Las mujeres protagonizan la 75 edición de los Globos de Oro


A diferencia de la pasada edición, los Globos de Oro de este 2018 han dejado unos premios muy repartidos entre los principales títulos de las diferentes categorías de cine y televisión. Con todo, en esta 75 edición ha habido vencedores y vencidos, sorpresas y grandes olvidados, sobre todo en lo que a cine se refiere. Por empezar por estos últimos, sin duda Los archivos del Pentágono ha sido la gran derrotada. El film de Steven Spielberg (Lincoln) optaba prácticamente a todas las categorías cinematográficas a las que podía optar, incluyendo banda sonora, pero tras la gala de este pasado domingo 7 de enero el palmarés de premios ha quedado en blanco. Su gran ausencia ha sido similar a la de La forma del agua, si bien es cierto que esta ha logrado dos premios, uno para Guillermo del Toro (Pacific Rim) como director y otro para Alexandre Desplat (Valerian y la ciudad de los mil planetas) como compositor de la banda sonora.

Y después de los olvidados, los vencedores. En estos Globos de Oro marcados por la reivindicación y la denuncia de la violencia y los abusos contra las mujeres, han sido precisamente producciones protagonizadas por actrices las que han acaparado la práctica totalidad de los premios, principalmente en televisión. Es el caso de Tres anuncios en las afueras, principal vencedor de esta edición cuya protagonista, Frances McDormand (Tierra prometida) ha logrado el premio como Mejor Actriz Dramática. Esta película, sin embargo, ha permitido reivindicar y reconocer el trabajo de Martin McDonagh, director y guionista del film, quien con apenas tres películas a sus espaldas ha logrado dejar su impronta personal en un sistema de producción cinematográfica que tiende cada vez más a parecerse a una cadena de montaje. Personalmente creo que Escondidos en Brujas (2008) y Siete psicópatas (2012) son dos joyas a reivindicar siempre que surja la ocasión, y el hecho de que la tercera película escrita y dirigida por McDonagh haya sido reconocida con los premios a Mejor Película Dramática y Mejor Guión confirma que estamos ante un autor de peso.

En cuanto al resto de premiados en cine, muy repartidos entre algunos esperados y algunas sorpresas. Entre los primeros podríamos incluir el premio a Coco como Mejor cinta de animación o el de Gary Oldman por su recreación de Winston Churchill en El instante más oscuro (este tipo de papeles siempre son del agrado de la Academia, por lo que no es extraño que termine siendo el ganador del Oscar). Y entre las sorpresas podría estar la de James Franco como Mejor Actor de Comedia en The disaster artist; sorpresa relativa, pues la realidad es que buena parte del éxito de esa película radica en la fidelidad de las interpretaciones y de los planos de la película The room (2003), y en este aspecto la labor de Franco es inigualable.

La criada y las mentiras

En lo que a los premios de televisión se refiere, menos sorpresas y menos Globos de Oro repartidos entre los candidatos. Y de nuevo, las mujeres como protagonistas. A pesar de la calidad de los títulos candidatos a Mejor Serie Dramática, parecía evidente que The Handmaid’s Tale iba a lograr el galardón, y las previsiones se cumplieron. No debería ser una sorpresa. Para empezar, es la única serie nueva de las cinco candidatas, lo que ya de por sí aporta un elemento diferenciador a lo que se puede ver en el resto de producciones. Pero es que además, como producto audiovisual, ofrece muchos más niveles interpretativos y conceptuales que sus rivales, amén de una factura técnica, interpretativa y narrativa espléndidas. Sus actores, su fotografía, la temática que aborda y el modo en que se desarrolla la trama son, en líneas generales, muy superiores a los de sus competidoras. De ahí también el premio recogido por su protagonista, Elisabeth Moss (serie Mad Men).

Aunque en este apartado televisivo sin duda la gran triunfadora ha sido Big Little Lies, que ha acaparado la práctica totalidad de los premios relativos a la Mejor Miniserie. Premios no solo a la producción como tal, sino a casi todos sus actores. Y digo casi porque sus actrices competían de dos en dos en las categorías Principal y Secundaria, por lo que una de ellas tenía que irse a casa sin el premio. Finalmente, Nicole Kidman (La seducción) y Laura Dean (Star Wars: Episodio VIII – Los últimos jedi) fueron las agraciadas. Y el hecho de que esta ficción se haya llevado tantos premios invita a analizar la única categoría en la que no competía, la de Mejor Actor de Miniserie o TV Movie, que ha ido a parar a Ewan McGregor (American Pastoral) por su papel en la tercera temporada de Fargo. Baste señalar que él, junto a David Thewlis (Teorema Zero), es uno de los grandes atractivos de una temporada más floja que sus predecesoras.

En líneas generales, por tanto, los Globos de Oro entregados en este 2018 han dejado, al menos en televisión, menos variedad de la que podría esperarse, muy al contrario de lo que ha ocurrido en las categorías cinematográficas, que por cierto ya dejan entrever cuál puede ser la quiniela de los Oscar, sobre todo si se tiene en cuenta lo ocurrido el año pasado. En cualquier caso, lo cierto es que la calidad de los títulos que competían en esta edición era alta, muy alta, por lo que el destino de las estatuillas podría haber sido cualquiera. A continuación encontraréis la relación de los ganadores de la 75 edición de los Globos de Oro.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: Tres anuncios en las afueras.

Mejor Película Comedia/Musical: Lady Bird.

 Mejor Director: Guillermo del Toro, por La forma del agua.

Mejor Actor Dramático: Gary Oldman, por El instante más oscuro.

Mejor Actor Comedia/Musical: James Franco, por The disaster artist.

Mejor Actriz Dramática: Frances McDormand, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Saoirse Ronan, por Lady Bird.

 Mejor Actor Secundario: Sam Rockwell, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Actriz Secundaria: Allison Janney, por Yo, Tonya.

Mejor Guión: Martin McDonagh, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Banda Sonora: Alexandre Desplat, por La forma del agua.

Mejor Canción: Justin Paul & Benj Pasek, por ‘This is me’, de El gran showman.

Mejor Película en Lengua Extranjera: En la sombra (Francia y Alemania).

Mejor Película de Animación: Coco.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: The Handmaid’s Tale.

Mejor Actor Drama: Sterling K. Brown, por This is us.

Mejor Actriz Drama: Elisabeth Moss, por The Handmaid’s Tale.

Mejor Serie Comedia: The Marvelous Mrs. Maisel.

Mejor Actor Comedia/Musical: Aziz Ansari, por Master of none.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Rachel Brosnahan, por The Marvelous Mrs. Maisel.

Mejor Miniserie/Telefilme: Big Little Lies.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Ewan McGregor, por Fargo.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Nicole Kidman, por Big Little Lies.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Alexander Skarsgård, por Big Little Lies.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Laura Dern, por Big Little Lies.

1ª T. de ‘El cuento de la criada’, una colorida distopía gris


Ha sido sin lugar a dudas una de las series de este año 2017. Y méritos no le faltan. The Handmaid’s Tale, o El cuento de la criada en español, la adaptación a la pequeña pantalla de la novela de Margaret Atwood, es un interesante trabajo visual, interpretativo y conceptual, de obligado visionado tanto para estudiantes del lenguaje audiovisual como para aquellos que quieran entender, aunque sea mínimamente, cuáles pueden ser los sentimientos de la mujer en una sociedad dominada por los hombres. Y aunque es evidente que esta distopía no deja de reflejar una situación llevada al extremo, este tipo de historias siempre suelen reflejar aspectos de la sociedad actual, lo que añade un elementos realmente inquietante a la trama de esta primera temporada de 10 episodios creada por Bruce Miller (serie Los 100).

Una trama que comienza cuando una mujer es capturada para convertirse en criada de un matrimonio. Lo que comienza siendo un acto atroz pronto se desvela simplemente como el comienzo de algo más brutal. Y es que en un futuro la Humanidad se ha vuelto estéril, y solo un grupo de mujeres son fértiles. En este contexto, la sociedad norteamericana ha sido tomada, en su mayoría, por una autocracia religiosa que somete a las mujeres a diferentes tareas; la de las criadas contempla, entre otras cosas, la de tener hijos para los líderes de la comunidad, que una vez al mes las violan bajo la excusa de realizar un rito contenido en las escrituras. La serie se centra en la historia de una de estas criadas.

Si el argumento de The Handmaid’s Tale ya es de por sí sumamente interesante, lo más llamativo, y al mismo tiempo más sutil, es el tratamiento visual de esta sociedad. Basado en un código de colores, el lenguaje visual utilizado explota al máximo las posibilidades expresivas de dicho código. Planos cenitales que muestran cómo el rojo de las criadas se mueve en bloque; movimientos de cámara que combinan rojo, verde, gris y negro de un modo casi armónico; y así sucesivamente. Sin embargo, lo más llamativo es que toda esta gama cromática se muestra ante el espectador de un modo apagado, sin el brillo que cabría esperar y siempre con una tonalidad gris en el ambiente, cuando no directamente oscura. Este contraste de colores vivos con la frialdad y la tristeza que transmiten los tonos grises viene a reflejar, en última instancia, el contraste interno de una sociedad presuntamente ordenada en la que las mujeres son sometidas, en la que la apariencia de felicidad y tranquilidad esconde una verdad mucho más atroz. En definitiva, el contraste que esconde una distopía.

La combinación de la apuesta visual con el contenido dramático de esta primera temporada conforma un todo extraordinario. Y es que más allá de la fuerza narrativa, el trasfondo de la serie es sin duda uno de los elementos más perturbadores de la pequeña pantalla. No me refiero tanto al diseño de la sociedad en sí; ni siquiera a la influencia religiosa o a determinados momentos de la trama, como aquellos en los que se planean los atentados terroristas que dieron lugar a esa nueva sociedad. No, lo perturbador es cómo todo ello no deja de ser una excusa para someter a las mujeres, para violarlas y utilizarlas como complace a los hombres, algunas para tener hijos, otras para ser sus cocineras, sus siervas o sus esclavas. Escenarios como el burdel al que solo tienen acceso los hombres y, sobre todo, el modo en que se va descomponiendo la careta de perfección de muchos personajes son sin duda los mayores hallazgos del relato.

Actrices y actores ante todo

Claro que todo ello no sería lo mismo sin un reparto en estado de gracia. Sobre todo de unos secundarios que sostienen, en buena medida, todo el contexto político, social y religioso que convierte a The Handmaid’s Tale en lo que es. Curiosamente, tanto Elisabeth Moss (serie Mad Men) como Joseph Fiennes (Hércules) resultan los menos atractivos del conjunto, al menos analizados de forma separada. Ella se convierte en el vehículo narrativo para exponer el mundo en el que vive, mientras que él representa, con todos sus matices, los contrastes de esa sociedad distópica, que se muestra de un modo pero que, de puertas adentro, es de otro totalmente diferente. Sin embargo, los momentos que ambos comparten juntos se convierten en los más reveladores del relato, evidenciando que ambos roles se necesitan el uno al otro no solo para crecer dramáticamente, sino para establecer la dinámica que necesita la serie.

Asimismo, es importante señalar el uso de la narrativa paralela que se establece con la voz en off del personaje de Moss. A través de esta especie de proyección de sus pensamientos sobre los acontecimientos que vive el espectador se adentra no solo en su personalidad, sino en el corazón de una sociedad corrupta, lo que ayuda a comprender mejor la dinámica de clases y la hipocresía de los líderes.

Mencionaba antes a los secundarios. En verdad, todos ellos son capaces de componer, por un lado, un mosaico clasista bajo un código de colores que enriquece la ya de por sí interesante historia del personaje de Moss. Pero es que, además, cada uno de forma individual define maravillosamente el estamento al que pertenece y los contrastes que en él se producen a medida que avanza la trama. Desde Yvonne Strahovski (serie Dexter) hasta Max Minghella (Ágora), todos los personajes son un reflejo de los debates morales y éticos que provoca la doble vara de medir de una sociedad creada solo para el dominio del hombre sobre la mujer. En este sentido, resulta especialmente destacable la labor de Madeline Brewer (serie Orange is the new black), cuyo rol como criada llevado a sus últimas consecuencias se puede considerar el detonante de un futuro apasionante para esta serie. La evolución de este rol es cuanto menos aplaudible, y desde luego es un modelo en el que fijarse para crear y hacer evolucionar un personaje.

No cabe duda de que The Handmaid’s Tale es una de las series del año, y si se mantiene el tono dramático y visual de esta primera temporada, terminará siendo una de las producciones más complejas e interesantes de los últimos años. Todo indica que así va a ser, pues el final de estos primeros 10 capítulos deja abiertas las líneas argumentales necesarias para desarrollar lo que cabe esperar de una historia como esta, es decir, profundizar más en las miserias y corruptelas de un sistema social y político aparentemente perfecto, y desarrollar la rebelión de estas criadas que una vez al mes son violadas para intentar dejarlas embarazadas. Una serie con muchas capas, a cada cual más compleja, que crean una historia capaz de atrapar al espectador en un mundo tan increíble como plausible.

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