‘Independence Day: Contraataque’: autodestrucción innecesaria


La llegada de una nueva nave pondrá en jaque a la Humanidad en 'Independence Day: Contraataque'.Cualquier aficionado al cine conoce la expresión “Segundas partes nunca fueron buenas”. Y como toda expresión, es tan cierta como injusta, pues la historia ha demostrado que algunas de las mejores películas son segunda partes. Pero lo nuevo de Roland Emmerich (Godzilla) no es el caso. Es más, la impresión que deja en el espectador, sobre todo en aquel que disfrutó de ese espectáculo que fue Independence Day en 1996, es si realmente era necesaria esta fanfarria destructiva a mayor ego de un director que parece buscar nuevas formas de apocalipsis más que narrar una historia, aunque esta sea mínima.

Y este contraataque alienígena en el Día de la Independencia norteamericana no tiene, precisamente una historia. Al menos no una historia coherente. Si bien es cierto que su comienzo, aunque titubeante, sí sienta las bases de lo que podría ser una trama, el desarrollo posterior a la segunda invasión de los extraterrestres (espectacular y, desde luego, lo mejor de la cinta) es tan plano, previsible y carente de ritmo que puede llegar a provocar cierto estrés. La falta de carisma de los jóvenes actores que, en teoría, deben de coger el testigo de Will Smith (Dos policías rebeldes) se convierte en una carga más de una cinta que arrastra problemas conceptuales, narrativos y de definición acuciantes.

Que la Humanidad haya avanzado cientos de años gracias a la tecnología alienígena no impide, por ejemplo, que los soldados sigan llevando pistolas con balas limitadas; que se haya aprendido del primer ataque no significa que se haya creado un campo de protección que impida la llegada de los extraterrestres (como de hecho sí parece que siguen utilizando las naves invasoras); y que una nave con su propia gravedad (mayor que la terrestre, al parecer) no sea capaz de acabar con el planeta en un abrir y cerrar de ojos son licencias narrativas que el director se toma para tratar de aportar carga dramática al conjunto, pero que debido al tratamiento de personajes y al fallido intento de combinar drama, ironía y acción lo que realmente aportan es un tono irreal a una cinta ya de por sí fantástica.

El principal problema de Independence Day: Contraataque es el que sufren muchas cintas de acción y ciencia ficción de hoy en día: la tecnología ha superado a la imaginación, y eso permite hacer a los directores todo lo que se les ocurra. Absolutamente todo. La falta de limitaciones, por desgracia, intercambia espectacularidad por originalidad, por un lenguaje más elaborado que ofrezca al espectador algo más de lo que ve en pantalla. Si en la primera parte la destrucción se centraba en unos pocos edificios, ahora son ciudades; si en 1996 los aliens apenas se veían, aquí hay uno del tamaño de la Casa Blanca, y a plena luz del día. Y si hace 20 años Roland Emmerich ofreció al mundo una buena película de invasiones extraterrestres con un reparto más que notable, ahora lo que muestra es un compendio de efectos digitales, diálogos absurdos y actores que parecen preguntarse por el sentido de todo esto. Pero la pregunta importante es: ¿era necesaria esta continuación?

Nota: 4/10

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‘Pixels’: la nostalgia de una época irrecuperable


Pac-Man es uno de los alienígenas de 'Pixels', dirigida por Chris Columbus.Hay una frase en la nueva película de Adam Sandler (Niños grandes) que podría aplicarse perfectamente al cine: los videojuegos antes eran previsibles, existían unos patrones que podían estudiarse; ahora las dinámicas son mucho más aleatorias. Y si hay algo que define al cine de este cómico es precisamente su previsibilidad. Esta nueva aventura con alienígenas pixelados en una especie de partida de videojuegos real confirma no solo la nostalgia que muchos sufrirán por un mundo ya extinto, sino el estancamiento de Sandler en el pasado, ya sea cinematográfico o cultural. Y eso en principio, mientras le reporte beneficios, no tiene nada de malo.

El problema es que Pixels tampoco tiene demasiado de positivo. El guión, plagado de lugares comunes y diálogos simples y con tendencia al absurdo, no logra en ningún momento revelarse como un verdadero homenaje a Pac-Man, Donkey Kong o Asteroids. Sí, existe una sensación generalizada de estar ante un producto que añora una época, una determinada forma de entretenimiento que iba más allá de la mera partida a un arcade. Pero nada más. La falta de conflictos reales, el humor encajado a la fuerza en muchos momentos y unos actores que parecen pasar por allí más que asumir la importancia de su papel (sólo Peter Dinklage parece conocer su verdadero sitio) impiden toda conexión emocional que supere el mero recuerdo de la infancia.

Con todo, es justo reconocerle al film un notable acierto, y es el alejamiento del humor más soez de su protagonista, rodeado para la ocasión por algunos de sus amigos de juergas cinematográficas. Las constantes referencias a los videojuegos y el más que vetado tema del sexo convierten a la trama en un producto apto para todos los públicos, lo que sumado a algunas secuencias de acción bien rodadas hacen que el film se desarrolle de manera regular, entreteniendo lo necesario e impidiendo que el espectador se aburra, al menos no mucho. Desde luego, la labor de Chris Columbus, director de las primeras entregas de Harry Potter, se nota en varios momentos, desde la partida de Pac-Man hasta la invasión final en la que se dan cita todo tipo de arcades.

El resumen podría ser que Pixels entretiene en la misma medida en que se olvida. Distrae durante sus casi dos horas de metraje, y los espectadores adultos podrán encontrar algunas referencias realmente divertidas, como pueden ser las piezas del Tetris “comiéndose” un edificio cada vez que hacen una línea. Pero nada más. La magia que pudiera tener Sandler en sus inicios parece haberse perdido definitivamente, y ni siquiera un regreso a los orígenes de los videojuegos parece devolverle ese estatus. Al final, no ofende, que ya es mucho, pero tampoco apasiona. Y la indiferencia que genera es lo peor que le puede pasar a un film.

Nota: 5/10

Diccineario

Cine y palabras

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