‘Person of interest’, final lógico y a la altura para una gran serie


La quinta temporada de 'Person of interest' presenta la lucha definitiva entre inteligencias artificiales.La profusión de series y el nuevo fenómeno que han generado han puesto de manifiesto algo que muchas veces puede pasar desapercibido: es muy difícil lograr que una producción aguante en un mismo nivel dramático, artístico y narrativo durante toda su existencia. Muchas veces es culpa de los productores, que quieren alargar más de lo debido una historia; otras veces es simplemente que la idea, aunque sea buena, tiene difícil recorrido. Por eso ficciones como Person of interest deberían ser analizadas y apreciadas como algo no solo fresco y diferente en un mundo televisivo dominado por policías, médicos y abogados, sino como algo diferente por la coherencia y la capacidad de evolución que tienen. Su quinta y última temporada es testimonio de ello.

Los últimos 13 episodios de la serie, con una temporada notablemente más corta que las anteriores, tienen el inconfundible sello de Jonathan Nolan (Memento), y quienes sigan la filmografía de su hermano Christopher (Interstellar) saben a qué me refiero. A pesar de la evidente sensación de final de ciclo que tienen estos capítulos, el desarrollo dramático de la historia sigue siendo la prioridad, tal vez más acelerado de lo debido pero en cualquier caso contundente y descarnado, presentando ante el espectador una guerra entre el bien y el mal en un sentido casi literal. Y como en toda guerra, hay víctimas. Quizá sea esto lo más destacable de esta última etapa, pues la serie no permite sentimentalismos de ningún tipo, haciendo honor a lo acontecido en temporadas anteriores.

No solo eso. La quinta temporada de Person of interest es todo un ejemplo de cómo debe finalizarse una trama, o mejor dicho de cómo hay que afrontar dicho final. Los guionistas, y en general los autores de cualquier historia, tienden a modificar el curso natural de los acontecimientos para evitar que sus personajes, a los que inevitablemente se coge cariño, afronten grandes e insalvables males. De ahí que la estructura de conflictos crecientes hasta llegar al clímax siempre termine con el héroe victorioso. Sin embargo, Nolan opta aquí por una estrategia diferente, o al menos por una resolución diferente. En efecto, estos últimos capítulos posiblemente sean los más angustiosos de toda la serie, situando a los protagonistas en una espiral de violencia incontrolada en la que siempre están un paso por detrás.

Sin embargo, el final no es feliz, o al menos no todo lo que cabría esperar. No hay lugar para heroicidades sin consecuencias, por lo que el tratamiento apenas deja espacio para la reflexión o para los buenos sentimientos. Tal vez este sea el motivo por el que el personaje interpretado por Jim Caviezel (Plan de escape) da un giro más que notable en su personalidad en esta etapa, algo que no queda del todo explicado y que chirría un poco en algunos momentos. Pero volviendo al tratamiento narrativo, la conclusión de la serie es todo lo que un tercer acto debería ser. Una vez explicada la historia y con un desarrollo previo consolidado, solo queda la resolución, y esta no puede por menos que ser tan espectacular como descarnada.

Una serie para el recuerdo

Los héroes afrontan su último desafío en la quinta temporada de 'Person of interest'.Y vaya si lo es. Si bien es cierto que algunos de los mejores episodios de Person of interest pertenecen a la tercera temporada, esta última etapa deja en el recuerdo algunos de los momentos más importantes de la ficción. Me refiero, por ejemplo, al protagonizado casi en exclusiva por el rol de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza), viviendo un bucle infinito que recuerda poderosamente a otras historias contadas por Nolan. Y por supuesto el final, capaz de aunar en pocos segundos sensaciones tan dispares como angustia, tristeza, orgullo o satisfacción. A riesgo de repetirme, eso solo es posible gracias al desarrollo de todas las temporadas y a una conclusión que, aunque esperada y lógica, es fiel a lo que el espectador ha visto a lo largo de estos 103 episodios.

Precisamente el desarrollo de la serie es lo que más se recuerda durante los episodios y momentos finales de esta quinta etapa. Atrás quedan las sensaciones de estar ante un producto tópico y típico que dejaron los primeros compases de la serie. Sus dubitativos comienzos con una estructura repetitiva y algo similar a otros productos de corte policíaco terminaron convirtiéndose en pasos firmes por una senda más compleja y complicada pero indudablemente más interesante. De los números que emitía la máquina (y que de hecho se han mantenido durante toda la serie como un referente), con poca o ninguna relación entre ellos, se ha pasado a situar la acción en auténticos arcos argumentales en los que la idea inicial se integra en guerras de bandas, policías corruptos y, finalmente, una lucha entre inteligencias artificiales.

El final de la serie, además, contempla una interesante y hasta ahora inexplorada idea que, dada la conclusión de la secuencia con la que se cierra esta magnífica producción, podría llevarse a cabo, aunque habría que ver si con la misma eficacia que hasta ahora. En efecto, limitar el dominio de una máquina al acotado mundo de la ciudad de Nueva York ha permitido a la ficción no desviarse de su objetivo final, pero es evidente que resulta poco creíble en una trama de estas características. De ahí que, aunque sea de forma testimonial, se haya planteado la posibilidad de historias paralelas en otras ciudades. Si a esto sumamos que el testigo es recogido por uno de los protagonistas, el futuro de posibilidades es tan grande que solo la inteligencia artificial protagonista sería capaz de contemplarlas todas.

Pero es adelantarse mucho al presente. Por lo pronto, Person of interest termina con una quinta temporada simplemente notable, tal vez no a la altura de la calidad conseguida en sus momentos más álgidos pero en cualquier caso sí en el mismo nivel que el conjunto de todas las etapas por las que ha pasado el producto. Y eso, en definitiva, convierte a la serie en algo excepcional, en una ficción que, aunque no pertenezca a ese reducido grupo de grandes títulos, sí tiene todo lo necesario para ser una obra de culto. Desde su trama hasta sus personajes, pasando por el tratamiento dramático o por la crudeza y seriedad de muchas de sus propuestas, la obra de Jonathan Nolan confirma no solo que estamos ante algo más que notable, sino que su autor es uno de los creadores más en forma del panorama actual.

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‘Person of interest’ lleva a sus personajes al límite en la 4ª T


Los protagonistas de 'Person of interest' serán puestos a prueba en la cuarta temporada.Es muy interesante lo que está logrando Jonathan Nolan, guionista de Interstellar (2014), con Person of interest. Lo que comenzó siendo un thriller con dosis de ciencia ficción en clave policíaca ha terminado siendo, en su cuarta temporada, una especie de intriga sobre una guerra entre dos inteligencias artificiales en la que los humanos, a medio camino entre meros peones y recursos valiosos, son los soldados. Pero lo interesante no es tanto su evolución, algo que se intuía ya a lo largo de la tercera temporada, como la capacidad de los guionistas para desarrollar en 22 episodios lo que muchos otros solventan, como mucho en media temporada.

Y es que esta última entrega de la serie protagonizada por Jim Caviezel (Plan de escape) y Michael Emerson (serie Perdidos) ha sido capaz de narrar el conflicto entre héroes y villanos sin que exista un resultado satisfactorio. La verdad es que pocos creadores tienen la valentía de situar a sus personajes en situaciones cada vez más complejas y más difíciles emocionalmente hablando. Con una integración de cada trama episódica en la guerra general que se desarrolla en la historia, esta cuarta temporada es un claro reflejo de que no importa quien gana los combates, sino quien gana la guerra. Y es ahí donde los personajes protagonistas se ven desbordados por un contexto más grande y más omnipotente que ellos. En este sentido, el desarrollo dramático de la serie es un constante giro argumental que cierra el círculo sobre un conflicto cuya resolución, lejos de resolver ciertas dudas, plantea nuevos y enigmáticos retos.

Con todo, y a pesar del constante caminar hacia delante de Person of interest, esta cuarta temporada no logra colmar las expectativas creadas por la tercera. No quiere eso decir que sea una mala temporada, más bien confirma que la anterior etapa fue, con diferencia, la mejor que ha ofrecido esta ficción. Tal vez sea por el delicado equilibrio entre la estructura clásica (los números que salen, el crimen que hay que investigar, la víctima a la que proteger) y la nueva (centrada en el conflicto y con un diseño basado en temporadas, no en episodios aislados). Tal vez sea que los giros argumentales no resultan tan relevantes. Personalmente me inclino por lo primero, entre otras cosas porque la temporada, y esto es algo que queda patente en sus últimos episodios, pide a gritos una trama centrada en el conflicto entre las máquinas que tenga un desarrollo más largo.

Pero sea como fuere, lo que está claro es que ha sabido reinventarse a sí misma y, lo más importante, ha abierto toda una interesante línea dramática para la próxima tanda de episodios. Y es que cada vez es más complicado encontrar producciones que sean capaces de cambiar de aires y no mueran en el intento (o no lo hagan mediante el sistema deus ex machina). El cambio de sede de los protagonistas, la incorporación de nuevos personajes, la desaparición de muchos otros y, sobre todo, los efectos que el pasado tiene sobre los personajes son algunas muestras de que Nolan maneja los tiempos dramáticos como pocos guionistas, lo que le ha permitido construir todo un mundo orgánico que evoluciona y en el que las historias pueden finalizar coherentemente. Baste señalar, sin ir más lejos, el modo en que se ha concluido la trama secundaria protagonizada por Enrico Colantoni (Contagio), el capo de la mafia enfrentado a una nueva y amenazadora banda. Su historia, poco integrada en el resto, se estaba convirtiendo en un lastre para el desarrollo a pesar de ser un buen complemento. Su ausencia en los próximos episodios ofrece nuevas posibilidades.

Nuevos enemigo, nuevos formatos

La consolidación de Samaritano como el enemigo a derrotar ha dotado a Person of interest de nuevos aires. Ya se intuía al final de la anterior temporada, y desde luego estos 22 capítulos han demostrado que los protagonistas pueden ser puestos a prueba hasta la extenuación sin llegar a resultar ridículo o repetitivo. En buena medida eso es gracias a que la presencia de un único enemigo y el abandono, hasta cierto punto, del tradicional formato de los números que canta la máquina ha permitido a la serie explorar nuevas formas narrativas, nuevos formatos que enriquezcan el conjunto y generen renovadas expectativas.

Más allá de la inclusión en muchos episodios de pinceladas que permiten hacer avanzar a la trama por el arco dramático general de la historia, lo interesante cabe encontrarlo en la exploración que se hace del pasado de los protagonistas, sobre todo del estoico rol de Caviezel (quien por cierto ha sabido dar a su papel un toque de humor negro hasta ahora desconocido). En este sentido, el capítulo 20 es revelador, tanto por la arquitectura dramática de su guión como por las revelaciones que conlleva, y que revelan casi por primera vez el lado más humano de un personaje que, como se menciona en la serie, parece Superman. Es sin duda uno de los mejores episodios, pero es también una muestra de lo que es capaz de ofrecer la serie más allá de la resolución de los casos policiales o de los crímenes que todavía no se han cometido.

Claro que lo más interesante sigue siendo la evolución de la guerra entre Samaritano y la máquina. El punto de inflexión que supone la desaparición del personaje de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza) podría equipararse a lo que ocurrió en la tercera entrega con el rol de Taraji P. Henson (En qué piensan los hombres), aunque sin el impacto dramático que esta tuvo. Sin embargo, y dado que se enmarca en el conflicto, sus consecuencias son igualmente determinantes, sobre todo con la resolución propuesta por los creadores. Habrá que esperar a la siguiente temporada para comprobar si a todo este desarrollo le sigue una conclusión adecuada. Pero sobre todo, esta guerra ha permitido también resolver algunas de la líneas abiertas en la segunda temporada y que habían logrado mantenerse hasta ahora, como la relación entre la máquina y su creador, o los conflictos entre algunos protagonistas.

Todo esto convierte a la cuarta temporada de Person of interest en una especie de transición hacia un futuro mejor para sus protagonistas. Esto no debe entenderse como una irregularidad en el tono general de la serie, sino más bien como una necesidad ante el gigante dramático que se había creado. Existían demasiadas tramas secundarias, demasiados personajes cuyos arcos dramáticos no habían sido concluidos. Estos episodios han servido para atar varios cabos sueltos, pero también para desarrollar la trama principal y llevarla a un nuevo terreno en el que el combate es decididamente abierto. El dramático final, con los héroes salvando a la máquina entre una lluvia de balas, es el resumen perfecto para una temporada que ha arrinconado a sus propios personajes. Por el bien de la serie, esperemos que su lucha siga en la próxima temporada.

‘Person of interest’ da un salto cualitativo en su tercera temporada


'Person Of Interest' da un salto cualitativo en su trama durante la tercera temporada.Hace poco leí en algún foro que la serie Person of interest debería catalogarse entre los fracasos del todopoderoso J.J. Abrams (serie Fringe) dado que su estructura es repetitiva. Vamos, que visto uno, vistos todos. Todas las opiniones son respetables, no cabe duda, pero tal afirmación no encaja en absoluto con lo vivido en la tercera temporada de la serie creada por Jonathan Nolan, guionista habitual de las películas dirigidas por su hermano Christopher, entre ellas El caballero oscuro (2008) o El truco final (El prestigio) (2006). Porque si algo destaca en estos nuevos 23 episodios es una evolución dramática sin comparación alguna en la televisión actual. Los giros narrativos, el ritmo frenético al que son sometidos los personajes y la forma de atar absolutamente todos los cabos sueltos de las anteriores temporadas convierten a esta entrega en la mejor de todas, pero también en una de las mejores del año.

De hecho, en determinados aspectos el tratamiento de la historia y de los personajes debería ser objeto de estudio de todos los aspirantes a guionista. Nolan, quien vuelve a demostrar su genialidad a la hora de componer tramas (algo que debería empezar a ser reconocido de algún modo), compone una auténtica montaña rusa de emociones y nudos narrativos que se solventan de las formas más impactantes, obligando al espectador no solo a estar pegado a la pantalla, sino a prestar atención a todos los detalles y las relaciones que se generan entre los personajes. Su capacidad para afrontar todo tipo de situaciones sin miedo a los cambios que puedan producir en el arco dramático es lo que aporta al conjunto la sensación descorazonadora que planea sobre toda la temporada.

El resultado más palpable de todo esto es el hecho de que Person of interest ha aprovechado estos episodios para, como decía al inicio, encajar todas las piezas sueltas que se habían ido presentando durante los capítulos previos. Elementos como el grupo Vigilancia, el proyecto Luces del Norte, el pasado de los personajes o la red mafiosa denominada HR encuentran su final en esta tercera entrega. Pero contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo hacen de forma positiva, sino más bien realista. La propia producción destruye sus cimientos para demostrar que el uso de una inteligencia artificial capaz de velar por nosotros no es necesariamente sinónimo de éxito. Es más, la evolución de los principales personajes, los interpretados por Jim Caviezel (Transit) y Michael Emerson (serie Perdidos), evidencia una desconfianza cada vez mayor hacia un instrumento que no puede ser controlado. Al revés, es la máquina la que controla.

Esta desconfianza alcanza dos puntos álgidos, uno previo a una catástrofe y otro posterior a otra crisis. Jonathan Nolan aprovecha la necesidad de terminar con las tramas secundarias para dividir la temporada en dos partes bien diferenciadas. La primera se centra en la destrucción definitiva de los policías corruptos que integran HR. Con un desarrollo algo intermitente, los primeros episodios abordan la investigación que realizan los protagonistas en su intento por cercar la organización criminal. La forma en que la máquina anticipa el final, con esos números que hacen referencia a todos los policías, nunca lleva a pensar, ni por un momento, en la resolución tan dramática e inesperada que proponen los responsables de la serie. Un punto de inflexión emotivo y brutal que genera los dos mejores episodios de la temporada: la muerte de un personaje importante en la trama y la posterior venganza, una espiral de violencia desatada que encaja notablemente bien con el tono algo más calmado de la serie.

Guerra de dioses

Jim Caviezel desata toda su furia en la tercera temporada de 'Person of Interest'.Aunque sin duda es la segunda parte de esta temporada de Person of interest la que más aporta al futuro de la serie. Una vez concluido el tema del crimen organizado (algo que, por cierto, se estaba alargando un poco), la ficción dirige su mirada hacia los aspectos más técnicos y tecnológicos de la trama. Con la incorporación del personaje de Sarah Shahi (Una bala en la cabeza) algunos episodios antes, la serie no solo cubría la baja del otro personaje, sino que presentaba la forma en que los “números relevantes” eran resueltos por el Gobierno. Pero también ha servido de nexo de unión para una trama mucho mayor: la de la presencia de otra máquina, un proyecto llamado Samaritano cuyo poder, al ser un sistema abierto y sin control, es infinitamente mayor.

La lucha, por tanto, no se desarrolla solo en un plano humano y físico, sino también en un virtual en el que dos inteligencias artificiales ostentan un poder inigualable. El resultado de este combate es el otro gran momento de la temporada. Un episodio final impactante, revelador y magistralmente desarrollado que confirma esa imagen algo decadente de toda la temporada, en la que los protagonistas, dicho vulgarmente, no dan pie con bola. Este planteamiento, en el que por muy buenos que sean los buenos no triunfan sobre los malos, es lo que aporta interés a la serie, y es lo que la convierte en un producto extraño en su género y, porqué no, un modelo a seguir. El hecho de que, además, el personaje de Emerson pierda la fe en su creación y se convierta en cabeza de turco de los diferentes enemigos a los que se enfrenta hace que el futuro de la serie, cuya próxima temporada ya se ha confirmado, sea incierto y apasionante. Hablando de villanos, no puede obviarse la labor de John Nolan (El mundo está lleno de hombres casados) como la némesis de Finch, un hombre frío y calculador cuya obsesión por la máquina le lleva, en una imagen inquietante que cierra la temporada, a ponerse a las órdenes de una inteligencia artificial superior.

A grandes rasgos, se puede decir que estos capítulos han hecho dar a la serie un salto cualitativo pocas veces visto en una trama. Lo normal es que, poco a poco, los conflictos se vayan presentando y se sitúa a los héroes ante una situación extrema de la que solo saldrán dando lo mejor de ellos mismos. La genialidad de todo esto es que dichos conflictos desembocan en una situación que obliga a los héroes a rendirse, pasar a la clandestinidad y separarse. La gran labor de los guionistas, con Nolan a la cabeza, ha sido introducir poco a poco en la estructura habitual de los episodios (sale un número, se investiga y se salva una vida) una trama mucho mayor. Ahí está, por ejemplo, el episodio en el que deben salvar al creador de Samaritano, o todos aquellos en los que el personaje de Amy Acker (La cabaña en el bosque) es presentado realizando misiones paralelas que en principio no tienen sentido pero que, echando la vista atrás, conforman un puzzle magistralmente compuesto.

La mejor prueba de que estamos ante un punto y aparte en la producción(personalmente creo que incluso a nivel general de series) es que la producción ha destruido por completo su formato inicial. Ha dejado de ser una serie episódica en el que las tramas tenían un nexo de unión algo débil para convertirse en… bueno, lo cierto es que no podemos saber en qué se ha convertido, pues esa sorpresa se reserva para la cuarta temporada. Lo que está claro es que esta tercera entrega ha sabido aprovechar perfectamente su estructura tradicional para introducir nuevos elementos hasta llegar a presentar una auténtica lucha de poder que supera cualquier expectativa previa. Eso, y la ausencia total de miedo a la hora de eliminar personajes de la ecuación. Eso siempre ha sido algo que honra a los guionistas. Y si se hace de una forma elegante y dramática, como es el caso, es ejemplar. Ahora toca esperar, pues solo las máquinas saben lo que nos depara el futuro de Person of interest.

La animación y la comedia acaparan los estrenos de final de año


Estrenos 20diciembre2013Último fin de semana de estrenos de este irregular 2013. No es la última tanda de estrenos, es cierto, pero este 20 de diciembre sí es el último viernes del año que acogerá nuevas películas en la cartelera. Y parece que, tras la llegada de El hobbit: La desolación de Smaug, ninguna productora se atreve a presentar propuestas de peso que sean capaces de rivalizar con este blockbuster, al menos no de forma directa. Tal vez sea por eso que el fin de semana tiene como protagonista el cine de animación destinado a los más pequeños, ya sea en forma de secuela o de entrañable fábula. Los mayores tendrán donde elegir, por supuesto, aunque la mayoría se enmarca en el género cómico.

Por tanto, dos películas destacan por encima de las demás. La primera, por empezar por alguna, es Lluvia de albóndigas 2, continuación del éxito de 2009 que retoma la historia del inventor capaz de convertir el agua en comida para dar un paso más allá y descubrirnos que la máquina ahora crea híbridos entre animales y comida. Junto a sus colaboradores y amigos se embarcará en una peligrosa aventura que le llevará a una isla habitada por estas criaturas, y cuyo fin no es otro que salvar a la Humanidad de las consecuencias de su invento. Humor, acción y mucho originalidad a la hora de combinar animales y alimentos se dan cita en esta cinta presentada en 3D y dirigida por Cody Cameron (Colegas en el bosque 3) y Kris Pearn, que debuta en la dirección. Entre el reparto de voces destacan actores como Bill Hader (Men in black 3), Anna Faris (El dictador), James Caan (El profesor), Andy Samberg (Desmadre de padre), Benjamin Bratt (El mensajero) y Neil Patrick Harris (serie Cómo conocí a vuestra madre).

Junto a ella destaca Futbolín, cinta hispanoargentina dirigida por Juan José Campanella (El secreto de sus ojos) que ha recibido todo tipo de elogios allá por donde ha pasado. El film, que puede verse en 3D, gira en torno a un joven cuyas dos únicas pasiones son una chica y jugar al futbolín. Su vida da un vuelco cuando tenga que enfrentarse contra un rival de verdad en un campo de fútbol real para salvar a su pueblo. Pero no estará solo: los jugadores del futbolín con los que juega le guiarán en las claves para llevarse la victoria. Rupert Grint (saga ‘Harry Potter’), Anthony Head (serie Buffy, cazavampiros), Peter Serafinowicz (Todo incluido), Rob Brydon (The trip), Alistair McGowan (Mi vida en ruinas) y el propio Campanella ponen las voces de los principales personajes.

Dejamos la animación para introducirnos en la comedia. Nicole Holofcener (Amigos con dinero) escribe y dirige Sobran las palabras, una de las últimas películas que protagonizó James Gandolfini (serie Los Soprano) antes de fallecer el pasado 19 de junio. La trama sigue el romance que inicia una divorciada masajista que vive atemorizada por la inminente ausencia que la partida de su hija a la universidad va a crear en su casa. Precisamente el inicio de un romance con un hombre que vive una situación similar le permitirá sobrellevarlo, pero la amistad con una de sus clientas y sus constantes ataques a su ex marido le harán replantearse su situación. Julia Louis-Dreyfus (serie Veep) es la principal intérprete femenina, a la que acompañan, además de Gandolfini, Catherine Keener (Capitán Phillips), Toni Collette (Hitchcock), Ben Falcone (Cuerpos especiales) y Phillip Brock (Doce fuera de casa).

Más gamberra y menos romántica es Paranormal movie, nueva parodia del cine de terror que mantiene vivas las premisas de Scary Movie (2000) y todas las películas que dicho fenómeno ha generado. Ópera prima de Michael Tiddes y con guión escrito por, entre otros, Marlon Wayans (G.I. Joe), la cinta toma como referente las recientes películas de casas encantadas para narrar la historia de una joven pareja que, tras mudarse a una nueva casa, descubre que no están solos, sino que un demonio habita en la casa. Cuando la mujer es poseída, el marido toma cartas en el asunto para impedir que su matrimonio fracase y, sobre todo, para poder seguir disfrutando del sexo. Sacerdotes, cazadores de fantasmas y psíquicos se darán cita en la casa para intentar expulsar esa presencia. El reparto, encabezado por el propio Wayans, cuenta con Marlene Forte (Cut off), Essence Atkins (Nikita Blues), David Koechner (Piraña 3DD), Cedric the Entertainer (Cadillac Records) y Dave Sheridan (Pequeño pero matón).

También dirigida a un público adolescente es lo nuevo de Joss Whedon (Los Vengadores), que se toma un descanso entre producciones Marvel para presentar Mucho ruido y pocas nueces, versión moderna de la obra de William Shakespeare que, como es lógico, vuelve a contar la historia de los dos jóvenes que no creen en el amor y que serán protagonistas de una trama urdida por sus amigos para que se enamoren. Humor y romance es lo que promete la cinta, amén del dinamismo que el director suele aportar a sus historias. En cuanto a los protagonistas, Amy Acker (serie Person of interest), Alexis Denisof (El primer caballero), Nathan Fillion (serie Castle), Clark Gregg (Thor), Reed Diamond (Moneyball: Rompiendo las reglas) y Fran Kranz (La cabaña en el bosque) integran el reparto principal.

La propuesta española de la semana es Gente en sitios, nuevo film escrito y dirigido por Juan Cavestany (Guerreros) que, con un estilo de rodaje amateur, aborda diferentes historias y conforma un calidoscopio social en el que se dan cita la comedia, el drama, el terror y el surrealismo para ofrecer al espectador una visión de la condición humana ante los conflictos que se plantean a lo largo de la vida. Una película coral donde las haya que cuenta con un reparto verdaderamente extenso en el que destacan Ernesto Alterio (¿Quién mató a bambi?), Carlos Areces (Los amantes pasajeros), Raúl Arévalo (Promoción fantasma), Luis Bermejo (De tu ventana a la mía), Javier Botet (Las brujas de Zugarramurdi), Antonio de la Torre (La gran familia española), Santiago Segura (Pacific Rim), Tristán Ulloa (Un buen hombre), Adriana Ugarte (Combustión) y Maribel Verdú (Blancanieves).

Seguimos en Europa, al menos en parte. Producida entre Argelia y Francia, Mi tierra es una comedia con ciertos tintes dramáticos que narra el viaje que realiza un joven a Argelia para salvar la casa de su padre. Su llegada a este país que nunca había pisado se convertirá en una sucesión de situaciones y personajes sorprendentes que le cambiarán para el resto de su vida. El film supone el debut en la dirección de Mohamed Hamidi, quien también participa en el guión, y cuenta con Tewfik Jallab (Qui de nous deux), Jamel Debbouze (Astérix y Obélix: Misión Cleopatra), Fatsah Bouyahmed (Le marquis), Abdelkader Secteur (Hors la loi) y Malik Bentalha.

Del 2011 es la producción china Una vida sencilla, drama acerca de la relación entre un productor de cine y la mujer que ha servido a su familia durante 60 años. Cuando llega la hora de que la mujer se jubile será el hombre quien decida devolver todos los años de servicio volcándose en ella y haciendo todo lo posible para que disfrute de la vida. Ann Hui (Yu guanyin) se pone tras las cámaras, mientras que Andy Lau (La casa de las dagas voladoras), Deannie Yip (Fa nei qing), Hailu Qin (Return Ticket), Fuli Wang (Ri Chu) y Paul Chun (China strike force) son los principales actores.

Y para cerrar el círculo, otra de animación, en este caso de Francia y titulada Ernest y Celestine. Dirigida a tres bandas por Stéphane Aubier, Vincent Patar (ambos directores de Panique au village) y Benjamin Renner, que debuta en el largometraje, la historia se centra en la relación entre un oso algo cascarrabias pero de gran corazón y una ratito huérfana que ha huido de su mundo. Cuando el primero acoge a la segunda se inicia una amistad que no solo les ayudará a conocerse y respetarse, sino que desafiará todo lo establecido hasta entonces. Con un estilo de animación muy tradicional, la película cuenta con las voces en su versión original de Lambert Wilson (De dioses y hombres), Pauline Brunner, Anne-Marie Loop (Mon ante) y Patrice Melennec (Todo por amor), entre otros.

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