’12 valientes’: los jinetes del 11-S


Estados Unidos tiene una capacidad única para convertir sus ‘vergüenzas’ o sus derrotas históricas, ya sean bélicas, diplomáticas o de cualquier índole, en éxitos morales o sociales. Y elevar sus éxitos hasta la categoría de hazañas atemporales que deberían estudiarse en los libros de historia, al menos en los suyos. Por eso no es de extrañar un film como el que dirige Nicolai Fuglsig (Exfil), con sus discursos, su mensaje moral sobre el valor de un soldado, el hermanamiento de los guerreros o la amistad que surge en un campo de batalla. Y por eso tampoco debería extrañar que la película sea, en pocas palabras, una más sobre las numerosas guerras en las que ha estado el país norteamericano.

En efecto, 12 valientes no deja de ser una obra que ofrece poco al espectador. Se encuentra en ese peligroso rango de películas que dicen muy poco emocional o narrativamente, y que por ello tienden a ser olvidadas con facilidad. Y lo cierto es que la película tiene potencial para no ser una más, pero aquí el principal problema radica en un guión con un desarrollo dramático excesivamente lineal y plano, y un director sin un pulso narrativo adecuado para este tipo de historias bélicas. Visualmente hablando, el lenguaje de Fuglsig recurre a planos excesivamente generales en los momentos más intensos del relato, restando dramatismo a la situación de unos soldados que tuvieron que combatir casi a ciegas en un territorio en el que nadie se había adentrado antes. No por casualidad, donde mejor trabaja el director es en los momentos puramente interpretativos, aquellos en los que se explora el trasfondo de los personajes, sus motivaciones, sus miedos y sus anhelos. Al fin y al cabo, su planificación alcanza la máxima expresividad en estos momentos.

Y junto a esto, el guión, débil en los momentos bélicos y sólido en los dramáticos. La relación que se establece entre los personajes de Chris Hemsworth (Vacaciones) y Navid Negahban (Castillo de arena) es posiblemente lo mejor del relato, amén de los vínculos entre los soldados, lo que en el fondo convierte al reparto en uno de los aspectos más atractivos de la cinta. Pero el texto se mueve en todo momento en territorios dramáticos conocidos, sin ofrecer al espectador nada que sea realmente distinto. Si a esto le sumamos que los teóricos puntos de giro dramáticos carecen, en realidad, del dramatismo esperado, el resultado es una historia bastante lineal, sin grandes retos para los protagonistas. Y eso deja un sabor agridulce ya que da la sensación de que los héroes alcanzan su objetivo sin sacrificios, sin cambiar un ápice su forma de entender el mundo que les rodea desde el comienzo del relato hasta el final.

Al igual que el monumento que hay en Nueva York, 12 valientes sirve únicamente como homenaje para esos soldados que realizaron la primera misión, secreta y por tanto sin reconocimiento, en territorio afgano tras el atentado del 11-S. Un homenaje que tiene su interés si no se conoce la historia, que resulta curioso en tanto en cuanto unos soldados con el último armamento militar tienen que moverse a caballo por un territorio desconocido. Pero ahí termina todo. Los amantes del cine tal vez encuentren más alicientes en el reparto, pero desde luego su historia, dramáticamente hablando, ofrece poco, y desde luego menos de lo que podría haber ofrecido. Ese es el problema de relatos basados en hechos reales: si la realidad no supera a la ficción, la ficción poco puede hacer para que la realidad tenga más atractivo.

Nota: 6,5/10

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‘El único superviviente’: el último héroe americano


Mark Wahlberg es 'El único superviviente' en la película de Peter Berg.El cine bélico producido en Hollywood tiene cada vez más dicotomías en sus planteamientos. Por un lado, evidencian una clara falta de previsión, planificación y control en las misiones que protagonizan las historias; por otro, ofrecen una visión del hombre, el compañerismo y el heroísmo que prácticamente convierten a los protagonistas en superhombres capaces de lo que sea por salvar al hombre que lucha a su lado. Crítica al sistema y ensalzamiento del individuo. Y no sin cierta irregularidad, eso es lo que presenta la nueva película dirigida por Peter Berg (Very Bad Things), quien aprovecha los momentos de acción para demostrar una frescura narrativa que, sin embargo, se ausenta en los momentos más pausados.

Se puede decir que El único superviviente tiene dos partes diferenciadas que se alternan a lo largo de sus dos horas de metraje. Por un lado la acción, centrada principalmente en la emboscada que sufren los cuatro SEALs y que, gracias a la mano de Berg, se convierte en lo mejor del film y en uno de los momentos más tensos, críticos y de desasosiego del género en los últimos años. La forma de enfrentarse a una clara situación de inferioridad numérica y territorial es tan violenta como trágica, sobre todo porque el director no se esconde a la hora de mostrar el deterioro físico que sufren los cuatro hombres por golpes y heridas de bala. Desconozco cuáles serán las concesiones cinematográficas y qué momentos ocurrieron realmente, pero a tenor de las imágenes mostradas al inicio del film uno tiende a pensar que no es descabellado lo que se muestra en pantalla. Incluso lo que vive un Ben Foster (Hostage) que es de lo mejor del film en lo que a reparto se refiere, por encima de Mark Wahlberg (El incidente), Taylor Kitsch (X-Men orígenes: Lobezno) o Emile Hirsch (Alpha dog), todos ellos con buenas actuaciones.

Empero, todo lo que gana en sus momentos de combate lo pierde, o al menos lo merma, en sus necesarias pero típicas secuencias de pausa y drama. Fundamentalmente en una presentación algo tópica y falta de carisma que luego adquiere el relato, y en la posterior reacción a la emboscada que se tiene desde las bases de mando. Una reacción, por cierto, que deja muy en entredicho la eficacia militar de un país incapaz de rescatar a cuatro hombres por falta de medios, así como la falta de previsión de determinados aspectos de la misión. Son estos tramos del desarrollo dramático los que restan algo de interés a una cinta que, por lo demás, explota al máximo sus posibilidades narrativas, convirtiendo su epicentro narrativo en todo un ejemplo de lo que debe ser un film de estas características.

Pero que nadie se lleve a engaño. El único superviviente, aunque está basado en un hecho real y posee una fuerza visual fuera de toda duda, no es una película que critique la actuación norteamericana. Sí, deja en evidencia muchos aspectos militares, pero no por ello el mensaje patriota está ausente. Es más, es protagonista en muchos pasajes de la historia. No debería ser esto un impedimento para disfrutar de esta historia verídica, para estremecerse con la muerte lenta de los protagonistas y para desesperarse ante determinadas situaciones por las que debe pasar el protagonista. Solo en esa dualidad podrá comprenderse la imagen general que presenta la película.

Nota: 7/10

Diccineario

Cine y palabras

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