‘Bohemian Rhapsody’: Dios salve a Queen


No han sido pocas las críticas que han atacado duramente la nueva película de Bryan Singer (Valkiria). Pero esta, desde luego, no va a ser una de ellas. Porque si algo bueno tiene este biopic de Freddie Mercury es, por un lado, que recupera la figura de esta leyenda de la música y, por otro, que evidencia la admiración que sigue despertando 27 años después de su muerte. Pero es que además el planteamiento narrativo, con sus altibajos, es notable.

Vaya por delante que este tipo de historias son, por lo general, bastante menos fascinantes de lo que a priori puede pensarse, normalmente porque las vidas privadas de los artistas no tiene tanto interés como su música. En este sentido, Bohemian Rhapsody no es una excepción, presentado algunos pasajes que pueden carecer del ritmo que sí tiene el resto del film. Pero son precisamente esos momentos los que resultan más interesantes, al aproximarse de un modo muy personal al hombre detrás de Freddie Mercury, a un joven cuya vida estuvo marcada por la peor soledad que existe: aquella que se siente estando rodeado de personas. A este respecto la labor tanto del director como del protagonista (Rami Malek, visto en la serie Mr. Robot) es simplemente impecable, y permite apreciar el claro contraste entre la vida del cantante y la que llevaron el resto de componentes de la banda, uno de los detonantes de sus posteriores decisiones.

Pero si algo tiene de extraordinario este film es que esos momentos aparentemente carentes de ritmo son, en realidad, los compases previos a la creación de los mayores éxitos de la banda. Gracias al planteamiento dramático el espectador se aproxima a las luchas y los procesos que dieron lugar a temas como ‘Another one bites the dust’ o ‘We will rock you’. Si a eso sumamos el tratamiento que Singer da a las giras musicales y, sobre todo, ese concierto Live Aid que se muestra casi de forma íntegra, lo que obtenemos es un homenaje a una familia más que a una banda de rock. Un homenaje a una forma de entender la música que, valga la redundancia, no entiende de etiquetas. Un homenaje, en definitiva, a cuatro jóvenes cuya genialidad fue encontrarse, respetarse y saber aprovechar el talento que cada uno tenía.

Un homenaje, por cierto, expuesto de forma inteligente, alejado del drama en el que se convirtió la vida de Mercury en los últimos años. Bohemian Rhapsody es un film sobrio que navega por los temas que se han convertido en himnos generación tras generación, y lo hace con la sencillez y elegancia que caracteriza a Singer. En la memoria queda la actuación de Malik y, sobre todo, algunos conceptos que maneja el film, desde la familia hasta la soledad, pasando por la redención y, como no, esa maravillosa música que nunca deja de sonar. Un viaje por el hombre detrás de la leyenda que a muchos quizá no guste. Y puede que no sea una obra maestra, pero desde luego sí es un film espléndido, que se disfruta de principio a fin y que ayuda a comprender mejor a ese hombre cuya vida terminó en 1991.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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