‘La guerra del planeta de los simios’: humano malo muere


Es posiblemente una de las mejores trilogías actuales que se han realizado, y es así porque siempre ha primado una historia sólida con personajes poliédricos por encima de las evidentes necesidades tecnológicas de su historia. La tercera y última parte de esta revisión de la historia del Planeta de los Simios pone el broche de oro en todos los aspectos, aunque como tal broche no deja de ser algo menos interesantes que sus predecesoras.

Dicho de otro modo, La guerra del planeta de los simios es una película que, como su protagonista, desvela lados algo oscuros. Por un lado, la trama completa no solo lo narrado con anterioridad, sino que sienta las bases para comprender lo que el original de 1968 relataba, con humanos convertidos en bestias. Esto, unido al tratamiento del héroe y la incursión en el sentimiento de odio al que se entrega por completo y contra el que había luchado con anterioridad, convierten este relato en una reflexión sobre los valores que pueden llegar a regir una sociedad, y cómo una decisión individual puede poner en peligro la vida de todo un grupo. Una reflexión interesante que profundiza aún más si tenemos en cuenta que lo que hay enfrente, es decir, los humanos, es el enemigo real no solo de los simios, sino de su propio destino. Algo que remite, de nuevo, al clásico protagonizado por Charlton Heston (En la boca del miedo).

El problema de la historia, y no es algo que pueda achacarse a nadie en particular, es que es el ocaso de algo mucho más grande, y como tal se entrega casi por completo a un desarrollo lineal, con pocos giros argumentales de peso y una complejidad mucho menor que sus predecesoras. Atrás queda la lucha interna entre simios para centrarse por completo en la guerra entre especies. Si antes los enemigos parecían surgir de todas partes, ahora queda representado en un único rol al que da vida un notable Woody Harrelson (Wilson). Como digo, es consecuencia lógica del carácter de esta tercera parte, pero no deja de restar interés a una historia que podría haber dado mucho más de sí, y que decide centrarse casi en exclusiva en la venganza.

Eso por no hablar del final bíblico que se le da a esta historia y a su protagonista, algo que personalmente siempre creo que puede ser evitable, aunque para gustos los colores. Lo que queda patente con La guerra del planeta de los simios es que estamos ante uno de los fenómenos cinematográficos más completos de los últimos años. Que un personaje como César, creado enteramente por ordenador (algún día se reconocerá la labor de Andy Serkis como todo un referente en este campo), sea mucho más interesante, más profundo y más atractivo que los miles de roles que pasan por la pantalla a lo largo de los meses debería hacer reflexionar a directores y guionistas sobre lo que se está haciendo mal. Y aunque esta historia pueda parecer que no está al mismo nivel que las anteriores, estamos hablando de un film por encima de la media.

Nota: 7,5/10

‘El planeta de los simios’ y ‘Cars’ completan trilogía


Fin de semana de terceras partes. Y no necesariamente peores que sus predecesoras. Bueno, en realidad es algo más que un fin de semana en algunos casos, pues el principal título no llega este viernes, 14 de julio, sino que lo hizo algunos días antes. A diferencia de semanas anteriores, junto a los dos estrenos del título de este texto, pocas novedades más.

Por supuesto, el repaso comienza con La guerra del planeta de los simios, tercera y, a priori, última parte de la revisión de esta historia que llegó el pasado miércoles 12 y que promete, al menos, una intensidad dramática y una acción similares a las entregas anteriores. Matt Reeves vuelve a ponerse tras las cámaras, como ya hiciera con El amanecer del planeta de los simios (2014), para narrar la lucha entre los simios liderados por César y un ejército de humanos dirigidos por un despiadado Coronel. Lucha que termina con inimaginables bajas en el bando de los simios, lo que llevará a su líder a luchar contra su lado más oscuro para iniciar una venganza que determinará el futuro de ambas especies. Andy Serkis (Vengadores: La era de Ultrón) vuelve a dar vida al líder de los simios. En el reparto le acompañan Woody Harrelson (Triple 9), Steve Zahn (serie Mad dogs), Judy Greer (Ant-Man), Terry Notary (Kong: La isla calavera) y Gabriel Chavarría (Un vida mejor).

La otra tercera parte que llega esta semana es Cars 3, nueva aventura animada de Disney-Pixar sobre Rayo McQueen y sus amigos que supone el debut en la dirección de Brian Fee. La historia encuentra al coche de carreras protagonista en medio de un mundo que se ha actualizado, en el que los nuevos corredores cuentan con más y mejor tecnología que dejan al que fuera el más rápido del mundo lejos del deporte que tanto ama. Para recuperar su lugar deberá contar con la ayuda de una mecánica que tiene su propio plan para ganar. La cinta cuenta, en su versión original, con las voces de Owen Wilson (De-mentes criminales), Chris Cooper (Vivir de noche), Nathan Fillion (serie Castle), Armie Hammer (Mine) y Kerry Washington (serie Scandal) entre otros.

Estados Unidos también está presente, junto a Reino Unido y Serbia, en En la vía láctea, nuevo drama escrito, dirigido y protagonizado por Emir Kusturica (La vida es un milagro) cuyo argumento, ambientado en la Guerra de los Balcanes, se centra en un hombre que parece vivir ajeno al conflicto en un poblado serbio, con la única compañía de un halcón, un burro y varios excéntricos personajes. Su forma de protegerse de los proyectiles es un ponerse bajo un paraguas. Su vida da un giro cuando conoce a mujer que busca huir de un pasado y de un mundo que la obliga a casarse con un héroe local de la guerra. Monica Bellucci (Spectre), Predrag Manojlovic (Como estrellas fugaces), Bajram Severdzan (Gato negro, gato blanco) y Sloboda Micalovic (Ranjeni orao) completan el reparto principal.

En lo que a estrenos puramente europeos se refiere, destaca Su mejor historia, comedia dramática con toques románticos producida entre Reino Unido y Suecia basada en la novela de Lissa Evans y con la II Guerra Mundial como telón de fondo. En este contexto, un grupo de personas decide rodar una película en Londres para levantar la moral de la población. Pero lo que comienza como un proyecto de apoyo terminará convirtiéndose en una particular guerra de sexos entre los hombres y mujeres que integran este variopinto grupo. Lone Scherfig (An education) es la encargada de poner en imágenes esta historia protagonizada por Gemma Arterton (100 calles), Sam Claflin (Antes de ti), Jack Huston (Ben-Hur), Bill Nighy (El nuevo exótico Hotel Marigold), Jake Lacy (Carol), Jeremy Irons (El hombre que conocía el infinito), Richard E. Grant (Jackie) y Eddie Marsan (serie Ray Donovan).

La comedia dramática también es el género de Cita a ciegas con la vida, historia biográfica sobre un estudiante casi ciego cuyo sueños es trabajar en un hotel de lujo, por lo que luchará con toda la determinación de la que es capaz. Dirigida por Marc Rothemund (Sophie Scholl), la cinta está protagonizada por Kostja Ullmann (El hombre más buscado), Jacob Matschenz (Jack), Anna Maria Mühe (La condesa), Nilam Farooq (Stiller Frühling) y Ludger Pistor (La dama de oro).

También llega este fin de semana Un minuto de gloria, drama producido por Bulgaria y Grecia y dirigido a cuatro manos por Kristina Grozeva y Petar Valchanov (La lección), cuya trama arranca cuando un trabajador de la empresa nacional de ferrocarril, que lleva meses sin cobrar, se encuentra un millón de levs búlgaros. A pesar de su delicada situación financiera, decide entregarlos a la policía. A partir de este momento se inicia una espiral en la que un ministro de transportes salpicado por la corrupción pretende usarle para desviar la atención, y una directiva del Ministerio le quita su reloj para regalarle otro, lo que llevará la hombre a tratar de recuperar su vida por todos los medios. El reparto está encabezado por Stefan Denolyubov (Avariyno katzane), Margita Gosheva (Three days in Sarajevo), Milko Lazarov, Ana Bratoeva y Nadejda Bratoeva.

La producción nacional de ficción está representada por El debut, cinta que gira en torno a un grupo de actores que se reúnen en un taller de interpretación para abordar el proceso creativo y dramático para interpretar una película que guarda otro descubrimiento. Y es que el relato de la obra que interpretan se centra en un joven torero que entra al ruedo de la mano de un veterano, junto al que descubre su homosexualidad. Gabriel Olivares (Los nombres de Alicia) pone en imágenes esta trama protagonizada por Raúl Peña (Desechos), Jorge Monje (Al final del camino), Silvia de Pé (La noche del hermano), Cecilia Solaguren (serie Bandolera), Mar del Hoyo (La maniobra de Heimlich) y Eduard Alexandre.

En lo que a documental se refiere nos encontramos con Alumbrar: Las 1001 novias, comedia española escrita, dirigida y protagonizada por Fernando Merinero (Capturar: Las 1001 novias) que narra su viaje hacia el sur para dejar atrás los aires de Madrid. Sin tener nadie que quiera ir con él, finalmente se embarca en el viaje con una ex novia a la que consigue enredar. Una vez en Málaga se reencuentra con una antigua novia que ya tiene un hijo de un año, lo que despertará en este hombre de 50 los deseos de volver a ser padre, algo que intentará por todos los medios a su regreso a Madrid.

‘Star Wars: El despertar de la fuerza’: una segunda esperanza


Daisy Ridley y John Bodega toman el testigo en 'Star Wars: El despertar de la fuerza'.Si algo hay que reconocerle a J.J. Abrams (Super 8) es su facilidad y capacidad para crear puros entretenimientos sin una fisura en su desarrollo. Por eso su elección para la nueva entrega de la saga Star Wars era tan esperada, y por eso no ha defraudado. Más allá de que sea mejor o peor que los visto en los últimos años en el universo creado por George Lucas (THX 1138), lo más notable es que recupera el espíritu no solo de la saga original, sino de toda la primera trilogía.

El comienzo de esta tercera trilogía se revela, por tanto, como un entretenimiento con mayúsculas, como un ejercicio de fantasía en el que la acción y la historia se equilibran para crear un espectáculo que pocas veces puede verse en una gran pantalla. Star Wars: El despertar de la fuerza tiene todo lo que podría pedírsele a este tipo de films, incluyendo un nuevo robot tan entrañable como R2-D2. E incluyendo uno de esos spoilers que pueden generar un cierto impacto en los seguidores. Pero independientemente de todo eso, la trama se desarrolla por caminos conocidos para explorar un futuro plagado de posibilidades, que deja los suficientes interrogantes como para justificar dramáticamente una continuación.

Todo ello no quiere decir que la cinta sea perfecta, ni mucho menos. Precisamente ese espíritu de los primeros films es lo que también convierte a esta nueva entrega en un constante recuerdo, en una especie de homenaje modernizado de secuencias, de ideas y de personajes. En este sentido, la película se autolimita al no querer aventurarse fuera de los cánones establecidos, y utilizando para ello las herramientas que ya han funcionado y que están contrastadas. A esto se sumaría un villano sin la presencia de Darth Vader y algún que otro personaje sin la fuerza suficiente como para tirar de la historia en próximas películas.

Pero a pesar de todo, Star Wars: El despertar de la fuerza es una espléndida cinta de aventuras, fantasía y acción. Una película hecha por un fan para los fans, que recupera el tono perdido por la segunda trilogía y que combina nuevas generaciones con los personajes que han convertido a esta historia en lo que es hoy en día. Tiene debilidades, por supuesto, pero la sensación final que deja en el espectador es la de una cinta notable. Eso, y las ganas de que llegue la continuación que ofrezca algunas respuestas a los principales interrogantes.

Nota: 8/10

Tráiler de ‘Los Vengadores: La era de Ultrón’: más y más de todo


El tráiler de 'Los Vengadores: La era de Ultrón' ofrece la primera imagen del personaje.De una secuela se espera siempre más y mejor. Si es un drama o un thriller, más intensidad emocional. Y si es una cinta de acción… pues eso, más acción. Pero cuando se habla de la continuación de un evento como el que fue Los Vengadores hace ya dos años es difícil pensar en algo más grande que la destrucción final de Nueva York. Por eso el primer tráiler generaba tanta expectación, y a tenor de lo que puede verse en el avance que Marvel hizo público ayer los fans verán cumplidas sus expectativas, al menos en lo que a espectacularidad se refiere. Aunque como está ocurriendo en la llamada “segunda fase”, los elementos más dramáticos de este grupo de superhéroes también están presentes. La trama de Los Vengadores: La era de Ultrón sitúa a los héroes ante un reto aún mayor al de su primera aventura juntos, pues deberán hacer frente no solo a sus problemas para trabajar juntos, sino a un enemigo que nace cuando Tony Stark trata de relanzar un antiguo programa que salvaguardaría la paz mundial. Cuando Ultrón haga acto de presencia y revele sus verdaderos planes solo ellos serán capaces de detenerle, aunque para ello tengan que sacrificar su propia vida.

A tenor de lo que puede verse en este primer avance, que como es habitual encontraréis al final del texto, los componentes dramáticos tendrán un papel fundamental. Más allá de las rencillas que nutren la dinámica del grupo (y que según parece volverán a aparecer), lo relevante es el carácter algo derrotista del montaje y de los momentos elegidos para el tráiler, dejando en el aire la sensación de estar ante el final de algo y ante un nuevo comienzo. El escudo roto del Capitán América es la imagen más elocuente de todas, sugiriendo la posibilidad de su muerte o, al menos, de su derrota. Y no sería algo descabellado si tenemos en cuenta la tradición de muerte y resurrección que existe en los cómics.

En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que esta continuación dirigida de nuevo por Joss Whedon, creador de series como Buffy, cazavampiros, busca un tratamiento visual de la historia similar al de su predecesora, en el que los contrastes o los juegos de luces quedan relegados a un segundo plano. Esto, que funcionó bien en la primera parte debido, en buena medida, al tono aventurero de la misma, genera un pequeño contraste con el tono de la trama, aunque por otro lado saca mucho partido a las secuencias de acción, sobre todo a la que protagonizan Hulk y el Hulkbuster. Lo que parece claro es que la película será más grande en todos los sentidos.

Habrá que esperar hasta mayo del 2015 para poder disfrutar de Los Vengadores: La era de Ultrón, que cuenta en su reparto con los actores que vienen dando vida a los superhéroes en las últimas películas, es decir, Chris Evans (Rompenieves) como Capitán América; Robert Downey Jr. (#Chef) como Iron Man; Chris Hemsworth (La cabaña en el bosque) como Thor; Scarlett Johansson (Lucy) como Viuda Negra; Jeremy Renner (El sueño de Ellis) como Ojo de Halcón; Mark Ruffalo (Begin Again) como Hulk; Samuel L. Jackson (RoboCop) como Nick Furia; Paul Bettany (Transcendence) como la voz de Jarvis; y Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre) como Maria Hill. Además, y como se puede ver en el tráiler, se incorporan Andy Serkis (King Kong), Aaron Taylor-Johnson (Godzilla) como Quicksilver; y Elizabeth Olsen (Luces rojas) como Bruja Escarlata. Sin más dilación, el primer avance.

‘El amanecer del Planeta de los Simios’: el peligro de volverse humano


César deberá hacer frente a la rebelión en 'El amanecer del Planeta de los Simios'.Son contadas las ocasiones en las que una secuela supera a su predecesora, pero cuando eso ocurre uno tiene la sensación de estar ante algo diferente y único. Sobre todo si la primera entrega ya es de por sí notable. Le ocurrió, por ejemplo, a la trilogía de Batman realizada por Christopher Nolan (Origen), y le ocurre a este reinicio de uno de los mayores clásicos del género. El origen del planeta de los simios (2011) fue una de esas películas que han ganado presencia con los años, dejando un mejor sabor de boca cada vez que se revisa. Su continuación, en la que solo perduran los simios, confirma que estamos ante, al menos, una notable revisión de la historia. Y recalco “al menos” porque solo el tiempo dirá si en realidad estamos ante un clásico moderno.

Como digo, El amanecer del Planeta de los Simios supera a su predecesora en todo. Es, en resumen, todo lo que se espera de una secuela. Más acción, más épica y un guión más complejo que ahonda en los matices de los personajes y en su evolución dramática, dando protagonismo a las criaturas animadas digitalmente y dejando a los actores de carne y hueso como meras comparsas, casi espectadores en primera fila de la revolución y previsible guerra que determinará el futuro de la Humanidad. Y es esto lo más atractivo del film. La capacidad de director y guionistas para adentrarse en la estructura social simiesca es fascinante desde el primer minuto, con esa primera secuencia de la cacería que, en pocas palabras, deja sin aliento. El desarrollo posterior de la historia no hace sino confirmar una idea que ya se planteó en la primera película y que ahora alcanza su máxima expresión: la inteligencia es la mayor arma que existe. Es por ella que los simios dejan de ser animales para convertirse en humanos, y es por ella que se inicia una guerra que nadie quiere, pero que resulta inevitable.

La lectura que realiza Matt Reeves (Déjame entrar), quien por cierto sabe cuando aportar su estilo narrativo, acerca del conflicto que crece dentro de la familia de los simios es brillante. La familiaridad con la que lo aborda, asemejando a los animales con los humanos (o viceversa, según se mire), resulta tan inquietante como esclarecedora en relación con las motivaciones humanas, el odio, la violencia de la intolerancia y el miedo a lo desconocido. Es cierto que los humanos se antojan secundarios en la trama, pero la idea conceptual de que son ellos los que provocan la epidemia, y por extensión su propia aniquilación, planea sobre las algo más de dos horas de metraje que, a diferencia de otras historias, pueden resultar incluso cortas. Ver a los simios cometer los mismos errores que los humanos por los mismos motivos debería hacer reflexionar al espectador sobre lo que se ve en pantalla.

Todo esto no sería posible, claro está, sin un trabajo de efectos y diseño gráfico simplemente perfecto. Los detalles de los simios alcanzan un grado tal que en ningún momento se llega a dudar de las emociones, pensamientos e intenciones que rondan la mente de todos y cada uno de los animales. Y de esto tienen buena parte de culpa los actores, comenzando por Andy Serkis (King Kong), a quien se debería empezar a reconocer su labor como intérprete, mucho más compleja y completa bajo un traje lleno de sensores que la que consiguen muchos de los actores actuales. Algunos de los momentos, como las conversaciones entre César y su hijo, son estremecedoras. Esto permite, al mismo tiempo, que la interacción entre humanos y criaturas digitales sea mucho más coherente y creíble, permitiendo el flujo emocional que conforma la relación principal entre los humanos protagonistas y el verdadero corazón de la producción: César. El hecho de que la historia comience y acabe con un plano detalle de sus ojos es la mejor prueba de que esta trama no versa sobre la lucha entre hombres y simios, sino que narra la vida de un único individuo.

La conclusión más evidente es que El amanecer del Planeta de los Simios es una buena película. Una muy buena película, más bien. Su facilidad para aunar espectáculo (el ataque a San Francisco es de lo mejor del film) y contenido emocional demuestra que las grandes producciones pueden ser grandes películas si se hacen con coherencia y con un cierto sentido dramático. Pero más allá de todo esto, la película confirma que estamos ante un nuevo fenómeno cinematográfico de la ciencia ficción que no se limita a continuar con lo narrado en el anterior film, sino que gracias a su independencia de aquel es capaz de complementarlo para narrar una historia más grande que ambas películas. El hecho de que esta nueva aportación a la saga posea un ritmo imparable que obliga a mantener la vista fija en el devenir de los personajes no hace sino confirmar la sensación de que estamos ante algo diferente, algo nuevo. Ante el amanecer de un nuevo Planeta de los Simios.

Nota: 8,5/10

La guerra por el planeta entre simios y humanos llega a la cartelera


Estrenos 18julio2014Han pasado varias semanas desde el último gran estreno en la cartelera española, y la consecuencia más directa de eso ha sido el irregular comportamiento de la taquilla, cuyo último capítulo ha sido el más dramático de todos. Hoy, 18 de julio, los cines de España reciben a uno de los títulos más esperados del verano, tanto por la expectación generada por los tráilers y las primeras impresiones como por el buen sabor de boca que dejó la anterior entrega de la saga. Y en cierto modo, llega casi en solitario, pues aunque son varios los títulos que aterrizan hoy viernes en la cartelera, todos ellos se distancian tanto del gran estreno que, en líneas generales, compiten en otras categorías, tanto económicas como de espectadores. Eso sí, la variedad de géneros que caracterizó las últimas semanas queda aquí reducida a la mínima expresión. Pero comencemos por el blockbuster de la semana.

Este no es otro que El amanecer del Planeta de los Simios, continuación de la película de 2011 El origen del planeta de los simios que, a su vez, era una precuela y reinicio de una de las sagas más famosas de la ciencia ficción. La trama se desarrolla unos años después de lo acontecido en el anterior film, y sitúa a simios y humanos conviviendo en un frágil equilibrio producido por el virus lanzado para eliminar a los simios genéticamente evolucionados. Un virus que no solo acaba con los animales, sino que también tiene efectos devastadores en la raza humana. A pesar de los intentos por ambas partes, el conflicto por determinar qué especie será la que gobierne el mundo parece inevitable. Las primeras impresiones apuntan a un tratamiento muy similar al de su predecesora, combinando acción con un buen tratamiento. Eso sí, todo bajo un prisma diferente, pues en esta ocasión es Matt Reeves (Monstruoso) el que se pone tras las cámaras. Andy Serkis, actor encargado de dar vida a Gollum en la saga de El Señor de los Anillos, repite como César, el simio que lidera a su pueblo. El resto del reparto se completa con Jason Clarke (Asalto al poder), Kodi Smit-McPhee (Déjame entrar), Gary Oldman (RoboCop), Keri Russell (serie The americans), Toby Kebbell (El consejero), Kirk Acevedo (serie Fringe) y Judy Greer (Carrie).

Para los más pequeños aterriza otra secuela. Aviones: Equipo de rescate supone el regreso de la compañía Disney al mundo de Cars (2006). Ambientada algún tiempo después de lo ocurrido en la primera entrega de 2013, la historia sigue al avión más rápido del aire en su inevitable retiro de la competición después de que su motor falle. Necesitado de ayuda, se une a un equipo encargado de luchar contra el fuego, enemigo al que deberán enfrentarse cuando un Parque Nacional se vea amenazado por un gran incendio. Roberts Gannaway aprovecha su experiencia en animación para debutar con este film en el largometraje, contando para ello con las voces en la versión original de Dane Cook (Como la vida misma), Ed Harris (Snowpiercer), Julie Bowen (serie Modern family), Hal Holbrook (Lincoln), Curtis Armstrong (Atraco por duplicado) y John Michael Higgins (Dando la nota).

La producción nacional queda representada este fin de semana por Marsella, un drama con algunos toques de comedia que dirige Belén Macías (El patio de mi cárcel) y que narra el viaje que realizan la madre biológica y la madre junto a la hija de ambas. Un viaje propiciado por la sentencia de un juez que devuelve la custodia a la primera después de que la perdiera cinco años atrás por un problema de alcoholismo. Durante el trayecto ambas mujeres iniciarán una emotiva lucha para conquistar el corazón de la pequeña. María León (La voz dormida) y Goya Toledo (Las 13 rosas) son las actrices principales, a las que acompañan Eduard Fernández (Miel de naranjas), Àlex Monner ([REC]3: Génesis), la debutante Noa Fontanals y Juan Blanco (Al final todos mueren).

En lo referente a las novedades que llegan desde Europa hay que decir que todas ellas proceden de Francia, son comedias y fueron estrenadas en el país vecino durante el 2013. Una de ellas es Eyjafjallajökull (o simplemente ‘El volcán’), película de título imposible que dirige Alexandre Coffre (Une puré affaire) cuya trama se centra en el viaje que deben dos divorciados cuyo odio mutuo está por encima de todo menos de su hija, a cuya boda intentan llegar. Y aunque en un principio ambos van en avión, la erupción del volcán que da nombre al film les obliga a compartir coche, generando un sinfín de situaciones que puede acercarles o separarles aún más. Dany Boon (Llévame a la Luna) y Valérie Bonneton (Pequeñas mentiras sin importancia) conforman la pareja protagonista de un reparto que se completa con Denis Ménochet (Malditos bastardos), Albert Delpy (Dos días en Nueva York), Bérangère McNeese (La oportunidad de mi vida) y Malik Bentalha (Mi tierra).

La chica del 14 de julio es el título de la ópera prima de Antonin Peretjatko, una historia centrada en cuatro amigos que se ven abocados a una situación cuanto menos insólita. El gobierno francés, en un intento por paliar los efectos de la crisis, decide acortar el verano. Los cuatro protagonistas, de vacaciones, deben volver a su ciudad, pero para ello tendrán que sortear toda clase de peligros provocados por tan extraña medida. Robos, asaltos, conflictos entre los veraneantes de julio y los de agosto, y unas retenciones de más de 400 kilómetros. Pero en medio del caos el objetivo de los amigos sigue siendo encontrar a una joven que conocieron el 14 de julio. Los encargados de dar vida a estos personajes son Vimala Pons (El último verano), Vincent Macaigne (La bataille de Solférino), Marie-Lorna Vaconsin (La fête des voisins), Grégoire Tachnakian (Les acteurs anonymes), Thomas Schmitt y Philippe Gouin.

La última de las comedias francesas lleva por título Voy a ser mamá, obra escrita, dirigida e interpretada por Valérie Lemercier (Le derrière) cuya historia comienza cuando una pareja francesa acomodada y con una vida envidiable decide adoptar a un niño ruso para convertir su casa en el hogar perfecto. Sin embargo, el pequeño que adoptan es un rebelde en potencia, un tirano que hará peligrar su relación y sus respectivos trabajos. El reparto se completa con Gilles Lellouche (Los infieles), el pequeño Samatin Pendev, Marina Foïs (Polisse), Nanou Garcia (Zouzou) y Brigitte Roüan (La oportunidad de mi vida).

Dejamos Europa para trasladarnos hasta Sudamérica, desde donde proceden los dos últimos estrenos de la semana. El primero lleva por título Corazón de león, comedia producida entre Argentina y Brasil en 2013 escrita y dirigida por Marcos Carnevale (Anita). Su trama gira en torno a la relación que se establece entre una exitosa abogada divorciada recientemente y un arquitecto de renombre igualmente divorciado. Ambos se conocen cuando la mujer pierde el teléfono y él lo encuentra con la intención de devolvérselo. La química que surge entre ellos les lleva a querer conocerse, pero el encuentro desvela que el hombre menos de un metro y medio. La pareja se verá obligada a superar los prejuicios sociales si realmente quieren ser felices. Guillermo Francella (El secreto de sus ojos), Julieta Díaz (Dos más dos), Jorgelina Aruzzi (serie Son amores), Nora Cárpena (Un italiano en la Argentina) y Mauricio Dayub (La segunda muerte) son sus principales protagonistas.

El segundo, un thriller dramático producido en Brasil, es la ópera prima escrita y dirigida por Fernando Coimbra. El lobo detrás de la puerta comienza cuando una niña es secuestrada y en la comisaría se dan cita los padres de la pequeña y la amante del hombre, principal sospechosa del delito. Los testimonios contradictorios de los tres personajes desvelarán un pasado de secretos que será la clave para desvelar el paradero de la desaparecida. En el reparto encontramos nombres como los de Thalita Carauta (A Mulher Invisível), Juliano Cazarré (360 – Juego de destinos), Milhem Cortaz (Tropa de élite), Leandra Leal (Estamos juntos), Fabiula Nascimento (Amor?) e Isabelle Ribas, entre otros.

‘El origen del planeta de los simios’, distanciarse del original para mantener la esencia


César dirige la revolución de los monos en 'El origen del Planeta de los Simios', dirigida por Rupert Wyatt.Uno de los pilares fundamentales de la ciencia ficción cinematográfica está representado por la saga ‘El planeta de los simios’, fundamentalmente gracias al original de 1968 protagonizado por Charlton Heston (El último hombre…vivo) que adaptaba la novela de Pierre Boulle. El amplio número de referencias culturales que aquel film aportó a la sociedad, así como el complejo y elaborado mensaje que transmitía, lo convierten en un clásico imprescindible y en objeto de numerosas secuelas y remakes que no siempre han tenido la calidad esperada. El inminente estreno de El amanecer del planeta de los simios devuelve a la actualidad no solo al film original, sino también a la película que se atrevió a contar los inicios de la dominación de los monos sobre los humanos: El origen del planeta de los simios (2011).

Dirigida por Rupert Wyatt (The escapist), la trama desarrolla la relación de un científico que busca una cura para el alzheimer con un simio al que adopta y que, por una serie de experimentos, ha adquirido un coeficiente intelectual similar al de un humano. Una relación que termina derivando en una revolución de un amplio grupo de simios cuyo único propósito es buscar la libertad de la que los humanos les privan al encerrarlos en zoos y laboratorios. A grandes rasgos esta podría ser la sinopsis, pero incluso en esta breve reseña puede encontrarse ya una de las características más importantes del film: su independencia. No la de los simios, que también, sino la de la propia historia respecto al original y al resto de versiones y secuelas que se han realizado. Tal vez sea porque no necesita tener demasiado en cuenta lo narrado en otros films, pero lo cierto es que dicha libertad permite a la película de Wyatt desarrollarse de forma autónoma, encontrando su propia historia y sus propios recursos narrativos.

Y es que a diferencia de la saga, en la que la lucha entre hombres y simios por la supervivencia es más patente, El origen del planeta de los simios se antoja más como un estudio acerca de la violenta condición humana, de la ausencia total de compasión de una sociedad alentada por los resultados y por su mal entendida superioridad intelectual. La forma en que la trama desarrolla el arco dramático del simio protagonista, que vuelve a contar con la magistral interpretación de Andy Serkis, quien ya estaba familiarizado con los monos gracias a King Kong (2005), hace hincapié en todo momento en la indefensión de una criatura que no encuentra su sitio ni entre los humanos ni entre sus semejantes. Esta evolución deja algunos de los mejores momentos del film, como es ese primer momento en que César, nombre clave en la historia original, descubre que puede utilizar su intelecto para derrotar a gorilas mucho más grandes y fuertes que él. En cierto modo, y salvando las distancias, es un homenaje a ese primer fragmento de 2001: Una odisea en el espacio (1968).

La película no es, por tanto, un producto más que trate de exprimir el poco jugo que le queda a la historia original, sino que parte de lo ya conocido para preguntarse qué ocurrió para que se llegara a dicha situación. En este sentido, además, no se deja llevar por la acción desmedida o por la relativamente sencilla idea de que los monos conquistan el mundo. La complejidad que adquieren los simios les convierte en personajes incluso más interesantes que algunos de los roles humanos, pues les dota de unos objetivos mucho más elaborados. No tratan de vengarse o de responder con violencia lo que a todas luces es una tortura, sino que buscan un lugar al que llamar hogar. Esa inteligencia al servicio de una naturaleza tan “inocente” como la animal es otro de los aspectos a destacar del film, que por cierto contiene algunas secuencias de acción espléndidamente realizadas.

Dueños de nuestro destino

Narrativamente hablando, El origen del planeta de los simios comparte con sus predecesoras algunos aspectos que la vinculan de forma ineludible con la historia que todo el mundo conoce. El primero y más relevante es la idea de que el ser humano se convierte en su propio verdugo. Aunque es cierto que se aleja notablemente de ese giro dramático del film original que deja atónito a todo aquel que se acerca sin saber nada de la historia, la película mantiene el mismo espíritu. En esta ocasión, a través de la relación que el simio establece con el personaje de James Franco (Juerga hasta el fin), prácticamente el único que comprende los riesgos a futuro que conlleva tratar a los animales de esa forma. Las interacciones entre ambos personajes, simio y humano, crean un núcleo dramático y emotivo que impulsa en muchos momentos la trama, sobre todo cuando esta tiende a estancarse. Una relación, por cierto, que adquiere su máxima expresión cuando César logra articular una palabra. Un momento tan sencillo como como cargado de significado.

No por casualidad, esa idea de que el ser humano es dueño de su fatídico destino, presa a su vez de sus ansias de conocimiento y de su desprecio por los animales, se desarrolla de forma casi paralela al hecho de que los simios adquieren conciencia de su propia naturaleza, y por lo tanto también toman las riendas de su futuro. Ambos procesos, representados en cierto modo por los roles de Franco y Serkis, se convierten en las dos caras de una misma moneda. El ascenso del planeta de los simios supone la caída del planeta de los humanos. La genialidad del film, o al menos lo más loable, es que logra dejar patente dicha dualidad sin mostrar enfrentamientos directos entre ambas razas, centrándose en el trasfondo emocional de los personajes y en la evolución de los animales. El hecho de dotar al simio César de una personalidad con la que cualquier individuo puede identificarse no hace sino acrecentar la sensación de abuso y maltrato, encontrando en ello una justificación más que razonable a sus ansias de libertad.

En definitva, y esto es algo que también mantiene con el original, la película aborda a los primates como si de seres humanos se tratara. No busca simplemente mostrarlos como animales que inician una guerra ante unas criaturas de similar intelecto pero mucha menos fuerza física, sino como criaturas cuya naturaleza siempre les guía a vivir en libertad y en paz. Y esta idea, si bien es cierto que acerca a esta precuela al resto de films, también la distancia notablemente de todas. Mientras que en el original (y en el resto) los simios son mostrados como una sociedad que, en líneas generales, se comporta como la humana, aquí no adquieren todavía ese grado de organización, permitiendo al director abordar muchos más matices en todos los ámbitos, desde la ya mencionada moralidad humana hasta las motivaciones de César y del resto de simios.

El origen del planeta de los simios, por tanto, se puede entender como una historia notable en la que todos los elementos, desde los efectos hasta la acción, están al servicio de una trama sólida que sabe encontrar su equilibrio entre el homenaje al original (al fin y al cabo, se nutre de ella) y la personalidad propia, creando un híbrido que, al igual que el simio protagonista, posee lo mejor de los dos mundos. La ausencia de miedo en Rupert Wyatt y el resto de responsables a la hora de afrontar el reto de enfrentarse a la sombra de un gran clásico como el film de 1968 es lo mejor que le podría ocurrir a una trama que no tiene reparos en huir de concesiones para revelarse como una reflexión sobre las relaciones, sobre la naturaleza humana y sobre el futuro de la sociedad.

‘El señor de los anillos: El retorno del rey’, el destino como arma


Viggo Mortensen dirige su ejército en 'El señor de los anillos: El retorno del rey'.Hay muy pocas películas que hayan logrado 11 Oscar. De hecho, hasta hace no mucho solo había dos títulos que ostentaban este honor. En 2003, fecha del estreno de El señor de los anillos: El retorno del rey, la Academia premió no solo el trabajo visto en esta última entrega, sino el realizado en las tres partes (al menos, en muchas de sus categorías). Unos premios que reflejan el reto artístico y técnico que supuso el rodaje de tres películas al mismo tiempo pero que, por otro lado, supone la confirmación de que la última película es, por encima de todo, un film diferente, capaz de superar los límites del cine fantástico (por regla general, vetado en la mayoría de certámenes) para erigirse como una historia de superación y de aceptación del papel que el destino tiene reservado para cada uno de nosotros.

Tal vez lo mejor de esta conclusión de la épica historia escrita por J. R. R. Tolkien sea, precisamente, ese carácter finalizador. La propia novela ya lo contiene y, al haber sido pensada, rodada y planificada como una parte de un todo, la película explota esta virtud al máximo. Es, por así decirlo, el tercer acto de una obra, si bien es cierto que es un tercer acto de similar longitud a sus predecesores. Pero el contenido dramático es mucho más veloz, dinámico y resolutivo, lo que no solo elimina algunas explicaciones innecesarias o redundantes, sino que le permite recrearse más, mucho más, en los combates y, sobre todo, en la resolución de la historia del anillo.

En cierto modo, tanto el desarrollo de la destrucción del anillo como el de la búsqueda de un rey que unifique a reinos y razas tienen, en esta ocasión, un tratamiento más equitativo. No nos engañemos, el principal interés sigue recayendo en las peripecias de Aragorn (Viggo Mortensen), Gandalf (Ian McKellen), Legolas (Orlando Bloom), Gimli (John Rhys-Davies) y el resto de personajes secundarios que adquieren protagonismo en esta última parte, incluyendo a los dos hobbits que se reencuentran con ellos. Sin embargo, y gracias a la fuerza que adquieren los conflictos internos y externos del hobbit protagonista, Frodo Bolsón (Elijah Wood), el desenlace de su viaje se antoja anhelante, aunque acaba siendo un poco largo, en un intento por parte del director de recrearse en el dramatismo y la tragedia del clímax final.

Sin embargo, y como mencionábamos al inicio, la película es mucho más que batallas, búsquedas y viajes. Es un relato en toda regla sobre el destino y cómo este puede ser manejado o aceptado. Es un relato sobre la aceptación de las responsabilidades personales, sobre la toma de decisiones que ello implica. Todos los personajes, en mayor o menor medida, sean de la índole que sean, se enfrentan a un acontecimiento que modificará sus vidas irremediablemente. Es la épica de este momento, anunciado poco a poco a lo largo de las tres películas (lo que convierte a las dos primeras partes en indispensables para entender esta última), la que realmente la convierte en un relato único, ajeno a su contexto pero que bebe de él para enriquecer su desarrollo.

Imprescindible presentación de los antecedentes

En cine existe la máxima de que la narración a viva voz de los hechos que se ven en pantalla o de aquellos que permiten hilar una secuencia con otra es un recurso peligroso que debe usarse con cuidado. Su abuso tiende, en general, a aburrir y saturar de información al espectador, que termina por perder el hilo de la historia. Sea por esto o no, la elección de Peter Jackson (Mal gusto) de utilizarla solo en momentos muy puntuales deja paso a las imágenes para contar algo tan relevante como los orígenes de las situaciones o de los personajes, así como el epílogo sobre el futuro de todos los protagonistas.

Ya se hizo en El señor de los anillos: La comunidad del anillo con la batalla que da lugar a la pérdida del anillo. En esta ocasión, y con motivo de ese personaje tan fascinante como desagradable llamado Gollum (de nuevo con los movimientos de Andy Serkis), Jackson se permite el lujo de utilizar unos cuantos minutos para explicar quién es esa criatura. Para aquellos que no hayan leído el libro y no hayan visto la película, simplemente decir que es, cuanto menos, curioso, aunque tal vez lo más acertado sea calificarlo de trágico y triste. Así, si ya en El señor de los anillos: Las dos torres Gollum mostraba notables signos de violencia alternados con el patetismo de estar totalmente controlado por el anillo, en esta tercera entrega cobra más fuerza el aspecto compasivo, aunque muy empañado por el carácter sibilino que esconde su doble personalidad. Del mismo modo, y manteniéndose fiel a la conclusión del texto original, opta por contar en imágenes el desarrollo de la vida de los principales personajes de la historia, un recurso que, esta vez sí, alarga en exceso el metraje convirtiendo en un poco tedioso la resolución de la trilogía.

Con todo, esas irregularidades en el ritmo narrativo de Jackson son comprensibles en un relato de unas 3 horas y 20 minutos, e incluso pueden llegar a pasar desapercibidas en un contexto caracterizado por la fuerza de su planteamiento y de su desarrollo, tanto dramático como visual. Si las secuencias de acción son sencillamente espectaculares y apabullantes, sus momentos más complejos emocionalmente hablando reflejan un equilibrio perfecto entre las dos vertientes del film. Es por eso que El señor de los anillos: El retorno del rey adquiere la categoría de clásico moderno. Algo que, por otro lado, no podría haber conseguido sin las dos primeras partes.

‘El señor de los anillos: Las dos torres’, la división hace la fuerza


Elfos, enanos, humanos y magos, principales protagonistas de 'El señor de los anillos: Las dos torres'.Una de las consecuencias que provocó el final de El señor de los anillos: La comunidad del anillo fue la división en dos de una historia que se antojaba como única. La separación de los miembros originales del grupo que debía destruir el anillo ofreció en aquella conclusión cinematográfica todo un nuevo mundo de oportunidades narrativas, así como de las consecuentes complejidades. Porque si algo tiene la obra de J. R. R. Tolkien es complejidad, principalmente provocada por la multitud de personajes, escenarios y acontecimientos que se suceden casi de forma paralela. Tal vez sea esto el principal acierto del director Peter Jackson, autor de la trilogía, a la hora de afrontar la narración audiovisual de El señor de los anillos: Las dos torres (2002). Eso, y una mano única para la espectacularidad bélica y la épica dramática, que alcanzan aquí un nuevo escalón de un camino que culmina soberbiamente con su tercera entrega.

Ya mencionamos que la factura técnica de la primera parte, y en general de la trilogía al estar rodada como un único proyecto, es impecable. La iluminación, capaz de separar territorios dominados por razas diferentes, los espectaculares planos generales de situación o la maravillosa y evocadora banda sonora puede que sean los aspectos más reseñables (amén de un diseño de decorados y de producción tan mastodóntico como embelesador). Sin embargo, esta segunda entrega camina un poco más hacia adelante en todos aquellos elementos que perjudicaban a su predecesora, y añade nuevos recursos que aportan una grandiosidad épica a su historia.

Tal vez lo más relevante sea centrar la atención en la segunda historia que surge de la división de esa ‘Comunidad del anillo’. Nos referimos a ese proceso de transformación de un personaje, el Aragorn de Viggo Mortensen (Una historia de violencia), que debe convertirse en líder de las diferentes razas de la Tierra Media muy a su pesar. Las dudas personales, la desconfianza de reyes y líderes, y los combates a los que debe hacer frente conforman todo un entorno opositor tan clásico como efectivo, capaz de interesar mucho más que la transformación (a priori más interesante por ser el centro de toda la historia) negativa que sufre Frodo Bolsón, de nuevo con los rasgos algo pétreos de Elijah Wood (Deep Impact).

En este sentido, y como destacamos más arriba, la labor de Jackson es fundamental. Más allá de su visión narrativa destaca la facilidad con la que desvía poco a poco el foco de la trama hacia todos los personajes ajenos al viaje de los hobbits, destacando por encima de todo las secuencias más épicas y violentas del conjunto. En efecto, y aunque existen momentos de gran intensidad dramática a lo largo de sus tres horas de metraje (como la solución al problema de un reino o la relación entre el protagonista humano y una elfa), lo más memorable de esta segunda parte son los momentos de combate entre los dos principales ejércitos en torno a una fortaleza casi inexpugnable. El dramatismo bajo la lluvia y la grandiosidad que aportan los movimientos de masas (muchos digitales, eso sí) en planos amplios y muy abiertos difícilmente se ha conseguido en otros momentos del cine comercial.

Gollum, el gran triunfador

Pero con todo, lo más llamativo y esperado se halla en un personaje más o menos secundario pero de imprescindible influencia en el desarrollo de la trama, tanto en su versión original en papel como en la adaptación audiovisual. Claro está, nos referimos a Gollum, criatura generada íntegramente por ordenador a partir de los movimientos y gestos de un actor que, para su suerte o su desgracia, se ha especializado en este tipo de roles: Andy Serkis, el King Kong de Peter Jackson. La perfección que alcanza la interacción con los actores, la iluminación en su piel y, por encima de todo, la expresividad de su rostro, alzaron a Weta, compañía encargada de su diseño y desarrollo, al nivel de ILM en el campo de efectos digitales. Hay que aclarar aquí que el proceso de animación en este tipo de técnicas había sido, hasta entonces, algo infructuoso. Sí, los personajes adquirían una naturalidad y un realismo inusitados hasta entonces, pero siempre faltaba algo, y era la transmisión de sus emociones. Es aquí donde Gollum se eleva hasta convertirse casi en un personaje real (muchas veces más expresivo que algunos actores, la verdad).

Hay que reconocer que la presencia de este personaje es uno de los reclamos de esta primera continuación. La importancia de su intervención en la historia obligaban a convertirlo en un elemento diferenciador en el desarrollo dramático, una especie de punto de giro en sí mismo que desvía el destino de los dos hobbits que le acompañan, y a los que guía por caminos repleto de trampas y peligros. Si a esto sumamos la doble personalidad que lucha constantemente en su interior, la criatura se convierte en todo un reto visual, interpretativo y narrativo. Y en todos los aspectos, en algunos más que en otros, sale más que airoso.

Es por todo ello que Gollum se convierte en uno de los referentes de este El señor de los anillos: Las dos torres. Su presencia otorga algo de vida e interés a un viaje que, por otro lado, se desarrolla sin grandes sobresaltos ni intrigas inesperadas. En cierto modo, el director juega con el espectador como los miembros de aquella ‘Comunidad del anillo’ juegan con los aliados del villano común a todos ellos. La división del grupo supone una distracción a los ejércitos que persiguen al portador del anillo en la misma línea en que sus luchas e intentos por ganar tiempo distraen a la platea del viaje principal de esta trilogía. Que nadie lo interprete como un engaño. Si no fuera así, posiblemente esta segunda parte sería menos tolerable que su predecesora.

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