‘Estafadoras de Wall Street’: robando al sistema corrupto


Poco se puede decir de la nueva película de Lorene Scafaria (Una madre imperfecta) que no se haya dicho de cientos de películas similares. Sí, es una historia de mujeres que luchan por salir adelante, que tienen que recurrir a cosas que jamás harían por lograr sus sueños y dejar atrás una vida que no disfrutan. Y eso lo hacen robando a personas que previamente se habían enriquecido con un robo mucho más complejo que dejó a miles de personas en una situación crítica. Sí, son argumentos ya conocidos, en mayor o menor medida parecidos. Entonces, ¿qué aporta de novedoso?

Para muchos, Estafadoras de Wall Street tiene como principal reclamo a una Jennifer Lopez (Ángel de venganza) que podría conseguir una nominación en los Oscar por este papel. Más allá del trasfondo social del mismo y del carácter casi redentor del mismo hacia el final del film, lo cierto es que ni siquiera su rol logra sacar de cierta mediocridad y previsibilidad a la cinta, y eso es fundamentalmente porque, en este caso, la realidad no supera a la ficción. El guión explora terrenos ya conocidos, situaciones que tienen cierto aire de déjà vu y que no logran atrapar al espectador en una historia que nunca llega a definirse de forma concreta. Es cierto que el tono cómico dramático funciona muy bien en varios pasajes del metraje, pero en su segunda mitad, cuando la historia entra de lleno en los delitos que cometen, no termina de reflejar cómo estas mujeres afrontan lo que están haciendo, entrando en una dinámica hacia el clímax.

Eso no impide que la historia no deje buenos momentos, algunos de ellos realmente notables, y sobre todo que deje en el espectador la misma sensación que expresa el personaje de Julia Stiles (La gran Gilly Hopkins): la de que ellas, a pesar del delito que cometen, realmente parecen más víctimas de un sistema que convierte a la mujer en objeto y luego la tira como un pañuelo de usar y tirar. Es algo que sobrevuela toda la trama de principio a fin y que adquiere una mayor relevancia en su tercio final, pero que no termina de explotarse de la mejor manera. Sí, la película muestra las dificultades de estas mujeres de integrarse en las capas más “respetables” de la sociedad y abandonar ese mundo reservado para las perversiones de los hombres. Y sí, hay algún que otro momento en que se aborda la duda moral de lo que hacen. Pero en líneas generales, se plantea como un relato con menos carga dramática y menos mensaje social, optando por un estilo narrativo más cercano al mero desarrollo de los hechos.

Dicho de otra manera, a Estafadoras de Wall Street le falta definir exactamente la posición que juega cada personaje. Ellas son planteadas como víctimas que tratan de alcanzar la riqueza por la vía rápida. Sus víctimas, como lobos con piel de hombres. Pero en el conflicto que se debería generar, tanto interno como externo, es donde la cinta de Scafaria se desinfla, no llegando a profundizar demasiado en según qué aspectos de la trama. Esta cierta indefinición en el estilo y en la apuesta dramática es lo que termina por convertir esta historia en una más, con la salvedad de tener una historia real como base. Eso sí, la degradación de ese mundo sórdido en el que los hombres gastan cantidades ingentes de dinero queda reflejada de un modo único, evidenciando una ausencia completa de moral por parte de una clase social acostumbrada a hacer y tener lo que desea.

Nota: 6,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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