‘Coco’: un viaje sensorial al Mundo de los Difuntos


Una película Pixar se ha convertido, por derecho propio, en un fenómeno cinematográfico en sí mismo. La factura técnica impecable, la originalidad de sus historias y el tratamiento de las mismas han convertido estos films en obras, literalmente, para todos los públicos, con un notable mensaje en valores y una universalidad de sus argumentos fuera de toda duda. De ahí la expectación sobre su nueva obra, y de ahí también las expectativas sobre su posible calidad o fracaso.

Una expectación que, a grandes rasgos, queda más que satisfecha. Coco es, en todos los sentidos, una experiencia sensorial única. Visualmente fascinante y poderosamente colorida, el viaje de este niño por la Tierra de los Difuntos es todo un relato sobre la amistad, los ídolos, la familia y los recuerdos. Con algunos detalles tanto argumentales como narrativos magistrales, la película esconde una importante moraleja y un fundamental mensaje sobre la memoria de nuestros familiares y cómo ellos siguen vivos mientras se mantengan en nuestros pensamientos. En este sentido, la historia logra traspasar las fronteras de México para narrar algo universal tomando como referente la colorida tradición del país centroamericano.

Otra cosa distinta es el argumento en sí. A pesar de la originalidad de la propuesta y del calado dramático de sus mensajes finales, lo cierto es que la cinta peca en algunos momentos de déjà vu. Muchas de sus tramas recuerdan, hasta cierto punto, a otras historias de la propia compañía. Es lo que ocurre cuando tu trayectoria fílmica está construida sobre obras de arte que ya forman parte, en su mayoría, del imaginario popular. Con todo, y a pesar de estas ciertas “irregularidades”, la realidad es que este viaje de música, pasión y familia hace las delicias de grandes y pequeños.

Porque Coco puede y debe ser disfrutada por toda la familia. Sin excepción. Los más pequeños disfrutarán con la imaginación y el derroche de originalidad visual que desprende la película, pero también aprenderán, aunque sea de forma subconsciente, la importancia de la familia, de seguir nuestros deseos y nuestras pasiones, y de escoger bien a nuestros modelos a seguir. Lo cierto es que la cinta atrapa de tal forma al espectador que sus deficiencias quedan en un segundo plano. Ahora bien, eso no significa que no existan, y si Pixar no quiere caer en una decadencia argumental debería empezar a buscar temas sólidos que tratar en sus nuevas y, con toda probabilidad, originales tramas nuevas.

Nota: 7,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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