El terror sin nombre de ‘It’ regresa 27 años después


Este viernes, 8 de septiembre, llega a la cartelera una de las cintas más esperadas para los amantes del terror, sobre todo a raíz de las buenas críticas cosechadas en los últimos días. Pero no es la única novedad que se estrena en España. De hecho, esta es una semana con varios títulos, muchos interesantes pero que, a priori, no parece que puedan plantar cara al miedo de los espectadores.

Y es que el terror sin nombre de It regresa a la gran pantalla. La famosa novela de Stephen King vuelve a adaptarse casi 30 años después (los que conozcan la historia podrán comprender el guiño) para contar de nuevo, con nueva tecnología y una nueva narrativa del horror, la historia de un grupo de niños conocidos como Los Perdedores que deben enfrentarse a un mal al que llaman Eso y que es capaz de alimentarse de sus miedos adoptando diferentes formas, entre ellas la de un payaso que les ofrece globos. La cinta, primera de un díptico que pretende abarcar la extensa novela, está dirigida por Andrés Muschietti (Mamá) y protagonizada por Bill Skarsgård (Atómica), Jaeden Lieberher (serie Masters of sex), Nicholas Hamilton (La torre oscura), Chosen Jacobs (serie Hawai 5.0), Jack Dylan Grazer, Finn Wolfhard (serie Stranger things), Jeremy Ray Taylor (Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas), Wyatt Oleff (Guardianes de la galaxia) y Sophia Lillis (37).

Entre los estrenos europeos destaca la británica Churchill, drama biográfico en torno a la figura del primer ministro británico que centra su atención en los días previos al desembarco de Normandía, cuando se enfrentó a sus colaboradores y a los aliados estadounidenses para decidir cómo afrontar una operación que podía ser recordada como un desastre. Dirigida por Jonathan Teplitzky (Un largo viaje), la cinta está protagonizada por Brian Cox (serie Los Medici: Señores de Florencia), Miranda Richardson (Testamento de juventud), John Slattery (Spotlight), James Purefoy (serie The following), Julian Wadham (Reina y patria) y Richard Durden (Late shift).

También británica es la cinta de 2016 de terror e intriga The Limehouse Golem, adaptación de la novela de Peter Ackroyd que dirige Juan Carlos Medina (Insensibles) y que, ambientada en el Londres del siglo XIX, gira en torno a una serie de misteriosos crímenes cometidos, según los rumores, por un Golem. Para encontrar al culpable las autoridades recurren a un veterano detective. En el reparto encontramos a Bill Nighy (El nuevo exótico Hotel Marigold), Olivia Cooke (serie Bates motel), Douglas Booth (El destino de Júpiter), Daniel Mays (Victor Frankenstein), Amelia Crouch (Alicia a través del espejo), Morgan Watkins (Chicken), Eddie Marsan (La verdad duele) y María Valverde (Exodus: Dioses y reyes).

Francia y Bélgica colaboran en El amante doble, nueva película de François Ozon (En la casa) que adapta la novela de Joyce Carol Oates, cuya historia arranca cuando una joven frágil y depresiva se enamora de su psiquiatra. Meses más tarde, cuando se van a vivir juntos, ella descubre que su amante le ha estado ocultando parte de su identidad. Entre sus principales actores destacan Marine Vacth (Joven y bonita), Jérémie Renier (Ladygrey), Jacqueline Bisset (Ya te extraño), Dominique Reymond (Maestro) y Myriam Boyer (Monsieur Papa).

Francia también es responsable, junto a Grecia, de La escala, drama escrito y dirigido en 2016 a cuatro manos por Delphine Coulin y Muriel Coulin (17 filles) y que adapta una novela de la primera. Su trama se centra en dos mujeres militares que pasan unos días de vacaciones en Chipre como parte de una terapia para olvidar los horrores que han vivido. Sin embargo, la pesadilla nunca es fácil de olvidar. Ariane Labed (Assassin’s Creed), Soko (Augustine), Ginger Romàn (Los recuerdos), Karim Leklou (Sous X), Robin Barde (serie Les revenants) y Damien Bonnard (Rester vertical) encabezan el reparto.

Finalmente, desde México llega la comedia de 2016 La vida inmoral de la pareja ideal, nueva cinta escrita y dirigida por Manolo Caro (No sé si cortarme las venas o dejármelas largas) que narra la historia de dos jóvenes que, al conocerse, sienten una química indescriptible y deciden comerse el mundo, sin llegar a imaginar que el destino y el resto de la sociedad parecen tener un plan para mantenerles separados. Entre los intérpretes que protagonizan el film destacan Cecilia Suárez (Las oscuras primaveras), Paz Vega (Matar al mensajero), Manuel Garcia-Rulfo (Los siete magníficos), Andrés Almeida (Paraíso perdido), Juan Pablo Medina (Sobre ella) y Natasha Dupeyrón (Ladronas de almas).

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‘Los Médici: Señores de Florencia’, ficción histórica de impecable factura


Richard Madden, Stuart Martin y Dustin Hoffman protagonizan 'Los Medici: Señores de Florencia'.Si ya resulta complicado encontrar un equilibrio en cualquier historia para lograr su éxito, hacerlo en una de corte histórico tiende a ser casi misión imposible. Si se opta por ser fiel a la realidad, se puede perder el pulso dramático y caer en el tedio. Si se elige la opción de una fantasía, el resultado puede ser una invención entretenida que no solo no se ajuste a la realidad, sino que desvirtúe el carácter de los personajes tal y como se conoce. De ahí que lo logrado por Nicholas Meyer (Elegy) y Frank Spotnitz (serie Hunted) con Los Médici: Señores de Florencia tenga tanto mérito. Porque, en efecto, la serie tiene un marcado carácter histórico en todos sus aspectos, pero en su trama principal subyace un thriller que nada tiene que ver con la realidad.

Y esto es lo más interesante de esta ficción. Toda la trama de asesinatos, sospechas, engaños y manipulaciones queda perfectamente integrada con los acontecimientos históricos que sí vivió Cosme de Médici, interpretado con sobriedad por Richard Madden (Robb Stark en Juego de tronos). Se produce, por tanto, un desarrollo dramático casi paralelo entre ambos aspectos de la trama, pero nutriéndose uno de otro hasta desembocar en un final tan inesperado como satisfactorio. Ahora bien, dicho desarrollo no es del todo perfecto. A lo largo de los 8 episodios que componen esta primera temporada, la historia cuenta en muchas ocasiones, tal vez demasiadas, con oscilaciones hacia una u otra línea argumental, si bien esto no supone un gran problema narrativo en sí mismo.

Es digno de mención igualmente el recurso de los flashbacks a lo largo de la trama, sobre todo en los primeros episodios. Ya sea por la presencia de un brillante Dustin Hoffman (El coro) o por la posibilidad de comprender la evolución de algunos protagonistas, la introducción de estas secuencias no solo ayuda a sostener la definición de personajes, sino que es un soplo de aire fresco a una trama que en ocasiones puede ser pesada dramáticamente hablando, nutrida de numerosos conflictos de diversa índole que enriquecen el conjunto pero pueden llegar a saturar al espectador. De ahí que, cuando el desarrollo se centra más en el carácter histórico de los personajes, los recuerdos de juventud sean una herramienta más que útil para aliviar la carga y dibujar más claramente a los protagonistas.

A todo ello se suma una cuidada puesta en escena, alejada de efectismos pero que tampoco cae en la sobriedad más absoluta, recurriendo en muchas ocasiones a movimientos que cámara capaces de acaparar toda la belleza de los decorados y, sobre todo, la fuerza de las secuencias más determinantes. Aunque posiblemente puede considerarse que la serie carece de un ritmo idóneo en las secuencias de acción (algunas narradas de forma un poco tosca), es indudable que este lenguaje visual embellece el conjunto y es capaz de ofrecer varios matices que, de otro modo, podrían escaparse a la atención del espectador, ya sea en las intrigas palaciegas o en las secuencias en exterior.

De actores y hombres

Con todo, si algo destaca de Los Médici: señores de Florencia es la definición de sus personajes y los actores elegidos para interpretarlos. Curiosamente, el que menos destaca es el protagonista, no tanto por el modo en que se le presenta como por Madden, que aunque sobrio, en demasiados momentos parece más bien una de las muchas esculturas de las que se rodea Cosme de Médici. Si bien es cierto que la gravedad del rol que interpreta invita a una mínima expresividad, no lo es menos que hay varias situaciones que exigen una mayor muestra de emociones, aunque solo sea por el contexto en el que se desarrollan. Con todo, esta apuesta interpretativa permite apreciar con mayor evidencia el cambio en el carácter del protagonista con respecto a sus años de juventud.

Aunque si hay un personaje que destaca sobremanera es el de Contessina, mujer de Cosme y auténtico espíritu de la familia. Mujer fuerte e inteligente, es presentada como un rol capaz de dominar toda una estirpe a pesar de ocupar un lugar que, para la época, podía considerarse secundario. Su entereza para afrontar los desaires del marido, las humillaciones e incluso los desprecios en algunas miradas es admirable. Y a todo ello contribuye, y de qué modo, Annabel Scholey (Walking on sunshine), actriz que no solo da vida a esta mujer, sino que la engrandece hasta convertirla en un referente para todos y cada uno de los personajes. Desde luego, los momentos que protagoniza se cuentan entre los mejores de estos 8 capítulos, y aquellos que comparte con Madden son magistrales.

En realidad, estos son solo dos ejemplos de que esta historia, con sus intrigas y su recreación histórica, es una historia de personajes, de hombres y mujeres y de los actores y actrices que les interpretan. El modo en que se desarrollan muchos de los diálogos da buena cuenta de que estamos ante una ficción en la que nada es lo que parece, o al menos no lo que el espectador espera. La revelación final sobre la identidad del asesino es el colofón a un desarrollo dramático que desafía la inteligencia en diferentes niveles y que, a lo largo de sus episodios, desgrana los entresijos no solo de la familia más poderosa de Florencia, sino del sistema social, político y económico de la época, incluyendo esa especie de Parlamento de la ciudad o los cambiantes apoyos del Papa en base a sospechas, informaciones o, simplemente, dinero.

Habrá quienes consideren que Los Médici: señores de Florencia no es una serie histórica, sino una ficción que utiliza un trasfondo histórico como excusa. Bueno, es cierto. Pero eso no impide que no se pueda disfrutar a partes iguales de su fidelidad a los acontecimientos que vivió Cosme de Médici y de su elaborada intriga que planea durante toda la serie. Dos elementos que, además, se integran perfectamente en determinados momentos, lo que aporta una especial gravedad a algunos de los hechos históricos que se narran en la trama. Una producción rica en detalles, de una factura técnica muy alta y con un desarrollo dramático muy bien medido, con algunos altibajos pero en cualquier caso muy recomendable, sobre todo para los amantes de este tipo de ficciones.

La música de ‘La La Land’ para amansar a las fieras de ‘Underworld’


Estrenos 13enero2017Con los Globos de Oro recién entregados, llega una nueva cita con los estrenos de la semana, y lo hace con numerosas novedades para todos los gustos, incluyendo una de las grandes protagonistas de la conocida como ‘Antesala de los Oscar’. Acción, comedia, música, drama y fantasía se dan cita este viernes, 13 de enero.

Sin duda, el estreno más esperado es La ciudad de las estrellas (La La Land), comedia dramática con la música como protagonista que escribe y dirige Damien Chazelle (Whiplash), y que sigue la relación de una aspirante a actriz de Hollywood y un pianista que sueña con montar su propio club de jazz mientras malvive aceptando trabajos de segunda. Juntos descubrirán el precio de sus sueños y la fuerza de su amor. El reparto está encabezado por Ryan Gosling (Dos buenos tipos), Emma Stone (Irrational man), J.K. Simmons (Terminator: Génesis), Rosemarie DeWitt (Poltergeist), John Legend (Soul men) y Fin Wittrock (La gran apuesta).

Muy diferente es Underworld: Guerras de sangre, nueva entrega de la saga de fantasía sobre la lucha entre vampiros y licántropos. En esta ocasión, la protagonista, de nuevo interpretada por Kate Beckinsale (Absolutamente todo) deberá librar la que parece la batalla final de la guerra, aunque para ello deba hacer un sacrificio que puede acabar con su vida. Dirigida por Anna Foerster, que debuta de este modo en el largometraje, la película completa su reparto con Theo James (Divergente), Charles Dance (The imitation game), Lara Pulver (Al filo del mañana), Tobias Menzies (serie Outlander), James Faulkner (Franklyn) y Bradley James (serie Merlín), entre otros.

El principal representante de la comedia norteamericana es ¿Tenía que ser él?, film dirigido por John Hamburg (Y entonces llegó ella) que ahonda en el conflicto entre padres y novios. En concreto, la trama se centra en un sobreprotector padre que visita a su hija en la Universidad y conoce al novio de ésta, un joven multimillonario de Silicon Valley con importantes problemas para socializar. Los problemas entre ambos, provocados porque el padre no le considera apropiado para su hija, se agravan cuando descubre que el joven va a hacer la gran pregunta. Bryan Cranston (Infiltrado), James Franco (Los tres reyes malos), Zoey Deutch (Todos queremos algo), Megan Mullally (Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso), Keegan-Michael Key (Keanu) y Adam Devine (Mike y Dave buscan rollo serio) encabezan el reparto.

Entre los estrenos europeos destaca la británica La autopsia de Jane Doe, propuesta de terror que sigue la pesadilla que viven dos médicos forenses de un pueblo de Virginia cuando reciben en el depósito de cadáveres el cuerpo de una joven sin identificar. Su examen médico pone al descubierto evidencias físicas muy extrañas que les ayudará a desentrañar el misterio detrás de esta chica. André Øvredal (Trollhunter) se pone tras las cámaras de esta historia protagonizada por Emile Hirsch (Diez mil santos), Brian Cox (El último acto), Michael McElhatton (serie Juego de Tronos), Olwen Catherine Kelly (Darkness on the edge of the town) y Ophelia Lovibond (serie Elementary).

También despierta interés la hispano francesa Proyecto Lázaro, nueva cinta escrita y dirigida por Mateo Gil (Blackthorn) cuya trama arranca cuando un hombre es diagnosticado con una enfermedad que terminará con su vida en el plazo de un año. Incapaz de aceptar su destino, decide congelar su cuerpo. 60 años después se convierte en el primer hombre descongelado de la Historia. Lo que descubre entonces sobre la vida en ese tiempo y sobre su propia familia cambiará su forma de ver su vida. Ciencia ficción, drama y ciertas dosis de thriller son los ingredientes de este film protagonizado por Tom Hughes (The incident), Charlotte Le Bon (El desafío), Barry Ward (Blood cells) y Oona Chaplin (El viaje más largo).

Francia, junto con Bélgica, también está presente en Le fils de Joseph, drama que gira en torno a un joven cuya vida se ha desarrollado siempre sin conocer el nombre de su padre. Cuando por fin lo descubre prepara una venganza contra él, pero un encuentro con el hombre cambiará su vida. Escrita y dirigida por Eugène Green (La Sapienza), la cinta cuenta en su reparto con Natacha Régnier (El capital), Fabrizio Rongione (Violette), Mathieu Amalric (Grandes familias), Victor Ezenfis y Maria de Medeiros (Pasolini).

En lo que a animación se refiere, llegan a la cartelera dos propuestas. La tortuga roja gira en torno a un hombre que naufraga en una isla desierta. Con la única compañía de los animales que le rodean, el náufrago trata de sobrevivir hasta que un día se encuentra con una enorme tortuga roja, lo que cambiará su forma de afrontar su situación. Aventura y fantasía es lo que propone este film dirigido por Michael Dudok de Wit, quien debuta de este modo en el largometraje.

También se estrena Orm en el reino de las nieves, cinta de 2014 que supone la continuación de The Snow Queen, estrenada en España a comienzos de 2016. Ópera prima de Aleksey Tsitsilin, la historia se centra en el personaje que da nombre al film, pieza clave en la derrota de la Reina de las Nieves. Sin embargo, ser considerado un héroe no le basta, por lo que empieza a inventar toda una historia que puede terminar por volverse en su contra. Ivan Okhlobystin (Barmen), Anna Shurochkina, Garik Kharlamov (Lyogok pa pomine) y Anna Khilkevich (Sosed) ponen las principales voces.

Por último, este viernes llega también el documental Nacido en Siria, cinta dirigida por Hernán Zin (Matadoras) que, a través de la visión de siete niños, relata el éxodo provocado por la guerra civil del país árabe, así como el calvario que deben vivir los sirios y los problemas a los que se enfrentan al llegar a su nuevo hogar, en el que muchas veces se encuentran actitudes hostiles.

Jack Reacher regresa al frente de muchos estrenos europeos


Estrenos 11noviembre2016Fin de semana fundamentalmente europeo. Así podría definirse la batería de estrenos que llegan este viernes, 11 de noviembre, a la cartelera española. Con la salvedad de dos de los títulos, el resto son producciones o coproducciones de países de nuestro entorno, muchos de ellos con un reparto atractivo y conocido.

Aunque si hay un film que a buen seguro acaparará la atención de la mayoría de espectadores es Jack Reacher: Nunca vuelvas atrás, secuela del film de 2012 protagonizado por Tom Cruise (Al filo del mañana), quien vuelve a ponerse en la piel de este ex policía militar en una aventura que arranca cuando decide volver a su antigua base para reunirse con una comandante. Sin embargo, la situación se vuelve crítica cuando descubre que está encarcelada por un delito que no ha cometido. Tras ayudarla a escapar y convertirse ambos en fugitivos, juntos deberán descubrir la verdad de lo ocurrido, lo que llevará al protagonista a descubrir un secreto de su pasado. Basada en una nueva novela de Lee Child, la cinta cuenta con capital norteamericano y chino, está dirigida por Edward Zwick (El caso Fischer) y en su reparto encontramos también a Cobie Smulders (Vengadores: La era de Ultrón), Danika Yarosh (serie Heroes Reborn), Patrick Heusinger (Frances Ha) y Aldis Hodge (The East).

También estadounidense, aunque en colaboración con Reino Unido, es Absolutamente fabulosas, comedia que adapta la serie británica del mismo nombre y que sigue las peripecias de dos amigas que viven la gran vida en Londres: alcohol, drogas, glamour y compras son su día a día. Pero cuando se ven envueltas en un incidente y todos los paparazzi van tras ellas tendrán que idear un plan para escapar de la tormenta mediática y darse la gran vida eternamente en la Riviera francesa. Mandie Fletcher debuta en el largometraje cinematográfico con este film que escribe y protagoniza la autora de la serie, Jennifer Saunders (Fanny and Elvis), que está acompañada frente a las cámaras por Joanna Lumley (El lobo de Wall Street), Julia Sawalha (Venus and Mars), June Whitfield (Innocent), Rebel Wilson (Agente contrainteligente) y Gwendoline Christie (serie Juego de tronos), así como numerosos famosos que hacen sendos cameos.

Ambos países están también detrás de American Honey, drama escrito y dirigido por Andrea Arnold (Cumbres borrascosas) cuya historia arranca cuando una joven decide escaparse de casa y vender suscripciones a domicilio. Una vida en la que no solo estará rodeada de jóvenes, sino en la que descubrirá el amor, las largas noches de fiesta y el desafío a la ley. Entre los principales intérpretes destacan Sasha Lane, Crystal Ice, Arielle Holmes (Heaven knows what), McCaul Lombardi y Shia LaBeouf (Corazones de acero).

También es una coproducción El navío, drama escrito, dirigido y protagonizado por Julio Quintana que supone su debut en el largometraje. Con capital estadounidense y puertorriqueño, la historia se centra en un joven que vive en un pueblo arrasado por un tsunami. Todos le dan por muerto tras sufrir un accidente, pero logrará regresar en un barco hecho con los restos de una escuela que quedó sepultada por las aguas, lo que despertará las conciencias de la gente. En el reparto también encontramos a Martin Sheen (Trash: Ladrones de esperanza), Aris Mejias (Ladrones y mentirosos) y Jacqueline Duprey (Desamores).

El thriller de terror y de corte fantástico tiene a Anomalous como su máximo representante. Con capital estadounidense y español, la cinta comienza cuando un joven que padece una extraña variante de la esquizofrenia aparece muerto. Según decía, una presencia que no podía definir le perseguía y acosaba, algo que encajaba con su enfermedad. Pero el caso da un giro cuando se descubren las grabaciones que realizó durante la semana previa a su muerte, y que responden a un tratamiento experimental de su psiquiatra. Debut en el largometraje de Hugo Stuven, el film está protagonizado por Lluís Homar (La fossa), Ben Temple (Matar el tiempo), Adria Arjona (Little Galicia), Edgar Fox (serie The Girl’s guide to depravity) y Christy Escobar (serie Homegirls).

Puramente española es No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, comedia romántica basada en la novela de Laura Norton que dirige Maria Ripoll (Utopía) y cuya historia sigue la desastrosa vida amorosa de una joven que tiene un negocio de plumas y cuyo novio, que lleva un año fuera, está a punto de volver. Dispuesta a que todo salga bien, una semana antes del reencuentro su vida da un vuelco: su padre se va a vivir con ella después de separarse de su madre por una infidelidad, y su hermana está a punto de casarse con el que fuera el amor de instituto de la protagonista. Verónica Echegui (Kamikaze), Álex García (La novia), David Verdaguer (100 metros), Elvira Mínguez (Truman), Jordi Sánchez (Cuerpo de élite) y Cecilia Freire (8 citas) encabezan el reparto.

También es interesante Las furias, sobre todo por el reparto que presenta. Este drama escrito y dirigido por Miguel del Arco, en el que es su primer largometraje, aborda la complicada relación de los miembros de una familia que se reúnen un fin de semana en el caserón de verano que tienen en la costa. El motivo es doble. Por un lado, elegir los muebles y enseres que quieran conservar antes de que la matriarca del clan venda la casa y emprenda un misterioso viaje; por otro, celebrar la boda del hermano mayor con la mujer con la que lleva 15 años, y de la que todo el mundo pensaba que se iba a separar. Un encuentro en el que pasado, presente y futuro se dan cita para dar cuenta de lo que ha ocurrido, de lo que no y de lo que debería ocurrir. Entre los numerosos actores encontramos a José Sacristán (Toro), Mercedes Sampietro (El hombre de arena), Bárbara Lennie (Contratiempo), Carmen Machi (La puerta abierta), Emma Suárez (Julieta), Alberto San Juan (Las ovejas no pierden el tren) y Gonzalo de Castro (serie Doctor Mateo).

España está presente, junto a Argentina, en la comedia dramática El ciudadano ilustre, cuya trama gira en torno a un Premio Nobel de Literatura argentino que vive desde hace décadas en Barcelona, y cuyo éxito se ha basado en escribir historias que retratan con crudeza la vida de su pequeño pueblo, al que no ha vuelto en 40 años. Cuando recibe una carta que le nombra Ciudadano ilustre del lugar que le vio nacer decide volver, pero lo que se encontrará allí no serán abrazos y reconocimiento, más bien al contrario. Dirigida a cuatro manos por Gastón Duprat y Mariano Cohn (El hombre de al lado), la cinta cuenta en su reparto con Oscar Martínez (Relatos salvajes), Nora Navas (Felices 140), Andrea Frigerio (Pasaje de vida), Dady Brieva (Más que un hombre) y Belén Chavanne (Resentimental).

También aterriza en la cartelera El último acto, comedia británica que se centra en un retirado y aclamado actor que vive recluido en su casa para que el mundo no sepa de su enfermedad degenerativa. El hombre, que no soporta su decadencia y anhela su pasado mujeriego, hace la vida imposible a su hija y a su antigua amante, también ama de llaves, y rechaza enfermera tras enfermera. Todo cambia cuando conoce a una joven que aspira en secreto a convertirse en actriz y con la que compartirá su pasión por Shakespeare. Dirigida por János Edelényi (Prima primavera), la película está protagonizada por Brian Cox (Pixels), Anna Chancellor (Testamento de juventud), Emilia Fox (serie Merlin) y Roger Moore (Incompatibles).

Otra de las novedades es la comedia familiar francesa Benito Sansón, cinta producida en 2014 que adapta el cómico de Peyo en el que un niño de 10 años de apariencia normal mantiene en secreto sus superpoderes. El problema es que los pierde cuando se resfría, lo que le obliga a llevar siempre una bufanda. La trama arranca cuando a su pueblo llega una banda de matones que pretende saquear la ciudad con la tapadera de una compañía de taxis. Solo el pequeño podrá interponerse en sus planes. Dirigida por Manuel Pradal (A Crime), la cinta cuenta entre sus actores con Gérard Jugnot (La guerra de los botones), Jean Reno (En la mente del asesino), Thierry Lhermitte (Gigola), Leopold Huet y Evelyne Buyle (Secretos cantados).

Desde Japón nos llega Después de la tormenta, drama dirigido por Hirokazu Koreeda (Nuestra hermana pequeña) que aborda la desastrosa vida de un hombre que vive de su pasado como premiado autor. Todo lo que gana de sus rentas se lo gasta en apuestas, lo que le impide pagar la pensión alimenticia de su hijo. La muerte de su padre, sin embargo, le llevará a retomar las riendas de su vida y a tratar de hacerse un hueco en el día a día de su hijo. Un tifón le obligará a refugiarse en casa de la abuela junto a su ex mujer y su hijo, una oportunidad única para el reencuentro. Hiroshi Abe (Milagro), Lily Franky (De tal padre, tal hijo), Kirin Kiki (Akunin), Satomi Kobayashi (Gama no abura), Sôsuke Ikematsu (Shinsan) e Isco Hashizume (La casa del tejado rojo) encabezan el reparto.

Y este viernes también se produce el salto a la gran pantalla de Peppa Pig: Las botas de oro, que narra cómo el conocido personaje de dibujos animados debe recorrer medio mundo y hasta viajar al espacio para recuperar sus botas de oro, robadas por la señora Pato y que necesita para competir en el Gran Concurso de Saltos de Charcos. La cinta está dirigida por Phillip Hall y Joris Van Hurzel.

En lo que a documentales se refiere, dos son las propuestas. Y las dos españolas. Por un lado, Bollywood Made in Spain, musical escrito y dirigido por Ramón Margareto (Salamandras y salamandros) que, a medio camino entre el formato documental y la comedia romántica narra la relación de una bailarina española que emigra a India y un actor hindú. Basada en hechos reales, juntos regresan a Alicante para buscarse un futuro.

Por otro, El último verano, ópera prima de Leire Apellaniz que centra su atención en los cines al aire libre que cada verano se pueden encontrar en varios pueblos de España. Una tradición que vive cada proyección como si fuera la última dado que el formato fotoquímico está a punto de desaparecer y ser sustituido por el digital.

‘Pixels’: la nostalgia de una época irrecuperable


Pac-Man es uno de los alienígenas de 'Pixels', dirigida por Chris Columbus.Hay una frase en la nueva película de Adam Sandler (Niños grandes) que podría aplicarse perfectamente al cine: los videojuegos antes eran previsibles, existían unos patrones que podían estudiarse; ahora las dinámicas son mucho más aleatorias. Y si hay algo que define al cine de este cómico es precisamente su previsibilidad. Esta nueva aventura con alienígenas pixelados en una especie de partida de videojuegos real confirma no solo la nostalgia que muchos sufrirán por un mundo ya extinto, sino el estancamiento de Sandler en el pasado, ya sea cinematográfico o cultural. Y eso en principio, mientras le reporte beneficios, no tiene nada de malo.

El problema es que Pixels tampoco tiene demasiado de positivo. El guión, plagado de lugares comunes y diálogos simples y con tendencia al absurdo, no logra en ningún momento revelarse como un verdadero homenaje a Pac-Man, Donkey Kong o Asteroids. Sí, existe una sensación generalizada de estar ante un producto que añora una época, una determinada forma de entretenimiento que iba más allá de la mera partida a un arcade. Pero nada más. La falta de conflictos reales, el humor encajado a la fuerza en muchos momentos y unos actores que parecen pasar por allí más que asumir la importancia de su papel (sólo Peter Dinklage parece conocer su verdadero sitio) impiden toda conexión emocional que supere el mero recuerdo de la infancia.

Con todo, es justo reconocerle al film un notable acierto, y es el alejamiento del humor más soez de su protagonista, rodeado para la ocasión por algunos de sus amigos de juergas cinematográficas. Las constantes referencias a los videojuegos y el más que vetado tema del sexo convierten a la trama en un producto apto para todos los públicos, lo que sumado a algunas secuencias de acción bien rodadas hacen que el film se desarrolle de manera regular, entreteniendo lo necesario e impidiendo que el espectador se aburra, al menos no mucho. Desde luego, la labor de Chris Columbus, director de las primeras entregas de Harry Potter, se nota en varios momentos, desde la partida de Pac-Man hasta la invasión final en la que se dan cita todo tipo de arcades.

El resumen podría ser que Pixels entretiene en la misma medida en que se olvida. Distrae durante sus casi dos horas de metraje, y los espectadores adultos podrán encontrar algunas referencias realmente divertidas, como pueden ser las piezas del Tetris “comiéndose” un edificio cada vez que hacen una línea. Pero nada más. La magia que pudiera tener Sandler en sus inicios parece haberse perdido definitivamente, y ni siquiera un regreso a los orígenes de los videojuegos parece devolverle ese estatus. Al final, no ofende, que ya es mucho, pero tampoco apasiona. Y la indiferencia que genera es lo peor que le puede pasar a un film.

Nota: 5/10

‘Troya’, o la obra de Homero bajo un prisma realista de la guerra


Brad Pitt acabará con la vida de Eric Bana en el duelo que ambos protagonizan en 'Troya'.En unos días llegará a España Hércules, nueva superproducción de corte épico que trata de poner al día personajes e historias de la Grecia y Roma clásicas. En estos días he tenido la oportunidad de revisar un film que hace justamente 10 años llegaba a las pantallas de todo el mundo no exenta de cierta polémica. Se trata de Troya, la adaptación de La Ilíada de Homero dirigida por Wolfgang Petersen (Estallido) y adaptada por David Benioff, el mismo que está ahora mismo tras el éxito de Juego de Tronos. Una película que, más allá de su apartado técnico y de una serie de concesiones a la épica y el dramatismo, supone un acercamiento bastante fiel a la obra clásica y, porqué no, a los acontecimientos históricos que en teoría narra.

De hecho, salvo detalles como el arco temporal en el que transcurre la acción o la presencia de los dioses griegos en la historia, la película de Petersen es un reflejo de las pasiones, los ideales y las motivaciones que se recogen en la obra literaria. Benioff logra eliminar todos aquellos aspectos fantásticos del desarrollo dramático para convertir la trama en algo realista que se mueve al son de objetivos de lo más terrenales. Objetivos que, como digo, están presentes en los versos de Homero aunque maquillados por la influencia divina. El personaje que mejor representa esto es, como no podía ser de otro modo, Aquiles, al que da vida un incomparable Brad Pitt (Guerra Mundial Z). Más allá de su condición de estrella; más allá de su forma física o de su belleza, el actor logra convertirse en el famoso héroe griego entre otras cosas porque sobre el papel el rol está definido como un guerrero consciente de su trágico final, que acepta de forma crítica y consciente de las consecuencias.

Tanto guionista como director conforman en torno a la figura del personaje una historia que apenas posee descanso, creando un guión casi perfecto desde un punto de vista teórico que, a pesar de todo, comete algunos errores de carácter más dramático. Ambas ideas son consecuencia directa del contenido de La Ilíada. Si uno lee entre los versos de la obra comprenderá rápidamente que todos los conceptos de la moderna teoría del guión se encuentran donde deben estar, o lo que es lo mismo, planteamiento, nudo y desenlace avanzan con los puntos de giro y las incorporaciones de las tramas secundarias que tanto se buscan hoy en día, muchas veces sin conseguirlo. Pero del mismo modo, desde un punto de vista dramático la obra de Homero introduce la presencia divina de forma tan arraigada en la trama que el hecho de eliminarla en Troya provoca que sus huecos deban ser rellenados con ideas secundarias que pueden resultar algo débiles.

En otro orden de cosas, y por si acaso alguien no ha tenido la oportunidad de acercarse a la historia original, la película recoge acontecimientos que no aparecen en la epopeya, entre ellos el propio rapto o huída de Helena (a la que da vida Diane Kruger, ahora disfrutando del éxito de The bridge) o el ataque a la ciudad con el famoso caballo de madera como figura representativa. Dichos acontecimientos, muchos de ellos pertenecientes a otras obras, completan una historia de una forma un tanto particular, modificando el futuro de muchos personajes y ofreciendo una visión más coherente y realista de muchos otros, como es el propio Aquiles. Todas estas modificaciones son, lejos de artimañas de cara al público masivo, una herramienta necesaria para definir de forma mucho más clara el carácter de cada personaje, su semblante y su papel dentro de la épica batalla por la ciudad inexpugnable.

Personajes semidivinos sin divinidad

Ese es el motivo de que, por ejemplo, los villanos de la función no sean los troyanos, sino el líder de los griegos, interpretado por Brian Cox (Templario). Del mismo modo, el papel de Héctor se modifica lo suficiente para destacar su honorabilidad, su templanza y su inteligencia, aspectos todos ellos que quedan potenciados con la interpretación de Eric Bana (Hulk). Incluso un papel tan secundario en esta obra como el de Sean Bean (GoldenEye), Ulises en la ficción, queda perfectamente definido en momentos muy puntuales de la trama, evidenciando una historia en la que la línea que separa héroes de villanos es extremadamente fina. La verdad es que si uno analiza las obras de Benioff rápidamente puede encontrar ciertos paralelismos entre ellas en este aspecto.

Pero como decía al comienzo, uno de los elementos más atractivos de Troya es su capacidad para narrar los acontecimientos de forma “aséptica”, eliminando por completo la presencia física y real de los dioses, quienes tienen una papel determinante en la epopeya de Homero. Es más, su valor puede considerarse como contraproducente, pues se les trata como meras creencias encarnadas en ídolos cuya fuerza es nula. Esto obliga a Benioff a dar un nuevo sentido a algunos de los mitos más conocidos de esta historia, como la idea de la invulnerabilidad de Aquiles o ese aura de grandes guerreros de todos los héroes que participan en la contienda. En líneas generales, el guionista sale airoso de la tarea al encontrar una justificación que encaja en cada uno de los mitos, como es la muerte de Aquiles por un flechazo en el talón o el estilo de combate de éste y de Héctor, quienes por cierto protagonizan una lucha frente a las murallas de Troya muy bien desarrollada.

Mención aparte merecen los efectos especiales, algunos de ellos ciertamente toscos. Si bien es cierto que la película gana bastantes enteros en los momentos bélicos y los planos cortos, las secuencias que requieren de una magnitud mayor tienden a quedar resueltas de forma rápida y poco detallada, como si no fuese necesario cuidar un aspecto en el que, siendo sinceros, cada vez es más fácil encontrar el fallo. Que las naves griegas se repitan cada cierto número o que las multitudes no reaccionen como deberían ante algunos acontecimientos son muestra de que Petersen siempre ha sido un director que se ha encontrado más cómodo en el apartado físico y real de un rodaje que en el digital. Afortunadamente, no es esta película una obra que base su grueso dramático en esta técnica, por lo que al final su influencia queda reducida a una serie de momentos puntuales que, eso sí, deslucen algo el conjunto.

En cualquier caso, Troya no puede ni debe verse como una traslación a imágenes de la obra de Homero, sino como una adaptación que bucea en los aspectos más humanos y reales de la contienda. Las reflexiones de Aquiles o los intereses personales y ambiciosos de Agamenón son pruebas de que los personajes persiguen, ante todo, su propia gloria, situando a los dioses como meros referentes en los que, curiosamente, pocos personajes creen. Todo esto lleva a una visión de los acontecimientos más próxima a lo que debió ser la realidad que se esconde tras La Ilíada, en la que los intereses estratégicos fueron justificados por una mujer. Puede que el guión flaquee en algunos momentos, sobre todo en los aspectos más románticos. Y sin duda el apartado digital no posee la calidad que podría esperarse de una superproducción. Pero supone un buen ejercicio fílmico de adaptación y reinterpretación de una de las obras más importantes de la Historia.

‘El origen del planeta de los simios’, distanciarse del original para mantener la esencia


César dirige la revolución de los monos en 'El origen del Planeta de los Simios', dirigida por Rupert Wyatt.Uno de los pilares fundamentales de la ciencia ficción cinematográfica está representado por la saga ‘El planeta de los simios’, fundamentalmente gracias al original de 1968 protagonizado por Charlton Heston (El último hombre…vivo) que adaptaba la novela de Pierre Boulle. El amplio número de referencias culturales que aquel film aportó a la sociedad, así como el complejo y elaborado mensaje que transmitía, lo convierten en un clásico imprescindible y en objeto de numerosas secuelas y remakes que no siempre han tenido la calidad esperada. El inminente estreno de El amanecer del planeta de los simios devuelve a la actualidad no solo al film original, sino también a la película que se atrevió a contar los inicios de la dominación de los monos sobre los humanos: El origen del planeta de los simios (2011).

Dirigida por Rupert Wyatt (The escapist), la trama desarrolla la relación de un científico que busca una cura para el alzheimer con un simio al que adopta y que, por una serie de experimentos, ha adquirido un coeficiente intelectual similar al de un humano. Una relación que termina derivando en una revolución de un amplio grupo de simios cuyo único propósito es buscar la libertad de la que los humanos les privan al encerrarlos en zoos y laboratorios. A grandes rasgos esta podría ser la sinopsis, pero incluso en esta breve reseña puede encontrarse ya una de las características más importantes del film: su independencia. No la de los simios, que también, sino la de la propia historia respecto al original y al resto de versiones y secuelas que se han realizado. Tal vez sea porque no necesita tener demasiado en cuenta lo narrado en otros films, pero lo cierto es que dicha libertad permite a la película de Wyatt desarrollarse de forma autónoma, encontrando su propia historia y sus propios recursos narrativos.

Y es que a diferencia de la saga, en la que la lucha entre hombres y simios por la supervivencia es más patente, El origen del planeta de los simios se antoja más como un estudio acerca de la violenta condición humana, de la ausencia total de compasión de una sociedad alentada por los resultados y por su mal entendida superioridad intelectual. La forma en que la trama desarrolla el arco dramático del simio protagonista, que vuelve a contar con la magistral interpretación de Andy Serkis, quien ya estaba familiarizado con los monos gracias a King Kong (2005), hace hincapié en todo momento en la indefensión de una criatura que no encuentra su sitio ni entre los humanos ni entre sus semejantes. Esta evolución deja algunos de los mejores momentos del film, como es ese primer momento en que César, nombre clave en la historia original, descubre que puede utilizar su intelecto para derrotar a gorilas mucho más grandes y fuertes que él. En cierto modo, y salvando las distancias, es un homenaje a ese primer fragmento de 2001: Una odisea en el espacio (1968).

La película no es, por tanto, un producto más que trate de exprimir el poco jugo que le queda a la historia original, sino que parte de lo ya conocido para preguntarse qué ocurrió para que se llegara a dicha situación. En este sentido, además, no se deja llevar por la acción desmedida o por la relativamente sencilla idea de que los monos conquistan el mundo. La complejidad que adquieren los simios les convierte en personajes incluso más interesantes que algunos de los roles humanos, pues les dota de unos objetivos mucho más elaborados. No tratan de vengarse o de responder con violencia lo que a todas luces es una tortura, sino que buscan un lugar al que llamar hogar. Esa inteligencia al servicio de una naturaleza tan “inocente” como la animal es otro de los aspectos a destacar del film, que por cierto contiene algunas secuencias de acción espléndidamente realizadas.

Dueños de nuestro destino

Narrativamente hablando, El origen del planeta de los simios comparte con sus predecesoras algunos aspectos que la vinculan de forma ineludible con la historia que todo el mundo conoce. El primero y más relevante es la idea de que el ser humano se convierte en su propio verdugo. Aunque es cierto que se aleja notablemente de ese giro dramático del film original que deja atónito a todo aquel que se acerca sin saber nada de la historia, la película mantiene el mismo espíritu. En esta ocasión, a través de la relación que el simio establece con el personaje de James Franco (Juerga hasta el fin), prácticamente el único que comprende los riesgos a futuro que conlleva tratar a los animales de esa forma. Las interacciones entre ambos personajes, simio y humano, crean un núcleo dramático y emotivo que impulsa en muchos momentos la trama, sobre todo cuando esta tiende a estancarse. Una relación, por cierto, que adquiere su máxima expresión cuando César logra articular una palabra. Un momento tan sencillo como como cargado de significado.

No por casualidad, esa idea de que el ser humano es dueño de su fatídico destino, presa a su vez de sus ansias de conocimiento y de su desprecio por los animales, se desarrolla de forma casi paralela al hecho de que los simios adquieren conciencia de su propia naturaleza, y por lo tanto también toman las riendas de su futuro. Ambos procesos, representados en cierto modo por los roles de Franco y Serkis, se convierten en las dos caras de una misma moneda. El ascenso del planeta de los simios supone la caída del planeta de los humanos. La genialidad del film, o al menos lo más loable, es que logra dejar patente dicha dualidad sin mostrar enfrentamientos directos entre ambas razas, centrándose en el trasfondo emocional de los personajes y en la evolución de los animales. El hecho de dotar al simio César de una personalidad con la que cualquier individuo puede identificarse no hace sino acrecentar la sensación de abuso y maltrato, encontrando en ello una justificación más que razonable a sus ansias de libertad.

En definitva, y esto es algo que también mantiene con el original, la película aborda a los primates como si de seres humanos se tratara. No busca simplemente mostrarlos como animales que inician una guerra ante unas criaturas de similar intelecto pero mucha menos fuerza física, sino como criaturas cuya naturaleza siempre les guía a vivir en libertad y en paz. Y esta idea, si bien es cierto que acerca a esta precuela al resto de films, también la distancia notablemente de todas. Mientras que en el original (y en el resto) los simios son mostrados como una sociedad que, en líneas generales, se comporta como la humana, aquí no adquieren todavía ese grado de organización, permitiendo al director abordar muchos más matices en todos los ámbitos, desde la ya mencionada moralidad humana hasta las motivaciones de César y del resto de simios.

El origen del planeta de los simios, por tanto, se puede entender como una historia notable en la que todos los elementos, desde los efectos hasta la acción, están al servicio de una trama sólida que sabe encontrar su equilibrio entre el homenaje al original (al fin y al cabo, se nutre de ella) y la personalidad propia, creando un híbrido que, al igual que el simio protagonista, posee lo mejor de los dos mundos. La ausencia de miedo en Rupert Wyatt y el resto de responsables a la hora de afrontar el reto de enfrentarse a la sombra de un gran clásico como el film de 1968 es lo mejor que le podría ocurrir a una trama que no tiene reparos en huir de concesiones para revelarse como una reflexión sobre las relaciones, sobre la naturaleza humana y sobre el futuro de la sociedad.

‘X-Men 2’, más acción y efectos al servicio de un drama más complejo


Lobezno, interpretado por Hugh Jackman, adquiere más protagonismo en 'X-Men 2'.Ayer hablábamos de la que posiblemente sea la primera piedra en el exitoso camino de las modernas adaptaciones al cine de superhéroes e historias de cómic y novelas gráficas. El éxito que tuvo X-Men en el año 2000 permitió a muchos otros superhéroes dar el salto a la gran pantalla, pero también obligó a sus responsables a continuar con una historia que dejaba muchos cabos sueltos. Evidentemente, el motivo económico fue determinante, pero el hecho de que X-Men 2 (2003) fuese mejor en todos los aspectos que su predecesora indica que al menos su director, Bryan Singer (Valkiria), tenía algo más que contar.

Creo que tras todos estos años de reflexión nadie duda de que la primera continuación de la saga mutante es la mejor de la trilogía original, y por extensión una de las mejores adaptaciones de superhéroes que se han hecho. El motivo principal, como decimos, es una correcta comprensión del “más y mejor” que debe predominar en cualquier secuela, pero lo cierto es que solo con esto el film no habría adquirido con el tiempo la categoría que ahora tiene. La pregunta que cabe hacerse, por tanto, es qué aporta de novedoso a lo ya expuesto por su predecesora.

La respuesta hay que buscarla, como no podía ser de otro modo, es su argumento, en una trama que vuelve a repetir formato y divide su tiempo en dos líneas de desarrollo que avanzan de forma paralela para unirse en un clímax tan espectacular como emotivo. X-Men 2 acentúa los dos grandes dramas de la primera parte para erigirse como un producto mucho más completo, más dinámico y con mayor profundidad en las motivaciones de sus personajes. A través de un lenguaje audiovisual que juega con la intriga y la información aportada, la historia vuelve a optar por el oscurantismo bien entendido de la primera parte, en el sentido de no ofrecer al espectador un producto masticado, digerido y regurgitado.

El hecho de apostar de forma clara y contundente por la historia de Lobezno, de nuevo con un Hugh Jackman (Los miserables) sensacional, aporta solidez narrativa al conjunto, permitiendo un mayor desarrollo del personaje y, por extensión, una visión más amplia del mundo de los mutantes y su lucha por la supervivencia ante la intolerancia y el miedo de gobiernos y ejércitos. La presencia de William Stryker (Brian Cox) es la que articula el pasado y el presente en la historia, y es el que vincula el desarrollo de las dos tramas. Resulta interesante comprobar cómo un único personaje, cuando está bien diseñado desde el comienzo, es capaz de modificar los parámetros de toda una historia mucho más compleja.

Más mutantes, más poderes

Desde luego, la presencia de Jackman genera en el film algunos de los mejores momentos de toda la saga, como es el ataque a la mansión y la respuesta de Lobezno, o ese final en la presa. Pero como decía al comienzo, X-Men 2 supo aprovechar su apuesta por el desarrollo de la trama para integrar en ella más acción, más espectacularidad y más mutantes, que se sumaron a los ya presentados en la anterior entrega (los más destacados son los interpretados por Shawn Ashmore y Alan Cumming) y que, en líneas generales, modificaron notablemente sus puntos de partida. Ahí está, por ejemplo, el cambio que sufre Lobezno, marcado en todo momento por el traumático pasado.

Aunque sin duda esa evolución está representada por el personaje de Famke Janssen (Ni una palabra), rol que siempre ha sido objeto de profundos cambios y que en esta segunda parte encuentra una vía para explorar todos los aspectos del personaje. De forma sutil la trama introduce los cambios que se producen en Jean Grey y que la llevan a sacrificarse por el grupo en uno de los momentos más emotivos de la cinta (sacrificio que para los seguidores exploraba un nuevo camino con esa imagen final del ave sobrevolando el agua). Curiosamente, el triángulo amoroso pasa a un segundo plano en beneficio de los conflictos personales de cada uno de los integrantes, amén de otras tramas secundarias que ganan importancia, como es la constante lucha entre mutantes (aquí unidos por fuerza mayor) o la huida de la mansión para sobrevivir.

Lo más interesante del film es que todo esto, a pesar de generar más acción y más efectos, nunca llega a imponerse a la trama, siendo un recurso más de los utilizados por el director para narrar la historia. Hago hincapié en esto porque, aunque pueda parecer simple y lógico, es algo que se perdió en la tercera parte, de ahí su importancia. El arco dramático de los personajes está marcado por un sinfín de detalles, de percepciones y de motivaciones. Ninguno de ellos puede definirse en esta película como “buenos” y “malos”. Las fronteras, aunque más o menos claras, nunca llegan a definirse totalmente, llegando incluso a fundirse al final de la historia. Es eso lo que aporta a la saga, y lo que la convierte en la gran película que es: no todo es blanco o negro; no todo está bien o mal. Ese realismo, incluso narrando lo que se está narrando, es el “más y mejor” de la segunda parte.

Por tanto, X-Men 2 es en todos los sentidos un film mucho más completo y más atractivo. Dejando a un lado las comparaciones, hay que aclarar que el film tiene puntos débiles de gran relevancia, como es el hecho de que algunos secundarios pecan demasiado de arquetípicos. Su trama, además, posee los altibajos habituales de este tipo de cintas, en las que tras grandes secuencias de acción es necesario pararse a plantear los interrogantes. Pero en cualquier caso es una notable propuesta que expone sus intenciones desde el primer momento y que apuesta, por fortuna, por una historia compleja y trágica que en todo momento controla, como ocurre en el film con los mutantes, sus herramientas narrativas.

‘Mindscape’: no se puede luchar contra el poder de la mente


Taissa Farmiga y Mark Strong en 'Mindscape', de Jorge Dorado.Criticar una película puede ser de lo más sencillo. Si gusta, todo está bien; si no gusta, todo está mal. Pero tras cualquier producción existe un proceso creativo complejo que comienza con una idea. Cualquiera que se haya sentado ante una pantalla en blanco y haya decidido ponerse a desarrollar esa genialidad a la que lleva dándole vueltas varios días habrá comprobado que, en la mayoría de los casos, cuando se dota de consistencia física a ese concepto etéreo este pierde toda o parte de su magia. Bueno, pues eso mismo es lo que le ocurre al primer guión de Guy Holmes.

La película dirigida sin grandes alardes por Jorge Dorado, también debutante en esto del largometraje, se ofrece al espectador como un thriller cuanto menos interesante. Una agencia de personas capaces de meterse en la mente de la gente, un caso con niña prodigio y algo extraña de por medio, un pasado turbulento y traumático, un caso sin resolver, … Un punto de partida interesante. Pero ahí queda todo. El desarrollo dramático de ese concepto inicial no solo discurre por terrenos ya abonados por muchos y mejores guionistas durante décadas, sino que los elementos narrativos propios de cualquier thriller son utilizados de forma algo burda, haciendo que el espectador tome cierta distancia con la historia y, lo que es peor, gane la partida intelectual a un film que debería de ser un desafío algo mayor.

El mejor ejemplo reside en el detalle de una firma, elemento por otro lado muy utilizado. El problema no es la rúbrica en sí misma, sino su ubicación en la trama y junto a un personaje acostumbrado a fijarse en los detalles de los recuerdos que visita. Que no descubra hasta el final el engaño que esconde esto evidencia una cierta falta de soltura narrativa y dramática por parte de Holmes en el manejo de las claves del suspense. Problemas aparte, la cinta logra no decepcionar demasiado en su aspecto formal e interpretativo. Sin duda, lo mejor del film es el reparto, sobre todo Taissa Farmiga (The bling ring) y Mark Strong (La reina Victoria), que dotan a sus personajes de una profundidad mayor de la que parece desprenderse de su definición sobre el papel, sobre todo en esa relación al más puro estilo Lolita.

En definitiva, Mindscape es un thriller al uso. Uno de tantos que llegan a la cartelera a lo largo del año. No desagrada, pero tampoco apasiona. Su interesante y original comienzo (la presentación de la agencia y cómo trabajan los investigadores es de lo mejor del relato) se desinfla conforme pasan los minutos hasta derivar en un producto sin alma, obligado a un final más o menos previsible y con conflictos, puntos de giro y lugares ya conocidos. La sensación que deja en el espectador es la de estar ante algo que podría haber dado algo más de sí si se hubiera tenido la valentía de elaborar situaciones menos tópicas. Aunque como decía antes, no desagrada.

Nota: 5/10

Venganza, sexo y el poder de la mente lideran los estrenos


Estrenos 24enero2014Tercer viernes de estreno en España en 2014. Un viernes que retoma la tendencia del año anterior de estrenar numerosos y, a priori, interesantes films. Numerosos, sí, pero las novedades de este 24 de enero podrían no compartir aquello de interesantes. Al menos no para todos los espectadores. Remakes, secuelas, nuevas versiones, … todo eso y mucho más es lo que se ofrece. Películas para todos los gustos y de todos los géneros que, eso es indiscutible, abren el abanico de opciones con las que el espectador se encontrará este fin de semana.

Resulta difícil elegir cuál es el estreno más destacado. Desde luego, Oldboy tiene muchas posibilidades de ostentar ese título. El remake norteamericano de la cinta de Park Chan-Wook (Sympathy For Mr. Vengeance) estrenada en 2003 llega con la intención de, al menos, rememorar las buenas sensaciones que dejó el film de Corea del Sur. La historia es la misma. Un hombre es secuestrado una noche al volver a casa. Cuando despierta lo hace en una habitación aislada en la que el único contacto con el exterior es una televisión. A través de ella comprueba que su familia ha sido asesinada y que se le acusa a él del crimen. Tras 15 años encerrado el hombre es liberado con algo de dinero y un teléfono móvil, el cual recibe una llamada: tiene unos días para encontrar al responsable de arruinar su vida o morirá. Thriller, acción y mucha violencia son los ingredientes de esta versión dirigida por Spike Lee (Plan oculto) y protagonizada por rostros conocidos como Josh Brolin (Men In Black III), Elizabeth Olsen (Luces rojas), Sharlto Copley (Elysium), Samuel L. Jackson (Pulp Fiction), Michael Imperioli (serie Los Soprano), Linda Emond (Julie y Julia), James Ransone (La trama), Lance Reddick (serie Fringe) y Max Casella (Blue Jasmine).

Siguiendo con las películas producidas en Estados Unidos, toca hablar de Hércules: El origen de la leyenda, historia de acción y aventuras con marcado carácter fantástico. Planteada como una especie de historia previa a las grandes hazañas del semidiós que se conocen a través de los textos clásicos, la trama comienza cuando una reina pide ayuda a los dioses para detener a su cruel marido en la opresión que realiza sobre su pueblo. La respuesta es un hijo engendrado por el propio Zeus que, con el paso de los años, se convertirá en un poderoso guerrero que, por el amor de una mujer, terminará siendo enviado a la guerra y obligado a enfrentarse a su propio hermano para acabar con su tiranía y recuperar a la mujer que ama. Renny Harlin (Deep Blue Sea) vuelve tras las cámaras, mientras que Kellan Lutz (Immortals), Scott Adkins (Los mercenarios 2), Liam McIntyre (serie Spartacus), Liam Garrigan (serie Los Pilares de la Tierra), Johnathon Schaech (Ladrones), Roxanne McKee (Vendetta), Gaia Weiss (Mary Queen Of Scots) y Rade Serbedzija (Batman Begins) conforman el reparto principal.

Otro que regresa es Lars Von Trier (Dogville), quien presenta la segunda parte de su Nymphomaniac. Centrada en la etapa adulta de la protagonista, la historia retoma lo narrado en el primer volumen, es decir, el relato de la vida de la protagonista marcada por una afición al sexo que, con los años, ha derivado en ninfomanía. Dado que son dos partes de una misma película, el reparto cuenta con los mismos nombres de la entrega estrenada a finales de 2013, es decir, Charlotte Gainsbourg (Anticristo), Stellan Skarsgård (El médico), Stacy Martin, Willem Dafoe (Daybreakers), Shia LaBeouf (Pacto de silencio), Jamie Bell (La legión del águila), Connie Nielsen (serie Boss), Uma Thurman (Una mamá en apuros) y Christian Slater (El nombre de la rosa).

Con algo de retraso llega ¿Qué hacemos con Maisie?, intenso drama que gira en torno a las separaciones y las repercusiones que tienen en los hijos. Concretamente, la trama se centra en una niña que ve cómo su madre, una estrella del rock, se separa de su padre, un marchante de arte algo despistado. Todo con la presencia como testigo de excepción del nuevo marido de la mujer, un hombre más joven. Scott McGehee y David Siegel (La huella del silencio) son los encargados de poner en imágenes el guión, mientras que los papeles principales recaen en Julianne Moore (Carrie), Alexander Skarsgård (Battleship), Steve Coogan (Los otros dos), Onata Aprile (Yellow) y Joanna Vanderham (Blackwood).

En cuanto a la producción española hay que destacar Mindscape, si bien es conveniente aclarar que cuenta con colaboración norteamericana y francesa. La cinta narra, en clave de suspense psicológico, los esfuerzos de un hombre capaz de introducirse en los recuerdos de la gente para determinar si una joven con un pasado traumático es una sociópata. Lo que comienza siendo un trabajo más pronto se convierte en una persecución, en un juego del gato y el ratón en el que el hombre se verá atrapado sin saber si es perseguido o perseguidor. Ópera prima del español Jorge Dorado, la película cuenta con un reparto internacional en el que destacan Taissa Farmiga (serie American Horror Story), Mark Strong (La noche más oscura), Brian Cox (RED 2), Alberto Ammann (Tesis sobre un homicidio), Indira Varma (Bodas y prejuicios) y Noah Taylor (serie Juego de Tronos).

Por su parte, Santiago Tabernero vuelve a ponerse tras las cámaras de un largometraje después de unos 8 años trabajando en televisión. Y lo hace con un guión escrito a cuatro manos entre él y Eduardo Noriega (Una pistola en cada mano), a su vez protagonista de esta Presentimientos, basada a su vez en la novela de Clara Sánchez. A medio camino entre el thriller y el romance, la película comienza cuando una pareja que atraviesa una crisis decide irse de vacaciones a una urbanización cerca de la playa. Sin embargo, los problemas no cejan y, tras una discusión, ella se va en el coche. Tras un incidente en el que le roban el bolso y todo lo que lleva dentro, la mujer se encontrará sola y perdida en un lugar que le resulta extraño y peligroso, iniciándose la búsqueda de ambos por reencontrarse y desvelando secretos que creían incluso olvidados. El reparto lo completan Marta Etura (Los últimos días), Alfonso Bassave (serie Gran Hotel), Gloria Muñoz (Como estrellas fugaces), Irene Escolar (Al final del camino) y Jack Taylor (Agnosia).

También debuta en el largometraje Papick Lozano, directora de arte en películas como El prado de las estrellas (2007), y lo hace con Casi inocentes, drama sobre las relaciones humanas y los extraños vínculos que forma la vida. La acción se centra en una familia que ve cómo el hijo pequeño está a punto de morir en un trágico accidente. La parálisis del padre durante ese instante y el no poder salvar a su hijo le marcarán para siempre, pero la presencia de un inmigrante que intervino para rescatar al pequeño llevará al padre a volcarse en una deuda y una gratitud que cambiarán su forma de ver la vida para siempre. Fernando Cayo (La piel que habito), Ana Fernández (Muñeca), Jaroslaw Bielski (Valentín), Gabriel García Delgado (Todo es silencio), Alexandra Jiménez (Promoción fantasma) y José Antonio Gallego (Alatriste) forman el reparto principal.

Por último, y sin salir de la producción española, Hammudi Al-Rahmoun Font presenta su ópera prima, una obra rodada con un presupuesto muy bajo y en muy poco tiempo. Otel·lo es un drama que sigue las discutibles decisiones de un director de cine que trata de llevar a la gran pantalla la obra de William Shakespeare, Otelo. Empero, para transmitir las pasiones y emociones que se desprenden del texto busca en todo momento la confrontación en el reparto, los celos y las intrigas que definen la obra, utilizando para ello técnicas sibilinas que provocarán situaciones dramáticas pero de un marcado humor ácido. Protagonizada por el propio director, quien también escribe el guión, el plantel de actores se completa con nombres desconocidos como los de Ann M. Perelló (La manada), Youcef Allaoui, Kiko Fernández y Marc Montañés.

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