‘La noche de Halloween’: Cómo hemos cambiado (todos)


Los fans, los verdaderos fans que hace 40 años se estremecieron con el mal personificado en Michael Myers, tienen una cita ineludible con el asesino en serie. Pero que sea ineludible no significa que no puedan terminar el encuentro algo decepcionados. Porque esta nueva sesión de asesinatos y violencia tiene mucho de la original de la que hace las veces de secuela y, en muchos aspectos, homenajea, pero nunca logra librarse del sino de los tiempos.

Han pasado 40 años, en efecto, y al igual que la sociedad ha cambiado, también lo ha hecho el cine. Y La noche de Halloween es un documento que permitirá a generaciones posteriores ver dichos cambios. Estamos ante una historia completamente plana, lineal, sin giros argumentales a destacar (salvo uno ligeramente interesante hacia el final del metraje) y con personajes que parecen fotocopiados de mil y una películas de este tipo. La trama arranca bien, jugando con el recuerdo de los crímenes de 1978 y con esa idea del mal puro que se ha construido durante estas décadas. Pero una vez la máscara entra en escena, la cinta pierde fuerza, entregándose por completo a un slasher algo descafeinado que es víctima de la corrección social imperante actualmente. En este sentido, poca sangre, aunque la que se muestra es digna de aplauso.

A su favor juegan, sin embargo, algunos elementos. Para empezar, la puesta en escena de David Gordon Green (Stronger), quien juega con las posibilidades de los planos generales para crear ambientes cargados de tensión dramática. También es digno de mención los intentos por transgredir, aunque sea dentro de los límites de la autocensura. En el recuerdo queda el asesinato de un niño o algunos crímenes visualmente impactantes. A todo ello se suma un diseño de producción que, aunque actual, sigue teniendo cierto aire de décadas pasadas que transporta al espectador a una época en la que la violencia en este tipo de films alcanzaba cotas más altas.

No cabe duda de que el gran problema de La noche de Halloween es su guión. Aunque con un inicio interesante, la trama pierde interés a medida que se entrega a los asesinatos, sobre todo porque se plantea como una especie de viaje con un enfrentamiento final que se anuncia, detalles incluidos, casi desde el primer minuto. Si a eso sumamos algunos diálogos y actuaciones sencillamente horribles, nos encontramos con un film irregular que logra sus mejores momentos en algunos asesinatos y en el ambiente que es capaz de crear. Una secuela que, visualmente, está a la altura del original, pero que narrativamente deja mucho, muchísimo que desear. Al menos entretiene, que es más de lo que pueden decir otras producciones similares.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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