3ª T. de ‘Billions’, o la construcción en las sombras de los antagonistas


Resulta fascinante la facilidad que algunas series tienen para cambiar el sentido de sus tramas y no perder su esencia en el proceso. Pero es mucho más interesante analizar cómo esas mismas producciones logran seguir creciendo en intensidad dramática y en complejidad narrativa. La tercera temporada de Billions es uno de los mejores y más recientes ejemplos, toda vez que abandona la guerra que nutrió las anteriores etapas para centrarse en un auge y caída de sus protagonistas de forma independiente. Y así es cómo lo consiguen Brian Koppelman, David Levien (ambos autores del guión de The girlfriend experience) y Andrew Ross Sorkin: con nuevos personajes antagonistas.

O mejor dicho, con una construcción orgánica, y hasta cierto punto desarrollada en las sombras, de dichos antagonistas. Porque lo cierto es que no se han introducido muchos personajes nuevos, al menos no relevantes. Tan solo el fiscal general interpretado magistralmente (en la línea del resto de los actores de la serie) por Clancy Brown (El escándalo Ted Kennedy) y el mafioso al que da vida John Malkovich (Entre dos maridos). Esta pieza, unida a una progresiva transformación del resto de secundarios, da origen a un cambio de escenario completo en el que los dos protagonistas dejan su enfrentamiento para atender sus propios problemas. En este sentido, la trama se divide claramente en dos partes, la financiera y la jurídica, igualmente apasionantes, y en las que sigue predominando el elegante juego de traiciones y estrategias que ha definido desde el principio esta historia.

Dicho así, puede parecer sencillo, incluso banal, el modo en que una serie puede redirigir su mirada hacia nuevos conflictos, pero lo cierto es que es algo construido desde el principio. A diferencia de producciones que utilizan roles arquetípicos, Billions se sustenta sobre personajes definidos al detalle, inteligentemente desarrollados para confluir y chocar en todo tipo de intereses. Esta dinámica les convierte no solo en humanos, sino que permite a sus creadores desarrollar una trama a modo de tela de araña en la que amigos y enemigos duran lo mismo que el conflicto al que se enfrentan. Dicho de otro modo, una guerra sin cuartel por lograr los objetivos que cada personaje se ha marcado. Y hete aquí que se desvela el principal motor de esta serie (y en teoría, de cualquier producción): cada rol, sea principal o secundario, tiene sus propios intereses, que cambian y evolucionan en función de los acontecimientos.

Esta construcción tan orgánica ha permitido, por ejemplo, explorar las diferentes traiciones que se muestran en estos 12 episodios. En este sentido, lo que encontramos en esta tercera temporada es una inteligente evolución de la serie. En lugar de reproducir el conflicto entre los personajes de Paul Giamatti (San Andrés) y Damian Lewis (serie Homeland) en un bucle infinito que terminaría por resultar aburrido, sus creadores optan por apartar dicho conflicto y aprovechar a los secundarios con mayor peso en la trama para tejer nuevos retos dramáticos, nuevas enemistades y nuevos personajes en una guerra intelectual totalmente nueva. Y todo funciona gracias fundamentalmente a que todos esos secundarios han ido creciendo con la serie pero alejados de los protagonistas, creando entre todos los personajes el espacio dramático suficiente como para que la confrontación funcione.

Auge y caída

Y aquí vuelve a aparecer la importancia de personajes bien definidos y construidos, y sobre todo de un relato en el que lo mostrado en pantalla y el verdadero sentido de los acontecimientos sean dos cosas muy diferentes. Habrá quien piense que algunos secundarios son algo arquetípicos, que representan una especie de idea básica en el mundo corrupto en el que se mueven los protagonistas. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que roles como el de Toby Leonard Moore (serie Daredevil) son fieles a una idea y tienen una personalidad muy marcada y aparentemente simple, pero es precisamente eso lo que les aleja de ser personajes sencillos, pues una definición tan amplia da pie a infinidad de posibilidades dramáticas.

Pero para que funcionen deben narrarse adecuadamente, y es aquí donde entra la habilidad de los guionistas. A lo largo de estos 12 capítulos la historia es presentada como un relato de victoria para ambos protagonistas. Alejados uno de otro y aparentemente independientes, sus historias, con ciertas diferencias, corrían de forma paralela como arcos argumentales en los que el conflicto siempre se inclinaba a su favor, logrando cada vez retos más importantes. Su ceguera ante lo que realmente estaba ocurriendo, y sobre todo ante quienes tienen a su alrededor, se transmite al espectador de forma tan magistral que los puntos de giro finales de temporada resultan tan impactante como enriquecedores. Algunos más previsibles que otros, estos cambios dramáticos son de tal calibre que trastocan por completo todo lo visto hasta ese momento, redefiniendo el relato como una historia de auge y caída. Y cuando más alto se llega, más dura es la caída.

Que nadie piense que dicha caída es algo construido sobre la marcha. La estructura dramática de estos episodios deja elementos suficientes como para intuir lo que puede pasar, pero la intensidad de los protagonistas arrasa cualquier posible sospecha. Se puede decir que esta tercera temporada es de lo mejor de la serie, pues a diferencia de sus predecesoras, en esta ocasión nos encontramos ante una aparente victoria que se convierte en derrota, todo ello con un relato minuciosamente construido y en el que nada se deja al azar. Ninguna conversación es banal, y desde luego ningún personaje se vuelve anodino, más bien al contrario.

La imagen final de la temporada es posiblemente la que mejor defina Billions. Tres personajes caídos en desgracia cuando estaban a punto de tocar el cielo con los dedos que urden un plan para recuperar aquello que les arrebataron. Tres personajes que tiene un pasado de confrontación y ahora tienden puentes contra enemigos que, aunque no son comunes, tienen los suficientes nexos de unión como para ayudarse mutuamente. Es el juego en el que se mueve esta serie que con su tercera etapa ha dado un nuevo impulso a una trama que en ningún momento había mostrado síntomas de cansancio. Y el futuro resulta apasionante y, hoy por hoy, totalmente inesperado.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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