Allen pasa un ‘Día de lluvia en Nueva York’ con Smith siendo ‘Géminis’


Con la locura del Joker todavía presente llega un nuevo viernes, y con él varios estrenos que, a diferencia de las últimas semanas, sí tienen muchos de ellos el potencial de convertirse en un gran atractivo para el grueso de los espectadores, o al menos en una pequeña sorpresa de la taquilla. Ciencia ficción, acción, drama, terror y cine para toda la familia son algunos de los géneros que se dan cita este 11 de octubre.

Desde luego, la principal novedad es Géminis, regreso tras las cámaras de Ang Lee tras Billy Lynn (2016). La historia, a medio camino entre la acción, el drama y la ciencia ficción, tiene como protagonista a un asesino de élite veterano que, de la noche a la mañana, es señalado y perseguido por otro agente, mucho más joven y cuya identidad no es capaz de descubrir, pero que es capaz de predecir todos y cada uno de sus movimientos. La persecución dará un giro inesperado cuando descubra que su perseguidor es una versión más joven de él mismo. Will Smith (Aladdín) da vida al protagonista y a su perseguidor (con el correspondiente rejuvenecimiento digital), y está acompañado en el reparto de esta coproducción entre Estados Unidos y China por Clive Owen (Valerian y la ciudad de los mil planetas), Mary Elizabeth Winstead (serie Fargo), Benedict Wong (Vengadores: Endgame), Douglas Hodge (Gorrión rojo), Ralph Brown (Jackie) y Linda Emond (La gran enfermedad del amor).

Puramente estadounidense es Día de lluvia en Nueva York, nueva película escrita y dirigida por Woody Allen (Wonder Wheel) cuya trama, a medio camino entre la comedia y el drama, narra el fin de semana en la Gran Manzana que pasan dos jóvenes amantes. La ciudad será testigo y escenario de los líos en los que se verán envueltos. Con el estilo habitual del director, la película cuenta igualmente con un amplio número de actores de renombre o con trayectoria ascendente, entre los que destacan Timothée Chalamet (Call me by your name), Elle Fanning (Mary Shelley), Selena Gomez (En lucha incierta), Jude Law (Capitana Marvel), Diego Luna (El blues de Beale Street), Liev Schreiber (serie Ray Donovan), Rebecca Hall (Holmes & Watson) y Kelly Rohrbach (Baywatch: Los vigilantes de la playa).

Otro que regresa este fin de semana es Casey Affleck (I’m still here), que escribe, dirige y protagoniza La luz de mi vida, drama de ciencia ficción que aborda la relación entre un padre y su hija en un mundo en el que las mujeres casi han desaparecido después de una pandemia. Bajo esta premisa la historia analiza la difícil tarea de educar y enseñar a los hijos a vivir y volar solos. A Affleck le acompañan en el reparto Anna Pniowsky (He’s out there), Tom Bower (Runoff), Elisabeth Moss (serie El cuento de la criada), Hrothgar Mathews (Teen lust) y Timothy Webber (Rabbit), entre otros.

Terror, comedia y thriller es lo que ofrece Noche de bodas, producción con capital estadounidense y canadiense que dirigen a cuatro manos Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, responsables de El heredero del diablo (2014). La historia sigue la lucha por la supervivencia de una joven prometida que, para formar parte de la familia rica y excéntrica de su nuevo esposo, tiene que participar en una tradición ancestral y mortal. Samara Weaving (Tres anuncios en las afueras), Mark O’Brien (Malos tiempos en El Royale), Andie MacDowell (Paper year), Adam Brody (Isabelle), Henry Czerny (serie Revenge) y Nicky Guadagni (Lars y una chica de verdad) encabezan el reparto.

Antes de pasar a los estrenos puramente europeos, una de animación. Abominable es el título de lo nuevo de Dreamworks y Pearl Studios, una coproducción entre Estados Unidos y China que sigue la vida de una adolescente de Shanghai que un día se encuentra a un joven yeti en la azotea de su edificio. La criatura se ha escapado de un laboratorio y está siendo buscada por toda la ciudad, por lo que la joven y sus amigos deberán ayudarle a huir en una aventura en la que tendrán que enfrentarse a numerosos desafíos. Dirigida por Jill Culton (Colegas en el bosque) y Todd Wilderman (Colegas en el bosque 2), la cinta cuenta con las voces originales de Chloe Bennet (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.), Tenzing Norgay Trainor (serie Liv y Maddie), Albert Tsai (serie Dr. Ken), Eddie Izzard (La reina Victoria y Abdul), Joseph Izzo y Sarah Paulson (Glass).

Dos son las producciones españolas de la semana. Paradise Hills supone el debut en el largometraje de Alice Waddington, que dirige una historia de fantasía, drama y suspense cuyo argumento se desarrolla en una residencia de lujo donde familias acomodadas mandan a sus hijas para que sean educadas para ser mujeres perfectas. Una joven despierta allí una mañana, y aunque a su alrededor todo parece idílico, pronto descubrirá que la residencia, en realidad, oculta un oscuro secreto. Emma Roberts (serie American Horror Story: Apocalypse), Eiza González (Baby driver), Danielle Macdonald (A ciegas), Milla Jovovich (Desvelando la verdad), Awkwafina (Ocean’s 8), Jeremy Irvine (Mamma Mia! Una y otra vez) y Arnaud Valois (120 pulsaciones por minuto) son los principales actores.

Muy diferente es Abuelos, comedia dramática con marcada conciencia social que tiene como protagonistas a tres hombres en la última etapa de su vida laboral. Ninguno de ellos tiene trabajo, se sienten desfasados y el mercado laboral parece haber cerrado las puertas a personas de su edad. Ante esta situación, deciden emprender y montar su propio negocio, y nada mejor que hacerlo en el campo en el que se han convertido en expertos: cuidar de bebés. Santiago Requejo se pone al frente de su primer largometraje dirigiendo en el reparto a Carlos Iglesias (Los muertos no se tocan, nene), Roberto Álvarez (Neckan), Ramón Barea (Todos lo saben), Ana Fernández (La luz con el tiempo dentro), Mercedes Sampietro (Las furias) y Eva Santolaria (Héroes).

España también está presente en el último estreno de la semana, en colaboración con Francia y Luxemburgo. Lo que arde tiene como protagonista a un hombre que regresa a su aldea perdida en las montañas después de un tiempo en la cárcel por provocar un incendio. Allí vuelve a vivir con su madre, su perra y sus tres vacas. La tranquila vida que lleva en la naturaleza se verá alterada cuando un violento fuego arrasa la zona. Dirigido por Oliver Laxe (Mimosas), este drama está protagonizado por un reparto desconocido encabezado por Amador Arias, Benedicta Sánchez, Iván Yañez, Inazio Abrao y Elena Mar Fernández.

‘Valerian y la ciudad de los mil planetas’: aventuras galácticas


Si hay un director que merece ser considerado como uno de los pilares de la ciencia ficción moderna es Luc Besson. Su estilo podrá gustar más o menos, sus historias podrán ser más o menos interesantes, pero muchos de sus films ya se han hecho un hueco en la cultura popular, y han traspasado la barrera del entretenimiento para convertirse en iconos. Uno de los más claros ejemplos es El quinto elemento (1997), y con el tiempo puede que Valerian y la ciudad de los mil planetas siga esta estela, pues no solo cuenta con los elementos necesarios para ello, sino que es una de las cintas más completas del director en lo que a ciencia ficción se refiere.

Besson aprovecha al máximo las posibilidades narrativas y visuales de los cómics creados por Pierre Christin y Jean-Claude Mézières no solo para narrar una épica cinta de aventuras en la que el ritmo rara vez se detiene, sino para introducir al espectador en todo un universo en constante creación. Para ello, el director francés monta, a través de planos idénticos pero con diferentes protagonistas, una secuencia inicial sencillamente brillante, capaz de explicar en pocos minutos y sin necesidad de diálogos el origen y la relevancia de esa ‘ciudad de los mil planetas’ a la que hace referencia el título. A partir de esta puerta de entrada, todo un mundo de color, diversidad de especies y secuencias de acción, algunas de ellas rodadas con la característica habilidad del creador de El profesional (León) (1994) que, como todo buen relato de ciencia ficción, alberga un interesante reflejo de la sociedad actual y un mensaje a tener en cuenta sobre el comportamiento humano.

Posiblemente el mayor problema de este entretenidísimo film sea precisamente su duración, excesivamente larga y con momentos que podrían haberse resuelto de forma mucho más breve, por no decir que se podrían haber eliminado directamente. Esto afecta, además, a la dinámica de los protagonistas. Si bien es cierto que la labor de Dane DeHaan (Condenados) y Cara Delevingne (Ciudades de papel) es impecable, demostrando una química insuperable entre ambos, la duración lleva a los personajes a caer en una constante repetición de todo aquello que define su dinámica romántica, perdiendo algo de fuerza ese juego que se establece entre ambos. Asimismo, dicha duración obliga a alargar el misterio de la trama principal de forma algo innecesaria, sobre todo teniendo en cuenta que a partir de un determinado punto es fácil intuir quién es el villano en la trama, por lo que alargar posteriormente el misterio resulta inútil.

Y a pesar de estos problemas, Valerian y la ciudad de los mil planetas es, sin duda, una de las propuestas más frescas, interesantes y entretenidas de la ciencia ficción actual. Con un guión bien estructurado que es capaz de introducir de forma progresiva la trama principal y que combina con inteligencia comedia, acción e intriga, Besson compone una épica fantasía gracias a una narrativa que potencia los aspectos más positivos de la cinta y trata de contrarrestar las evidentes deficiencias de la misma, sobre todo las referidas a su duración. Una narrativa que deja momentos inolvidables como la secuencia en un mercado de otra dimensión, la persecución a través de los diferentes mundos de la ciudad o un curioso baile de la cantante Rihanna. Hay películas que simplemente distraen y otras que son capaces de alimentar la imaginación, y esta pertenece a la segunda categoría.

Nota: 7/10

Valerian y ‘La seducción’ de ‘La Torre Oscura’


Fin de semana de pocos aunque muy notables estrenos. Aventuras juveniles, cintas de acción y dramas con dosis de suspense son los principales géneros que se dan cita este viernes, 18 de agosto, en la cartelera española. Y todos ellos, en mayor o menor medida, con nombres de actores y directores capaces de añadir un plus de interés a las ya de por sí atractivas historias nuevas que pueden verse en las pantallas de todo el país.

Para empezar, una adaptación. La Torre Oscura lleva al cine la saga literaria escrita por Stephen King en la que el bien y el mal se enfrentan en un mundo post-apocalíptico personificados en un pistolero que trata de detener al Hombre de Negro, cuyo único objetivo es destruir una torre y poder así sembrar el caos. Su confrontación llegará a la Tierra, poniendo en peligro las vidas de inocentes. Nikolaj Arcel (Un asunto real) dirige esta propuesta de acción, fantasía y drama protagonizada por Idris Elba (serie Luther), Matthew McConaughey (Gold), Abbey Lee (Dioses de Egipto), Jackie Earle Haley (serie Predicador), Nicholas Hamilton (Captain Fantastic), Fran Kranz (Rebirth), Michael Barbieri (Spider-Man: Homecoming) y Claudia Kim (serie Marco Polo).

Este es también el fin de semana de Luz Besson (Lucy), quien escribe y dirige Valerian y la ciudad de los mil planetas, adaptación del cómic creado por Pierre Christin y Jean-Claude Mézières. La trama arranca cuando dos agentes especiales del gobierno son enviados a una ciudad intergaláctica en constante crecimiento en una misión para localizar y detener una misteriosa fuerza que amenaza el equilibrio de una ciudad en la que conviven miles de especies de todos los rincones del universo. Dane DeHaan (La cura del bienestar), Cara Delevingne (Escuadrón Suicida), Clive Owen (serie The Knick), Rihanna (Battleship), Ethan Hawke (Los siete magníficos), Herbie Hancock (Alrededor de la medianoche), Rutger Hauer (El secuestro de Alfred Heineken) y Sam Spruell (Legend) encabezan el reparto de este film francés de ciencia ficción que promete espectacularidad y aventura a raudales.

El drama con toques de thriller tiene a su máximo exponente en La seducción, nuevo film escrito y dirigido por Sofia Coppola (The bling ring) que adapta un guión que, a su vez, adapta la novela de Thomas Cullinan en la que un soldado yanki durante la Guerra Civil norteamericana es rescatado por una joven sureña tras resultar malherido. Cuando despierta se encuentra en una casa que sirve de escuela de señoritas del Sur, donde el recelo inicial de las jóvenes se convierte poco a poco en afecto hacia el hombre, lo que despertará los celos entre las chicas. El reparto está encabezado por Colin Farrell (Premonición), Nicole Kidman (Lion), Kirsten Dunst (Figuras ocultas), Elle Fanning (Vivir de noche), Angourie Rice (Dos buenos tipos) y Oona Laurence (Malas madres).

Volviendo a Europa, y volviendo a Francia, nos encontramos con Cézanne y yo, drama biográfico escrito y dirigido por Danièle Thompson (Cena de amigos) en el que se explora la amistad de juventud entre el pintor post impresionista y el escritor Émile Zola, así como su forma de integrarse en la sociedad, sus miedos y su pasión por el arte y las mujeres. Guillaume Gallienne (Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!) y Guillaume Canet (El asedio de Jadotville) dan vida a la pareja protagonista en un reparto en el que también destacan Déborah François (Maestro), Alice Pol (Supercondríaco) y Sabine Azéma (Una cosa por otra).

2ª T de ‘The Knick’, más complejidad a través de sus secundarios


Clive Owen sigue experimentando en la segunda temporada de 'The Knick'En su momento la primera temporada de The Knick dejó un buen sabor de boca, pero he de confesar que con el paso de los meses, y a la espera de una segunda parte anunciada, el recuerdo ha ido ganando en calidad, lo que a su vez ha despertado más expectación de la inicialmente prevista. Pues bien, una vez superada la segunda tanda de 10 episodios las impresiones no pueden ser mejores. Es cierto que la producción creada por Jack Amiel y Michael Begler (El príncipe y yo) ofrece más de lo mismo, y dado el estilo narrativo que imprime Steven Soderbergh (Traffic) y la fuerza de los personajes, esto podría bastar. Pero la trama va mucho más allá en un intento de enriquecer ese Nueva York de principios del siglo XX.

Y desde luego que lo consigue. Si bien es cierto que el arco dramático principal sigue teniendo como epicentro al doctor John Thackery (de nuevo un impresionante Clive Owen –Lazos de sangre-), la serie es capaz de aprovechar su tiempo al máximo para abrir el abanico de posibilidades narrativas y explorar una serie de tramas secundarias que, además de enriquecer la principal, como de hecho se presupone, tienen vida propia. La consecuencia más inmediata es una mayor complejidad dramática que tensa las relaciones entre personajes y nutre el paisaje de esa ciudad en ebullición y del hospital que trata de sobrevivir al tiempo que debe luchar por ser pionero en los avances médicos de la época.

Sin embargo, existe un efecto secundario que, ya sea previsto o imprevisto, es lo que marca la verdadera diferencia en la segunda temporada de The Knick. Esas tramas secundarias terminan por adquirir más peso que la propia historia principal, al menos en su conjunto. Mientras que la cámara de Soderbergh tuvo en la primera parte una dedicación exclusiva al personaje de Owen, en esta segunda tanda de episodios parece sentir una mayor predilección por ese fresco de personajes que rodea al revolucionario cirujano. Y esa predilección termina por convertir en importantes historias que, en otras situaciones, podrían resultar hasta circunstanciales.

Todo ello podría ser visto como una debilidad, es cierto. Perder el foco de un personaje tan sólido y bien definido como el de Owen siempre es un riesgo, pero en el caso de la serie se revela como una ventaja. Gracias a esa apertura de miras el espectador tiene acceso a una serie de matices que enriquecen tanto la historia como el mundo en el que se desarrolla. El racismo, que ya estuvo presente, adquiere aquí dimensiones mucho mayores. El cáncer, la sexualidad e incluso la psicología son otros componentes que definen una época de descubrimiento y de experimentación. Y la mayor evidencia de que las líneas secundarias tienen más importancia que la principal es, precisamente, el final de cada uno de los secundarios en el último episodio.

Todo tiene un motivo

Antes planteaba la posibilidad de que este cambio de sentido dramático y narrativo fuera imprevisto, casi por casualidad. Un análisis más profundo, sobre todo a raíz del final tan impactante que tiene la segunda temporada de The Knick, elimina esa posibilidad. Parece evidente que sus creadores han optado por no centrar la historia en un único personaje, convirtiéndola en un producto coral en el que cada uno de los roles pueda, a su modo, ser el estandarte de un aspecto de la sociedad neoyorquina de comienzos del siglo pasado. Desde la rica señora hasta el médico que da sus primeros pasos hacia el fascismo, pasando por truhanes y corruptos, el mundo que rodea al hospital se ha vuelto más grande y, a todas luces, más interesante.

El problema de estos 10 capítulos radica, precisamente, en el protagonista. No porque no sea interesante, al contrario. Y mucho menos porque Clive Owen no haga un trabajo excepcional. Más bien, por el futuro que deja en una tercera temporada que Soderbergh ya ha avanzado que podría existir. Sin revelar demasiado del final de temporada (de los mejores que he visto, por cierto), sí hay que decir que la presencia de este cirujano drogadicto acapara, en el fondo, toda la atención de la serie. Por mucho que las tramas secundarias adquieran protagonismo, su papel sigue siendo fundamental para entender qué es la serie. Las expectativas creadas a su alrededor son tan grandes que genera serias dudas acerca de las posibilidades dramáticas más inmediatas.

Y para aquellos de gran sensibilidad, un consejo: la segunda temporada es mucho más impactante que la primera. Gracias a la trama principal protagonizada por Owen, centrada en su lucha contra la adicción y su obsesión por encontrar una cura física, la producción explora todo tipo de operaciones, incluyendo una operación a cráneo abierto cuyas consecuencias son las que todo el mundo puede imaginarse. Aunque sin duda la palma se la lleva ese final que no desvelaré y que requiere por parte del espectador una voluntad casi mayor que la del personaje que lo protagoniza. Todo un ejemplo de valentía (tanto del que lo ve como del que lo lleva a cabo) cuyas consecuencias son muy interesantes por el efecto que generan en el resto de médicos.

Así, la segunda temporada de The Knick es lo que muchas veces parece poco posible: que la continuación sea mejor que el original. El lenguaje visual de Soderbergh es capaz de aprovechar todas las novedades que incorpora la trama para potenciar sus efectos e introducir al espectador en nuevos e interesantes arcos dramáticos. Es cierto que todo tiene un fin, y puede que no sea del agrado de todo el mundo, pero desde luego el resultado es una serie más compleja, con muchos más matices y con un final que, aunque podría ser perfectamente el final de una serie, deja con ganas de saber más acerca del futuro de unos personajes tan atractivos. Ahora solo queda esperar a la siguiente operación programada.

El nuevo ‘Poltergeist’ llega para dar ‘Caza al asesino’


estrenos 22mayo2015Siguiendo con la fórmula que parece haberse impuesto durante este mes de mayo en la cartelera, los estrenos de hoy viernes, 22 de mayo, ofrecen al espectador una notable variedad de géneros, pero ninguno de ellos está llamado a convertirse en un blockbuster, al menos a primera vista. Eso no quita, ni mucho menos, que existan suficientes atractivos para decantarse por alguna de las numerosas opciones, sobre todo entre las que proceden de Estados Unidos, que esta semana son mayoría. Terror, comedia, thriller, musical, drama, … En la variedad está el gusto.

Pero dado que hay que comenzar por algún sitio, esta semana lo haremos por Poltergeist, remake del clásico de terror de 1982 dirigido por Tobe Hooper (La matanza de Texas). La historia, para aquellos que todavía no la conozcan, narra la vida de una familia que se muda a una nueva casa en la que empiezan a suceder fenómenos extraños. Cuando la actividad paranormal se intensifica descubren que el lugar está habitado por una serie de fantasmas. Los acontecimientos se precipitarán cuando la hija pequeña sea secuestrada, lo que obligará a la familia a recurrir a todo tipo de expertos. Gil Kenan (Monster House) es el encargado de ponerse tras las cámaras, mientras que el reparto de esta nueva versión está encabezado por Sam Rockwell (Siete psicópatas), Rosemarie DeWitt (Matar al mensajero), Jared Harris (Pompeya), Kennedi Clements (serie Rogue) y Kyle Catlett (serie The following).

Muy distinta es Caza al asesino, thriller de acción dirigido por Pierre Morel (Venganza) que adapta una novela de Jean-Patrick Manchette en la que un asesino de élite que es traicionado por su equipo decide vengarse a toda costa, lo que le llevará de una punta a otra del planeta. Si bien la trama puede resultar familiar, lo más atractivo del film reside en su reparto, en el que destacan Sean Penn (Gangster Squad), Javier Bardem (Skyfall), Idris Elba (Thor: El mundo oscuro) y Ray Winstone (Noé).

La comedia tiene uno de sus principales representantes en Dando la nota: Aún más alto, secuela de la cinta musical de 2012 que vuelve a contar con sus principales actrices y que, en esta ocasión, está dirigida por la actriz Elizabeth Banks (Los Juegos del Hambre: Sinsajo 1), quien de este modo debuta tras las cámaras en un largometraje completo. La trama se sitúa a las protagonistas tres años después de los acontecimientos de la primera parte tratando de lograr el título mundial de grupos. Sin embargo, un embarazoso accidente pone en riesgo no solo la competición, sino su permanencia en la Universidad. Para poder superarlo todo deberán afrontar el mayor reto de sus cortas carreras. Anna Kendrick (Into the woods), Rebel Wilson (Dolor y dinero), Brittany Snow (Syrup), Alexis Knapp (Project X), Hailee Steinfeld (Begin Again), Adam DeVine (serie Workaholics) y la propia Banks repiten en sus respectivos papeles, a los que se suman Katey Sagal (serie Hijos de la Anarquía) y Birgitte Hjort Sørensen (serie Borgen).

Y también cómica, aunque muy distinta, es Con la magia en los zapatos, nuevo vehículo para explotar los recursos de Adam Sandler (Niños grandes 2) que dirige para la ocasión Thomas McCarthy (Win win). Enmarcada en la ciencia ficción, la trama se centra en un reparador de zapatos cuya vida transcurre sin sobresaltos, pero al que el negocio familiar le resulta monótono. Su situación cambia cuando descubre un antiguo artefacto que le permite vivir la vida a través de los ojos de sus clientes, lo que le dará una nueva perspectiva de lo que tiene y del mundo que le rodea. El reparto sea completa con Dan Stevens (El quinto poder), Dustin Hofman (#Chef), Steve Buscemi (serie Boardwalk Empire), Ellen Barkin (Another happy day) y el rapero Method Man (El canguro).

Uno de los representantes del drama de esta semana es Lo mejor para ella, producción del 2014 escrita y dirigida por Mike Binder (Más allá del odio) que gira en torno a un hombre cuya mujer acaba de fallecer y que debe hacerse cargo de la educación y el cuidado de su nieta. Su situación se agrava cuando la abuela materna decide pedir la custodia de la pequeña, lo que generará un conflicto legal que sacará a la luz viejos problemas familiares. Kevin Costner (3 días para matar), Octavia Spencer (Snowpiercer), Jillian Estell (So this is Christmas), Bill Burr (Castores zombies), Anthony Mackie (Runner Runner) y André Holland (serie The Knick) son los principales protagonistas.

Estados Unidos y Francia están detrás de Lazos de sangre, drama del 2013 con dosis de thriller ambientado en el mundo del crimen y basado en la novela de Bruno y Michel Papet. Dirigida por Guillaume Canet (Pequeñas mentiras sin importancia), la trama se centra en la relación de dos hermanos cuyas vidas han discurrido por caminos muy distintos. Uno acaba de salir de la cárcel tras varios años encerrado por un asesinato; el otro es policía. A pesar de los intentos de este último por reconducir la vida de su hermano, aquel pronto vuelve a verse envuelto en el mundo del crimen, lo que arrastrará a ambos hermanos a una espiral de la que no podrán escapar. Uno de los mayores atractivos del film es su reparto, en el que encontramos nombres como los de Clive Owen (Intruders), Billy Crudup (Come Reza Ama), James Caan (Misery), Mila Kunis (Ted), Zoe Saldana (El ladrón de palabras), Marion Cotillard (El sueño de Ellis), Lili Taylor (Expediente Warren: The Conjuring), Noah Emmerich (serie The americans) y Matthias Schoenaerts (De óxido y hueso).

Y sin duda la producción más internacional es Corn Island, que cuenta con capital francés, alemán, checo, húngaro, georgiano y kazako. La historia comienza cuando un anciano granjero se asienta en una de las islas que cada año crea el río Enguri en la frontera entre Georgia y la República de Abjasia, dos países cuyas tensiones no han disminuido desde la guerra de principios de los años 90. Acompañado de su nieta adolescente, el hombre empezará a cultivar maíz al tiempo que ve cómo la pequeña florece. George Ovashvili (Gagma napiri) dirige la propuesta, mientras que Tamer Levent (Sueño de invierno), Irakli Samushia, Mariam Buturishvili e Ilyas Salman (Lal Gece) dan vida a los roles principales.

Desde Australia nos llega 52 martes, drama familiar del 2013 que supone el debut en el largometraje de ficción de Sophie Hyde, directora del documental Life in movement (2013). Su argumento gira en torno al cambio de sexo que afronta una mujer, madre de una adolescente de 16 años. Mientras dura el proceso, la mujer le pide a la joven que solo se vean los martes. La cinta, rodada a lo largo de un año, se convierte así en un relato sobre la identidad, el deseo o la sexualidad. El reparto está encabezado por Tilda Cobham-Hervey (One eyed girl), Del Herbert-Jane, Mario Späte, Beau Travis Williams e Imogen Archer.

Terminamos el repaso con la cinta de animación europea ¡Ups! ¿Dónde está Noé?, coproducida entre Alemania, Bélgica, Luxemburgo e Irlanda. Como su propio título indica, la historia se ambienta en el arca de Noé en pleno Diluvio Universal. En concreto, la trama se centra en dos niños que acaban cayéndose de la nave y que se verán obligados a sobrevivir y a buscar el camino hacia el monte mientras sus padres tratan de desviar el curso del arca para rescatarles. Toby Genkel (Das doppelte Lottchen) y Sean McCormack dirigen la propuesta.

La batalla entre Los Vengadores y Ultrón pretende arrasar la taquilla


Estrenos 30abril2015Pues ya ha llegado. Hoy jueves, 30 de abril, aterriza en las salas españolas la secuela de una de las cintas más taquilleras de los últimos años. Y lo hace, además, aprovechando la festividad por el Día del Trabajo, lo que añade, si cabe, más alicientes al film. Su llegada representa, además, el inicio de la temporada veraniega en lo que a cine se refiere, por lo que la cartelera empezará a llegarse de blockbusters que tratarán de llenar las salas. Es sin duda el gran estreno de la semana, pero llega acompañado de muchos otros, entre ellos varios españoles.

Por tanto, Los Vengadores: La era de Ultrón, segunda parte del taquillazo de 2012 en la que los principales superhéroes de Marvel se dan cita para salvar al mundo, aunque no sin antes destruir buena parte de él. Acción, humor, entretenimiento, mucha espectacularidad y unos efectos visuales brillantes es lo que promete esta historia que comienza cuando Tony Stark/Iron Man decide poner en marcha un viejo proyecto para preservar la paz mundial que había quedado relegado al olvido. Sin embargo, algo sale mal y lo que crea en realidad es una amenaza tecnológica que pretende acabar con la raza humana y a la que los héroes más poderosos de la Tierra deberán hacer frente mientras lidian con sus propios conflictos. La película, escrita y dirigida de nuevo por Joss Whedon (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.) cuenta con el reparto original y con los actores aparecidos en otros films, entre los que destacan Robert Downey Jr. (El juez), Chris Evans (Capitán América: El soldado de invierno), Chris Hemsworth (Blackhat: Amenaza en la red), Mark Ruffalo (Foxcatcher), Scarlett Johansson (Lucy), Jeremy Renner (Matar al mensajero), Samuel L. Jackson (Kingsman: Servicio secreto), Don Cheadle (serie House of lies), Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre), Anthony Mackie (Dolor y dinero), Hayley Atwell (Cenicienta), Idris Elba (serie Luther) y Stellan Skarsgård (El médico), a los que se suman James Spader (serie The blacklist), Aaron Taylor-Johnson (Godzilla), Elizabeth Olsen (Luces rojas), Paul Bettany (Mortdecai) y Andy Serkis (El amanecer del Planeta de los simios).

Muy distinto es el drama romántico Lo mejor de mí, adaptación de otra novela de Nicholas Sparks que vuelve a explorar las relaciones a través de los años y cómo éstas afectan no solo a los protagonistas, sino a todos los que les rodean. En esta ocasión la trama narra la relación de dos jóvenes adolescentes que provenían de mundos muy distintos y cuyas vidas se separaron durante años. Con motivo del funeral de un antiguo amigo común, sus vidas vuelven a encontrarse, y viejos sentimientos no resueltos florecen de nuevo. Michael Hoffman (Un plan perfecto) es el encargado de dirigir la propuesta, mientras que Michelle Monaghan (serie True Detective), James Marsden (X-Men: Días del futuro pasado), Liana Liberato (Un invierno en la playa), Luke Bracey (Monte Carlo) y Gerald McRaney (serie House of cards) conforman el reparto principal.

El tercer estreno norteamericano es Lecciones de amor, comedia romántica protagonizada por Clive Owen (serie The Knick) y Juliette Binoche (Ellas) que gira en torno a la relación romántica que inician un profesor de literatura y una pintora y profesora de arte. Un contraste entre disciplinas que les llevará a un conflicto de difícil solución. Dirigida por Fred Schepisi (Cosas de familia), la cinta completa su reparto con Bruce Davison (X-Men), Navid Negahban (serie Homeland) y Amy Brenneman (serie The Leftovers).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y entre ellos destaca la británica Walking on sunshine, comedia musical con toques románticos que, a través de canciones del pop de los años 80, cuenta la historia de una joven que antes de casarse decide invitar a su hermana para que le ayude con los preparativos. Lo que no sabe es que su hermana tuvo un romance con su prometido, lo que creará un triángulo amoroso que deberá ser resuelto antes de dar el “si, quiero”. Max Giwa y Dania Pasquini (StreetDance 2) dirigen este musical en el que podremos ver frente a la cámara a Annabel Scholey (serie Personal Affairs), Hannah Arterton (serie Atlantis), Giulio Berruti (Bon appétit), Greg Wise (Three days in Havana), Katy Brand (Svengali) y la cantante Leona Lewis.

En cuanto a las novedades españolas, Andrés Luque y Samuel Martín (Agallas) dirigen el drama Tiempo sin aire, cuya trama arranca cuando una madre colombiana se traslada con su hijo pequeño hasta Tenerife para encontrar a uno de los responsables de la muerte de su hija a manos de una milicia paramilitar. En su búsqueda de venganza participa un psicólogo cuya vida cambiará con la presencia de la mujer. El reparto está encabezado por Juana Acosta (serie Velvet), Carmelo Gómez (Silencio en la nieve), Adriana Ugarte (serie El tiempo entre costuras), Félix Gómez (Agnosia) y Toni Acosta (Siete minutos).

También desde España llega a la cartelera El hijo bastardo de Dios, escrita y dirigida por Martín Garrido Ramis (Héroes de cartón) y cuyo argumento, a medio camino entre el thriller y el drama, gira en torno a un funcionario de un pequeño pueblo de Mallorca cuya discapacidad ha hecho que se aleje poco a poco de sus compañeros. Para colmo la vida con su madre paralítica no es más sencilla. Sin nada que perder, el hombre urdirá un intrincado plan para poder escapar de la vida que le ha tocado vivir. Beatriz Barón (Proceso a ETA), Lola Paniza Potrony (The marionette), Xisco Ródenas (serie Un golpe de suerte) y Nando Torres (El cura y el veneno) son algunos de los actores principales.

El último de los estrenos españoles es Pos eso, comedia de animación realizada con plastilina que parodia una de las películas de terror más famosas de la historia: El exorcista (1973). La trama narra la depresión en la que cae una bailaora de flamenco tras la muerte de su marido, torero de profesión. Para colmo, su hijo Damián ha empezado a dar síntomas de un extraño comportamiento que ningún médico, psicólogo o psiquiatra es capaz de explicar, por lo que se ve obligada a recurrir a medidas más sobrenaturales. Ópera prima de Sam, la cinta cuenta con las voces de Anabel Alonso (9 meses), Álex Angulo (A escondidas), Mariví Bilbao (Maktub), Santiago Segura (Torrente 5: Operación Europeas) y Josema Yuste (La venganza de Ira Vamp).

Y sin duda uno de los estrenos más atractivos es la francesa Astérix: La residencia de los Dioses, nueva adaptación a la pantalla grande de las aventuras del galo más famoso de los cómics que, esta vez, llega de forma animada. La aventura arranca cuando César, harto de no poder derrotar a los galos por la fuerza, decide construir un complejo residencial de lujo junto a la aldea de los héroes para seducirles con el espejismo del lujo y poder así atraerles a su terreno. Acción y humor se dan cita en este film dirigido por Louis Clichy, que debuta tras las cámaras, y Alexandre Astier (David et madame Hansen) que cuenta con las voces originales de Roger Carel (Nocturna), Guillaume Briat (Adèle y el misterio de la momia), Lòrant Deutsch (Tu seras mon fils) y Alain Chabat (Un regalo para ella), entre otros.

Los estrenos europeos se completan con Mandarinas, co producción de 2013 entre Estonia y Georgia que escribe y dirige Zaza Urushadze (Sami Sakhli) y cuya trama se ambienta en 1992 durante la Guerra Civil de Georgia. En este contexto bélico un hombre de un pequeño pueblo se niega a abandonar su hogar para poder cultivar sus campos de mandarinas. Sin embargo, quedarse le llevará a encontrarse con muchos soldados heridos de uno y otro bando que han sido dejados atrás. Su esfuerzo por salvarles la vida hará que la guerra llegue hasta su puerta. Lembit Ulfsak (Mina olin siin), Raigo Trass (Vana daami visiit), Elmo Nüganen (Puhdistus), Giorgi Nakashidze (Jakos Khiznebi) y Misha Meskhi (Bablo) conforman el reparto principal.

Terminamos con las novedades de ficción. Difret, co producida entre Etiopía y Estados Unidos, supone el debut en el largometraje de Zeresenay Mehari, quien adapta la historia real de una joven que, durante el camino de vuelta de la escuela, es rodeada y secuestrada por un grupo de hombres a caballo con el objetivo de tomarla por esposa. Una práctica habitual no solo en el pueblo de la joven, sino en toda Etiopía. La cinta cuenta con un desconocido reparto encabezado por Brook Sheferaw, Haregewine Assefa, Tirita Hagere y Meron Getnet.

En cuanto al documental, el único representante es Qué extraño llamarse Federico, film italiano dirigido por Ettore Scola (Gente de Roma) que trata de ser no solo un homenaje a la figura de Federico Fellini, sino una reflexión sobre su obra. A medio camino entre el documental y el cine experimental, los nietos del fallecido director dan vida a los protagonistas en un intento de devolver a la vida al autor de La dolce vita (1970).

1ª T de ‘The Knick’, serie de médicos con nuevo modelo dramático


Clive Owen encabeza el reparto de la primera temporada de 'The Knick'.Uno de los riesgos inherentes a las series de televisión deriva de su propia condición episódica. Normalmente, cuando un aficionado se aproxima por primera vez a una producción de estas características tiende a dejarlo en los primeros compases si no cubre sus expectativas. De ahí la relevancia de un buen episodio piloto. Pero esto puede provocar abandonar una trama que, con el paso del tiempo, crezca hasta crear una producción notable. Uno de los últimos casos es el de The Knick, creación de Jack Amiel y Michael Begler (Mamá a la fuerza) que dirige íntegramente Steven Soderbergh (Efectos secundarios). 10 episodios que se han convertido en una de las etapas más adultas e interesantes de la actual programación.

Su trama se centra en la actividad diaria del hospital Knickerbocker, cuya abreviatura da nombre a la serie. Con un cirujano adicto a la cocaína como principal protagonista, la producción ofrece una amplia visión de las necesidades médicas durante los primeros años del siglo XX, época en la que la electricidad todavía era un lujo al alcance de pocos, el racismo imperaba en la mayor parte de los estratos sociales y la medicina estaba, en muchos sentidos, todavía en pañales. Desde luego, la ficción tiene los elementos necesarios para alcanzar un peso dramático único, pero el desarrollo de su episodio piloto no fue todo lo que cabría esperar, posiblemente porque necesitaba plantear las numerosas tramas que se entrelazan en los pasillos de este hospital situado en la zona menos adinerada de la ciudad de Nueva York.

Pero lo cierto es que esa primera impresión es sin duda errónea. El desarrollo dramático de The Knick durante su temporada de estreno ha sido, en líneas generales, sobresaliente. Los personajes protagonistas, aunque sin deparar grandes sorpresas, sí ofrecen la consistencia suficiente como para dotar a las situaciones de la fuerza necesaria. La situación que vive, por ejemplo, el médico interpretado por André Holland (42), un hombre negro, se termina convirtiendo en uno de los mejores aspectos de la serie. Sus continuas luchas en un entorno que le discrimina y su fortaleza moral y física para salir adelante se combinan con una ironía que dota al conjunto de un humor ácido que ayuda, en cierto modo, a lidiar con las notables secuencias que pueden llegar a herir la sensibilidad de más de uno.

Este es, por cierto, el otro aspecto más comentado de estos primeros episodios. La crudeza con la que Soderbergh muestra las operaciones que el equipo de cirujanos lleva a cabo es indescriptible. Desde el primer episodio, en el que un parto termina convirtiéndose en una carnicería, hasta la recomposición de una nariz, toda secuencia que transcurre en la mesa de operaciones (por cierto, abierta al público y a los gérmenes) es garantía de una dureza visual que contrasta, y de qué modo, con la elegancia que caracteriza al resto del relato. En este sentido, la labor del director dota a la serie de una coherencia formal que aprovecha al máximo no solo el diseño del hospital, sino las características propias de esos años como los vehículos a caballo o el vestuario.

Una época al detalle

Todos estos elementos convierten a The Knick en un reflejo intenso, frío y, en cierto modo, objetivo, de la vida y el mundo de la medicina a comienzos del pasado siglo. No hay cabida, por tanto, para melodramas románticos, aunque existe un love interest muy bien tratado; no existe tampoco la profusión de casos médicos de otras producciones, aunque los que tratan lo hacen con el aliciente de ver en acción a unos hombres que podrían considerarse pioneros en muchos sentidos. Lo que define a la serie en estos primeros episodios es, precisamente, su capacidad para diferenciarse de la típica serie sobre médicos. Su ausencia de tramas episódicas (las más cortas duran entre dos y tres episodios) permite a los personajes implicarse de un modo u otro en el desarrollo de las diferentes historias, incluso aunque a priori nada tengan que ver.

Y hablando de personajes, no puede obviarse la labor de Clive Owen (Duplicity) como principal protagonista. En líneas generales el reparto es simplemente brillante, pero el caso de Owen deja patente la calidad interpretativa del actor. Su personaje, complejo desde su definición, adquiere un cierto aire de grandeza gracias a su trabajo, lo que a la larga redunda en un beneficio dramático al asistir a la caída en desgracia del protagonista por su incontrolable adicción. Una adicción, por cierto, cuya cura le llevará casi con toda seguridad a otra muy distinta y posiblemente más peligrosa, como deja entrever el último plano de la temporada.

Al final, la sensación que deja este hospital neoyorquino es la de una historia que bebe de su época, que sabe aprovechar todo el contexto social, político y económico para dotar a sus tramas de una fuerza distintiva. Los conflictos raciales afectan a la forma de entender las relaciones entre el médico negro y sus pacientes, muchos de ellos reticentes; los problemas comerciales provocan una crisis que deriva en una espiral autodestructiva para el protagonista; los problemas económicos se traducen en deudas con personajes de dudosa moral. Y así sucesivamente. Se establece así un vínculo entre ficción y realidad que nutre a los personajes, ya de por sí sólidos, y a las tramas, cuyo carácter de temporada favorece, sin lugar a dudas, el dramatismo de la serie.

Por tanto, y a pesar de que el primer episodio puede generar sensaciones encontradas, The Knick es una de esas series que gana adeptos con el trabajo dramático y la seriedad de sus propuestas. Su primera temporada es un ejemplo de que no siempre es necesario tener un piloto brillante para ser una brillante producción. Aquellos aficionados a las ficciones médicas encontrarán en esta historia algo diferente, fresco y atractivo. Los que no se hayan acercado a las temporadas de Anatomía de GreyHouseUrgencias no deberían dejarse llevar por las primeras impresiones. Estamos hablando de una obra cuyas ramificaciones, directas e indirectas, crean un mundo fascinante. Y la dirige Soderbergh, por si alguien necesita más alicientes.

‘Inside Men’, o el robo como vehículo del viaje personal


Tener a alguien dentro es, en un robo, la forma de referirse a un cómplice que trabaja en el lugar donde se llevará a cabo el crimen. La expresión inglesa, ‘inside man’, ya fue utilizada por Spike Lee para poner título al film con Clive Owen (El rey Arturo), Denzel Washington (El fuego de la venganza), Jodie Foster (La habitación del pánico) y Willem Dafoe (Hijos de un mismo dios). Con esto presente, no es difícil imaginarse el argumento de la mini serie británica que aquí abordamos; cuatro capítulos producidos por la BBC que narran la planificación de un atraco a un almacén de dinero en forma de flashback.

A simple vista, la historia puede parecer simple, y en cierto modo así es, pero no se debe olvidar que es una serie británica, con todo lo que eso conlleva en cuanto a ritmo, formato y contenido se refiere. Todo comienza con el crimen en sí y los días posteriores en los que los personajes afrontan las consecuencias de lo ocurrido. Y aunque todos los episodios comienzan en el presente, la historia nos traslada a los orígenes del golpe, a su gestación y su desarrollo, para mostrar no tanto las tensiones de un grupo variopinto moral y socialmente hablando, sino los verdaderos rostros de unos personajes que se antojan, a priori, anodinos.

En este sentido, la serie escrita por Tony Basgallop (creador de la serie Hotel Babylon) y dirigida por James Kent, realizador centrado fundamentalmente en el documental, encuentra el mayor acierto en el protagonista, responsable del almacén donde se guarda el dinero en efectivo de bancos, comercios, empresarios y pequeños inversores, y cerebro del golpe. Con una interpretación soberbia de Steven Mackintosh (serie Luther), John, que así se llama el susodicho, comienza mostrando una cara tímida, monótona y cobarde para revelarse como un ser que ansía, ante todo, tener la oportunidad de demostrar al mundo (y a sí mismo) que es mucho más que un chupatintas, como se le llega a definir en uno de los episodios.

Es, tal vez, uno de los mayores valores y principal pilar de un producto, por otro lado, que puede resultar aburrido a aquellos espectadores que busquen una trama más en sintonía con el estilo norteamericano, es decir, más acción y menos diálogo, más dinamismo y mucha menos reflexión (aunque el robo visto desde dentro de las máscaras que llevan los ladrones es uno de los mejores y más sencillos recursos de los últimos tiempos). Empero, Inside men gana enteros gracias, precisamente, a su ritmo pausado y a la posibilidad de pensar acerca de las motivaciones de unos y otros, así como el desarrollo que presenta cada personaje. Así, los tres “hombres de dentro” son los que mejor reflejan dicho cambio.

Por un lado, el personaje de Warren Brown (Up there) termina por ser, en cierto modo, el don nadie de un equipo formado, como ya hemos dicho, por un crisol de personalidades bastante extraño. Y aunque todo comienza en realidad por su iniciativa para robar en la empresa en la que trabaja, rápidamente se revela como un hombre bastante simple, con poca previsión de futuro y que, con todo, busca tener un sitio relevante en el robo. Curiosamente, y como suele ocurrir, es el que termina saliendo mejor parado. Por otro, el guardia de seguridad interpretado por Ashely Walters (Speed Racer) supone un reflejo de lo que ocurre cuando las dudas asaltan en medio de un trabajo como este.

Del interior al exterior, y de vuelta

Sin duda, lo que más llama la atención de una obra como Inside men es lo extraño del planteamiento. Son tres hombres de la propia empresa los que buscan robar todo el dinero del almacén. El plan, detallado casi minuto a minuto, es de ellos. Lo único que no tienen es la logística, y es ahí donde entran lo que podríamos denominar los “outside men”, los hombres de fuera. Llama la atención, precisamente, esta vuelta de tuerca acerca de la necesidad de conseguir logística para llevar a cabo un plan muy bien planificado. Normalmente, o al menos lo que suele presentarse en pantalla, es que un equipo de fuera busque a alguien de dentro, o bien que alguien de dentro busque a unos profesionales para que diseñen el trabajo.

Antes mencionábamos que es importante tener en cuenta su procedencia inglesa. No es este un dato banal. Más allá de su estilo narrativo, su ritmo o su fotografía, fría y dura (y que vuelve a los personajes aún más solitarios), destaca sobre todo su carácter social y las influencias de los diferentes entornos que rodean a cada personaje. A diferencia de las producciones norteamericanas, donde los ladrones parecen vivir casi siempre en una burbuja, aquí los tres autores del plan están totalmente condicionados por un entorno familiar y social que les empuja en una u otra dirección. Y la mayoría de ellos tienen que ver con niños: una adopción, un embarazo, … Todos tienen, en mayor o menor medida, motivos más que suficientes para abandonar la idea y centrarse en su futuro.

Con todo, el robo se produce, y aunque no todo sale como estaba previsto, el dinero desaparece del almacén. Y es en esos días posteriores cuando se descubren las cartas que cada personaje jugaba durante la trama, despejando algunas incógnitas que revelan caracteres cuanto menos interesantes. Sin ir más lejos, el discurso y la imagen finales evidencian que el protagonista principal está necesitado de una vida más activa, de una inyección de autoestima, de una personalidad más fuerte. A pesar de ser el cerebro del golpe, su intención no es hacerse rico, sino comprobar que es capaz de llevarlo a cabo, capaz de poner su vida en peligro por llevar a cabo un plan.

Poco importa, entonces, la excusa del robo. Es cierto que aporta el dramatismo y la tensión necesarias para mantener en vilo a la audiencia, pero no es más que eso, una excusa. Inside men es, en realidad, un estudio sobre la personalidad humana, sobre la influencia del entorno y los sueños de grandeza de los hombres. Una grandeza que nada tiene que ver con el dinero, la fama o el poder. Para unos, la grandeza es superarse a sí mismos, superar su miedo al riesgo; para otros, la grandeza es tener la familia de la que nunca disfrutaron cuando eran pequeños. Es, en definitiva, un viaje del interior de cada uno al contexto en el que vivimos para poder cambiar nuestra forma de ser.

El realismo que ‘El caso Bourne’ aportó al espionaje y al cine de acción


Ahora que llega a las pantallas de medio mundo las intrigas y conspiraciones de Treadstone, la trama en torno a la que giran las novelas y películas de Jason Bourne, no está de más hacer un repaso por las anteriores entregas protagonizadas por Matt Damon (Salvar al soldado Ryan), tanto por la relación que guardan todas las tramas entre sí como por la importancia que tuvieron para el moderno cine de acción, sobre todo la segunda y tercera entrega. Sea como fuere, cuando en 2002 se estrenó El caso Bourne todavía no existía un universo en torno al personaje, aunque sí numerosos fans que conocían las novelas de Robert Ludlum.

La idea de realizar otra adaptación de estas novelas (ya hubo una para televisión en 1988 con Richard Chamberlain como protagonista) llegó en el mejor momento. Ya entonces se habló de que estaba planteada como una alternativa a la saga de James Bond, el cual presentaba preocupantes signos de agotamiento tras su Muere otro día (2002). Sin embargo, no se quería dotar al nuevo espía de una estética tan manida y clásica como la puede tener 007, por lo que se buscó a un director capaz de aportar otro punto de vista. El elegido fue Doug Liman (Viviendo sin límites), y aunque muchos consideran esta obra la más inferior de las tres, su valor como punto de partida es incuestionable.

En efecto, Liman sienta las bases de lo que será el mundo de Jason Bourne desde entonces y, lo que es más importante, el mundo del espionaje en general. Con un tono más realista, frío y calculado, en la trama existe lugar para los excesos y las situaciones límites, pero todo está narrado de una forma tan sencilla y al mismo tiempo efectiva que resulta creíble cualquier acción que lleve a cabo el protagonista, un Damon que encontró aquí el definitivo salto a la fama gracias a un personaje complejo y atormentado al que supo humanizar.

El caso Bourne supuso en su momento un soplo de aire fresco a un género que parecía quedarse estancado en un estilo elegante, luminoso e infatigable donde pasara lo que pasara, el protagonista no se despeinaba. La cinta de Liman presentaba a un protagonista opuesto en todo, salvo en su formación, al espía más famoso del mundo. Es un joven asustado, incapaz de recordar quién es o a qué se dedica, que actúa casi por instinto y cuyo único modo de supervivencia es su formación en el combate y la inteligencia.

El espía que me amó

A esta búsqueda de identidad se suma el ya citado programa Treastone, auténtico hilo conductor de la saga que queda reflejado casi como una secta cuyos objetivos pasan por crear auténticas máquinas de matar al servicio de intereses secretos de Estados Unidos (y de los que muchas veces ni los más altos cargos tienen constancia). Esta idea, explotada en infinidad de ocasiones, adquiere una entidad propia gracias sobre todo a la labor de los actores secundarios, todos ellos enmarcados en unos límites sobrios y realistas que evitan cualquier tipo de autoparodia. Rostros como el de Chris Cooper (American Beauty), Brian Cox (Troya), Clive Owen (Hijos de los hombres) o Julia Stiles (Espera al último baile) aportan un plus de seriedad a las situaciones y decisiones que se suceden en la trama. Aquí no hay lugar para enfrentamientos finales en los que el villano muere de forma espectacular. Más bien al contrario, el villano nunca termina de morir… entre otras cosas porque es un organismo secreto en el que está implicada mucha, muchísima gente.

Para lo que sí hay tiempo, aunque no demasiado, es para la relación sentimental surgida de la persecución. En este sentido, incluso este componente, que a primera vista puede parecer que no encaja con el resto de la trama, está tratado con una frialdad tal que resulta creíble. De nuevo, todo se desarrolla de forma calculada, con decisiones no solo coherentes, sino sinceras desde un punto de vista emocional, reservando momentos muy contados para el romance, algo a lo que contribuye una Franka Potente (Corre, Lola, corre) en un papel tan delicado como importante.

Lo cierto es que esta primera aventura de Jason Bourne presenta una trama muy lineal. Plagada de momentos interesantes, pero lineal al fin y al cabo, pues todo consiste en conocer la verdadera identidad del protagonista y saber cuál es su pasado para poder comprender de dónde surgen sus habilidades. Sin embargo, gracias a esta sencillez aparente (la trama de espionaje que hay detrás es muy elaborada), el director logra establecer una estética muy concreta, con secuencias de acción desnudas de cualquier acompañamiento musical y una fotografía repleta de colores fríos que completan ese sentimiento de soledad, de causa perdida.

Gracias a esto, El caso Bourne se ha convertido con los años en uno de los mejores títulos de acción e intriga de comienzos de siglo, influyendo no solo en sus posteriores secuelas, sino incluso en la saga de James Bond, cuyo reinicio con Casino Royale (2006) tuvo muy presente esa estética fría, solitaria y desnuda de adornos visuales. Puede que no alcance el estatus de clásico, pero sin duda su firma se ha dejado ver en muchos productos de estos últimos 10 años.

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