‘Z, la ciudad perdida’: lo que esconde la obsesión con el Amazonas


Después de seis películas, el director James Gray (Two lovers) se ha convertido en uno de esos autores de Hollywood capaces de sacar adelante proyectos complejos en lo dramático y en lo técnico. Y desde luego, su último proyecto no se aparta de esta idea. Incluso si solo atendemos a la duración de la historia, que transcurre a principios del siglo XX, y a los numerosos acontecimientos por todo el mundo que la nutren, la película ya recuerda a las grandes épicas del Hollywood clásico. Pero por suerte, hay mucho más.

Z, la ciudad perdida es una obra mastodóntica en todos los sentidos. Visualmente incomparable, con unos escenarios tan variopintos como la selva amazónica, la Inglaterra de principios de siglo o las trincheras de la I Guerra Mundial, el film explora, más que la simple búsqueda de aventuras, el constante equilibrio entre el deber y la familia, entre una obsesión y el deber con aquellos que son más cercanos a nosotros. En este sentido, Gray compone con un puñado de protagonistas todo un cosmos en el que, incluso los secundarios, abordan de algún modo esta dualidad, esta confrontación dramática que termina convirtiéndose en el motor de una historia cuyo final, por cierto, es de los más elegantes y bellos que se podían realizar teniendo en cuenta el desenlace de la historia real que relata.

Posiblemente el mayor problema del film sea su duración. A pesar de que la obra es capaz de mantener el interés durante buena parte de su metraje, sobre todo cuando la selva es la protagonista, es inevitable que el ritmo decaiga en numerosas ocasiones, lo que le hace flaco favor, además al reparto. Y es que, aunque la labor del director con los actores es espectacular, no impide que sus carencias interpretativas se perciban a lo largo de las casi dos horas y media de duración, fundamentalmente en aquellos momentos más dramáticos. Con todo, es de justicia reconocer su trabajo en un film que abarca décadas, y en el que los personajes pasan por diferentes etapas de su vida. En este sentido, el tratamiento del guión, que presenta de forma diferente a los protagonistas dependiendo del momento, es formidable.

Pero a pesar de sus debilidades, Z, la ciudad perdida es una de las aventuras épicas más atractivas e interesantes de los últimos años. Gray es capaz de crear un universo fascinante, un mundo con el que demuestra que lo inexplorado todavía tiene cabida en una sociedad que tiene cualquier rincón del mundo al alcance de un clic. Con una puesta en escena elegante y sobria, el director explora las pasiones de un hombre obsesionado no solo con un descubrimiento, sino con el honor, su familia y la reparación de su nombre. En realidad, y aunque la ciudad perdida sea el Mcguffin, lo verdaderamente relevante son las motivaciones que llevan a estos hombres a volver a la selva amazónica hasta en tres ocasiones. Es ahí donde la obra alcanza su mayor expresividad, y donde el espectador puede encontrar todo lo que esconde el film.

Nota: 7,5/10

‘El círculo’ busca ‘La ciudad perdida’ durante una ‘Noche de venganza’


Muchos títulos con notables repartos es lo que propone este primer fin de semana de mayo. Desde películas que adaptan historias reales hasta thriller fantásticos o cintas de acción, este viernes, día 5, llegan a la cartelera española una amplia variedad de propuestas que, aunque ninguna parece estar llamada a llenar las salas como lo han hecho otros films en semanas anteriores, sí ofrecen al espectador algo diferente.

La primera de ellas es Z, la ciudad perdida, cinta biográfica que combina drama, aventura y acción de la mano de James Gray (El sueño de Ellis), quien escribe y dirige esta adaptación del libro de David Grann acerca de las expediciones que llevó a cabo el soldado Percy Fawcett en la selva brasileña. La primera de ellas le dejó tan fascinado que se embarcó nuevamente, descubriendo vestigios de antiguas civilizaciones perdidas. Tras regresar a Inglaterra, logra el apoyo para iniciar un último viaje, acompañado esta vez de su hijo mayor, en busca de la ciudad perdida de Z, pero nunca más se supo de ellos. En el reparto destacan nombres como los de Charlie Hunnam (Pacific Rim), Robert Pattinson (Life), Tom Holland (En el corazón del mar), Sienna Miller (Una buena receta), Angus Mcfadyen (Cisne blanco) e Ian McDiarmid (Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith).

Muy diferente es El círculo, thriller de ciencia ficción cuya trama, basada en la novela de Dave Eggers, arranca cuando una joven es contratada para trabajar en la compañía de internet más prestigiosa del mundo, que ha logrado unificar toda la información digital del individuo en una única identidad en busca de la transparencia. Sin embargo, a medida que la joven asciende, y guiada por el fundador de la empresa, irá sobrepasando los límites de la privacidad, la ética y la libertad, afectando a familiares, amigos y a ella misma. Dirigida por James Ponsoldt (Aquí y ahora), la película está protagonizada por Emma Watson (La bella y la bestia), Tom Hanks (Sully), John Boyega (Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza), Karen Gillan (Guardianes de la galaxia Vol. 2) y Bill Paxton (Al filo del mañana), en la que ha sido su última película antes de fallecer.

El thriller policíaco y de acción está representado por Noche de venganza, remake del film francés dirigido en 2011 por Frédéric Jardin cuyo argumento se centra en un policía de Las Vegas aparentemente corrupto. Después de que un atraco salga mal, una banda criminal decide secuestrar al hijo de este policía, que deberá recuperarlo en una sola noche mientras Asuntos Internos le investiga. La nueva versión, dirigida por Baran bo Odar (Silencio de hielo), está protagonizada por Jamie Foxx (Annie), a quien acompañan Michelle Monaghan (Pixels), Gabrielle Union (El nacimiento de una nación), Dermot Mulroney (La verdad), Scoot McNairy (Perdida), T.I. (Ant-Man) y David Harbour (Escuadrón suicida).

Terror en estado puro es lo que propone Nunca digas su nombre (Bye Bye Man), film dirigido por Stacy Title (El diablo viste de negro) que gira en torno a tres jóvenes universitarios que se mudan a una vieja casa fuera del campus. Allí liberan sin querer un ente sobrenatural que persigue y mata a todo aquel que descubre su nombre, por lo que intentarán mantener su existencia en secreto y evitar así la muerte del resto de compañeros. Douglas Smith (El caso Sloane), Cressida Bonas, Lucien Laviscount (Between two worlds), Carrie-Anne Moss (Matrix), Faye Dunaway (Flick) y Doug Jones (Ouija: El origen del mal) encabezan el reparto.

Entre los estrenos europeos de este viernes destaca Un Reino Unido, drama romántico que narra el conflicto internacional que provocó el príncipe de Botswana, Seretse Khama, al enamorarse y casarse con una mujer blanca de Londres en los años 40. Basada en el libro de Susan Williams, la película está dirigida por Amma Asante (Belle) y protagonizada por David Oyelowo (Selma), Rosamund Pike (Nuestro último verano en Escocia), Jack Davenport (Gernika), Tom Felton (Resucitado) y Laura Carmichael (serie Downton Abbey).

En lo que a producción nacional se refiere destaca Pasaje al amanecer, debut en el largometraje de Andreu Castro (serie Yo quisiera) que se ambienta en noviembre de 2004, durante la que es considerada la batalla más sangrienta de la guerra de Irak. En ese contexto un foto periodista es contratado para entrar en el centro del conflicto y relatar en imágenes lo que ocurre. El joven, antes de ir, deberá comunicárselo a su familia y a su novia, lo que resquebrajará los cimientos de las relaciones y llevará a todos los personajes a vivir sus particulares infiernos. El reparto está encabezado por Nicolás Coronado (Novatos), Andrea Duro (Los miércoles no existen), Elvira Mínguez (Truman), Lola Herrera (Primer y último amor), Ruth Díaz (Tarde para la ira) y Antonio Valero (Los Borgia).

El drama también está presente en El jugador de ajedrez, cuya historia se desarrolla durante la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial. El protagonista es un campeón de ajedrez español que, cuando el conflicto bélico estalla en España, decide emigrar a Francia junto a su mujer, natural del país, y la hija de ambos. Sin embargo, una vez allí será detenido por los nazis al considerarle un espía. Su única vía para sobrevivir es la pasión que siente el oficial al mando por el ajedrez. Luis Oliveros (Pata negra) dirige esta propuesta protagonizada por Marc Clotet (La estrella), Melina Matthews (Nick), Alejo Sauras (Los abrazos rotos), Andrés Gertrúdix (El apóstata) y Pau Durà (Todo está en el aire).

Entre el resto de estrenos destaca Casi leyendas, comedia dramática con el mundo de la música como telón de fondo que gira en torno a tres amigos que se han distanciado con el paso de los años. Sin embargo, deberán volver a reunirse para formar el grupo musical que estuvo a punto de alcanzar la fama hace 25 años, viéndose obligados además a afrontar sus calamitosas vidas. Escrita y dirigida por Gabriel Nesci (Días de vinilo), la película cuenta entre sus actores con Diego Peretti (Papeles en el viento), Santiago Segura (La reina de España), Diego Torres (La venganza), Claudia Fontán (La reconstrucción) y Florencia Bertotti (Igualita a mi).

Con algo de retraso llega la canadiense Los demonios, drama escrito y dirigido en 2015 por Philippe Lesage en el que es su debut en el largometraje de ficción. La trama se centra en un niño de diez años sensible e imaginativo que le tiene miedo a todo lo que le rodea, desde un posible divorcio de sus padres hasta el sida. Su vida en una zona residencial de Montreal se verá alterada cuando se produzcan una serie de secuestros de niños en su zona, lo que le llevará a descubrir que los demonios de su infancia podrían estar relacionados con las desapariciones. Édouard Tremblay-Grenier, Yannick Gobeil-Dugas, Vassili Schneider (Lucidité passagère), Sarah Mottet, Mathis Thomas y Laurent Lucas (Perros rabiosos) encabezan el reparto.

Desde Japón llega Maravillosa familia de Tokio, comedia que arranca el día del cumpleaños de la mujer del patriarca de una tradicional familia japonesa. Durante la celebración, y como regalo, la mujer le pide a su marido el divorcio. La revelación no solo supone un duro golpe para el incrédulo marido, sino que removerá los cimientos de toda la estructura familiar, cuyos miembros tratarán de evitar por todos los medios lo que parece ser una catástrofe. Yôji Yamada (Una familia de Tokio) dirige esta propuesta en cuyo reparto destacan los nombres de Yû Aoi (Viaje hacia la orilla), Yui Natsukawa (La casa del tejado rojo), Kazuko Yoshiyuki (Leonie), Isao Hashizume (Eien no 0), Shôzô Hayashiya (Penguin’s memorie – Shiawase monogatari) y Tomoko Nakajima (Boku no ojisan).

De Asia también procede Seoul Station, cinta de terror realizada en animación tradicional producida en Corea del Sur que gira en torno a los intentos por sobrevivir de un grupo de personas en la capital de aquel país después de que una horda de mendigos se haya transformado en zombis. Planteada como una precuela de Train to Busan (2016), la cinta está escrita y dirigida por el mismo autor, Yeon Sang-ho (The fake).

También pertenece al género de animación Ovejas y lobos, comedia de aventuras producida en Rusia y ambientada en una lejana y mágica tierra donde un grupo de ovejas vive sin preocupaciones hasta que una manada de lobos acampa en un barranco cercano. La película es la ópera prima de Andrey Galat y Maxim Volkov.

Terminamos el repaso con el documental español Herederos de la bestia, film escrito y dirigido a cuatro manos por Diego López y David Pizarro (Los perversos rostros de Víctor Israel) que aborda la historia detrás de la película El día de la bestia (1995) a través de entrevistas con el director, Álex de la Iglesia (El bar), los actores Santiago Segura, Terele Pávez (La puerta abierta) o Álex Angulo (Zipi y Zape y el club de la canica), y el guionista Jorge Guerricaechevarría (Cien años de perdón).

Los estrenos llevan al espectador de ‘Marte’ a ‘La Cumbre escarlata’


Estrenos 16octubre2015Comienza un fin de semana de estrenos muy interesantes. Tras varias semanas sin títulos que fuesen realmente atractivos (y los que a priori iban a serlo no han resultado ser lo que se esperaba), este viernes, 16 de octubre, llegan una serie de títulos a tener en cuenta, sobre todo los dos primeros. Muy enmarcados en la ciencia ficción y el terror, sin duda están llamados a acaparar la taquilla durante algunas semanas.

El primero de ellos es Marte, nuevo film de Ridley Scott (Exodus: Dioses y reyes) que devuelve al director al género de la ciencia ficción, en el que sin duda es un maestro. Basado en el libro de Andy Weir, el argumento arranca cuando la tripulación de un viaje a Marte se ve obligada a suspender su misión a causa de una tormenta. Sin embargo, durante la evacuación uno de los miembros es dado por muerto y abandonado en el planeta. Cuando el hombre despierta en ese planeta hostil y sin apenas recursos, deberá recurrir a su ingenio y sus conocimientos para poder sobrevivir hasta que vuelvan a por él. Y si la trama y el director resultan interesantes, el reparto no lo es menos: Matt Damon (Interstellar), Jessica Chastain (La señorita Julia), Kate Mara (serie House of cards), Kristen Wiig (Los amos de la noticia), Sebastian Stan (Capitán América: El soldado de invierno), Michael Peña (Ant-Man), Jeff Daniels (serie The Newsroom), Sean Bean (El destino de Júpiter) y Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud) son los principales actores.

Bastante diferente es La Cumbre Escarlata, regreso de Guillermo del Toro (Pacific Rim) al terror en estado puro. La trama gira en torno a una joven escritora que sufre un bloqueo creativo a causa de un trauma familiar. Para lograr tratar el problema recurre a un amigo de la infancia que nunca ha dejado de quererla. Sin embargo, en su camino se cruza un misterioso desconocido que trata de seducirla. El destino la llevará a una antigua casa que respira, que desprende dolor y que sangra por los muertos que en ella se encuentran. Con una cuidada atmósfera y un suspense que dejará helado a más de uno, la película cuenta en su reparto con Mia Wasikowska (Madame Bovary), Charlie Hunnam (serie Hijos de la Anarquía), Jessica Chastain, que repite esta semana, y Tom Hiddleston (Thor).

Otro estreno interesante es Slow West, western de capital inglés y neozelandés que combina elementos clásicos y modernos del género para narrar la búsqueda de un joven escocés que llega al viejo Oeste norteamericano en busca de su único amor, una chica que parece haberse esfumado. Durante su camino se encontrará con un forajido que se ofrece a ayudarle. Ambos descubrirán que no son los únicos que siguen el rastro, pues la cabeza de la joven tiene precio. Ópera prima de John Maclean, la película están protagonizada por Michael Fassbender (X-Men: Días del futuro pasado), Kodi Smit-McPhee (El amanecer del Planeta de los Simios), Caren Pistorius (serie Descubriendo a Nina) y Ben Mendelsohn (Lost river).

En cuanto a las propuestas españolas, destaca la comedia romántica Los miércoles no existen, cinta coral que narra las relaciones humanas y los azares del destino en un grupo de jóvenes que parecen destinados a encontrarse constantemente, aunque no en las circunstancias que les gustarían. Peris Romano (8 citas) escribe y dirige esta propuesta que arranca cuando un joven decide rehacer su vida junto a un nuevo amor, aunque todavía no ha podido olvidar a su prometida, que le dejó al día siguiente de declararse. A partir de ese momento se sucederán una serie de encuentros, desencuentros y malentendidos que podrían redefinir el mundo de varias personas. Eduardo Noriega (La bella y la bestia), Inma Cuesta (Tres bodas de más), Alexandra Jiménez (Casi inocentes), William Miller (La venta del paraíso), Gorka Otxoa (Lobos de Arga) y María León (Rey Gitano) encabezan el reparto.

También española es el drama Amama, nuevo film escrito y dirigido por Asier Altuna (Bertsolari) que pone el acento sobre el contraste entre generaciones y entre las formas de vida del campo y la ciudad. La trama se centra en la relación entre un padre y su hija, dos visiones diferentes del mundo que no logran encontrar puntos en común, y todo ello bajo la silenciosa mirada de la abuela. La cinta está protagonizada por Kandido Uranga (Naufragio), Iraia Elias, Klara Badiola (La buena nueva) y Ander Lipus (Agujeros en el cielo).

España también está presente en El rey de La Habana, drama que cuenta además con capital de la República Dominicana. Escrita y dirigida por Agustí Villaronga (Pa negre), la cinta se enmarca en pleno Período Especial en La Habana de los años 90. Allí un joven trata de escapar de su realidad, marcada por la miseria, junto a dos cómplices, uno de ellos una transexual que quiere huir de la isla a toda costa. Maikol David Tortolo, Yordanka Ariosa (Boccaccerías Habaneras), Héctor Medina Valdés (Esther en alguna parte), Ileana Wilson (La buena voz) y Chanel Terrero (serie Gym Tony) son sus principales protagonistas.

Terminamos el repaso de la semana con El nuevo nuevo Testamento, comedia producida entre Francia, Bélgica y Luxemburgo que juega con la hipotética idea de que Dios vive en la Tierra. Concretamente, en Bruselas. Y no vive solo. Tiene mujer y una hija de 10 años. Sin embargo, la relación del Todopoderoso con las dos mujeres no es ideal. Tanto, que la pequeña, para vengarse de él, hace públicas las fechas de fallecimiento de toda la Humanidad. Jaco Van Dormael (Las vidas posibles de Mr. Nobody) es el director de esta curiosa propuesta que protagonizan Benoît Poelvoorde (El precio de la fama), Yolande Moreau (Henri), Catherine Deneuve (En un patio de París) y Pili Groyne (Dos días, una noche).

Daños colaterales de la violencia en la 6ª T de ‘Hijos de la Anarquía’


Los 'Hijos de la Anarquía' deben encontrar una nueva sede en la sexta temporada.Hay pocas series capaces de mantener un alto nivel dramático temporada tras temporada. Y son muchas menos las que dejan al espectador pegado al asiento con una sensación de tensión del modo en que lo hace Hijos de la Anarquía. Su sexta temporada ha sido, en todos los sentidos, una joya de la televisión que, como viene siendo habitual en la producción creada por Kurt Sutter (serie The Shield), no tendrá el reconocimiento que pide a gritos etapa tras etapa. Y es que si algo se ha conseguido en estos nuevos 13 episodios es encaminar la brutalidad de la que siempre ha hecho gala la serie hacia un ocaso brillantemente planificado y mejor ejecutado que elimina del tablero flecos que lastraban la acción y dirige su futuro hacia un dramatismo que augura una venganza incluso más salvaje de lo visto hasta ahora. ¡Ah¡, y para aquellos que todavía no hayan podido ver la temporada, encontrarán en este análisis diversos spoilers que no pueden ignorarse.

A pesar de ese ocaso, de esa evidente luz al final del túnel que se percibe en buena parte de la temporada, la estructura narrativa sigue intacta. Sus responsables vuelven a jugar con la intriga de los planes elaborados por el personaje de Charlie Hunnam (Pacific Rim) y el resto de miembros del club, cuyas crisis internas siempre quedan apartadas ante los problemas que les llegan desde el exterior. La forma en que SAMCRO aborda su salida del negocio de las armas se antoja algo menos elaborada que las maquinaciones ideadas en temporadas anteriores, pero como compensación se vuelven más brutales, demostrando una vez más que un golpe sobre la mesa muchas veces surte más efecto que días de conversaciones. El episodio en el que todo se desarrolla, que no por casualidad coincide con el comienzo del tercer acto del arco dramático de la temporada, es tan salvaje como brillante, tan liberador como coherente con el devenir de los personajes y la serie. La muerte del personaje de Clay, de nuevo con los rasgos de Ron Perlman (Hellboy), es uno de esos momentos delicados para cualquier guionista por la relevancia que posee dramáticamente hablando. Su resolución no podría haber sido mejor, equilibrando el odio y el respeto hacia un rey caído.

Una de las mejores bazas que siempre ha exhibido Hijos de la Anarquía es la relación que todos los acontecimientos tienen entre sí. En la anterior temporada se plantearon una serie de nuevos secretos que en esta ocasión, más que resolverse, generan nuevas controversias que llevan a varios personajes al límite. Sin ir más lejos, la unión con el personaje de Jimmy Smits (Madres e hijas) se basa cada vez más en las decisiones personales del club, lo que provoca una de las líneas argumentales de la próxima y última temporada. Empero, posiblemente el personaje que mejor represente dichos secretos sea el de Theo Rossi (Kill theory), cuya evolución a lo largo de las últimas etapas ha sido de las más dramáticas e interesantes de la serie. Su pasado afroamericano y su traición al club le llevan a una tortura personal e interna que genera toda una oleada de traumas, malas decisiones y peores consecuencias. Puede que se haya alargado en exceso su tratamiento, pero sin duda ha sido eso lo que permite que la conclusión de la temporada sea, al menos para él, lo suficientemente siniestra como para convertirle en un muerto andante.

Y aunque en esta ocasión son menos evidentes, las referencias a la obra de William Shakespeare siguen nutriendo el conjunto para convertirlo en una obra diferente que no permite ni un segundo de descanso o distracción. Cualquier conversación, cualquier mirada o detalle, se convierten en determinantes para entender el futuro. Ahí está, por ejemplo, la confesión que hace el personaje de Rossi en un intento de suicidio, algo que precipita los acontecimientos hacia un final que se antoja trágico. Y ahí está, por supuesto, la confidencia por la que el rol interpretado por Katey Sagal (Jack and the beanstalk) termina dando un giro inesperado a esta temporada. Esta secuencia de pocos minutos remite directamente a diferentes obras del dramaturgo inglés, lo que en último lugar consolida el carácter dramático de la serie casi por encima de la violencia que utiliza para resolver los conflictos.

El final de los finales

Hijos de la Anarquía le queda una temporada, pero todo apunta a que será una temporada para resolver ciertos flecos que todavía quedan colgando de esta sexta entrega. La verdad es que el episodio final, con el brutal asesinato de Tara (Maggie Siff, vista en Hazme reír), es la verdadera conclusión de una serie definida por la muerte y la violencia. Es lo que suele ocurrir cuando un personaje que se define como “intocable” no solo es tocado, sino mutilado. Independientemente del vacío que deja en la serie, su ausencia es lo que podríamos definir como un totum revolutum, un clímax que pone patas arriba todo el mundo que rodea a la serie. Sobre todo si tenemos en cuenta que junto a su cuerpo aparece el de otro rol secundario de relativa importancia. Esa estampa final enrojecida por el color de la sangre es el colofón perfecto para una ficción en la que los daños colaterales siempre han estado muy presentes, como demuestra el hecho de introducir en esta etapa a una chica cuya madre murió en el accidente del padre del protagonista, o los acontecimientos del primer episodio, uno de los mejores de la temporada narrativamente hablando.

De hecho, y aunque pueda resultar chocante y hasta irritante, la decisión de terminar con el personaje se ajusta a esa idea de los efectos secundarios. Un grupo de personajes que viven en y de la violencia pueden morir. Es su ley de vida, y el espectador lo acepta como algo factible y lógico. Pero que desaparezcan personajes en principio inocentes es algo que deja una huella mayor y genera un mayor daño a los protagonistas. Parece lógico pensar que el rol de Hunnam debe sobrevivir a todo lo que le ocurra, pero sería imperdonable que un hombre con tantos claroscuros no sufra algún tipo de castigo. Ya lo vivió con la muerte de su mejor amigo, y ahora le toca el turno a alguien más cercano. Con esto, Sutter cierra el principal arco dramático de la serie para resolver en los últimos episodios las venganzas y traiciones que todavía puedan quedar pendientes.

Todo esto me lleva a un concepto nuevo en esta temporada. Los que sigan la serie con asiduidad habrán comprobado que los planes de este club de moteros siempre se resuelven con un golpe maestro que les coloca en la cúspide de los diferentes reinos que luchan por el poder. Ahora bien, lo que nunca se había planteado es que se intrigase de forma paralela. El hecho de que el personaje de Siff elabore un intrincado plan para alejarse de SAMCRO es algo que hasta ahora se había mantenido, en mayor o menor medida, al margen. El espectador, como buen miembro del club, asiste un tanto ignorante a lo que planea la mujer del protagonista hasta que ya es demasiado tarde. Sus recursos, adquiridos en cierto modo por su convivencia con el personaje de Sagal, reflejan no solo sus deseos de romper lazos con ese mundo de violencia, sino el grado de integración que tiene con dicho entorno. Una dualidad que la actriz logra expresar con acierto y que enriquece y hace más complejas las relaciones humanas entre los personajes.

La anterior temporada de Hijos de la Anarquía presentó al protagonista con un líder implacable y violento que contrastaba con la imagen previa que se tenía de él. Esta temporada ahonda en dicho carácter para evidenciar los problemas que surgen y las consecuencias imprevistas que tiene el salvaje mundo en el que vive. Gracias al equilibrio entre intriga, acción y drama que derrocha, esta etapa se convierte en una de las mejores de toda la ficción, y posiblemente en la más sangrienta de todas. Una temporada, eso sí, con un cierto sabor amargo en el fondo del paladar. No es que algo chirríe en el conjunto (si acaso algunas actitudes de Maggie Siff, necesarias por otro lado para hacer avanzar la acción). El problema es que se acaba. Sobre estos 13 episodios planea la sensación de que una etapa termina. Eso sí, la conclusión se anuncia épica.

Allen y Besson contra los asesinos de Bambi


Estrenos 15noviembre2013Nueva semana de estrenos, y nueva semana con muchas propuestas. En esta ocasión, 10 son los títulos nuevos que los espectadores podrán disfrutar en cartelera. Sin embargo, y a diferencia de semanas anteriores, ninguno de ellos parte en principio con un público de masas al que dirigirse, utilizando en cambio actores y nombres propios detrás de las cámaras para generar interés. Eso sí, hoy viernes, 15 de noviembre, mantiene la tendencia de presentar varias propuestas españolas, todas ellas de géneros muy diferentes. Pero si hay un nombre propio que protagoniza el fin de semana es el de Woody Allen.

Y es que lo nuevo del director de Annie Hall (1977) se estrena hoy. Y como es habitual en él, el reparto está compuesto por un puñado de actores, unos más conocidos que otros, que según las primeras impresiones son lo mejor del film. Con el título Blue Jasmine el director neoyorquino aborda la historia de una sofisticada mujer de la alta sociedad de Nueva York que, tras quedarse arruinada y perder a su marido, se muda al modesto apartamento de su hermana en San Francisco con el objetivo de rehacer su vida, revolucionando en el proceso la rutina y las relaciones personales de esta. A medio camino entre el drama y la comedia, géneros que el director maneja a la perfección, la película cuenta con Cate Blanchett (Robin Hood) como absoluta protagonista, a la que acompañan Alec Baldwin (No es tan fácil), Sally Hawkins (Grandes esperanzas), Alden Ehrenreich (Hermosas criaturas), Andrew Dice Clay (Point Doom), Annie McNamara, Louis C. K. (Increíble pero falso), Peter Sarsgaard (Linterna Verde), Bobby Cannavale (serie Boardwalk Empire), Max Casella (Mátalos suavemente) y Michael Stuhlbarg (La invención de Hugo).

También con tono cómico, aunque esta vez algo más negro, se presenta Malavita, nueva película de Luc Besson (El quinto elemento) como director. Titulada originalmente The family, la historia gira, como no podría ser de otro modo, en torno a una familia. Una familia mafiosa. Su periplo se inicia cuando llegan a un tranquilo pueblo de Francia con una nueva identidad proporcionada por el Programa de Protección de Testigos. Pero las viejas costumbres nunca se pierden, y los problemas empezarán a aparecer cuando afronten su día a día al estilo de la mafia. El reparto está encabezado por tres nombres propios de peso: Robert De Niro (La gran boda), Michelle Pfeiffer (Sombras tenebrosas) y Tommy Lee Jones (Men in Black 3), a los que hay que añadir Dianna Agron (serie Glee), John D’Leo (Vaya par de polis) y Vincent Pastore (Uno de los nuestros).

Los dos siguientes estrenos llegan con algo de retraso a España. El primero, La huida, es un thriller producido en 2012 que narra la fuga de dos hermanos a Canadá después de dar un golpe en un casino tribal. Perseguidos por la justicia y en un entorno marcado por la nieve y la ventisca, deciden separarse para tener más oportunidades. Pero su plan cambiará cuando ella se encuentre con un joven cuyos padres viven cerca de la frontera, un sitio perfecto para reunirse de nuevo y cruzar con seguridad. Dirigida por Stefan Ruzowitzky (Los falsificadores), la cinta cuenta con un conocido reparto en el que destacan Eric Bana (Troya), Olivia Wilde (Rush), Charlie Hunnam (Pacific Rim), Kate Mara (serie House of cards), Kris Kristofferson (Blade), Sissy Spacek (Carrie) y Treat Williams (Algo pasa en Las Vegas).

Del 2012 es también The collection, una  de las propuestas de terror del fin de semana que, al igual que La cabaña en el bosque hace siete días, ha tenido muchos problemas de distribución a pesar del carácter de culto que ya tiene en algunos círculos. Dirigida por Marcus Dunstan, la película es una secuela de uno de sus films anteriores, The collector (2009). En esta ocasión, el coleccionista convence a un grupo de jóvenes para que acudan a un almacén subterráneo con la excusa de una fiesta. De la masacre que allí se produce solo logra escapar una joven que, sin embargo, es capturada y llevada a un lugar desconocido encerrada en un baúl. El padre de la joven, desesperado, chantajea a la única persona capaz de ayudarle: el joven que sobrevivió a su anterior encuentro con este macabro asesino. Personaje que, por cierto, vuelve a estar interpretado por Josh Stewart (Jekyll), al que acompañan en esta ocasión Emma Fitzpatrick (In time), Christopher McDonald (Cat Run), Lee Tergesen (Red tails) y Tim Griffin (Caza a la espía), entre otros.

Cambiamos de nacionalidad para dirigir la mirada hacia la producción nacional. Tres son las películas que se estrenan hoy viernes, y de tres géneros muy distintos. La primera, ¿Quién mató a Bambi?, es una comedia coral con muchos de los jóvenes rostros del cine español en la que dos situaciones de lo más estrambóticas se dan cita por un único motivo: el secuestro. Por un lado, dos jóvenes descubren que su jefe, además suegro de uno de ellos, está maniatado y semidesnudo en el maletero de su coche, del que no pueden sacarlo. Por otro, un hombre de negocios acuciado por las deudas y su socio planean un rapto exprés, pero se confunden de objetivo. Una serie de coincidencias y de desdichas terminarán por cruzar los caminos de estos cuatro personajes. El film está dirigido por Santi Amodeo (Cabeza de perro) y protagonizada por Quim Gutiérrez (La gran familia española), Ernesto Alterio (El otro lado de la cama), Julián Villagrán (Grupo 7), Enrico Vecchi (El traje), Clara Lago (La cara oculta), Úrsula Corberó (serie Gran Reserva), Carmina Barrios (Carmina o revienta) y el cameo del jugador de fútbol Andrés Iniesta.

Por su parte, Retornados vuelve a poner el acento en el género de terror y, más concretamente, en el subgénero zombi. Co producida por Canadá, la cinta dirigida por Manuel Carballo (La posesión de Emma Evans) arranca en una sociedad en la que conviven de forma aparentemente normal los humanos e individuos que, gracias a una proteína que deben inyectarse diariamente, evitan convertirse en zombis después de que un extraño virus les haya infectado. La protagonista, una joven que trabaja en uno de los laboratorios que desarrollan el medicamento, ve cómo su mundo se desmorona cuando la noticia de que la proteína va a dejar de producirse provoca caos y miedo en la sociedad. Desde ese momento deberá luchar no solo por su vida, sino por la de su novio, uno de esos retornados que si no se inyectan se convertirán en zombis. Emily Hampshire (Die), Kris Holden-Ried (Underworld: el despertar), Shawn Doyle (Frequency), Claudia Bassols (Una bala en la recámara) y Melina Matthews (Savage Grace) conforman el reparto principal.

El drama predomina en Los chicos del puerto, historia centrada en un niño que, con motivo de cumplir un encargo que su abuelo no puede hacer, logra desaparecer unos días de su casa junto a unos amigos. El encargo en cuestión es asistir a un funeral y depositar una vieja guerrera militar en la tumba de un amigo de su abuelo. Alberto Morais (Las olas) es el encargado de poner la trama en imágenes, mientras que los debutantes Omar Krim, Blanca Bautista y Mikel Sarasa conforman el trío protagonista. Junto a ellos, José Luis de Madariaga (serie La pecera de Eva) da vida al abuelo.

Con producción francesa y suiza se estrena también Sister, película dirigida por Ursula Meier (Home ¿Dulce hogar?) que, en clave dramática, narra la difícil relación de un chico con su hermana mayor, que en lugar de hacerse cargo de él se dedica a conseguir pequeños trabajos que no llevan a ningún sitio y a mantener relaciones sentimentales esporádicas. Ante esta situación, el joven se dedica a subir a una lujosa estación de esquí que está cerca de su bloque de apartamentos para robar el material y vendérselo a los jóvenes del barrio. La llegada de un trabajador británico, empero, provocará una situación complicada. Léa Seydoux, de actualidad gracias a La vida de Adèle, es la principal protagonista, a la que se suman Kacey Mottet Klein (Gainsbourg), Martin Compston (Donkeys), Gillian Anderson (serie Expediente X) y Jean-François Stévenin (El pacto de los lobos).

Terminamos el repaso a los estrenos con dos cintas de animación, una estadounidense y otra española. La primera, producida en 2011, se titula El pequeño ángel, y con una técnica por ordenador sencilla y directa adapta un best seller infantil en el que un joven ángel que aprende en el Cielo todo lo que se debe saber para convertirse en un importante ángel decide bajar a la Tierra acompañado por su perro para encontrar el regalo perfecto para Jesús en el día de Navidad. Lo que comienza como una excursión rápida se convertirá en un viaje plagado de aventuras. Dirigida por Dave Kim (My Colombian Bride Vacation), la película cuenta con las voces en la versión original de Ed Kelly (La sombra de la traición), Nina Kircher (Roller Girls), Clarity Patton y Ron Perlman (serie Hijos de la Anarquía).

La segunda lleva por título El pequeño mago, y supone la segunda incursión en el largometraje de Roque Cameselle, quien también escribe el guión. La trama comienza cuando un joven con increíbles poderes logra derrotar a un grupo de vikingos que amenazaban con arrasar con su pequeño pueblo de la costa gallega. La noticia de su valentía se propaga rápidamente, y gentes de todos los rincones se acercan para conocerle. A partir de entonces vivirá numerosas aventuras junto a su inseparable amiga, aunque la amenaza del obispo de la ciudad, que ha quedado como un cobarde, le acechará en todo momento. El film cuenta con las voces de, entre otros, Alfonso Agra (Agallas), María del Carmen Aguado, Cristina Aldrey e Ignacio Aramburu.

‘Hijos de la Anarquía’, de reflexivo príncipe a brutal rey en su 5ª T


Jimmy Smits se une a Charlie Hunnam y Tommy Flanagan en la quinta temporada de 'Hijos de la Anarquía'.Una de las drogas más potentes y peligrosas que existen es el poder. Si se controla puede llegar a convertir a un hombre en una leyenda, pero si por el contrario dejamos que nos controle destruye todo aquello que nos define. Decir que esta es la base de la quinta temporada de Hijos de la anarquía, que en Estados Unidos terminó en diciembre del año pasado y en España hemos terminado de ver hace unos días, sería limitar el análisis a lo que se ha visto en el resto de entregas. En realidad, y bajo este prisma de poder, lo que ofrece esta nueva tanda de episodios es una de las mejores evoluciones dramáticas que se han visto en la pantalla, y que encuentra su mejor reflejo en el plano final del último episodio.

Para aquellos que no lo recuerden, el final de la anterior temporada dejaba la puerta abierta a un futuro incierto en el que el protagonista se posicionaba del lado de su pareja para abandonar el club de moteros del que pasaba a ser presidente. La imagen era impactante, entre otras cosas porque suponía una actualización de una vieja foto de vital importancia para el héroe de esta ficción. Empero, lo que se creía iba a ser una lucha por dejar su estilo de vida y buscar otro alejado de su club se ha tornado en estos últimos 13 episodios en una espiral de violencia y abuso de poder que han puesto de manifiesto la verdadera naturaleza del joven Jackson Teller. Una espiral que ha tenido muchos puntos de inflexión, como la brutal muerte de su mejor amigo, las intrigas del personaje de Ron Perlman (Hellboy) o la resolución de todo el drama que se venía arrastrando con el miembro del club en la cárcel. Por supuesto, todo esto es una compleja combinación de tramas y subtramas que es difícil definir en pocas palabras, pero Kurt Sutter (serie The Shield) lo logra en ese último plano que antes mencionábamos: el protagonista se encuentra en la misma posición que al final de la anterior temporada, pero esta vez es su madre y su hijo los que le acompañan.

Este aparente plano sencillo y escueto recoge toda una evolución. Algunos dirán que simplemente ha vuelto a sus orígenes. Sí y no. Es cierto que en las primeras temporadas de Hijos de la Anarquía este joven príncipe, como si de un Hamlet sobre ruedas se tratara, mostraba un carácter violento que se ha ido diluyendo poco a poco con la presencia cada vez mayor de su interés romántico. Pero no es menos cierto que durante esas temporadas el fantasma del padre le hablaba a través de unos diarios que le instaban a dejar el club y buscar una vida mejor. En esta quinta temporada, sin embargo, el príncipe convertido en rey ha dado rienda suelta a su brutalidad, tanto física como moral, en un intento por controlar un entorno que se mueve sin su consentimiento. Y curiosamente, se ha convertido en su padre, escribiendo diarios para sus hijos en los que confiesa sus verdaderos pensamientos y demostrando que el poder, a pesar de los intentos, corrompe.

Pero todo sin dejar el club y las intrigas. El final de la temporada evidencia claramente que el protagonista va a seguir por el único camino que conoce y, porqué no, que adora. El principal cambio que existe en estos capítulos es que mientras que antes sentía algunos escrúpulos a la hora de tomar decisiones, ahora importa poco cuántos tengan que caer para conseguir sus objetivos. Y son muchos los que caen, por cierto, incluyendo su propia esposa y madre de sus hijos, y el vicepresidente de su club. Todo ello mostrado en uno de los mejores finales de temporada que ha tenido la serie.

Nuevos socios y secretos

Toda esta evolución, a pesar de ser uno de los elementos más destacables de la temporada, no sería posible sin el apoyo de una trama que recuerda mucho a la de la tercera temporada, tanto en su desarrollo como en su resolución, engañando a personajes secundarios y espectadores por igual. Sutter demuestra con estos 13 capítulos dos cosas importantes en toda serie: uno, que no le preocupa eliminar personajes de cierta relevancia para que la trama pueda seguir su curso natural; y dos, que una ficción debe conseguir la atención con sus propias armas, no con efectos de artificio que distraigan de lo verdaderamente relevante.

En este sentido, esta quinta temporada es ejemplar. De hecho, comienza introduciendo a un personaje que crece a medida que avanza el argumento hasta convertirse en un nuevo aliado que viene a sustituir a los veteranos grupos y asociaciones ya conocidos. Y es un personaje muy interesante. Encarnado por Jimmy Smits (Conociendo a Jane Austen), es un hombre que trata de huir de su pasado, pero al igual que el protagonista, lo hace sin las convicción suficiente para resultar creíble. Y a pesar de su aspecto afable y su predisposición a ayudar, algo oculta. Al menos eso parece, pues pocos personajes (por no decir ninguno) de Hijos de la Anarquía muestran sus verdaderas intenciones.

Hablando de secretos, no puedo dejar pasar una llamada de atención sobre el personaje de Perlman, uno de los más interesantes de la trama y que en esta quinta temporada ha estado un poco desubicado, por decirlo de algún modo. Tras la brutal resolución de su corrupción en la temporada anterior, con descubrimientos de traiciones, asesinatos y pactos ocultos (vamos, algo parecido a lo que le ocurre al joven heredero en esta entrega), ‘Clay’ Morrow volvía con fuerza, moviéndose en las múltiples sombras del club para recuperar el poder. Empero, a medida que se suceden los episodios dichas intrigas pierden fuerza hasta convertirle en una especie de corderito, de alma bondadosa y reformada que lo único que busca es terminar sus días en paz. Siendo sincero, en todo momento se alberga la esperanza de que su actitud forme parte de un plan mayor, pero al terminar la temporada da la sensación de que en realidad su personaje ha cambiado. Sería una lástima no volver a recuperarle para la causa.

En cualquier caso, esta quinta temporada de Hijos de la Anarquía mantiene el alto nivel general de la producción, e incluso fortalece determinados aspectos dramáticos. Si anteriores entregas se han centrado en la evolución de personajes secundarios, esta gira en torno casi en exclusiva al protagonista. Su forma de actuar y el endurecimiento de su alma (sobre todo a raíz de la muerte de su amigo, como señalaba más arriba) han dado un giro radical a la serie, generando una serie de escisiones y de intrigas que, lejos de sacar al club de su forma de vida habitual, lo han sumergido aún más. Su frenético ritmo y la cantidad de acontecimientos que suceden en apenas una hora dan cuenta de la profundidad de su trama, y la convierten en una de las mejores series de la parrilla actual.

‘Pacific Rim’: la Tierra como ring de lucha libre


Robots y alienigenas se ven las caras en 'Pacific Rim', de Guillermo del Toro.Si algo está caracterizando al verano cinematográfico de este 2013 es la escalada de destrucción planetaria que se produce película tras película. Desde luego, de todas ellas se lleva la palma lo nuevo de Guillermo del Toro después de cinco años de silencio desde Hellboy II. El ejército dorado (2008). Desconozco si esta película es resultado de la frustración por no haber podido llevar a la gran pantalla el relato de H. P. Lovecraft En las montañas de la locura, proyecto maldito para el director mexicano, pero lo que sí se desprende de esta superproducción es que se lo ha pasado en grande. Casi tanto como los espectadores.

No cabe duda de que el autor de Pacific Rim es un director de género. Y no lo digo porque todas sus historias se enmarquen dentro del género fantástico, sino porque maneja los elementos de forma versátil e ingeniosa. En el caso que nos ocupa, su labor se centra sobre todo en el aspecto visual y narrativo de la historia. Esta película de alienígenas contra robots es, en una palabra, impactante. Del Toro consigue transmitir con maestría las múltiples sensaciones que se entremezclan en unos protagonistas que deben conectar sus mentes para manejar unos enormes robots. Miedo, ansiedad, euforia. Gracias a la primera secuencia y a un resumen inicial bastante efectivo el director de Blade II (2002) establece las bases para lo que más tarde será la trama, y consigue que el público conecte con unas criaturas metálicas de dimensiones colosales.

Sí, el acabado técnico es impresionante. El diseño de monstruos y robots fascina. Todo en ella invita al festival de espectacularidad, acción y exceso que en el fondo es. Un homenaje a toda esa cultura popular de décadas atrás. Pero si alguien acude pensando en ver algo similar a El laberinto del fauno (2006) que se vaya olvidando. La historia es simple, tal vez demasiado. Más allá de que los conflictos internos y externos de los personajes son un poco prototípicos, el devenir de la propia historia responde al esquema tradicional del héroe que no busca serlo, o lo que es lo mismo de la última esperanza de la humanidad. No hay nada de malo en ello, pero sí desluce un tanto el conjunto, que pierde fuerza en sus secuencias menos espectaculares. Por no hablar del protagonista, Charlie Hunnam, quien o bien no ha sabido quitarse de encima la chupa de cuero de su personaje en Hijos de la anarquía o es que simplemente tiene ese único registro interpretativo.

En cualquier caso, Pacific Rim es una oportunidad única de entretenimiento cinematográfico, un festival para los amantes de la ciencia ficción que se postula como la destrucción definitiva del planeta. Al menos hasta que llegue la siguiente o, incluso, su segunda parte, anunciada hace unos días y que presenta la dificultad de contar una nueva historia tras el cierre de la narrada en este film. Que nadie busque una profunda historia de redención, venganza y patriotismo terrestre. Es lo que es, y eso se sabe simplemente viendo su cartel. Es lo bueno que tiene. No tendrá un elaborado guión, pero lo que promete lo cumple. Es más, supera las expectativas.

Nota: 7/10

Robots vs. alienígenas espiados por veteranos de la CIA


Estrenos 9agosto2013Si la semana pasada fue Brad Pitt el encargado de llenar las salas con Guerra Mundial Z, este fin de semana tiene la ocasión de repetir proeza el director Guillermo del Toro (El espinazo del diablo). Claro que a diferencia de aquella, este viernes 9 de agosto se estrena otro título que tratará de hacerle sombra y robarle a un público que en muchos casos tendrá que decidir qué ir a ver a las salas de cine. En cualquier caso, pocos estrenos aunque muy diversos y enfocados a espectadores con inquietudes diferentes. Pero empecemos por los estrenos masivos.

Evidentemente, este calificativo le va como anillo al dedo a Pacific Rim, cinta de ciencia ficción y acción de la mano del director de Hellboy (2004) que recupera el viejo concepto de los kaiju, esos monstruos enormes que únicamente parecían divertirse destruyendo una ciudad y del que su máximo representante siempre ha sido Godzilla. Pues bien, en esta ocasión la presencia de dichos kaijus, surgidos de las profundidades del mar, amenaza con destruir a toda la Humanidad. Ni siquiera la construcción de unos enormes robots que son controlados por dos pilotos unidos a través de un enlace neuronal puede detenerlos. En este escenario es cuando las fuerzas de seguridad se ven obligadas a recurrir a dos héroes que terminarán siendo la única esperanza de sobrevivir: un ex piloto y una joven novata sin experiencia. Proyectada en 2D y en 3D, este homenaje a las historias clásicas y a los videojuegos de los años 80 cuenta en su reparto con un puñado de actores conocidos en mayor o menor medida gracias a series de televisión, entre los que destacan Charlie Hunnam y Ron Perlman (ambos de la serie Hijos de la anarquía), Diego Klattenhoff (serie Homeland), Idris Elba (serie Luther), Burn Gorman (serie Torchwood), Clifton Collins Jr. (Brothers), Rinko Kikuchi (Saidoweizu), Charlie Day (Cómo acabar con tu jefe), Robert Kazinsky (una de las últimas incorporaciones a la serie True Blood) y Santiago Segura (Torrente).

Aunque como decimos, no es el único estreno a gran escala que llega esta semana. De hecho, si comparásemos los repartos posiblemente la vencedora sería RED 2, continuación del éxito de 2010 que adaptaba la novela gráfica homónima. En esta ocasión la historia vuelve a juntar al equipo de agentes de la CIA retirados y extremadamente peligrosos con el único objetivo de encontrar un dispositivo nuclear portátil. Acción y comedia es lo que promete la cinta, al igual que su predecesora. Y al igual que esta cuenta con un grupo de actores simplemente asombroso dirigido para la ocasión por Dean Parisot (Héroes fuera de órbita), a saber: Bruce Willis (Looper), John Malkovich (Memorias de un zombie adolescente), Mary-Louise Parker (El dragón rojo), Helen Mirren (Hitchcock), Anthony Hopkins (Thor), Catherine Zeta-Jones (La trama), Byung-hun Lee (G.I. Joe: La venganza), Neal McDonough (Capitán América: El primer vengador), David Thewlis (War Horse) y Brian Cox (El origen del planeta de los simios).

Si echamos la mirada más allá de los blockbuster propios de esta época del año nos encontramos con Renoir, cinta francesa del 2012 que se basa en los trabajos de Jacques Renoir en los que se narra la relación entre el famoso pintor y su no menos famoso hijo Jean con una joven que entra en sus vidas. Enamorados ambos de ella, la relación de Jean Renoir con la mujer será mal vista con su padre, pero iniciará un proceso en su interior que terminará desarrollando al importante cineasta en el que luego se convirtió. Un drama con el arte como telón de fondo que dirige Gilles Bourdos (Premonición) y que protagonizan Michel Bouquet (Todas las mañanas del mundo), Christa Theret (Mike), Vincent Rottiers (Love and bruises), Thomas Doret (El niño de la bicicleta) y Romane Bohringer (Retratos chinos), entre otros.

Del 2011 es otro de los estrenos, en esta ocasión procedente de Japón. Con el título de About the pink sky (Sobre el cielo rosa) el director Keiichi Kobayashi debuta en el largometraje en esta historia que comienza cuando una adolescente se encuentra en la calle una cartera con 300.000 yenes. En lugar de devolverlos se los entrega a un amigo cuyo negocio pasa por un mal momento. Cuando al cabo de un tiempo su camino y el del propietario de la cartera se cruzan, este le pedirá que inicie un periódico en el que todas las noticias sean alegres y positivas con el fin de ayudar a un amigo convaleciente en el hospital. Este drama escrito por el propio director está protagonizado por actores con poca experiencia como Ai Ikeda, Ena Koshino (Fugainai boku wa sora o mita), Reiko Fujiwara y Tsubasa Takayama.

Por último una película española a pesar del título que tiene. Kanimambo es la historia, o mejor dicho las historias, de tres directores que se adentran en Mozambique para narrar la pobreza, las consecuencias de la Guerra Civil o la difícil situación que ha dejado la guerra de la Independencia. Todo a raíz de la palabra que da nombre al film y que en Shangana significa “gracias”.  Los encargados de buscar dichas historias y ponerlas en imágenes son Adán Aliaga (Estigmas), Abdelatif Hwidar, que debuta así en el largometraje, y Carla Subirana (Nedar).

La intriga familiar acapara la 4ª temporada de ‘Hijos de la anarquía’


Si algo ha definido a Hijos de la anarquía durante las tres últimas temporadas ha sido su violencia, tanto implícita como explícita. Sus negocios con el tráfico de armas, sus luchas por el territorio con otros clubes o sus encontronazos con la ley son buena prueba de ello. Sin embargo, la cuarta temporada ha supuesto una bocanada de aire nuevo que, a tenor de lo ocurrido en el último episodio de la temporada, no va a definir el resto de arcos narrativos. Con un tono mucho más sobrio y calculado, y con menos propensión a los actos sin control o a las venganzas rápidas, las aventuras de este club de moteros han dado, con todo, un vuelco casi mayor que en anteriores entregas.

No quiere esto decir que no exista violencia, más bien al contrario. Lo que ocurre, empero, es que dichos actos violentos quedan reducidos prácticamente a tiroteos, lo que aleja a los miembros del club de actos más personales como la venganza de la agente de la ATF al final de la tercera temporada. El motivo principal por el que ocurre esto es que, a diferencia de otras temporadas donde varias tramas se sucedían de forma paralela para confluir en una resolución casi apoteósica, la cuarta temporada se toma mucho más tiempo en desarrollar el necesario hilo conductor de la intriga familiar, lo que es de agradecer y da nuevas alas para el próximo desarrollo de la serie, que vuelve el 11 de septiembre a Estados Unidos.

Pero junto a esta trama familiar, sobre la que volveremos más adelante, se encuentra el único arco narrativo de los 14 episodios (salvo alguna pequeña trama que, en el fondo, está incluida dentro de esta) centrado en el negocio de las drogas con un cartel internacional. Más allá del riesgo que supone dicha relación, que a todas luces es excesivamente grande para los intereses de un club pequeño como los Hijos, la decisión de ganar dinero con las drogas genera un fractura interna de tal magnitud que ha definido el resto de la historia, continuando en la quinta temporada y, quién sabe, en las siguientes; una ruptura que, además, crece con los problemas internos de los propios miembros.

Que nadie piense, sin embargo, que Hijos de la anarquía ha perdido ese estilo tan particular en su desarrollo narrativo definido por una intriga que se resuelve en los últimos episodios con giros argumentales a cada cual más inesperado. En este sentido, posiblemente la cuarta temporada acoja uno de los más impactantes de la serie. Su creador, Kurt Sutter (The Shield), propone al espectador el peligroso juego del gato y el ratón para tratar de descubrir quién es quién en la trama. Dicho esto, y junto al guionista Chris Collins (Los Soprano), reservan para el último episodio una sorpresa mayúscula en la que los personajes se descubren para mostrar una naturaleza que cambia todas las reglas del juego y obliga a un cambio de decisiones no solo necesario, sino obligado para el buen funcionamiento de la serie. Hay creadores que hacen esto de forma tosca y excesivamente sencilla; Sutter ha demostrado que se puede hacer bien si las bases están puestas desde el comienzo.

Más Shakespeare que nunca

Una de las cosas más atractivas de las tres primeras temporadas fue la adaptación de Hamlet de Shakespeare a un mundo tan violento y alejado de la obra como puede ser un club de moteros. Con un presidente que ha usurpado el poder y tiene a la mujer del presidente original (que murió en extrañas circunstancias), un joven heredero que aspira a convertirse en el futuro líder y un legado en forma de manuscrito, la influencia de la obra clásica parecía notarse en muchos aspectos. Sin embargo, la necesidad de desarrollar el mundo que rodea a los Hijos obligaba a posponer un desarrollo aún mayor de esta intriga familiar.

Es posible que ese sea uno de los motivos por los que esta cuarta temporada ha dejado de lado las múltiples tramas y ha dado más presencia a las cartas que ya revelaban, al final de la tercera, un futuro preocupante para la unidad familiar que dirige el club. Cartas, por cierto, que se convierten en el principal ‘leit motiv’ de los acontecimientos, incluso de algunos que se toman en la trama de las drogas. Y cartas, además, que suponen una forma de conversación entre el fallecido padre y el dubitativo hijo, que busca la forma de abandonar todo su mundo para poder dar a sus hijos una vida legal.

En este marco, esta nueva temporada deja las piezas colocadas para una nueva batalla, con unos personajes cuya evolución solo puede calificarse de extraordinariamente lógica y arriesgada. Más allá de la brecha, tanto generacional como emocional, que se produce entre los miembros del club, el cambio que se produce en Jackson ‘Jacks’ Teller (con una muy buena interpretación de Charlie Hunnam) hacia el final de la temporada, cuando los secretos más oscuros salen a la luz, es soberbio. Con todo, puede que el personaje que mantiene una evolución más fascinante siga siendo el de Maggie Siff, la otrora doctora enamorada de un motero y que en esta temporada asume definitivamente su rol de “chica de…”, con todo lo que eso conlleva.

Desde luego, Hijos de la anarquía se confirma en esta cuarta temporada como uno de los títulos más completos de la televisión en el que el espectador debe estar atento a la más mínima mirada. Puede que algunos consideren que ha perdido algo de esencia al dar más protagonismo a toda la trama del pasado de Teller, pero no ha sido más que una forma de hacer avanzar la historia y, además, sanear un poco un estilo que podría caer en lo repetitivo. A tenor del final (por cierto, con un capítulo doble titulado ‘Ser…’), la violencia y el drama internos están asegurados para la próxima entrega.

‘Hijos de la Anarquía’, la combinación perfecta entre Shakespeare y ‘Los Soprano’


El pasado 20 de febrero el canal español Energy comenzó a emitir una de las mejores series que se han producido en los últimos años. Creada por Kurt Sutter, guionista y productor de The Shield, lleva por título Hijos de la Anarquía, y centra su trama en los conflictos internos y externos de un grupo de moteros norteamericano. Desde su estreno en 2008 se ha repetido una y otra vez que es la heredera natural de Los Soprano, pero hay algo más, un componente que recuerda más a Shakespeare que a Tony Soprano.

Protagonizada por caras conocidas del cine y la televisión como Charlie Hunnam (Queer as Folk), Katey Sagal (Matrimonio con hijos), Ron Perlman (Hellboy) o Kim Coates (Prison Break), la cinta combina con excelente precisión el violento mundo en el que se mueve la banda y los intentos de la misma por evitar los daños que la misma llega a producir. Todo con la sombra de un pasado que el joven heredero del clan desconoce y que los espectadores descubren capítulo a capítulo.

Es precisamente en este elemento donde se encuentra el aspecto más shakesperiano. El padre del joven destinado a convertirse en líder de la banda murió en circunstancias que no parecen muy claras, mientras que el hombre que ahora ejerce de padre era su mejor amigo. Además, la madre es ahora esposa de éste. Cambiando algún que otro parentesco, el triángulo familiar es una clara referencia a Hamlet. Incluso el fantasma paterno está presente en forma de diario que Jax Teller, el joven interpretado por Hunnam, lee de forma asidua.

La serie atrae desde el primer momento gracias a una combinación explosiva del mundo del motor y la violencia de esta especie de grupo mafioso con el drama familiar que viven los personajes, a cada cual más rocambolesco o violento. Todo ello en un pueblo que controlan con mano firme a pesar de los continuos ataques desde fuera y desde dentro.

Pero no todo es tan sencillo. La mayor fascinación posiblemente la genere la intrusión del drama en el sólido bloque que constituye el grupo de moteros (por cierto, las secuencias por carretera son espectaculares). Y es que, a medida que la trama avanza por sus, hasta ahora, cuatro temporadas, las sospechas sobre la muerte del padre de Jax, las decisiones del líder y las dudas del joven sobre el sentido de la banda hacen mella poco a poco en un grupo que tiende a dividirse en dos bandos, provocando disputas y posiciones encontradas.

La muerte tenía un precio

Si hay algo que se puede sacar en claro de Hijos de la Anarquía es que la violencia y la muerte acarrean una reacción en contra de igual o superior magnitud. Ésa es una de las cosas que se viven casi desde el primer capítulo, y que el protagonista vive en sus carnes y en las de sus amigos más cercanos.

Una mundo que, como decimos, acecha a los protagonistas en todo momento. En otro tipo de circunstancias, este final sería lógico, pero los problemas de cada miembro llegan a ser tan cotidianos que la identificación con estos fuera de la ley es inevitable. Si a esto se suman unos agentes de la ley y federales con más caras ocultas que los propios “hijos”, lo que se obtiene es una esperanza de que los problemas terminen por solucionarse haciendo pagar a los verdaderos culpables (es decir, los agentes).

Personajes muy humanos

Uno de los elementos más atractivos de la serie de Sutter es, sin lugar a dudas, sus personajes. No sólo los miembros del club, sino todo el mundo que rodea a su taller. Así, mientras la mayoría de los “hijos” se vuelven más y más humanos, mostrando una bondad y una moral fácilmente comprensible (a su estilo, claro), los demás realizan el camino contrario. Así le ocurre, por ejemplo, a Tara Knowles, interpretada por Maggie Stiff (Mad Men). Su magnífica interpretación queda patente observando el arco dramático de su personaje a lo largo de las temporadas, pasando de una doctora enamorada del protagonista que evita involucrarse en los turbios asuntos de la banda, a una mujer que acepta su destino como pareja y futura heredera del puesto de la madre, utilizando la violencia siempre que es necesario.

La serie puede que no sea uno de esos productos multipremiados y multinominados año tras año a todos los premios habidos y por haber, y si hay que ser sinceros es una auténtica injusticia. Cierto es que no aborda el mundo de la medicina, ni el de la abogacía, ni siquiera es de época. Pero Hijos de la Anarquía posee los elementos básicos de una gran serie: una trama perfectamente estructurada y unos personajes poliédricos hasta límites insospechados. Si a eso se añade un mundo tan poco conocido como el de los clubs de motos, el componente mafioso y el drama familiar, sólo queda rendirse ante una producción que obliga, noche tras noche, a seguir las aventuras y desventuras del club de la calavera y el fusil.

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