‘Vengadores: Endgame’: y Marvel reinventó el cine


En una época de series y consumo inmediato, Marvel ha logrado, una vez más, lo imposible: que nos sentemos tres horas seguidas para ver lo que podría calificarse como el evento del año… no, de la década… no, del cine moderno. No dudo que haya detractores del cine de superhéroes, considerándolo poco menos que un producto de marketing pensado para adolescentes y frikis. Y aunque haya algunas películas que puedan responder a ese estereotipo, la Casa de las Ideas ha demostrado que este género es algo más. Vengadores: Endgame es la prueba definitiva de ello.

La película de los hermanos Russo, autores la precedente Vengadores: Infinity war, es sencillamente indescriptible. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo es por el aluvión de efectos digitales que contiene. Ni siquiera por la inmensidad de su trama. Lo es por la complejidad de sus personajes, por el desarrollo dramático de unos acontecimientos trágicos y traumáticos y el modo en que un grupo de personajes deciden afrontarlos. Esto confirma que toda buena película necesita explorar las motivaciones, los miedos y los deseos de sus personajes, llevarlos a situaciones límite y mostrar cómo reaccionan ante ellas. Y da igual cuál sea el contexto. En el caso que nos ocupa, todo ello con un inteligente toque humorístico en los momentos adecuados, aliviando la tensión dramática. El único problema, si es que puede considerarse así, es que existen tantos personajes que muchos quedan relegados a meros testimonios presenciales.

Pero Vengadores: Endgame es más, muchísimo más. Ahora que las series de televisión parecen haberse adueñado del entretenimiento, esta película confirma que si la pequeña pantalla puede beber de influencias cinematográficas, el séptimo arte puede hacer lo propio con el formato episódico. Desde este punto de vista, esta conclusión podría entenderse como el último capítulo de una primera temporada que ha durado 11 años y ha tenido 22 capítulos. Y en cierto modo, así está planteado. Desde que se estrenara Iron Man en 2008 todo lo que se ha visto en cada una de las películas estaba perfectamente planificado para formar parte de una macrohistoria mucho mayor y compleja que ha derivado en este ‘fin de partida’. No se trata simplemente de presentar personajes y juntarlos luego en otra película. No, cada acontecimiento, cada cambio, trauma, decisión y victoria (o derrota) han definido todo para llegar a este punto. Y esa es la esencia misma de cualquier producción seriada.

Y por si hubiera dudas de ello, la propia estructura dramática del film se encarga de asentar la idea. A lo largo de su desarrollo (y sin desvelar nada de la trama), la cinta viaja por el pasado de los personajes y por momentos de otros títulos de Marvel tanto física como psicológicamente. El espectador asiste a una introspección mucho mayor de los héroes que durante más de una década le han acompañado. Se produce así una mayor comprensión de sus motivaciones, de sus decisiones, de su ira y su temor. Pero sobre todo se logra un grado de empatía con todos ellos difícil de alcanzar en un film normal y corriente. A esto contribuye, claro está, haberles visto crecer a lo largo de cada film. Posiblemente muchos ya os hayáis dado cuenta, pero esta descripción de personajes es exactamente la misma que se puede hacer en una serie, que basa buena parte de su éxito en que los personajes pueden desarrollarse durante más tiempo que en una película.

Si no he mencionado nada de los efectos especiales o la acción no ha sido deliberado. Es sencillamente que la profundidad dramática de la cinta relega las espectaculares batallas a un segundo plano. Tal es la complejidad de Vengadores: Endgame. Y tal es el homenaje que Marvel rinde a sus fans, a los que ofrece un producto final más que excepcional. Los hermanos Russo, con su habitual y notable pulso narrativo, logran que las tres horas de duración sean un suspiro. Su sello se deja ver en cada plano, especialmente en ese combate final con plano secuencia marca de la casa. ¿Y el final? Pues el que debería ser, ni más ni menos, títulos de créditos incluidos. La película deja clara una cosa: que es el fin de una era y que nada volverá a ser lo mismo. Pero también deja la sensación de estar ante algo tan grandioso que será difícil de superar, tanto en espectacularidad como en carisma de sus protagonistas. En los años 60 Marvel revolucionó los cómics; ahora ha hecho lo mismo con el concepto mismo del cine, traspasando la propia dimensión de película autoconclusiva o de la secuela.

Nota: 9,5/10

‘American Horror Story: Apocalypse’, el culmen de las series de antología


La máxima de una serie de antología es que cada capítulo o temporada cuente una historia diferente con personajes diferentes. Esto se traduce habitualmente en que cada historia es totalmente independiente de la anterior. La serie American Horror Story es uno de los más recientes y notables ejemplos de este formato dramático, pero también es la que ha logrado experimentar con él hasta llegar a una octava temporada que ha logrado al cuadratura del círculo: no solo es continuación de aquella extraordinaria primera temporada, sino que vincula algunas de las historias narradas en otras etapas de esta ficción creada por Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Pose). Eso y que los mismos actores interpretan varios personajes en la misma trama.

En efecto, los 10 episodios de este Apocalypse recuperan lo narrado en la primera y tercera temporada para abordar, con el inconfundible estilo que le caracteriza, el fin del mundo y la llegada del hijo de Satán. Pero a diferencia de otras temporadas, donde se juega con las líneas temporales para narrar un trasfondo dramático, en esta etapa se recurre más bien a un manejo de los diferentes momentos de la propia línea temporal, planteando así al espectador un interesante desafío para descubrir quién es quién en la historia. De este modo, la trama evoluciona de forma original, pasando de plantear una situación de supervivencia de un puñado de personajes a desarrollar un orquestado plan de lucha contra el mal mucho más complejo. Lo más interesante posiblemente sea comprobar que dicho cambio se presenta de un modo orgánico, aprovechando las oportunidades que da el formato episódico (es decir, con ganchos al final de los capítulos) y utilizando una línea argumental muy elaborada y bien planificada desde el principio, a la que se le da una presentación diferente.

Esto provoca dos fenómenos sumamente interesantes, al menos desde un punto de vista puramente profesional. Para empezar, al fusión de historias y tramas que en teoría estaban finalizadas en American Horror Story. La continuación de ambos universos completamente diferentes a través de un argumento único, original y diferente evidencia las posibilidades dramáticas y narrativas que ofrece el séptimo arte si se saben manejar herramientas como el tiempo o la distribución de conflictos dramáticos. Visto así, incluso la serie en su conjunto cambia en algunos matices, pues hasta ahora daba la sensación de que cada temporada había transcurrido en una realidad diferente, algunas desde luego en épocas diferentes. Ahora lo que nos encontramos, sin embargo, es que muchas de estas historias de terror que dan una vuelta de tuerca a leyendas clásicas no solo transcurren en un mismo universo dramático, sino que tienen vínculos y conexiones entre ellas.

Pero lo más llamativo sin duda es el hecho de que muchos actores dan vida a varios personajes a la vez, rompiendo con la idea de que cada personaje diferente tiene que estar interpretado por un actor para una comprensión correcta del argumento. El regreso a la casa de la primera temporada, además de dar pie a otras novedades que explicaré a continuación, recupera algunos roles que lleva a actores que han pasado por las ocho temporadas a interpretar hasta a tres personajes diferentes. Es evidente que, para un espectador que se acerque a Apocalypse sin conocer la historia previa, este guiño dramático puede no entenderse e, incluso, provocar desconcierto al desconocer la trayectoria de todos los protagonistas. Pero en líneas generales la impresión generada es diferente, más bien de estar ante un ejercicio dramático que demuestra que con un grupo de actores limitado se puede lograr una complejidad dramática de un número mucho más amplio de personajes. Y eso es algo que daría para varios análisis.

Viejos conocidos

Pero la continuación de las diferentes historias que han poblado las pesadillas de American Horror Story durante estos años también deja el regreso de viejos personajes y de actores que, en mayor o menor medida, han ido abandonando la serie. No cabe duda de que lo más significativo es la presencia de Connie Britton (serie Nashville) y Dylan McDermott (La lectora) en los personajes que hicieron famosa esta serie en la primera temporada. No solo por la calidad dramática de los mismos, sino porque con su historia, y con la del resto de protagonistas de esa primera historia, se cierra un ciclo y todos aquellos posibles cables sueltos que quedaron en esa casa encantada.

En cierto modo, este Apocalypse es el colofón a un concepto dramático que se ha apreciado en muchas de las temporadas, y que responde a la idea de defensa de la familia ante un mal imparable. Curiosamente, este trasfondo argumental se encuentra en las etapas más complejas y atractivas de esta serie de antología. Concretamente en lo que respecta a estos 10 capítulos, el desarrollo dramático ahonda en las consecuencias de esta idea a todos los niveles, incluyendo el viaje a los infiernos, literalmente, del protagonista, cuya motivación inicial, al menos una de ellas, es encontrar alguien que le quiera como es. La idea se refuerza, precisamente, con ese viaje a través de varios grupos de personas que, lejos de acogerle, tratan de utilizarle para sus propios beneficios.

Este recorrido dramático se convierte, al menos durante buena parte de la temporada (aquella que transcurre de una forma más o menos lineal al narrar el pasado), en un motor de desarrollo muy intenso en el que el espectador se adentra en los sentimientos de un rol que finalmente termina convirtiéndose en el villano. La ventaja de esta arquitectura dramática radica en que el resto de personajes, al menos los principales, ya han sido presentados y desarrollados en otras temporadas, por lo que solo es necesario retomar sus historias donde quedaron y, en todo caso, aportar ciertas pinceladas argumentales. Esto permite que los guionistas se centren por completo en el villano, en su humanidad y su maldad, en su poder y sus debilidades. Y eso, en definitiva, le convierte en un gran villano y, por extensión, hace de la temporada un gran relato dramático.

No cabe duda de que American Horror Story: Apolypse es una de las mejores temporadas de toda la serie. Y lo es porque esta octava historia no solo narra un acontecimiento como el fin del mundo y la llegada del Anticristo, sino que lo hace con inteligencia, sobriedad y una complejidad dramática que, desde luego, no existía en otras temporadas. Pero también lo es porque lleva el concepto de serie de antología un paso más allá, cerrando varias historias abordadas en temporadas anteriores y tomando conceptos y escenarios de muchas otras. Ello ofrece un nuevo punto de vista a toda la serie, y abre las puertas a poder desarrollar nuevas y complejas historias. La guinda del pastel es que este Apocalipsis no es el final, todavía queda terror para algunos años más.

‘Misión: Imposible. Fallout’: más imposible que nunca


Creo que nadie auguraba en 1996 que la adaptación de Brian de Palma (Misión a Marte) de la famosa serie de televisión Misión: Imposible daría, más de 20 años después, hasta cinco continuaciones y millones de euros en ingresos para una franquicia que, a diferencia de muchas otras, ha sabido reinventarse cuando ha sido necesario pero siempre manteniéndose fiel a un estilo y unos elementos básicos. Esta sexta entrega es la última evidencia de lo bueno y lo malo de esta saga.

La cinta dirigida por Christopher McQuarrie, director de la anterior entrega, continúa en cierto modo los acontecimientos de esta con un estilo áspero en su narrativa y espectacular en su puesta en escena. Con secuencias de acción brillantemente ejecutadas (la pelea en el baño deja sin palabras), la trama vuelve a recurrir al engaño y la intriga para construir toda una persecución en la que, por momentos, no se sabe si los protagonistas son perseguidores o perseguidos. El hecho de que se recupere un villano como el interpretado por Sean Harris (Un lugar solitario para morir) ya da una idea del tono sombrío de la historia, de nuevo con agentes infiltrados y traiciones a las más altas instancias de la inteligencia mundial.

En este sentido, esta nueva ‘Misión: Imposible’ hace honor a su nombre, estructurando milimétricamente la trama para dosificar los giros argumentales en un exitoso intento por hacer que el ritmo no decaiga. Sin embargo, un elemento falla, y es la presunta sorpresa por conocer la identidad del villano que acompaña a Harris en esta historia. Si uno es un poco atento a los planos utilizados por el director, la identidad queda revelada casi al final del primer acto, lo que deja alrededor de dos horas de metraje en las que las presuntas sorpresas quedan completamente anuladas. De ahí que la apuesta por la acción sea tan importante, pues sin ella posiblemente la cinta se desinflaría a marchas forzadas. Acción, por cierto, que se descontrolada en su tramo final, persecución aérea y combate posterior incluidos. Todo un alarde de lo peor que puede ofrecer la saga, algo que se vio en la segunda entrega.

Con todo esto en cuenta, Misión: Imposible. Fallout se convierte en el espectáculo que cabría esperar. Una producción marcada por la acción bien ejecutada, por una trama sólida que retoma una historia precedente y que, salvo ciertos inconvenientes en su manejo de los secretos y de la intriga. En cierto modo, esta nueva aventura contiene lo mejor y lo peor de la saga. Lo mejor, sin duda, los juegos de identidades, los engaños y los constantes giros argumentales en los que nada es lo que parece, e incluso lo que realmente es muchas veces puede reinterpretarse. Lo peor es esa tendencia a la acción sin sentido, a la espectacularidad que haga gala del título en su sentido más extremo, cuando algo más sencillo tiene el mismo o mejor efecto. Pero desde luego, para pasar un buen rato disfrutando de los escenarios, la intriga y la acción, esta es la elección perfecta.

Nota: 7,5/10

‘American Horror Story: Roanoke’, nuevo formato para una historia conocida


Los actores de 'American Horror Story: Roanoke' viven un infierno en la mansión.Es difícil que una serie como American Horror Story logre mantenerse durante tantas temporadas como uno de los productos más originales de la televisión. Primero porque la idea de que cada temporada sea una historia diferente tiene el riesgo inherente de perder la conexión con los espectadores. Y segundo porque es complicado encontrar historias que sean capaces de llenar tantos episodios. La prueba está, de hecho, en el irregular desarrollo de las temporadas. Por eso resulta un soplo de aire fresco esta sexta etapa, que bajo el título de Roanoke toma como referencia a la conocida como “Colonia perdida” para adentrarse en un subgénero de terror que hasta ahora no habían abordado Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Glee).

Desde luego, lo más original de esta temporada de 10 episodios es su formato. Narrado como una serie basada en hechos reales que utiliza los testimonios de las personas que vivieron la pesadilla, la ficción juega en diversos niveles dramáticos para introducir al espectador en una historia con visos de realidad. Este juego de la televisión dentro de la televisión tiene, evidentemente, su lado positivo y su lado negativo. Lo positivo es que a través de la dramatización de los hechos y la reacción de los presuntos personajes reales la historia tiene acceso a una serie de conflictos dramáticos vistos desde diferentes puntos de vista casi a tiempo real, como si de un reality show se tratara.

En el lado opuesto, es lógico pensar que, dado que los héroes de la historia relatan su propia odisea, sobreviven al final de la misma, lo que siempre resta dramatismo a lo que se muestra en pantalla. De ahí que, aunque el carácter dramático se intensifica, la tensión narrativa se diluye lentamente, dejando todo el espacio al terror y el gore propios de esta serie. Sin embargo, y a diferencia de otras temporadas, American Horror Story: Roanoke soluciona este problema de una forma aún más original si cabe. La propia temporada se divide en dos partes claras, siendo la segunda una suerte de continuación en la que personajes reales y los actores que les interpretan conviven en el mismo infierno que relataban en la primera parte.

Evidentemente, todo sale mal, y la muerte es la constante en cada personaje, pero independientemente de todo eso lo interesante radica en el modo en que Falchuk y Murphy aprovechan las debilidades dramáticas de su historia para darle una vuelta y convertirlas en motor de un argumento nuevo aunque similar. Por supuesto, esta segunda parte también tiene ciertas debilidades, entre ellas las motivaciones de algunos personajes, pero a pesar de todo esto permite ahondar en tramas personales mucho más profundas y que remiten a las relaciones entre madres e hijos, entre maridos y mujeres y, por qué no, entre el mundo del espectáculo y la vida real.

Carniceros, cerdos y locura

El cambio que sufre American Horror Story: Roanoke en su forma de narrar los acontecimientos es, sin duda, lo más llamativo de esta serie que ha tenido que recurrir a esta apuesta formal para evitar repetirse en sus conceptos más básicos. Y es que salvo esta idea, bien diseñada y elaborada, el resto de la temporada recupera pilares de temporadas anteriores, ya sea la locura, el canibalismo o los fantasmas. En realidad, en algunos momentos llega a repetir algo más que a los actores, recurriendo a situaciones que recuerdan poderosamente a las vividas en algunas de las mejores etapas de esta ficción. La pregunta que cabe hacerse es si esto es algo negativo en sí mismo.

Para gustos los colores, está claro, pero personalmente considero que la forma en que se integran estas ideas con la trama abordada en la serie y con el modo en que se cuenta hacen que sea algo novedoso, diferente y dinámico. La apuesta en la segunda parte de la serie por la cámara en mano al más puro estilo El proyecto de la bruja de Blair (1999) -por aquello de que transcurre en un bosque- es un acierto más que notable, tanto por el carácter realista que aporta al conjunto como por el dramatismo de ver las consecuencias de los asesinatos (sangre saltando por todas partes, rostros desencajados, etc.) antes incluso que el propio acto en sí. De este modo, la serie logra imprimir una fuerza visual muy poderosa a una historia que puede parecer menor, en algunos momentos incluso algo ilógica.

Con todo, es de justicia reconocer que el argumento es algo más que terror, y desde luego algo más que gore. Si la primera parte de la temporada puede resultar un tanto simplista, por aquello de que se sabe de antemano cómo va a terminar, la segunda adquiere un dramatismo mucho mayor, tanto por los conflictos que se generan entre personajes como por las reacciones ante unos acontecimientos que ya no son ficción a pesar de que, al principio, lo consideran parte del show. Estos componentes dramáticos dentro del contexto del horror, la violencia y la locura que definen a la serie es lo que la dotan de una mayor entidad, de una seriedad que se intuye en todo momento, pero que puede perderse de vista en los primeros episodios si se atiende únicamente al concepto de realidad ficcionada.

Por varios motivos, American Horror Story: Roanoke es una de las temporadas más originales de la serie. Personalmente creo que una de las mejores, pues a pesar de sus debilidades ofrece algo diferente, algo fresco, explorando esa vía de nuevo terror que nació con el nuevo siglo y que, hasta ahora, había estado vetada en esta producción. El hecho de que, además, se introduzcan conflictos personales en la historia, derivados muchos de ellos de las propias decisiones de los personajes, lleva la trama a un nivel diferente, más complejo o, por lo menos, más rico en matices. Desde luego, no es una temporada perfecta, pero junto a American Horror Story: Hotel es una de las que más recuerdan a aquella joya que fue la primera temporada.

‘American Horror Story: Hotel’ recupera el espíritu de la serie


Evan Peters y Wes Bentley protagonizan 'American Horror Story: Hotel'.Tras varios altibajos en la serie, American Horror Story ha logrado, en su quinta historia, algo que muy pocas producciones consigue: devolver al formato las ideas iniciales en lo que a suspense, ambientación, personajes y trama se refiere. Sin el impacto ni la novedad que supuso aquella primera temporada, Hotel es sin duda una de las mejores temporadas de esta ficción creada por Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Glee).

Y si bien es cierto que Coven ya supuso una recuperación de ese espíritu, estos 12 capítulos representan lo que podría denominarse como una continuación directa de la historia de la casa encantada. No por los personajes, sino por el concepto general de la trama. Un hotel plagado de fantasmas, vampiros y asesinos es lo que da pie a una historia que, sin embargo, se centra más en el concepto del amor. Tal vez eso sea lo que le ha faltado a la serie en otras etapas; tal vez no. Lo cierto es que el delicado equilibrio entre ese sentimiento y la violencia característica de la producción crean un espectáculo incomparable.

Un padre atormentado por la pérdida de un hijo, una madre condenada a vivir en un hotel lleno de fantasmas para estar junto a un hijo que la odia y una vampiresa que una vez experimentó el amor verdadero son solo algunos de los ejemplos. Desde un punto de vista conceptual, American Horror Story: Hotel se revela más bien como una historia de búsqueda, de añoranza por lo perdido y por un pasado que, aunque dentro de esos muros parece no cambiar, en realidad se dejó atrás hace mucho tiempo.

Por supuesto, a todo esto se suma el incomparable espacio elegido, un edificio decadente, ajeno al tiempo o a las modas y en el que cada sala, cada rincón, es una trampa mortal para los visitantes. Desde su dueño, un espléndido Evan Peters (X-Men: Días del futuro pasado), al que es más necesario que nunca ver en versión original, hasta el ya famoso papel de la cantante Lady Gaga, Globo de Oro incluido, todos los habitantes de ese edificio parecen condenados, lo quieran o no, a matar a los visitantes, litros y litros de sangre mediante, claro está.

Lady Gaga logró un Globo de Oro por su rol en 'American Horror Story: Hotel'

Regreso a la narrativa de personajes

Y a pesar del espectáculo visual que supone esta quinta temporada, American Horror Story: Coven es sobre todo una historia de personajes. Al igual que ya ocurrió en algunas temporadas anteriores, que no en todas, el origen de los protagonistas, sus obsesiones, sus fobias y sus motivaciones, quedan patentes en sendos episodios a través de una narrativa de sus respectivos pasados para terminar confluyendo, de un modo u otro, en finales comunes. En esta ocasión, además, con la dificultad añadida de tener dos grandes protagonistas (la ya mencionada Gaga y el policía al que da vida Wes Bentley –American beauty-) como principales pilares, lo que obliga a dividir en dos el tiempo de la historia. ¿Cómo se logra mantener unido el desarrollo dramático sin que parezca, como ocurrió en Asylum, que cada cosa ocurre por su cuenta? La respuesta es Evan Peters.

Su personaje, tan sádico como enigmático, se termina por convertir en una suerte de nexo de unión de todas las historias, tal vez porque es el corazón de ese hotel, o tal vez porque, simplemente, es un personaje muy humano dentro de su violencia. Su caso, posiblemente, sea el mejor ejemplo del entramado dramático que logra crearse entre todos los personajes, ya sean secundarios, principales e, incluso, episódicos. De ahí que sea tan importante el pasado de los mismos, y de ahí que cobren especial relevancia aquellos momentos en los que se abordan las claves de su llegada a ese hotel maldito.

Pero si el contenido dramático es importante, la forma que se le da a todas esas historias es simplemente hipnótica. Elegante, fascinante, visceral, sangrienta, atemporal. Cualquier calificativo puede servir para definir un entorno único, una apuesta escénica en la que la sangre emana a borbotones para dar paso a una nueva vida en la que, no por casualidad, los implicados deben encontrar un motivo para enderezar sus fantasmagóricas vidas, que habitualmente, por no decir siempre, tiene que ver con el asesinato. La presencia, además, de personajes aparecidos en temporadas anteriores otorga al conjunto un halo de continuidad interesante que, en cierto modo, cierra un círculo iniciado con la primera y maravillosa temporada.

Así las cosas, American Horror Story: Hotel es, posiblemente, la etapa de esta serie que más se aproxima a lo vivido en aquella casa encantada hace ya varios años. Por su ambientación, el trauma de sus personajes e incluso la definición de muchos de ellos, esta historia es digna heredera de aquella. Pero es mucho más. Falchuk y Murphy parecen haber aprendido de algunos errores cometidos en el pasado y han sido capaces de crear muchos historias independientes bajo un mismo techo que, aparentemente, no tienen nada en común, pero cuyo desarrollo termina irremediablemente unido a las habitaciones de este macabro hotel. O a su dueño, que para el caso viene a ser lo mismo. Sin duda, una de las mejores temporadas de la serie.

‘Objetivo: Londres’: No podrán con nosotros


Gerard Butler acaba con toda una conspiración terrorista en 'Objetivo: Londres'.El éxito que tuvo hace tres años Objetivo: La Casa Blanca no tuvo nada que ver con la acción a raudales que desprendía cada fotograma. Ni siquiera la ironía de su protagonista, un Gerard Butler (El soldado de Dios) que podría acabar con un país entero mientras juega al parchís. No, el verdadero secreto de aquel film residía en la original propuesta de atacar un símbolo de Estados Unidos y en la relación que se establecía entre los personajes principales, amén de una narrativa más que solvente. Esa frescura, en cierto modo, se pierde en esta secuela y se sustituye con un mensaje mucho más patriótico y de rabiosa actualidad. Que eso sea algo bueno, malo o regular depende de cada uno.

Lo que está claro es que Objetivo: Londres es frenética, con un ritmo incesante a base de explosiones, tiroteos y combates cuerpo a cuerpo. Un ritmo que apenas deja tiempo para un mínimo desarrollo y que, por extensión, obliga al espectador a aceptar una serie de carencias que se disimulan, algunas mejor que otras, con la ironía del protagonista, la valentía del presidente interpretado por Aaron Eckhart (Love happens) y la lucha de los servicios de inteligencia británicos. Todos estos elementos conforman un conjunto distraído, divertido a ratos y a todas luces entretenido, que deja algunos detalles sobre los que reflexionar, aunque solo sea desde un punto de vista cómico.

La parodia de los principales dirigentes políticos europeos (en contraposición al heroico líder norteamericano, claro está) es el punto de partida de la denuncia social y política del film, cuyo final son dos discursos más patriotas que los padres de la Constitución cuyo contenido, en resumen, es que por mucho terrorismo que exista, nunca doblegarán a Occidente. Hasta cierto punto, este contenido político resulta interesante analizado en el contexto que vive el mundo actualmente, pero se vuelve pura panfletada en el contexto dramático de la historia, en la que un solo hombre, además de recorrerse Londres a pie, es capaz de acabar él solito con toda una organización terrorista.

Pero tal vez una crítica en este sentido sea exigirle demasiado a Objetivo: Londres. Lo cierto es que la película de Babak Najafi (Sebbe) es un entretenimiento puro, con todos los ingredientes para sacar una sonrisa, para generar espectáculo y para despertar ese sentimiento que solo Estados Unidos sabe sacar. Visualmente potente (el plano secuencia del ataque final es espléndido), su trama tal vez sea excesivamente lineal, sin grandes sobresaltos y con villanos secretos más previsibles que el movimiento de un péndulo. Pero repito, tal vez sea exigir demasiado. Al final, esta secuela es, pues eso, una secuela. Restada la originalidad de la primera, lo que resta es un buen film de acción. Y eso no es necesariamente malo.

Nota: 6/10

Fantasía, acción y drama, principales propuestas de la cartelera


Estrenos 8abril2016Mucho cine, y muy variado, es lo que propone la cartelera española desde este fin de semana. Cine para todos los gustos, desde la acción a la fantasía, pasando por drama con sabor español, comedia europea o documentales que exploran algunas de las mentes más interesantes de las últimas décadas. Este viernes, 8 de abril, continúa así la tendencia que parece haberse implantado este mes (y que, de hecho, va a durar durante alguna semana más) y ofrece al espectador la oportunidad de disfrutar con todo tipo de historias.

Entre ellas destaca Las crónicas de Blancanieves. El Cazador y la Reina del Hielo, especie de precuela de Blancanieves y la leyenda del cazador (2012) que aprovecha a los mejores personajes para narrar una historia totalmente diferente que transcurre, en teoría, varios años antes. En concreto, la trama se centra en la relación entre la malvada reina de la primera película y su hermana, la Reina del Hielo. Cuando ésta sufre una traición decide huir del reino y formar un ejército de cazadores. Sin embargo, sus dos principales campeones incumplen la única regla de la regente: enamorarse. Dirigida por Cedric Nicolas-Troyan, quien debuta de este modo en el largometraje, la cinta cuenta con Chris Hemsworth (En el corazón del mar) y Charlize Theron (Mad Max: Furia en la carretera) repitiendo en los papeles de cazador y reina malvada, sumándose para la ocasión Jessica Chastain (La cumbre escarlata), Emily Blunt (Sicario), Sam Claflin (Los juegos del hambre: En llamas) y Nick Frost (Negocios con resaca).

Muy diferente, aunque también con buenas dosis de acción, es Objetivo: Londres, secuela de Objetivo: La Casa Blanca (2013), que vuelve a contar con el reparto principal y que, como reza el título, se traslada a la capital británica. El argumento arranca cuando el Primer Ministro británico muere en extrañas circunstancias. A su funeral acuden los principales jefes de Estado del mundo, pero lo que inicialmente debería ser un acto seguro pronto se convierte en un caos en el que todos los líderes están en peligro. De nuevo, el Presidente de Estados Unidos y su Jefe de Seguridad deberán plantar batalla, ayudados esta vez por una agente del MI-6. Babak Najafi (Sebbe) es el encargado de llenar de adrenalina esta historia protagonizada por Gerard Butler (Un buen partido), Morgan Freeman (Ted 2), Aaron Eckhart (Los diarios del ron), Jackie Earle Haley (RoboCop) y Angela Bassett (serie American Horror Story: Freak Show).

Desde Estados Unidos también llega el thriller de terror La invitación, cinta dirigida por Karyn Kusama (Jennifer’s body) que aborda el dolor de la pérdida desde una perspectiva diferente. La historia arranca cuando una pareja pierde a su pequeño en extrañas circunstancias. El matrimonio se rompe y ella desaparece durante años. Cuando regresa, lo has cambiada y con un nuevo marido. Pero en ese cambio se intuye algo más, algo inquietante, al menos por parte de quien compartió con ella tantos momentos. Sin embargo, la pregunta que se plantea es si ese cambio es realmente así o, por el contrario, está provocado por los miedos del hombre. Logan Marshall-Green (Prometheus), Tammy Blanchard (Into the woods), John Carroll Lynch (Gran Torino), Michiel Huisman (serie Juego de tronos) y Emayatzy Corinealdi (In the morning) son los principales protagonistas.

En lo que a estrenos españoles se refiere, la principal apuesta es Julieta, lo nuevo de Pedro Almodóvar (Los amantes pasajeros) que adapta una serie de relatos cortos de Alice Munro para narrar cómo la vida de la protagonista, que da nombre al film, se encuentra al borde del abismo de la locura y la culpa, y cómo se ha producido el cambio desde que, hace 30 años, tomase una serie de decisiones que dejaron atrás a todos aquellos que había querido alguna vez. El reparto, integrado en su mayoría por mujeres, está encabezado por Emma Suárez (Novatos), Adriana Ugarte (Palmeras en la nieve), Inma Cuesta (La novia), Darío Grandinetti (Relatos salvajes), Rossy de Palma (Incidencias), Susi Sánchez (La fotógrafa), Daniel Grao (La mula) y Michelle Jenner (Tenemos que hablar).

El Franquismo, la II Guerra Mundial y los nazis centran la historia de Lobos sucios, thriller dramático con capital español que narra la difícil vida de una mujer en Galicia en 1944. Su único objetivo es curar a su hija, por lo que trabaja en una mina de wolframio a las órdenes de los nazis. Ajena a los chismorreos que la consideran una meiga, la mujer se ve envuelta de repente en los entresijos de la guerra cuando un grupo de espías aliados llega al pueblo para intentar robar el wolframio. Inspirada en personajes y hechos reales, la cinta está dirigida por Simón Casal, quien debuta en el largometraje, y protagonizada por Manuela Vellés (Somos gente honrada), Marian Álvarez (Felices 140), Sam Louwyck (Terre battue) y Pierre Kiwitt (El regreso de Elías Urquijo).

El tercer estreno español de la semana es Madrid, above the moon, comedia romántica con dosis de drama que narra la relación entre un madrileño y una turista. Pero lo que comienza siendo un idilio no siempre termina bien. Escrita y dirigida por Miguel Santesmases (Días azules), la película está protagonizada por Rocío León (Anabel), Bernabé Fernández (serie Amar es para siempre), Helena Sanchís y Víctor Vidal (Vampyres).

Pasamos ahora a las novedades europeas, y entre ellas destaca la francesa El juez, comedia dramática del 2015 que escribe y dirige Christian Vincent (La cocinera del presidente) que gira en torno al presidente de un temido tribunal de lo penal cuyas penas siempre son superiores a 10 años. Pero todo cambia cuando se encuentra con una integrante de un jurado popular de la que estuvo enamorado en secreto hace años, y que podría ser la única que logra cambiar su sentido de la justicia. Fabrice Luchini (Primavera en Normandía), Sidse Babett Knudsen (serie Borgen), Eva Lallier y Corinne Masiero (Discount) encabezan el reparto.

Del país galo también procede El novato, comedia estudiantil en torno a un chico nuevo en un instituto en el que todos los grupos ya están formados. Los chavales más enrollados no le facilitan las cosas, y solo le hacen caso los marginados y una guapa chica sueca que no habla mucho francés. Ópera prima de Rudi Rosenberg, la película está protagonizada por Guillaume Cloud-Roussel, Geráldine Martineau (Le guetteur), Joshua Raccah y Réphaël Ghrenassia.

Más internacional es Efraín, producción que cuenta con capital etíope, alemán, francés, noruego y qatarí y que narra cómo un niño debe afrontar una dura realidad. Después de que su padre se vaya a trabajar a la ciudad, el pequeño se va a vivir con sus abuelos y sus tíos a una casa en las montañas. Le acompaña un cordero, pero la complicidad que tiene con el animal pronto es puesta en riesgo cuando su familia le dice que debe ser sacrificado para la próxima comida festiva. Yared Zeleke debuta en el largometraje con este drama familiar cuyo reparto está encabezado por Rediat Amare, Welela Assefa, Kidist Siyum y Rachel Teshome (Difret).

Aunque sin duda la cinta más global del fin de semana es Cementery of splendour, drama fantástico escrito y dirigido por Apichatpong Weerasethakul (Mekong hotel) que cuenta con capital estadounidense, tailandés, inglés, alemán, francés, malayo, surcoreano, mexicano y noruego. Este cuento transcurre en un hospital en el que residen soldados afectados por una extraña enfermedad del sueño. Ubicado en una zona rural en la que la magia, la ciencia y la tradición oral se dan cita, la historia aborda la relación entre vivos y muertos, entre el presente y el pasado. Jenjira Pongpas (Sang sattawat), Banlop Lomnoi (Tropical maladi), Petcharat Chaiburi y Jarinpattra Rueangram son sus principales protagonistas.

En cuanto al documental, una única propuesta. Dark Star. El universo de H. R. Giger explora no solo la obra fantástica de este artista, creador de la criatura de Alien, el octavo pasajero (1979) y autor de algunas de las ilustraciones más perturbadoras que se han creado. Esta película dirigida por Belinda Sallin, con la que debuta en el cine, es también una forma de adentrarnos en la mente del hombre que ha dado forma a los miedos más profundos del ser humano.

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