‘It: Capítulo 2’: superar los miedos originales


Se supone que toda secuela, para ser buena, debe ofrecer más de lo que ofreció la primera parte. Más en todo aquello que dio el éxito a la historia original. Y bajo esa premisa se ha construido esta segunda entrega de una de las tramas de terror más famosas de todos los tiempos. Pero con matices, porque a pesar de ofrecer más terror, más sangre y más argumento, también cambia el punto de vista del argumento para mostrar que el miedo es siempre algo que se puede controlar.

Porque a diferencia de la primera parte, donde los niños afrontaban una lucha contra esta criatura como un enfrentamiento en el que tenían que estar unidos, en esta It: Capítulo 2 lo que se hace es explorar los miedos individuales y originales de cada uno de los personajes. Así, durante buena parte de su largo metraje (que se hace más bien corto, todo sea dicho) Andy Muschietti (Mamá) dedica toda su atención a abordar la historia de cada niño ahora convertido en adulto, y cómo sus traumas infantiles, sobre todo aquellos vinculados a ese macabro payaso, les han condicionado a lo largo de su vida. La cinta adquiere, de este modo, un tono más adulto, introspectivo y psicológicamente complejo, aderezado en todo momento por sus ‘yos’ infantiles, que vuelven a tener un interesante protagonismo en la cinta y que hacen de los saltos temporales todo un arte de transición narrativa en el tiempo.

Puede que esto sea un inconveniente para muchos. La primera It era una aventura preadolescente, monstruo incluido, que abordaba la amistad de ese grupo de niños inadaptados y poco populares en el colegio. El hecho de que su continuación les sitúe en la edad adulta elimina, por necesidad, ese componente. Pero en lugar de eso, la historia se adentra en aspectos mucho más oscuros, llevando a los personajes a situaciones límite. La labor de los actores (todos ellos magníficamente elegidos), en este aspecto, es sencillamente brillante, pues no solo consiguen mantener la esencia de la interpretación de los niños, sino que ahondan en matices emocionales muy interesantes, sobre todo en su tercio final. Por supuesto, no es una película perfecta. Existen algunos fallos (incluso de raccord) e irregularidades, y desde luego explicar con todo lujo de detalles el origen de la criatura nunca ayuda al aspecto terrorífico de una historia. Pero con todo y con eso, estamos ante una más que digna continuación.

Y no es que It: Capítulo 2 no supere a It. Más bien, son dos conceptos diferentes sobre una misma historia. Porque la verdad es que la dinámica narrativa de ambos films es similar, enfrentamiento final incluido. Pero mientras una es vista desde el punto de vista de los niños, la otra tiene a los adultos como protagonistas. Personalmente creo que esta segunda parte es mucho más compleja, más completa dramáticamente hablando, con unos actores brillantes y algunos momentos tan incómodamente terroríficos como sangrientos y violentos (sin ir más lejos, la escena del laberinto de espejos o las pesadillas finales a las que tienen que hacer frente cada uno de los héroes). Todo ello convierte a esta continuación en una notable película, y al díptico en una obra a revisionar de forma conjunta.

Nota: 7,5/10

Pennywise regresa para aterrorizar a la cartelera con ‘It: Capítulo 2’


Tras un mes de agosto algo flojo en lo que a grandes estrenos se refieren, septiembre arranca con un título que promete dejar sin dormir a más de uno. De hecho, es el único gran título de este viernes día 6, aunque llega acompañado por un puñado de novedades en las que los espectadores podrán encontrar alternativas.

Aunque desde luego el gran estreno es It: Capítulo 2, secuela del film de 2017 que vuelve a dirigir Andy Muschietti (Mamá) y que, continuando la historia de la novela de Stephen King, sitúa a los niños protagonistas en su edad adulta, 27 años después de lo ocurrido en la primera parte. El film arranca cuando los integrantes de ese ‘Club de los Perdedores’ deben regresar al pueblo del que huyeron para cumplir la promesa que hicieron, y que no era otra que volver si el macabro payaso volvía a actuar. Intriga y terror son los ingredientes de esta cinta con capital estadounidense y canadiense que, además de recuperar a los actores jóvenes de la primera película y a Bill Skarsgård (serie Castle Rock) como el villano, incorpora a James McAvoy (Atómica), Jessica Chastain (Molly’s game), Bill Hader (Popstar), Jay Ryan (Lou), James Ransone (Gemini), Andy Bean (Poor boy) e Isaiah Mustafa (After the reality).

Muy diferente es El arte de vivir bajo la lluvia, comedia dramática con tintes románticos producida en Estados Unidos que adapta la novela de Garth Stein. La trama tiene como protagonista a un aspirante a corredor de Fórmula 1 y su perro, realizando un recorrido por la vida y los amores del primero y creando un vínculo entre las técnicas para ganar una carrera y los valores necesarios para realizar con éxito el viaje de la vida. Dirigida por Simon Curtis (La dama de oro), la película está protagonizada por Milo Ventimiglia (serie This is us), Amanda Seyfried (Mamma Mia! Una y otra vez), Kevin Costner (Figuras ocultas), Gary Cole (serie Veep), Kathy Baker (Model home) y Martin Donovan (Una historia de venganza).

El drama histórico es el género de Hotel Bombay, film de 2018 con toques de thriller producido entre Estados Unidos, India y Australia que reproduce el secuestro de un grupo de huéspedes del hotel Taj Mahal Palace en 2008. La cinta aborda cómo el grupo de terroristas paquistaníes invadió el lugar para hacerse con su control, y cómo un grupo de funcionarios y huéspedes deciden afrontar la situación y tratar de revertirla. Anthony Maras debuta en el largometraje con esta película en la que Dev Patel (Lion), Armie Hammer (Call me by your name), Jason Isaacs (La cura del bienestar), Nazanin Boniadi (Ben-Hur) y Anupam Kher (Ranchi diaries) son los principales actores.

Entre los estrenos puramente europeos destaca la española Vivir dos veces, drama dirigido por Maria Ripoll (No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas) que arranca cuando un hombre, su hija y su nieta emprenden un viaje tan disparatado como revelador. El motivo del viaje no es otro que ayudar al hombre a encontrar al amor de su juventud antes de que le falle la memoria definitivamente. Por el camino deberán afrontar la oportunidad de una vida nueva, tomar decisiones discutibles y superar contratiempos que les obligarán a afrontar sus propios engaños. El reparto está encabezado por Inma Cuesta (Todos lo saben), Oscar Martínez (El cuento de las comadrejas), Mafalda Carbonell (serie Manual de supervivencia del Club Houdini), Nacho López (En apatía) y Aina Clotet (Durante la tormenta).

Desde Reino Unido llega Ray & Liz, drama de 2018 cuya historia se basa en las memorias del fotógrafo Richard Billingham, concretamente en las que tiene de sus padres. A través de tres episodios se presenta la experiencia de vivir en la periferia de Birmingham y en una sociedad que rompe los tabúes de la sociedad. Escrita y dirigida por el propio fotógrafo, quien de este modo debuta en el cine de ficción, la cinta está protagonizada por Ella Smith (Kill your friends), Justin Salinger (Everest), Tony Way (Trespass against us), Sam Gittins (Obediencia) y Michelle Bonnard (serie Casualty).

También de 2018 es el thriller dramático basado en hechos reales Viento de libertad, producción alemana que dirige Michael Herbig (Vicky el vikingo) y que narra cómo en 1979, durante la Guerra Fría, dos familias planean un plan de huida de Alemania Oriental. El plan pasa por construir un globo aerostático con retales para transportar por aire a los ocho miembros hasta el otro lado del Muro de Berlín. Friedrich Mücke (Un mensaje para ti), Karoline Schuch (Hannas reise), David Kross (El héroe de Berlín), Alicia Von Rittberg (Un traidor como los nuestros), Thomas Kretschmann (Vengadores: La era de Ultrón) y Jonas Holdenrieder (¡Que te den profe!) son los principales actores.

En lo que se refiere a la animación, Kikoriki: La leyenda del dragón dorado es una producción rusa de 2016 que arranca cuando los habitantes de una isla emprenden una aventura cuando un científico amateur inventa un dispositivo que permite intercambiar los rasgos de un ser vivo con los de otro. Pero cuando uno de los apocados habitantes de la isla lo usa para curar su cobardía termina convertido en una oruga, por lo que deberá vencer sus miedos. Dirigida por Denis Chernov (Kikoriki. Equipo invencible), la cinta cuenta con las voces de Wayne Grayson (Zarafa), Peter Linz (Los muppets), Mike Pollock (Pup 2 no good), Alyson Leigh Rosenfeld (La presa), Sondra James (Con la magia en los zapatos) y Tyler Bunch (Finding Joy).

El último de los estrenos de este viernes es el documental Untouchable (Intocable), una mirada a la figura de Harvey Weinstein y el acoso, chantaje y abuso sexual al que sometió a numerosas actrices. La cinta aborda el origen de estos abusos y cómo fueron silenciados durante tanto tiempo, qué supone el ascenso y caída y qué papel ha jugado la sociedad para permitir que sucediera algo como esto. La película está dirigida por Ursula Macfarlane (One deadly weekend in America).

‘Dumbo’ vuelve a alzar el vuelo en una ‘Nación salvaje’


Termina marzo, y lo hace con la tónica general de estas últimas semanas, es decir, fantasía, comedia y muchos títulos europeos. Con la salvedad de que este viernes día 29 lo que llega a las pantallas españolas como principal estreno no es una secuela, sino un remake en imagen real de un clásico de la animación que ha hecho soñar a generaciones.

Se trata de Dumbo, nueva versión del cuento homónimo de Helen Aberson que ilustró Harold Pearl, y que ahora el director Tim Burton (Big eyes) lleva a la gran pantalla con un reparto de carne y hueso y un pequeño elefante recreado por ordenador. De nuevo con Disney como estudio detrás de la película, la trama, para aquellos que no la conozcan, arranca cuando una antigua estrella es contratada junto a sus hijos para cuidar de una cría de elefante recién nacida cuyas enormes orejas son el hazmerreír de un espectáculo que pasa por sus horas más bajas. Sin embargo, cuando descubren que el pequeño elefante puede volar el circo vuelve a ser un éxito, atrayendo la atención de un promotor que quiere al animal como uno de sus espectáculos en un enorme parque de atracciones que oculta más de lo que parece. El reparto está encabezado por estrellas como Eva Green (Basada en hechos reales), Colin Farrell (Viudas), Michael Keaton (Spider-Man: Homecoming), Danny DeVito (Hotel Noir), Alan Arkin (El chico del millón de dólares) y Joseph Gatt (Finding Eden).

También norteamericana es Nación salvaje, film escrito y dirigido por Sam Levinson (Another happy day) que, combinando acción, thriller y comedia, gira en torno a una joven y su último año de instituto. Mensajes, selfies y chats ocupan su día a día, al igual que el del resto de sus compañeros y amigos. Pero cuando un hacker comienza a publicar detalles de sus vidas privadas y desata el caos, la pregunta que realmente importa es: ¿sobrevivirán a la siguiente noche? Entre los principales actores encontramos a Bella Thorne (No dejes de mirar), Maude Apatow (Other people), Bill Skarsgård (serie Castle Rock), Joel McHale (Adultos a la fuerza), Colman Domingo (serie Fear the walking dead) y Odessa Young (Sweet Virginia).

Entre los estrenos europeos destaca la francesa Las invisibles, comedia dramática que adapta el libro de Claire Lajeunie cuyo argumento tiene como punto de partida el cierre de un centro social para mujeres sin techo a raíz de una decisión municipal. Con un plazo de tres meses para reintegrar en la sociedad a estas mujeres, las trabajadoras sociales inician una campaña en la que todo vale con tal de salvarlas. Louis-Julien Petit (Carole Matthieu) es el encargado de dirigir esta cinta protagonizada por Audrey Lamy (Coexister), Corinne Masiero (Simon), Noémie Lvovsky (Monsieur Chocolat), Déborah Lukumuena (Divinas), Marianne Garcia (Cowboy Camembert) y Fatsah Bouyahmed (La vaca).

Procedentes de España llegan cuatro estrenos. El principal es ¿Qué te juegas?, comedia que supone el debut en el largometraje de Inés de León tras una larga trayectoria en el mundo del cortometraje. La historia se centra en un hermano y una hermana, ambos empresarios de éxito, atractivos y millonarios, pero que no se soportan. Ella, seria y agresiva, dirige el negocio familiar que él, más despreocupado, quiere revolucionar con sus ideas. Todo cambia cuando en una fiesta conocen a una monologuista que pondrá sus vidas patas arriba. Amaia Salamanca (Nuestros amantes), Javier Rey (Sin fin), Leticia Dolera (La novia), Santiago Segura (Sólo se vive una vez), Hugo Silva (Despido procedente) e Itziar Castro (Matar a Dios) encabezan el reparto.

El thriller es el género al que pertenece Boi, ópera prima de Jorge M. Fontana que, además de dirigir, escribe esta trama que gira en torno a un joven que se estrena como conductor privado. Mientras espera la decisión de su novia sobre un asunto que puede cambiarles la vida, deberá atender a sus primeros clientes, una pareja de empresarios asiáticos que han llegado a la ciudad a cerrar un importante negocio en menos de 48 horas. Entre los principales actores encontramos a Macarena Gómez (Secuestro), Bernat Quintana (Vorvik), Adrian Pang (Unlucky Plaza), Rachel Lascar (Caza al asesino) y Jean Claude Ricquebourg (Embrión).

El tercer estreno español es ¡Ay, mi madre!, comedia que tiene como punto de partida el fallecimiento de una mujer. Su hija, con la que se había distanciado, regresa al pueblo para hacerse cargo del entierro, descubriendo no solo los últimos deseos de su madre, sino la cuantiosa herencia que le ha dejado con la única condición de casarse antes de un mes. A partir de ese momento comenzarán a salir pretendientes y personajes que harán todo lo posible por lograr parte de esa herencia, lo que obligará a la joven a enfrentarse a su pasado y tratar de comprender su futuro. Frank Ariza debuta en el largometraje como director con este film en el que también hace las veces de guionista, y cuyo reparto está encabezado por Estefanía de los Santos (De chica en chica), Secun de la Rosa (El bar), Paz Vega (Actos de venganza), Mariola Fuentes (Kiki, el amor se hace), Marta Torné (7 años) y Terele Pávez (La puerta abierta).

Por último, Lady Off es el título del drama dirigido por David R.L. (La noche del ratón) que gira en torno a una joven actriz desilusionada que compagina un trabajo de dependienta a media jornada con pequeños papeles en obras menores y en teatros off madrileños. La ilusión regresa cuando le dan la oportunidad de interpretar a Lady Ana en una versión de Ricardo III de Shakespeare. Sin embargo, pronto chocará con la férrea visión del director, que entiende su personaje como un juguete al que Ricardo debe humillar y vejar sobre el escenario. Marta Fuenar, Mateu Bosch (Hablar), Yeyo Bayeyo y Jaione Azcona son los principales intérpretes.

Entre el resto de estrenos europeos encontramos Conociendo a Astrid, coproducción suecodanesa de corte biográfico que, en clave dramática, narra la vida de la escritora Astrid Lindgren, autora de numerosos libros infantiles y creadora del personaje Pipi Calzaslargas. La cinta narra sus primeros años, su trabajo como voluntaria en una redacción y una relación amorosa que dará un giro cuando ella tiene una revelación que le lleva a cuidar de sí misma y de su hijo por sus propios medios. Dirigida por Pernille Fischer Christensen (Alguien a quien amar), la cinta está protagonizada por Alba August (IRL), Trine Dyrholm (La comuna), Björn Gustafsson (Espías), Henrik Rafaelsen (Thelma), Maria Bonnevie (Uskyld) y Magnus Krepper (The Paradise suite).

También llega este viernes La caída del imperio americano, producción canadiense de 2018 que escribe y dirige Denys Arcand (El reino de la belleza) y cuyo argumento gira en torno a un intelectual con un doctorado en filosofía que se ve obligado a trabajar como repartidor para poder vivir decentemente. Un día se ve envuelto en un atraco que acaba mal, con dos muertos y bolsas por el suelo repletas de millones, planteándosele el dilema de irse con las manos vacías o llevarse todo el dinero. El reparto está encabezado por Alexandre Landry (Pays), Maripier Morin, Rémy Girard (Hot dog), Maxim Roy (Succulent & Savory), Pierre Curzi (Chorus) y Vincent Leclerc (El renacido).

Con algo de retraso se estrena la cinta china Ballad from Tibet, drama familiar dirigido por Zhang Wei (Shadow) que se centra en un grupo de niños tibetanos ciegos que emprenden un viaje para ver el mundo y llegar a la ciudad de Shenzhen, donde quieren lograr su objetivo de cantar a través de la televisión. Tan solo uno de ellos ve parcialmente por un ojo, y en su trayecto contarán con la ayuda de una familia nómada, un grupo de moteros y un productor de televisión. Esta historia basada en hechos reales tiene como protagonistas a Lobsang Turpten, Yeshi Choedon, Karma Sangmo y Pama Gumi, entre otros.

Terminamos con el documental En busca del Óscar, film que cuenta con capital español, estadounidense, argentino y dominicano y que aborda la figura de Óscar Peyrou, presidente de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica y delegado de FIRESCI en Madrid que es famoso por su peculiar método para escribir sus críticas: no hace falta ver la película en sí, basta con analizar su cartel. La cinta está dirigida por Octavio Guerra, que debuta en el largometraje.

1ª T. de ‘Castle Rock’, idónea carta de presentación del universo King


Stephen King es el maestro del terror, de eso no cabe la más mínima duda. Pero el autor de novelas como ‘El Resplandor’, ‘Carrie’ o ‘It’ es mucho más. De hecho, quien haya leído alguno de sus libros puede que haya percibido dos constantes muy claras (amén de otros muchos elementos, por supuesto). Por un lado, el manejo de pasado y presente en sus historias; por otro, que el desarrollo no responde tanto al terror puro y duro como a la intriga, gracias al juego que realiza con las diferentes tramas y los elementos de suspense que siempre están presentes. Y todo ello está presente en la primera temporada de Castle Rock, un alarde narrativo sencillamente espléndido ambientado en el universo King que, al igual que las novelas, juega al despiste con el espectador para terminar por revelarle algo mucho más interesante y complejo de lo que podría imaginar en un principio.

Y todo ello en apenas 10 episodios. Sus creadores, Sam Shaw y Dustin Thomason, autores de la serie Manhattan, parten de un acontecimiento tan concreto como un suicidio para hilvanar todo un complejo mundo en el que el caos, la violencia y la locura parecen entremezclarse solo para arrojar luz sobre un fenómeno aún más enriquecedor. En este sentido, la trama crece, y de qué modo, a lo largo de cada capítulo, incluso en aquellos en los que todo parece derivar en un absurdo o en los que se narran acontecimientos aparentemente independientes de todo el arco argumental. Pero no, al igual que cualquier novela de King, cada acontecimiento tiene un motivo, cada suceso está relacionado con el resto, y cada personaje tiene su motivación. Y por supuesto, algunas referencias a personajes y acontecimientos de sus obras, lo que hará las delicias de los fans.

De ahí que esta primera temporada de Castle Rock sea puro Stephen King sin necesidad de adaptar una novela. De hecho, captura su esencia bastante mejor que muchas de las películas o series que sobre su obra se han hecho a lo largo de los años. Y en esto tiene mucho que ver esa idea de utilizar el terror más como un concepto que sobrevuela la trama que como algo tangible (aunque tiene sus momentos). En su lugar, estos capítulos exploran temas tan interesantes como la locura, la incomprensión de la mente de acontecimientos nunca antes vistos, o los equilibrios existentes entre nuestro mundo y otras realidades. Todo ello, por supuesto, sustentado no solo en una trama más que notable, sino en un reparto en estado de gracia capaz de enriquecer sus personajes con unos matices que ofrecen al espectador, en algunas ocasiones, pistas sobre lo que está ocurriendo. Aunque, al igual que a los protagonistas, nos costará comprenderlo un poco al principio.

Porque, en efecto, esta serie es un auténtico rompecabezas en el que el espectador se sumerge primero para nadar a contracorriente y luego para dejarse llevar por el desarrollo. Y en ese cambio de postura frente a la ficción tienen mucho que ver los actores, como mencionaba antes. Fundamentalmente André Holland (Moonlight), Bill Skarsgård (It) y Sissy Spacek (Criadas y señoras). Los dos primeros porque establecen un duelo interpretativo profundo, primero como un abogado que lucha por un cliente y, más adelante, como las dos caras de una misma moneda, uno sin comprender lo ocurrido y otro instando a la acción. Y la tercera porque se convierte en eje fundamental de buena parte del relato. Es el anclaje para los diferentes espacios temporales y las diferentes realidades que se dan cita en la trama. En cierto modo, Spacek asume como propio el papel que en la ficción juegan las piezas de ajedrez, aportando mayor dramatismo si cabe a la condición particular de su rol y a la intriga del conjunto.

Henry Matthew Deaver

Pero evidentemente, el peso de la historia recae en los cuatro hombros de los dos protagonistas. Lo más interesante de esta primera temporada de Castle Rock es la evolución que viven ambos roles, sobre todo el de Holland. Lo que comienza siendo un misterio con tintes casi satánicos termina convirtiéndose en una reflexión sobre los mundos paralelos, las realidades alternativas y cómo eso genera unos efectos devastadores en la realidad en que nos encontremos. Curiosamente, todo comienza con el nombre que los dos protagonistas comparten, Henry Matthew Deaver, y con el modo en que los personajes secundarios afrontan, desde la ignorancia, lo que ocurre con el personaje de Skarsgård, ya sea con el suicidio inicial o las numerosas situaciones de caos y violencia que desata el desequilibrio entre universos.

Porque bajo la premisa de una obra de ciencia ficción con dosis de terror, lo que la trama esconde es una interesante reflexión acerca de los efectos y las consecuencias de modificar el equilibrio que existe en el universo (lo que, a su vez, se puede extrapolar a nuestro día a día) cuando se introduce un elemento externo que no tiene cabida en una realidad ya conformada. A lo largo de sus episodios esta etapa inicial plantea una serie de interrogantes que, aunque inicialmente pueden no tener nada que ver con la trama principal, terminan adquiriendo sentido cuando se resuelve dicha incógnita central. Dicho de otro modo, la ficción presenta numerosas ramificaciones, líneas argumentales secundarias y secuencias aparentemente inconexas que terminan por confluir en una línea argumental conjunta y global, desvelando al espectador el verdadero mapa dramático al que está asistiendo.

Esto, como ocurre con muchas historias de Stephen King, tiene un problema, y es que en no pocas ocasiones la trama se desvía demasiado de su objetivo principal. Y al ser una historia narrada en capítulos se corre el riesgo, como de hecho ocurre en alguna que otra ocasión, de que el espectador pierda el hilo de lo que se estaba contando o, lo que es más grave, el interés en una historia ciertamente original. Posiblemente este sea el mayor hándicap de la producción: su planteamiento narrativo resulta muchas veces rupturista, algo quebradizo. Es cierto que esto ayuda a crear un universo inclusivo, fascinante y rico dramáticamente hablando, pero también impide seguir el ritmo del arco dramático principal, obligando a prestar atención durante demasiado tiempo a situaciones y personajes secundarios que aportan poco o nada al conjunto, salvo tal vez asentar la conclusión final más de lo que ya estaría sin esas breves tramas secundarias.

Pero si el espectador queda atrapado en la red de Castle Rock la realidad es que se sumergirá en un universo apasionante, visualmente poderoso y dramáticamente inesperado. Terror, fantasía y drama se dan la mano en una historia que es puro Stephen King aunque no se base en ninguna novela ni relato concreto. El modo en que sus creadores utilizan los tiempos narrativos y dosifican la información para dirigir la historia por donde desean en todo momento es digno de estudio. Y si a todo ello sumamos un reparto excepcional, lo que nos encontramos es con una historia diferente, fresca, intrigante y capaz de demostrar que en televisión todavía queda margen para la originalidad y, sobre todo, que es posible enriquecer el universo de un escritor que lleva décadas perfeccionándolo y desgranándolo.

‘Deadpool 2’: la familia es lo primero


Vaya por delante que disfruté mucho, muchísimo, de aquella inteligente e irónica gamberrada titulada Deadpool. Con ese film de 2016 Ryan Reynolds (Criminal) lograba dos cosas: adaptar fielmente al cine un personaje tan controvertido como este mercenario, y hacer olvidar sus anteriores incursiones en el cine de superhéroes. Ahora, dos años después y habiendo sentado las bases, ¿puede ofrecer algo nuevo una continuación? Bueno, nuevo realmente no, pero dos horas de diversión, violencia y un humor muy muy negro, eso es incuestionable. Y en los tiempos que corren, esto convierte a esta cinta en algo fuera de lo común.

Aunque más allá de violencia extrema, palabrotas y un sinfín de referencias culturales modernas, la realidad es que Deadpool 2 es, ante todo, una historia, el camino de un antihéroe que, como él mismo explica en el film, toca fondo para volver a levantarse y encontrarse a sí mismo. Y ese camino, con sus altibajos en una película que en algún que otro momento se hace un poco lenta, está sólidamente construido, equilibrando drama y humor a partes iguales para aprovechar los conflictos externos a los que se enfrenta el héroe como mecanismos para desenredar su propio arco dramático interno, centrado en su necesidad de encontrar un significado a su vida, una familia que se le ha arrebatado. Dicho de otro modo, todo lo que ocurre en el film está enfocado a explorar los dilemas morales a los que se enfrenta este mercenario.

Y hasta ahí la parte más, digamos, seria cinematográficamente hablando. Porque esta cinta de David Leitch (Atómica) es puro entretenimiento, pura diversión que debe ser entendida como una parodia de… bueno, de absolutamente todo. La mano firme del director en las secuencias de acción logra algunos de los momentos más impactantes del relato, pero es el guión el verdadero protagonista de esta historia. Su capacidad para reírse de todo, desde el cine de superhéroes hasta de su propio protagonista (el actor, no el personaje, que también) hacen de esta segunda parte un delirio del metalenguaje cinematográfico que permite al relato traspasar sus propias fronteras cinematográficas para incrustarse de lleno en nuestra realidad. A este festival ayudan mucho los cameos, incluyendo los nuevos X-Men, un fugaz Brad Pitt (La gran apuesta), y unos títulos de crédito iniciales simplemente insuperables, de nuevo parodiando una saga caracterizada por sus ‘intros’ (es decir, James Bond). Por cierto, atentos a los textos que aparecen.

En definitiva, Deadpool 2 es más de lo que ya ofreció la primera parte. Y lo es en todos los sentidos. Más acción, más violencia, más humor y, sobre todo, más historia. No implica que sea necesariamente mejor, pero la realidad es que sí que lo es. Como suele pasar en todos estos films, una vez se ha narrado el origen del personaje, la película se centra de lleno en sus motivaciones, en sus miedos y los retos que debe afrontar. Y lo hace sin perder una pizca de todo aquello que convierte a este mercenario bocazas en lo que es. Lo mejor que se puede decir de esta segunda parte es que deja con ganas de más, con ganas de seguir explorando la psicología de este antihéroe y de verle agujereado, troceado y golpeado mientras salva el mundo.

Nota: 8/10

‘It’: Todos flotamos con la coulrofobia


Diversos estudios han demostrado que el miedo a los payasos, la coulrofobia, tiene un origen psicológico muy concreto. No es algo irracional, dicho de otro modo. La famosa novela de Stephen King, como el resto de obras del autor, ahonda sin embargo en muchos otros aspectos sociales, y la nueva versión cinematográfica potencia todo esto para ofrecer al espectador toda una experiencia visual y emocional en la que destaca, por encima de cualquier otra cosa, un Bill Skarsgård (Victoria) excepcional.

Con todo, sería injusto defender un film como It únicamente por la interpretación del terrorífico payaso Pennywise. Realmente, todo el conjunto es una notable interpretación de conceptos habituales en la obra de King, desde la amistad, la unidad, el poder del miedo y la valentía y, sobre todo, el mal que acecha con la forma de aquello que puede parecer más inocente. Relegado a un segundo plano queda, por tanto, el componente sangriento o efectista, al que es cierto que se recurre en momentos puntuales pero que no copa toda la atención de la trama, lo cual es de agradecer tanto a los guionistas, entre los que se encuentra Cary Fukunaga (serie True detective), y al director.

Una trama que en manos de Andrés Muschietti (Mamá) adquiere una ambientación fría y violenta marcada por la soledad de un grupo de niños que tiene que enfrentarse a sus miedos sin la ayuda de unos adultos que parecen más preocupados en sus propias necesidades que en las de sus hijos. Con un lenguaje visual a caballo entre el thriller psicológico y el gore más explícito, el director explota al máximo la labor interpretativa tanto de Skarsgård como de los niños que protagonizan esta primera parte, la mayoría de estos últimos prácticamente debutantes en un largometraje.

El único ‘pero’ que podría ponerse al film es una duración excesiva que obliga al relato a introducir secuencias, lo que aunque refuerza la idea de terror, tampoco aporta mucho más al desarrollo dramático de la relación o los miedos de estos chicos en su lucha contra un mal que se alimenta de ellos. A pesar de ello, la cinta se revela como un desafío terrorífico, una prueba de amistad marcada por algunos momentos violentos, otros aterradores y otros sangrientos, con un final que viene a explicar aquello de “Todos flotamos aquí abajo”. Pennywise vuelve a hacer de las suyas 27 años después, tal y como Stephen King ha dejado escrito.

Nota: 7,5/10

El terror sin nombre de ‘It’ regresa 27 años después


Este viernes, 8 de septiembre, llega a la cartelera una de las cintas más esperadas para los amantes del terror, sobre todo a raíz de las buenas críticas cosechadas en los últimos días. Pero no es la única novedad que se estrena en España. De hecho, esta es una semana con varios títulos, muchos interesantes pero que, a priori, no parece que puedan plantar cara al miedo de los espectadores.

Y es que el terror sin nombre de It regresa a la gran pantalla. La famosa novela de Stephen King vuelve a adaptarse casi 30 años después (los que conozcan la historia podrán comprender el guiño) para contar de nuevo, con nueva tecnología y una nueva narrativa del horror, la historia de un grupo de niños conocidos como Los Perdedores que deben enfrentarse a un mal al que llaman Eso y que es capaz de alimentarse de sus miedos adoptando diferentes formas, entre ellas la de un payaso que les ofrece globos. La cinta, primera de un díptico que pretende abarcar la extensa novela, está dirigida por Andrés Muschietti (Mamá) y protagonizada por Bill Skarsgård (Atómica), Jaeden Lieberher (serie Masters of sex), Nicholas Hamilton (La torre oscura), Chosen Jacobs (serie Hawai 5.0), Jack Dylan Grazer, Finn Wolfhard (serie Stranger things), Jeremy Ray Taylor (Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas), Wyatt Oleff (Guardianes de la galaxia) y Sophia Lillis (37).

Entre los estrenos europeos destaca la británica Churchill, drama biográfico en torno a la figura del primer ministro británico que centra su atención en los días previos al desembarco de Normandía, cuando se enfrentó a sus colaboradores y a los aliados estadounidenses para decidir cómo afrontar una operación que podía ser recordada como un desastre. Dirigida por Jonathan Teplitzky (Un largo viaje), la cinta está protagonizada por Brian Cox (serie Los Medici: Señores de Florencia), Miranda Richardson (Testamento de juventud), John Slattery (Spotlight), James Purefoy (serie The following), Julian Wadham (Reina y patria) y Richard Durden (Late shift).

También británica es la cinta de 2016 de terror e intriga The Limehouse Golem, adaptación de la novela de Peter Ackroyd que dirige Juan Carlos Medina (Insensibles) y que, ambientada en el Londres del siglo XIX, gira en torno a una serie de misteriosos crímenes cometidos, según los rumores, por un Golem. Para encontrar al culpable las autoridades recurren a un veterano detective. En el reparto encontramos a Bill Nighy (El nuevo exótico Hotel Marigold), Olivia Cooke (serie Bates motel), Douglas Booth (El destino de Júpiter), Daniel Mays (Victor Frankenstein), Amelia Crouch (Alicia a través del espejo), Morgan Watkins (Chicken), Eddie Marsan (La verdad duele) y María Valverde (Exodus: Dioses y reyes).

Francia y Bélgica colaboran en El amante doble, nueva película de François Ozon (En la casa) que adapta la novela de Joyce Carol Oates, cuya historia arranca cuando una joven frágil y depresiva se enamora de su psiquiatra. Meses más tarde, cuando se van a vivir juntos, ella descubre que su amante le ha estado ocultando parte de su identidad. Entre sus principales actores destacan Marine Vacth (Joven y bonita), Jérémie Renier (Ladygrey), Jacqueline Bisset (Ya te extraño), Dominique Reymond (Maestro) y Myriam Boyer (Monsieur Papa).

Francia también es responsable, junto a Grecia, de La escala, drama escrito y dirigido en 2016 a cuatro manos por Delphine Coulin y Muriel Coulin (17 filles) y que adapta una novela de la primera. Su trama se centra en dos mujeres militares que pasan unos días de vacaciones en Chipre como parte de una terapia para olvidar los horrores que han vivido. Sin embargo, la pesadilla nunca es fácil de olvidar. Ariane Labed (Assassin’s Creed), Soko (Augustine), Ginger Romàn (Los recuerdos), Karim Leklou (Sous X), Robin Barde (serie Les revenants) y Damien Bonnard (Rester vertical) encabezan el reparto.

Finalmente, desde México llega la comedia de 2016 La vida inmoral de la pareja ideal, nueva cinta escrita y dirigida por Manolo Caro (No sé si cortarme las venas o dejármelas largas) que narra la historia de dos jóvenes que, al conocerse, sienten una química indescriptible y deciden comerse el mundo, sin llegar a imaginar que el destino y el resto de la sociedad parecen tener un plan para mantenerles separados. Entre los intérpretes que protagonizan el film destacan Cecilia Suárez (Las oscuras primaveras), Paz Vega (Matar al mensajero), Manuel Garcia-Rulfo (Los siete magníficos), Andrés Almeida (Paraíso perdido), Juan Pablo Medina (Sobre ella) y Natasha Dupeyrón (Ladronas de almas).

‘Atómica’: La espía que destrozó Berlín en 1989


Que actores como Charlize Theron (Lugares oscuros), James McAvoy (Trance) o John Goodman (Día de patriotas) decidan trabajar en la primera película de un director como David Leitch debería ser suficiente para, al menos, despertar la curiosidad del más incrédulo. La combinación de estos nombres, con todo lo que eso conlleva artística y visualmente hablando, han dado lugar a un producto que, si bien es cierto que bebe de muchos films similares anteriores, ofrece un espectáculo único, un complejo puzzle de espionaje, acción y drama que deja algunos de los momentos más interesantes del panorama cinematográfico actual, al menos en lo que a apartado formal se refiere.

Puede que Atómica sea, desde el punto de vista del argumento, algo enrevesada. Basándose en la novela gráfica escrita por Antony Johnston, el film tiende, sobre todo en su tercio final, a rizar el rizo del espionaje, a situar la trama en un nivel de complejidad que no termina de encajar con el tono previo que ha tenido la narración, obligando a una especie de final triple que alarga innecesariamente la historia y que, aunque da un sentido muy distinto a todo lo visto durante las casi dos horas de metraje, también plantea otras dudas que no quedan resueltas como deberían. Eso por no hablar de que la definición de algunos secundarios se realiza de forma tan esquemática que tiende a perderse en la maraña de personajes y tramas que suelen definir este tipo de historias.

Con todo, y aunque parezca increíble, este es un mal relativamente menor. La película de Leitch es un espectáculo visual en todos sus sentidos, desde una puesta en escena que juega con inteligencia con los colores y la calidez o frialdad de la luz, hasta algunos hallazgos visuales sencillamente perfectos, como es ese largo plano secuencia que comienza en la calle, pasa por varias peleas dentro de un edificio y termina en el agua. Eso por no hablar de la intensidad de las secuencias de acción, cortesía de un director curtido en este tipo de situaciones (ha sido especialista y director de segunda unidad de este tipo de secuencias en otros films). Todo ello aporta a esta historia un sabor único, a medio camino entre la decadencia y el kitsch, que se acentúa por una banda sonora imprescindible para melómanos.

La verdad es que Atómica apenas da respiro al espectador para acomodarse en su butaca. Y entre medias, las suficientes secuencias narrativas para explicar el contexto, la trama y la doble moral de muchos de los personajes. Una cinta de espionaje que sin duda evocará varios héroes masculinos del género, y que en esta ocasión tiene a una belleza como Theron repartiendo mamporros con cualquier objeto a su alcance. Espectacularidad, adrenalina y mucha intriga, aunque esta última puede terminar por resultar algo irreal según se acepten o no los falsos finales que presenta. En cualquier caso, es un mal que puede poner una mancha en el expediente de esta espía en el Berlín de 1989, pero que no resta valor al resto de su historia.

Nota: 7/10

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