‘Geostorm’: los fallos de una tormenta planetaria


El productor Dean Devlin sabe de catástrofes cinematográficas. Tanto en sentido figurado como en el contenido de sus films. De ahí que su primera incursión en la silla del director en una película para la gran pantalla potencie los aspectos positivos y reduzca al máximo los negativos para ofrecer un entretenimiento puro y duro que, todo sea dicho, no puede (y tampoco quiere) evitar sus limitaciones.

Y ahí está la clave de Geostorm, en sus propias limitaciones. Acercarse a un film de estas características, incluyendo el título, ya debería de ser aviso suficiente como para saber lo que se espera de ella, algo con lo que director y actores saben jugar, ofreciendo un producto capaz de reírse de sí mismo, con frases lapidarias en momentos de máxima tensión y un ritmo que no decae en ningún momento, desarrollando la trama en un metraje ajustado, algo de agradecer en tiempos en los que la máxima parece ser apabullar al espectador con innecesarios minutos de efectos digitales. Así, la historia deambula por terrenos conocidos y previsibles, pero suple esta carencia de efectividad dramática con unos personajes que funcionan bien como arquetipos y con una espectacularidad en algunas secuencias sencillamente fascinante.

Pero el problema es ese, que todo ese envoltorio se utiliza para tratar de disimular las carencias. ‘Tratar’ es la palabra clave en este caso, pues lo cierto es que el film es lo que es. Dramáticamente hablando, su previsibilidad lleva a conocer el villano de turno varios minutos antes de que se desvele su identidad. Y aunque la trama está bien tratada desde el punto de vista de la coherencia, tiene demasiadas concesiones dramáticas que permiten hacer avanzar la acción. Eso, en este tipo de films, se convierte en importantes agujeros en el desarrollo de la historia. Quizá lo más interesante de todo sea la moraleja del conjunto, con el cambio climático como principal aliciente y con la unión de pueblos como mensaje final, si bien es cierto que se diluye entre tanta tormenta de rayos, entre tanta granizada y entre tantas olas gigantes.

El mejor resumen de Geostorm es que es lo que es desde el principio. No engaña, pero tampoco apasiona. No tiene ínfulas de algo más grande, pero tampoco logra desprenderse de sus numerosos fallos. Una tormenta imperfectamente perfecta que se apoya, y de un modo nada disimulado, en su reparto (todos ellos pasándoselo en grande) y en sus efectos especiales. La mano de Devlin, a falta de ofrecer un punto de vista propio, logra disimular las imperfecciones. Pero como si de los fallos que afectan a los satélites del film se tratara, por mucho que el director trate de corregir, al final las catástrofes se producen.

Nota: 6/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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