‘Doctor Sueño’: menos Resplandor en el mundo


La mayor evidencia de que El resplandor (1980) sigue completamente vigente es esta secuela tardía, adaptación a su vez de la novela que continuaba los acontecimientos del primer libro. Pero la cinta dirigida por Mike Flanagan (El juego de Gerald) demuestra también que los tiempos han cambiado, y con ellos la forma de entender un relato cinematográfico. No me refiero únicamente a la estructura dramática, marcada por la obra de Stephen King, sino el modo en que el director afronta algunos de los puntos más relevantes de la historia.

Porque, siendo como es un claro homenaje al film original (en su música, sus planos, e incluso los actores que tratan de parecerse a los del film de Stanley Kubrick), este Doctor Sueño trata de aportar nuevos puntos de vista sobre ese universo del “resplandor” a través de fórmulas visualmente poderosas y conceptualmente más complejas. Sin embargo, los efectos visuales más elaborados terminan por restar fuerza al relato, convirtiéndose más en una historia dramática con toques casi de intriga que en un relato de terror. Incluso el tratamiento de su tercio final en ese desvencijado Hotel Overlook no adquiere el grado de intensidad emocional que tenía el original, posiblemente porque los espíritus son abordados más como una herramienta o como seres ávidos de alma que como impulsores de la locura. Eso por no hablar del hecho de que el hotel posea a un personaje, algo que no termina de encajar y que únicamente permite a esta secuela reproducir (fielmente, eso sí) planos y secuencias de la cinta original.

Con todo, ofrece al espectador numerosos momentos a tener en cuenta, amén de un tratamiento de personajes bastante interesante en lo relativo a cómo ha evolucionado aquel niño asustadizo de la primera película hasta el protagonista que es ahora. La trama, mucho más compleja y cargada con muchos más detalles que hacen de este universo un lugar más interesante, se mueve en todo momento por un camino en el que realidad, mente y sueños se mezclan para ofrecer al espectador una mayor profundidad dramática más allá de la superficie en la que demonios, personajes con capacidades especiales, fantasmas y telequinesis van de la mano. Esto, sin embargo, tiene también un lado negativo, y es un metraje algo excesivo que tiende a dar demasiadas vueltas sobre un mismo concepto, cuando el relato podría haberse desarrollado de un modo mucho más directo y, posiblemente, efectivo.

Como se dice en un momento de la película, en este mundo moderno hay menos vapor. Y Doctor Sueño tiene menos Resplandor, es cierto, y desde luego no es más intenso que el de que predecesora. Pero tiene algo, mantiene parte de esa esencia que convirtió en clásico al film de 1980. Puede que sea porque literalmente copia muchos momentos y reproduce otros tantos del film original con nuevos actores, pero no es únicamente eso. El viaje del protagonista, tanto interior como exterior, resulta fascinante. Y esa relación entre diferentes personajes con resplandor queda mucho más desarrollada que en la historia inicial, aportando mayor profundidad y una mayor comprensión. Con algo menos de duración y un tratamiento algo menos tópico de algunos conceptos del terror y del mundo fantasmagórico posiblemente estaríamos ante una obra mucho más completa.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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