‘Ralph rompe Internet’: quien tiene un amigo tiene un tesoro


Cualquier secuela tiene que ofrecer algo más que el original. Pero, ¿qué hacer cuando el original ya de por sí rompe moldes? Bueno, ahí está el ejemplo de la saga Shrek y, ahora, el de la saga Ralph. Porque si la primera entrega era un delirio de originalidad narrando el mundo tras los recreativos, ahora la historia va un paso más allá y se sumerge en el vasto mundo de Internet a todos los niveles, incluyendo la Internet oscura. La pregunta es si la historia aporta algo nuevo.

Y la respuesta es un tímido ‘sí’. Tímido porque la dinámica del argumento no resulta demasiado novedosa, toda vez que la aventura vuelve a abordar los miedos de los protagonistas y la necesidad de reconocimiento por parte de los demás como algo más que un mero personaje de videojuego y/o villano. Sin embargo, sí existe un paso adelante en la base conceptual del relato, revelándose como una continuación también en este aspecto. Así, Ralph rompe Internet es un relato sobre la amistad y la necesidad de encontrarse a uno mismo en una relación de esas características. Ahí radica la parte más interesante del conjunto, que tiene su traducción en un apasionante apartado visual.

Porque si algo caracteriza al film es el modo de presentar Internet. Sencillamente brillante. Elementos como la barra de búsqueda, los vídeos de Youtube, los ‘likes’, los molestos anuncios al navegar o los virus se tornan aquí en seres con personalidad propia, en criaturas con una función para dar servicio a un conjunto de usuarios que se mueve a través de vehículos voladores. En este sentido, la Internet oscura o el modo de tratar la vida de los videojuegos en Internet cuando se apagan las pantallas resulta a la vez conocida y refrescante, por cuanto es capaz de reinterpretar incluso a su predecesora. Y como ejemplo, las princesas Disney, sin duda uno de los momentos más hilarantes y surrealistas de todo el metraje, junto tal vez con el viaje del protagonista a esa Internet oscura.

Con una calidad técnica notable y un mensaje de calado para los más pequeños, Ralph rompe Internet es, ante todo, un viaje al interior de uno mismo, a encontrar la esencia de lo que nos define y a lograr que los demás nos acepten como somos. Todo ello con una imaginación desbordante y, cómo no, con todo tipo de conocidos personajes de los videojuegos. En definitiva, todo lo que una secuela debería ser, pues aunque en algunos momentos pierda ritmo y su planteamiento no diste mucho de la original, ofrece en general más de todo, incluyendo cierta profundidad dramática en los personajes. Ah! y no perderse la escena postcréditos, todo un alarde de imaginación y metalenguaje que arranca una sonora carcajada.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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