‘Perfectos desconocidos’: el eclipse telefónico de la verdad


Qué puede haber de malo en que un grupo de amigos que se conoce desde hace muchos años compartan sus llamadas y mensajes durante una cena? Pues a tenor de lo visto en la nueva película de Álex de la Iglesia (Los crímenes de Oxford), mucho. Y es que esta comedia negra, adaptación de la película italiana homónima de 2016, es un compendio de giros argumentales, algunos más previsibles que otros, dinámico y, sobre todo, autodestructivo.

Autodestructivo para los personajes, que no para la historia. Es más, la estructura argumental de Perfectos desconocidos, a modo de obra teatral, apenas tiene irregularidades en su ritmo narrativo, aprovechando las posibilidades que ofrecen siete personajes y sus respectivos secretos a lo largo de dos horas. Con inteligencia, el guión salta de uno a otro con frescura y naturalidad, teniendo como epicentro del drama tragicómico la tecnología y la fantasía que rodea un eclipse de luna como el que sirve de excusa para algunos de los momentos más hilarantes y surrealistas de la trama. Al buen tono del film contribuyen, en este caso más que nunca, un plantel de actores espléndido. Por supuesto, habrá quien prefiera a uno u a otro, pero en líneas generales la interpretación y el partido que saca de la misma De la Iglesia es sencillamente brillante.

Con todo, habrá quien piense que esta no es una historia de Álex de la Iglesia, y en cierto modo tiene razón. La historia a priori parece alejada de los cánones excesivos a los que nos tiene acostumbrados el director, pero eso es solo a priori. La realidad es que el desarrollo de la trama, incluyendo un final de corte fantástico con varias interpretaciones, es histriónico, con personajes al borde de sus posibilidades y con una realidad inicial destruida por la locura de unos roles con miedo a perder lo que tienen y a afrontar las consecuencias de sus actos, con los que por cierto provocan la concatenación de revelaciones que se ve en pantalla. Con todo, la trama peca a veces de demasiado teatral, con alegatos algo forzados a favor o en contra de un determinado tema, o con largos diálogos para tratar de desgranar la personalidad de los personajes.

Pero es un problema menor. La realidad es que Álex de la Iglesia utiliza un lenguaje visual dinámico y fresco, acorde con el propio desarrollo de la trama y con el que saca el máximo partido no solo al trasfondo social y dramático de esta comedia, sino a un grupo de actores a la altura de las circunstancias. Una película compleja en su sencillez, con numerosas capas interpretativas que invitan a pensar no solo en los secretos de aquellos a los que, en teoría, mejor conocemos, sino en los riesgos de las nuevas tecnologías y en cómo éstas han cambiado nuestra forma de relacionarnos. Y todo ello riéndonos a carcajada limpia.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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