‘Episodes’ termina y cierra ciclo en su quinta temporada


Aunque muchas veces las comparaciones son odiosas, equiparar en algunos aspectos unas cosas con otras puede ayudarnos a tomar perspectiva. Por ejemplo, en el caso de Episodes, la serie creada por David Crane (serie Friends) y Jeffrey Klarik (serie The class), equipararlo a cualquier otra producción, ya sea drama o comedia, permite apreciar mejor la calidad de una serie sencilla, una sitcom correcta y ajustada en tiempo y formato que, sin embargo, está planteada de principio a fin como un todo. Y eso es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de series.

Y esto es algo que se aprecia sobremanera en la quinta y última temporada por muchos motivos. El más importante, evidentemente, el dramático. El arco argumental de esta etapa final viene a ser una vuelta a los inicios para los protagonistas, un regreso al punto de partida con el que comenzó esta divertida ficción. La pareja de guionistas interpretada por Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Con la banca no se juega) se convierten en el punto de apoyo sobre el que la trama gira sobre sí misma para volver a situarles como al principio, es decir, construyendo una historia que no les termina de convencer para un actor, Matt LeBlanc (Los ángeles de Charlie) al que odian y aman casi a partes iguales.

Por supuesto, no es este el único elemento. Resulta también interesante el giro final de la serie, en el que los protagonistas convierten en episodio piloto del nuevo producto su propia experiencia con LeBlanc, una producción dentro de otra producción que acentúa el carácter cíclico de Episodes desde un punto de vista puramente formal y conceptual. Desconozco si esa era realmente la intención de sus creadores desde el comienzo o si ha sido algo obligado por las circunstancias, pero lo que sí parece claro, viendo el resultado final de la serie completa, es que alguna base debía existir, pues aunque en muchas ocasiones el desarrollo dramático ha podido parecer algo caótico, la realidad es que todo ha terminado encajando de forma armónica.

Y todo ello con humor ácido, con carcajadas blancas y sinceras, y con una cierta crítica profesional y social a un mundo, el de la televisión, marcado por las audiencias. Esta quinta temporada, en este sentido, también es ejemplar. Si durante etapas anteriores la trama se ha centrado fundamentalmente en el devenir de una pareja de guionistas ingleses y su calvario en Estados Unidos, en esta última parte (y que comenzó en la cuarta temporada) buena parte del peso también recae en el personaje de LeBlanc, al que se le enfrenta a situaciones que, en principio, ningún actor desea, como bien se encargan de demostrar en la trama. Y a su alrededor, todo un mundo movido por intereses personales, por rencillas y, por supuesto, por el dinero y la audiencia, capaz de perdonar todo. Y cuando digo todo, es todo.

El final deseado

Otro elemento que viene a confirmar el carácter circular de Episodes es el hecho de que esta última temporada cuenta con 7 episodios, los mismos que la primera allá por 2011 y dos menos que el resto de etapas. Puede parecer causalidad o una mera anécdota, pero lo cierto es que esta características de la conclusión de la serie condiciona en buena medida el desarrollo de la trama, mucho más directo y enfocado a cerrar las líneas argumentales todavía abiertas a lo largo de esta ficción. En este sentido, y a pesar de los problemas que puede ocasionar la falta de tiempo, se podría decir que es el final deseado.

Porque sí, la conclusión de la serie es lo que podría esperar y desear cualquier espectador de una producción tan blanca y limpia como esta. Nada de finales inesperados, nada de giros argumentales de última hora que puedan cambiar el destino de los protagonistas. Todo se desarrolla como estaba previsto, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Y aunque es cierto que algunas historias secundarias pecan en exceso de un desarrollo y una resolución directa y simple, no lo es menos que la dinámica del trío protagonista es tan sólida que acapara toda la atención, por lo que las historias secundarias quedan, pues eso, en un segundo plano.

Y si bien es cierto que al final estos personajes secundarios, aunque divertidos y por momentos interesantes, no dejan de ser meras sombras en el fondo de la historia principal que permiten dar color al entorno en el que se desarrolla la trama, también lo es el hecho de que se echa en falta algo más de peso dramático y narrativo de los mismos en esta conclusión. Y es que ese es el principal problema de esta última temporada. Durante toda la serie varios secundarios habían disfrutado de un peso específico notable, siendo incluso determinantes en las decisiones de los protagonistas. Ahora, sin embargo, se convierten más bien en un contexto necesario, en una suerte de acompañamiento divertido al que se le tiene que dar un final, pero que no tiene demasiado impacto en el resto de la ficción.

En cualquier caso, es un problema menor de una sitcom diferente, fresca y dinámica, con un trío protagonista que, sin ser excepcional, sí evidencia una complicidad inusual. Esta quinta y última temporada de Episodes cierra por completo la serie de un modo pocas veces visto, y a pesar de ciertos problemas de equilibrio dramático entre la historia principal y los personajes secundarios, en líneas generales cumple lo que podría esperarse de una ficción de estas características. No es una obra cumbre de la comedia, ni mucho menos, pero sí es lo suficientemente original como para ser una obra destacada, tanto por su argumento como por sus actores.

Matt LeBlanc centra todas las risas en la 4ª temporada de ‘Episodes’


Matt LeBlanc es el gran protagonista de la cuarta temporada de 'Episodes'.Tras un pequeño intento de dirigir la serie hacia el drama, David Crane (serie Friends) y Jeffrey Klarik (serie Half & Half), creadores de Episodes, han optado por afrontar el futuro con humor. Con mucho humor. Por ello la cuarta temporada de esta ácida crítica al mundo de la televisión en Los Ángeles ha explorado mantenido la línea iniciada en la tercera temporada, explorando ahora la delicada situación de guionistas y actores cuando deben afrontar no solo la transición de un proyecto a otro, sino los intereses personales de los directivos de las cadenas. Eso sí, estos 9 episodios se ríen de si mismos como no lo habían hecho hasta ahora ninguna de las anteriores temporadas.

Y eso se debe, sobre todo, a la capacidad de situar a los personajes en contextos, digamos, surrealistas. Si durante las anteriores etapas se abordaban situaciones relativamente más habituales (infidelidades, fracasos profesionales, amistades, etc.), en esta todo se pone a prueba para testar, entre otras cosas, el grado de solidez que tienen los propios personajes. El resultado es espléndido, lo que da buena cuenta de la definición de los protagonistas, en especial Matt LeBlanc (Perdidos en el espacio), quien supera con creces las expectativas de la temporada en comparación con el resto de roles. Así, el arco dramático por el que pasan todos los personajes en esta “temporada de transición”, lejos de cambiarles, lo que permite es llegar a conocerles mejor, lo que en última instancia mejora el carácter general de toda la serie.

Pero como decía al comienzo, la clave de esta cuarta temporada de Episodes está en el humor. Y personalmente creo que es el humor más inteligente que se ha podido ver en esta ficción. Quizá el mejor ejemplo sea el propio comienzo, con el desfalco que ha sufrido LeBlanc y que perfectamente podría haber dirigido la trama hacia un terreno algo más dramático. En lugar de ello, los creadores optan por dar rienda suelta a todas las características que definen al personaje. La comparación entre lo que le han robado y lo que tiene, entre lo que tiene que perder y lo que desea mantener, es simplemente hilarante, demostrando además que, al final, son los que menos tienen los que peor parados salen.

El arco dramático del protagonista de Friends (por cierto, que la temporada incluye un cameo de David Swichwimmer, ‘Ross’ en la famosa serie) es sin duda el más completo. A ese comienzo se suman los intentos por recuperar a su ex mujer (con motivaciones poco románticas, dicho sea de paso) y el orgullo herido de su condición de conquistador y de estrella de televisión. En este último aspecto destaca sobremanera la relación con la otra línea argumental, la de la pareja de guionistas protagonista, que da lugar a una de las situaciones más cómicas de la serie… en la que apenas se media palabra.

Errores del pasado

Claro que no todo es sentar las nuevas líneas de trabajo para la próxima temporada de Episodes. Estos 9 capítulos también saben nutrirse, y de qué modo, del pasado de los personajes. Sin duda el mayor atractivo lo presentan, en este sentido, los personajes de Tamzin Greig (El nuevo exótico hotel Marigold) y Stephen Mangan (Rush), los sufridos guionistas británicos que ven cómo el pasado que creían haber dejado atrás vuelve en forma de amenaza de demanda por propiedad intelectual. Esta línea de trabajo, quizá la más intermitente de toda la temporada, es sin embargo la que más diversión aporta a estos personajes.

Al menos, y no es un detalle menor, si la relacionamos con la “tercera pata” narrativa de la temporada, y que es la relación lésbica entre los personajes de Kathleen Rose Perkins (Perdida) y Andrea Savage (La cena), este último de nueva incorporación que, hasta cierto punto, es el auténtico punto de inflexión en la serie. En efecto, es gracias a ella que el personaje de LeBlanc termina donde termina. Y es gracias a ella que los roles de Greig y Mangan terminan como terminan. Su presencia, que crece a medida que se desarrolla el personaje, es el punto de partida para una serie de acontecimientos que hacen temblar los cimientos narrativos lo suficiente como para cambiar la situación.

No se trata, por tanto, de haber modificado los parámetros de esta ficción, sino de moldear su contexto para enfocar la trama hacia un nuevo futuro. Lo cierto es que el desarrollo de la temporada ya se preveía con el final de la tercera etapa, pero a pesar de ello la forma en que se ha desarrollado, que podría resumirse como ruptura en casi todos sus aspectos, ha sido muy gratificante. Es cierto que se pierde algo de frescura en muchas de las secuencias (algo que debe ser cuidado), y que en este proceso algunos secundarios parecen perder protagonismo, pero el resultado es más que notable, ofreciendo al espectador un viaje hilarante por los egos, las envidias y las ambiciones de un mundo tan irreal que resulta creíble.

Así las cosas, la cuarta temporada de Episodes logra mantener el ritmo narrativo y el nivel de anteriores temporadas, aunque en cierto modo es una temporada de transición, una temporada que entre la antigua serie de ‘Discos’ y la nueva producción, que ya nace con dificultades e inconvenientes. En medio de este proceso de cambio, el humor hace gala de todo su esplendor, lo que no deja de ser un reto. La pérdida de protagonismo de algunos personajes se compensa con el inmenso trabajo de LeBlanc, que demuestra una vez más por qué es el alma de esta producción. La quinta temporada promete risas sin descanso.

3ª T de ‘Episodes’, la encrucijada profesional para volver al inicio


Tamsin Greig, Stephen Mangan y Matt LeBlanc vuelven en la tercera temporada de 'Episodes'.Tras una temporada de presentación y otra de conflicto, la serie Episodes ha confirmado en su tercera entrega que es una de las comedias más frescas y originales de la televisión. Alejada de dramas románticos o de diferencias culturales, la nueva etapa de 9 episodios ha recuperado buena parte del espíritu inicial para centrarse sobre todo en el pasado y futuro profesional de un mundo, el cinematográfico y audiovisual, que en muchas ocasiones sitúa a sus profesionales en un cruce de intereses del que es difícil salir airoso. Sus responsables, David Crane y Jeffrey Klarik, creadores de la serie The class, ofrecen así la visión de un otro aspecto de la dinámica laboral en una serie de televisión. Pero como ocurre en este tipo de comedias, hay más. Mucho más.

Aunque todo pasa, en definitiva, por sus personajes. Alabar la labor de Matt LeBlanc, el inolvidable Joey de la serie Friends, es decir poco de la producción, y desde luego sería realmente injusto con el propio actor. Siendo consciente de lo que su personaje ha sido para innumerables generaciones, en esta temporada apura más si cabe la herencia de la mítica comedia para aprovechar gestos, guiños e incluso frases propias de aquel actor italoamericano de dudoso talento e inteligencia. Es evidente que esta serie aprovecha al máximo su legado, pero desde luego no alcanzaría la calidad que derrocha si no fuera por el resto del reparto, sobre todo por la pareja de guionistas protagonista, a la que dan vida Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Zombis party), quienes adquieren en esta nueva temporada un papel algo más cómico con respecto a lo que venían haciendo, evidenciando el carácter tan radicalmente distinto de los británicos con respecto a los angelinos. Sobre todo si nos centramos en el rol de Greig.

La dinámica de estos tres personajes es lo que da vida a la tercera entrega de Episodes. No es que durante las etapas anteriores no fueran clave, pero debido al tema que se desarrolla en estos episodios dicha relación adquiere un mayor significado. El hecho de que los guionistas deseen volver a su tierra natal y que el actor ansíe dejar la patética serie en la que trabaja para buscar nuevos e interesantes proyectos es el marco idóneo para desarrollar sus personalidades en un sentido algo distinto. Mientras que en los capítulos anteriores todos estos personajes buscan un beneficio inmediato y personal, en esta ocasión su visión de futuro es la que produce algunos de los mejores gags, sobre todo durante el último episodio y esa lucha por un guión maravilloso que todas las productoras luchan por producir pero que los guionistas no quieren desarrollar. El conflicto de intereses, con un final abierto que sitúa al trío protagonista ante un más que posible regreso a la casilla de salida, es tan sencillo como efectivo.

Y como suele ocurrir con este tipo de sitcoms (le ocurre igual a The Big Bang Theory), cuanto más extravagante mejor. Si durante las temporadas anteriores el personaje de John Pankow (Morning Glory) marcaba la pauta de los comportamientos surrealistas, la presencia de Chris Diamantopoulos (Empire State) riza el rizo de la locura, hasta el punto de ser un personaje literalmente esquizofrénico capaz de mantener una discusión con una docena de huevos o de sufrir efectos secundarios de lo más embarazoso. El rol, aunque temporal a todas luces, es un interesante punto de inflexión para algunas de las tramas secundarias, como es la que aborda la dinámica de las altas esferas de una productora. Su presencia, además, supone un soplo de aire fresco al grupo de secundarios que, aunque divertidos, poseen poco recorrido y presencia.

Algunas cosas nunca cambian

Al comienzo decía que Episodes ha sabido recuperar el espíritu inicial. En realidad nunca lo perdió, pero es cierto que durante estos 9 episodios la serie ha vuelto a ahondar en algunos conflictos propios de los inicios de la ficción. Sin ir más lejos, la pareja formada por Mangan y Greig recupera la dinámica que perdió durante su particular drama. Del mismo modo, LeBlanc demuestra que su personaje, confundido para la ocasión con él mismo, nunca podrá cambiar por mucho que lo intente, como evidencia su intento infructuoso de mantener una relación estable. Todo ello permite al espectador encontrar un equilibrio entre lo nuevo y lo viejo, entre el pasado y el futuro. O lo que es lo mismo, asiste a la encrucijada que viven todos los personajes en un momento de transición como el que aborda la temporada.

Eso sí, si algo puede achacarse a esta nueva temporada es la ausencia casi total del componente dramático en su trama. Tal vez sea porque el experimento no funcionó en la etapa anterior (personalmente no lo creo) o tal vez porque la poca duración de cada etapa obliga a centrarse en un único aspecto, algo que se solucionaría si, de una vez por todas, la serie adoptase un formato algo más tradicional para este tipo de producciones. Sea como sea, esa ausencia de drama hace que incluso los momentos más tristes de la evolución de los personajes se vean como algo anecdótico, centrando la atención en las caras más cómicas de los mismos. Es, por ejemplo, lo que ocurre con la ruptura de LeBlanc o la reconciliación de los guionistas, ambos momentos abordados más como un freno en el ritmo que como un altibajo emocional.

Otro de los aspectos que destacan de esta nueva temporada, y que también estaba presente en las anteriores, es la facilidad de los guionistas para combinar perfectamente las diferentes tramas que se desarrollan en la serie, componiendo un mosaico interesante de conflictos, acciones y reacciones que dotan al conjunto de una unidad espléndida. Que una conversación relacionada con la trama principal genere una serie de acontecimientos que afecten al resto de tramas es algo relativamente normal. Pero que dichos efectos permitan a la ficción evolucionar en conjunto indica que el arco dramático fluye de forma natural y armoniosa, lo que a su vez remite a la frescura y originalidad a la que hacía referencia al inicio.

Tal vez no sea una serie muy conocida. De hecho, da la sensación de que temporada tras temporada tiene problemas para continuar, como de hecho le ocurre a ‘Discos’, la serie que protagoniza Episodes. Pero desde luego es una de las propuestas más divertidas de la televisión, a disfrutar por aquellos que la siguen y a descubrir por aquellos que todavía no han tenido la oportunidad. Esta tercera temporada demuestra que no se trata de una sitcom al uso, en la que un capítulo apenas tiene que ver con el siguiente. Todo está conectado, tanto personajes como tramas, y esa es una seña de identidad de lo más interesante. Algunos tal vez argumenten que se echa en falta algo de peso dramático, pero en realidad importa poco. Sus personajes, sean o no dramáticos, sean o no cómicos, poseen una definición que no todas las comedias poseen. Y aunque solo fuera por eso merecería la pena asomarse a este rodaje de pesadilla. Por fortuna, hay más. Mucho más.

La segunda temporada de ‘Episodes’ se asoma al drama


Stephen Mangan y Matt LeBlanc tienen sus diferencias en la segunda temporada de 'Episodes'.Pocas son las producciones que pueden presumir de ser puramente cómicas. Y en televisión incluso menos. Normalmente es necesario introducir un elemento dramático, bien en forma de ruptura emocional, bien como una tragedia suavizada por el imprescindible tono divertido del conjunto. Ya le ocurrió a Friends, referente para toda una generación de aficionados y profesionales, y también se ha podido apreciar en las actuales comedias que copan la parrilla de televisión, incluida Episodes, en cuya segunda temporada se ha dado algo más de cancha al aspecto dramático de las situaciones vividas en aquellos primeros 6 episodios que terminaban con la separación de la pareja de guionistas protagonista a causa de una infidelidad con el protagonista de la serie, que no es otro que Matt LeBlanc, el inolvidable Joey de la serie antes mencionada.

Lo cierto es que este suave giro hacia un terreno menos marcado era algo coherente si se tiene en cuenta el devenir de la primera temporada. No solo en el ámbito emocional de los protagonistas, posiblemente el campo más fructuoso gracias a los choques culturales de dos ingleses en Los Ángeles, sino también la marcha de la serie de televisión o las historias del propio LeBlanc, todo un mundo propio y aparte y que, recordemos, se interpreta a sí mismo (aunque con sus buenas dosis del papel que le dio la fama). Si se analiza fríamente, la conclusión del sexto episodio dejaba en el aire numerosas incógnitas que bien podrían haberse resuelto de forma ridícula, pero que afortunadamente obedecen a una lógica dentro de la propia comicidad.

Por supuesto, esto no impide que esta segunda temporada sea un deleite para los espectadores. Sí, puede que no sea lo que se espera después de los primeros episodios, pero estos nuevos 9 capítulos (siguiendo con esa tradición del paralelismo entre ficción y realidad ya establecido en la anterior entrega) están repletos de situaciones realmente hilarantes, desde el enfado casi infantil entre el guionista y el actor hasta los regalos que realizan los actores, una crítica a la frivolidad que siempre ha sido seña de identidad. Aunque sin duda, lo que más delirio genera es la actitud de LeBlanc, personaje extraño en su forma de ver y entender el mundo, y del que se explotan todos sus registros.

En efecto, los mejores momentos los otorga su propia línea narrativa, compuesta en esta ocasión por dos elementos que ya se plantearon en la primera temporada, y que son la presencia de una acosadora y la mujer ciega del productor. La particular bajada a los infiernos del actor, atormentado por su forma física y por el posible fracaso de la serie ‘Discos’, genera toda una serie de situaciones tan desternillantes como dramáticas, y que en otras situaciones sin duda darían lugar a un mar de lágrimas, algo que parece imposible conseguir simplemente viendo el rostro de LeBlanc en una pantalla.

De vuelta al comienzo… o casi

Aunque parece que los resultados de Episodes no han sido tan buenos como en su anterior etapa, decir que esta segunda temporada es inferior sería algo injusto. Personalmente, más bien es diferente, optando por unos derroteros algo más naturales en los que tienen igual cabida los momentos surrealistas que siempre han caracterizado a los productos de David Crane, creador de ésta y de la ya citada Friends. Sin ir más lejos, y a modo de burla ante esa práctica habitual que consiste en invitar a un famoso a una serie de televisión, uno de los episodios trata de conseguir, sin éxito, la presencia de uno de los “amigos” de LeBlanc, con resultados bastante ridículos.

Puede que sea por eso, o simplemente por situar la trama en un sendero algo más conocido, pero el final de estos 9 episodios sitúa a los personajes en posiciones similares al comienzo de la serie… o casi. Porque sí, los dos guionistas ingleses (los cada vez mejores Stephen Mangan y Tamsin Greig) vuelven a reconciliarse; sí, los actores principales continúan con sus respectivos papeles en un intento por mantener el nivel de ‘Discos’. Pero el trasfondo ha cambiado. Es previsible que la productora sufra una reestructuración de arriba a abajo, dejando en el aire una buena batería de preguntas.

Lo que sí mantiene la serie es su reflejo del mundo de Hollywood extendido a las cadenas de televisión y su lucha por la parrilla y los programas más vistos. Un reflejo que es al mismo tiempo una crítica bastante directa contra un sistema que convierte a los creativos, actores y técnicos en meras marionetas que pueden y deben ser reubicadas, recortadas o manipuladas en función de unos datos que varían casi con la misma rapidez con que cambia el viento.

Episodes volverá con una tercera temporada, sí, y si hacemos caso a los datos de audiencia, todo hace indicar que volverá a un planteamiento más similar al de la primera temporada. Personalmente, sería un error, pues perdería la posibilidad de explorar nuevos arcos argumentales de diversa índole que permitirían no solo la incorporación de nuevos personajes (como ha ocurrido en esta temporada con el de James Purefoy), sino que enriquecerían las tramas principales ya existentes. Sea como sea, las risas y las desventuras de la vida del protagonista de ‘Discos’ sí parecen estar aseguradas.

El contraste de dos culturas audiovisuales en la comedia ‘Episodes’


De todos los actores que participaron en la serie Friends, puede que el menos beneficiado del masivo éxito del producto fuese Matt LeBlanc, el inolvidable Joey Tribbiani. Tras la cancelación en su décima temporada, el actor no ha tenido lo que se dice muy buen olfato eligiendo papeles. Ni siquiera un spin off de su personaje pudo aguantar más de un par de temporadas en la serie Joey. Puede que resulte extraño, pero no lo es tanto si se considera que el éxito de su personaje, con su particular interpretación de la vida y su sencillez de miras en muchas ocasiones, estaba unido a las marcadas personalidades del resto de personajes. Ahora, y con varios años de experiencia más, LeBlanc se embarca en otra comedia ideada por uno de los autores de aquella serie (David Crane), y lo hace fundiendo su propia personalidad con la del mítico y entrañable actor italoamericano de Friends en la serie Episodes, cuya primera temporada, aunque corta, revela algunas de las mejores ideas cómicas de los últimos años en la televisión.

La historia de esta nueva serie creada por Crane y Jeffrey Klarik (serie Sigue soñando), aunque no es excesivamente original, sí aborda un mundo que, en estos tiempos de policías, médicos y abogados, había quedado relegado a las sombras. Hablamos del propio mundo televisivo. En efecto, el punto de partida es la propuesta que hace un extravagante productor norteamericano a dos guionistas ingleses para que trasladen una serie de éxito en las islas británicas a la soleada California. Y aunque la idea se les antoja atractiva, una vez en Los Ángeles empiezan a comprender que el juego de la hipocresía de la producción norteamericana nada tiene que ver con la seriedad europea. Se les impone el protagonista, que no es otro que LeBlanc haciendo de él mismo, y se les impone un cambio de personajes y de escenario, entre muchas otras cosas.

Cambios, por cierto, que se encuentran en la base del aspecto cómico general de estos primeros seis episodios que conforman la temporada inicial. Mientras que uno de los guionistas se deja guiar (y cegar en cierto modo) por las estrellas del firmamento de la televisión estadounidense, el otro se muestra cada vez más receloso e irritado. Si a esto se suma que ambos son marido y mujer, la combinación de malentendidos laborales y familiares, una de las piezas importantes de cualquier sitcom, está servida.

Para aquellos que se acerquen a la serie esperando una especie de Friends entre bambalinas mejor será que no comiencen ni siquiera el piloto. Poco o nada hay del estilo cómico de aquella en Episodes, lo que no quiere decir que no sea divertida, muy divertida, y que contenga una buena carga de crítica al hipócrita mundo del espectáculo. No es una serie de carcajada limpia, aunque existen muchos momentos, sobre todo el capítulo final de la primera temporada, donde el espectador no puede dejar de reír. Más bien, su comicidad siempre logra mantener una sonrisa en el espectador, y principalmente se debe al contraste entre dos culturas tan deudoras una de la otra y al mismo tiempo tan diferentes.

Ingleses contra el sistema

En efecto, las diferencias culturales, tanto en el ámbito laboral como en el social, es uno de los pilares de esta magnífica serie. Sí, magnífica. Su humor inteligente, cínico y muchas veces crítico acierta en la diana al representar con cierta exageración a unos personajes que, por otro lado, suelen encontrarse en cualquier producción, ya sea de cine o de televisión. En este aspecto, los actores realizan una labor única y soberbia en su planteamiento de los personajes, definiéndolos moralmente a través de su propio físico. Dejando a un lado a un Matt LeBlanc autoparódico sencillamente enorme, destaca por encima de todo la pareja de guionistas, interpretados por Tamsin Greig (Tamara Drewe) y Stephen Mangan (Beyond the Pole), sobre todo este último.

Las situaciones en las que ambos se ven envueltos, algunas de ellas tan surrealistas como las protagonizadas por el portero de su urbanización, se engrandecen en la medida en que ambos intérpretes dan una mayor salida a las diferencias culturales y a la incomodidad que sienten, sobre todo ella, de estar en un país que les es extraño, realizando una parodia de su respetado original inglés y rodeados de gente que vive de la mentira y utiliza la hipocresía y la adulación como si fuera su teléfono móvil.

Antes mencionábamos que Episodes contiene una marcada crítica al sistema de producción audiovisual norteamericano. Poco importa el grado de conocimiento del medio o de las dinámicas de trabajo de sus profesionales. Los caracteres que se parodian son tan universales que podrían extrapolarse a una oficina, a unos juzgados o a una comisaría, y todo seguiría siendo lo mismo. Claro que aquí tienen un significado especial por la propia labor que desempeñan. En cualquier caso, y para no irnos por las ramas, queda patente ya desde el primer capítulo que el cinismo que rige en el mundillo no cuadra con la forma de trabajar de los extranjeros. Un mundillo en el que nadie osa llevar la contraria al mandamás; un mundillo en el que una responsable del área de comedia parece tenerle asco incluso al aire que respira; un mundillo, en fin, donde nada es lo que parece.

La corta duración de la primera temporada, que también hace referencia al sistema de Estados Unidos en el que lo primero que se hace es rodar seis episodios para no pillarse los dedos ante un posible fracaso, tiene dos lecturas. Por un lado, deja al espectador con ganas de más, sobre todo con ese final de temporada maravillosamente divertido e irónico. Por otro, permite que la segunda temporada, más o menos igual de corta, llegue con más antelación. En cualquier caso, y aunque escaso, el visionado de estos episodios es muy recomendable para pasar un buen rato volviendo a ver a Joey (tema con el que se hace más de un chiste) en plena forma.

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