‘La batalla de los sexos’: entrenamiento en igualdad


Se dice que la realidad supera la ficción. Y aunque hay casos en los que es más que evidente, en ocasiones la ficción no termina por hacer justicia a la realidad, o al menos no sabe como explotar las posibilidades de esos hechos verídicos. En mayor o menor medida, es lo que le ocurre a la cinta de Jonathan Dayton y Valerie Faris, directores de Pequeña Miss Sunshine (2006).

Posiblemente lo más llamativo de La batalla de los sexos sea comprobar cómo ciertos comportamientos machistas son objeto de aceptación, ya sea como una broma, como algo inherente a determinados hombres o como algo natural a un determinado ámbito social, deportivo o laboral. Y lo más sorprendente, sin duda, es reflexionar y comprender que, aunque esta historia de igualdad de género, tenis y homosexualidad transcurre en los años 70, muchas de las secuencias podrían tener lugar en la actualidad y no desentonarían en absoluto. En este sentido, el trasfondo moral y social del film es espléndido, a lo que contribuyen, sin ningún género de dudas, unos actores magníficos, destacando Emma Stone (Aloha), Steve Carell (La gran apuseta) y Bill Pullman (American Ultra).

El problema de la cinta, como suele ocurrir con estos biopics, es el tratamiento dramático y su ritmo narrativo. El cóctel que forman el feminismo, la igualdad, la homosexualidad y el tenis provoca una irregularidad evidente a lo largo de un excesivo metraje de dos horas (que parecen bastante más), patente sobre todo en la segunda mitad de la película. En concreto, la historia pierde fuerza en aquellos momentos en los que el tenis y la batalla de sexos quedan en un segundo plano para centrar su atención en los problemas maritales de la protagonista, sobre todo cuando el guión insiste en ello olvidándose, al menos por un momento, de la batalla de sexos que da nombre al film.

Al final, La batalla de los sexos se revela más como un entrenamiento en igualdad más que como un verdadero partido entre hombres y mujeres por tener los mismos derechos. Aunque su trasfondo y su mensaje son claros y piden a gritos una reflexión en profundidad sobre nuestra sociedad, el tratamiento cinematográfico aporta más bien poco, convirtiendo el film en una obra sin demasiado corazón, con un guión irregular sustentado por un reparto sobresaliente y algunos hallazgos visuales muy interesantes.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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