‘Nashville’ llega a su fin con el foco en los problemas de la sociedad


Echando la vista atrás durante estos seis años de Nashville se puede ver, en todo su esplendor, la evolución de esta serie, primero con toques de drama familiar y político y, posteriormente, entregándose por entero al drama más lacrimógeno, para lo cual se ha recurrido a todo tipo de recursos narrativos durante estas temporadas. Pero si algo deja patente la sexta y última entrega es que, por encima de todo, es un producto en el que todo debe acabar bien, en el que la familia es lo más importante y es capaz de vencer cualquier obstáculo, y en el que es importante comprender y aceptar el lugar que cada uno tiene en la vida, aunque no fuera el que inicialmente habíamos deseado.

Y todo ello siendo consciente de sus debilidades y los errores que ha arrastrado a lo largo de estas temporadas. En este sentido, los 16 episodios que cierran esta serie creada por Callie Khouri (Algo de qué hablar) representan posiblemente el final más honesto y coherente de los últimos meses en televisión. Si ya es difícil que una ficción tenga un final cerrado, que este se adecúe a lo narrado durante las etapas anteriores puede parecer misión imposible, pues muchas veces la necesidad de querer dar una conclusión concreta a una línea argumental choca frontalmente con lo contado previamente. No solo no es el caso de esta obra que mezcla música y lágrimas para tocar diversos problemas sociales de Estados Unidos (sobre lo que iremos más adelante), sino que la serie es consciente en todo momento de cuál es su sitio, y con esa humildad se presenta en su última temporada.

Dicho de otro modo, Nashville perdió un activo fundamental con la ausencia de la protagonista interpretada por Connie Britton (La tierra de las buenas costumbres). Conscientes de ello, sus creadores han optado por una fórmula narrativa y dramática interesante: mantener su recuerdo presente en prácticamente todos los episodios mientras el espacio que su personaje ocupaba se llenaba con otras historias, algunas más complejas que otras, pero todas con el único fin de ahondar en el dramatismo de una serie que alcanzó su clímax lacrimógeno con la partida del rol de Britton. Se intenta así mantener un cierto nivel de interés en la ficción a través de unos arcos argumentales que golpean de lleno los sentimientos del espectador mientras se atan los cabos sueltos que quedaron de la anterior temporada.

Por supuesto, esto no quiere decir que todo sea perfecto. Aunque es de admirar la honradez con la que se aborda el final, la serie sigue arrastrando muchos problemas, el más importante su tendencia a girar en torno a un mismo problema de forma constante durante episodios sin encontrar solución y, lo más alarmante, sin que los personajes implicados aprendan de sus errores. Es el caso, por ejemplo, de los roles de Lennon Stella, Sam Palladio (serie Episodes) o Clare Bowen (The clinic). Esto provoca una suerte de incoherencia dramática que, aunque sirve de clavo al que agarrarse en determinadas ocasiones, termina por impedir que la trama evolucione correctamente, reproduciendo en esta última temporada conflictos y situaciones vividas en la primera.

Conflictos sociales

Esta última temporada de Nashville también ha servido para introducir nuevos personajes que permitieran cerrar algunos aspectos de las tramas. Y curiosamente, estos elementos son algunos de los que mejor funcionan dramáticamente hablando. Es cierto que su presencia puede estar un poco obligada por las circunstancias (la ausencia de la protagonista, en otras palabras), pero al final terminan por ahondar en la personalidad de los protagonistas, lo que siempre es de agradecer. Me refiero, por ejemplo, al padre del protagonista o a ese criadero de caballos a modo de terapia para personas con importantes traumas. Todo ello, aunque sin demasiada relación con el resto de la serie, permite al espectador acercarse a aspectos de los personajes que antes solo se habían insinuado, y que ahora se hacen más presentes.

Y como decía antes, la ficción ha optado en estos últimos capítulos por incluir nuevas historias al resto de personajes. Historias que, por otro lado, sirven de base para realizar una importante crítica a diversos aspectos de la sociedad. Sobra decir que durante los años previos temas como el alcoholismo o la corrupción política ya se habían tocado, pero ahora la serie va más allá. Sectas, alcohol, adicción a los esteroides, acoso sexual y laboral, violencia de género, … Todos estos temas tienen diferente peso narrativo en la historia, lo que amplía notablemente el ámbito de trabajo de sus creadores, creando un mundo más complejo y, por qué no, más cercano a la realidad. Y aunque esto puede ser un aspecto positivo, es importante señalar que su integración en el desarrollo de la trama es algo irregular, pues mientras algunas de estas historias tienen su importancia en el desarrollo final del arco argumental, otras sencillamente parecen estar incluidas para rellenar tiempo con algo diferente. Y ese es el gran fallo que tiene esta temporada a nivel de guión.

Pero en líneas generales la temporada responde a las expectativas, es decir, sigue teniendo como núcleo la familia, los retos y las dificultades que se superan juntos. Y precisamente por eso el último episodio es todo un homenaje a estos conceptos y un regalo para los más acérrimos fans. Con la excusa de un concierto, los personajes que han tenido cierta relevancia a lo largo de estos seis años hacen acto de presencia, sumándose a la canción y ofreciendo una despedida por todo lo alto a la que se suma, también, el equipo técnico. Una secuencia que sale de la propia ficción y aproxima aún más a actores, personajes y espectadores.

En definitiva, un final emotivo para una serie que, con sus limitaciones y sus propios errores, ha sabido mantenerse con coherencia, con tramas que aunque llevadas al límite han funcionado con solvencia, y con unos personajes más que correctos para este tipo de historias. Nashville termina y con ella parece acabar una tendencia musical en la pequeña pantalla, con permiso de Empire. Atrás quedan su tendencia a caer en bucles argumentales que tenían a los personajes como cobayas en ruedas de ejercicios. Atrás quedan también momentos terriblemente dramáticos narrados con elegancia. Pero sobre todo, queda la música, con algunas canciones sencillamente maravillosas. El country nunca volverá a ser lo mismo.

‘Nashville’ acepta con honradez su inminente final en la 5ª T.


Una serie no es únicamente una buena historia, un buen reparto o una factura técnica impecable. A menudo las producciones para la pequeña pantalla pecan de un desarrollo que desvirtúa por completo el sentido inicial de la trama. Eso por no hablar de finales poco adecuados a lo visto durante los años que dure la ficción. Ya sea por exigencias de las audiencias, de la productora o de otros “factores externos”, las series terminan muchas veces de un modo incoherente. Por eso cuando una ficción como Nashville encarrila su evidente final con la humildad, la seriedad y la honradez que ha mostrado a lo largo de todas sus temporadas, debe ser admirada o, al menos reconocida.

Su quinta temporada, de nuevo con 22 episodios, es la prueba fehaciente de que una serie puede terminar sin grandes aspavientos, sin conclusiones forzadas o sin incongruencias dramáticas. Esto no quiere decir que la serie creada por Callie Khouri (Algo de qué hablar) haya perdido su esencia, al contrario. Posiblemente sea más dramática que nunca. Pero precisamente por el desarrollo y los acontecimientos que se relatan en esta etapa, y el modo en que se tratan las diferentes tramas que componen este universo country, el argumento se ha vuelto mucho más sincero con el espectador de lo que podría haberlo sido hasta ahora.

En realidad, lo que ha hecho Nashville es dar rienda suelta a su dramatismo, pero utilizando para ello el cierre de todas y cada una de las historias secundarias, amén de la trama principal. A estas alturas, y con la sexta temporada ya empezada, los seguidores sabrán del giro de mitad de temporada tan impactante como determinante. Este punto de inflexión es el que marca el camino a seguir hacia el final, utilizando ese momento para iniciar el cierre paulatino y gradual de todas las historias. Y lo hace fiel a su estilo, es decir, generando una escalada dramática que explora todos los sentimientos habidos y por haber en una relación y en la vida misma.

Por supuesto, esto no quiere decir que la serie mejore o empeore. Simplemente esta quinta temporada sabe aprovechar lo construido hasta ahora para concretar un final para sus personajes sin transformarlos hasta hacerlos irreconocibles. Evidentemente, si la serie no ha gustado hasta ahora esto no hará que gane seguidores, pero aquellos que sigan sus tramas encontrarán en estos capítulos un comienzo del fin sumamente enriquecedor. Fundamentalmente porque ese punto de inflexión de mitad de temporada ha permitido a la serie hacer crecer a sus personajes, volverlos más maduros al enfrentarlos con sus propios miedos. En cierto modo, por primera vez en toda la serie los roles evolucionan y dejan de tener un comportamiento cíclico, lo que podría entenderse como una mejora dramática de la ficción.

Rellenar el vacío

Visto así, la ausencia del personaje de Connie Britton (American Ultra) se puede entender como la llave que ha desbloqueado algunos problemas de construcción de Nashville. Por un lado, ha sido el motor dramático de la mitad de esta quinta temporada. El Acontecimiento (así, en mayúsculas, porque pocas veces una serie afronta algo de semejante envergadura antes de su episodio final) se halla detrás de prácticamente todas las motivaciones del resto de personajes. En mayor o menor medida, la pérdida de este rol determina las frustraciones, las decisiones, los anhelos, los miedos y, por qué no, las alegrías que llenan el vacío de la segunda mitad de esta etapa. El hecho de que este importante personaje no vuelva a aparecer en la serie facilita que otros secundarios adquieran entidad propia, más de la que habían tenido hasta ese momento, ahondando en su personalidad y en su arco dramático.

Por otro lado, y está muy relacionado con los dicho anteriormente, el hecho de que se corte de raíz con esta trama personal obliga a Khouri a completar los espacios que hasta ahora ocupaba, ya fuera directa o indirectamente. Y para ello, además de incluir nuevas canciones (personalmente el tema ‘Saved’ cantado por Lennon Stella es el mejor de toda la serie), ha sido necesario introducir nuevos secundarios, potenciar el carácter dramático de otros y hacer avanzar las tramas del resto. Es a esto a lo que me refería al mencionar que la serie crece dramáticamente. Las historias circulares de muchos secundarios, con constantes idas y venidas sobre los mismos conflictos sin lograr un avance real, podían tener un cierto sentido como contexto argumental, pero una vez que dan el paso a la primera línea dramática no son coherentes.

Ahora bien, en esta parte final de la quinta temporada se aprecia un cierto aire a recta final. El hecho de que estas tramas secundarias hayan adquirido más protagonismo solo tiene sentido, y así parece plantearse en la serie, como epílogo a una historia que ya no da más de sí. Esto es algo que se confirma en el hecho de que la sexta etapa es al última, es cierto, pero la realidad es que sus personajes, y por extensión los actores, son conscientes de que la historia es, en realidad, la vida de Rayna Jaymes, y sin ella no puede subsistir mucho más tiempo. Pero a diferencia de otras ficciones, en lugar de apostar por un abrupto final se ha optado por cerrar todas las historias, siempre con la sombra de la protagonista como telón de fondo, y poder así poner el broche perfecto a la serie.

Desde luego, esta quinta etapa de Nashville es, con diferencia, la más dramática de todas. Sin un gancho final como en anteriores ocasiones, la serie ha optado por un punto de inflexión dramática como nunca se había intentado hasta ahora en esta ficción. El resultado no podría ser más interesante, al menos a la hora de analizar el tratamiento. La ausencia de la protagonista facilita la progresión del resto de secundarios, cohibidos tras la figura inmensa del rol de Britton. Así que sí, la producción crece y evoluciona. Esto no quiere decir que sea extraordinaria o que no siga presentando importantes problemas en su concepción, pero sí implica que mejora, al menos dentro de su forma de tratar las tramas y las relaciones entre personajes. Y sobre todo afronta con naturalidad que ha llegado su final. Y eso es algo digno de alabar, sobre todo porque no todas las series son capaces de llegar hasta ese punto.

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