‘Detroit’: la intimidación en las manos del racismo


Hay una idea en la nueva película de Kathryn Bigelow (El peso del agua) que define a la perfección todo lo que en ella se narra y que es pronunciada por un par de personajes. Es algo así como el juego de la intimidación, una técnica de interrogatorio que, en las manos equivocadas, puede derivar en algo trágico. Y los conflictos raciales en la ciudad de Detroit tienen mucho de eso, aunque no solo de eso vive este drama.

En efecto, los acontecimientos narrados en Detroit fueron mucho más que lo ocurrido en el Motel Algiers, pero esos hechos ofrecen una visión compleja y detallada de todo lo vivido en esos días gracias a la mano imprescindible de Bigelow tanto en el tratamiento visual de la trama, con una cámara en mano angustiosa por momentos, como en la labor con los actores, todos ellos brillantes. A través de las horas que policías, guardia nacional y acusados pasan en este Motel la historia aborda todo tipo de complejos sentimientos, desde el racismo más absurdo hasta la incomprensión de unos jóvenes en una situación desconcertante, pasando por los traumas que dicha situación deja en muchos protagonistas.

Con un comienzo muy atractivo que explica la situación previa a los disturbios, la cinta viene a confirmar el odio de una policía conocida por su violencia. Odio hacia aquellos que son diferentes, a los que no dudan en disparar por la espalda. El racismo, por tanto, es el punto de partida de esta historia, peor hay mucho más. De hecho, uno de los elementos que merecen un análisis en profundidad es el proceso dramático de las víctimas, la tortura psicológica a la que son sometidas y las consecuencias que sufren por ello, así como el proceso judicial posterior que vuelve a poner en duda un sistema definido profundamente por el mismo racismo del que hacen gala los policías, aunque disfrazado con la serenidad de un jurado.

Así las cosas, Detroit se revela como un film complejo y coral en el que los detalles y las miradas, cómplices o amenazadoras, conforman un paisaje único capaz de definir la amalgama de sentimientos que durante esos días generaron unos conflictos cuyo balance fue de decenas de fallecidos y miles de heridos. De una parte de estos conflictos Bigelow es capaz de construir una imagen global que cambió la vida de los protagonistas de un modo inimaginable, y es precisamente en esta capacidad de definir algo tan grande con algo tan pequeño lo que convierte a este film, con sus defectos (una duración excesiva, para empezar), en una obra tan interesante.

Nota: 7,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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