‘Call me by your name’: el arte de descubrir nuestra sexualidad


La nueva película de Luca Guadagnino (Cegados por el sol) ha sido una de las sorpresas en las nominaciones de los Oscar. Motivos no le faltan. El despertar sexual de un o una adolescente puede tratarse de numerosas formas en el cine, desde una entrega salvaje a los deseos hasta una introspección malsana en una lucha contra los sentimientos. Pero hacerlo con la elegancia, la sutileza y la intimidad con el que lo hace este film no está al alcance de todos, principalmente porque, aquí más que nunca, el resultado final no es obra de una única persona.

Para empezar, el guión de James Ivory (Lo que queda del día) es una delicada estructura de emociones adolescentes que todos los espectadores, en mayor o menor medida, pueden recordar. Desde ese odio adolescente a alguien que despierta en nosotros sentimientos que no entendemos, hasta el primer corazón roto o el primer flirteo con esa amiga que pudo y nunca llegó a ser una pareja. A través de la mirada del joven interpretado de forma extraordinaria por Timothée Chalamet (One and Two) la historia de Call me by your name hace un recorrido por todas y cada una de las emociones de ese primer amor, del despertar sexual a un mundo desconocido y, en ese verano de 1983, todavía prohibido en público. En este sentido, y aunque en algún momento pueda existir una carencia de ritmo, la trama se revela como una estructura sólida, distribuyendo con precisión los giros dramáticos para situar al protagonista en una vorágine que ni él mismo llega a comprender del todo.

Pero decía que el resultado final depende de muchos factores. En efecto, al espléndido guión se suma un lenguaje visual casi amateur en algunos momentos, como si la cámara fuera un personaje más en ese verano inolvidable. A eso contribuye la fotografía, natural como pocas veces se puede ver ya en pantalla. Y por supuesto, el reparto. Más allá de la labor indescriptible de Chalamet (atentos al plano que acompaña los títulos de crédito), todos los actores dotan a sus personajes de una sobriedad digna de ser aplaudida, en especial un Armie Hammer (El nacimiento de una nación) alejado de los papeles que le han hecho famoso y demostrando que tiene mucho que aportar. Es más, su personaje es posiblemente uno de los más complejos y atractivos del film, y Hammer logra dotarle, si cabe, de un sinfín de matices.

En el fondo, Call me by your name es la vida de todos. Porque todos, en algún momento, hemos pasado por la mezcla de emociones que vive el joven protagonista. Al igual que ocurre con el idioma en su familia (en el film se habla italiano, francés, inglés y alemán), la película combina y explora emociones de un modo indiscriminado, pasando de un sentimiento a otro sin mediar palabra y siempre, y ante todo, con una sutileza ejemplar. Para muchos el film puede que no diga absolutamente nada en determinados momentos, que se convierta en una historia meramente contemplativa de la belleza. Pero al igual que el personaje de Michael Stuhlbarg (El caso Sloane), el espectador es eso, un espectador de lo que ocurre, valga la redundancia. Y lo que ocurre es tan íntimo que muchas veces puede pasar desapercibido. Lo importante, en este caso, es el resultado, las emociones con las que se sale de la sala. Y en este sentido, el film se hace grande.

Nota: 8/10

Anuncios

‘El gran showman’: El arte de emocionar y entretener con cada plano


Es muy difícil que una película, un libro, una canción emocionen y apasionen durante toda su duración. Por eso cuando se encuentra se disfruta como nunca. Y eso es precisamente lo que ocurre con el debut en la dirección de Michael Gracey, un musical sobre el nacimiento del circo, el entretenimiento y la figura de P.T. Barnum que se aleja de controversias y sombras para apostar por la luminosidad de unos espectaculares y espléndidos números musicales acompañados de unas canciones que deberían de recibir algún que otro premio.

A decir verdad, El gran showman se puede considerar un musical clásico, una obra con un espíritu que evoca las grandes obras del género y que apuesta en todo momento por hacer avanzar a los personajes a golpe de nota musical y coreografía. Y la apuesta es todo un éxito. Las posibilidades que ofrecen tanto la historia como el escenario en el que se desarrolla son exprimidas al máximo por Gracey, quien se aleja de montajes atropellados y opta por grandes planos que permitan apreciar el movimiento de los personajes en pantalla, llenando a su vez de color y diversión una historia que, por otro lado, tiene un arco argumental algo sencillo pero incuestionablemente bien elaborado. En la retina quedan números como el protagonizado por Hugh Jackman (Australia) y Zac Efron (Malditos vecinos 2) en un bar (atentos al camarero, pieza fundamental del show), el de la pareja de jóvenes enamorados o el de los ‘freaks’ en plena fiesta de la alta sociedad.

Desde luego, el film es uno de los mejores del año, o al menos de los últimos meses. Sus nominaciones a los Globos de Oro, y sus más que probables nominaciones a los Oscar, así lo atestiguan. Pero eso no implica que la película no pueda dar más de sí. En ese intento por hacer un film brillante, alegre y luminoso la trama se aleja de los momentos más polémicos en la vida de este personaje al que da vida Jackman de forma magistral. A lo largo de la historia se mencionan aspectos como la manipulación de Barnum, su obsesión por entrar en las clases altas para demostrar su valía o, incluso, la utilización de esos ‘freaks’, como se les conocía entonces, para medrar. Son aspectos planteados en la trama, y aunque algunos de ellos dan pie a un cierto dramatismo, tienden a superarse de un modo más bien aséptico, sin generar excesivos conflictos y que sirvan únicamente para un nuevo y espléndido número musical.

Y aún teniendo en cuenta esto, El gran showman es capaz de sobreponerse a sus debilidades y revelarse como un film espléndido, un entretenimiento en estado puro cargado de color, diversión, romance, ciertas dosis de drama y, sobre todo, música, mucha música. Los amantes del género tienen una cita imprescindible, pero cualquier espectador que busque pasar unos ajustados 105 minutos inolvidables no debería pasar por alto esta alternativa. Con un reparto en estado de gracia en líneas generales, Gracey compone todo un espectáculo al más puro estilo P.T. Barnum. Habrá quienes consideren que no es arte, que no está al nivel cultural que se debería exigir. Tampoco lo pretende, pero incluso sin pretenderlo la belleza y el sentimiento de felicidad que desprende en cada plano es abrumador.

Nota: 8/10

5ª T de ‘Juego de Tronos’, el arte de lograr que menos sea más


Peter Dinklage y Emilia Clarke, en un momento de la quinta temporada de 'Juego de Tronos'.Uno de los comentarios que más se han oído durante la quinta temporada de Juego de tronos ha sido que no ocurre nada, que su trama no avanza y que sus personajes se mantienen en una constante tensión que no lleva al argumento a ninguna parte. Personalmente soy de la opinión de que eso, en una serie como la creada por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss, no puede ocurrir ni aunque se intente. Pero incluso aunque eso fuera verdad, aunque su historia se hubiera anquilosado levemente, su final ha sido, con diferencia, el más impactante de toda la serie. Y no me refiero solo al episodio 10. Ni siquiera al ya famoso episodio 9.

En realidad, esta última temporada es un ejercicio minuciosamente medido para llevar al espectador en un viaje cuyo final le resulta inesperado (salvo para aquellos que hayan leído los libros, claro está). El desarrollo dramático de sus tramas principales responde a la teoría de los tres actos de forma casi milimétrica. Así, durante los tres primeros episodios se plantean las posiciones de los principales personajes. Los cuatro siguientes desarrolla los conflictos planteados, llevando a muchos de los protagonistas a situaciones límite. Y el tercer acto, o los tres últimos episodios, es un festival de emociones, de giros argumentales impactantes y de clímax indescriptibles. Repasando mentalmente el camino que han tomado estos 10 nuevos episodios la pregunta que nos debe asaltar es si realmente es cierto eso de que no ha pasado nada.

Si algo caracteriza a Juego de tronos casi desde el comienzo es que menos es más. Salvo contadas excepciones, la serie siempre se ha sentido más cómoda entre intrigas palaciegas, luchas de poder en la sombra y traiciones familiares que entre impactantes revelaciones, normalmente limitadas al episodio 9. Y desde luego la quinta temporada es uno de los mejores ejemplos, como demuestra la conversación entre los roles de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado) y Emilia Clarke (Dom Hemingway), uno de los mejores momentos de la temporada. El magistral desenlace que ha tenido esta entrega invita a reflexionar sobre el papel que han jugado todos los acontecimientos previos. Un papel imprescindible para comprender no solo el futuro de muchos de los personajes, sino los cambios emocionales, morales y físicos que sufren casi todos. Es, en este sentido, una temporada de transición, después de ese giro dramático que supuso la cuarta temporada. Una transición necesaria pero para nada aséptica.

Desde luego, lo más interesante son las lecturas que se hacen de las decisiones y las motivaciones de los principales personajes. Estamos tan acostumbrados a ver cómo los personajes de George R. R. Martin logran más o menos los objetivos más inmediatos que nunca nos hemos parado a pensar en las consecuencias de sus actos. Y eso, en definitiva, es el argumento de esta serie. Si el clan Lannister está acostumbrado a gobernar pisoteando a los demás, en esta temporada sus acciones tienen consecuencias imprevistas. Cuando la Khaleesi cree que puede gobernar simplemente liberando esclavos, una rebelión se alza contra ella. Y si los Stark creen que pueden seguir adelante sin pagar un alto precio, bueno… en este tema es mejor no entrar demasiado.

Tramas insustanciales

El resumen de todo el análisis anterior podría ser que, aunque no lo parezca, la trama avanza de forma notable, e incluso se producen cambios mucho más profundos en los personajes de lo que había podido verse hasta ahora. Sin embargo, eso no impide que hayan existido, casi por primera vez, tramas que no han aportado mucho, al menos a lo largo de la temporada (parece evidente que algo desencadenarán en la sexta entrega). Una de ellas es la historia ambientada en Dorne, ciudad a la que España ha dado vida y que, todo sea dicho, no ha sabido explotar más que la belleza de los escenarios. Su trama, un rescate secreto que se tuerce y que tiene como protagonista a Jaime Lannister (de nuevo Nikolaj Coster-Waldau, visto en Oblivion), se desarrolla con más pena que gloria, sin generar demasiado interés y preocupada más en mostrar los rasgos de esta nueva casa, intuidos en la temporada anterior, que por ofrecer algo consistente al espectador. Al menos hasta el último episodio.

También resulta sorprendente el tratamiento dado al personaje de Sophie Turner (Mi otro yo), una Sansa Stark que parecía haber madurado al final de la cuarta temporada y que, de nuevo, vuelve a ser esa niña atemorizada y traumatizada por el mundo de violencia y sangre en el que vive. Un giro que no logra funcionar demasiado bien en la definición de su personaje pero que, por otro lado, ayuda a consolidar la historia de Invernalia como una de las mejores, permitiendo además que otro personaje recoja el testigo de rol más odiado de la ficción. Sentimientos aparte, lo cierto es que su indefinición no hace sino jugar en su contra, no solo porque convierte a ese personaje en un ser débil y manipulable, sino porque no logra evolucionar, algo que en Juego de tronos no puede mantenerse por demasiado tiempo.

Y no puedo dejar de mencionar, aunque sea sutilmente, el final de esta quinta temporada. Como decía a más arriba, no se trata solo del último episodio, sino de todo el tercer acto de esta etapa. Tres finales de episodio simplemente indescriptibles, cada uno magistral en su concepción. Todos ellos han revelado aspectos muy significativos de la historia, más allá de la espectacularidad que puedan presentar en sendas batallas que superan, en muchos aspectos, a las mostradas hasta ahora. Aunque si hay algo que dejará sin palabras a los espectadores será la conclusión del episodio 10, un auténtico gancho dramático que, casualidad o no, tiene una clara influencia de uno de los episodios más conocidos de la Roma Clásica. Un final que, de ser cierto, cambia las reglas del juego por completo, obligando a tomar una nueva dirección que puede ser tan interesante como peligrosa.

Tal vez no sea la mejor temporada de Juego de tronos. La verdad es que la tercera y la cuarta entregas han sido insuperables. Pero desde luego mantiene el altísimo nivel dramático y técnico de toda la serie. De nuevo, sus creadores demuestran que no es necesario que ocurran grandes acontecimientos para que una producción sea capaz de crear expectación. La sensación de vivir una calma antes de una violenta tormenta, de que en ese remanso de paz todo se mueve para producir un terremoto que sacuda los cimientos dramáticos de la serie, está presente en todo momento. Benioff, Weiss y R. R. Martin vuelven a demostrar que menos es más. Y lograr que eso sea tan eficaz como lo es en esta serie es todo un arte.

‘El viaje más largo’: el arte de un romance repetido


Britt Robertson y Scott Eastwood protagonizan 'El viaje más largo'.Desde luego, no creo que nadie espere algo diferente de una película en cuyos títulos aparece el nombre de Nicholas Sparks, autor de novelas como ‘El diario de Noa’. Los pilares narrativos son, en esencia, los mismos. Una relación romántica en el presente, otra en el futuro y las conexiones que se puedan establecer entre ambas. Pero incluso en esa repetición se pueden obtener algunos logros, lo que habitualmente es debido a la mano hábil del director de turno, en este caso George Tillman Jr. (Líos de familia).

Y es que El viaje más largo encuentra su mejor recurso en el ritmo que Tillman le imprime al desarrollo dramático, sobre todo a las secuencias de rodeo que nutren el film. Gracias a ellas el guión, que adolece de cierta tendencia al dramatismo adolescente, adquiere una mayor entereza en el paralelismo entre pasado y presente que establece el guión. Un paralelismo, por cierto, que se da no solo en los planos, muchos de ellos similares, sino también en la propia historia, marca de la casa de Sparks.

Aunque desde luego la mejor baza que tiene el film son sus actores, sobre todo los cuatro que conforman las parejas protagonistas. La química entre ellos es capaz de hacer olvidar en muchos momentos que estamos ante un drama adolescente que, en realidad, tiene diversos problemas narrativos que, en otro contexto, podrían generar problemas en el desarrollo de la trama. Y es que no hay que olvidar el tipo de película que es, el público al que se dirige y, sobre todo, el autor literario que hay detrás del proyecto.

Con todo eso en mente, El viaje más largo se puede entender como un drama romántico adolescente más, similar a otros ya realizados sobre las novelas de Sparks y con un final previsto casi antes de que se apaguen las luces. Pero más allá de eso, el ritmo narrativo, los actores y varios momentos bien resueltos la elevan por encima de sus propias posibilidades para crear una historia interesante aunque irregular en intensidad dramática.

Nota: 6/10

‘Mortdecai’: el engaño de la comedia sin pretensiones


Johnny Depp es 'Mortdecai' en la nueva película de David Koepp.La dificultad de la comedia radica en el delicado equilibrio de arrancar la risa del espectador. Tan fácil es quedarse corto y no provocar una sonora carcajada como pecar de exceso y saturar, normalmente por una reiteración de gags que pierden poco a poco su gracia. Y eso normalmente depende más del guión que del director. Por eso una película como Mortdecai promete tanto y entrega tan poco. Sí, su historia es inteligente, sus personajes atractivos y sus actores notables, pero nada de eso importa si el ritmo dramático no es el adecuado.

Y es que la película tiende constantemente a caer en la repetición, en el constante vaivén de viajes, persecuciones y conflictos maritales que termina por perder buena parte de la esencia que se intuye en sus primeros minutos. La frescura de su planteamiento desaparece paulatinamente hasta convertir al film de David Koepp (La ventana secreta) en una predecible historia de truhanes, de farsantes y de aventuras. Y hablando de Koepp, uno no puede sino preguntarse qué hubiera sido de este guión si lo hubiera cogido este autor de alguno de los mejores títulos de aventuras de los últimos años. Su labor se nota en algunos recursos visuales, pero no es suficiente para mantener el interés en lo más alto a lo largo del metraje.

Pero si el fondo no termina de funcionar a pleno rendimiento, la forma lo hace a las mil maravillas. Comenzando por unos diseños de vestuario y de producción muy atractivos, y terminando por un montaje aparentemente aséptico pero con ciertos toques interesantes, la película se presenta ante el espectador como un producto ciertamente completo. A esto contribuye, no cabe duda, el espectacular reparto, en el que destacan especialmente Paul Bettany (El sicario de Dios) y Ewan McGregor (Big Fish), ambos en roles que parodian los típicos personajes de películas similares. El carácter radical de los personajes, todos ellos con unos toques surrealistas que son de lo mejor del film, es lo que reporta al conjunto el verdadero interés, fundamentalmente porque verles en pantalla es ya de por sí un placer.

Aunque ni siquiera esto impide que Mortdecai peque de ingenua en muchos planteamientos dramáticos y, sobre todo, en su desarrollo argumental. Si bien la forma en que se combinan las tramas es correcta, la insistencia en las mismas chanzas y en los mismos recursos agranda los problemas hasta hacerlos insalvables, algo que se nota sobre todo en su ecuador. Y es que si el guión no es lo suficientemente elaborado, la forma en la que se viste importa poco. Al final lo que queda es un film simpático, sin grandes logros pero con un reparto de lujo que logra funcionar a la perfección.

Nota: 5/10

‘Big Eyes’: la cara bonita del lado corrupto del arte


Amy Adams, Krysten Ritter y Christoph Waltz en un momento de 'Big Eyes', de Tim Burton.Me imagino que aquellos que no sigan de cerca la carrera de Tim Burton solo conocerán sus más famosas cintas de fantasía y ciencia ficción. Sin embargo, el director de Eduardo Manostijeras (1990) o La novia cadáver (2005) tiene en su haber algunas cintas que poco o nada tienen que ver con la fantasía, como es el caso de su última historia. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que su particular visión del mundo quede anulada. Una de las genialidades del director es, sin lugar a dudas, su capacidad de dotar de plasticidad y color a las historias más oscuras y dramáticas, generando un interesante contraste entre realidad y ficción que termina por fascinar.

Bajo este prisma Big eyes adquiere su máxima expresión. La película protagonizada impecablemente por Christoph Waltz (Malditos bastardos) y Amy Adams (La duda) es un viaje por el lado más sombrío de las personalidad humana, capaz de anular la voluntad de sus semejantes y destruir sus señas de identidad. La tormentosa relación del matrimonio Keane adquiere, casi sin quererlo, unos tintes tan dramáticos como los cuadros pintados por la mujer y adoptados por el marido. La forma en que él introduce en su mundo de mentiras y engaños a una esposa ingenua y culpable por no oposición es tan sutil que casi pasa desapercibido, pero que adquiere notable presencia una vez se reflexiona sobre ello.

Tal vez el mayor problema del conjunto resida, precisamente, en la maestría de Burton para convertir esta historia sobre el lado corrupto del arte en una pintura en sí misma. El colorido, la plasticidad y la planificación crean un marco que desvía la atención del verdadero drama vivido en el seno familiar. Se crea así una sensación de estar ante una historia tan falsa como el farsante protagonista, pero con un corazón tan intenso como el de la verdadera artista. Esa capacidad de plasmar en imágenes la esencia de la película es lo que realmente queda una vez se encienden las luces, y es lo que convierte a esta obra en un notable ejercicio audiovisual con una sólida base narrativa.

Eso no quiere decir que Big eyes no tenga puntos débiles. El guión adolece de una cierta falta de consistencia en algunas historias secundarias, algo motivado por la necesidad de centrar su atención en la relación de la pareja protagonista. Pero al final esas debilidades quedan eclipsadas, en cierto modo, por la fuerza del desarrollo dramático principal y por la vorágine creada alrededor de las pinturas de niños de ojos grandes. Una película, en definitiva, que visualmente transmite algo que realmente no es, más o menos como hace el personaje de Waltz en la pantalla. O lo que es lo mismo, una película que cuenta su historia con un subtexto audiovisual que enriquece el mero mensaje dialogado. Una película que tal vez no sea una obra de arte, pero que puede consumirse como los cuadros a los que hace referencia.

Nota: 7/10

‘Monuments Men’ sigue buscando el arte en una taquilla en caída


A la espera de lo que pueda ocurrir con estrenos inminentes como la secuela de 300 (2006), la taquilla está viviendo sus horas más bajas en lo que va de año. Lo peor de todo es que da la sensación de que no va a ser el momento más desagradable del 2014. Pero no adelantemos acontecimientos. Lo que sí se puede afirmar es que el pasado fin de semana ha recaudado 4,56 millones de euros, lo que supone aproximadamente un 9,5% menos que hace una semana y lo convierte en el peor del año, arrebatando ese dudoso honor a sus predecesores. ¿El responsable? Bueno, es difícil encontrar una única causa, aunque sin duda mucho han tenido que ver los estrenos y el hecho de que los films que mejor comportamiento han tenido han sido las cintas infantiles y los nominados a los Oscar, cuya repercusión en la taquilla ahora mismo es mínima. Pero centrémonos en el top 10.

Lo cierto es que ha habido pocos movimientos. Los dos primeros puestos se mantienen iguales, por lo que Monuments Men repite como film más taquillero con 844.616 euros, un 38% menos que hace 7 días. 2,67 millones de euros es lo que acumula en su segundo fin de semana, y aunque su suerte tiene visos de cambiar mucho en los próximos días, no sería raro que terminara cerca de los 5 millones de euros. Por su parte, La Lego película mantiene el tipo con 617.203 euros, el menor descenso de este ranking (apenas un 2%). Tras un mes en cartel suma ya 4,25 millones de euros, cifra muy alejada de los grandes éxitos para los más pequeños de los últimos meses, pero que no impide que sea una de las más taquilleras de la lista que aquí repasamos. Lo más probable es que termine por encima de los 6 millones de euros.

Los únicos estrenos que podemos encontrar en el top 10 se cuelan en tercer y cuarto puesto. El primero es Philomena, uno de los derrotados en la reciente gala de los Oscar, que se queda en 503.386 euros repartidos en 211 salas, es decir, 2.386 euros de media. Dado el carácter del film y la ausencia de premios lo más normal es que se quede en el entorno de los 2 millones de euros, aunque tiene complicado llegar a superar mucho esa cifra. El otro estreno es El poder del dinero, que logra hacerse con 374.630 euros en 249 pantallas, lo que deja unos 1.500 euros por cada una. No son datos muy esperanzadores, y tendrá suerte si al final de su vida en el circuito comercial supera los 1,5 millones de euros.

A partir de aquí viejos conocidos de la taquilla que apenas modifican sus posiciones entre ellos. El lobo de Wall Street se queda en mitad de tabla con algo más de 306.000 euros, un 17,7% que el fin de semana pasado. Su total, 11,30 millones de euros, sigue manteniéndola como el film más taquillero del top 10, y de los más taquilleros que se mantienen en la taquilla. Poco a poco va perdiendo fuerza, pero los 12 millones de euros parecen un objetivo más que asegurado. Por otro lado, Her pierde un puesto respecto a la semana pasada debido a sus 293.714 euros, un 15% menos que deja su total en 827.730 euros tras 10 días en cartel. Con algo de suerte los Oscar impulsarán algo su recaudación, pero no parece muy probable que llegue más allá de los 2 millones de euros.

RoboCop pierde tres posiciones y se coloca en séptimo lugar con un descenso del 27,5%, lo que representa 268.319 euros. Casi 2 millones de euros es lo que lleva recaudado hasta ahora, cifra que superará probablemente a lo largo de estos días, aunque tiene difícil llegar más allá de los 3 millones de euros. Por su parte, La gran estafa americana sigue aguantando bien las nuevas llegadas y apenas pierde un 10% respecto al mismo periodo de la semana anterior. Con un dato muy similar al de su predecesora (unos 267.000 euros), su total es de 4,63 millones de euros, teniendo relativamente fácil superar los 5 millones, cifra que casi con toda probabilidad marcará su techo.

Finalmente, Vivir es fácil con los ojos cerrados pierde un puesto y se queda en noveno lugar con casi 149.000 euros, un 30% menos que deja su recaudación global en 1,63 millones de euros. Gracias a los Goya ha vivido una segunda vida en la taquilla (lleva 18 semanas en cartel y se proyecta en 179 salas) que la ha impulsado hasta los 2 millones de euros, cifra que superará con toda probabilidad en unas semanas. Cierra el top 10 Cuento de invierno, drama que pierde un 37,8% esta semana y que se queda en 135.887 euros. Su total supera el millón de euros, pero es complicado que llegue a alcanzar los 2 millones de euros.

‘Monuments Men’ salvan el arte y una alicaída taquilla española


Muy mal fin de semana para la taquilla. Esa es la única forma de definir lo ocurrido entre el viernes y el domingo pasados cuando la recaudación se redujo en un 13,5% respecto al mismo periodo de la semana anterior. Un dato que, en si mismo, no parece ser alarmante (en lo poco que llevamos de año ya ha habido descensos de más del 30%), pero que sitúa el ingreso total en poco más de 5 millones de euros, es decir, cada vez más próximo a los peores datos del 2013. En esta ocasión ni el tirón de las estrellas ni las buenas críticas de films que compiten en los Oscar han logrado revitalizar la alicaída taquilla. Eso sí, el título de “película más taquillera” ha cambiado de manos.

Concretamente, ha ido a parar a las de George Clooney (Crueldad intolerable) y sus Monuments Men, que logran en su estreno 1,36 millones de euros en 471 salas, una media de 2.900 euros que permite pensar en un futuro más o menos prometedor. Dado que no va a haber estrenos que puedan hacerle sombra en el futuro más inmediato, es lógico pensar que podría irse hasta los 5 o 6 millones de euros. Eso si el efecto Oscar no arrasa este año y se lleva por delante a todos aquellos que no hayan ganado o no hayan competido. Por su parte, La Lego película cae hasta la segunda posición con 632.362 euros, aproximadamente un 39% menos que la semana anterior. Su total es de algo más de 3,5 millones de euros, por lo que su objetivo más inmediato sería quedarse alrededor de los 6 millones de euros.

La que sigue manteniéndose en lo más alto después de mes y medio en cartel es El lobo de Wall Street, que a pesar de recaudar 373.626 euros (-44,4%) acumula ya casi 11 millones de euros, lo que la convierte en la más taquillera del top 10 y en una de las que más ha recaudado en lo que va de año. Habrá que esperar a la gala del domingo, pero lo normal será que termine en unos 12 millones de euros. El peor descenso lo registra RoboCop, que pierde casi un 60% y se queda en 372.000 euros. Su total se queda a las puertas de los 1,5 millones de euros, y de seguir así lo normal será que acabe, como mucho, entre los 2,5 y los 3 millones de euros.

En mitad del ranking se cuela otro estreno, Her. Distribuida en 150 pantallas, su recaudación de 347.245 euros deja una media de 2.315 euros, lo que no está nada mal para el tipo de film que es, pero que en ningún caso parece dar esperanzas de que pueda llegar muy alto en su recaudación. Lo normal será que termine por encima del millón de euros, pero va a tener complicado llegar a superar los 2 millones. En cuanto a la sexta posición, esta es para La gran estafa americana, que pierde un 46,5% y se queda algo menos de 300.000 euros. Tras un mes en la cartelera, su recaudación total es de 4,31 millones de euros, siendo relativamente sencillo que supere los 5 millones, puede que más si resulta ganadora de los Oscar.

El siguiente puesto es para Cuento de invierno, que esta semana ostenta el título de ser la que más pierde. Concretamente, sus 219.284 euros suponen un 55,6% menos que hace una semana, dejando su total en 870.402 euros en 10 días. Datos que no auguran nada bueno para este drama romántico que aspira a quedarse, como mucho, a las puertas de los 2 millones de euros al final de su recorrido en salas. Curiosamente, el séptimo lugar es para Vivir es fácil con los ojos cerrados, que es la que menos pierde (34,6%) gracias todavía al efecto Goya. 213.266 euros es lo que logra en el periodo que analizamos, y su total está muy cerca de los 1,5 millones de euros. Sin embargo, no parece probable que supere los 2 millones.

El top 10 lo cierran La ladrona de librosNebraska. La primera se queda en novena posición con 153.000 euros (-39,7%), sumando ya un total de 4,76 millones de euros y pudiendo llegar, con algo de suerte, a los 5 millones antes de que abandone la cartelera. El segundo pierde un 41,3% y recauda esta semana 140.812 euros. Tras tres semanas su total es de casi 1 millón de euros, cifra que superará con toda probabilidad la semana que viene, aunque no llegará mucho más lejos en su recaudación.

‘Monuments Men’: historias de la guerra


George Clooney y Matt Damon encabezan los 'Monuments Men'.George Clooney, como director, suele realizar obras en las que su ideología y su forma de entender el mundo quedan patentes. El problema es que estamos tan acostumbrados a verle firmar obras tan serias y densas como Buenas noches, y buena suerte (2005) que nos olvidamos por un momento de que también es capaz de hacer algo como Ella es el partido (2008). El nuevo film del protagonista de la saga Ocean’s (con la que comparte ciertas bases conceptuales adaptadas al tiempo en el que se desarrolla la trama) tiene algo de ambos mundos, es decir, se encuentra a medio camino entre la gravedad moral de lo que narra y la ligereza con la que lo hace. Y esto no tiene que ser necesariamente malo.

Más bien al contrario, el actor, director y guionista imprime al conjunto un estilo ameno, entretenido y a ratos muy divertido. Se aleja, por tanto, del drama de la guerra y de la muerte por bien común y altruista como es salvar el legado artístico y cultural de siglos de humanidad. Y en cierto modo la apuesta por este punto de vista no solo libra al reparto y al propio director de caer en una espiral dramática que podría haber terminado en tragedia (para la trama y para la propia película en sí), sino que permite combinar los momentos más trágicos con otros algo cómicos. A ello contribuye, no cabe duda, la camaradería de unos actores que disfrutan dentro y fuera de la pantalla, en especial Matt Damon (Contagio), Bill Murray (Bienvenidos a Zombieland) y John Goodman (Red state), que protagonizan alguno de los mejores momentos del film. Mención aparte merece Cate Blanchett (Babel), que aprovecha al máximo un personaje que se queda en un intento de protagonismo femenino, siendo en realidad un secundario que habría merecido algo más.

Y precisamente ese tono algo cómico y ligero es lo que impide introducirse de lleno en el film. Eso, y que la historia de este grupo de hombres que busca obras de arte en plena II Guerra Mundial se ramifica en tantas subtramas localizadas en diferentes lugares de Europa en un mismo periodo de tiempo. Diversificación que obliga a tener en todo momento muy presente lo que busca cada personaje, hacia dónde le dirigen las pistas que encuentra, y que dificultades se encuentra por el camino. En definitiva, demasiada complejidad para una historia que se antoja mucho más directa y simple, y que precisamente gana enteros cuando el grupo vuelve a reunirse hacia el tercio final del film.

En cualquier caso, Monuments Men deja algunos momentos para el recuerdo (el descubrimiento de arte robado en una casa es magnífico), y aprovecha los pocos recovecos que la búsqueda de arte le deja para lanzar algún que otro mensaje ideológico que dan buena cuenta de ese compromiso de Clooney. Y no desentonan a pesar del tono afable del conjunto. Es, en definitiva, una combinación de los dos mundos en los que se mueve el director, el más comercial y el más intelectual. No es un gran film cargado de emotividad y reflexiones sobre el modo en que la guerra destruye nuestra humanidad (aquí representada por el arte), pero tampoco lo intenta. Simplemente señala una historia de la guerra que, de otro modo, el gran público tal vez nunca habría conocido.

Nota: 6,5/10

Tráiler de ‘The Monuments Men’: la mirada de Clooney a la II G. M.


George Clooney escribe, dirige y protagoniza 'The Monuments Men'.Como actor ha hecho de todo, incluyendo mediocres producciones de terror en sus primeros años. Sin embargo, como director George Clooney (Buenas noches, y buena suerte) ha demostrado un acentuado compromiso político y social a través de tramas que combinan hechos históricos con denuncia. No digamos ya si además de ponerse tras las cámaras escribe el guión, como es el caso de Los idus de marzo (2011), la ya mencionada cinta sobre la caza de brujas norteamericana, o su próximo film, The monuments men, que podría traducirse como Los hombres de los monumentos y del que ayer pudo verse el primer avance.

La trama nos lleva a la II Guerra Mundial, pero no precisamente al frente de batalla. Más bien, a una línea de defensa un poco especial. No se trata de rescatar a un soldado ni de misiones secretas para derrocar el Reich; se trata de salvar la cultura histórica de la Humanidad amenazada por los nazis. En este contexto 8 hombres que poco o nada tienen que ver con el ejército (hay arquitectos, expertos en arte, …) serán los encargados de identificar las obras de arte, los monumentos que es necesario salvar de la destrucción tanto por parte de los alemanes como de los aliados, con el único fin de poder transmitir toda esa cultura a generaciones venideras.

A tenor de lo que puede verse en estas primeras imágenes que encontraréis como siempre al final del texto, Clooney combina con la inteligencia que le caracteriza el humor y el drama, todo ello envuelto en una realización pulcra y académica, narrativamente sobria y sin demasiadas concesiones a la locura visual que se ha impuesto en este tipo de relatos bélicos. Una formulación clásica, por así decirlo, que le ha definido como realizador y que huye de excesos digitales o de historias grandilocuentes en las que primen la acción por encima de los personajes. Como también es habitual en su cine, ha elegido una historia intimista alejada del formato tradicional del género bélico para abordar los conflictos morales, éticos y sociales que se plantean en determinados acontecimientos históricos, en esta ocasión basados en una historia real.

Protagonizada por el propio Clooney, el resto del reparto corta la respiración: Matt Damon, que vuelve a este conflicto bélico tras Salvar al soldado Ryan (1998), Cate Blanchett (Robin Hood), Bill Murray (Moonrise Kingdom), John Goodman (R3sacón) y Jean Dujardin (The artist). Es pronto para hacer apuestas, pero teniendo en cuenta la trayectoria de premios y nominaciones que tiene George Clooney a sus espaldas, sobre todo como guionista y director, podríamos estar ante una de las candidatas a los próximos Oscar. A continuación, el tráiler.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: