‘El justiciero’: a tiros con la serie B


Tipos duros, policías desbordados, venganza, crimen y una justicia fuera de la ley que aceptan incluso aquellos encargados de hacer cumplir las normas. Con todo lo que ha avanzado el cine, hay géneros y fórmulas que parecen tener siempre, sea la época que sea, un cierto interés para los espectadores. Y si eso se acompaña de un reparto y un director con cierto peso, el resultado es un film con sabor de serie B que, al menos, permite pasar un par de horas de entretenimiento.

Y precisamente eso es lo que propone Eli Roth (El infierno verde) en El justiciero, nueva versión de la novela escrita por Brian Garfield que ya fue llevada al cine en 1974 con Charles Bronson (Los siete magníficos). Entretenimiento que saca, o al menos lo intenta, los instintos más primarios del ser humano. Una suerte de reflejo de la justicia que muchos, en algún momento, habrán querido que se haga con alguna situación injusta que las fuerzas de la ley no son capaces de solucionar. Con un guión lineal, escaso de giros dramáticos pero cargado de secuencias violentas (y sangrientas, que en eso Roth es un maestro), la cinta no busca hacer reflexionar. Ni siquiera plantea algún tipo de intriga o suspense. Simple y llanamente, acción. Y eso no es necesariamente malo.

Eso no quiere decir, claro está, que sea bueno. A pesar de su carácter de serie B, de su planteamiento deliberadamente simplista y de la eficacia narrativa de Roth para sacar el máximo partido a la espiral de violencia en la que se introduce el protagonista interpretado por Bruce Willis (Mercancía peligrosa), lo cierto es que la película en ningún momento parece tomarse demasiado en serio a sí misma. Esto funciona por momentos, pero falla a la hora de la verdad, es decir, en aquellos puntos críticos de la trama donde el drama predomina sobre la violencia, o donde la tensión debe sobrevolar las secuencias. La falta de fuerza dramática se sustituye con una banda sonora algo estridente y, en ocasiones, innecesaria, lo que no ayuda al resultado final.

Esperar de El justiciero algo más que una vía de escape a nuestros deseos más oscuros sería esperar lo imposible. Pero incluso esta serie B podría ser algo mejor. Puliendo algunos aspectos de su narrativa tanto visual como sonora podríamos estar hablando de un film sobrio, no excelente pero sí notable. En cambio, estamos ante casi dos horas de un camino de venganza en el que todo sale bien porque todo el mundo entiende los motivos por los que se hace lo que se hace. Venganza sin sobresaltos, sin apenas giros argumentales y con mucha acción, mucha violencia y mucha sangre. Para ver en una sobremesa.

Nota: 6/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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