Allen pasa un ‘Día de lluvia en Nueva York’ con Smith siendo ‘Géminis’


Con la locura del Joker todavía presente llega un nuevo viernes, y con él varios estrenos que, a diferencia de las últimas semanas, sí tienen muchos de ellos el potencial de convertirse en un gran atractivo para el grueso de los espectadores, o al menos en una pequeña sorpresa de la taquilla. Ciencia ficción, acción, drama, terror y cine para toda la familia son algunos de los géneros que se dan cita este 11 de octubre.

Desde luego, la principal novedad es Géminis, regreso tras las cámaras de Ang Lee tras Billy Lynn (2016). La historia, a medio camino entre la acción, el drama y la ciencia ficción, tiene como protagonista a un asesino de élite veterano que, de la noche a la mañana, es señalado y perseguido por otro agente, mucho más joven y cuya identidad no es capaz de descubrir, pero que es capaz de predecir todos y cada uno de sus movimientos. La persecución dará un giro inesperado cuando descubra que su perseguidor es una versión más joven de él mismo. Will Smith (Aladdín) da vida al protagonista y a su perseguidor (con el correspondiente rejuvenecimiento digital), y está acompañado en el reparto de esta coproducción entre Estados Unidos y China por Clive Owen (Valerian y la ciudad de los mil planetas), Mary Elizabeth Winstead (serie Fargo), Benedict Wong (Vengadores: Endgame), Douglas Hodge (Gorrión rojo), Ralph Brown (Jackie) y Linda Emond (La gran enfermedad del amor).

Puramente estadounidense es Día de lluvia en Nueva York, nueva película escrita y dirigida por Woody Allen (Wonder Wheel) cuya trama, a medio camino entre la comedia y el drama, narra el fin de semana en la Gran Manzana que pasan dos jóvenes amantes. La ciudad será testigo y escenario de los líos en los que se verán envueltos. Con el estilo habitual del director, la película cuenta igualmente con un amplio número de actores de renombre o con trayectoria ascendente, entre los que destacan Timothée Chalamet (Call me by your name), Elle Fanning (Mary Shelley), Selena Gomez (En lucha incierta), Jude Law (Capitana Marvel), Diego Luna (El blues de Beale Street), Liev Schreiber (serie Ray Donovan), Rebecca Hall (Holmes & Watson) y Kelly Rohrbach (Baywatch: Los vigilantes de la playa).

Otro que regresa este fin de semana es Casey Affleck (I’m still here), que escribe, dirige y protagoniza La luz de mi vida, drama de ciencia ficción que aborda la relación entre un padre y su hija en un mundo en el que las mujeres casi han desaparecido después de una pandemia. Bajo esta premisa la historia analiza la difícil tarea de educar y enseñar a los hijos a vivir y volar solos. A Affleck le acompañan en el reparto Anna Pniowsky (He’s out there), Tom Bower (Runoff), Elisabeth Moss (serie El cuento de la criada), Hrothgar Mathews (Teen lust) y Timothy Webber (Rabbit), entre otros.

Terror, comedia y thriller es lo que ofrece Noche de bodas, producción con capital estadounidense y canadiense que dirigen a cuatro manos Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, responsables de El heredero del diablo (2014). La historia sigue la lucha por la supervivencia de una joven prometida que, para formar parte de la familia rica y excéntrica de su nuevo esposo, tiene que participar en una tradición ancestral y mortal. Samara Weaving (Tres anuncios en las afueras), Mark O’Brien (Malos tiempos en El Royale), Andie MacDowell (Paper year), Adam Brody (Isabelle), Henry Czerny (serie Revenge) y Nicky Guadagni (Lars y una chica de verdad) encabezan el reparto.

Antes de pasar a los estrenos puramente europeos, una de animación. Abominable es el título de lo nuevo de Dreamworks y Pearl Studios, una coproducción entre Estados Unidos y China que sigue la vida de una adolescente de Shanghai que un día se encuentra a un joven yeti en la azotea de su edificio. La criatura se ha escapado de un laboratorio y está siendo buscada por toda la ciudad, por lo que la joven y sus amigos deberán ayudarle a huir en una aventura en la que tendrán que enfrentarse a numerosos desafíos. Dirigida por Jill Culton (Colegas en el bosque) y Todd Wilderman (Colegas en el bosque 2), la cinta cuenta con las voces originales de Chloe Bennet (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.), Tenzing Norgay Trainor (serie Liv y Maddie), Albert Tsai (serie Dr. Ken), Eddie Izzard (La reina Victoria y Abdul), Joseph Izzo y Sarah Paulson (Glass).

Dos son las producciones españolas de la semana. Paradise Hills supone el debut en el largometraje de Alice Waddington, que dirige una historia de fantasía, drama y suspense cuyo argumento se desarrolla en una residencia de lujo donde familias acomodadas mandan a sus hijas para que sean educadas para ser mujeres perfectas. Una joven despierta allí una mañana, y aunque a su alrededor todo parece idílico, pronto descubrirá que la residencia, en realidad, oculta un oscuro secreto. Emma Roberts (serie American Horror Story: Apocalypse), Eiza González (Baby driver), Danielle Macdonald (A ciegas), Milla Jovovich (Desvelando la verdad), Awkwafina (Ocean’s 8), Jeremy Irvine (Mamma Mia! Una y otra vez) y Arnaud Valois (120 pulsaciones por minuto) son los principales actores.

Muy diferente es Abuelos, comedia dramática con marcada conciencia social que tiene como protagonistas a tres hombres en la última etapa de su vida laboral. Ninguno de ellos tiene trabajo, se sienten desfasados y el mercado laboral parece haber cerrado las puertas a personas de su edad. Ante esta situación, deciden emprender y montar su propio negocio, y nada mejor que hacerlo en el campo en el que se han convertido en expertos: cuidar de bebés. Santiago Requejo se pone al frente de su primer largometraje dirigiendo en el reparto a Carlos Iglesias (Los muertos no se tocan, nene), Roberto Álvarez (Neckan), Ramón Barea (Todos lo saben), Ana Fernández (La luz con el tiempo dentro), Mercedes Sampietro (Las furias) y Eva Santolaria (Héroes).

España también está presente en el último estreno de la semana, en colaboración con Francia y Luxemburgo. Lo que arde tiene como protagonista a un hombre que regresa a su aldea perdida en las montañas después de un tiempo en la cárcel por provocar un incendio. Allí vuelve a vivir con su madre, su perra y sus tres vacas. La tranquila vida que lleva en la naturaleza se verá alterada cuando un violento fuego arrasa la zona. Dirigido por Oliver Laxe (Mimosas), este drama está protagonizado por un reparto desconocido encabezado por Amador Arias, Benedicta Sánchez, Iván Yañez, Inazio Abrao y Elena Mar Fernández.

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‘Vengadores: Endgame’: y Marvel reinventó el cine


En una época de series y consumo inmediato, Marvel ha logrado, una vez más, lo imposible: que nos sentemos tres horas seguidas para ver lo que podría calificarse como el evento del año… no, de la década… no, del cine moderno. No dudo que haya detractores del cine de superhéroes, considerándolo poco menos que un producto de marketing pensado para adolescentes y frikis. Y aunque haya algunas películas que puedan responder a ese estereotipo, la Casa de las Ideas ha demostrado que este género es algo más. Vengadores: Endgame es la prueba definitiva de ello.

La película de los hermanos Russo, autores la precedente Vengadores: Infinity war, es sencillamente indescriptible. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo es por el aluvión de efectos digitales que contiene. Ni siquiera por la inmensidad de su trama. Lo es por la complejidad de sus personajes, por el desarrollo dramático de unos acontecimientos trágicos y traumáticos y el modo en que un grupo de personajes deciden afrontarlos. Esto confirma que toda buena película necesita explorar las motivaciones, los miedos y los deseos de sus personajes, llevarlos a situaciones límite y mostrar cómo reaccionan ante ellas. Y da igual cuál sea el contexto. En el caso que nos ocupa, todo ello con un inteligente toque humorístico en los momentos adecuados, aliviando la tensión dramática. El único problema, si es que puede considerarse así, es que existen tantos personajes que muchos quedan relegados a meros testimonios presenciales.

Pero Vengadores: Endgame es más, muchísimo más. Ahora que las series de televisión parecen haberse adueñado del entretenimiento, esta película confirma que si la pequeña pantalla puede beber de influencias cinematográficas, el séptimo arte puede hacer lo propio con el formato episódico. Desde este punto de vista, esta conclusión podría entenderse como el último capítulo de una primera temporada que ha durado 11 años y ha tenido 22 capítulos. Y en cierto modo, así está planteado. Desde que se estrenara Iron Man en 2008 todo lo que se ha visto en cada una de las películas estaba perfectamente planificado para formar parte de una macrohistoria mucho mayor y compleja que ha derivado en este ‘fin de partida’. No se trata simplemente de presentar personajes y juntarlos luego en otra película. No, cada acontecimiento, cada cambio, trauma, decisión y victoria (o derrota) han definido todo para llegar a este punto. Y esa es la esencia misma de cualquier producción seriada.

Y por si hubiera dudas de ello, la propia estructura dramática del film se encarga de asentar la idea. A lo largo de su desarrollo (y sin desvelar nada de la trama), la cinta viaja por el pasado de los personajes y por momentos de otros títulos de Marvel tanto física como psicológicamente. El espectador asiste a una introspección mucho mayor de los héroes que durante más de una década le han acompañado. Se produce así una mayor comprensión de sus motivaciones, de sus decisiones, de su ira y su temor. Pero sobre todo se logra un grado de empatía con todos ellos difícil de alcanzar en un film normal y corriente. A esto contribuye, claro está, haberles visto crecer a lo largo de cada film. Posiblemente muchos ya os hayáis dado cuenta, pero esta descripción de personajes es exactamente la misma que se puede hacer en una serie, que basa buena parte de su éxito en que los personajes pueden desarrollarse durante más tiempo que en una película.

Si no he mencionado nada de los efectos especiales o la acción no ha sido deliberado. Es sencillamente que la profundidad dramática de la cinta relega las espectaculares batallas a un segundo plano. Tal es la complejidad de Vengadores: Endgame. Y tal es el homenaje que Marvel rinde a sus fans, a los que ofrece un producto final más que excepcional. Los hermanos Russo, con su habitual y notable pulso narrativo, logran que las tres horas de duración sean un suspiro. Su sello se deja ver en cada plano, especialmente en ese combate final con plano secuencia marca de la casa. ¿Y el final? Pues el que debería ser, ni más ni menos, títulos de créditos incluidos. La película deja clara una cosa: que es el fin de una era y que nada volverá a ser lo mismo. Pero también deja la sensación de estar ante algo tan grandioso que será difícil de superar, tanto en espectacularidad como en carisma de sus protagonistas. En los años 60 Marvel revolucionó los cómics; ahora ha hecho lo mismo con el concepto mismo del cine, traspasando la propia dimensión de película autoconclusiva o de la secuela.

Nota: 9,5/10

‘Black Mirror’ se centra en la ciencia ficción de la tecnología en su 3ª T


Bryce Dallas Howard protagoniza uno de los episodios de la tercera temporada de 'Black Mirar'.Tras dos temporadas y un especial navideño, Black Mirror se ha consolidado como la crítica más ácida a la tecnología y la dependencia social de ella. Sin embargo, la serie de Charlie Brooker (serie Dead set) ha evolucionado en su tercera temporada hacia un carácter más fantástico, centrándose en la ciencia ficción más que en la crítica o en la denuncia social. Tal vez sea por el hecho de que son seis episodios en lugar de tres, o simplemente porque era el camino a seguir natural para una ficción de estas características. El caso es que estos capítulos, algunos de ellos de una factura impecable en todos sus aspectos, comparten más puntos en común que el trasfondo social y humano que ha caracterizado a la serie. Que esto sea algo positivo o negativo es decisión personal de cada uno.

Quizá la mayor evidencia de esto es que, salvo el episodio titulado ‘Cállate y baila’ (‘Shut up and dance’ en versión original), el componente tecnológico tiene un peso más que notable en la historia, en muchas ocasiones jugando con los aspectos futuristas o con una hipótesis sobre la evolución que tendrán campos como los videojuegos o los drones. ‘Caída en picado’ y ‘Playtesting’ son claros ejemplos. El primero, protagonizado por Bryce Dallas Howard (Jurassic World), representa una reflexión del mundo que puede crear la dependencia cada vez mayor de las redes sociales y del reconocimiento que, en teoría, dan al individuo dentro de un entorno globalizado. El segundo, con los videojuegos como contexto, alerta de los riesgos de un mundo del entretenimiento cada vez más personalizado e inclusivo.

En este sentido, es evidente que los episodios mantienen el componente social, pero lo hacen con una apuesta por el futurismo, por la ciencia ficción más que por los peligros de una sociedad dependiente de una tecnología que ya existe. Si bien es cierto que en temporadas anteriores ya existía ese equilibrio entre realidad y ficción, en estos seis episodios la balanza parece inclinarse más por la ficción, narrando historias en algunos casos sumamente fantásticas que, aunque con un trasfondo de crítica o denuncia, no dejan de ser modelos de entretenimiento sin demasiado contenido. Tal vez sea por eso que ‘La ciencia de matar’ es uno de los episodios más flojos no solo de la tercera temporada de Black Mirror, sino de toda la serie.

Ahora bien, esta apuesta deja también uno de los episodios más románticos y bellos de esta producción. ‘San Junipero’ se convierte en un canto al amor eterno e inmortal, a la libertad de poder encontrar a la persona idónea esté donde esté gracias a un terreno neutral en forma de mundo digital. De nuevo, la serie va un paso más allá y aborda un futuro de ciencia ficción que desarrolla, en cierto modo, una realidad ya existente pero mucho menos sofisticada. En este caso, sin embargo, la trama está planteada de forma tan sutil y entrelazada que termina por alternar drama romántico con un cierto suspense, amén de obligar al espectador a prestar atención al más mínimo detalle para tratar de comprender cómo y dónde se desarrolla la acción.

Realidad de las tramas

'San Junipero' es uno de los episodios más recordados de la tercera temporada de 'Black Mirar'.Nada de esto impide, sin embargo, que Black Mirror siga inquietando conciencias con su tercera temporada. A pesar de contener episodios sin excesiva trascendencia más allá de la trama en sí, en su conjunto se puede entender como un estudio del comportamiento humano en el más amplio espectro. Desde ese primer episodio con las redes sociales como indicador de las clases sociales (tener pocos ‘Me gusta’ te convierte en un paria), hasta el último en el que, simple y llanamente, se ha acabado con las abejas reales y se ha tenido que buscar una alternativa cibernética, todos los episodios, y en esto sí que no hay excepción, están planteados para obligar al espectador a reflexionar sobre su propia realidad.

Y eso se consigue gracias a unas tramas notablemente estructuradas, capaces de seguir una senda marcada mientras libran una batalla intelectual con el que está al otro lado de esa “espejo negro” al que hace referencia el título de la serie. Al existir argumentos independientes, cada episodio está narrado de forma propia, aunque todos mantienen en común la idea de que nada es lo que parece, de que la realidad es mucho más terrible de lo que en un principio pueda parecer. De este modo, verdad y mentira, realidad y ficción, se funden en un único mensaje dominado por esas nuevas tecnologías que parecen adueñarse poco a poco de la serie y que, por suerte o por desgracia, ya se han adueñado de nuestras vidas.

Incluso aunque algunos capítulos posean un argumento sin demasiado interés, es de justicia reconocer los puntos de giro tan interesantes que ofrecen todos ellos gracias, precisamente, a esa idea de que nada es lo que parece. Otra cosa muy diferente es que el contexto en el que se desarrollan esas historias y el modo en que se narran sea el adecuado. Personalmente creo que la narrativa es, como suele ser habitual en esta serie, ejemplar, pero ese contexto peca, en algunos casos, de una ingenuidad manifiesta, lastrando tanto las ideas que maneja como la dinámica visual. No ocurre en todos, es cierto, pero sí en los suficientes como para identificar un patrón, y es el hecho de que parece no haber ideas suficientes (o suficientemente trabajadas) como para completar una temporada de seis episodios.

Dicho de otro modo, la tercera temporada de Black Mirror posiblemente satisfaga a los seguidores, y desde luego mantiene la senda ideológica y narrativa de las anteriores etapas, pero en su conjunto puede que tenga algunos de los episodios más flojos de la serie. Ya sea por su extensión, por la complejidad de crear estas tramas o por su apuesta decidida por la ciencia ficción por encima de otros factores, lo cierto es que estas seis historias no logran despertar la admiración que sí despertaron las anteriores, posiblemente también porque el impacto poco a poco se va superando. En cualquier caso, con estos problemas que parecen empezar a surgir la serie sigue siendo una de las más frescas, dinámicas, transgresoras y provocativas de la televisión moderna, lo cual ya debería dar una idea de la calidad que atesora.

‘Doctor Strange’: la magia del ‘toque Marvel’


Benedict Cumberbatch da vida al 'Doctor Strange' de Marvel.Pocos personajes van quedando del extenso Universo Marvel que no tengan su adaptación a la gran o a la pequeña pantalla. Y a medida que se van sucediendo los superhéroes la saturación y el cansancio narrativo, que no visual, se va notando. La película que dirige Scott Derrickson (Sinister) es una evidencia de que siempre es mejor una buena historia que los orígenes de un personaje, por muy dramáticos que sean. Mejor aún: es infinitamente más interesante ver cómo se forja un héroe con una buena trama.

Y como le ocurre al protagonista de Doctor Strange al comienzo de la cinta, la película parece un quiero y no puedo, un intento de contar algo sumamente interesante que se solventa con minutos frenéticos cargados de efectos en el último tercio del film. Hasta entonces, esta historia protagonizada magníficamente por Benedict Cumberbatch (Amazing Grace) aborda de forma excesivamente larga el surgimiento de un hechicero y su viaje por las artes místicas. Más allá de críticas culturales o religiosas con poco fundamento, el verdadero problema del film es que está descompensado.

Descompensado en todos sus aspectos. Narrativamente hablando, es demasiado parsimoniosa al comienzo para acelerarse sin demasiado sentido al final. Interpretativamente hablando, el extraordinario elenco de actores está muy por encima de lo que puede ofrecer la cinta. Y visualmente, la historia saca mucho partido de sus escenas, pero la puesta en escena de Derrickson, más especializado en tenebrosos sustos y atmósferas agobiantes, es ciertamente limitada y en algunos momentos caótica.

Por fortuna, existe eso que se llama ‘toque Marvel’, y que podríamos entender como el entretenimiento sin daño ni maldad que permite al espectador pasar dos horas entretenidas. El problema es que cuando se compara Doctor Strange con otras grandes superproducciones similares no termina de funcionar correctamente. Lejos parecen quedar las épocas de Iron Man, Capitán América o Spider-man, tres personajes cuyas historias en el cine han sabido explicarse de forma mucho más orgánica. La magia de La Casa de las Ideas funciona en este caso, pero solo para salvar al espectador de una historia irregular.

Nota: 6,5/10

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