‘La Momia’: la maldición de las malas decisiones


Debería ser relativamente sencillo hacer una película de aventuras sobre Egipto, sus maldiciones y toda la mitología que conlleva. No hablo de una película espléndida en todos sus aspectos, pero sí al menos entretenida y con ritmo trepidante. Pero lo que han creado entre Alex Kurtzman (Así somos) y Tom Cruise (Collateral) se antoja decidida y conscientemente mediocre. Es difícil poder explicar, si no, tal cúmulo de incongruencias narrativas y equivocadas decisiones artísticas. Y todo ello sin tener en cuenta los errores que muchos apasionados de los faraones sin duda encontrarán en un metraje de casi dos horas que, en algunas ocasiones, puede hacerse un poco lento.

En realidad, para comprender lo que ocurre con esta La Momia es fundamental prestar atención al logo inicial del film: Dark Universe. La apuesta de Universal por resucitar a todos sus monstruos clásicos en una especie de mundo en el que conviven sin demasiada paz ni armonía ha llevado a los responsables de este primer relato a mezclar churras con merinas. Demasiados personajes innecesarios, demasiadas referencias a otros monstruos y demasiada historia de fondo que posiblemente sirva para hilar el resto de películas, pero que para lo que cuenta esta trama es totalmente innecesario. Eso por no hablar de secuencias poco acertadas.

Pero el verdadero problema de esta cinta no es el concepto en el que se basa, sino su tratamiento. Para empezar, elegir a Cruise para semejante papel es cuanto menos cuestionable. Ni tiene la gracia que exige el personaje ni la química con su compañera de reparto. Y para continuar, la base sobre la que se sustenta todo el relato, la maldición egipcia, está tan cogida con pinzas que plantea más interrogantes que respuestas. Y para finalizar, las continuas referencias no solo a otros monstruos clásicos, sino a la película que Stephen Sommers (Van Helsing) dirigió en 1999 y que se ha convertido en todo un referente visual. Todo ello provoca la sensación de estar ante una producción sin un objetivo claro, más allá de la construcción de un universo posterior en el que se puedan desarrollar mejores historias. El problema es que si no se asientan bien los pilares todo se tambalea.

Podría haberse optado por una sencilla película de aventuras. Podría haberse optado por una cinta de acción. Incluso por algo más terrorífico con referencias a la mitología egipcia. Pero en lugar de todo eso, La Momia trata de ser una mala copia de su predecesora de hace 18 años, introduciendo para la ocasión personajes que pintan poco o nada en una historia que debería tener a Egipto en el centro de su ideario, pero que en realidad relega al país del Nilo a una simple excusa a la que recurrir cuando conviene. Incluso aceptando esto como algo positivo para que la historia pueda avanzar por otros senderos, la película se pierde en su propia ausencia de objetivo, dejando un desarrollo irregular, unos personajes poco sólidos y un final abierto que, sinceramente, crea más incógnitas sobre el futuro de las que responde.

Nota: 4/10

‘Manchester frente al mar’: la culpa nunca abandona


Lucas Hedges y Casey Affleck, sobrino y tío en 'Manchester frente al mar'.Cualquier aficionado al cine, en algún que otro momento, habrá pensado aquello de que una película nominada a los Oscar no se merece tal reconocimiento. Y aunque no es el caso de la nueva película de Kenneth Lonergan (Margaret), hasta cierto punto debe tenerse en cuenta cuando comienzan los títulos de crédito. Este intenso drama acerca de la culpa, los errores del pasado y el modo en que afrontamos el futuro cuenta con valores extraordinarios, pero peca en exceso en la parte más fundamental de cualquier historia: la propia historia.

La forma en que se viste Manchester frente al mar es espléndida. Un reparto extraordinario, una fotografía sencilla pero efectiva, una narrativa eficaz que combina pasado y presente sin alardes visuales. Todo en la película está pensado para sumir al espectador en un cúmulo de emociones, a cada cual más dolorosa, que obligan irremediablemente a reflexionar sobre la vida. Su desarrollo dramático, simple y en muchas ocasiones excesivamente aséptico, tiene sin embargo numerosos momentos que convierten la trama en algo diferente, en algo más. El hecho de que se opte por mostrar el contraste del protagonista (un espléndido Casey Affleck –Adiós pequeña, adiós-) entre su feliz pasado y su taciturno presente no hace sino alertar de que algo ha ocurrido; el modo en que se muestra dicho suceso deja literalmente sin palabras, tanto por la brutalidad como por la naturalidad con la que se muestra.

El problema es que todo este recorrido dramático cojea por culpa de un único concepto, y no es algo nimio. La historia en sí misma tiende al dramatismo innecesario en muchos momentos. A pesar del equilibrio que logran Affleck y el joven Lucas Hedges (Arthur Newman), muchas de las secuencias desprenden un aroma excesivamente doloroso, como si todo en el film fuera una tragedia. Y aunque es cierto que esto beneficia al tono general de la cinta, también produce desasosiego y, en algunos casos, desconexión de la historia por reiterar sobre las mismas ideas una y otra vez. Eso por no hablar de secuencias que no terminan de encontrar un significado en el tono general de la cinta.

De este modo, Manchester frente al mar se mueve siempre entre dos aguas. Por un lado, la calidad de sus actores y la sobria puesta en escena elevan el tono de este intenso drama hacia cotas que, de otro modo, no habría siquiera sospechado. Pero junto a esto, transmite en todo momento la sensación de estar ante una producción menor, ante una historia que podría haber ido directamente a televisión de no contar con los nombres que la respaldan. Nadie podrá decir que es una mala película o que es incapaz de narrar con eficacia, pero desde luego podría haber aprovechado algo mejor el potencial de su historia y haber buscado giros argumentales más efectivos.

Nota: 7/10

‘Lion’: el largo viaje a casa


Dev Patel protagoniza 'Lion'.Habrá quien quiera ver en el debut en el largometraje de ficción de Garth Davis una historia excesivamente lacrimógena, capaz de despertar todo tipo de sentimientos en el espectador. Y en efecto, así es. Lo que cabe analizar, por tanto, es el modo en que se logra esa emotividad. No es a través de un viaje plagado de infortunios. No es con giros dramáticos marcados por la pérdida. Porque aunque tiene parte de todo ello, en realidad es un viaje personal de auto descubrimiento, de comprensión de quienes somos en realidad y cómo eso define todos y cada uno de nuestros pasos, incluso cuando no nos movemos del sofá.

Y es aquí donde Lion logra la grandeza que la convierte en una de las candidatas a los Oscar. Dividida en dos partes desde un punto de vista narrativo, la trama aborda en todo momento la soledad de un personaje literalmente perdido en el mundo. Incapaz de conocer sus orígenes, la historia se mueve constantemente motivada por la necesidad de conocer los orígenes, la familia que se ha dejado atrás. De ahí que la historia transmita un mensaje tan poderoso en cada momento del viaje, ya sea con un niño perdido en una gran urbe, con un joven que trata de construir una vida sin conocerse a sí mismo, o con un viaje que se desarrolla fundamentalmente a través de internet.

El carácter verídico de la historia confiere al conjunto, además, un tono si cabe más dramático que tiene su punto álgido con las imágenes finales. Pero más allá de todo esto, destaca la labor de Davis tras las cámaras, dotando al conjunto de una lírica y una belleza idóneas, incluso en aquellos momentos más trágicos. El lenguaje visual, con planos más amplios al comienzo y mucho más cercanos a medida que avanza la trama, introduce al espectador en el cuerpo del protagonista hasta llegar a sentir la angustia y la desolación de la pérdida, primero, y las de la dificultad para encontrar su hogar, después. A todo ello contribuye Dev Patel (About Cherry), quien no solo vuelve a demostrar el gran actor que es, sino su capacidad para dotar a sus personajes de una versatilidad única.

Desde luego, Lion es una de las películas del año. Su carga dramática es alta, muy alta, pero distribuida con inteligencia a lo largo de un viaje que se pasa en un suspiro y que se realiza tanto física como digitalmente. Una historia de supervivencia, de superación y determinación que conmueve cualquier corazón que se haya sentido perdido en algún momento de su vida, ya sea real o figuradamente. Ante su fuerza, su belleza y su mensaje el espectador solo puede dejarse llevar y acompañar a este niño en ese viaje que termina como un adulto. Y atentos a la resolución final con el destino de algunos personajes.

Nota: 8/10

‘Doctor Strange’: la magia del ‘toque Marvel’


Benedict Cumberbatch da vida al 'Doctor Strange' de Marvel.Pocos personajes van quedando del extenso Universo Marvel que no tengan su adaptación a la gran o a la pequeña pantalla. Y a medida que se van sucediendo los superhéroes la saturación y el cansancio narrativo, que no visual, se va notando. La película que dirige Scott Derrickson (Sinister) es una evidencia de que siempre es mejor una buena historia que los orígenes de un personaje, por muy dramáticos que sean. Mejor aún: es infinitamente más interesante ver cómo se forja un héroe con una buena trama.

Y como le ocurre al protagonista de Doctor Strange al comienzo de la cinta, la película parece un quiero y no puedo, un intento de contar algo sumamente interesante que se solventa con minutos frenéticos cargados de efectos en el último tercio del film. Hasta entonces, esta historia protagonizada magníficamente por Benedict Cumberbatch (Amazing Grace) aborda de forma excesivamente larga el surgimiento de un hechicero y su viaje por las artes místicas. Más allá de críticas culturales o religiosas con poco fundamento, el verdadero problema del film es que está descompensado.

Descompensado en todos sus aspectos. Narrativamente hablando, es demasiado parsimoniosa al comienzo para acelerarse sin demasiado sentido al final. Interpretativamente hablando, el extraordinario elenco de actores está muy por encima de lo que puede ofrecer la cinta. Y visualmente, la historia saca mucho partido de sus escenas, pero la puesta en escena de Derrickson, más especializado en tenebrosos sustos y atmósferas agobiantes, es ciertamente limitada y en algunos momentos caótica.

Por fortuna, existe eso que se llama ‘toque Marvel’, y que podríamos entender como el entretenimiento sin daño ni maldad que permite al espectador pasar dos horas entretenidas. El problema es que cuando se compara Doctor Strange con otras grandes superproducciones similares no termina de funcionar correctamente. Lejos parecen quedar las épocas de Iron Man, Capitán América o Spider-man, tres personajes cuyas historias en el cine han sabido explicarse de forma mucho más orgánica. La magia de La Casa de las Ideas funciona en este caso, pero solo para salvar al espectador de una historia irregular.

Nota: 6,5/10

‘Independence Day: Contraataque’: autodestrucción innecesaria


La llegada de una nueva nave pondrá en jaque a la Humanidad en 'Independence Day: Contraataque'.Cualquier aficionado al cine conoce la expresión “Segundas partes nunca fueron buenas”. Y como toda expresión, es tan cierta como injusta, pues la historia ha demostrado que algunas de las mejores películas son segunda partes. Pero lo nuevo de Roland Emmerich (Godzilla) no es el caso. Es más, la impresión que deja en el espectador, sobre todo en aquel que disfrutó de ese espectáculo que fue Independence Day en 1996, es si realmente era necesaria esta fanfarria destructiva a mayor ego de un director que parece buscar nuevas formas de apocalipsis más que narrar una historia, aunque esta sea mínima.

Y este contraataque alienígena en el Día de la Independencia norteamericana no tiene, precisamente una historia. Al menos no una historia coherente. Si bien es cierto que su comienzo, aunque titubeante, sí sienta las bases de lo que podría ser una trama, el desarrollo posterior a la segunda invasión de los extraterrestres (espectacular y, desde luego, lo mejor de la cinta) es tan plano, previsible y carente de ritmo que puede llegar a provocar cierto estrés. La falta de carisma de los jóvenes actores que, en teoría, deben de coger el testigo de Will Smith (Dos policías rebeldes) se convierte en una carga más de una cinta que arrastra problemas conceptuales, narrativos y de definición acuciantes.

Que la Humanidad haya avanzado cientos de años gracias a la tecnología alienígena no impide, por ejemplo, que los soldados sigan llevando pistolas con balas limitadas; que se haya aprendido del primer ataque no significa que se haya creado un campo de protección que impida la llegada de los extraterrestres (como de hecho sí parece que siguen utilizando las naves invasoras); y que una nave con su propia gravedad (mayor que la terrestre, al parecer) no sea capaz de acabar con el planeta en un abrir y cerrar de ojos son licencias narrativas que el director se toma para tratar de aportar carga dramática al conjunto, pero que debido al tratamiento de personajes y al fallido intento de combinar drama, ironía y acción lo que realmente aportan es un tono irreal a una cinta ya de por sí fantástica.

El principal problema de Independence Day: Contraataque es el que sufren muchas cintas de acción y ciencia ficción de hoy en día: la tecnología ha superado a la imaginación, y eso permite hacer a los directores todo lo que se les ocurra. Absolutamente todo. La falta de limitaciones, por desgracia, intercambia espectacularidad por originalidad, por un lenguaje más elaborado que ofrezca al espectador algo más de lo que ve en pantalla. Si en la primera parte la destrucción se centraba en unos pocos edificios, ahora son ciudades; si en 1996 los aliens apenas se veían, aquí hay uno del tamaño de la Casa Blanca, y a plena luz del día. Y si hace 20 años Roland Emmerich ofreció al mundo una buena película de invasiones extraterrestres con un reparto más que notable, ahora lo que muestra es un compendio de efectos digitales, diálogos absurdos y actores que parecen preguntarse por el sentido de todo esto. Pero la pregunta importante es: ¿era necesaria esta continuación?

Nota: 4/10

La 73 edición de los Globos de Oro confirma el año de DiCaprio


Alejandro González Iñárritu y Leonardo DiCaprio posan con sus Globos de Oro.La 73 edición de los Globos de Oro deja impresiones para todos los gustos. Ya sea en cine o en televisión, el reparto de premios puede que no haya sido todo lo justo que debería para algunos, pero desde luego representan mejor que anteriores ediciones la riqueza y calidad de las producciones del recientemente acabado 2015. Pero por encima de todo reconocen algo que Hollywood lleva retrasando algunos años, quizá demasiados: el reconocimiento a Leonardo DiCaprio como el gran actor en el que se ha convertido. El renacido, película con la que Alejandro González Iñárritu tratará de obtener por segundo año consecutivo los principales premios Oscar (el año pasado la agraciada fue Birdman), apunta a convertirse en la consagración del protagonista de El lobo de Wall Street (2013). Claro que su éxito conlleva la inmerecida derrota de otros actores, como es el caso de Michael Fassbender, gran perdedor de la noche a pesar de sus papeles en MacbethSteve Jobs.

Por lo demás, pocas novedades en los premiados del cine. Pocas, pero no ninguna. Desde luego, lo más llamativo es ese premio a Sylvester Stallone, quien no por casualidad ha hecho examen de conciencia y ha reconocido el mérito de un personaje como Rocky, su amigo y confidente a lo largo de los años, y que tantos éxitos le ha reportado, incluyendo un Oscar y, quién sabe, tal vez dos. Con todo, y teniendo en cuenta los nombres que integraban esa categoría de Mejor Actor Secundario, no deja de ser sorprendente que el protagonista de Los mercenarios 3 (2014) haya logrado el éxito de la noche.

A tenor de lo vivido en la noche del domingo al lunes, todo apunta a que la disputa de los principales premios estará entre El renacidoMarte, pero nadie debería perder de vista algunas de las cintas que, aunque en categorías ‘secundarias’, han igualado en número de Globos de Oro a las dos grandes triunfadoras, o al menos a una de ellas. Me refiero a Steve Jobs, uno de los retratos más interesantes del fundador de Apple que, gracias a la maestría de Aaron Sorokin (serie The newsroom), adquiere un nivel superior al esperado. El premio al Mejor Guión es, en este sentido, más que merecido, del mismo modo que el otorgado a Kate Winslet. Por cierto, de confirmarse que en los próximos Oscar tanto DiCaprio como Winslet ganan estos mismos premios se cerrará una especie de círculo que comenzó con Titanic allá por 1997.

Un genio en la jungla de las series

Y si en las categorías cinematográficas encontramos variedad y cierta justicia en los premios, en televisión ocurre prácticamente lo mismo. El gran triunfador, al menos en lo que a número de premios se refiere, es Mozart in the jungle. A diferencia de Transparent, la triunfadora de la pasada edición, la producción protagonizada por Gael García Bernal (Un pedacito de cielo) ahonda más en el carácter humorístico de sus personajes con un tono más fresco y dinámico, lo que sumado al gran trabajo de Bernal ha permitido que, esta vez sí, se alce con los principales premios.

Más discutible resultan otros galardonados, como es el caso de la cantante Lady Gaga, quien se ha impuesto como Mejor Actriz de Miniserie por American Horror Story: Hotel. Sin dudar en ningún momento de su merecimiento, la labor que realiza, por ejemplo, Kirsten Dunst en la segunda temporada de Fargo es simplemente brillante, sobre todo porque gracias a su labor el espectador asiste a una transformación psicológica y casi física del personaje, algo sumamente complejo tanto para la narrativa como para la interpretación.

Pero en cualquier caso, la impresión general de esta 73 edición de los Globos de Oro es la de un palmarés ajustado a la realidad del panorama cinematográfico y televisivo actual. Si consideramos, como suele ser habitual, que son la antesala de los Oscar (o al menos una guía para los premios cinematográficos más codiciados del mundo), todo apunta a que Leonardo DiCaprio será el triunfador y a que González Iñárritu logrará algo que muy pocos, por no decir ninguno, han conseguido (dos premios seguidos en Mejor Película y Director). Habrá que esperar. Por lo pronto, a continuación encontraréis la relación completa de los premiados.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: El renacido.

Mejor Película Comedia/Musical: Marte.

 Mejor Director: Alejandro González Iñárritu, por El renacido.

Mejor Actor Dramático: Leonardo DiCaprio, por El renacido.

Mejor Actor Comedia/Musical: Matt Damon, por Marte.

Mejor Actriz Dramática: Brie Larson, por La habitación.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Jennifer Lawrence, por Joy.

 Mejor Actor Secundario: Sylvester Stallone, por Creed. La leyenda de Rocky.

Mejor Actriz Secundaria: Kate Winslet, por Steve Jobs.

Mejor Guión: Aaron Sorokin, por Steve Jobs.

Mejor Banda Sonora: Ennio Morricone, por Los odiosos ocho.

Mejor Canción: Sam Smith por ‘Writting’s on the wall’, de Spectre.

Mejor Película en Lengua Extranjera: El hijo de Saúl (Hungría).

Mejor Película de Animación: Del revés.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: Mr. Robot.

Mejor Actor Drama: John Hamm, por Mad Men.

Mejor Actriz Drama: Taraji P. Henson, por Empire.

Mejor Serie Comedia: Mozart in the jungle.

Mejor Actor Comedia/Musical: Gael García Bernal, por Mozart in the jungle.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Rachel Bloom, por Crazy ex-girlfriend.

Mejor Miniserie/Telefilme: Wolf Hall.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Oscar Isaac, por Show me a hero.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Lady Gaga, por American Horror Story: Hotel.

Mejor Actor Secundario Miniserie/Telefilme: Christian Slater, por Mr. Robot.

Mejor Actriz Secundaria Miniserie/Telefilme: Maura Tierney, por The affair.

‘El desafío’: un paseo por las nubes


Joseph Gordon-Levitt da vida a Philippe Petit en 'El desafío'.De un tiempo a esta parte a Robert Zemeckis, autor de la trilogía ‘Regreso al futuro’, parece no interesarle demasiado el contenido de una historia. Al menos no tanto como explorar la forma de contarla, y de utilizar la tecnología para encontrar nuevas vías de expresión cinematográfica. Y más que le pese a algunos, lo consigue, independientemente de que las historias sean más o menos interesantes. Su última propuesta se mantiene en esta línea, aunque por suerte cuenta con una base más sólida.

No se trata de que El desafío esté basado en la vida de Philippe Petit, sino en el modo en que el guión aborda la historia de este funambulista que cruzó la distancia entre las Torres Gemelas. La ironía, el humor y, sobre todo, la natural descripción de los personajes que realiza la trama son los ingredientes perfectos para abordar una historia, por otro lado, previsible y sin grandes giros dramáticos. Quizá ese sea el mayor ‘pero’ del film, su falta de ambición dramática. Aunque la verdad es que nunca trata de venderse como tal, por lo que tampoco engaña.

Lo que sí sorprende, y aquí se vuelve a ver la mano de Zemeckis, es el uso de la cámara y de la profundidad de campo. La cinta, a través de la narración de los primeros años del protagonista, introduce poco a poco al espectador en ese mundo de alturas en el que se mueve el rol de Joseph Gordon-Levitt (Hesher). Desde esa cuerda tendida entre dos árboles, hasta el espectáculo en Notre Dame, el director aprovecha todos los recursos a su disposición para imbuir al film del vértigo, la tensión y la concentración del espectáculo, convirtiendo al film en toda una experiencia.

 Al final lo que se recordará de El desafío es, sin lugar a dudas, sus espectaculares planos, su forma de narrar la historia y la angustia que llegan a generar algunos momentos finales. ¿Y la historia en sí? Bueno, es lo que es, ni más ni menos. No exige nada al espectador, salvo que sea receptivo a lo que está viviendo. Podría pedirse mayor carga dramática, mayores giros argumentales que sostengan la espléndida narrativa visual de Zemeckis, pero al fin y al cabo es un biopic.

Nota: 6,5/10

‘La novia’: unas bodas de sangre incalificables


Irma Cuesta es 'La novia', basada en las 'Bodas de Sangre' de Lorca.Escribo estas líneas apenas unas horas después de ver lo que a todas luces es la película española del año, y la que debería ser la gran triunfadora de los próximos premios Goya. Soy consciente de que lo que se lea a continuación tiene un alto grado de subyugación por la belleza, la emoción y la pasión que desprenden todos los fotogramas del film de Paula Ortiz (De tu ventana a la mía). No hay casi reflexión ni sesudo análisis de cada aspecto fílmico de esta obra. En realidad, no es necesario.

Porque La novia no necesita de mucho tiempo para enamorar al espectador. Y esa pasión con la que emociona permanecerá minutos, horas, días y semanas después de ser disfrutada. Y sí, solo puede disfrutarse. Disfrutar de su arrebatadora puesta en escena, con unos paisajes tan agrestes como cálidos, tan duros como atractivos. Disfrutar de su reparto, desde Inma Cuesta (La voz dormida), que vuelve a erigirse como una de las mejores actrices del momento, hasta los dos hombres que luchan por su amor, ambos en estado de gracia. Lo cierto es que todo en esta dramática historia inspirada en las ‘Bodas de sangre’ de Federico García Lorca es perfecto, lo que da lugar a una obra redonda, simplemente brillante y a la que cualquier calificativo, cualquier clasificación, se le queda corta.

Y es que más allá del aspecto visual está el narrativo. Simbólicamente enriquecedora, la directora se nutre de numerosas influencias pictóricas, musicales y literarias para expresar sentimientos que van más allá de lo que aparentemente puede verse en pantalla, que por cierto ya es mucho. Desde Goya hasta el rey Arturo, pasando por Leonard Cohen, todo en la cinta está encajado perfectamente para transportar al espectador a un mundo casi onírico en el que el expresionismo y algunos toques surrealistas narran aquello que el ojo no ve. Todo para explicar el doloroso debate emocional y moral al que se somete la joven novia aconsejada por una anciana que guarda el golpe maestro final de una obra maestra.

Dicho esto, habrá quienes tal vez no encuentren en La novia todo aquello que trata de expresar. Incluso muchos simplemente vean en la cinta de Paula Ortiz un triángulo amoroso bellamente envuelto, pero nada más. Sin embargo, sí hay más. Mucho más. Quizá la evidencia más clara sea la facilidad con la que poesía y narrativa se combinan en una historia de sangre, pasión y muerte. Pero eso es solo la punta de un iceberg emocional mucho más grande. Una película de obligado visionado.

Nota: 10/10

‘Everest’: competir contra la montaña sale caro


Jake Gyllenhaal y Jason Clarke son dos de los protagonistas de 'Everest'.Puede parecer que el género del alpinismo cinematográfico es algo nuevo, pero en realidad es tan antiguo como el propio séptimo arte. Digo esto porque, después de cintas que han desvirtuado en cierto modo el espíritu de superación y de sufrimiento de este tipo de historias, la nueva película de Baltasar Kormákur (Las marismas) recupera en cierto modo ese espíritu con una historia real que, incluso con algunas debilidades, es capaz de clavar en el asiento hasta al más pintado.

Y lo hace con una herramienta de lo más sencilla: la humildad del relato. Viendo el reparto y la espectacularidad de su fotografía podría llegar a pensarse que estamos ante una superproducción del hombre contra la montaña en la que, con el héroe de turno, los buenos alcanzan su objetivo y los malos son castigados por justicia divina. Y sí, hay imágenes sobrecogedoras. Y desde luego, del reparto poco se puede decir salvo para halagar su labor. Pero todo ello funciona gracias a una visión sincera, próxima a los personajes y alejada de heroicidades de andar por casa o de dualidades entre bondad y maldad. En realidad, el relato se vértebra a través de la humanidad de unos hombres con un deseo, y de cómo dicha humanidad debe dejarse a un lado en un entorno tan hostil si se quiere sobrevivir.

Me imagino que no seré el único que, tras sufrir con los minutos finales del film, reflexione acerca de por qué ocurre lo que ocurre. Pero como todo en la vida, son varias las causas, y muchas, muchísimas, las variables que juegan un papel determinante. Ese es uno de los atractivos de este drama que en ningún momento trata de juzgar a sus personajes, sino que los refleja tal y como son en una circunstancia extraordinaria. Esa claridad de ideas, esa sensación de luchar contra algo que está más allá del alcance del hombre, es lo que dota de fuerza al film, y que permite a la historia sobreponerse a sus huecos narrativos, la mayoría relacionados con el trasfondo de los personajes.

Hay muchos detalles que captan la atención del espectador en Everest. Pero al final es la historia, la sencillez de unos hombres que se ayudan entre ellos sin convertirse en héroes, y sobre todo la falta de dramatismo lacrimógeno o de heroísmo innecesario, lo que convierte a la película en un relato tenso, capaz de angustiar ante un destino inexorable y que sabe manejar los tiempos con soltura, centrando el grueso de su tiempo en lo realmente importante. Puede que esto vaya en detrimento de un mayor estudio de los personajes, pero lo cierto es que tampoco es demasiado necesario. Al final, son hombres luchando contra una montaña. Y esa competición no entiende de pasados, solo del precio a pagar en el presente.

Nota: 7,5/10

‘The brink’ encuentra la crítica ácida en el humor de su 1ª T


Jack Black es uno de los protagonistas de 'The brink'.A muchos críticos del modo de vida americano les costará imaginar que sus ciudadanos sean capaces de reírse de si mismos. La realidad es que no hay que hacer un gran esfuerzo, sobre todo si se compara con otros rincones del mundo y si se ha podido ver una pequeña joya del humor como es The brink. Y digo “joya” porque posiblemente no tenga mucha repercusión en la gran oferta audiovisual de la televisión que disfrutamos hoy en día. Incluso su forma de estructurar las tres tramas que sustentan la historia puede estar algo descompensada. Pero esta obra de Kim y Roberto Benabib (este último guionista de Weeds), cuya primera temporada consta de 10 episodios, es un festival de risas, de situaciones hilarantes y, sobre todo, de ideas y comentarios muy duros contra el mayor representante del capitalismo. Y eso no se ve todos los días.

De hecho, esta historia acerca de la situación crítica que vive Estados Unidos (‘brink’ vendría a significar ‘a punto de’) ante la inminencia de la guerra en Oriente Medio no deja títere con cabeza. Desde diplomáticos fumetas y algo inconscientes, hasta dictadores clínicamente locos y altos cargos de la Casa Blanca obsesionados con el sexo, pasando por un ejército representado por un camello y su acompañante, todo en la serie supone una provocación. Y aunque es cierto que los personajes son, cuanto menos, unos perdedores que buscan una forma de convertirse en héroes por un interés personal (salvo, tal vez, el rol del espléndido Tim Robbins –Un día perfecto-), en realidad son los diálogos, inteligentes y ácidos, los que llevan la voz cantante.

Puede parecer lo contrario, pero más que la acción (por cierto, algunas de las secuencias son magníficas), más que los conflictos diplomáticos o la parodia de las relaciones internacionales que refleja esta primera temporada de The brink, lo interesante siempre se encuentra en lo que los personajes dicen, en cómo lo dicen e, incluso, en lo que callan. Ejemplos hay muchos, demasiados para enumerarlos aquí. Desde la conversación en la que el personaje de Robbins logra detener un conflicto armado, hasta esa parodia de tribunal militar en el que Estados Unidos no reconoce haber iniciado una guerra entre dos países por el error de dos pilotos drogados, estos primeros 10 episodios se convierten en un desarrollo hilarante de un tema, por cierto, que en principio es poco dado a la risa.

Es importante tener en cuenta que uno de los principales atractivos, y también una de sus debilidades, es la estructura narrativa escogida. Con tres historias independientes pero al mismo tiempo complementarias, la trama se desarrolla en tres grandes escenarios que permiten a sus creadores explorar no solo las oportunidades cómicas de sus protagonistas, sino también algunos clichés de las culturas que protagonizan este divertido crisol. Desde luego, las ventajas saltan a la vista, pero las desventajas también están ahí. Más allá de que, al final, unas tramas terminan imponiéndose a otras (con todo lo que eso conlleva de pérdida de relevancia de algunos personajes), la distribución de los tiempos impide a la serie dibujar unos secundarios sólidos, más allá de convertirlos en parodias que complementan el surrealista mundo que refleja la serie. La verdad es que tampoco se necesita mucho más, pero eso no quita para que se tenga la sensación de perder algo de fuerza en algunos momentos de la temporada.

La confianza de los actores

Tim Robbins se convierte en el héroe de 'The Brink'.Claro que el humor, la ironía y la crítica política, social y militar de The brink no serían lo mismo sin el reparto, simplemente genial en todos sus aspectos. Tal vez sea por el carácter de héroe que tiene, por los problemas internos y externos a los que tiene que hacer frente, o porque es Tim Robbins, pero desde luego el rol de Walter Larson el faro de toda esta primera temporada. Más allá de sus dotes de líder, de su desprecio por sus compañeros de profesión o de su forma de entender el matrimonio, lo realmente interesante es el modo en que evoluciona, siempre a medio camino entre el deber de su cargo y sus debilidades como hombre. Esa dualidad, que provoca algunos de los momentos más surrealistas, también se convierte en uno de los aspectos más interesantes de la trama.

Pero junto a Robbins habría que destacar a Jack Black (El gran año), quien se aleja de histrionismos y payasadas para encontrar su vena cómica más “seria”; Pablo Schreiber (serie Orange is the new black), cuyo dúo con Eric Ladin (serie Boardwalk Empire) hace las veces de martillo para romper las reticencias iniciales con el género de la serie (el momento en la cabina del caza con ambos colocados y mareados es inigualable); Carla Gugino (serie Wayward Pines), que termina siendo una pieza importante en este curioso mosaico. Y así sucesivamente. En realidad, desde los mayores protagonistas hasta los secundarios menos importantes, todos los roles encuentran un sentido a su presencia en la trama, aunque sea puramente testimonial o como herramientas de usar y tirar para el desarrollo de la historia.

Lo mejor que se puede hacer con esta serie es entregarse a su surrealismo, a sus situaciones casi imposibles y al modo en que sus creadores llevan a los personajes, a través de la trama, a una situación límite, al borde de una guerra mundial provocada, al menos en parte, por los propios Estados Unidos. Quien quiera encontrar risas posiblemente se sature, pero esta primera temporada también deja una serie de reflexiones interesantes para todo aquel que las acepte y que las quiera ver. Tal vez no sea una producción sesuda ni dramática; sus personajes, desde luego, no tiene el carisma ni la elaboración de otras ficciones políticas. Pero precisamente porque aplica con inteligencia el humor al contexto pre bélico que desarrolla la denuncia social y política sale a la luz, lo que termina por convertir al producto en algo más que una mera parodia.

Así, The brink sabe evolucionar en su primera temporada desde un comienzo puramente cómico, sin demasiado atractivo más allá de las risas aseguradas, para revelarse como una comedia política que reparte críticas para todos los gustos y países, Estados Unidos a la cabeza. Ese componente de mirarse en el espejo e identificar sus propias debilidades tal vez sea lo más destacable, pero desde luego no es lo único.Y tal y como terminan estos 10 episodios, la segunda temporada se presenta más interesante todavía, trasladando el foco del conflicto a otra zona del mundo donde apenas entran los países desarrollados. Parece que las risas estarán aseguradas.

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