en torno a un abogado que defendió a un joven guardia de prisión de máxima seguridad traumatizado por todas las penas de muerte que había presenciado en los años 80. Steve Coogan (Philomena), Andrea Riseborough (Oblivion), Garion Dowds, Deon Lotz (French toast) y Robert Hobbs (Young ones) son los principales actores.

La producción nacional tiene como único representante Demonios tus ojos, thriller dramático en el que también participa Colombia y que está dirigido por Pedro Aguilera (Naufragio). La historia arranca cuando un joven director de cine descubre una noche, en una web de vídeos eróticos, que una de las protagonistas es su hermana pequeña. Sorprendido y conmocionado, viaja a Madrid para hablar con ella, pero una atracción hacia ella surgirá durante el proceso de investigación. El reparto está encabezado por Ivana Baquero (El club de los incomprendidos), Julio Perillán (Proyecto Lázaro), Lucía Guerrero (Grupo 7), Nicolás Coronado (Novatos) y Elisabet Gelabert (Las furias).

Entre los títulos europeos destaca Paraíso, film con participación alemana y rusa  que centra su atención en las vidas de tres personajes muy diferentes que se cruzan durante la II Guerra Mundial. Sus ideologías y sus formas de ver el mundo les llevarán a tomar decisiones muy diferentes ante el mundo que les ha tocado vivir. Dirigido por Andrey Konchalovskiy (Tío Vania), este drama está protagonizado por Philippe Duquesne (Tras la pared), Vera Voronkova (Kontakt), Christian Clauss, Yuliya Vysotskaya (Max) y Peter Kurth (Herbert), entre otros.

Con algo de retraso llega la italiana Le llamaban Jeeg Robot, thriller con toques de comedia y ciencia ficción realizado en 2015 cuya trama arranca cuando un joven ladrón de poca monta recibe unos increíbles poderes que utilizará para hacer una importante carrera criminal. Todo cambia cuando conoce a una joven trastornada que cree que es el héroe de una famosa serie de animación japonesa. Juntos deberán enfrentarse a un mafioso cuyo único objetivo es obtener fama y notoriedad. Dirigida por Gabriele Mainetti (Ultimo stadio), entre los actores destacan nombres como los de Claudio Santamaria (Terraferma), Luca Marinelli (La gran belleza), Stefano Ambrogi (Sotto una buona stella), Maurizio Tesei (Fantasmi), Ilenia Pastorelli y Francesco Formichetti (L’ultima ruota del carro).

También es de 2015 el drama romántico Bajo el sol, film que cuenta con capital croata, serbio y esloveno que, con el marco de las guerras balcánicas, aborda la historia de diferentes historias de amor a lo largo de tres décadas, arrancando en los años 90, donde dos amantes se ven obligados a vivir su relación en la clandestinidad por el conflicto bélico, y terminando en 2011, cuando finalmente una relación puede alcanzar su plenitud una vez cicatrizadas las heridas de la guerra. Escrita y dirigida por Dalibor Matanic (Kino lika), la película está protagonizada por Dado Cosic (El segador), Nives Ivankovic (Agonija), Goran Markovic (Mrak) y Tihana Lazovic (Suti).

En lo que a animación se refiere, dos propuestas. Por un lado, Richard, la cigüeña, película que cuenta con participación alemana, belga, luxemburguesa y noruega y que gira en torno a un gorrión adoptado por una familia de cigüeñas cuyo mayor deseo es viajar a África antes del invierno. Con la ayuda de un búho y un periquito iniciará el viaje para demostrar que es una cigüeña más. Dirigen Toby Genkel (¡Upsss! ¿Dónde está Noé…?) y Reza Memari en el que es su debut en el largometraje.

Por otro, la noruega Dos colegas al rescate, cinta de aventuras realizada en 2015 a cuatro manos por Rasmus A. Sivertsen (Pelle Politibil går i vannet) y Rune Spaans, para el que es su primer film como director. El argumento se centra en dos atolondrados amigos que viven en el interior de un túnel ferroviario y cuyas existencias cambian cuando conocen a la hija de un importante científico secuestrado por Rasputín, un villano que quiere convertir a los humanos en robots.

‘Los odiosos ocho’: el lento azote de la ventisca


Tim Roth, Kurt Russell y Jennifer Jason Leigh son algunos de 'Los odiosos ocho' de Tarantino.Considero a Quentin Tarantino (Kill Bill) como uno de los maestros cinematográficos en lo que a manejo de tiempo narrativo se refiere. Es cierto que su verborrea incansable y su violencia es lo que más recuerda el gran público, pero su forma de manejar el desarrollo dramático es lo que verdaderamente le define. A esto se suma su pasión por un tipo muy concreto de cine. Y su octava película, como se publicita incluso en los títulos de crédito, es una mezcla de ambas facetas, aunque una mezcla desequilibrada.

Lo que más llama la atención de Los odiosos ocho es la distinción tan evidente entre las dos partes que componen el film. La primera, larga y tediosa, se define con esos diálogos interminables en un escenario inamovible que permite a los personajes establecer una suerte de escenografía teatral en la que la profundidad y el fuera de campo juegan un papel importante. Una primera parte que comienza de forma primorosa, con esa diligencia atravesando un paisaje blanco y con una música simplemente perfecta. El problema es que, una vez introducidos en la cabaña que les protege de la ventisca, los personajes parecen quedar suspendidos en un limbo dramático, sin poder avanzar o retroceder, y esperando con parsimonia a que algo o alguien azuce el avispero.

Y eso ocurre en la segunda parte, cuando los acontecimientos se precipitan, la acción toma forma y el Tarantino más sangriento y visceral entra en escena. Es lo más entretenido del film, aunque no por la violencia, sino porque realmente narra el trasfondo del film, y da respuesta a las sospechas que generan los primeros minutos. Precisamente este es el otro gran problema. La cinta plantea una serie de interrogantes al poco de comenzar que el espectador ansía conocer más pronto que tarde. Pero el guión se toma demasiado tiempo en contar la historia, perdiendo el gancho de la intriga. Y es una lástima, porque con el magnífico plantel de actores que tiene, se podrían haber aprovechado mucho mejor los recursos.

Al final, las más de tres horas que dura Los odiosos ocho se hacen muy largas, más de lo que lo son por si solas. El manejo del ritmo que siempre ha caracterizado a Tarantino brilla ahora por su ausencia, perdiendo de vista que lo realmente importante en un film como este es la tensión dramática generada por la sospecha y por un ramillete de personajes a cada cual más intrigante. En lugar de eso, el film se desvía hacia la caracterización, y se regodea en su autocomplacencia hasta que decide, en su segunda mitad, acelerar el proceso y explicar a toda prisa lo ocurrido. Es un film de Tarantino, y como tal siempre es capaz de ofrecer algo, pero desde luego no es lo mejor que ha hecho, ni mucho menos.

Nota: 6/10

‘The bridge’ evoluciona en su 2ª temporada pero no elimina lastre


Diane Kruger y Demian Bichir vuelven a unir sus fuerzas en la segunda temporada de 'The Bridge'.Es indudable que hoy en día es necesaria una buena premisa inicial para que una serie tenga éxito. Otro cantar es el desarrollo que esta idea tenga, pero no admite discusión el hecho de que debe ser algo que impacte. De ahí el gran éxito que tuvo la primera temporada de The bridge, versión norteamericana de la sueco danesa Bron/Broen. Si a eso añadimos una trama apasionante, el resultado es una de las mejores ficciones de la pasada temporada. Pero el problema de esto llega cuando hay que afrontar una segunda temporada. En el caso de la serie protagonizada por Diane Kruger (Llévame a la Luna) y Demián Bichir (Dom Hemingway), la trama ha sabido redefinirse para acentuar con firmeza todos aquellos aspectos que quedaron algo deslavazados en la anterior etapa.

Dichos aspectos se pueden agrupar bajo el paraguas del tráfico de droga en la frontera entre Estados Unidos y México. Esta segunda temporada de la serie adaptada por Elwood Reid (serie Caso abierto) y Meredith Stiehm (serie Homeland) aborda de forma mucho más directa algunas de las tramas secundarias que no encontraron resolución en los anteriores episodios. Y lo hace de forma inteligente al introducir a los dos protagonistas en la nueva historia a través de las consecuencias de su caso previo. Sobre todo en lo que respecta al rol de Bichir, mucho más desarrollado en estos 13 episodios y con un mayor interés que el de Kruger. La obsesión del policía por el asesino de su hijo, la corrupción de su propia comisaría y las evidentes amenazas de muerte dan forma a un personaje mucho más comprometido que es capaz de sacar lo mejor de sí mismo para afrontar todo el caos que le rodea.

Gracias a él y a los contrastes culturales y legales entre ambos países la historia de esta segunda temporada engancha al espectador. Eso, y la forma de narrar la historia, una especie de flashback del que nadie avisa al espectador y que encuentra su explicación en el final del segundo acto del arco dramático, alrededor del episodio 10. La sensación de no alcanzar a comprender del todo lo que ocurre es lo que impulsa el tramo final de la temporada, pues el espectador no solo encuentra sentido a lo visto hasta ahora, sino que adquiere verdadera conciencia de la dimensión de lo que está viendo en pantalla. The bridge logra, de este modo, que su nueva entrega suponga un viaje constante hacia el futuro sin dejar de mirar al pasado, sin dejar de tener en cuenta lo ocurrido anteriormente.

En este sentido hay que destacar varios aspectos que ayudan a que esta nueva temporada se convierta en un buen broche para las tramas abiertas de la anterior etapa. El primero es el cierre de la trama protagonizada por el personaje de Eric Lange (Blue like jazz), anterior villano de la serie y cuyo final es demasiado rápido para lo que podría haber sido. El segundo es la relación romántica del personaje de Kruger con el hermano del asesino de su hermana (sí, es tan absurdo como suena). La introducción de este nuevo personaje cuyo único objetivo parece ser el de ahondar en el pasado de ella podría haber tenido un trasfondo notable si no fuera por el hecho de que se queda en mera comparsa, limitándose simple y llanamente a desencadenar una serie de acontecimientos cuya relevancia en el sentido general de la historia es mínimo, por no decir nulo. La consecuencia más directa de esto es que Sonya Cross, bien definida en la primera temporada, pierde parte del sentido que tuvo, y con ello el interés.

La droga contra el suspense

Se puede decir, por tanto, que la segunda temporada de The bridge ha mantenido el nivel de su predecesora, pero para ello ha pagado un precio que, según se mire, puede ser alto. La decidida apuesta por el tráfico de drogas en la frontera y el desarrollo de la historia protagonizada por el narcotraficante al que da vida Ramón Franco (Cadenas de oro), quien por cierto se convierte en uno de los mejores de todo el reparto, hacen que el suspense que inundó el desarrollo dramático de la anterior temporada se reduzca hasta hacerse casi imperceptible. Es cierto que buena parte de la trama del cártel y la implicación de diversos personajes del Gobierno norteamericano aportan un contexto interesante que genera algunas de las mejores secuencias de tensión e intriga, pero en líneas generales la serie opta por no repetir las fórmulas que funcionaron con anterioridad.

Esto, como digo, puede ser visto como una debilidad o como una fortaleza. Eso queda a las impresiones personales de cada uno. En cualquier caso, la forma de introducir esta nueva imagen de la serie merece un cierto reconocimiento, pues lo que se presentó como tramas secundarias en la anterior temporada han permitido a la serie evolucionar hacia nuevos ámbitos narrativos que, a su vez, han creado otros nuevos cuyo desarrollo podría darse en una tercera temporada aún por confirmar. Mención aparte merece la presencia del personaje de Franka Potente (El mito de Bourne), tan extraño como amenazador. Independientemente de la dirección que haya tomado la serie, su participación en la trama aporta al conjunto un cierto aire de miedo a lo desconocido, tanto por la propia imagen del personaje como por la falta de información hasta los últimos compases de la temporada. Un rol que hace justicia al anterior villano interpretado por Lange y que supone un soplo de aire fresco a un universo de personajes que, en principio, no presenta ninguna novedad relevante.

De hecho, en el otro extremo habría que situar a la pareja de periodistas interpretados por Matthew Lillard (Golpe de efecto) y Emily Rios (serie Breaking bad), cuyo peso específico en los acontecimientos decae conforme avanza la trama. Si en la anterior temporada tenían una participación destacada en el desarrollo principal, sobre todo él, en esta segunda se convierten en secundarios cuya investigación corre de forma paralela a la policial, pero no llegando nunca a entrelazarse de forma sólida o duradera. Son, por decirlo de algún modo, espectadores que saben más de la cuenta. Algo similar ocurre con la historia de Thomas M. Wright (Newcastle), que salvo momentos puntuales nunca llega a tener una relevancia notable en la trama principal. Todo ello desvía un tanto la atención, sobre todo porque, a diferencia de lo que ocurría en episodios anteriores, las posibilidades de que aporten algún dato revelador se desvanecen a medida que pasan los episodios, convirtiéndose en meras vías de escape para no saturar la acción de los protagonistas.

Por ello, The bridge logra aguantar el peso de la historia pero no termina de impactar del mismo modo en que lo hizo en la primera temporada. Esta continuación de aquella historia posee muchos y muy buenos pilares narrativos que conducen la trama por un nuevo e interesante camino, pero durante el viaje deja atrás varios aspectos importantes que, en lugar de eliminarlos, lastran el desarrollo general de la serie. El principal y más importante es que el rol de Kruger se desprende de la trama principal en lo que a relevancia se refiere. O tal vez es que no ha podido aguantar la evolución que sufre su compañero de fatigas. Aunque poco importa todo esto, pues estamos hablando de una serie notable capaz de tener vida más allá de una premisa inicial que amenazaba con devorarla.

‘Dom Hemingway’: la locura del perdedor


Jude Law es 'Dom Hemingway' en la película de Richard Shepard.Richard Shepard, director de La sombra del cazador (2007), promociona su nueva película asegurando que “Jude Law es Dom Hemingway… y tú no”. Y lo cierto es que esa sentencia define a la perfección la trama y el sentido dramático cómico de la película, una especie de odisea protagonizada por un ladrón de cajas fuertes que busca su lugar en un mundo extraño para él después de haber pasado 12 años en la cárcel. Con un tono visual personal y provocador en muchos sentidos, el director otorga al actor un amplio margen para su lucimiento, lo que a la larga sostiene un film por otro lado algo irregular.

Y es que sin Jude Law (Repo Men) ni el personaje ni la película serían lo que son. El actor, quien a estas alturas no debería tener que demostrar nada, compone un rol de extremos en todos los sentidos. Tan querido como odiado, su facilidad para pasar de la calma a la locura, del arrepentimiento a la provocación, es simplemente fascinante. Es en estos extremos donde Law se encuentra más cómodo, desnudando el alma de un hombre perdido, abocado al fracaso y sin más objetivo que tratar de recuperar el tiempo perdido, aunque sin saber cómo. Un perdedor, en definitiva, que intenta forzar su situación y cambiar su suerte en una espiral de fracasos, violencia y desesperación cuyo final, empero, es esperanzador. Desde luego, el actor es el principal reclamo de Dom Hemingway, aunque sería injusto no reconocer la labor del resto del reparto, en especial un Richard E. Grant (Love hurts) que hace de contrapartida perfecta del protagonista, una especie de conciencia que tiene poco que hacer contra la locura del perdedor.

Sin embargo, y a pesar de una concepción visual más que interesante por parte de Shepard (ahí está, por ejemplo, el accidente de coche o los imprescindibles primeros minutos), la película nunca termina de conectar con el espectador. El motivo podría encontrarse en que su historia no se enmarca dentro de los parámetros habituales del público general, siendo más propio de cintas británicas para espectadores más selectos, pero eso sería un argumento algo tosco. En realidad, la historia no llega a funcionar del todo porque la trama no presenta grandes nudos conflictivos, o mejor dicho no ofrece retos relevantes al protagonista, que se mueve por el relato como si de un espectador se tratara. Las cosas que le ocurren, a pesar de la gravedad, nunca alcanzan a profundizar mucho en el alma de este Hemingway cuya forma de ver la vida resta gravedad a todo lo que le rodea.

El resultado es una cinta que se sostiene gracias fundamentalmente a los personajes y a los magníficos actores que los interpretan. Sin Jude Law Dom Hemingway no sería ni la mitad de canalla y perdedor. Y sin él la película posiblemente sería menos tolerable de lo que en realidad es. La labor de Shepard a nivel narrativo y visual ayuda, no así a nivel de libreto. De hecho, el recurso de dividir la historia en capítulos precedidos de un título no hace sino acentuar la sensación de estar ante una serie de momentos audiovisuales con una conexión entre ellos. Separados son más que interesantes; unidos no poseen la entereza suficiente para crear una buena historia. La verdad es que sí: Jude Law es Dom Hemingway… y poco más.

Nota: 6/10

‘Grace de Mónaco’ busca su sitio en el principado y en la cartelera


Estrenos 23mayo2014En mayor o menor medida, mayo está siendo un mes de estrenos enfocados a arrasar en taquilla, prueba de que el verano cinematográfico cada vez llega antes a la cartelera. Otro cantar, por supuesto, es que dichos films logren sus objetivos. Pero este fin de semana las novedades que llegan a la cartelera tienen un cariz diferente, más minoritario o, si se prefiere, más intimista y destinado a un público objetivo menos masivo. Y la mayoría de ellas de marcado corte europeo. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que la calidad vaya a ser mayor o menor que la de blockbusters anteriores. Biopic, comedia negra o drama son algunos de los géneros que destacan. Y todo repartido, como viene siendo habitual, entre el miércoles pasado y hoy viernes 23 de mayo.

Y ya que mencionamos el biopic, comenzamos por el estreno más importante del 21 de mayo: Grace de Mónaco, cinta que aborda la vida de Grace Kelly durante casi un año entre 1961 y 1962, época en la que el presidente de Francia, Charles de Gaulle, presionó a Raniero III de Mónaco para que modificara sus leyes e impidiera así que los franceses evadieran impuestos. En clave dramática, y a través de los ojos de la princesa, la trama explica la participación de la famosa actriz en el conflicto, así como las crisis a las que se vio sometido su matrimonio como consecuencia de ello. Como suele ocurrir en este tipo de historias, la gran protagonista es la actriz que da vida al personaje histórico, en este caso Nicole Kidman (Stoker), cuyo trabajo no ha estado exento de polémica. El film está dirigido por Olivier Dahan (La vida en rosa), y cuenta en su reparto con Tim Roth (El fraude), Frank Langella (Un amigo para Frank), Paz Vega (The Spirit), Milo Ventimiglia (serie Mob city), Parker Posey (Broken english) y Derek Jacobi (Mi semana con Marilyn).

También se estrenó hace dos días Redención, thriller de acción británico y estadounidense hecho a la medida de Jason Statham (Los mercenarios 2) que sigue la vida de un ex soldado de las Fuerzas Especiales cuyo turbio pasado y las injusticias que a diario ve a su alrededor le llevan a tratar de redimir sus pecados convirtiéndose en una especie de ángel vengador. Los problemas aparecen cuando pasado y presente, ambos marcados por la violencia, terminen encontrándose y obligándole a afrontar sus propios miedos. El film supone el debut en el largometraje del guionista Steven Knight (Promesas del Este), quien también se encarga del libreto. Junto a Statham podremos ver en pantalla a Agata Buzek (Lena), Vicky McClure (This is England), Benedict Wong (Prometheus), Ger Ryan (Dorothy Mills), Anthony Morris (Adam & Paul) y Youssef Kerkour (Cross Eyed).

La comedia dramática tiene a su máximo representante de la semana en Viva la libertà, película italiana escrita y dirigida por Roberto Andò (El manuscrito del príncipe), quien también es autor de la novela en la que se basa. En una clara crítica a la crisis política y de valores en la que vive la sociedad actual, la trama se centra en el secretario general del principal partido de la oposición italiana, quien deja un vacío de poder cuando decide desaparecer sin previo aviso. Aterrado por las consecuencias, su asistente decide sustituirle por su hermano gemelo, filósofo bipolar recién salido del psiquiátrico. Pero lo que comienza siendo una medida desesperada poco a poco se convierte en un éxito mediático que sitúa al falso político en el centro de todas las miradas gracias a un discurso distendido, cercano e irónico. Toni Servillo (La gran belleza) es el principal protagonista, al que acompañan Valerio Mastandrea (El comandante y la cigüeña), Valeria Bruni Tedeschi (En el corazón de la mentira), Michela Cescon (Vincere), Gianrico Tedeschi (El federal), Eric Nguyen (Indochina) y Andrea Renzi (Sara May).

Aharon Keshales y Navot Papushado escriben y dirigen a cuatro manos Big bad wolves, thriller con ciertas dosis de comedia negra procedente de Israel que ha tenido cierta repercusión en varios festivales gracias, entre otras cosas, a su argumento, que sigue las vidas de tres hombres entrelazadas por una serie de asesinatos. Dichos personajes son el padre de la última víctima, el sospechoso de haber cometido los delitos y un policía que actúa en muchas ocasiones al margen de la ley. La sed de venganza y la ausencia de unos límites legales y morales revelará a estos hombres que todos ocultamos un lado salvaje. Lior Ashkenazi (Caminar sobre las aguas), Rotem Keinan (Hahithalfut), Tzahi Grad (Restless), Doval’e Glickman (Michtavim Le America) y Menashe Noy (Beep) son los actores más relevantes.

La última de las novedades que se presentaron el pasado miércoles es A 20 pasos de la fama, documental ganador de la última edición de los Oscar que narra, a través de entrevistas y material de archivo, la vida de las voces anónimas que integran los coros de los más grandes músicos, sin las cuales buena parte de las canciones no serían lo mismo. Escrita y dirigida por Morgan Neville (The cool school), la cinta cuenta con la presencia de Stevie Wonder, Sting o Bruce Springsteen entre otros.

23 de mayo

Vamos con las cintas que llegan hoy. Una de las más interesantes es Dom Hemingway, comedia negra del Reino Unido escrita y dirigida por Richard Shepard (The Matador) que narra la vida de un hábil e inteligente ladrón de cajas fuertes tras 12 años encarcelado. Acompañado de su compinche tratará de cobrar lo que le deben aquellos por los que tuvo que ir a la cárcel, pero una experiencia cercana a la muerte cambiará su perspectiva y le llevará a acercarse más a su hija. Jude Law (El gran hotel Budapest) es el principal atractivo de la cinta, aunque en el reparto también encontramos actores como Richard E. Grant (La dama de hierro), Demián Bichir (serie El puente), Emilia Clarke (serie Juego de tronos), Kerry Condon (La última estación) y Nathan Stewart-Jarrett (serie Misfits).

De Rumanía procede Madre e hijo, intenso drama que aborda la relación entre una madre de 60 años y su hijo de 34, este último dependiente de ella hasta que decide irse a un apartamento con su novia y empezar a hacer su vida. Será en ese momento cuando la madre buscará, por todos los medios, de volver a recuperar su afecto. La situación cambia cuando el hombre se vea involucrado en un accidente de tráfico, algo que aprovechará la madre para intentar manipularle y que vuelva al seno materno. Dirigida por Calin Peter Netzer (Maria), quien también participa en el guión, la película cuenta con Luminita Gheorghiu (Francesca), Bogdan Dumitrache (Loverboy), Ilinca Goia (Talismán), Natasa Raab (Acasa la tata) y Florin Zamfirescu (La muerte del señor Lazarescu) entre sus actores principales.

Finalizamos este repaso con dos documentales. Uno de ellos es el norteamericano Donald Rumsfeld: Certezas desconocidas, que como su propio título indica realiza un repaso a la vida y la carrera profesional del ex secretario de defensa desde sus inicios en los años 60 hasta la invasión de Iraq de 2003. Errol Morris (Rumores de guerra), director y guionista del film, es el único protagonista junto al propio Rumsfeld.

El otro es Las tres vidas de Pedro Burruezo, cinta española que cuenta la vida del músico y artista a través de los tres aspectos que conforman su personalidad: la música, a la que lleva dedicándose desde hace 30 años, el activismo ecológico, y el misticismo y la cultura. La película está dirigida por José López Pérez.

La continuación de ‘Insidious’ quiere asustar al resto de estrenos


Estrenos 25octubre2013Último fin de semana de octubre, un mes que en este 2013 ha deparado algunas muy gratas sorpresas en lo que a calidad cinematográfica se refiere. Y a grandes rasgos, lo que se presenta este viernes 25 no desentona, aunque sí cambia los dramas por el thriller y el terror, que se convierten sin duda en los grandes atractivos de unas propuestas, por lo demás, muy variadas y plagadas de historias y actores que sin duda abarcan un amplio espectro de los espectadores españoles. Pero como siempre, comencemos por los que más repercusión van a tener entre el gran público.

Y estas son, no cabe duda, Insidious: Capítulo 2Grand piano. La primera es la secuela del éxito de 2010 que dirigiera James Wan (Expediente Warren: The conjuring) y que aterrorizó a propios y extraños con una mezcla inusual de ambientación, interpretación y concepto visual. Esta segunda entrega es, como ocurre en muchas ocasiones, una secuela/remake, es decir, una continuación con conceptos idénticos. En esta ocasión, la familia protagonista de la primera pesadilla se muda a la casa de uno de los abuelos tratando de olvidar el pasado, pero los fenómenos extraños, las pesadillas y las aterradoras visiones les obligarán a hacer frente a una conexión con el más allá que les impide seguir con sus vidas. La práctica totalidad del equipo original repite con la promesa de igualar, al menos, la adrenalina que generó la película original. Así pues, Wan vuelve a estar detrás de las cámaras, mientras que Patrick Wilson (Hard candy), Rose Byrne (Los becarios), Ty Simpkins (Revolutionary Road), Lin Shaye (Los tres chiflados) y Barbara Hershey (serie Érase una vez) repiten en sus respectivos papeles.

La segunda, aunque con reparto internacional, es la nueva película del español Eugenio Mia (Agnosia). La historia comienza cuando el pianista más talentoso de su generación regresa a los escenarios después de años sin tocar por su miedo escénico. El teatro en el que va a tocar está abarrotado y la pieza contiene uno de los fragmentos más complicados que se han compuesto nunca. Su reaparición da un vuelco cuando, en la partitura, lee el mensaje: “si fallas una sola nota, morirás”. Sin poder salir del escenario, el pianista deberá descubrir quién es el autor de la amenaza y qué es lo que quiere. Suspense en estado puro protagonizado por Elijah Wood (trilogía El señor de los anillos), John Cusack (El mayordomo), Alex Winter (La disparatada parada de los monstruos), Dee Wallace (Medidas extraordinarias), Kerry Bishé (Argo) y Tamsin Egerton (El secreto de la mansión).

Aunque si hay que elegir a un actor o actriz para este mes que acaba, esa es sin duda Sandra Bullock. Hace unas semanas estrenaba Gravity, y ahora presenta Cuerpos especiales, comedia que junta a dos personajes tan dispares como una estirada agente del FBI y una grosera policía de Boston en su persecución a un capo de la droga. Sus distintas formas de ver el mundo y de entender la justicia será el punto de partida para un sinfín de disparatadas situaciones y secuencias de acción. Paul Feig, director de La boda de mi mejor amiga (2011) dirige la propuesta, que ya tiene anunciada una secuela, y junto a Bullock encontramos a Melissa McCarthy (Por la cara), Demian Bichir (serie The bridge), Marlon Wayans (Scary movie) y Michael Rapaport (Big fan), entre otros.

Muy diferente es el tono de El camino de vuelta, película coral que combina el drama y la comedia para narrar el camino hacia la madurez de un joven de 14 años que no se siente integrado en ningún sitio. Todo cambia cuando, durante unas vacaciones estivales, conoce al director de un parque acuático con el que entablará una amistad que le abrirá las puertas a su lugar en el mundo. Escrita y dirigida por Nat Faxon y Jim Rash, supone su debut en la dirección tras haberse creado una reputación con el guión de Los descendientes (2011). Y como decimos, un reparto plagado de nombres propios, entre los que destacan Steve Carell (La cena), Toni Collette (Hitchcock), Liam James (serie The killing), Allison Janney (serie El ala oeste de la casa blanca), Sam Rockwell (Siete psicópatas), Maya Rudolph (Niños grandes), AnnaSophia Robb (Charlie y la fábrica de chocolate), Rob Corddry (Dolor y dinero) y Amanda Peet (2012).

También tiene tintes dramáticos el romance protagonista de La mirada del amor, segunda película como director de Arie Posin (Historia de un secuestro), que también colabora en el guión. El argumento gira en torno a una mujer que vive sola varios años después de la muerte de su marido. Su vida da un vuelco cuando un día se encuentra con un hombre que es físicamente igual que su fallecido marido, iniciándose entonces una cadena de acontecimientos que la llevarán a vivir una nueva vida. Ed Harris (Al borde del abismo) y Annette Bening (Los chicos están bien) son la pareja protagonista, a la que acompañan Robin Williams (La gran boda), Jess Weixler (The lie) y Amy Brenneman (Conociendo a Jane Austen).

Y dejamos atrás los estrenos estadounidenses para centrarnos en Europa. Sin duda la película más relevante es La vida de Adèle, triunfadora en el último Festival de Cannes y co producida entre Francia, Bélgica y España. Una historia sobre la madurez, sobre la búsqueda de la identidad individual que tiene como protagonista a una joven de 15 años que descubre todo un mundo de deseo y emociones de la mano de una chica con el pelo azul que hará las veces de guía en ese camino hacia la edad adulta. Todo bajo la mirada de aquellos que siempre han estado a su lado. Abdellatif Kechiche (Cuscús) es el director de esta adaptación del cómic de Julie Maroh, mientras que Adèle Exarchopoulos (La redada), Léa Seydoux (Adiós a la reina), Jérémie Laheurte, Mona Walravens (Radiostars), Aurélien Recoing (Kill me please) y Catherine Salée (Torpedo) son sus protagonistas.

Desde Suecia nos llega Come, duerme, muere, producción del 2012 que es, además, la ópera prima de Gabriela Pichler, quien también firma el guión de esta historia acerca de una mujer deslenguada y corpulenta que afronta la vida de forma alegre y activa. Sin embargo, su trabajo en una fábrica empaquetando lechugas, algo en lo que nadie logra superarla, desaparece al quedarse en el paro por la crisis, dejando igualmente de llegar el suelo a su casa. Cuando su padre se ve obligado a emigrar para encontrar trabajo, ella decide seguir adelante y buscar un nuevo futuro en otros ámbitos, superando obstáculos y eliminando barreras. Todo un drama protagonizado por un grupo de actores noveles: Nermina Lukac, Milan Dragisic, Jonathan Lampinen, Peter Fält y Ruzica Pichler.

En cuanto a España, este fin de semana también está representada por Todos queremos lo mejor para ella, segunda película de Mar Coll tras Tres días con la familia (2009). En esta ocasión el argumento se inicia un año después del accidente de una mujer que, a pesar de que aparenta estar recuperada, su vida no está enderezada, ni mucho menos. Su necesidad de complacer a todos los que le rodean no impide que poco a poco un sentimiento de desinterés por su vida anterior se apodere de ella, creciendo una idea que nunca antes se le habría ocurrido: fugarse. Drama con tintes sociales y familiares que protagoniza Nora Navas (Miel de naranjas) y que cuenta además con Valeria Bertuccelli (Viudas), Pau Durà (serie Crematorio), Àgata Roca (Dictado) y Jordi Costa.

En cuanto al género documental, octubre termina con la revisión a la filmografía de uno de los directores europeos más relevantes de los últimos años, Michael Haneke (Amor). Dirigido por Yves Montmayeur (In the mood for Doyle), colaborador habitual del director, Michael H., profesión: Director acerca al público la forma de ser y trabajar del autor de Funny Games (2007) a través de extractos de todas sus obras y entrevistas con actores y actrices que han trabajado con él.

‘The bridge’, crimen y venganza con el conflicto fronterizo de fondo


Demian Bichir y Diane Kruger en un momento de 'The bridge'.Poco a poco la televisión está adoptando la tendencia cinematográfica de hacer remakes de éxitos de otros países. Uno de los más recientes es The bridge, versión del original sueco danés titulado Bron y producido en 2011. He de confesar que no he tenido la oportunidad de comparar ambas producciones. De todas formas, lo interesante de esta versión norteamericana es que pone el foco en una serie de temas polémicos en torno a la frontera entre este país y México, entre ellos el crimen y la forma de afrontarlo tan dispar que existe entre los dos lados de la frontera. Una frontera que separa ante todo conceptos culturales, ideológicos y morales.

La trama, para aquellos que no hayan podido verla todavía, arranca con el cuerpo sin vida de una mujer en plena línea fronteriza entre México y Estados Unidos. Al tener medio cuerpo en cada uno de estos países los cuerpos de policía de ambos lados deberán trabajar juntos para resolver el caso. O más bien, los detectives, una norteamericana con claros problemas de empatía y fiel a las normas, y un mexicano con una visión bastante más liberal de la vida. Pero lo que comienza siendo un caso de asesinato pronto se convierte en el primer paso de un asesino en serie que clama venganza. Y hasta aquí puedo leer. Porque si algo caracteriza a esta adaptación, en cuya escritura participa Björn Stein (Underworld: El despertar), autor de la original, es la complejidad de una trama en la que nada es lo que parece, en la que ningún detalle está dejado al azar y en la que todo, absolutamente todo, está conectado de un modo u otro.

Unas conexiones, por cierto, que son la base argumental de toda la primera temporada. La forma en que sus responsables, entre los que se hayan también Elwood Reid (serie Hawai 5.0) y Meredith Stiehm (serie Homeland), desgranan la información episodio tras episodio, obligando al espectador a prestar una atención inusual a los detalles, es muy destacable. Gracias a ello no solo generan el entorno necesario para crear la sorpresa en la resolución, sino que desvían la atención del verdadero epicentro de todo el desarrollo dramático de estos 13 episodios, y que no es otro que la venganza. A diferencia de otras producciones similares, la motivación del villano de turno no es el azar, la necesidad de matar o el habitual juego del gato y el ratón entre policías y asesinos por ver quién es más inteligente. Es simple y pura venganza. Calculada paso a paso, milímetro a milímetro, pero venganza al fin y al cabo. Algo inimaginable en los primeros compases de la serie, cuando los asesinatos que se suceden no responden aparentemente a ningún patrón.

Nutriéndose de unos escenarios tan áridos y rudos como algunos de los personajes que pueblan la trama, The bridge utiliza para su narrativa una fotografía seca, dura y sin concesiones a las fluctuaciones que sufre la trama. Poco importa que lo que se narre sea una fiesta o un secuestro, un asesinato o la rutina de una finca. La luz, como si de un testigo silencioso se tratara, siempre está ahí para recordar el mundo en el que se desarrolla la acción; un mundo dominado por asesinos, mafiosos, traficantes y una policía corrupta que hace la vista gorda ante determinados crímenes si se producen en la parte sur de la frontera. Aunque sin duda, uno de los mejores pilares que tiene esta primera temporada es su pareja protagonista, Diane Kruger (Llévame a la luna) y Demian Bichir (Salvajes). No solo resultan convincentes en sus respectivos papeles (sobre todo ella y los problemas que tiene para relacionarse), sino que funcionan en pantalla como si de un único personaje se tratara, consolidando el conflicto entre personalidades que tanto juego suele aportar en este tipo de producciones.

No querría terminar con los contenidos que presenta la historia sin hablar de la forma en que retrata la vida en la frontera. Los responsables de la serie aprovechan al máximo todos los elementos que ofrece para crear un microcosmos en el que el paso ilegal de un lado a otro (normalmente del sur al norte) es algo habitual. Gracias a las tramas secundarias, de las que hablaremos a continuación, la trama principal encuentra el contexto necesario para que tengan sentido buena parte de las acciones y decisiones que tiene lugar, sobre todo las relacionadas con el personaje de Bichir y su relación con el cuerpo de policía de México. Este ambiente, en el que chicas jóvenes desaparecen día sí, día también, o en el que el tráfico de drogas y personas se combina con asesinatos y tiroteos, es el caldo de cultivo perfecto para que, hacia el final de la temporada, la verdad revelada adquiera mayor importancia.

Tramas secundarias diferentes

Evidentemente, The bridge tiene tramas secundarias. Muchas, me atrevería a decir, y la mayoría bien planteadas y mejor resueltas, como es la relación del periodista interpretado por Matthew Lillard (Scream) con los asesinatos, o la crisis sentimental del personaje de Bichir con el devenir posterior de la investigación criminal. Sin embargo, existe un aspecto en esta primera temporada un tanto original, por decirlo de algún modo. No me atrevería a asegurar que sea algo negativo ni que perjudique al conjunto, pero al menos si lo debilita ante la falta de información que, sin duda, deberá aportar la ya confirmada segunda temporada.

Lo más llamativo es que la trama principal finaliza en el episodio 11, lo que supone dejar la resolución de la temporada para el resto de tramas. Pero lejos de cerrarlas completamente, lo que se produce es un relevo dramático que abre las puertas a lo que será el siguiente caso a investigar en futuros capítulos. Al menos una de ellas. Porque la otra, esa otra trama de relativa importancia que nace de la principal, se desarrolla a lo largo de esta primera entrega sin llegar nunca a clarificar sus intenciones. Sí, los personajes implicados en ella evolucionan. Y sí, termina relacionándose con los protagonistas, aunque sea de forma tangencial. Pero en ningún momento da la sensación de tener un objetivo. Parece que la intención es sentar las bases de una futura trama cuyo planteamiento, desarrollo y resolución es más lento que el de las demás. Se podría decir, en este sentido, que la serie se mueve a tres velocidades: la de la trama resuelta, la de la trama planteada para la segunda temporada y la de una trama de más lento horneado.

Si esto beneficia o perjudica a la serie es algo que solo se podrá saber cuando se analice el conjunto. Personalmente, la forma de abordarla en esta primera temporada ha sido un poco caótica, apareciendo y desapareciendo el interés por su trama en función de las necesidades del guión, o lo que es lo mismo, cuando la trama principal no daba para rellenar el episodio completo. A la larga ha servido para rebajar el grado de intensidad del thriller, introduciendo personajes y temáticas que lejos de entremezclarse con otras, ha terminado por ser independiente y quedarse algo aislada del resto. Aunque en una serie como esta lo que nunca debe hacer el espectador es cerrar las puertas a posibles evoluciones de lo acontecido en capítulos anteriores, por lo que habrá que estar atentos.

O dicho de otro modo, The bridge es una buena serie. No es perfecta, y tal vez no alcance la calidad de otras, pero desde luego la complejidad de su trama principal y la forma de desvelarla episodio a episodio es un placer para los amantes del suspense. Y el hecho de enmarcar la trama en un lugar tan tradicionalmente conflictivo no hace sino agrandar la magnitud de sus acontecimientos (por cierto, que tienen una base de lo más íntima). Es cierto que hay personajes que desvirtúan la visión global, y que algunas tramas no parecen encajar como deberían, pero teniendo en cuenta que el final de la primera temporada ha planteado la trama de la segunda temporada de forma tan elegante hay que pensar que todo tiene una explicación.

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