‘Lady Bird’: cine adolescente con nombre propio


Como en cualquier otra historia, el cine adolescente puede tratar el paso de la juventud a la madurez desde puntos de vista muy diversos. La última película de Greta Gerwig (Nights and weekends) como directora opta por el drama con toques de humor que refleje los vaivenes emocionales y morales de esta etapa de la vida, buscando en todo momento ese elemento diferenciador para terminar comprendiendo que, en el fondo, nuestra experiencia nos hace parecidos a aquello que siempre hemos querido rechazar.

En este sentido, Lady Bird traspasa su propia condición de relato fílmico para convertirse, como producto, en aquello que representa su protagonista. Pretende ser algo diferente para terminar aceptando que, con sus particularidades, se asemeja demasiado a otras historias enmarcadas en el mismo contexto social y de relato humano. La trama camina por senderos conocidos y por escenarios ya explorados en otras obras, con la diferencia de que en este caso el conflicto dramático externo se deja a un lado para centrarse en el viaje interior de la protagonista, una espléndida Saoirse Ronan (Lost river) que vuelve a demostrar que es el futuro de la interpretación femenina.

Lo más interesante del film se encuentra en su tercio final, cuando la directora, que hace gala de un lenguaje sobrio y adaptado al relato, provoca un giro dramático en todos los conflictos familiares y sociales de la protagonista. Ese giro, representativo de la madurez a la que entra por primera vez una adolescente que se autoproclama más adulta de lo que en realidad es, transforma todo el relato en una lección de vida en la que, en mayor o menor medida, todos los espectadores pueden verse identificados.

Dicho esto, Lady Bird lucha en todo momento contra su propia condición de relato ya conocido, de historia ya contada en cientos de películas anteriores a ella. Al igual que la protagonista, juega a ponerse otro nombre, a dotarse a sí misma de una dimensión, de un nombre que, en realidad, no tiene. Pero precisamente esa búsqueda de autenticidad y la conclusión final a la que llega es lo que la convierte en un film notable. La capacidad del relato para trascender a sus propias limitaciones e identificarse con la protagonista hasta convertirse forma y contenido en un único ser es lo que hace de esta obra una de las candidatas a los Oscar.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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