‘Stranger Things’ crece y madura con sus protagonistas en su 3ª T.


Que Stranger Things es un referente de la cultura popular actual es algo incuestionable. Más allá de que recupere la vida, la cultura y la sociedad de los años 80, la serie creada por los hermanos Duffer (Matt y Ross) se ha convertido en un referente para otras producciones, abriendo un camino narrativo único y rico en matices. Pero lo realmente interesante de la serie, formal y dramáticamente hablando, es su capacidad para reinventarse, para adaptarse a las necesidades del relato, evolucionando constantemente y ofreciendo al espectador nuevas perspectivas dentro de este mismo universo, explorándolo hasta sus rincones más lejanos.

Y esto es precisamente lo que hace la tercera temporada. Para muchos la segunda parte de la serie no estuvo a la altura de las expectativas, tratando dar continuidad a una trama que, en principio, había terminado en la temporada inicial. Personalmente no creo que sea así, y viendo estos ocho episodios desde luego que adquiere mucho más sentido como una historia de transición hacia algo mucho mayor. En esta ocasión, la serie se plantea como una batalla en toda regla, más que una intriga de suspense con monstruo de por medio. Esto conlleva una simplificación de la estructura dramática, lo que sumado a unos personajes ya presentados deja mucho espacio libre para ahondar en otros aspectos. Y eso es precisamente lo que utiliza la serie, logrando un equilibrio perfecto entre aventura, acción, drama y conflicto adolescente.

Porque este es otro de los aspectos más interesantes de la tercera temporada de Stranger things. El espacio que deja la presentación de personajes permite no solo más acción, también abordar en profundidad uno de los problemas que suelen tener todas las producciones con niños como protagonistas: su crecimiento y madurez. Con una mezcla de ironía y drama, estos 8 episodios sitúan a los protagonistas en una nueva fase de su vida en la que las chicas son más interesantes que los juegos de rol, los cómics o las películas. El modo en que se afronta esta evolución es sencillamente brillante, pues como pasa con el resto de elementos de la serie, toca todas las tramas secundarias posibles: la reacción de los adultos protectores, la amistad, los celos, la diferente visión del mundo de chicos y chicas, etc. Todo ello no solo aporta un toque divertido y entrañable al argumento, sino que permite al espectador crecer con los héroes, sentirse identificado con una etapa de la vida que todos hemos superado. En definitiva, lo que consigue es mantener ese espíritu de realidad dentro de la fantasía.

Y si los adolescentes son una parte fundamental de la trama, los adultos no se quedan atrás. Su rol de secundario importante cada vez está evolucionando más hacia un protagonismo autónomo, ajeno por completo a las aventuras de los muchachos. Y en esa evolución el personaje de David Harbour (Escuadrón suicida) es sin duda el más interesante, pues no solo afronta su papel de padre inesperado, sino que su papel en la resolución de la historia cada vez es más determinante. Habrá que ver cuál ha sido su verdadero final, aunque quien haya visto el epílogo de ese último episodio podrá hacerse una idea. Sea como fuere, la presencia de los adultos se consolida como una línea argumental paralela a la de los niños, con sus propios puntos de giro, sus conflictos y sus complejas relaciones. La incorporación de los rusos a la historia, además, aporta una vuelta de tuerca más al relato, aumentando de paso esa nostalgia marca de la casa de la serie acerca de las películas de los años 80 con la Guerra Fría como telón de fondo.

Uso de los personajes

De este modo, la trama de Stranger things se vuelve más compleja, o por lo menos con más ramificaciones. Sí, es cierto que el planteamiento básico es relativamente simple, fundamentalmente porque sigue la estela de temporadas anteriores, pero las consecuencias y las líneas argumentales secundarias enriquecen notablemente el conjunto hasta hacerlo mucho más completo de lo que era hasta ahora. La presencia de soviéticos, esa criatura que se construye a partir de seres humanos, la incorporación de nuevos personajes (a los que, por cierto, se les da un tratamiento totalmente diferente a lo que podría esperarse en un principio), etc. Todo ello conforma un relato más propio del cine que constantemente homenajean los hermanos Duffer, lo que convierte a esta temporada, posiblemente, en la mejor realizada hasta el momento.

Sobre esos personajes secundarios, una puntualización. Todos y cada uno de ellos han jugado un papel fundamental en la trama, ya sea como activos en el desarrollo de la historia principal, ya sea como herramientas para desbloquear situaciones, ya sea como contrapunto cómico a la gravedad de la historia. Y todos ellos, como decía antes, han tenido un tratamiento poco habitual, más realista y, sobre todo, más sincero con la propia historia y con las características de la trama. Uno de los ejemplos más claros es el de Dacre Montgomery (Power Rangers). Su presencia en la serie parecía condenada a un futuro mediocre, más bien como herramienta puntual para hacer avanzar la trama en una dirección o como contrapunto irónico en determinadas situaciones. Su reconversión en esta etapa es magistral, no solo por su nueva posición dentro de la historia, sino porque su final es ejemplar, alejándose de una resolución amable y demostrando que incluso los personajes con aparente poco futuro pueden tener una nueva y brillante alternativa.

Así las cosas, esta tercera temporada se puede entender como una reinterpretación de lo visto hasta ahora en la serie. El argumento se abre a más personajes, implica por tanto muchas más tramas secundarias, e incluso la principal se presenta con más ramificaciones. Es, en definitiva, una serie más adulta, más madura. La verdad es que no podía ser de otro modo, pues un estancamiento en su planteamiento inicial no habría llevado a nada. Al contrario, habría mermado la calidad de la ficción. Habrá quien piense que la temporada anterior ha sido una especie de transición. Y puede que fuera así, pero desde luego estos 8 capítulos confirman que cada aspecto del pasado cuenta, que cada decisión narrativa tiene su efecto en el futuro de la serie. Por eso, además de todo lo explicado anteriormente, es por lo que esta temporada engrandece una producción ya de por sí enorme.

Dicho esto, y confirmada la cuarta temporada, solo queda esperar el siguiente paso de Stranger things. Porque habrá un paso. Esta tercera etapa demuestra que la serie continúa hacia adelante en un camino que la permite crecer tanto en profundidad dramática como en complejidad formal, expandiendo el universo e incorporando nuevos personajes de forma muy calculada. Existe el riesgo de caer en su propia trampa, de que la incorporación de nuevos personajes termine por abarcar más de lo que pueda apretar la historia, pero no parece probable. De hecho, y a tenor del teaser de la cuarta parte, parece que se va a dirigir la mirada hacia ese otro lado, lo cual abre una puerta a infinitas posibilidades. La pregunta de verdad es si se podrá superar el nivel de esta tercera parte.

2ª temporada de ‘Stranger things’, más personajes y ciencia ficción


Una de las máximas de cualquier serie es que tiene que evolucionar. Sea como sea, tienen que existir cambios suficientes para que la ficción crezca. En algunos casos es introduciendo nuevos personajes y, con ellos, nuevas tramas. En otros, situando a los protagonistas ante nuevos retos personificados en villanos. Y en otros, como ocurre con la segunda temporada de Stranger things, profundizando más en los elementos que ya fueron planteados en la primera temporada. Y esto tiene su lado positivo y su lado negativo, y el éxito o fracaso de estos 9 episodios nuevos radica no solo en los ojos con los que los vea el espectador, sino en la habilidad de los hermanos Matt y Ross Duffer (serie Wayward Pines) para inclinar la balanza hacia los aspectos más positivos del relato.

Una habilidad que queda patente al ver el resultado de este nuevo homenaje al cine de ciencia ficción de los años 80. Superado el elemento sorpresa de su ambientación, la trama se ha vuelto más adulta para adentrarse en el mundo Del Revés planteado en su primera etapa y en la amenaza que suponen las criaturas de este otro lado. Y aunque la trama vuelve a utilizar el mismo desarrollo (al menos de forma esquemática) que tan buen resultado obtuvo en los primeros episodios, lo cierto es que el peso dramático que adquieren personajes adultos como el sheriff interpretado por David Harbour (Escuadrón Suicida) dota al conjunto de una visión más global y más compleja de lo planteado inicialmente.

Y es que aunque pueda parecer excesivamente simple, la trama ya no se centra en la búsqueda de un niño desaparecido, sino en la lucha directa y sin cuartel contra la amenaza de las criaturas de ese otro mundo. Mientras que la primera temporada tenía un carácter más aventurero adolescente (y que cada cual lo asocie a la película que crea oportuno), esta segunda etapa de Stranger things se entrega por completo a la ciencia ficción, a la lucha contra algo de otro mundo al que cuesta derrotar y no se llega a entender nunca. El cambio de concepto es evidente, pero eso no implica que sea peor. Sencillamente, era necesario buscar una salida a un planteamiento que no podía repetirse, y dado que el elemento sorpresa de la ambientación ya ha caducado (aunque sigue siendo espléndido), la opción elegida ha sido la de enfocar la trama hacia ese formato.

Para gustos los colores, por supuesto, pero personalmente creo que es acertado. Para empezar, ha permitido a la serie mantener buena parte de su esencia al tiempo que ha agrandado sus miras y sus objetivos, abriendo la puerta a nuevas posibilidades narrativas. Y lo más importante, ha introducido nuevos personajes que, a su vez, ha sido catalizadores de importantes cambios en los protagonistas, adultos y niños, que les ha permitido crecer dramáticamente hablando. Desde los problemas amorosos de unos preadolescentes hasta los conflictos románticos de adolescentes y adultos, pasando por el modo en que cada uno de ellos se enfrentan a esa amenaza procedente de otro mundo. Todo ello, aunque de forma sutil, hace que la visión de esta serie cambie. Desde un punto de vista narrativo, la apuesta de los hermanos Duffer no podría ser más idónea.

Referencias, más referencias

Y dado que mencionamos los nuevos personajes, es conveniente señalar que no todos los secundarios introducidos en esta nueva temporada tienen el mismo peso. De hecho, algunos resultan un tanto anodinos. Es el caso, por ejemplo, de todo el periplo de Eleven, el rol interpretado por Millie Bobby Brown (serie Intruders). Aunque necesario para explorar los orígenes de este personaje, lo cierto es que esa especie de viaje al Lado Oscuro se antoja poco elaborada. Sí, explica muchos elementos que definen a esta niña con poderes, pero al mismo tiempo plantea ciertas dudas sobre la necesidad de volverse, aunque sea por un instante, una delincuente.

Posiblemente este sea uno de los conceptos de Stranger things más cuestionables, amén de la aparición de una chica en el grupo de niños que causa una cierta revolución romántica en los protagonistas. Carente de originalidad, esta dinámica solo podrá tener justificación si se desarrolla de forma coherente en la próxima temporada, y sobre todo si no cae en los arquetipos vistos en miles de historias de este tipo. Eso sí, la presencia de esta joven interpretada por Sadie Sink (The Bleeder) convierte al grupo en un reflejo del que protagoniza It. Y precisamente las referencias al cine de terror y ciencia ficción más emblemático es uno de los elementos a aplaudir en esta segunda temporada.

En efecto, la trama está plagada de momentos que homenajean a grandes e inmortales títulos del género. La inclusión de Sean Astin, Sam en la saga ‘El Señor de los Anillos’ y uno de los protagonistas de Los Goonies (1985) así lo confirma. Pero hay mucho más. El final que se desarrolla en las instalaciones militares desiertas y plagadas de criaturas es una evidente referencia a Parque Jurásico (1993); la referencia a Los cazafantasmas (1984) ni siquiera es necesario analizarla; la secuencia que comparten en una casa los personajes de Charlie Heaton (El secreto de Marrowbone) y Natalia Dyer (After Darkness) antes de acostarse es un claro homenaje a Indiana Jones y el templo maldito (1984). Y como ellas, numerosos detalles, algunos más evidentes que otros, que confirman esta serie como una referencia constante a clásicos del cine y, sobre todo, a los directores que los hicieron posibles.

Puede parecer que Stranger things ha dejado de ser Stranger things. Pero lo cierto es que, como toda buena serie, ha evolucionado. ¿Hacia dónde? Por el momento, hacia una trama mucho más rica, compleja y abierta de lo que fue la primera temporada. El peso dramático de los adultos ha pasado de meros secundarios en la órbita de unos jóvenes que buscan a su amigo desaparecido a protagonistas de pleno derecho en una lucha contra un mal mayor. Si a esto se une la complejidad que adquiere ese enemigo y el cambio producido en los arcos argumentales de los jóvenes protagonistas, lo que nos encontramos es una segunda temporada que ofrece más en todos los sentidos. Y hasta cierto punto, ese es el objetivo de toda continuación, aunque en este caso la introducción de nuevos personajes y las consecuentes nuevas tramas secundarias generan un doble fenómeno. Por un lado, esa riqueza dramática y de ciencia ficción ya mencionada. Pero por otro, se expande el tanto el mundo presentado en los primeros episodios que se diluye el tratamiento de algunos protagonistas, provocando una cierta sensación de abandono de los mismos. Sea como fuere, con una tercera temporada confirmada existe margen para continuar desarrollando y profundizando en este universo, potenciando todo lo bueno que lo define y tratando de minimizar los problemas de ese crecimiento dramático.

Gutiérrez y Echegui, dos policías que se enfrentan al traficante Cruise


Septiembre comienza casi del mismo modo a como terminó agosto en materia de estrenos cinematográficos. Casi, porque mientras el mes anterior los estrenos españoles liberaban la lista de novedades, este viernes día 1 es un título norteamericano el que parece llamado a ser el más importante. Además, a la lista de films españoles les acompaña un puñado de títulos de todo el mundo, sobre todo de Europa.

Pero comencemos el repaso por Barry Seal: El traficante, comedia de acción que narra la historia real de un piloto de aerolíneas al que la CIA contrata durante la época de Ronald Reagan para realizar una operación encubierta contra el cártel de Medellín, y que terminó trabajando para Pablo Escobar. La cinta, dirigida por Doug Liman (Al filo del mañana), tiene como protagonista a Tom Cruise (La Momia), quien en esta ocasión está acompañado por Domhnall Gleeson (El renacido), Jayma Mays (serie Glee), Sarah Wright (Noche de marcha), Jesse Plemons (Déjame salir) y Lola Kirke (serie Mozart in the jungle).

También procede de Estados Unidos All Saints, drama dirigido por Steve Gomer (Fly by night) que aborda la historia real del pastor Michael Spurlock, que tenía a su cargo una Iglesia a punto de cerrar y una comunidad de refugiados del Sudeste Asiático. Los problemas les llevaron a convertirse en granjeros para tratar de salvar tanto la Iglesia como la comunidad. Cara Buono (serie Stranger things), John Corbett (Mi gran boda griega 2), Barry Corbin (Windsor) y David Keith (A perfect vacation) encabezan el reparto.

Entre los numerosos estrenos españoles destaca La niebla y la doncella, thriller escrito y dirigido por Andrés M. Koppel, con el que debuta en el largometraje. Adaptación de la novela de Lorenzo Silva, la trama se centra en la reapertura de un crimen ocurrido en La Gomera, donde un político de la isla es absuelto de haber matado a un joven. Nuevas pistas obligarán a replantear todo lo conocido hasta ese momento. El reparto está encabezado por Quim Gutiérrez (La gran familia española), Verónica Echegui (Kamikaze), Paola Bontempi (La isla interior), Aura Garrido (Vulcania), Sanny van Heteren (Violet) y Roberto Álamo (Zona hostil).

Diferente es Parada en el infierno, cinta que combina suspense y terror en una historia ambientada en el Lejano Oeste y que arranca cuando los propietarios de una solitaria y tranquila parada de diligencias en medio de la nada se ven obligados a enfrentarse a una banda de forajidos liderados por un hombre sin escrúpulos. Víctor Matellano (Wax) dirige esta propuesta protagonizada por Tábata Cerezo (Altamira), Enzo G. Castellari (Operación Nam), Nadia de Santiago (Musarañas), Antonio Mayans (La Ama), Guillermo Montesinos (Locos por el sexo) y Conrado San Martín (La mujer de mi vida).

En cuanto al resto de estrenos europeos, Los casos de Victoria es el título de una comedia romántica francesa con toques dramáticos que dirige Justine Triet (La bataille de Solférino) y cuya historia gira en torno a una joven abogada que acude invitada a la boda de un antiguo cliente con su novio. Después de la noche de bodas el marido le acusa de haber querido matarle, por lo que el hombre vuelve a requerir los servicios de la abogada para que le defienda. El único problema es que el testigo de la presunta agresión es el perro de la pareja, lo que desatará un sinfín de problemas. En el reparto destacan los nombres de Virginie Efira (Un hombre de altura), Vincent Lacoste (Hipócrates), Melvil Poupaud (Frente al mar) y Laure Calamy (Primaire).

Georgia, Rusia y Polonia están detrás de Rehenes, drama que adapta la historia real de dos jóvenes de clase alta que, en 1983 y con la excusa de los preparativos de su boda, planean el secuestro de un avión que les lleve a Turquía y poder así escapar de la URSS. Sin embargo, a medida que se acerca el momento la presión va en aumento, y nada de lo que habían previsto sale como estaba esperado. Rezo Gigineishvili (Zhara) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por un casi anónimo reparto encabezado por Irakli Kvirikadze, Giorgi Grdelidze, Giga Datiashvili y Tinatin Dalakishvili (Zvezda).

Y con algo de retraso llega el documental Un tango más, film con capital argentino, alemán e italiano producido en 2015 que aborda la historia de amor entre los dos bailarines de tango más famosos de todos los tiempos, María Nieves y Juan Carlos Copes, que se conocieron en una milonga siendo unos niños a finales de los años 40 y durante casi 50 años bailaron juntos. La cinta está dirigida por German Kral (Música cubana).

1ª T. de ‘Stranger things’, homenaje a una forma de entender el cine


Los chicos de 'Stranger things' buscarán a su amigo cueste lo que cueste.Hablar de series y cine por regla general es hablar de dos conceptos narrativos y visuales muy diferentes. Pero hay casos en los que ambos mundos, con sus particularidades, tienden a confundirse. Y uno de ellos es ese fenómeno titulado Stranger things, una de las obras maestras de la pequeña pantalla que homenajea un concepto de cine perdido hace ya muchas décadas pero que ha sentado las bases de mucho de lo que vemos hoy en día. Pero esta ficción de fantasía, amistad, valentía y amor creada por los hermanos Duffer (Matt y Ross, autores de algunos episodios de Wayward Pines) es más, mucho más que un mero homenaje, y eso es precisamente lo que la convierte, casi de forma automática, en uno de los referentes clásicos de la televisión moderna.

En efecto, los 8 episodios de la primera temporada están plagados de referencias a los años 80 y a las obras de Steven Spielberg (Tiburón) y Stephen King, autor de ItEl Resplandor. De hecho, los propios creadores han reconocido la influencia de ambos. Pero gracias a esas referencias los hermanos Duffer construyen todo un mundo en el que la inocencia deja paso a la madurez en unos personajes que todavía sueñan con juegos de rol, con llevarse a la chica o con salir con el “más guay” del instituto. En definitiva, sueñan con un mundo diferente al que viven. Ese trasfondo dramático dota a la trama de numerosos niveles interpretativos que, aunque tienen como nexo de unión la desaparición de un personaje y la presencia de una criatura de otro mundo, permiten enriquecer un mundo tan familiar como fascinante.

Las numerosas tramas secundarias que se dan cita a lo largo de esta primera etapa de Stranger things tienen, por otro lado, un notable desarrollo enfocado en todo momento a un único objetivo. Si bien la desaparición de un niño es el detonante de la historia, en muchos casos no deja de ser una sencilla pero eficaz justificación para mostrar aspectos mucho más humanos e íntimos de personajes que, a priori, nada tienen que ver con esa historia. Puede llegar a parecer, incluso, que sus historias poco tienen que ver con lo verdaderamente importante de la trama, pero nada más lejos de la realidad. En esta ficción todo cuenta, todo tiene un porqué y todo, absolutamente todo, está relacionado. ¿Y cuál es ese objetivo? Lo he mencionado antes: la madurez.

Las aventuras que viven los jóvenes protagonistas no dejan de ser un forma de abordar la desaparición de la niñez. Los problemas a los que deben enfrentarse para encontrar a su amigo desaparecido les lleva a experimentar el miedo, la rabia, la desconfianza o ese sentimiento de ruptura con lo que hasta entonces habían conocido. Todo ello enriquece un viaje aderezado con aventuras, con poderes mentales y con criaturas de otros mundos envuelto en una factura técnica simplemente impecable y con una coherencia narrativa aplastante, hasta el punto de que el último episodio, a pesar de tener un final feliz, deja un extraño sabor de boca al insinuarse que la realidad tras esa felicidad no es tan ideal como pudiera parecer.

Personajes fundamentales

En realidad, el final de la primera temporada de Stranger things es el broche de oro para una serie que asienta sus pilares sobre dos conceptos fundamentales. Por un lado, y como hemos analizado, el trasfondo dramático más allá del carácter fantástico, de criaturas o poderes psíquicos. Pero por otro, y no menos importante, están los personajes que habitan el mundo creado por los hermanos Duffer. Vaya por delante que los niños protagonistas, todos sin excepción, se han hecho un hueco en el imaginario colectivo de forma instantánea. Pero dado que este es el análisis habitual, me centraré en los personajes adultos, sobre todo en Winona Ryder (serie Show me a hero) y David Harbour (Caminando entre las tumbas). La labor de ambos es tan espléndida como ajustada al contexto general de la serie, sobre todo en el caso de Ryder.

Aunque nunca he rechazado su trabajo, Winona Ryder siempre me ha parecido una actriz menor, con cierto talento pero que necesitaba trabajar mucho varios aspectos para poder mejorar sus papeles. En el caso que nos ocupa, sin embargo, logra algo complicado: llevar a su personaje más allá de lo estrictamente recogido sobre el papel. La desesperación de la que hace gala la actriz, el punto de locura que imprime a las acciones de esa madre que ha perdido a su hijo pequeño, al que todos dan por muerto menos ella, es sencillamente magistral. Todo sin llegar a parecer neurótica o rozar el ridículo, lo cual es más difícil si cabe en un papel como el que afronta en la serie. El caso de Harbour tiene, si cabe, más contenido, pues el sheriff al que interpreta evoluciona con la propia serie, pasando de ser un borracho a recuperar la persona que era antes, narrando por el camino un pasado que ayuda no solo a comprenderle, sino a identificarse con él en la investigación del caso.

Y a pesar de que preferiría no hablar de ellos, analizar esta primera temporada sin mencionar, aunque sea brevemente, a los más pequeños de la ficción sería un trabajo incompleto. Los cinco personajes interpretados por los jóvenes Fin Wolhard, Millie Bobby Brown (serie Intruders), Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin (serie Shades of blue) y Noah Schnapp (El puente de los espías) son el mayor atractivo que se encuentra en la serie a primera vista. No solo por sus interpretaciones, todas ellas más que notables, sino por las relaciones tan naturales que parecen establecer entre sus personajes y que, dicho sea de paso, se antojan algo más que obligadas por un guión. Son ellos, con su interpretación de lo que ocurre y su pasión por la fantasía sin temer a lo que ocurra los que logran que el espectador vuelva a sentirse niño, al menos aquellos que ya tienen una cierta edad.

Personalmente creo que hay pocas series que puedan considerarse verdaderamente imprescindibles. Sí, algunas son recomendables, otras entretenidas y otras dignas de ver. Pero Stranger things entra en esa categoría superior en la que solo hay títulos que definen la forma que está tomando la ficción en la televisión actual. Diferente, fresca, dinámica y compleja, la serie de los hermanos Duffer es prácticamente perfecta. Habrá quien arranque defectos, y de hecho alguno tiene, pero no solo se pueden pasar por alto, sino que entran dentro de la lógica narrativa de cualquier historia, lo que en la práctica convierte a este regreso a los años 80 en un producto impecable.

Regresa ‘Misión: Imposible’ para salvar las ‘Ciudades de papel’


Estrenos 7agosto2015Comenzamos un mes repleto de títulos atractivos para los amantes de los blockbusters, la acción y el humor. Y lo hacemos con dos títulos que están llamados, cada uno en su estilo, a llenar las salas. Por supuesto, llegan acompañados de propuestas que tal vez no alcancen todos los rincones de la geografía española, pero que sin duda ofrecen una mayor variedad para aquellos que prefieran historias más intimistas. Aunque hoy viernes, 7 de agosto, todo pasa por Ethan Hunt y su equipo de espías.

En efecto, Misión: Imposible – Nación Secreta, quinta entrega de la saga iniciada en 1996 que en esta ocasión dirige Christopher McQuarrie (Jack Reacher) y que cuenta con el grueso del reparto protagonista de Misión: Imposible – Protocolo fantasma (2011). La trama arranca cuando el equipo protagonista descubra la existencia de una organización secreta internacional conocida como el Sindicato cuyo objetivo es destruir la FMI. El reto se plantea cuando comprendan que los agentes de esta organización no solo están altamente cualificados, sino que rivalizan en capacidades y aptitudes con los miembros del grupo de Hunt. Tom Cruise (Al filo del mañana), Simon Pegg (Bienvenidos al fin del mundo), Jeremy Renner (Matar al mensajero), Ving Rhames (Percentage), Alec Baldwin (Blue Jasmine), Rebecca Ferguson (Hércules), Sean Harris (Serena) y Tom Hollander (Una cuestión de tiempo) encabezan el reparto.

Los adolescentes tienen su principal reclamo en Ciudades de papel, drama romántico basado en la novela de John Green que narra la relación de un joven y su enigmática vecina, de la que está secretamente enamorado. Una noche ella le pide que le acompañe en una aventura por la ciudad, desapareciendo a la mañana siguiente. Será entonces cuando el chico inicie un viaje junto a sus amigos para encontrar el paradero de la chica de sus sueños, quien ha dejado pistas ocultas para poder localizarla. Dirigida por Jake Schreier (Un amigo para Frank), la película está protagonizada por Cara Delevingne (Anna Karenina), Nat Wolff (Bajo la misma estrella), Halston Sage (Malditos vecinos), Cara Buono (serie Person of interest), Austin Abrams (Gangster Squad), Caitlin Carver (serie Familia de acogida) y Justice Smith (Trigger finger).

Otro de los títulos interesantes, sobre todo por los nombres que lo apoyan, es Bernie, comedia negra producida en 2011 y basada en un artículo escrito por Skip Hollandsworth que aborda la relación de un empresario de pompas fúnebres muy querido en su comunidad con una adinerada viuda. Sin embargo, con el paso del tiempo ella empieza a ser extremadamente controladora, lo que obligará al hombre a buscar una forma de alejarse de ella. Richard Linklater (Boyhood) dirige la propuesta, mientras que Jack Black (Año uno), Shirley MacLaine (En sus zapatos), Matthew McConaughey (serie True detective), Brady Coleman (Pineapple) y Richard Robichaux (Foreign exchange) encabezan el reparto.

Antes de entrar en los estrenos europeos hablamos de la cinta más internacional de la semana. Mi casa en París, que cuenta con capital norteamericano, francés e inglés, es una producción de 2014 que adapta la obra de Israel Horowitz (3 weeks after paradise), quien por cierto también se encarga de escribir este guión y dirigir la película. A medio camino entre la comedia romántica y el drama, la trama arranca cuando un neoyorquino sin mujer, hijos ni dinero recibe la noticia de que ha heredado de su padre, con el que no se hablaba, una enorme casa en París. Dispuesto a venderla, viaja a la ciudad para ver el estado de la propiedad, pero todo cambia cuando descubre que allí vive una anciana con su hija. Para colmo, la ley francesa impide que el hombre tenga acceso a la propiedad hasta que la mujer mayor fallezca. El reparto principal está integrado por Kevin Kline (La última aventura de Robin Hood), Maggie Smith (El exótico hotel Marigold), Kristin Scott Thomas (En la casa), Dominique Pinon (Amelie) y Stéphane Freiss (Un regalo para ella).

Otra de las novedades es el drama biográfico El bailarín del desierto, film inglés de 2014 basado en la vida de Afshin Ghaffarian, un iraní apasionado del baile y la música que, en el turbulento clima político del país en 2009, decide juntarse con otros jóvenes que comparten su afición para crear un grupo clandestino que les ayude a cumplir sus sueños de bailar ante un público. El proceso no solo le permitirá centrarse en su afición, sino que le abrirá las puertas al amor. Dirigida por Richard Raymond, quien de este modo debuta en el largometraje, la película está protagonizada por Freida Pinto (El origen del planeta de los simios), Tom Cullen (Los últimos días en Marte), Nazanin Boniadi (serie Homeland) y Reece Ritchie (Hércules), entre otros.

Desde Francia llega la comedia romántica Les combattants, ópera prima de Thomas Cailley que gira en torno a un joven cuyo verano se prevé tranquilo, repartiendo el tiempo entre sus amigos y la empresa familiar. Pero todo cambia cuando entra en su rutina una joven que pone patas arriba su mundo con una forma de entender la vida muy diferente. Aunque ella no le pide nada, él deberá decidir si seguir con sus planes o dejarlo todo para estar junto a ella. Adèle Haenel (Casa de tolerancia), Kévin Azaïs (La marche), Antoine Laurent (Notre tour viendra) y Brigitte Roüan (Voy a ser mamá) son los actores principales.

También francesa es El apóstol, película escrita y dirigida por Cheyenne Carron (Extase) que adapta la historia real de un joven musulmán que debe luchar contra su destino de convertirse en Imán. Una lucha que se desencadena por el secreto que oculta a su familia y amigos: se ha convertido al Cristianismo. Cuando se revele su conversión el mundo que conocía se volverá hostil, pero descubrirá otros jóvenes que viven su misma situación, generando una corriente de lucha a través del perdón y la redención. Narrado en clave dramático, el film está protagonizado por Brahim Tekfa, Salah Sassi (Héroes del cielo), Fayçal Safi (De guerre lasse) y Norah Krief (Faire avec).

Por último, Al otro lado del muro es un drama de 2013 dirigido por Christian Schwochow (Novemberkind) que adapta la novela de Julia Franck en la que una mujer de la Alemania Oriental de los años 70 pretende cruzar el Muro de Berlín para huir de una vida de penurias, terror y dolor. Acompañada de su hijo y con la promesa de un matrimonio con un alemán occidental, la mujer pronto comprenderá que la vida en la parte occidental no es tan luminosa como creía, iniciando una etapa de tránsito en la que el espionaje, el sufrimiento y el control rivalizan con la realidad que pretendía dejar atrás. La película está protagonizada por Jördis Triebel (La mujer papa), Tristan Göbel (Goethe!), Alexander Scheer (Cuando Santa cayó del cielo) y Jacky Ido (MS1: Máxima seguridad).

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